Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer. Una canción para la última parte de este capítulo Fascinación de Carlos Rivera (es realmente preciosa, animaros a escucharla).

Capítulo 27. Fascinación.

Persistía en mi cuerpo su aroma repugnándome hasta niveles insospechados pero el mensaje llegaría intacto hasta Bella, al fin comprendería el alcance de mi poder, entendería que no era un insignificante ser sino quien decidía sobre su muerte o su vida. Quien podría llevarla al mismísimo cielo o buscarla el lugar más apartado en el infierno.

Coloqué junto a mis otros trofeos el dedo meñique que le había cortado a Leslie, aún sentía en mis entrañas su grito amortiguado por mi mano, era lo poco que me había satisfecho de la experiencia, lo único que había disfrutado de verdad. Pero merecía la pena el sacrificio, pronto tendría en mis manos a mi musa para llenar mis días.

Tenía la pared de aquel cuchitril en el que me había ubicado la universidad, llena de sus fotos, había perdido la cuenta de las que almacenaba. Era mi obsesión, mi cruz y mi destino, apenas podía aguantar más el espacio que nos separaba.

Había una última oportunidad para que entrase en razón, para que comprendiese que sólo yo podía ser su compañero hasta el fin de los días. Por ella había vivido en Chicago durante tres años más de lo normal para mí, por ella había dormido poco y me había convertido en su más ferviente seguidor, nunca iba a ningún sitio sin que yo estuviese detrás y aún no entendía cómo era posible que en todo ese tiempo no la hubiese hecho nada, me tenía cautivado, enloquecido como nunca nadie lo había logrado.

Jamás había pensado en convertirla en un recuerdo hasta que aquella tarde me había vuelto a rechazar, demostrándome que mis esfuerzos no habían sido recompensados, que mi devoción era indiferente para ella. Aún hoy me estremecía ante la primera vez que había podido hablar con ella lejos del campus.

Profesor Williams, ¿cómo está? —me preguntó asombrada al sentarme frente a ella en un viejo bar cercano a su casa. Era el único lugar que frecuentaba, no iba a fiestas ni salía con los otros estudiantes, aquello era otra de las cosas que me atraía de ella, era tan distinta a todas las demás.

No quería molestarte, Isabella, te vi desde la calle y

No es molestia —tres simples palabras, nunca nadie había sido amable conmigo por voluntad propia, siempre era de quien mofarse, en quien encontraban la diversión. Había sido así durante toda mi vida pero aquella joven no miraba la apariencia, parecía observar más allá, me sentía como sí escrutase en mi interior.

Entonces podemos tomarnos un nuevo café —por un segundo mi atrevimiento le molestó, como si estuviese cerrada a cualquier tipo de relación pero después me sonrió asintiendo con la cabeza.

Estaba incómoda ante mi presencia, había perturbado su lugar pero estaba tan ansioso por estar junto a ella lejos de los horarios y las clases, allí nadie podía interrumpirnos, no había campanas o alumnos esperando su momento. Pasamos la tarde enfrascados en una conversación tan intensa pero ella sólo miraba una y otra vez el reloj, buscaba la manera de terminar nuestro encuentro mientras yo deseaba que aquello durase durante el resto de día.

Le rozaba la mano y ella la apartaba, intentaba buscar su mirada, profundizar en sus ojos pero ella tan sólo estaba ansiosa por marcharse. Acaso no veía lo que tenía enfrente. Entonces recordé uno de sus últimos trabajos, ¿cómo podía haber sido tan tonto? Ella estaba herida, algún desgraciado había roto sus ilusiones, sus sueños y sus esperanzas. Y estaba dispuesto a resarcirla por aquello, día tras día, me convertiría en su apoyo, en la persona que mejor podría entenderla.

Mi teléfono sonó con estridencia, aborrecía esos aparatos que te atan y controlan tus movimientos, cuando el contestador saltó escuché la alterada voz del gordo de Grant, esa bola de sebo inmunda estaba aterrado, acababan de encontrar a Leslie. Sonreí ante sus palabras pero no contesté al teléfono, sería un buen escándalo para la universidad pero sólo me importaba conseguir mi objetivo.

Faltaba tan poco y sin embargo la espera se me hacía insoportable. Cogí una de las mejores fotos que tenía de Bella, exhibía una de sus pocas sonrisas pero pronto llenaría su mundo de ellas, entendería que eramos la cara y la cruz de una misma moneda, que eramos como Romeo y Julieta pero sin final trágico.

— Muy pronto estaremos juntos —murmuré a su retrato y sentí un escalofrío de anticipación, el deseo era exorbitante—. Ven a mí, amada, porque eres quien domina mi apetito, quien devora mi cordura, quien anuda mis instintos animales… Es la última oportunidad para hacerlo a tu modo, ni un desliz más, ni una nueva oposición a mis avances —pasé mis dedos por la fotografía—. Mira a Leslie y comprende de lo que soy capaz, tú puedes cambiar eso, sé que me amas pero te aterra, yo no soy como el miserable que te abandonó. Sólo espero que no vuelvas a rechazarme, no me obligues a hacerte daño porque no habrá fuerza humana que pueda detenerme.


— ¿Qué harás Edward?, estamos en un hospital, mi madre está a unos pasos de aquí y no permitiré que nada la perturbe —sentía como la furia empezaba a recorrer mis venas, ¿con qué derecho se erigía en mi salvador?

— Todo lo que sea necesario —había una determinación férrea en su mirada.

— No soy la adolescente que conociste, no necesito niñera, puedo tomar mis propias decisiones te guste o no, así que apártate de mi camino —no se movió ni un milímetro aunque no pensaba que lo hiciese.

— Aún no entiendes que pienso protegerte muy a tu pesar, aunque sea de ti misma, no importa lo que hagas o lo que intentes, no inventes excusas o realices peticiones imposibles porque lo único que vas a conseguir en que te siga con más ferocidad.

Intentaba controlar mi lengua que se afilaba por momentos, no entendía su actitud ¿por qué ahora volvía a actuar de aquella manera? Durante el tiempo que llevábamos en Alaska Edward había aceptado mis deseos sin ni siquiera objetar nada pero ahora volvía a ser la persona que conocí y de la que me enamoré como una tonta.

— Sólo tienes dos opciones Bella —afirmó ante mi silencio— o vuelves a la habitación de tu madre o nos vamos a casa.

— Ni una ni otra.

— Sí debo elegir por ti, lo haré así que no sigas jugando con fuego —estaba realmente enfadado con mi actitud pero yo no iba a ceder tan fácilmente.

— Esto no tiene ningún sentido —respiré profundo intentando serenarme sin conseguirlo—. No quería ser dura contigo pero no me dejas otra opción, no tienes poder sobre mí, no eres nada más que un amigo y a veces dudo de que lo seas, así que no puedes venir aquí y querer manejarme a tu antojo sin importarte mis opiniones. No necesito que muevas los hilos de mi vida porque para eso ya estoy yo, sino te gusta en lo que me he convertido puedes alejarte de mí porque nadie te lo recriminará, hace tiempo que ya sé a qué atenerme contigo. Empieza a ser consecuente con tus decisiones.

Le rodeé para buscar a alguna enfermera que pudiera informarme de donde estaba Leslie, esperaba que mis palabras al fin hubiesen cumplido con su función, ya tendría tiempo de arrepentirme por hacerle daño, de reprocharme por tratarle así pero en aquel instante sólo me preocupaba Leslie y lo que yo había provocado con mi actitud. Buscaría a Daniel, tenía que trazar un plan, enfrentarme a él, demostrarle que sus crímenes no quedarían impunes.

Había mucho que hacer pero tener ingresada a mi madre no iba a ayudar demasiado y después de lo que le había dicho a Edward no podría contar con la ayuda de los Cullen, me estaba convirtiendo en una persona que no me gustaba, mis propias palabras se clavaban en mi alma, sabía que recordaría aquel día hasta que la muerte me arrastrase. Había usado la misma técnica que él el día que se marchó, de nuevo le había reprochado lo que me había hecho.

Avancé por el pasillo, era tarde y no parecía haber ningún trabajador que pudiera indicarme lo que necesitaba saber, la luz de un fluorescente parpadeaba haciendo que la escena se tornase un poco tétrica, casi como si estuviese en una película de miedo pero avancé con determinación pensando que sí tenía que bajar hasta urgencias lo haría. Entonces alguien me sujetó por el brazo y me introdujo en una habitación vacía.


"Empieza a ser consecuente con tus decisiones" repetía mi mente, no podía comprender que Bella fuese capaz de hablarme de ese modo pero sí pensaba que por dos palabras hirientes podría alejarse de mí estaba bastante equivocada, la dejé alejarse pensando que había conseguido su objetivo y me volví hacía mis hermanos que estaban completamente atónitos ante la actitud que Bella había tenido.

— ¿De dónde le salió el carácter? —preguntó Emmet con estupor.

— ¿Qué vas a hacer?, no la harás caso —empezó a decir mi hermana, estaba tan turbada como Emmett.

— Quizás si todo esto hubiese pasado la primera vez que nos vimos aquí la habría creído, he pecado de ingenuo pensando que ella seguía siendo tal y como la conocí. Todo el mundo cambia a medida que debe enfrentarse a la vida y por desgracia Bella tuvo que confrontar cada peligro ella sola —me giré cuando sentí que ella torcía en la siguiente esquina—, pero nada puede mantenerme lejos de ella de nuevo.

— Me quedaré con Renée —afirmó Alice ante mis palabras.

— Gracias.

Me di la vuelta siguiendo los pasos de Bella mientras escuchaba a Emmett hablar por el móvil con Jasper para contarle todo lo que había pasado. Daniel tendría que esperar ya que ahora mi prioridad era que Bella no tuviese que enfrentarse cada día al recuerdo de lo que aquel desalmado le había hecho a esa muchacha.

Estaba perdida, iba hacía el lado contrario de donde estaba Leslie, me encantaba su sentido de la orientación. No me percibió cuando me coloqué a su lado y la sujeté por el brazo, no tuvo ni un segundo para revolverse porque la metí en la primera habitación vacía que encontré. Me apoyé en la puerta bloqueando cualquier escapatoria posible observando fascinado como su estado de ánimo cambiaba al verme frente a ella, primero alivio, después rabia y ahora podía sentir su ira en plena ebullición.

Casi podía leer su mente en su rostro, las emociones iban y venían sin control, no podía creer que hubiese pensado que me había apartado de ella con aquellas vanas palabras, no habría fuerza que me volviese a relegar a un rincón esperando que ella aceptase sus sentimientos por mí. Ya lo había hecho y aunque yo mismo había roto de nuevo sus esperanzas pensaba resarcirla en cuanto quedasen un par de cosas claras sobre todo aquel asunto.

— Me estoy cansando de tu juego, Edward. Siento que no hay manera de ser amigos si no respetas lo que te pido o lo que pienso —sus ojos me cautivaron, estaban tan encendidos como su enojo.

— No soy tu amigo, Bella. No puedo serlo —me acerqué a ella pero se mantuvo en su sitio desafiándome.

— Entonces esta conversación no tiene sentido —la sujeté por la cintura al ver que intentaba esquivarme.

— Hay muchas cosas que aclarar y tengo todo el tiempo del mundo para hacerlo. ¿Por qué no me llamaste cuando pasó lo del accidente? —había tristeza en su mirada cuando la dirigió hacía mí. Su falta de noticias sobre algo tan importante había conseguido que me enfureciese con su conducta.

— Esto no puede continuar, por ti, por tu familia, por mí. Lo mejor es que cada uno prosiga su camino lejos del otro —sujeté entre mis dedos un mechón de su cabello, tan sedoso como siempre y sentí la corriente eléctrica que me recorría siempre que la tenía tan cerca de mí. Ella también la había notado, estaba seguro.

— Explícate mejor.

— He sido muy clara y

— Todos mis caminos me llevan a ti. Sólo he resistido tu ausencia pensando que algún día volvería a tenerte entre mis brazos y me pides que renuncie a ti —negué con la cabeza, le haría comprender mis sentimientos—. Es imposible, desde el día en que te conocí dejé de ser yo para convertirme en nosotros, jamás me hubiese marchado de haber sabido cómo era la realidad. Ese día morí de nuevo, ese día me convertí en un susurro que se alimentaba de tu recuerdo, jamás he dejado de deplorar lo que hice.

— Eso no cambia nada —susurró agachando la mirada, intentaba repeler mi ataque, afianzarse en sus convicciones pero no se lo permitiría.

Sujeté su barbilla entre mis dedos e hice que me mirase a los ojos, quería que divisase en mí la verdad, ella sabía lo que era y a pesar de todo me amaba aunque no quisiese admitirlo. Intentaba alzar un muro entre nosotros pero no pensaba permitírselo.

— No habrá un mañana que no sea a tu lado, no habrá un minuto que no me tengas junto a ti, empieza a aceptarlo porque va a ser así a partir de ahora —negó con la cabeza mientras una solitaria lágrima recorría su mejilla, la recogí entre mis dedos—. Te amo con toda la fuerza de mi corazón, eres quien me mantiene atrapado en sus redes, quien puede elevarme al mismísimo cielo. Tú me lo devolviste, me entregaste tu alma y no supe apreciarlo como debería porque pensé que no la merecía. Eres mi dueña y señora, puedes hacer conmigo lo que quieras menos mantenerme arrinconado.

Dio un paso hacia atrás y se lo permití al ver el dolor que reflejaban sus ojos, sabía que mi cercanía la perturbaba, escuchaba con claridad el latido de su acelerado corazón, su respiración irregular y hasta su mente mientras buscaba una nueva excusa que darme. Ya no había nada válido que pudiese decir aunque su siguiente pregunta me sorprendió.

— ¿Por qué ahora?

— No hay mayor porque que lo mucho que te amo, ¿acaso podría haber otro motivo legítimo? —desconfiaba de mis palabras, no creía en lo que le decía pero se mantuvo apartada de mí, dispuesta a mantener la distancia que había conseguido.

— Esto no tiene nada que ver con el amor —estaba siendo demasiado escéptica—. Te crees en la obligación de protegerme a pesar de que no es tu culpa todo lo que pasa, mi vida es un caos pero siempre ha sido así y lo acepto —miró la puerta buscando la forma de volver a esquivarme—, no te necesito ni te quiero en mi vida, te libero de cualquier responsabilidad que creas tener conmigo.

Esta vez al acercarme a ella dio unos pasos apresurados hacia atrás chocándose contra la pared de la habitación, no tenía escapatoria a mis avances.

— Mientes de nuevo y vuelves a hacerlo bastante mal —rocé su mejilla con mis dedos y sentí como contenía la respiración—. No quiero más embustes, pienso descubrir cada secreto que has intentado ocultar, sí tengo que viajar a Forks para saber la verdad lo haré contigo —apoyé mis manos a ambos lados de su cuerpo.

— No te lo permito, no puedes seguir con esto. ¿Qué pasará conmigo cuando te canses de protegerme?, ¿cuánto durará tu ardor? No creo que puedas soportarlo más de unas semanas y mientras tanto yo estaré esperando la primera patada a mi corazón. No pienso vivir eso, no quiero, acepta que todo terminó, volvimos a intentarlo y fallamos estrepitosamente. Por suerte, antes de que pudiésemos herirnos de nuevo.

— He tomado una decisión —me miró sin comprender mis palabras—, en el segundo que tú quieras te convertiré.

Se quedó atónita ante mis palabras, no lograba articular palabra mientras me miraba recelosa por mi cambio pero esa noche estaba dispuesto a aclarar cada punto de nuestra relación, siempre debió ser así, jamás tendría que haber dado opción a todo lo que había vivido, a la separación que nos había marcado a ambos. Conseguiría su perdón y la tendría junto a mí por todo la eternidad.


La conversación esperada ha llegado, la pregunta es cómo tomará Bella la nueva actitud de Edward.

Gracias a mis chicas: Mherary, Chiarat, Cerezo, Rosh, Adri, Hildiux, Lis, Maleja, Yesiita, Eddie, Soledad, Darky, Chicasaga. y Lilian. Espero vuestras opiniones, críticas y demás, gracias por estar capítulo tras capítulo.

También gracias a los lectores que la seguís, espero que también os guste. Besos.