Los personajes de esta historia pertenecen a Stephanie Meyer.

Capítulo 24. No me dejes sola.

No, el tiempo no se detenía ante mi desgracia, el mundo no dejaba de girar ni las personas de continuar con su vida a pesar de que la mía estaba rota, mi madre se había muerto de la manera más imprevisible, llevándose con ella toda la luz.

Florida había amanecido entre lluvias, la tormenta parecía la única aliada con mi dolor, no tenía valor para mirar a los ojos a Philp, estaba inconsolable, no había ni un momento de calma en su rostro, ni un segundo en que no estuviese llorando pero al menos su familia se apresuraba a prestarle el apoyo que yo no podía. Me había disculpado con él, con Claire pero no sabía que hacer para ayudarles, me sentía impotente ante su herida.

Me encontraba perdida sin comprender por qué algo así había pasado, ¿por qué tuve que discutir con ella?, era lo último que habíamos hecho y cada palabra se clavaba en mi alma como el más afilado de los cuchillos, no soportaba la culpa, la sensación de abandono, no quería el consuelo de nadie porque no había palabra que pudieran decirme que no me sonase incompleta, inexacta y estúpida.

Quería dar marcha atrás en el tiempo y volver a tener la oportunidad de estar con ella, de escuchar su risa, de aceptar sus consejos y respetar a mi pesar su voluntad, pero no podía, de nuevo lloraba sin entender como aún me quedaban lágrimas que derramar pero la imagen de su féretro frente a mí era suficiente para hacerme comprender que no volvería.

Estábamos a un paso de enterrarla, sólo veía cruces y más cruces a mi alrededor y el único rostro que podía percibir con claridad era el de mi madre aunque no fuese más que una ilusión óptica, todo lo demás eran borrones negros que se arremolinaban a mi alrededor sosteniendo blancas rosas entre sus manos. La lluvia caía sobre mí calándome hasta los huesos pero no podía sentir nada, yo misma estaba muerta en vida, me parecía tan cruel el destino, tan injusta la vida, tan irreal lo que estaba viviendo.

.

Me sentía tan sola. No habrá día en que no te recuerde le dije en mi mente a mi madre como sí pudiese escucharme, en que no oiga tus consejos en mi mente, en que no lea cientos de veces tus correos… ¿por qué? Pensé sin poder controlar mi llanto ¿por qué fui tan tonta? me pregunté mientras me acercaba al ataúd para depositar la rosa sobre él antes de que lo bajasen ¿por qué me has dejado sola? murmuré pero bien lo había podido gritar porque me estaba desgarrando por dentro tanta angustia.

No podría continuar mi vida así, sin ella, ya nada tenía sentido, ni mi lista de cosas por hacer, ni mi existencia en ese mundo, ni siquiera el amor que le tenía a Edward parecía suficiente para amarrarme a ese planeta cruel.

Jamás había comprendido lo mucho que necesitaba a mi madre hasta aquel momento y ahora nunca podría decírselo ni demostrárselo.

Cerré los ojos mientras todo acababa, la gente fue disipándose, poco a poco los pasos anunciaron su retirada y cuando tuve el valor de volver a mirar sólo estábamos la tumba y yo, me dolían los ojos por las lágrimas derramadas. Me arrodillé frente a la lápida, sentí la humedad en mis rodillas de la tierra mojada, no podía creer que aquello me estuviese pasando pero una y otra vez la inscripción en el frío mármol me confirmaba la evidencia.

Saqué la afilada navaja que tenía en el bolsillo, jamás habría pensado que aquello se convertiría en una opción pero había tantas vidas en juego. No podía estar con Edward porque ponía a su familia en peligro, no quería complicar aún más la vida de mi padre que estaba felizmente casado con Sue y mis amigos debían dejar de preocuparse por mí, para poder continuar adelante sin pensar que yo haría una locura. Era el incordio que nadie necesitaba a su lado y era mi momento de ser una auténtica cobarde, pero ya no podía seguir adelante con tantos secretos sobre mi cabeza.

Sujeté frente a mi la cuchilla pensando sí sería capaz de tener el valor de clavármela, la coloqué sobre el punto exacto de mi muñeca sin ejercer presión.

Escuché mi nombre a lo lejos, alguien se apresuraba a alcanzarme, necesario era abreviar e hice el corte que me alejaría de aquel universo.


Ya no aguantaba más la falta de noticias por parte de Bella, sabía que estaba enfadada y más que nunca lo entendía pero había pasado casi una semana desde la última vez que nos habíamos visto, su madre ya tenía que haberse marchado así que era el momento de explicar las cosas. Aquel tiempo me había servido para reflexionar y estaba dispuesto a aceptar su decisión. Me enfrentaría a mis indecisiones por ella, era la única que podía hacerme cambiar de parecer de aquella forma pero estaba dispuesto a asumir las consecuencias que se podían desencadenar.

Era noche cerrada, había tenido que esperar a causa del sol de aquella mañana pero al fin había llegado el instante de verla. Alice estaba tan inquieta como yo así que la pedí que me acompañase al apartamento, sabía que había intentado ponerse en contacto con ella pero sólo había obtenido un silencio férreo, no quería pensar que ella volviese a ser la mujer que llegó a Alaska, que su frialdad hubiese vuelto a aparecer pero era una posibilidad que cada vez se hacía más factible por su falta de noticias.

Llegamos a su apartamento pero nadie contestó, estaba a punto de entrar a la fuerza cuando una mujer de unos cuarenta años abrió la puerta que estaba a la izquierda de la de Bella, llevaba una bata hasta casi los tobillos y nos saludo amable. Alice se apresuró a contestar.

— No la encontrarán aquí, lleva varios días sin venir.

Me volví hacía ella confuso por sus incompletos pensamientos, no parecía saber mucho pero si tenía la intención de hablar por los codos.

— ¿Dónde está? —preguntó Alice y la mujer nos miró como sí fuésemos de otro planeta.

— ¿No han oído las noticias?, el accidente que hubo hace cuatro días, menuda desgracia —suspiró—, pobre muchacha.

— Puede explicarse —susurró Alice ante mi falta de intervención, la imagen que se presentaba en mi mente me sofocaba, no podía ser cierto que ella hubiese sufrido aquello sin que yo la hubiese salvado. Tan sólo la idea se me antojaba una burda ironía, yo mismo le había asegurado que ella viviría mucho tiempo pero estaba ante la posibilidad de que eso ya no fuese posible.

No había escuchado lo que la mujer había dicho pero Alice me sujetó por el brazo y me sacó del edificio, estaba en shock mientras mi hermana cogía su móvil, la escuché hablar con Carlisle pero nada tenía sentido, no podía concentrarme en nada que no fuese su imagen en mi cabeza, el dolor de su mirada cuando comprendió mis intenciones, se había apagado su fuego, su interés, sus emociones, su corazón se había ralentizado y su respiración se había vuelto regular.

Había frialdad en su gesto mientras se despedía de mí, me había alejado de su lado aparentemente sin ninguna sensación en su alma, mi monstruo rugió en mi interior mientras comprendía que la había herido aún más pero quizás ya no habría más que hacer, había logrado mi objetivo y me sentía el ser más rastrero de la faz de la tierra.

— Edward, Edward —me llamó mi hermana pero sólo negué con la cabeza.

Puso frente a mí el teléfono activando el altavoz para que pudiera escuchar a mi padre pero, lo único que quería era estrellar el aparato contra la pared más lejana que hubiese aún así me mantuve quieto controlando mi instinto que estaba a punto de desbocarse.

— Edward —me llamó mi padre pero me negué a contestarle, nada tenía sentido en aquel momento— Bella está viva —estaban engañándome para que no cometiese una locura pero no habría nada que pudiesen decir para que les creyese.

Negué con la cabeza mientras daba unos pasos hacía atrás mientras veía en la mente de Alice como buscaba la manera de retenerme.

— Hijo, nunca te he mentido, así que dame el beneficio de la duda y escúchame —me pidió preocupado por mí.

Me detuve y asentí ante sus palabras, daba igual un minuto que una hora pero pronto estaría camino a acabar mis días en aquel ingrato mundo.


Bella, Bella me llamaba la voz a lo lejos mientras la sangre goteaba sobre la arena que cubría la tumba de mi madre, sin embargo su olor no me producía nada más que alivio, la sensación de que la vida se esfumaba entre mis dedos era adictiva y embriagadora. Gota a gota se escapaba mi sensatez y el ángel de la muerte estaba parado frente a mí, esperando mi último suspiro, faltaba tan poco, todo el dolor dejaría de tener sentido y cabida en mi vida.

Cerré con fuerza los ojos y sentí que alguien me sujetaba por los hombros zarandeándome y llamándome sin ansiedad.

Abrí los ojos desorientada, miré mis muñecas intactas y la manta de hospital que me cubría las piernas, Seth estaba frente a mí con una sonrisa de disculpa en el rostro. Miré más allá y vi la cama donde descansaba mi madre, su respiración regular era la constatación de que estaba viva, había sufrido el sueño más real que recordaba.

— Buenos días, tendrás que perdonarme pero no podía dejar que pasaras otra noche en vela.

— ¿Me has drogado? —poco a poco la realidad se iba imponiendo alrededor de mí, llevaba cuatro días en vela cuidando a mi madre, me incorporé en el sillón, tenía una sensación de pesadez en todo el cuerpo.

— Era necesario, ibas a acabar enfermando tú también —afirmó dándome un beso en la frente.

Me levanté tambaleando y me acerqué a mi madre que dormía plácidamente, habíamos vivido dos días en una angustia permanente primero por no saber sí saldría bien la operación y después porque el médico nos había puesto en la peor situación posible, casi a un paso de la tumba. Podía recitar de memoria cada una de sus palabras.

.

Hemos hecho todo lo posible por ella —las lágrimas nublaron mi vista, no aceptaba aquello, no podía ser cierto que mi madre hubiese muerto—. Ahora todo depende de la evolución de su herida, sí todo va bien Reneé vivirá.

Como que sí todo va bien, explíquese doctor —le ordenó Jacob mientras yo asimilaba sus confusas palabras.

La operación ha salido bien pero siempre hay un riesgo, esperamos que Reneé supere las próximas veinticuatro horas, debe reaccionar de la anestesia, no mostrar ningún rechazo a la medicación, es un poco agresiva pero la más eficaz y esperemos que no haya mayores complicaciones porque eso sería lo peor para ella.

Entonces está bien… —dije pero el gesto del doctor no me dejaba clara la situación real de mi madre.

Aún no, hay tantas cosas que pueden salir mal así que tendrán que tener paciencia.

Por suerte, mi madre había superado las complicaciones que el doctor nos había indicado y ahora parecía que todo saldría bien aunque yo necesitaba verla de pie para creerlo. No podía evocar con exactitud los días anteriores, sólo recordaba el paso lento del tiempo mientras pedía porque mi madre se recuperase y daba gracias porque siguiese con vida.

Jacob apareció en el vano de la puerta con el gesto más contrariado que jamás había visto en él. Nos pidió a Seth y a mí que saliésemos al pasillo y nos miró con incertidumbre, no estaba contento con lo que tenía que decirnos.

— ¿Qué ocurre? —pregunté cogiéndole la mano para darle mi apoyo.

— Perdemos los billetes de avión, no nos devuelven el dinero ni podemos cambiarlos de nuevo —Seth asintió sin darle importancia.

— Ya hemos hablado de esto —comencé a decir— marcharos a Forks, disfrutar de las vacaciones y luego volvéis, ya habéis oído al doctor la recuperación es larga y Philp llegará en tres días así que no estaré sola. Además la manada os necesita.

Días antes habían recibido una llamada de Sam, algo estaba pasando el la Push pero ninguno de mis amigos me lo había contado para no preocuparme, había suficientes razones de peso para que ellos se fuesen aunque no les gustase la idea.

— Ve tú Jake, yo me quedo —me volví hacía Seth negando con la cabeza.

— Por favor —le pedí—. Voy a estar bien, no pienso moverme de este hospital hasta que mi madre salga de aquí además no creo que Daniel vuelva ha acercarse a mí así que no hay motivo para que os preocupéis.

— Sí al menos me dejases llamar a los —empezó a decir mi hermano pero no le dejé terminar.

— No voy a volver a discutir sobre eso, corred a por vuestras cosas y dad muchos saludos de mi parte.

Jacob se apresuró a abrazarme asegurándome que volvería lo más pronto posible. Me despedí de ellos minutos después aunque sabía que cuando regresasen Seth me daría una charla de varias horas por haberlo empujado a ausentarse de mi lado.

Volví al lado de mi madre, dos horas después despertó, por primera vez en esos días tenía algo de color en las mejillas, me sonrió con cariño y yo la correspondí con un beso, ¿qué cerca había estado de perderla? pensé mientras la ayudaba a desayunar y le contaba la partida de Seth y Jacob, eran los dos pilares que últimamente me sujetaban y me sentía vulnerable al verles irse.

— Tienes muy mala cara, deberías marcharte a casa a descansar.

— No pienso dejarte sola —le aseguré apartando la bandeja—, no te vas a librar de mí tan fácilmente —la sonreí.

Una enfermera entró en la habitación sujetando el historial de mi madre, tenía aspecto maternal y me miró fijándose en mis ojeras, estaba segura de que no podría combatir contra mi madre y ella si se aliaban.

Se acercó a la cama.

— Bueno Reneé debemos hacerte unas pruebas.

— ¿Cuánto tardarán? —preguntó mirándome significativamente. Casí podía jurar que había visto un ligero guiño de la enfermera hacía mi madre cuando la contestó.

— Un par de horas al menos —me parecía un tiempo exagerado para dos pruebas pero estaba claro que no conseguiría nada discutiendo con ellas.

— Bella deberías

— Iré a casa —contesté cortando la argumentación de mi madre— cojo unas cosas y vuelvo, ¿qué te parece?

— Poco —aseguró mi madre, me incliné hacía ella y le di un beso en la mejilla— pero no voy a conseguir nada más —me encogí de hombros.

— No te preocupes, estamos aquí para atender a tu madre, vete el tiempo que necesites.

Volví a darle otro beso y salí de la habitación, no quería regresar a casa pero tampoco tenía otro sitio a donde ir. Cogí mi olvidado móvil y empecé a mirar la lista de llamadas pérdidas, sí no había unas cien no había ninguna, Alice y Edward habían intentado contactar conmigo durante todos ese tiempo y con el paso de los días las llamadas eran más frecuentes.

Sería tan fácil presionar el botón para comunicarme con ellos y tener allí a los Cullen en menos de lo que podría parpadear diez veces pero las palabras de aquella rubia no me abandonaban cada vez que notaba la necesidad de llamarles, estaba jugando con fuego y los quemados serían ellos. Victoria era la culpable pero ya no había forma de solucionar algo que escapaba de mi control, sí supieran lo que había echo en su contra, el odio la había cegado y había puesto sobre aviso a los Vulturis de mi existencia, de la relación que Edward y yo manteníamos.


Al fin te tengo frente a mí de nuevo, buen escondite este hospital, me habría costado tanto encontrarte sí no hubiese sido por aquellos dos niñatos hormonados que fueron a tu apartamento y hablaron de más no lo sabría todavía. Y mientras yo como un imbécil esperándote en esa casa, entreteniéndome con tus cosas, pensando que llegarías de un momento a otro. Nadie puede librarte de lo que te espera, nadie, pero te daré una tregua hasta que salgas de todo esto, sólo hasta que dejes el hospital, no quiero a una llorona en mi cama. Disfruta tu libertad que te queda poca.


Hoy no tengo más palabras para daros, aún guardo las sensaciones que me ha producido escribir este capítulo y hoy necesito vuestras impresiones para saber sí he logrado transmitir lo que quería.

Gracias como siempre a los que leéis y a mis chicas: Cerezo, Rosh, Chiarat, Maleja, Mheray, Eddie, Reneesme, Adri, Soflym, Lilian y Chicasagacrep. Siempre me gusta ver rostros nuevos pero también he de confesar que voy mirando los comentarios y pensando ¡falta por comentar…! Será obsesión, pero la acepto. Besos.