Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer.
Capítulo 23. Mi muerte por tu vida.
Me había golpeado la cabeza con la ventanilla a pesar de llevar el cinturón de seguridad, me dolía todo el cuerpo por el impacto. A lo lejos escuchaba las sirenas de las ambulancias, los gritos de la gente, debíamos de haber provocado un accidente enorme para que las personas que nos rodeaban estuviesen tan alteradas.
Me costaba respirar, no podía ver al conductor del vehículo, forcejeé con el cinturón de seguridad hasta que conseguí quitármelo. Estaba aturdida y confusa, la cabeza me daba vueltas pero no estaba preparada para enfrentarme a la realidad.
Me volví hacía mi madre y mi corazón se paró de golpe, la llamé pero no me contestaba, estaba inconsciente, puse mi mano sobre su cuello para constatar que aún tenía pulso y mi alma dio un salto al comprobar que aún lo conservaba.
Sin pensarlo dos veces salí como pude del taxi, el destrozo era monumental, al menos otros tres coches estaban implicados en el accidente aparte de los dos que nos habían embestido, el conductor del turismo que había colisionado contra el asiento de mi madre gritaba desgarrado por el dolor pero a mí la única que me preocupaba era mi madre.
Pasé como pude entre los dos coches desgarrándome el pantalón, sólo podía abrir ligeramente la puerta y al hacerlo comprobé lo que no había podido ver desde el otro lado. Uno de los hierros se había clavado en el abdomen de mi madre. Sentí la sangre correr por mis manos en el momento en que presioné la herida, el olor me hizo estremecerme pero sólo me importaba buscar la manera de ayudarla, de sacarla de allí. Por más que la llamaba, no reaccionaba, empecé a asustarme. Miré a mi alrededor buscando ayuda pero las ambulancias aún no se habían podido acercar lo suficiente y los sanitarios corrían hacía nosotros para poder empezar su labor.
— No me dejes —susurré sin poder contener el torrente de lágrimas que acudía a mis ojos.
Con una mano intenté abrir más la puerta pero sólo conseguí clavarme otro de los hierros que sobresalían, el tiempo se había detenido para recrearse en la escena, la angustia me carcomía el alma y sentí que mi corazón se detenía mientras luchaba por mantener con vida a mi madre.
La llamé de nuevo, sentía tanta impotencia por no saber que hacer, y al acercarme más a ella uno de los cristales se me clavó en la piel a la altura del codo y me hirió hasta el hombro, pero nada me importaba salvo que ella siguiese con vida, perdía muchísima sangre.
Sentí que alguien se acercaba y por fin una pequeña sensación de alivio se apoderó de mí, observé como trabajaban, como miraba con gesto preocupado el médico a mi madre, la herida era demasiado profunda y no podían sacarla de allí hasta que no llegasen los bomberos, el por qué tardaban tanto era una incógnita para mí pero todo lo que había intentado controlar se abanlanzó sobre mí con fuerza.
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Dos horas después desperté en una cama del hospital, aturdida por lo que había pasando, sin saber sí había ocurrido o no pero enseguida obtuve la confirmación de que el accidente había sido real. Me habían puesto un collarín y me ordenaron que guardara reposo pero yo me negué mientras me incorporaba, lo que pudiera pasarme a mí poco importaba en comparación con la vida de mi madre. Tenía varias llamadas de teléfono en mi móvil y me apresuré a contactar con Seth y contarle lo ocurrido, le necesitaba más que nunca.
Una hora siguió a otra mientras operaban a mi madre, estaba en estado de shock mientras miraba la puerta por la que debía salir el médico para informarme de la situación, me sentaba, me levantaba, me paseaba frente a la puerta. Por momentos rompía en un llanto silencioso y en otros instantes apenas podía articular palabra, le pedía a lo que hubiese más allá de la vida real que no se llevase a mi madre y apenas podía controlar la angustia mientras lo hacía.
Seth me acercó mi móvil, Philp llamaba cada poco tiempo, no conseguía un vuelo que le trajese hasta aquí y ya no sabía ni que decirle.
— ¿Algo? —sentía su ansiedad desgarradora que me partía por la mitad.
— Aún no —murmuré queriendo darle otra respuesta, pero no podía engañarle.
— Por dios, Bella dime algo, no lo soporto más —no podía contarle lo que no sabía, me agarré el brazo apretándole contra mí.
— Philp va a estar bien, estoy segura —intentaba sonar convincente sin creérmelo yo misma—. Reneé no nos va a dejar a ninguno, tiene mucho por lo que luchar, pero Carlie no te puede ver así, ¿vale?
Escuché un amortiguado sí y un adiós, Seth me abrazó y Jacob me acercó un pañuelo, ambos comprendían mi dolor.
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No podía estar quieta, diez horas llevaban operándola pero no nos decían nada, la incertidumbre era como una losa sobre mi cabeza. No me quedaban lágrimas que derramar, estaba tan pérdida en aquel momento, enfadada porque el mundo seguía girando sin importarle mi dolor, angustiada por la falta de noticias, sobrepasada por las circunstancias. Lo último que había hecho era discutir con mi madre y en un segundo podía perderla sin haber remediado aquello.
"Llévame a mí" pensé al aire mientras observaba el ocaso cernirse sobre la ciudad, yo soy la única culpable de que ella estuviese aquí así que no puedes quitármela no pude seguir con mi petición porque las lágrimas volvieron a ahogarme.
Seth se puso junto a mí y me abrazó, no hacía más que sollozar, pensaba en Philp y en todo lo que quería a mi madre, recordaba a Carlie que apenas estaba empezando a vivir y la necesitaba para no equivocarse en su camino y en mí misma, que nunca podría resistir que me dejase sola en este desalmado mundo.
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— Todo va a ir bien —me aseguró Seth mientras me refugiaba en sus brazos.
— Tenía que haber sido yo, daría lo que fuera por cambiarme por ella.
— ¿Quieres que llame a Edward?
Sería reconfortante tenerle cerca pero sólo serviría para enredar más las cosas, la discusión que habíamos tenido había cerrado la relación que pudiésemos haber compartido. Ahora debía avanzar sola, sin su presencia y él debía entenderlo.
— Eso se acabo, dejemos el tema por hoy.
— A lo mejor entendiste mal su postura —me separé de mi hermano sin poder controlar la rabia que se reflejaba en mi mirada.
— Fue muy claro en sus intenciones, aunque estuviese a punto de morir no haría nada, sus malditas ideas son las que han roto todas las posibilidades. Nunca pensé que acabaría de esta manera pero es un amor imposible, no le dedicaré el resto de mis días para que al final me dé cuenta de que soy una carga para él.
— Bella —empezó a decir pero le corté.
— No hay vuelta atrás y debo asumirlo contra todo lo que siento —podía observar mi propia angustia reflejada en sus ojos—. Nunca podré dejar de amarle pero ahora entiendo que no soy más que un juguete roto que alguien conserva con cariño hasta que estorba en la estantería, no esperaré a que me tiren a la basura.
— A veces no decimos lo que verdaderamente pensamos, no es que me haga gracia que te conviertas en una de ellos pero quizás no estas siendo objetiva y…
— No acepta mi voluntad y eso me hace plantearme que no significo nada para él, sólo soy la que pone sus convicciones patas arriba, la que le hace replantearse su modo de vida —suspiré contra mi propia voluntad—. No seré su experimento y no hay nada más que decir sobre esto.
Seth asintió apartándose de mí con tristeza en sus pupilas, Jacob había oído cada palabra pero no parecía contento, era algo extraño, no entendía que él no se alegrase por mi decisión pero sólo me preocupaba la salud de mi madre y la eterna operación a la que la estaban sometiendo.
— ¿Qué ha pasado? —me preguntó Jasper, notando mi incertidumbre.
Habíamos salido a cazar porque necesitaba estar lejos de Edward, no podía evitar reprocharle su actitud con Bella y eso lo único que hacía era acrecentar su dolor.
— Son pequeñas imágenes, apenas segundos pero no logró distinguir nada reconocible, hierros que se amontonan, las ambulancias que acuden veloces, la luz de las sirenas, la calle principal atestada de coches.
Jasper se acercó a mí, enseguida noté su poder que me trasmitía la calma que necesitaba pero sentía que algo se escapaba de mi control. Intenté forzar una nueva visión pero las únicas cosas que venían a mi cabeza era lo que ya había visto.
— Y sí le va a ocurrir algo malo a Bella —señalé sin saber sí hacer una pregunta o una afirmación.
— No podemos estar seguros y debemos respetar su voluntad.
— Esta vez no —aseguré con fuerza, no me apartaría de ella a pesar de lo que pudiese querer, saqué mi móvil y marqué su teléfono.
Repetí la operación varias veces pero no obtuve más respuesta que su contestador y le dejé un escueto mensaje pidiéndola que me llamase. Esperaba recibir noticias suyas antes de que mi desesperación me llevase a buscarla.
Había forzado sin ningún tipo de dificultad la puerta del apartamento de mi víctima, pensaba esperarla hasta que regresara, usaría la vía rápida para tenerla a mi merced, la obsesión que tenía por Bella cada vez era mayor. Había estado tan cerca de atraparla y sí no hubiese sido por ese desgraciado lo habría logrado, pero tenía que aparecer aquel marginal para arruinarlo todo.
Cuando la había visto por primera vez no había podido dejar de mirarla, estaba hipnotizado, cumplía cada canon que me había impuesto para mi mujer ideal, estaba seguro de que podría satisfacer cada uno de mis más bajos deseos pero se empeñaba en rechazarme.
Cada uno de mis avances se chocaba contra su inconsciencia y eso me hacía enfurecer, no me había dado otra opción que tomarla por la fuerza, era mía por derecho propio, porque yo lo decidía.
Recorrí la casa soñando que lo hacía con ella a mi lado, pensaba dormir en su cama, atarla a ella y demostrarla lo que era en verdad un hombre y no esa panda de niñatos que la acompañaban con celo desmedido. Las hormonas de todos ellos saltaban a sus pies como sí eso pudiese impresionar a aquella exquisita mujer.
Abrí el armario y cogí una de sus camisas que conservaban su perfume, aspiré con fuerza su olor para marcarlo a fuego en mi mente. Esperaba que llegase pronto porque apenas podía controlarme por más tiempo. Mi rostro aún reflejaba los golpes que ese imbécil me había propinado, pero aquel agravio no quedaría así aunque eso debía esperar.
Me tumbé sobre la cama de Bella a esperarla, soñando con todo lo que íbamos a disfrutar aquella noche, sonreí con anticipación.
Estaba agotada, no saber nada de lo que ocurría con mi madre me sumía en un mar de temores y recelos, necesitaba comprender de una vez por todas lo que pasaba, poder decirle algo Philp, apartar de mí la sensación de que todo era mi culpa por mi cabezonería y mi insensated. A lo lejos el reflejo del sol que nacía en el horizonte empezaba a alejar la oscuridad, Seth estaba dormitando en las incómodas sillas de aquella anodina sala de espera, el color amarillo de las paredes era horrible y el olor de las medicinas persistente. Habíamos visto salir y entrar a nuevas enfermeras al quirófano pero nadie decía nada que pudiera darnos una pista de cómo estaba la situación realmente, me urgía saber algo, tener noticias de como estaba la situación.
Jacob se acercó con un vaso de plástico donde humeaba un café solo, había perdido la cuenta de los que llevaba, iba a sentarse cuando le sujeté la mano para que no me dejase sola.
— No sabes cuánto siento haberte echo pasar por todo esto —dije impulsivamente sin saber cual podía ser su reacción—. No sé que estaba pensando para creerme suficiente para él —no podía descifrar lo que pensaba porque su rostro estaba impasible.
— Te entiendo. Sabes que quiero muchísimo a Megan pero… —tardó unos segundos en encontrar la manera de contar lo que sentía—, siempre persiste la duda, no sé cómo actuaré sí un día me imprimo de otra persona.
— Puede no pasar —señalé para darle ánimos pero estaba realmente preocupado con la posibilidad de hacer daño a su novia.
— El caso es que a pesar de todo comprendo que en el corazón no se manda, siempre le has amado y siempre lo he sabido. A veces me da rabia no haber sido suficiente para romper su hechizo, poder haber sido más que tu salvavidas —estábamos entrando en un terreno que hacía años no tocábamos por respeto a Megan y a nuestra amistad—, pero sabía lo que había, arriesgué y perdí y no me arrepiento.
— No sabes cuánto he querido cambiar el daño que te hice.
— A todo se acostumbra uno —afirmó regalándome una de sus sonrisas—. No me alegro de lo que te esta pasando con Edward.
Nunca habría esperado eso de mi mejor amigo pero hay estaba la prueba de que su propia situación de inestabilidad, sin saber sí algún día haría o no daño a su novia, le había hecho comprender mi propia postura. Siempre le había tenido a mi lado pero sentí que los lazos se estrechaban entre nosotros, su comprensión era el mejor regalo que me podía hacer.
— Gracias —murmuré y le di un abrazo, sentía mi corazón hecho añicos sin saber como continuar con tanta locura, con un amor no correspondido, con unas emociones que ni el tiempo podrían borrar y unos recuerdos que me atormentarían hasta la muerte.
Con todo lo del accidente que habíamos sufrido aquel día, entendía a la perfección la desesperación que habían sufrido mis padres por no saber si saldría de mi operación o no, comprendía lo desgarrador de aquellas emociones, lo cerca que me habían visto de la tumba y lo mucho que habían luchado por salvarme. Era el momento de dejar de lamerme las heridas por un amor prohibido y devolver a todos los que me querían parte de lo que ellos habían hecho por mí.
Seth hablaba con Philp de nuevo, no encontraba con quien dejar a Claire ya que la mayoría de sus amigos habían salido de Florida para pasar las vacaciones con sus familias, y no quería traerla al hospital así que su ansiedad crecía a pasos agigantados.
Me senté frente a la puerta, rezando porque nos diesen alguna explicación de una vez por todas. Me había quitado el collarín hacía una hora, no lo soportaba por más tiempo, apoyé mi cabeza sobre mis rodillas intentando apartar de mi mente la idea de que mi madre podía no salir con vida de todo aquello.
Tenía el estómago revuelto, me dolía el cuello y el resto del cuerpo pero había evitado tomar ningún calmante, era mi madre la que me necesitaba ahora y no la fallaría.
No sentí cuando la puerta del quirófano se abrió y salió el médico con gesto de agotamiento, me miró compasivo y el mundo se me echó encima, empecé a hiperventilar y me levanté con fuerza para enfrentarme al cruel destino.
— Hemos hecho todo lo que hemos podido por ella —las lágrimas me nublaron la visión.
No tengo palabras para describir las emociones que he sentido al escribir este capítulo quizás vosotras seáis más creativas, lo dejo en vuestras manos. Sólo un pequeño detalle, en el capítulo 22 no es Rosalie quien visita a Bella, si no esta última la reconocería pero realmente no sabe quien es.
Muchísimas gracias a mis chicas: Rosh, Chiarat, Maleja, Mheray, Cerezo, Reneesme, Soledad, Adri, Yasmin, Darky y Kjfj. Sabéis que formáis parte importante de mi creatividad con vuestras opiniones, Gracias a los que seguís la historia. Besos.
