Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer. Os dejó una canción que hace tiempo que quería recomendarla pero no encajaba en ninguno de los anteriores capítulos Borracha de Amor de Vanesa Martín y Pablo Alborán.

Capítulo 30. El hombre es un lobo para el hombre.

(Homo homini lupus. Hobbes).

¿Cómo hacerlo?, ¡aléjate de mí, Edward! Gritaba mi mente mientras me agarraba a sus brazos para no precipitarme, porque mis piernas no me sostenían. Su mirada era mi refugio, era la balsa dorada donde descansar de la tormenta de sinsabores de aquellos años. No sabía lo cansada que estaba de luchar hasta que había dejado de hacerlo, hasta que había sucumbido a sus deseos.

Temblaba, mi cuerpo vibraba al tenerle tan cerca. Mi alma se agitaba ante su escrutinio, mi corazón saltaba dichoso en mi pecho y, aunque sabía que estaba a un paso de ponerle de nuevo en el punto de mira de todo lo malo que me rodeaba, no podía apartarme de él. Mi determinación flaqueaba a pesar del peligro acechante al que debía enfrentarme.

Sentí sus manos recorrer mi espalda, acariciar mi cabello y después rozar mis labios con sus dedos, bajando por la curva de mi cuello como sí quisiese grabar a fuego sus caricias en mi piel, sin impórtale nada más que aquel momento robado que compartíamos. Turbaba mi cuerpo con su sola presencia y alborotaba mis sentidos con su contacto.

Miró mis labios hinchados por sus besos y volvió a bajar su rostro para pararse justo frente a ellos, incitándome a tomar la iniciativa, pidiéndome en un mudo silencio que continuase con aquella locura. No podría parar de besarle sí volvía a hacerlo.

No pude resistirme y posé mis labios en los suyos con delicadeza, él tan sólo espero a que le diese las pautas para besarme y en cuanto las tuvo, empezó a mover su boca sobre la mía lentamente, buscando las respuestas a las preguntas inconclusas. Me había rendido ante él y no me importaba, mi cabeza daba vueltas sin parar en ningún pensamiento que no fuese aquel instante.

Acaricié su cabello con mis manos, no había olvidado su contacto, su olor, su fuerza, su sabor. El beso fue creciendo en intensidad. Me atrajo hacía él y noté como mi cuerpo se adaptaba a la perfección al suyo, era mi destino y mi locura.

Estaba en plena combustión buscando más. Edward se apartó ligeramente de mí igual de afectado de lo que yo estaba, él no necesitaba respirar pero estaba segura de que no podría hacerlo si fuese indispensable para él. Apartó de mi rostro mis revueltos cabellos y me miró con los ojos impregnados en pasión contenida.

Tomé aire como pude, apenas podía respirar con normalidad después de aquello pero intenté serenarme. Debía volver a seguir el hilo de mi argumentación, me había descontrolado de una manera inaceptable.

— Dímelo —me pidió en un susurro cerca de mi oído.

— Edward, no sé en qué estaba pensando —afirmé sin poder controlar la angustia de mi pecho pero él irradiaba seguridad por cada poro de su piel.

— No habrá un mañana que no sea junto a mí. Puedes patalear o inventar mil historias pero no creeré ninguna que me aleje de ti.

— Hace un momento te estabas marchando convencido, tan sólo deseaba un nuevo recuerdo que atesorar —acalló mis palabras con un breve beso.

— Me gusta esta manera de hacerte entrar en razón —dijo tras separar sus labios de los míos—. Tendré que usarla más a menudo.

Intenté apartarme de él pero sólo conseguí que me abrazase más hacia él.

— Basta, Bella —susurró— no lograrás complicar esto otra vez. Permíteme demostrarte que esto no es sólo un sueño, que nuestro amor es más grande de lo que ambos pensamos. Tú lo acabas de comprobar, sólo el hecho de perderme ha sido suficiente para que reaccionases.

— ¿Qué disparate propones? —pregunté mientras mi estómago se encogía. No podía protegerle sin decirle la verdad, no quería que supiese lo que pasaba porque correría en pos de lo que fuera por salvarme. Mi mente era un caos, un sinsentido de emociones que me abrumaban y desesperaban.

— Nosotros, juntos. Llámalo como quieras —señaló separándose ligeramente de mí para poder mirarme a los ojos.

— Y sí te digo que no.

Me obsequió con su sonrisa torcida que tanto amaba, era tan sencillo estar así entre sus brazos. Mis pensamientos estaban tan enredados que no podía encontrar algo a lo que aferrarme que no fuese él.

— Después del beso que acabamos de compartir tan sólo tienes un simple no para darme. Tus convicciones flaquean ante la evidencia y para mí es más que suficiente.


No es posible murmuró Alice sin poder salir de la visión que estaba teniendo en aquel momento. Era tan vivida que la había agarrotado el resto de sus sentidos, las imágenes se sucedían, la decisión estaba tomada e iba a ser llevada a cabo en ese instante preciso. Sí querían salvar a la joven debían actuar con rapidez.

Emmett y Jasper la miraron asustados, la visión que estaba teniendo Alice duraba más de lo habitual. Entonces les observó con temor en los ojos ante lo que había percibido. Les pidió que saliesen al pasillo para no importunar a la madre de Bella, que descansaba ajena a todo.

— ¿Alice, estás bien? —preguntó Jasper mientras proyectaba su poder hacía su mujer al sentir que esta estaba totalmente alterada por lo que acababa de ver.

— Está a punto de suceder, debemos impedirlo —murmuró aun reviviendo las imágenes que se habían presentado frente a ella—. Bella no lo soportará sí sucede.

— Alice, céntrate —pidió Emmett con más brusquedad de la que debería, ganándose una mirada condenatoria por parte de Jasper.

— La decisión ya está tomada. El decano va a matar a Leslie ahora mismo.


Estaban todas las cartas sobre la mesa. A pesar de lo que Bella pudiese desear no estaba dispuesto a dejar todo en sus manos, le daría tiempo para que volviese a confiar en mí, flanquearía cada obstáculo y al final su vida sería perfecta junto a mí.

Mi cuerpo respondía a su cercanía, el hombre que una vez había sido se revolvía contra mi autocontrol, pero no era lo que quería. Al menos no de aquella manera, en una insulsa habitación de hospital y sin anillo de por medio. Haría las cosas como debían ser, primero ella tenía que estar totalmente convencida y después le pediría matrimonio.

Me separé de ella reuniendo todas las fuerzas que necesitaba. Sonreí ante su incertidumbre, mi plan había dado los resultados esperados y ahora la veía tan vulnerable, tal y como ella había sido cuando la conocí. El hielo había desaparecido de sus ojos con cada paso que había dado en el camino hacia su corazón.

— Creo que merezco una respuesta —afirmé convencido de lo que iba a argumentar, de nuevo trataría de alejarme de ella.

El silencio nos envolvió mientras nuestras miradas hablaban a gritos de nuestro amor. Mientras nuestras almas conectaban, sus ojos me desconcertaban porque las dudas parecían haber sido relegadas a un segundo plano. Acaso al fin todos los miedos se había evaporado pensé deseando poder leer su mente, poder adentrarme en sus secretos y despejar mis dudas.

Entonces escuché con claridad la mente de Emmett así como sus pasos apresurados que le llevaban hasta la habitación de Leslie. Maldije por lo bajo y supe que a Bella no le había pasado desapercibido mi cambio de humor.

— Quédate aquí. Promételo, Bella —le ordené pero en sus ojos había obstinación de nuevo.

— ¿Qué ocurre? —preguntó mientras sacaba mi móvil y comprobaba que Alice me había llamado más de treinta veces en el último minuto, cuando había seguido a Bella hasta allí había puesto en silencio el móvil para que nadie nos molestase.

— Espérame —le pedí mientras salía de la habitación pero ella me siguió y no pude evitárselo. Emmett estaba totalmente fuera de sí y sería difícil frenarle.


Emmett traspasó la puerta de la habitación de Leslie a toda velocidad, sin preocuparse en que alguien le pudiera haber visto. Frente a él, el señor Grant oprimía contra el rostro de Leslie la almohada que había cogido de la cama de al lado, estaba tan absorto en lo que hacía que no escuchó el golpe de la puerta contra la pared.

Emmett se apresuró a sujetarle con toda la fuerza que tenía, la furia corría por sus venas, la rabia consumía cualquier razón que no fuese darle su merecido a aquel hombre. Había tenido el descaro de desgraciar a aquella joven y después decidía acabar con su vida allí mismo, delante de sus narices.

Le zarandeó con fuerza mientras Jasper y Alice entraban en la habitación, por suerte Leslie estaba tan drogada que no había sentido el mudo enfrentamiento que se estaba viviendo a unos pasos de su cama.

— ¿No tuviste suficiente?, nos das el sermón diciendo que es una desgracia lo que ha pasado y luego vienes a acabar el trabajo —el poder de Jasper no conseguía calmar a su hermano que volvió a sacudir al hombre como si fuera una alfombra. La cara del señor Grant estaba completamente encarnada, le habían pillado haciendo algo deleznable pero debía hacerlo por el bien de la institución que regentaba.

— Emmett —susurró Alice al ver que el hombre no podía apenas respirar ante el agarre al que estaba siendo sometido—, hemos llegado a tiempo, pero debes soltarle.

— No, este malnacido quiere a Bella, veamos cómo le sienta estar frente a alguien que puede defenderse.

— Suéltalo Emm —le pidió Rose mientras entraba en la habitación seguido de Carlisle. En un segundo ambos averiguaron lo que había pasado de labios de Alice.


Llegamos a la habitación de Leslie, escuché lo que mi hermana les contaba a Rose y a mi padre y me paré en seco para detener a Bella. Debía hacer que se diese la vuelta pero ella me miró intransigente. No iba a ponérmelo fácil pero Emmett estaba completamente descontrolado a pesar de la presencia de casi toda la familia. Insultaba en su mente al decano pero yo estaba seguro de que él no era el acosador de Bella, aunque hubiese intentado aquel acto tan aborrecible.

— Vuelve con tu madre —me miró como sí le pidiese algo imposible y entonces sentimos como la pared retumbaba por el golpe que acababa de dar Emmett al señor Grant contra el muro.

— No, esto es culpa mía, Edward. Tendremos tiempo de discutir pero debo entrar. Emmett puede perder el control.

— Y tú en medio —mi padre requirió mi ayuda desde su mente, mostrándome la escena que estaba sucediendo y asegurándome que Bella no podría ver nada.

Entré en la atestada habitación, Rose estaba cerca de Emmett pero este no hacía caso ni a su mujer mientras Jasper llevaba al límite su poder sin éxito y Carlisle intentaba buscar las palabras para que mi hermano volviese a comportarse como debería.

Escuché un suspiro de alivio de parte de Alice en cuanto traspasé el umbral pero antes de que pudiera hacerme cargo de la situación, Bella se adelantó situándose frente a Emmett que miraba al decano con una expresión que aterrorizaría a cualquier persona que no conociese su verdadera naturaleza.

— Emmett —le llamó poniendo una mano en el fuerte brazo que sujetaba al señor Grant, mi hermano le devolvió la oscura mirada llena de dolor— estoy segura de que él no es el acosador.

— Ha intentado matarla —masculló entre dientes. Me situé junto a Bella para protegerla de cualquier descontrol que pudiese haber en la situación.

— Pero has llegado a tiempo y no sabes cuánto te agradezco que hayas intervenido. Él no ha hecho las atrocidades que sabemos.

— En eso tiene razón Bella —afirmó Rose dejándome atónito, por primera vez ella se ponía de parte de algo que había dicho Bella. Era una actitud extraña y aunque intenté indagar en su mente, tan sólo estaba concentrada en salir de aquel atolladero.

— Entonces… —las palabras vertidas habían empezado a calar en la mente de mi hermano y ya no sujetaba al hombre con tanta fuerza.

— Tengo una pista, Emmett. Suéltale y déjame contarte lo que hemos averiguado Carlisle y yo—vi en la mente de Rosalie lo que había descubierto junto a mi padre, así que aquel humano tenía algo diferente que había impedido conocer la verdad sobre él.

La furia volvió a consumir a mi hermano y apretó de nuevo al decano contra la pared.

— Entonces ¿por qué iba a acabar con su vida?

— Es un escándalo para la universidad —balbuceó mientras intentaba respirar pero no lo conseguía.

— Sí hubiese sido Bella, habría actuado de la misma manera. No merece vivir en este mundo, no es digno de respirar el aire que compartimos.

— Emmett, mírame —mi hermano lo hizo—. Lo que estás pensando no ha ocurrido, yo estoy bien y hemos podido salvar a Leslie pero no somos nadie para decidir lo que habría que hacer con él.

— Eres mi hermana pequeña, Bella —los ojos de mi amor brillaron ante la declaración de Emmett—, sí hubieses sido tú la que está en esta cama

— Pero no ha sido así —afirmó cortando su argumentación,una lágrima corrió por la mejilla de Bella—. Haz caso a Rose, no empeoremos más las cosas. Ya todo es demasiado complicado.

Emmett soltó al decano que cayó con fuerza sobre el blanco suelo.


Seth despertó sobresaltado y bañado en sudor, eran las dos de la madrugada, la sensación de que Bella se encontraba en peligro era persistente desde aquella mañana pero ahora lo notaba con más intensidad. Había prometido a su madre que se quedaría unos días después de fin de año pero no iba a esperar tanto, aunque eso le costase una regañina por parte de Sue.

Cogió el móvil, no hablaba con su hermana desde el día anterior, pero debía contarle el motivo de su viaje a Forks, debía ponerla sobre aviso de lo que ocurría. Marcó el teléfono de Bella sabiendo que aún no estaría dormida y menos con su madre en el hospital pero a pesar de que daba señal, nadie contestó.

Repitió la llamada y al ver que seguía sin recibir respuesta se levantó. Encendió el ordenador y compró el primer pasaje de avión que le llevase a Alaska.


Nunca había pensado que Emmett me quisiese tanto pero en sus ojos podía leer la respuesta a mi pregunta no realizada. El tormento por lo que no me había pasado traspasó mis defensas. Rose me miraba pero no había rabia en sus ojos ni indiferencia, era como sí en algún punto del camino me hubiese perdido algo importante, un detalle que les había cambiado a todos.

Edward tenía la idea de transformarme, Alice me trataba con suma delicadeza, Carlisle volvía a ser el referente que siempre había necesitado a mi lado y Jasper, él siempre era una incógnita para mí, pero había disfrutado de su compañía en los últimos días antes del accidente.

El señor Grant se incorporó con rabia desmedida sacudiéndose los pantalones. Se enfrentó a Emmett inconsciente de la suerte que tenía de que hubiésemos logrado que entrase en razón.

— Pienso denunciarle —afirmó apuntándole con el dedo—, esto es un ultraje —se giró hacía Calisle—. Usted no tiene hijos, Cullen, tiene monstruos.

No podía creer que aquel hombre que había intentado matar a Leslie se diera el lujo de hablar de esa manera.

— Señor Grant, esto podemos discutirlo fuera de la habitación. Al final conseguiremos despertar a la muchacha —el tono de voz de Carlisle no admitía discusión, despedía ese aire de autoridad que tenía pero el decano lo ignoró.

— No hay nada de qué hablar, tendrán noticias de mi abogado y por supuesto, esto acabará con su reputación. En cuanto la noticia salga en los periódicos veremos quién tiene más que perder.

— ¿Cómo se atreve? —el decano se volvió hacía mí. Había hablado antes de que cualquiera de los Cullen consiguiesen decir nada, estaban descolocados ante la situación que estaban viviendo—. Ha intentado matar a Leslie y se cree con derecho a denunciar a nadie. ¿Quiere publicidad? Pues le aseguró que la va a tener. Escribiré un artículo que se difundirá en todos los periódicos de Alaska.

— Habló la que tiene la culpa de todo.

— No puede juzgar a nadie teniendo en cuenta lo que acaba de intentar hacer

— Sí hubiese accedido a verse con ese tipo esto no hubiese pasado —argumentó hiriéndome en lo más profundo.

Cerré los ojos, intentando controlar la ansiedad que me habían provocado aquellas malintencionadas palabras. Segundos después sentí como algo caía a mis pies y al abrir los ojos vi al señor Grant totalmente inconsciente sobre el suelo.


A punto he estado de borrar todo el capítulo por error. Casi me da un ataque de ansiedad.

En respuesta a la pregunta de Mariana, estoy intentando actualizar como mínimo cada dos días, aunque hay veces que subo nuevo capítulo cada menos, es decir uno al día. Depende del tiempo que me dejan mis otras obligaciones.

Como siempre mil gracias a mis chicas: Cerezo, Rosh, Adri, Mherary, Maleja, Soledad, Hildiux, Lis, Darky, Yesiita, Helena, Mariana y Beth. No tengo palabras para agradecer los minutos que dedicáis a leer lo que escribo y a comentarlo. Gracias, gracias, gracias…

Espero que este capítulo sea capaz de transmitir alguna que otra emoción. Seguramente el próximo capítulo no vea la luz hasta el miércoles.

Espero vuestras impresiones, críticas y todo lo demás. Besos.