Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer.
Capítulo 31. Agotada.
¿Quién había sido? Pensé mientras recorría con la mirada los rostros impasibles de los Cullen. Pero ninguno se movió ni produjo palabra alguna. Intuía que aunque preguntase ninguno admitiría haberlo hecho. Miré a Edward buscando algo que me hiciese saber sí había sido él pero estaba concentrado en algún pensamiento procedente de Rose.
Me latía la cabeza, estaba agotada de aquella eterna noche. Por primera vez en años, estaba deseando dormir y escapar en el mundo onírico de todo lo que estaba sucediendo a mí alrededor. Tenía la espalda cargada, me dolían las cervicales y no sabía sí era por culpa del accidente o por la presión de lo acontecido.
Emmett sujetó con fuerza al decano para sacarle de la habitación. Era como un muñeco en sus manos aunque debía pesar cerca de cien kilos. Vi como Rose miraba fijamente a Edward, sin duda le estaba contando lo que habían averiguado y para no variar me discriminaban de la conversación. Otra vez era aquella adolescente que se había enfrentado a James, ¿dónde quedaba la mujer que llevaba años fortaleciéndose en mi interior? Me giré para evitar que mi lengua soltase algún improperio y no pude eludir toparme con la imagen de Leslie tumbada en aquella cama de hospital.
Tenía el rostro totalmente amoratado por los golpes recibidos, di unos pasos vacilantes hacía ella y me detuve. Era mi error representado en su máxima extensión, había sido lo suficientemente imprudente con Daniel como para que él quisiese vengarse de mí, y Leslie había sufrido las consecuencias de mis actos apresurados.
Poco a poco sentí como mi mundo se derrumbaba bajo mis pies, quizás lo mejor sería acabar con todo de una vez, hacer lo que el señor Grant había dicho, reunirme con Daniel, aquello tenía que terminar. No podía seguir viviendo con la sensación de que todo era por mi culpa. El mal me perseguía sin descanso.
La angustia carcomía mi alma mientras miraba a Leslie, era yo quien debía estar en esa cama, era yo quien debía haber soportado cada una de sus torturas, era yo la que había provocado a aquel monstruo aunque no sabía cómo. Tenía los músculos agarrotados, mi corazón palpitaba lento mientras me repetía que era una inconsciente y una estúpida por no haber sabido parar a tiempo aquella situación.
Sentí el salitre de mis lágrimas cuando una rozó mis labios, no sabía en que momento había empezado a llorar pero era lo único que hacía bien últimamente. Mi estómago estaba revuelto y empezaba a marearme mientras intentaba controlar las emociones que me embargaban.
Respiré entrecortadamente, aguantando un sollozo, pero sabía que lo habían oído, nada se les escapaba y volví a sentir su mirada en mi espalda. Había atraído su atención y yo lo único que deseaba era estar sola, poder flagelarme una y otra vez por mis fallos.
Edward se colocó frente a mí bloqueándome la visión de mi compañera. No podía enfocar la mirada así que la mantuve clavada en el suelo. No podía enfrentarme a sus ojos llenos de amor en esos momentos en que me sentía como una mierda.
Secó las lágrimas con sus dedos y advertí como el frío de su contacto me traspasaba, casi podía asegurar que había acariciado mi corazón en ese simple gesto. Tardé varios minutos en poder levantar la vista pero él esperó paciente sin hablar, dándome tiempo para serenarme. Era increíble como su sola presencia a mi lado era suficiente para ahuyentar mis demonios.
— Esto era lo que quería evitar —murmuró con la voz cargada de dolor compartido.
— ¿Y seguir engañándome a mi misma? —pregunté en el mismo tono, pero no necesitaba respuestas a algo que ya sabía, no sólo atraía todo lo malo de mi alrededor sino que esto afectaba a la gente que se relacionaba conmigo.
— No —tan simple y efectivo, suficiente para eludir mis ideas—, esto no es culpa tuya y no pienso discutirlo. No puedes asumir la responsabilidad de los actos de un demente —señaló con furia incontrolable.
— Quiero quedarme un poco con ella —susurré intentando rodearle pero Edward me alzó en sus brazos y me sacó de la habitación de Leslie sin que pudiera rechistar.
Cuando mis pies volvieron a posarse en tierra me fijé en la situación que había en el pasillo. Emmett se inclinaba sobre el señor Grant, aún inconsciente, mientras Rosalie hablaba con él. Jasper parecía estar organizando una batalla junto a Carlisle y Alice, que asentían a cada palabra que decía el primero. Y por el pasillo avanzaba el mismo médico que me había atendido en el último ataque de ansiedad que había tenido.
Vi como Edward dirigía su atención hacia el médico que me observaba, sabía lo que estaba viendo en su mente y tenía el ceño fruncido. No le había contado la conversación que aquel hombre y yo habíamos mantenido acerca del otro caso sucedido en Alaska.
Alice se acercó a nosotros y me sujetó de la mano.
— Vamos donde tu madre —me dijo en un tono que no admitía discusión, podía intuir en el intercambio de miradas entre Edward y ella que había algo que no querían que supiese.
— No —repliqué con obstinación.
— En ese caso, te llevaré a casa, tienes que descansar. Vamos —tiró ligeramente de mí pero volví a negar con la cabeza, afianzando mis pies en el suelo, aunque sabía que de poco me valdría sí me alzaba, mientras el doctor llegaba hasta nosotros.
El rostro de Edward se contrajo, pude ver como su mandíbula se contraía cuando el médico nos saludó.
— Señorita Swan, ¿cómo se encuentra? —preguntó con evidente preocupación.
— Estoy bien, doctor Smith —afirmé forzando una sonrisa que no engañó a nadie.
— En cuanto me enteré de lo que le había pasado a esa joven suspendí mis vacaciones para atenderla. Estaba a punto de ir a verla. Lamento mucho lo de su madre —asentí ante sus palabras, frunció el ceño—. Creo que estamos ante el mismo hombre del que le hablé. El modus operandi es
— No creo que Bella deba saber eso —el médico miró confundido a Edward, su tono había sido totalmente amenazador.
— La señorita Swan está en el punto de mira de ese tipo —señaló enojandose, podía ver como la vena de su cuello empezaba a hincharse.
— Cree qué no puedo defenderla —apoyé mi mano en su brazo, aturdida.
— Mire no se sí puede o no, pero ese tipo es peligroso, la mujer que encontraron hace unos años estuvo desaparecida durante dos meses y le puedo asegurar que durante ese tiempo
Antes de que el médico pudiese terminar lo que iba a decir la situación se descontroló, Edward se abalanzó sobre el doctor como sí fuese una presa a la que atrapar. Alice me apartó con rapidez hacía un lado mientras Emmett se afanaba por sujetar a Edward que miraba al doctor amenazadoramente. Sólo habían pasado unos segundos pero la tensión era palpable en el ambiente.
Jasper se colocó junto a Edward y le murmuró algo al oído que sólo pudieron escuchar ellos.
— Se puede saber qué le pasa —preguntó acobardado el doctor, que había dado varios pasos hacia atrás, como sí eso pudiese servirle de algo.
Apenas podía ver lo que pasaba porque Alice estaba parada frente a mí, sujetándome por los brazos, estaba segura de que ante la menor señal de peligro me sacaría de allí a toda velocidad.
— No sabe cuánto lamento lo que acaba de ocurrir —afirmó Carlisle situándose frente a Edward—, estamos todos sometidos a mucha presión. Isabella forma parte de nuestra familia y como comprenderá, que alguien quiera hacerla daño es más de lo que podemos aguantar.
— Hablé con la señorita Swan de la importancia de denunciar lo que estaba ocurriendo, de la gravedad de lo que podía llegar a pasar —su tono era menos duro al dirigirse a Carlisle
— Sí y eso hemos hecho —afirmó con contundencia—, hemos estado investigando, mi hijo Jasper se ha estado encargando de ello y estamos seguros de encontrar al culpable y llevarle ante la justicia.
— Me alegra oír eso pero
— Aún así creemos que hay cosas que Isabella no debe conocer, no queremos que la situación la supere. Entienda que en su estado de salud no es correcto — ¿a qué se refería el padre de Edward?, ¿acaso habían conseguido mi informe médico? Pensé mientras intentaba observar la escena pero Alice no se apartaba.
— Tiene razón, no sé en que estaba pensando —murmuró para sí el doctor.
— Me gustaría ver los informes que traía.
El médico asintió y le indicó a Carlisle que le acompañase a su despacho.
Me revolví contra el agarre implacable de Emmett, ese hombre iba a desvelar todo lo que Bella no tenía necesidad de saber, iba a contarle todo y no sólo lo que le había pasado a Leslie también lo de la otra mujer. Dos meses de torturas incesantes, violaciones y laceraciones por todo su cuerpo.
Carlisle había tomado las riendas de la situación con la autoridad que le caracterizaba pero yo estaba cegado por la ira, acaso no podía prever el daño que iba a inflingirle a Bella con toda esa información. No era necesario que ella tuviese que cargar con más culpas sobre su espalda y no iba a permitir que ella lo supiese todo.
A pesar de que ya no tenía frente a mí a aquel médico todavía sentía el veneno en mi boca, aún podía recorrer el pasillo y acabar con aquel humano tan inconsciente. No podía creer que estuviésemos rodeados de tanta gente insensible e irracional. El decano se removió un poco y Rosalie le dio otro golpe, había sido una sorpresa para todos nosotros cuando mi hermana, tras oír lo que ese tipo le había dicho a Bella había impactado su mano contra su nuca sin apenas parpadear.
En su mente sólo pude leer como le maldecía pero después la había llenado de nuevos trapitos que quería comprarse, pero no me engañaba. Sabía que estaba afectada por todo lo acontecido en los últimos días. Podía palpar su desazón al mirar a la muchacha que descansaba a pocos metros de allí. La conocía bien, y aunque se empeñaba en mostrar indiferencia no lograba engañarme.
— Edward —me llamó la única voz que podía sacarme del estado en el que me encontraba.
Intenté liberarme de las manos de Emmett pero este no confiaba en que estuviese tranquilo, Jasper tampoco, vi por el rabillo del ojo como negaba con la cabeza hacía Emm.
— No va a pasar nada —señaló Bella colocando su mano sobre mí, confiando más de lo que cualquier persona haría sí estuviese en su situación.
— Démosle tiempo —sugirió la melodiosa voz de Alice. ¿Quieres que me la llevé? Me preguntó en su mente pero yo estaba concentrado en la mirada de Bella.
Podía ver en sus ojos el reflejo de mi mismo, pero no había temor en ellos a pesar de que parecía un verdadero asesino, sólo había comprensión, cariño y amor. La furia fue desapareciendo mientras me sumergía en sus pupilas.
Emmett empezó a relajar su presa mientras Jasper empezaba a tranquilizarse al igual que yo, hasta que al fin me vi libre y sujeté a Bella por la cintura para estrecharla contra mí.
— Gracias —murmuré para mis hermanos pero sobre todo para ella. Su aroma me envolvió mientras rememoraba el último beso que nos habíamos dado.
— Vais a acabar conmigo —susurró Jasper ante el cambio de emociones que estábamos viviendo.
— Lo siento.
— Sí tan sólo pudieseis controlaros un poco —añadió mi hermano pero no pudo evitar que una ligera sonrisa asomase a sus labios. Estaba realmente feliz sabiendo que Bella al fin había asumido lo que sentía por mí.
Besé su coronilla y recordé que ella llevaba días metida en aquel hospital, estaba seguro de que apenas habría comido. La aparté un poco de mí y observé las pronunciadas ojeras que exhibía. Iba a solucionarlo en ese mismo instante, miré a Alice que ya me contestaba que sí sin haberle preguntado nada.
En menos de lo que Bella parpadeó tenía su abrigo y su bolso en mis manos, mientras se lo colocaba me miró perpleja, estaba tan aturdida que apenas comprendía lo que estaba haciendo, hasta que le pedí las llaves de su volvo.
— ¿Para qué? —preguntó molesta.
— No traje el mío —señalé subiendo la cremallera de su abrigo—, tenía tantas ganas de verte que lo olvidé.
— Y ahora te marchas —asumió con tristeza en los ojos.
— Nos vamos los dos, Alice se quedará con tu madre esta noche, tienes que dormir.
— Pero…
— Ya hemos tenido suficiente cabezonería por esta noche.
"Iré con vosotros, quiero comprobar algo" aseguró Rosalie desde su mente y simplemente asentí. Iba a recorrer cada palmo de su pequeño apartamento para descubrir el rastro que no había percibido. Mi cabeza se revelaba contra la idea de haber tenido cerca a aquel hombre y no haber notado su presencia.
Me monté en el asiento trasero de mi coche, no entendía porque Rose nos acompañaba, pero Edward y ella mantenían una muda conversación lo suficientemente rápida para que no pudiera leer sus labios.
Me sentía excluida sabiendo que me ocultaban información crucial que me concernía, pero estaba tan exhausta que no conseguía encontrar las palabras adecuadas para preguntar lo que no me querían contar.
— ¿Cuánto llevas sin pasar por casa, Bella? —me preguntó Rosalie mirándome por el retrovisor desde el asiento del conductor. Ni siquiera me había fijado en aquel detalle y me sorprendió que Edward no fuera el que condujese, aunque quizás estaba todavía afectado por lo que había pasado.
— Unos cuatro días —contesté frunciendo el entrecejo. Antes de que pudiera cuestionar algo más volvieron a su diálogo sin prestarme atención.
Abrí mi móvil molesta por su actitud y leí el apresurado mensaje de Seth. Regresaba a Alaska, mañana por la tarde llegaría y yo necesitaba encontrar un instante para poder hablar con él sin estar rodeada de oídos indiscretos.
Bueno espero vuestras impresiones, opiniones, críticas y demás cosas que se os ocurran.
Muchas gracias por seguir ahí, por tener siempre una palabra para mí. Dedico este capítulo a mis chicas: Mherary, Cerezo, Rosh, Adri, Maleja, Chicasagcrep, Lis, Darky, Soledad, Hildiux, Lilian, Mariana y Emma.
Mil gracias por comentar siempre. Besos.
