Los personajes de esta historia pertenecen a Stephanie Meyer.
Capítulo 33. Telaraña enredada.
Un hilo de sangre recorría la negra pared de ladrillos formando con precisión cada letra, una detrás de otra, sin detenerse. No podía pararlo y no conseguía dejar de mirar el macabro mensaje sintiendo como la desesperación agarrotaba mis sentidos.
Respiré entrecortadamente, rezando para evitar pensar, rogando para que no sucediera, entregándome a quien fuera por salvar a mi querida Alice. No podía perderla, estaba allí aguardando para aceptar mi destino con tal de salvarla, acabaría con aquel desastre de una vez por todas.
Noté la brisa sobre mi cara, hacía frío y al mirar hacia abajo vi que estaba descalza. Me giré, a mi lado estaba mi amiga, pero su rostro era inexpresivo, su mirada me acusaba. Quería explicarme, quería gritar pero estaba muda, no conseguía pronunciar ni una sola sílaba. Luché contra mí misma pero Alice no podía escucharme, sus ojos dorados me taladraban.
Nunca pensé que mi amiga, a la que quería como una hermana, pudiese mirarme con tanto odio. Ni siquiera cuando la había herido con mis palabras me había observado de aquella manera, con tanto desprecio. Alargué mi mano buscando la suya y la sujeté con fuerza mientras intentaba desbloquear mi garganta. No fue mi intención quería decirle mientras las lágrimas rozaban mis mejillas.
Bajé la mirada hacía el suelo, no podía soportar la expresión de su rostro y su mano empezó a calentarse, ya no sentía frío en aquel contacto tan mínimo, el calor me abrasaba y la solté sin adivinar lo que estaba sucediendo. Alcé mis ojos hacía Alice buscando una explicación y mi corazón se detuvo, contuve el poco aire que tenía en mis pulmones.
Junto a mí estaba Daniel y a sus pies el cuerpo inerte de mi amiga. Sujetó frente a mí el cuchillo y me miró con sus ojos grises inyectados en sangre.
Acortó el espacio que nos separaba, no podía correr, no podía pensar, no podía hacer nada coherente o incoherente, tan sólo conseguía mirarle mientras la certeza de la muerte de Alice se instalaba en mí, desgarrando mi alma.
— Te lo quise advertir —señaló junto a mi oído haciendo que me estremeciese—, eres una pequeña estúpida. Pensaste que ellos podían salvarte pero nadie puede.
— ¿Por qué? —logré articular mientras se intensificaba mi llanto.
— Porque me perteneces —aseguró rozándome la mejilla con su sudorosa mano— tú decides lo que haré a continuación —se acercó aun más y sentí su asqueroso aliento en mi cuello—, o vienes conmigo o el siguiente será ese tal Edward.
Las piernas me fallaron mientras se reía de mí expresión, caí al suelo junto al cadáver de Alice, ¿cómo iba a explicarle aquello a Jasper, a Esme, a alguien?, era demasiado terrorífico. No sería capaz de enfrentar su dolor cuando lo supiesen, sólo de imaginar sus rostros descompuestos frente a mí se me rompía el alma.
Grité como nunca antes lo había hecho mientras él se mofaba de mi desgracia. Había vencido y lo sabía. Y yo estaba dispuesta a inmolarme por salvar a Edward de cualquier mal.
Edward se inclinó sobre Bella que estaba recostada en la habitación de su apartamento, lo poco que había entendido de lo que murmuraba en sueños era suficiente para querer acabar con la vida de aquel malnacido. Secó las lágrimas que corrían por sus mejillas, susurrándole palabras tranquilizadoras, esperaba poder traspasar su conciencia para que entendiese que todo estaba bien.
Se agitó y la tomó entre sus brazos acunándola. Tenía una sensación de impotencia tan grande que hacía que se odiase a sí mismo. Edward se culpaba por lo que había pasado con aquel loco, debía haber estado más atento, haberle cambiado el móvil y no haberse separado de ella ni un segundo desde que habían vuelto a encontrarse. Aunque, a tiempo pasado, no tenía sentido pensar en lo que se podía haber hecho.
Tenía la certeza de que de haber actuado así, podía haber descubierto a Daniel mucho antes, se habrían evitado tantas cosas, ahora debía conformarse con saber que aquel criminal ya estaba en la cárcel. Jasper y Carlisle se habían encargado de ello antes de que Edward pudiese separarse de la cama de Bella.
La policía había encontrado en su casa unos guantes y un cuchillo que aún conservaban la sangre de la última víctima. Las pruebas eran concluyentes y, aunque Rose aseguraba que no era ese el aroma que ella había percibido, Edward no quería seguir pensando en aquel ser.
Agradecía la intervención de toda la familia, incluso Rosalie se había comportado de una manera inesperada, pero Edward no estaba satisfecho con el resultado final estaba totalmente contrariado por no haber podido matarle él mismo. Era entonces cuando se preguntaba de qué servía ser un vampiro.
Bella gritó en sueños justo en el momento en que Carlisle entraba por la puerta para administrarle un nuevo calmante.
— Le ayudará a dormir sin soñar —afirmó el doctor mientras su hijo le miraba completamente angustiado.
— ¿Cuánto más durará esto? Lleva cinco días así.
— Era necesario, el estado en el que la encontraste era alarmante, ese trastorno podía haber acabado de sentenciar su corazón. Poco a poco iré rebajando la dosis para que pueda despertar —concluyó Carlisle compartiendo el mismo estado deplorable que su hijo tenía, estaban todos muy afectados por lo que había ocurrido.
— No puedo creer que me lo haya ocultado —apuntó Edward depositando a Bella sobre la almohada—, está tan enferma y no me lo ha contado por su propia voluntad. ¿Por qué?, ¿cuáles son sus motivos? —preguntó volviéndose hacía su padre que no conocía la respuesta.
— Hijo, estoy seguro de que hay buenas razones para todo esto —susurró comprobando el débil pulso de la joven.
— Sí no llega a ser por la preocupación de ese médico nunca lo habríamos sabido —afirmó constatando lo que toda la familia intuía.
Carlisle se había propuesto descubrir el misterio y cada día, sin saltarse ni uno, había llamado a Forks para solicitar el historial médico de Bella. Al final, un día después del accidente de coche que habían tenido Renée y su hija, Carlisle había recibido la historia clínica de Bella comprendiendo, de una vez por todas, la gravedad de su enfermedad.
Bella no estaba recuperada, su corazón se iba muriendo poco a poco, la joven se había negado a medicarse y eso había agravado su situación, llegando a un punto en el que debía permanecer tranquila sí quería seguir viviendo, y aún cumpliendo con esa pauta nadie podía garantizar que su corazón no dejase de latir.
— Piensas decirle que lo sabemos —Edward se giró hacía su padre sin saber que responder.
Sí por él fuese no esperaría un instante más, la convertiría salvándola de todo lo que estaba pasando pero no podía hacerlo sin que ella lo quisiese de verdad. Debía ser Bella la que decidiese aquello y esperaría todo lo posible antes de tomar la decisión por su cuenta. Aunque eso supusiese tener que verla en aquel estado en el que se encontraba, no podía fallarla y, por supuesto, no dejaría que muriese por cabezota pero debía esperar.
Aunque al hacerlo se fuese consumiendo segundo a segundo por volver a ver sus ojos sobre él.
Paseaba junto a mi madre mientras Carlie correteaba delante de nosotras, riendo, girándose de vez en cuando para mirarnos, llamándonos para que la acompañásemos en sus juegos. La paz envolvía aquel bosque en el que nos encontrábamos, escuchaba el sonido de los pájaros, el aire era refrescante y el sol se colaba entre las hojas de los árboles reflejando los colores, jugando con las percepciones.
Era reconfortante aquel día primaveral, lejos del frío y de la nieve de Alaska. Edward pensé y sonreí, últimamente todo había sido tan fácil, nos habíamos casado por fin, nunca creí que esperaría aquello con ganas, pero todo lo que había pasado había sido suficiente para eludir cualquier inconveniente que se me ocurriese en contra de contraer matrimonio con él.
La boda, preparada por Alice, había sido fastuosa en exceso pero no le podía negar nada a mi pequeña duende, y ahora el viaje de novios que empezaría al día siguiente daría el pistoletazo de salida hacía la eternidad. Juntos por siempre, me parecía un sueño haber llegado hasta ese punto por fin.
Me detuve sintiendo que alguien nos seguía pero era imposible, debía dejar a un lado mis inseguridades y mis paranoias me repetí en mi mente, no pensaba seguir viviendo en el miedo. Ya nada podía hacernos daño y lo único que me turbaba era el hecho de dejar de ver a mi familia.
Cuando pensaba en ello mi corazón se encogía de pena, la ira se apoderaba de mí, lo quería todo, deseaba ser como Edward pero también necesitaba a mi lado a mi familia, a cada uno de ellos. Encontraría la manera de conseguirlo, no sabía cómo ni sí lo lograría pero lo intentaría con todas mis fuerzas.
Lo había visto, estaba segura de ello y miré a mí alrededor buscando aquel borrón negro que debía estar demasiado próximo a nosotras. El coche estaba cerca y le pedí a mi madre que fuese rápido hacía él y arrancase, me miró asombrada pero aceleró el paso sujetando de la mano a mi hermana que me miraba asustada.
Saqué el móvil de mi bolsillo pero no podía llamar a Edward, hacía sol y le descubrirían. Lo que fuese que me estaba acechando avanzó, no podía ver bien quién era, estaba enfundado en una capa negra que le llegaba hasta los pies. Escuché el coche ponerse en marcha y solté el aire que estaba reteniendo en mis pulmones, aliviada de que aquel ser estuviese tan sólo pendiente de mí. Debía buscar la manera de escapar pero intuía que no iba a poder.
Seth pensé mientras marcaba su número y escuchaba como los tonos se sucedían hasta llegar al contestador. Corté la llamada frustrada y volví a marcar mientras sigilosamente la figura seguía cubriendo la distancia que nos separaba.
Un tono, dos… mi mente contaba contra mi voluntad mientras daba pequeños pasos hacia atrás pero la separación seguía acortándose y mi amigo no contestaba.
Vamos murmuré y pude ver una blanca sonrisa asomarse tras la capucha negra. Aspiraba pero el aire no llegaba a mis pulmones, no estaba consiguiendo nada más que alejarme del camino de salida del bosque.
Contesta pedí en mi cabeza remarcando por tercera vez el número y sin obtener respuesta alguna. Algo chocó contra mi pie y me precipité al suelo. No había otro momento más oportuno medité frustrada contra mi misma, mientras intentaba levantarme pero ya era tarde.
La figura se situó a mi lado y se agachó, observó por un segundo mi anillo de boda negando con la cabeza, chistando entre dientes. Apartó un mechón de mi cabello, estaba paralizada, el terror era extremo, necesitaba pensar pero no podía.
— Nunca lo entendiste —susurró y no reconocí su voz.
— No sé —balbuceé contra mi voluntad, debía ser valiente pero estaba tan segura de que nada malo volvería a pasarme que me había relajado.
— Eres mía, Bella —señaló en el mismo tono.
— Yo
— Fuiste a casarte con esa sanguijuela —la rabia me traspasó y comprendí quién me hablaba, estaba desconcertada, no podía creer que él me estuviese haciendo aquello.
— ¿Cómo puedes? —interrumpió mi pregunta situando su mano sobre mi boca. Vi sus ojos que una vez me habían observado con adoración, ahora sólo había desprecio en ellos. Sus labios se torcieron en una mueca.
— Tan difícil era dejar que te amase, tú me perteneces y lo sabes, jamás debiste abandonarme por ese bueno para nada —acercó su rostro tapado a medias— y pienso matarle —murmuró mientras yo negaba con la cabeza.
— Por favor —rogué consiguiendo que su sonrisa se intensificase.
— Te dije que lucharía por ti hasta que tu corazón dejase de latir, pero no estoy dispuesto a permitir que seas uno de ellos.
.
— No —grité incorporándome y mirando a mí alrededor sin ver nada más que la escena en la que me encontraba.
Una mano sujetó la mía y me aparté en la cama acurrucándome contra el cabecero, agitada por lo que había pasado, sin saber lo qué había vivido, sin entender dónde me encontraba, sin poder respirar ahogándome en mi propio terror.
— Bella —miré hacia quien me había hablado y sin pensarlo me lancé a sus brazos que me recibieron reconfortándome.
— Seth, no sabes lo que te he necesitado —dije sollozando contra su pecho mientras él me acunaba.
— Te juro que me haces envejecer.
Poco a poco fui tomando conciencia de que sólo había sido un sueño, uno de tantos, otra horrible pesadilla que esperaba no volver a tener. Sabía que Jacob nunca me haría daño, jamás mataría a Edward pero había sido tan real, había visto tan nítidamente todo su desprecio concentrado en sus ojos que la sensación de pánico persistía en mi pecho.
Me separé lentamente de Seth para poder mirarle a la cara, tenía ojeras, estaba segura de que no había dormido en días.
— ¿Cuánto tiempo llevo así?
— Siete días. No puedo explicar lo que sentí cuando te vi postrada en esa cama sin saber sí despertarías o no —no había palabras pero sus ojos demostraban todo su sufrimiento.
— Lo siento muchísimo, Seth. No es justo contigo que debas enfrentarte a esto. Entendería que te alejases de mí.
— Menuda obsesión has cogido con que te abandonemos —señaló censurándome—, eres mi hermana y lo serás siempre así que, no te lo diré más veces, no vuelvas a pedirme algo tan absurdo —su sonrisa me reconfortó un poco.
— A veces me olvido de lo testarudo que eres —apunté tras unos minutos—, pero —miré a mi alrededor comprobando que no había rastro de Edward por ningún lado— otros no lo son tanto.
— Sacando erróneas conclusiones —apuntó frunciendo ligeramente el ceño.
Se levantó y agarró una libreta y un bolígrafo que había sobre mi mesa. Volvió junto a mí y se sentó a mi lado, no sabía que pasaba pero intuía que no estábamos solos.
— Ha ido a cazar —afirmó mientras garabateaba una corta frase en el cuaderno y me lo acercaba. "Sé cuidadosa con tus palabras", lo leí dos veces sin entender porque me pedía eso.
"¿Por qué?" escribí y le devolví el cuaderno.
"Esme y Emmett están en el salón, tengo que contarte cosas pero no podemos hablar" leí y asentí buscando la manera de seguir aquella extraña conversación.
— ¿Cómo está Charlie? —pregunté pero no era eso lo que necesitaba saber y él lo entendió a la primera.
— Charlie muy bien, pescando como loco —afirmó mientras me acercaba el cuaderno "Los Vulturis estuvieron en Forks", no pude evitar hiperventilar mientras analizaba lo escrito.
"¿Qué querían?"
— Vamos que sólo has comido pescado estos días —señalé mientras él me contestaba a la pregunta.
— Por supuesto, es una pena que no te haya podido traer un poco —intentó sonar alegre pero le conocía bien. "Buscaban a los Cullen, eso era lo que Sam quería contarnos".
"¿Hicieron algo en la reserva?"
— Me gusta más el guiso de Sue, la verdad que lo extraño —cogí el cuaderno leyendo con prisa su respuesta "Intentaron comprar a Sam, como sí eso fuese posible, querían conocer todo lo que supiésemos de la familia pero nadie dijo nada"
"¿Estás seguro?"
— Te manda un beso enorme y muchos regalos de navidad —analicé su respuesta "nunca harían nada que pudiese herirte"—. He tenido que traer otra maleta más para meterlos —añadió mientras yo escribía.
"Ya vienen a por ellos, ¿qué voy a hacer Seth?"
— Yo no pude comprarle nada a Sue, espero que me perdone —dije mientras el contestaba y me daba su respuesta, "no te precipites. Edward lo leyó en mi mente, no estaba preparado para verte como estabas".
— Le dije que mi regalo era también tuyo —le devolví el cuaderno.
"Y te ordenó que no me contases nada", afirmó ante lo que leía.
— Maldita sea —susurré y alguien tosió en el salón. El mensaje era claro, lo habían oído, estaba segura de que Seth estaba conmigo sólo porque había asegurado que no me contaría nada, debía refrenar mi lengua y serenarme pero estaba siendo una tarea complicada.
— No pasa nada —confirmó Seth mientras anotaba en la libreta—mi madre entiende que has tenido muchas cosas en la cabeza, sólo espera que empieces a estar mejor.
"Ellos ya estaban sobre aviso, uno de los amigos de Carlisle se lo dijo, están esperando a que Alice lo vea".
"Y ¿ya está?" pregunté olvidándome de seguir hablando.
— Emily cosió un jersey para ti —estaba tan absorta en lo que escribía que le miré como sí me hablase en otro idioma, se encogió de hombros. "No están preocupados, creen que es una visita normal, no sé en qué piensan" leí y la tensión se apoderó de mí.
"¿Cómo pueden ser tan inconscientes?, no saben qué", taché la frase hasta que no se pudo leer nada, no podía contárselo a mi hermano porque Edward lo vería, estaba sola ante la situación y me enfrentaría a ella.
— La echo de menos —afirmé mientras Seth cogía la libreta y escribía algo precipitadamente.
"Deja que ellos se ocupen de su problema, no puedes cargar con más cosas a tus espaldas". No le podía contar que yo lo sabía todo, que Victoria lo había orquestado con maestría para que nada fallase y ella obtuviese su venganza aún a pesar de estar muerta.
Maldito chucho murmuró una voz mientras observaba como Seth entraba en el apartamento de Bella. Cada vez que veía a aquel par de perros sarnosos su sed de venganza se intensificaba. Toda la culpa era de Bella, ella en su afán de estar junto a Edward provocaba que aquellos niñatos permaneciesen en Alaska, siguiendo sus pasos como cachorros en celo.
Estaba dispuesta a cambiar aquello, obtendría la satisfacción que necesitaba y sí para ello debía separar a aquel par lo haría.
La mujer se giró sonriendo, sabía lo que debía hacer, su primer intento había fallado pero estaba segura de encontrar la manera de romper aquella relación. Debía ser cuidadosa y metódica pero lo conseguiría, estaba segura.
Estoy sin palabras y preparando el próximo capítulo.
Gracias a mis chicas: Cerezo, Mherary, Mariana, Lis, Rosh, Adri, Maleja, Chicasagacrep, Hildiux, Darky y Yesiita. Gracias a los que la seguís en silencio. Todos los que la leéis hacéis que siga escribiendo aunque no sepa vuestras impresiones.
Espero vuestras opiniones buenas, malas o regulares. Y sí entre mis lectores hay alguno capaz de analizar a fondo los personajes y ver sí se mantienen en sus personalidades originales me gustaría saber su opinión. Besos.
