Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer.

Capítulo 34. ¿A salvo?

Recibí la llamada de Emmett contándome que Bella había despertado al fin, tal y como mi padre había dicho. Mi hermano sonaba tan aliviado como yo. Alice y Jasper estaban junto a Philp, que había llegado unos días antes, cuidando a Renée.

Rosalie me miró mientras buscaba infructuosamente un rastro que sólo ella podía oler, estaba totalmente convencida de lo que había percibido y a pesar de haberla reiterado que la policía ya se estaba haciendo cargo de Daniel, mi hermana estaba segura de que no era él.

Por mi parte yo también quería creer que nos equivocábamos de hombre, el hecho de haber tenido a Daniel tan cerca y no haber sido capaz de leer en su mente lo que iba a hacer me atormentaba, me hacía sentir un inútil total, como sí mi poder hubiese disminuido volviéndose inservible. Observé a mi hermana que había insistido en que fuésemos hasta la casa de Daniel.

Nos colamos por una de las ventanas. Repasamos cada estancia del pequeño y limpio apartamento, olía con claridad el aroma de Daniel, al menos eso no lo había perdido pensé hundido mientras mi hermana mostraba una parcela de su carácter que no conocía en ella, Rosalie negaba con la cabeza presa de la frustración que sentía.

— Es muy extraño —señaló al fin mientras me miraba contrariada, entendía perfectamente la sensación de creer algo pero estar equivocado.

— Rose, lo del cuchillo y los guantes son pruebas concluyentes—afirmé aunque compartía su desengaño—. Valoro mucho todo tu esfuerzo pero deberíamos acabar con esto de una vez.

— No hay ni una sola colilla en esta casa, ni un paquete de tabaco y el olor no se parece en absoluto a lo que percibí en casa de Bella —"y si no es él" pensó creándome la duda.

Sentí como mi mandíbula se tensaba ante la idea de que todo fuese un sucio juego del verdadero psicópata, pero Daniel no tenía una coartada contrastable de lo que había estado haciendo la noche del asesinato de esa mujer y su teléfono era el que había mandado la foto a Bella. Todo le apuntaba como el criminal que era, estaba llevando a cabo un esfuerzo inmenso por no sucumbir a mis instintos.

Había barajado la posibilidad de ayudarle a escapar de la cárcel y después acabar con él pero el estado de mi Bella había sido suficiente para retenerme a los pies de su cama durante todo aquel tiempo, ahora la rabia se iba diluyendo y recordaba todo lo que mi padre se había molestado en enseñarme durante años. No podía fallarle aunque me sentía completamente impotente.


"Que ellos se ocupen de su problema" escribió Seth segundos antes de que Alice entrara como un torbellino en la habitación. Estaba radiante y mientras me abrazaba mi hermano guardó con cuidado el cuaderno. Tan sólo esperaba que no se hubiese percatado de aquel movimiento. Aunque eso era tan improbable como conseguir que parase de llover.

Seth, en cuanto había visto a mi amiga, se había despedido de mí y había vuelto a su apartamento, no sin antes asegurarme que vendría a desayunar conmigo al día siguiente. Por suerte, no se había cruzado con Edward y sabía que mi amigo haría lo que fuera para seguir a mi lado.

En menos de diez minutos Alice me contó aquello que no sabía. Cuando Carlisle y Jasper habían acudido a la policía después de que ella tuviese la visión de lo que Daniel había hecho, se había encontrado en su casa dos pruebas concluyentes de su culpabilidad y le habían encarcelado. Por primera vez, después de tantas semanas de angustia, me sentía tranquila mientras Alice parloteaba de la fiesta que pensaba hacer, cuando yo estuviese recuperada del todo. En sus ojos no encontré nada de lo que había visto en mi sueño.

No podía negarla nada, pero su idea de ataviarme con un vestido granate para una fiesta de navidad atrasada consiguió que frunciese el ceño, gesto que ella ignoró. La había extrañado tanto, en aquellos meses no había podido disfrutar de verdad de su compañía y ahora tenía la oportunidad de recopilar recuerdos nuevos así que le aseguré, a mi pesar, que iría a su fiesta.

— Pensé que pondrías más inconvenientes —aseguró mientras me volvía a abrazar, ya había perdido la cuenta de cuantas veces lo había hecho.

— Sólo te pido algo a cambio —le informé mientras una idea rebotaba en mi cabeza.

— Lo que sea, incluso podemos invitar a Seth, me cae bien —sonreí, era imposible no querer a mi hermano.

— No me ocultes nada, Alice. Ya no soy una niña tonta que debáis proteger —me miró con escepticismo casi intuía lo que estaba pensando—. Esto no lo puedo controlar, no quería que fueseis testigos de una de mis crisis.

— Es la segunda vez que te pasa y en un espacio de tiempo muy corto —el brillo se había apagado en su mirada.

— Alice, lamento muchísimo que hayáis vivido esto.

— De lo que me arrepiento es de no haberlo sabido antes —señaló con censura—. Aún no entiendes que formas parte de nuestra familia

— Sí, el eslabón más débil —murmuré cortando su argumentación. Oí un gruñido procedente del salón. Me incomodaba que cada una de mis palabras fuese escuchada por todo el mundo.

— Mi mejor amiga, Bella. Sabes que haría cualquier cosa por ti pero no me pidas que deje de protegerte porque no pienso hacerlo. Cuando seas como nosotros será distinto —con aquella última frase recuperó la alegría perdida.

Cómo decirle que no estaba segura de nada, ni siquiera de esa opción, mi mente era un océano de dudas que jugaban conmigo, en un momento estaba segura de cada uno de mis pasos y al siguiente desconfiaba hasta de mi propia sombra. Suspiré sin encontrar las palabras precisas, me recosté sobre la almohada y miré a mi amiga que de nuevo estaba intentando distraerme con sus ocurrencias.

Edward entró en la habitación mientras Alice seguía hablando sin parar de cada uno de los detalles de su fiesta que ya me parecía exagerada, pero en cuanto vio a su hermano se despidió de mí y salió para dejarme a solas con él.

No pude evitar levantar mi mano para recibir la suya, en su rostro la preocupación era visible y yo era la culpable de nuevo. Empezaba a odiar el tener siempre la culpa de todo. Se sentó a mi lado y me atrajo hacía él, su contacto era reconfortante, cerré los ojos perdiéndome en su olor y en las sensaciones que me provocaba tenerle tan cerca.

Le amaba más que a mí misma, le quería como nunca pensé que querría a alguien y el calvario de los últimos años se desvanecía cuando me refugiaba entre sus brazos. Me dio un ligero beso en la coronilla que me proporcionó una descarga eléctrica por todo el cuerpo.

— ¿Cómo está mi madre? —pregunté intentando separarme de él pero me lo impidió.

— Está mejor, Philp está con ella —intuí en su escueta respuesta que había algo que no me contaba.

— ¿Qué pasó, Edward?

— Me dio un buen repaso por haberte abandonado, no está muy contenta de verme junto a ti —sabía que aquello le afectaba más de lo que nunca reconocería—, piensa que volveré a hacerte daño y yo me limité a escucharla sin interrumpir su argumentación.

— Lo siento mucho, no debió —empecé a decir pero me interrumpió.

— Tiene toda la razón, Bella no quiero repetirme pero jamás pensé que todo esto te haría tanto daño, nunca pude intuir a lo que te enfrentarías mientras estaba lejos.

No pude argumentar nada, los secretos se instalaban en nuestro silencio compartido, él sabía más de lo que me decía pero no me atrevía a preguntarle por miedo a revelar más de lo que pudiera saber y yo, no podía contarle toda la verdad, no podía exponerle al peligro de una forma tan inconsciente.

— En unos días le darán el alta a Renée, para que pueda volver a Florida. Ya está todo preparado para su viaje —me levanté apoyándome en su pecho y observé sus dorados ojos.

— ¿Qué habéis hecho?

— Fue Carlisle, como comprenderás no se va a ir en un vuelo regular, contratamos todo lo necesario para que no haya ningún problema durante el viaje.

— Gracias —murmuré sintiéndome un poco insignificante ante todo lo que ellos tenían, sabía que no le daban importancia al dinero pero siempre me había intimidado que tuvieran tanto.

La inseguridad se agarró a mi pecho y entrelacé mi mano con la de él, había anhelado tanto estar así, sin hablar, tan sólo sintiendo como nuestras almas se comprendían sin palabras, se amaban sin besos, se adoraban sin más necesidad que un simple contacto.

Cerré los ojos inundándome de su esencia, cuando me miraba en sus ojos se reflejaba todos sus deseos, había preguntas sin realizar, misterios sin resolver, confidencias sin contar y amor. Tanto amor que me desbordaba, que me hacía sentir importante, que me llenaba el alma y me hacía olvidar cualquier problema o riesgo que pudiera acecharnos.

— Me debes una respuesta —murmuró contra mi cabello y me incorporé.

— Edward —empecé a decir pero él posó uno de sus fríos dedos sobre mis labios.

— No pienses, no temas nada porque no hay poder que pueda separarnos —sentí un escalofrío por la espalda y se me escapó una solitaria lágrima que él se apresuró a atrapar— sólo siente.

Se acercó a mí bajando la cabeza, nuestros labios enfrentados a sólo un milímetro de distancia. "Cierra los ojos" murmuró y sentí su aliento en mi rostro, su olor me inundó y sus brazos rodearon mi cintura. Posó sus labios sobre los míos con una delicadeza inmensa, como sí pudiese romperme ante su contacto, despertó mis sentidos con dulces besos, subí mis manos hacía su pelo, mientras notaba como mi cuerpo se adaptaba a la perfección al suyo. Me aferraba con fuerza contra él como sí pudiese desvanecerme en el aire.

Me besó una y otra vez mientras mi cuerpo amenazaba con incendiarse, poco a poco acarició mi cuerpo como sí lo conociese a la perfección, hasta que no pude aguantar su calma y perfección. Lograba hacerme anhelar algo que desconocía, el deseo me consumía.

Llevé mis manos hacía su camisa para quitársela, quería sentir su piel contra la mía, quería eludir cada barrera, derribar cada escudo, necesitaba que fuésemos sólo nosotros y nada más. Dejar atrás su condición y la mía y entregarnos a una pasión que ambos llevábamos conteniendo demasiado tiempo.

Sentí como él se apartaba ligeramente de mí, sujetó mis manos y me miró con una expresión extraña en su rostro. No sabía sí era arrepentimiento o decepción.

— Me haces perder la razón —afirmó en un susurro con voz cálida.

— Edward nos lo merecemos —apunté mientras intentaba incitarle de nuevo con mis labios, su pasión era tan inmensa como la mía y deseaba volver a sentirla, quería perder el control, deseaba tanto ese recuerdo pero él negó con la cabeza.

— Hoy no —señaló mientras colocaba uno de mis mechones de pelo detrás de mi oreja— quiero mucho más de ti que una noche.

— Ya te lo di todo —murmuré sin entender sus palabras pero tan sólo sonrió enigmáticamente.

Esa noche no iba a saber sus motivos, se separó de mí y se abotonó la camisa.

— Pronto entenderás lo que quiero —señaló con dulzura mientras abría las sábanas y me instaba a meterme en la cama—, pero ahora lo importante es que descanses, no quiero verte como hasta ahora.

— Pero

— ¿Discutiremos por esto también? —preguntó alzando su perfecta ceja y suspiré vencida, en esas guerras siempre ganaba él.

Se tumbó a mi lado y aunque había dormido más de lo que estaba habituada a hacer, ese día simplemente me sumí en una noche mágica, el prado que nos había pertenecido a nuestros pies y la felicidad flotando entre nosotros, como sí nada pudiese separarnos.


Dos semanas después Carlisle me permitió al fin volver a mi vida normal, estaba cansada de estar postrada en aquella cama, pero me había venido bien, en mi rostro las ojeras habían desaparecido y el tiempo que había compartido con Edward había sido suficiente para que mis ojos tuviesen un brillo diferente que todos habían notado. Emmett por supuesto, no había podido ignorarlo y había conseguido que me sonrojase hasta con un simple guiño.

Pensaba mantener a Edward a mi lado, había llegado a esa conclusión tras analizar las palabras de Seth, ellos no creían que los Vulturis quisiesen hacerles daño, yo sabía la verdad y debía asegurarme de que ellos estuviesen a salvo. Me quedaba poco tiempo en Alaska y después llevaría a cabo el último punto de mi lista, ahora que sabía que los Cullen estaban bien podía acabar con mis cosas por hacer.

Cuando Victoria me había hecho participe de su venganza, empecé a buscar a los Cullen, revisé cada detalle que conocía de ellos pero fue suficiente para darme cuenta de que desconocía muchos factores de su vida. A fin de cuentas, no era más que una adolescente en aquella época, el motivo por el que había aceptado el trabajo en Alaska había sido para conseguir todo el dinero posible y viajar a Volterra. Tenía intención de resolver aquel problema que había causado.

Seth entró en casa junto a Jacob mientras yo recogía mi bolso. Habíamos vuelto al equilibrio perdido, por las mañanas los Cullen evitaban el apartamento para que yo pudiese compartir tiempo con mis amigos, era un trato un poco desigual dado que el tiempo que pasaba con mis amigos era menor que el que compartía con los Cullen pero esta vez ni siquiera Jacob había protestado.

Mi amigo estaba raro, había vuelto tan sólo una semana antes pero había algo que no acababa de contarme, por más que le había preguntado no había conseguido que me dijese ni una palabra. Me despedí de ellos y Seth me detuvo.

— Dame un minuto, desayuno y te acompaño —me pidió mientras me ponía el abrigo.

— No es necesario —aseguré con una sonrisa, me sentía segura y confiada—, es más pronto de lo habitual pero la montaña de trabajo tiene que ser inmensa. Además, Alice me aseguró que iría a verme.

Quería tener unos minutos de paz y soledad, Daniel estaba entre rejas y aquello era suficiente para encontrarme bien después de tantos días de miedo aterrador. Había dejado atrás los ataques de ansiedad y mi corazón parecía latir a un ritmo regular.

El señor Grant había sido destituido después de que se comprobase que había robado fondos reservados a la universidad. En un principio, había pensado que era una trampa de los Cullen pero aquel desastre se estaba cometiendo desde hacia al menos diez años, mucho antes de que la familia se trasladase a Alaska. Ese era otro de los motivos que le habían impulsado a intentar evitar el escándalo, lo que menos quería era que nadie empezase a investigar y llegase hasta sus desfalcos.

Aparqué frente a la biblioteca que se me antojaba diferente. Todo a mi alrededor me transmitía tranquilidad, había llegado a aquel lugar destrozada, pensando en la manera de escapar del sufrimiento y ahora sentía que tenía tanto por lo que luchar, quería seguir adelante. Merecía un poco de felicidad, aunque fuese por un período de tiempo tan corto como un suspiro.

Bajé de mi volvo, cerré la puerta, me colgué el bolso sobre el hombro derecho y me encaminé hacía mi lugar de trabajo buscando las llaves en el bolsillo de mi abrigo. Cuando llegaba junto a la puerta de la biblioteca alguien me llamó, no esperaba encontrar a nadie a esas horas pero me volví intentando ser amable.

Peter se acercó a mí con una mirada que no podía descifrar, parecía que había estado esperándome durante días, estaba desaliñado y tenía la ropa arrugada pero exhibió una sonrisa felina e intenté corresponderle, sentí como se erizaba mi piel ante su escrutinio.

Se paró frente a mí, devorándome con su mirada como si se encontrase ante un oasis después de un largo tiempo de sequía. Estaba paralizada ante él, noté como mi cuerpo se estremecía y disgustada sujeté con fuerza las llaves de la biblioteca.

Era absurdo pensar que él podía hacerme daño, pero hacía tiempo que no confiaba en mis instintos con las personas que me rodeaban. Su silencio era tan perturbador como sus pupilas, intenté sonreír pero no pude.

— ¿Qué tal estás? —pregunté intentando romper la tensión que se había instalado entre nosotros.

— Ahora bien, me alegra tanto que hayas acudido al fin a una de mis citas —le miré extrañada ante sus palabras y en su rostro desapareció cualquier gesto amenazador.

— No sé a qué te refieres —aseguré mientras él me sujetaba por el brazo. Su mano estaba sudada lo que me recordó a mi sueño pero descarté esa idea.

— Vamos, ya no lo ocultes más, has luchado contra tus sentimientos pero ya no hace falta —me zarandeó ligeramente—. Eres mía —murmuró en un tono que reconocí al instante.

Tragué saliva mientras mi mente confirmaba lo que sus palabras me habían provocado. Peter era el acosador y esta vez me tenía a su merced.


El próximo capítulo promete y su intensidad me llevará un poquito más de tiempo de lo habitual así que seguramente no podré subirle hasta el domingo. Quiero darle el cierre preciso a este trozo de trama.

Gracias a mi querida Chiarat: la verdad es que tus palabras siempre consiguen hacerme reflexionar, exactamente no sé cuánto le falta a la historia, quiero resolver lo mejor posible todo y a veces lleva tiempo. Me niego a cerrarlo en el epílogo así que seguiré dando guerra un poco más. Al resto de preguntas te contestaré por mensaje privado porque sí no se me alargará demasiado mi propio comentario.

Gracias a Ro por contestar y darme una opinión objetiva. Tardé casi dos años en escribir mi primera "historia", completamente mía, leída por tan sólo tres o cuatro personas y aún hoy cuando la vuelvo a leer cambio alguna que otra cosa. A nivel ortográfico y demás sí que sé que hay algún que otro fallo que tengo intención de solucionar al finalizar de escribir esta historia, por ello ahora estoy poniendo una cuidada atención a todo lo que subo para evitar más errores. Entiendo que la trama es compleja y alguna que otra cosa ha llevado más tiempo de explicar, como la conversación en el hospital de Edward y Bella, en mi cabeza me podía llegar a imaginar horas y horas, porque claro después de seis años… y en cuanto a la actitud de Peter nunca podría justificarla, dado que no todas las personas que han sufrido se convierten en asesinos en serie.

Gracia a mis chicas: Cerezo, Mherary, Maleja, Hildiux, Adri, Rosh, Yesiita, Darky, Lis, Soledad, Helena, Yoyis y Karolay, dar la bienvenida a las nuevas y ya sabéis lo que significan para mí vuestros comentarios así que no me repito. (Gracias Seeframe, aunque ya lo sabes, cielo)

Espero que vuestra imaginación se dispare con el final de este capítulo y tengáis cosillas que contarme. Besos.