Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer.

Capítulo 20. Mi acosador.

El sonido de la lluvia sobre el tejado me sacó de mi estupor, poco a poco fui recobrando la conciencia mientras mis nublados sentidos luchaban por aclararse, necesitaba estar alerta. Percibía el olor a humedad y moho de la sala, estaba recostada sobre un sofá de cuero desgastado y uno de los muelles se clavaba en mi cintura. No podía soportar el dolor de mi cabeza, era penetrante y me hacía contraer los párpados intentando controlar lo imposible, me encontraba terriblemente mal.

Entreabrí los ojos, necesitaba buscar algo que me ayudase a escapar, tenía la puerta frente a mí y para mi sorpresa el lugar estaba más limpio de lo que esperaba. No había botellas ni jeringuillas por el suelo aunque bien podría haber, el lugar era oscuro y aterrador. Nada es lo que parece pensé mientras valoraba todas mis opciones. Tenía que salir de allí, mi bolso estaba sobre una pequeña mesa astillada, pero debía levantarme sí quería cogerlo y sólo de pensar en hacerlo se me revolvía el estómago.

La desvencijada puerta se abrió y sólo pude ver dos largas piernas enfundadas en un chándal gris que se acercaban hacía mí. Mi cuerpo se negaba a moverse así que intenté fingir que aún permanecía inconsciente. El que había entrado se puso de rodillas frente a mí y colocó sobre mi herida de la cabeza un paño, sólo esperaba que estuviese esterilizado, estaba mareada y tenía nauseas pero no quería que aún se diese cuenta de que había despertado, necesitaba saber quién era.

— Te vas a poner bien —me dijo, no había logrado engañarle, abrí mis ojos para encontrarle frente a mí, era el joven que había distraído a mi acosador o ¿acaso era su cómplice?, esperaba que sólo quisiese ayudarme pero ¿por qué tendría que hacerlo? Le observé con desconfianza.

— ¿Dónde está? —pregunté con voz ronca sin poder evitar sonar demasiado temerosa.

— Bien lejos, ¿pensabas que te dejaría allí tirá? —se había quitado la chaqueta y pude ver los numerosos tatuajes que cubrían sus brazos, apenas había algún espacio libre para otro.

— Pero ¿cómo lo lograste? —intenté tocarme la cabeza pero él me lo impidió.

— Ahora estate quieta, cuando a mi amigo El Puma le pasó lo mismo casi se me marchó pa el otro barrio —tenía una extraña forma de hablar pero parecía sincero.

Cerré los ojos, estaba tan confundida pero tenía que salir de allí, debía intentarlo al menos, así que hice el movimiento de incorporarme pero la mano de aquel muchacho sobre mi hombro me lo impidió.

— Le aseguro que no está acá. Me llamo Kevin y ahora no te muevas.

— No entiendo nada —murmuré más para mí misma que para él. Había cierta sorpresa en sus negros ojos, tenía el pelo rizado y una actitud demasiado atrevida.

— Cuando caíste al suelo, me enfrenté a ese, digamos que quedó mal parao, unos cuantos golpes, creo que rompí su nariz —tenía una sonrisa de satisfacción— y salió huyendo, menudo cobarde, metiéndose con quien no tiene posibilida de enfrentarle.

— Es más de lo que podía esperar, no sé cómo voy a poder agradecértelo.

Su mirada se ensombreció como sí recordase un momento doloroso de su pasado pero después volvió a exhibir su sonrisa.

— Ojalá hubiese hecho lo mismo con mi hermana —hizo ademán de levantarse pero se lo impedí.

— ¿Qué ocurrió? —pregunté pero al ver su expresión de angustia me arrepentí de mi imprudencia.

— Hace dos años desapareció, quizá no fue el mismo que te atacó pero te aseguro que le di por ti y por ella. Ahora va a descansá para que pueda devolverla a su jaula de oro.


No podía reaccionar, no entendía en qué momento habíamos subestimado al acosador de Bella, no habíamos considerado la posibilidad de que él pudiese atraparla pero lo había hecho y lo único que teníamos era su olor y un resto de su sangre. Carlisle me pedía calma desde su mente asegurándome que la encontraríamos pero estaba seguro de que la había perdido definitivamente.

No podía apartar mi mirada de aquella mancha, el humano que Bella había despertado con su amor estaba paralizado, buscando la lógica, desgarrándose el alma por haberla perdido, por haberla dejado en las manos de aquel perturbado. Jamás podría perdonarme lo que había pasado, estaba en shock sí eso era posible, escuchaba a lo lejos los pensamientos de mi familia pero ya poco importaba. La había fallado de una manera que nunca podría disculparme pero esa misma noche volaría a Volterra y acabaría conmigo.

Sentí el agarré de alguien que me levantó a la fuerza, pero yo no deseaba luchar más. Seth me miró airado por mi actitud, molesto por mi falta de fortaleza.

— Sabes lo que hizo Bella cuando comprendió que no volverías —negué con la cabeza, eso no cambiaba nada pero no le impediría desahogarse—, continuó, nada la detuvo a pesar de ella misma. A pesar de estar vacía, siguió adelante. Y tú ¿qué la ofreces ahora? Eso no es más que una pequeña herida, yo sé que está viva y no pienso detenerme hasta tenerla conmigo. ¿Tú qué harás?

Mi monstruo empezó a reaccionar, acaso no era un vampiro y podía rastrearla, encontrarla y matar a ese desgraciado, por supuesto y es lo que haría. Miré al resto de mi familia que parecían encontrarse en el mismo estado que yo estaba, nunca nos habíamos detenido para proteger a un miembro de nuestra familia y no lo haríamos ahora.

— La encontraremos —repliqué con decisión.

—¡Por fin!, empezaba a preocuparme seriamente —afirmó aliviado, su mente estaba segura del éxito que obtendríamos.

— Alice —llamé a mi hermana que me miraba con desesperanza.

— No puedo Edward, no la veo, ni un movimiento más que la incompleta visión que viste —no podía soportar verla tan derrotada, pero debería esperar para recibir mi consuelo—. No comprendo lo que me pasa.

— Te necesito ¿vale?, vamos a conseguirlo —mi hermana asintió, miré a Jasper y este hizo un leve gesto con la cabeza.

En menos de dos segundos estábamos organizados gracias a las dotes de mi hermano, Jacob no ayudaba mucho, insistía en dejarnos atrás y rastrearla convirtiéndose en lobo pero a pesar de que era tarde y había empezado a llover aún había gente por la calle. Si ya llamábamos la atención por ser un grupo numeroso, si nos viesen acompañados de un gran lobo no podríamos ser discretos.

Sólo Seth pudo contener al chucho pero la amenaza de lo que quería hacerme seguía allí. Primero encontraríamos a Bella y después le daría la satisfacción de intentarlo, aunque en el momento que tuviese a mi vida conmigo no volvería a alejarme de ella.


— Debo marcharme —afirmé pero Kevin negó con la cabeza. Empezaba a sentirme incómoda allí echada mientras aquel muchacho intentaba curarme la herida.

— Está lloviendo muy fuerte y…

Unos impetuosos golpes en la puerta detuvieron su explicación, quien fuera la echaría abajo en cualquier momento. El joven maldijo su suerte, se levantó y sacó de una caja de zapatos una pistola apresurándose a cargarla. "Este no es un buen barrio" murmuró hacía mí y salió de la sala dejándome allí, no sin antes asegurarme que no pasaría nada y pedirme que me quedase quieta.

No podía salir de mi estupor cuando escuché claramente como la puerta cedía y caía sobre el suelo, me incorporé tambaleándome y como pude me acerqué hasta la mesa y cogí mi bolso. Debía tener un montón de llamadas pérdidas pero no podía dejar que hiciesen daño a ese muchacho, seguro que estaba metido en algún asunto ilegal pero no dejaría que le pasase nada, así que abrí mi móvil, ignoré las llamadas y empecé a marcar el número de la policía. Antes de que pudiera presionar el número completo la puerta de aquella rara sala se abrió y Kevin aterrizó a mis pies aún sujetando la pistola.

— ¡Fuera de esta casa! —gritó Kevin incorporándose y apuntando con el arma hacía la puerta.

Edward apareció en el umbral de la puerta con el gesto más aterrador posible, no recordaba haberle visto jamás así. Me miró durante un segundo, sólo pude atisbar un instante de dicha en sus dorados ojos para luego dirigirlos hacía Kevin y volver a arremeter contra él.

— ¡Para! —le pedí en apenas un susurro pero fue suficiente para que me mirase perplejo por mi intervención.

Los demás entraron con rapidez pero Kevin no parecía intimidado en absoluto y seguía manteniendo en alto su pistola. Seth y Jacob les acompañaban para mi completa sorpresa, mi cabeza no me daba tregua y me llevé la mano a la herida.

— Él me salvó —señalé escuetamente—. Baja el arma Kevin, no te harán daño.

El muchacho asintió nada convencido, tenía una forma extraña de enfrentarse a los problemas, de frente y sin importarle que pudieran herirle.

— Bella —Edward dio un paso hacia mí pero entre mis dedos sentí el pegajoso tacto de la sangre, el olor a hierro me revolvió el estomago. Mantuve mi mano sujetando como podía la inestable situación.

— ¡Salid de aquí! —le pedí con fuerza para que no pudiese rebatirme, Edward me miró confuso pero entonces en sus pupilas pude ver que había olido la sangre, "otra vez no" pensé temiendo que la situación volviese a ser la misma de hacía seis años. Había mucha tensión en el ambiente, en cualquier momento el caos se desataría.

Debía impedirlo pero no sabía cómo. Me observaban pero para mi sorpresa ninguno de ellos parecía demasiado perturbado por la situación. Seth se adelantó hacía mí con rapidez y Jacob se puso entre nosotros, me sujeté a su brazo para mantenerme en pie, estaba tan mareada, el estómago me daba vueltas y mi mente era incapaz de concentrarse en nada.

— Yo me ocupo —afirmó Carlisle acercándose hacía mí.

Sólo hizo falta una pequeña presión de su fría mano sobre la compresa que sostenía para que el dolor me atrapase y me arrastrase a la inconsciencia de nuevo.


Carlisle me había pedido que esperase fuera de la que era mi habitación. A pesar de que Jacob se había opuesto, habíamos trasladado a Bella a casa para poder hacerle todas las pruebas necesarias, llevaba un par de horas inconsciente y los únicos que estaban con ella eran mi padre y Seth, observando a conciencia sus reacciones. Podía verla a través de la mente de Carlisle, le había cosido la herida y esta había dejado de sangrar, al parecer no era tan grave como cabía esperar pero hasta que no lo viese por mi mismo no podría estar seguro.

Seth estaba tan consternado, su dolor era el reflejo del mío, le agradecía todo lo que quería a Bella, su cariño era fraternal, se sentía unido a ella de una manera especial y su mente era trasparente. No había ningún mal sentimiento hacía nosotros y sólo se sentía culpable por lo que había pasado.

Intenté bloquear los pensamientos de todos los que estábamos en casa. Jasper trabajaba a marchas forzadas para relajarnos a cada uno de nosotros pero la única que se mantenía tranquila era Rosalie, no parecía afectada y se dedicaba a observar en el ordenador el nuevo dormitorio que compraría para la casa que estaba construyendo. No podía juzgarla y siempre estaba cuando era necesaria, pero eso no aliviaba la rabia que sentía por su actitud.

— ¿Qué vamos a hacer? —Emmett se situó a mi lado.

— Quiero encontrar a ese desgraciado y acabaré con él —susurré aunque mi rabia era incontrolable, intentaba que no me escuchasen a pesar de que eso era imposible.

— Edward —me llamó en tono de advertencia pero nada que pudiesen decirme podría cambiar mis intenciones, sí en ese momento no estaba buscándole era por Bella, necesitaba saber que estaba bien, sólo ella me retenía y controlaba mis propios deseos.

— No merece respirar un día más.

— Es un humano —señaló mi hermano y no pude evitar volverme hacía él.

— Es peor monstruo que yo mismo, hay muchas formas de acabar con él, lo haré y no sentiré ningún tipo de remordimiento.

— No te ensuciarás las manos —murmuró Carlisle desde la habitación, era una orden directa, normalmente mi padre no empleaba ese tono conmigo pero, a pesar de todo, entendía su opinión.

Toda la casa debía conocer ya mis intenciones pero no había nada que pudiera hacerme cambiar lo que pensaba hacer. Estaba dispuesto a defraudarles a todos sí era necesario, pero no volvería a acercarse a Bella y me encargaría de que sintiese todo el miedo que ella había tenido aquella noche. Había visto en la mente de aquel joven lo poco de lo que había sido testigo pero era suficiente para saber el calvario al que se había expuesto Bella.


Al fin mi reposo había concluido y había vuelto a casa, la tensión entre Jacob y los Cullen durante la última semana era más de lo que podía soportar y le había pedido a Carlisle que me dejase volver al apartamento, él no se había opuesto pero había tenido que escuchar con paciencia todos los motivos en contra que me había dado Edward aquella mañana.

No pueden protegerte y no puedo entrar en tu apartamento sí están allí —entendía sus motivos pero necesitaba un poquito de soledad.

Edward, por favor —le pedí después de una hora de excusas—. Vais a terminar enfrentándoos en el patio Jake y tú. Te aseguró que acabaré enfadada con ambos —señalé mientras recogía las cosas que Alice me había comprado. Se había negado a ir a por mi propia ropa y había renovado todo mi vestuario. Por más que le decía que ella no tenía la culpa de lo que había pasado nada parecía consolarla, no quería que se sintiese mal por lo que había ocurrido, la única responsable era yo, no le había dado la importancia adecuada a lo que estaba aconteciendo.

No puedes mantenerme lejos de ti.

Me acerqué hacía él con mi mejor sonrisa. "Te amo, Edward" pensé pero era incapaz de decirlo en voz alta por el momento, quería estar segura de poder ofrecerle algo más que mi marchito corazón.

Le rocé la mejilla con mis dedos y vi el anhelo en sus profundos ojos, era tan parecido al mío. No sabía en qué punto estaba nuestra relación o sí alguna vez podríamos volver a estar juntos como en el principio de nuestra relación, me gustaría volver atrás y no creer sus mentiras, impedir de alguna manera que se alejase de mí pero no podía obviar que había pasado y que el tiempo empezaba a acabarse para mí.

No lo pretendo pero todos necesitamos recobrar nuestro espacio, nuestro lugar.

Yo no quiero volver a estar solo o no podré cumplir la promesa que te hice —jugaba mi propio juego, le había pedido que no buscase a mi agresor, no quería que defraudase a sus padres y, gracias a mi debilidad, me había asegurado que no lo haría.

Nadie dice que te mantengas lejos, Edward. Pero será más fácil lograr el equilibrio si no estamos todos aquí, en vuestra casa. ¿Te espero esta noche?

Esta y todas —se acercó y depositó en mis labios un casto beso, temía espantarme o hacerme daño pero para mí, su leve contacto era igual de perturbador que un beso apasionado. Sí tan sólo pudiese abandonarme a la pasión pensé mientras me despedía de ellos.

.

Seth entró en el apartamento y se apresuró a abrazarme, sacándome de mis recuerdos.

— Es bueno tenerte sólo para mí, Jacob está trabajando, ha perdido muchas horas y tendrá que recuperarlas —asentí, llevaba toda la tarde dándole vueltas a una idea.

— Dime una cosa Seth, ¿Kevin pudo describir a mi agresor? —en su rostro se dibujó la preocupación.

— No —empezaba a sospechar de mi actitud—. Nos describió con claridad cada golpe que le dio, si es cierto te aseguró que le dejó hecho un asco pero, no nos pudo dar nada que nos hiciese reconocerlo.

— Creo saber quién es, una y otra vez viene a mi mente un nombre —cogí el abrigo intentando no hacer movimientos bruscos porque aún mi cabeza me dolía demasiado— y voy a comprobarlo.

Seth me quitó el abrigo de las manos con incredulidad, me miraba como sí hubiese enloquecido pero estaba dispuesta a acabar con esa situación ese mismo día.

— No te enfrentarás a nadie —ratificó poniéndose frente a la puerta, bloqueándome el paso.

— No pienso enfrentarme —aseguré sin convencerle—. Ven conmigo, eres el único que no saltará sobre su cuello…

— No soy de piedra Bella. Y tengo muchas ganas de ajustarle las cuentas a ese maldito —tenía los brazos cruzados sobre el pecho pero sabía que Seth no podía negarme nada.

— Sí es cierto que Kevin hizo lo que afirma la verdad estará ante nosotros. Sabremos de una vez por todas quién está detrás de mí.

Mi lógica traspasó su ira y asintió devolviéndome el abrigo. Seth insistió en que fuésemos en coche y en menos de diez minutos aparcamos frente a la cafetería. Me bajé del coche sin esperarle, quería estar equivocada, esperaba ver el establecimiento abierto y a un Daniel sin ningún golpe que pudiese evidenciar una paliza.

Me detuve frente a la cristalera, mirando al interior sin que mi mente pudiese entender lo que veía. Seth se acercó a la hermética puerta, el local estaba cerrado y apagado a pesar de ser sábado, Daniel no estaba allí, mi amigo me llamó y me apresuré a acercarme a él.

Señaló el cartel que exhibía la puerta. "Lamento informar a todos mis queridos clientes que este maravilloso lugar permanecerá cerrado durante el próximo mes".

Lo leí dos veces pero las palabras se negaban a dejar poso en mi mente, Seth me miraba contrariado mientras llamaba con fuerza a la puerta pero sin conseguir respuesta, había huido, al final entendía la verdad.

Daniel era mi acosador.


Lo primero, gracias a las que comentasteis el capítulo anterior: Rosh, Cerezo, Bea, Soledad, Adri, Maleja, Eddie, Renesmee y Ana, me alegra ver que a pesar de estos días de vacaciones seguís al otro lado para contarme las impresiones que recibís.

Espero vuestros comentarios y también sí hay algo que no haya quedado claro porque este ha sido uno de esos capítulos densos y complejos de escribir. Besos.