Los personajes que aparecen en esta historia pertencen a Stephanie Meyer.
Capítulo 22. Te amo pero…
Se separó de mí y se acercó hacía un equipo de música que tenía que haber traído él, la música ya no formaba parte de mi vida. Para mi sorpresa empezó a sonar la misma canción que habíamos bailado en la fiesta de fin de curso. Extendió la mano hacía mí y no pude negarme a sujetarla, me levanté hipnotizada por su mirada.
— He oído cada noche esta canción —sólo pude negar con la cabeza y él me sonrió.
— Sigo siendo la misma patosa de siempre —puso unos de sus dedos en mis labios y me estrechó entre sus brazos.
— Estamos solos, déjate llevar —me susurró.
Me lo había pedido de una manera tan delicada que no pude decirle que no. Me estreché contra él insegura de mi torpeza, de poder controlar mis sentimientos, pero era consciente de que él jamás me soltaría.
— ¿Qué hubiese pasado sí hubiese vuelto? —sus dorados ojos me sumergieron en un mar de sensaciones.
— Que no estaríamos en Alaska pasando tanto frío —bromeé intentando aligerar las emociones que tenía pero fue en vano.
— ¿Te hubieses casado conmigo? —preguntó inseguro.
— Al menos eso es lo que soñé —no pude evitar entristecerme ante lo que habíamos perdido pero la oportunidad que teníamos frente a nosotros era más de lo que había esperado nunca.
La música nos envolvió mientras buscaba una manera de ordenar mis emociones, no había nada mejor que ese instante que quemaba cualquier resquicio de duda que pudiera tener. Volvía a estar allí donde estaba destinada a pertenecer. Cerré los ojos absorbiendo su aroma que me envolvía, mi corazón estaba agitado, latía con fuerza. Sí era un sueño no quería despertar y sí era real quería perderme por siempre en la sensación de que Edward era mío.
Abrí los ojos cuando la música finalizó, Edward me miraba con una sonrisa devastadora, tenía la piel de gallina, me sentía como una chiquilla enamorada que recibe la primera muestra de atención de la persona que le gusta. Me puse de puntilla y busqué sus labios, él me estrechó contra su cuerpo y me besó con pasión.
Una y otra vez nuestros labios se fundieron, mi respiración se había agitado desde el segundo en que él me había correspondido, necesitaba más, pasé mis manos alrededor de su cuello y le impedí que se alejase de mí, le quería hoy, no podía dejar que se alejase. Mi pasión me consumió en llamas, la cabeza me daba vueltas y sólo podía besarle una y otra vez pero entonces él se apartó de mí.
Estaba un poco contrariado y sentí como mi garganta se cerraba, ¿acaso había sido demasiado efusiva?, ¿había malinterpretado sus intenciones? Pensé mientras le daba espacio, mostraba una agitación parecida a la mía pero su silencio me perturbaba. Se paso la mano por el pelo mientras buscaba las palabras adecuadas.
— Lo siento —no entendía porque reaccionaba de esa manera y la angustia me acechaba detrás de la esquina.
— Edward —empecé a decir pero no sabía que preguntar o argumentar para que él dejase de mirarme con aquel gesto de culpabilidad en el rostro.
Se acercó a mí y puso su mano en mi mejilla.
— Esto requiere mucha práctica, Bella —afirmó.
— Sé que podemos —él negó con la cabeza—. He sido un poco tonta, cuando Daniel me tenía entre sus manos sólo podía pensar en ti, en todo lo que podíamos compartir juntos, en lo que sentía por ti. Estas semanas sólo han servido para confirmar la evidencia.
— Sabes que te amo y que me harías tan feliz sí volvieras a estar conmigo —había tristeza en su mirada cosa que me alarmó. ¿Por qué ahora dudaba de lo que estaba pasando? Pensé sin entenderle.
— ¿Pero?
Me dio la espalda y en mi estómago se formó un nudo, estaba de nuevo ante otra de sus escapadas, sí era así no sabía como podría enfrentarme a ello. Estaba intentando demostrarle lo que le amaba pero ahora era él que le parecía reacio a nuestra relación.
— Quiero estar contigo —aseguró volviéndose hacía mí, sentí como parte de mi angustia se disipaba— y te haré todo lo feliz que pueda —parecía resignado, había algo que no me decía y me hacía sentir como sí pisase con los pies descalzos sobre cristales rotos.
— Habla claro —le pedí en un susurro.
— Quiero que entiendas algo, Bella. No aceptaré discusiones acerca de convertirte —el alma se escapó de mi cuerpo, sentí mi corazón congelarse de nuevo, no había opciones para nuestro amor porque Edward jamás entendería mi postura— estaremos juntos, nos casaremos, estoy deseando verte vestida de novia —había recuperado el entusiasmo mientras el frío se instalaba en mis entrañas.
— Debiste decirme esto antes de volver a entregarte mi corazón —no podía evitar que el dolor se reflejase en mis palabras, se acercó a mí con rapidez.
— Nada ha cambiado, sólo quiero dejar las cosas claras para evitar problemas en el futuro.
— Sólo dime una cosa, ¿qué harías sí estuviese a punto de morir? —entrecerró los ojos ante mis palabras.
— Te queda mucho tiempo de vida por delante, quiero que sigas siendo tú, que nada cambie lo que eres.
No entendía sus palabras, ni sabía como debía interpretarlas pero estaban claras sus intenciones, ni siquiera estando con un pie en la tumba me salvaría de esta vida insulsa que llevaba. Sabía que nada de lo que pudiera decirle le haría cambiar sus ideas, estaba otra vez perdida, envuelta en este mar de dudas que él me provocaba, para mí era tan sencillo amarle como respirar pero Edward no me quería lo suficiente.
— Gracias por decirme la verdad —me observó confundido por mis palabras e intentó atraerme hacía él pero le rechacé.
— Quizás no me estoy explicando bien y…
— Estoy cansada, creo que lo mejor será que te marches a casa —mis palabras le descolocaron.
— Bella, ¿qué he dicho para que actúes así? —estaba aturdido pero no tenía ganas de explicar nada más, mi secreto tendría que seguir siendo mio—, estábamos avanzando.
— Ya no estoy en peligro —mi voz sonó sin emoción—, Edward necesito recuperar mi espacio, tiempo para mí. Daniel no ha vuelto a aparecer así que mantente lejos por un tiempo.
Me miró desconcertado, le despedí y me marché a mi habitación, segundos después escuché la puerta cerrarse, me enfrentaba a una larga noche. No entendía por qué sí estábamos tan cerca de estar juntos, él seguía con sus absurdas ideas. Nada le haría cambiar de opinión y yo ya estaba cansada de su inconsciencia y su cabezonería. Tenía que seguir adelante y sí era sin él así lo haría.
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Entré a mi despacho, estaba cansada, la noche había sido larga, mi cafetera echaba humo de las veces que la había usado pero había conseguido no dormir. Mi cabeza era un caos, las dudas iban y venían pero intenté apartarlas de mi mente mientras leía los correos electrónicos de mi madre que no había contestado en la última semana.
Entraron sin llamar a mi despacho, levanté los ojos de la pantalla del ordenador molesta con Leslie, ya no soportaba su actitud pero frente a mí no estaba mi compañera. Me encontré frente a una espectacular rubia que nada tenía que envidiar a Rosalie, me miraba con desdén como sí la debiese algo y al fijarme en sus ojos me di cuenta de que no era humana.
— ¿En qué puedo ayudarla? —pregunté levantándome para ponerme en igualdad de condiciones.
— Quería ver qué tienes de especial —afirmó con desprecio.
— ¿Qué quiere decir con eso? —me inquietaba su forma de mirarme y me agarré a la mesa que nos separaba.
— No puedo entender que tengas a todos los Cullen como perritos falderos detrás de ti mientras que tú, juegas a las mascotas con esos chuchos. No se puede vivir entre dos mundos, Bella. Es demasiado pretencioso por tu parte pensar que puedes salir ilesa de tus triquiñuelas.
— Lo primero que tendría que haber hecho es presentarse —señalé intentando mantener una compostura que no tenía.
— No necesitas saber más de lo que conoces, no pondré en peligro a mi familia por tu culpa —era imposible que ella supiese lo que había pasado con Victoria, ni lo que esta había hecho.
— Nunca arriesgaría a ninguno de los Cullen —tenía que saber que más conocía aquella mujer.
— Pero lo hiciste. Lo mejor que podrías hacer es apartarte de su camino, márchate de aquí, mi paciencia tiene un límite —se disponía a salir pero la detuve.
— Acaso la visita que tuvieron tiene algo que ver con los Vulturi.
Me miró con odio desmedido, como sí mi presencia fuese la que había perturbado su vida, pero ella era la que me acababa de ponerme sobre aviso de algo que había estado esperando desde que Victoria volviese a buscarme.
— Te crees que todo lo sabes, que todo lo puedes controlar pero no eres más que una humana tonta, sí te mantienes lejos de los Cullen no habrá ningún problema.
— Sólo contéstame a una cosa, ¿Alice ha visto algo? —se quedó callada durante unos segundos.
— No y espero que no ocurra lo que temo. Ahora es el momento de que hagas algo bien por una vez en tu efímera vida.
No me dejó seguir preguntándola y salió deprisa, si bien no había confirmado mis sospechas intuía que ella sabía más de lo que me había dicho. Me senté frente al ordenador confusa, una parte de mí sabía que ella tenía razón y después de la pequeña discusión que habíamos mantenido Edward y yo la noche pasada sería más fácil alejarle de mí.
Leí las últimas líneas del correo que tenía frente a mí, mi madre venía para arrastrarme a las celebraciones navideñas de aquel año y no aceptaba un no por respuesta. Tenía frente a mí una dura batalla.
— Que has hecho qué.
Alice me miró contrariada por mi comportamiento, no había podido ocultar lo que había pasado con Bella aquella noche y llevaba oyendo sermones de todos los miembros de mi familia toda la mañana. Nos dirigíamos al campus, Jasper se mantenía en silencio mientras que Alice desde el asiento trasero me decía lo mal que me estaba comportando de nuevo con Bella.
— Voy a remediarlo hoy mismo —aseguré mirando a mi hermana por el retrovisor del coche mientras conducía. Caía en el mismo error una y otra vez.
— Ni siquiera te escuchará, estará pensando que has jugado con ella otra vez.
— Nunca he jugado con ella —afirmé mientras se tensaba mi mandíbula.
— Edward no llevo todos estos días hablando con Bella y haciéndola ver lo que siente para que tú la fastidies en unos pocos minutos —"Tiene razón" me dijo Jasper desde su mente.
— Me arrepentí en el mismo instante en que me di cuenta del daño que le había echo de nuevo.
— Eso vale de poco.
Aparqué allí donde tenía que estar el Volvo de Bella, por mucho que miré alrededor no encontré su coche y frente a nosotros apareció Seth, intentaba mantener su mente libre de cualquier pensamiento que pudiera hacerme entender sus intenciones. Su gesto también era insondable.
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— ¿Dónde está? —pregunté sin poderme contener cuando me puse frente a él. Alice y Jasper se mantuvieron unos pasos detrás de mí.
— Me ha pedido algo muy específico, no tengo autorización para decir nada más. No os quiere cerca por un tiempo, su madre ha venido a verla y Reneé no os tiene mucho cariño después de lo que pasó.
"Buen trabajo" pensó con ironía Seth sólo para mí.
— Pero —empezó a decir insegura Alice.
— Quiere que la disculpes Alice —le dijo con una escueta sonrisa— no podrá ir a la fiesta. Espero que tengáis una buena tarde.
No hubo más explicaciones ni pensamientos, Seth se marchó y la mente de Alice empezó a torturarme reprochándome mi actitud. Había vuelto a fallarle, otra vez, entendía que no quisiese verme pero ella debía entender mi postura, comprender que la amaba tanto que no podía condenarla. Era tan sencillo de interpretar pero ella lo veía como una afrenta, como sí no la quisiese lo suficiente. No podía destruir su esencia.
Dos días después de que mi madre apareciese por casa revolucionando mi tranquila existencia y tras discutir una y otra vez mi postura, conseguí que aceptase mi deseo de no acompañarles en las fiestas navideñas. Había sido una tarea complicadísima teniendo en cuenta que venía dispuesta a rebatir cualquiera de mis objeciones pero, al final, se había impuesto el amor que me tenía y mis razones le habían parecidos suficientes
Estábamos sentadas en los taburetes de la cocina, esperando el taxi que había tenido que pedir porque Jacob había necesitado llevarse el coche cuando me abordó sin tapujos. La conexión que manteníamos era más fuerte que hace unos años, quizás porque todo evoluciona cuando el tiempo va pasando o porque la llegada de Carlie había sido un revulsivo hacía su actitud inmadura. Pero ahora disfrutaba de una relación que se estrechaba cada vez que estábamos juntas.
— Se sincera hija, ¿qué está pasando?
— En realidad nada, sí había alguna oportunidad de que hubiese algo entre Edward y yo ya no la hay —me miró sin comprender.
— Lo habéis intentado dos veces cariño, es hora de avanzar y dejar a un lado tanto dolor. No quiero verte así —no había podido ocultarle la devastación de mi interior aunque lo había intentado con todas mis fuerzas.
— Fui una ingenua, pensé que el tiempo le había echo reflexionar y entender lo que ambos necesitamos —era difícil explicar aquello que no se puede contar abiertamente. Me volví hacía mi madre con una leve sonrisa, excusándome por someterla a mi estado de ánimo.
— Sí antes me caía mal…
— La única culpable soy yo, me ofrece el mundo pero yo quiero también la luna y las estrellas, quiero que tengamos un nuevo amanecer juntos pero él no esta preparado. Nunca lo estará.
— Vete a por tus cosas y acompáñame a Florida, Claire está deseando verte y yo no puedo dejarte en este estado de ánimo —empezaba a enfadarse, era algo tan raro de ver en mi madre pero hay estaba, había madurado mucho durante el último tiempo.
— ¡No! —señalé con fuerza.
— No quiero volver a discutir Bella. Seth y Jacob se irán en dos días a Forks y no te vas a quedar aquí sola —se levantó con fuerza del taburete, estaba de nuevo convencida de sus intenciones y yo demasiado cansada para rebatirla.
— Entiendo tu preocupación pero no es necesario y además no tengo billete. Me quedan unos meses de trabajo y después pasaré una temporada con vosotros.
No pareció muy convencida de mis palabras pero llamaron al timbre justo en ese momento, nos apresuramos a bajar hasta el taxi, mi madre estaba molesta con mi actitud y se mantuvo callada, metí la bolsa en el maletero y nos montamos en el asiento trasero.
No me gustaba estar así con mi madre pero no soportaba la tendencia de los que me rodeaban de exigirme las cosas, ordenarme lo que tenía que hacer como sí fuera incapaz de tomar mi propio camino. Nos pusimos en marcha, la carretera estaba muy transitada, había gente que salía de vacaciones ese mismo día y la gente conducía con temeridad a pesar de que había comenzado a nevar de nuevo.
Escuché el sonido de frenos al chirriar, alguien había perdido el control del coche, miré hacía la ventanilla que tenía mi madre a su lado observando aterrada como el coche se abalanzaba sobre nosotras. El impacto fue brutal, el taxi se tambaleó con el golpe y el coche que teníamos detrás nos embistió. Mi madre gritó mi nombre.
Contaros que no sé cuando actualizaré en esta semana, puede ser mañana o el viernes no estoy segura.
Gracias a mis chicas: Mheray, Cerezo, Adri, Eddie, Maleja, Reneesme y Sofylm, dedicaros este capítulo, mil gracias por estar al otro lado. Besos.
