Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer.

Capítulo 38. Cada vez más lejos.

Había vuelto a la realidad para encontrarme al inicio del mes de febrero, ya me quedaba poco tiempo de estancia en Alaska y, por alguna desconocida razón, me aliviaba saber que me alejaría definitivamente de ese lugar. Atesoraba en mi alma los nuevos recuerdos que había construido con Edward, cada beso era suficiente para que me lanzase a suspirar pero comprendía a la perfección, que nuestro amor era tan inalcanzable como el principio de un arco iris.

Me miré en el espejo de aquel minúsculo servicio pero tan sólo le vi a él, la noche anterior había sido realmente mágica, hasta que mi lengua se había desatado ligeramente. Había intentado contenerme pero necesitaba saber en el terreno en el que me movía.

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Estábamos recostados en una hamaca, juntos, arrebujados debajo de una manta observando como las estrellas cubrían el cielo prácticamente en su totalidad, era muy conciente de mi cuerpo, de las reacciones que tenía cuando él me acariciaba aunque fuese de manera superficial. Quería hacerle perder el control, seducirle y experimentar aquello que nos estaba vetado pero su resolución era férrea.

Nada de lo que pudiera decir o hacer le haría cambiar de opinión, suspiré y sentí sus labios sobre mi coronilla, estaba cansada de luchar contra todo, estaba harta de sentirme vulnerable, de ser la protegida pero nunca la escuchada. Quería llorar hasta conseguir lo que me proponía, chillar hasta que sus oídos reventasen o me hiciesen caso pero me mantuve callada, serena, aparentando una paz que no tenía, atesorando aquel momento como si fuera el último.

Bella, sabes que lo que te dije en el hospital sigue

Lo sé —contesté sin dejarle terminar de hablar, ahora no pensaba en mi inmortalidad, en realidad, no podía dejar de darle vueltas al hijo que nunca tendría.

¿Qué te ocurre? —negué con la cabeza sopesando la respuesta adecuada.

Han pasado tantas cosas en tan poco tiempo —me callé para no delatarme, estaba derrotada y la sensación era demasiado desgarradora para manifestarla en voz alta.

No habrá nada que pueda separarnos, Bella. Comprendí demasiado tarde lo equivocado que estaba, nunca debí marcharme —me estrechó contra él.

No sigas disculpándote —le pedí molesta—, sí algo he aprendido en esta vida es que no debes mirar hacía atrás.

Sí no lo hubiésemos hecho no estaríamos hoy aquí —sus palabras apenas aliviaban mi desazón—, te amo, Bella.

Y yo a ti —aseguré pero noté como mis palabras carecían de entusiasmo. Cogió mi barbilla y me giró la cara para mis ojos.

Intenté aparentar pero no podía.

¿Qué necesitas para ser feliz? —tragué saliva sin poder pronunciar en voz alta mis deseos—, no me arriesgaré, hasta que no seas como yo no tendremos relaciones.

Me incorporé todo lo que me permitió y miré hacía el bosque que nos rodeaba, encogí las rodillas hacía mí arrastrando la manta que nos cubría. Apoyó su mano sobre mi espalda y estuve a punto de gritarle que no me tocase, no quería su consuelo y aún así su leve caricia fue suficiente para aliviar mi carga.

Bella, eres lo que más quiero en esta vida, tú misma has leído los riesgos y ni siquiera sabemos sí es posible —me volví hacía él y sus doradas pupilas me atraparon.

Nunca lo sabremos sí no lo intentamos —era el último tanteo que haría, me quedaban pocas fuerzas para luchar pero me negaba a aceptar la derrota sin hacerlo.

¿Y perderte en el proceso?, no es sólo un posible embarazo, puedo hacerte daño, puedo descontrolarme de tal manera que —se abandonó en su propia reflexión y observé como su gesto se endurecía.

Edward, quiero sentirte en el más amplio significado de la palabra —me armé de valor—, ansío ser tuya —el rubor se instaló en mis mejillas pero continué— y no hay consecuencia posible que me haga pensar que es una locura. Confío en ti, has sido más fuerte de lo que crees, ahora déjame demostrarte como soy yo realmente.

No —contestó a pocos centímetros de mi rostro—, ni siquiera estamos casados.

Entonces hagámoslo, casémonos hoy mismo, vayamos a las Vegas, alejémonos de todo —escondamos quise gritarle pero me contuve, él no debía saber lo que Victoria había hecho y que me proponía remediar sí Edward se negaba a aquel último conato que había lanzado al aire para estar juntos.

Aunque nos uniésemos en matrimonio mi idea es clara e irrevocable, primero la transformación —la fuerza de sus palabras no admitían debate alguno.

Piénsalo por un instante, no es sólo por el niño sino por mí —mi voz apenas era un susurro que otra persona no escucharía—, estoy segura de que mi amor no cambiará jamás, no lo ha hecho en todo este tiempo —apoyé mi mano sobre su mejilla quemando el último barco que me quedaba—. Me da miedo no saber que debo sentir cuando tú y yo

No podía pronunciar aquellas palabras, volvía a ser esa muchachita tímida que jamás me abandonaría.

Será algo nuevo para los dos, aprenderemos juntos —cogió mi mano reconfortándome pero nunca cambiaría de decisión.

Yo

No discutas más —su mirada se ensombreció—, tú eres mi prioridad, sí algo te pasase no lo soportaría, igual que no aceptaré jamás ponerte conscientemente en peligro, te doy lo que me pediste, en cuanto tú lo decidas te convertiré y espero que olvides este tema de una vez por todas.

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Aún lloraba cuando rememoraba aquellas palabras, le comprendía pero no por eso el dolor era menor.

Esme me había ayudado más de lo que imaginaba y a regañadientes Edward había aceptado que volviese a mi apartamento, ahora el silencio me envolvía de nuevo y la sensación de soledad me agradaba aunque sólo durase unos minutos cada día.

Escuché la puerta cerrarse y supe que Jacob y Seth ya habían llegado, me lavé la cara agradecida por no usar ningún tipo de maquillaje que recomponer, me miré por última vez en el espejo y compuse la sonrisa que esperarían recibir mis amigos. Recogí la chaqueta que me iba a poner y fui hasta el salón en el que sólo me esperaba Jacob, exhibía nuevamente un gesto de dolor que llevaba tiempo viéndole, me senté en el taburete que estaba frente a él y agarré su mano.

— ¿Qué ha pasado?

Me miró compungido, asqueado consigo mismo y le apreté ligeramente la mano para infundirle valor. No me gustaba verle así.

— Ya tienes bastante como para que venga yo a contarte mis problemas —no iba a permitir esa actitud hermética por parte de mi mejor amigo.

— Jake, ¿cuántas veces has estado a mi lado?, ¿cuántas me has sostenido y has aguantado mis penas sin protestar? —me miró con tristeza y mi corazón se encogió—, cuéntamelo, por favor.

— No sé por dónde empezar.

— Que tal un breve resumen —propuse intentando darle el empujón que necesitaba pero entonces lo vi en su mirada, percibí la lucha que estaba librando en su interior, sabía bien que siempre había temido que aquello pasase pero nunca pensé que lo tomaría de esa manera— ¿Te has imprimado?

Se levantó con rapidez, le observé temblar, controlar las emociones que le inundaban sin descanso.

— Es imposible —murmuró—, llevo viéndola tanto tiempo —me miró y en su rostro se mezclaba la devoción y el dolor que estaba sufriendo—, ni siquiera he sido capaz de decírselo.

Se cubrió la cara con las manos y me levanté para abrazarle, sabía que era un gesto demasiado simple pero esperaba que le proporcionase cierto consuelo.

— No puedo creerlo, tuve que salir de allí, huir, volví con Megan y —se detuvo.

— ¿Estaba con otro? —asintió mientras me devolvía el abrazo y se refugiaba en mi cuello—, lo siento , deberías haber regresado a Forks hace mucho tiempo, por estar aquí…

— No, el amor que le tenía a Megan se desvaneció en el momento en que la vi a ella, de nuevo —se apartó de mí, respirando con dificultad, jamás le había visto de aquella manera, tan descolocado, como sí su mundo se hubiese convertido en un infierno.

— ¿Tan malo es estar imprimado? —intentaba llegar al fondo del asunto.

— Ella nunca me amará y cuando estoy lejos de ella es como si me faltase el aire, pero tampoco puedo estar cerca.

— ¿Tiene pareja?

— No —no soportaba verle en ese estado, sabía lo que dolía el amor pero siempre había creído en que se podía conseguir. Que él lo alcanzaría sin problema.

Esperé mientras Jacob paseaba delante de mí, trataba de asumir aquella novedad en su vida, intenté descifrar lo que su rostro mostraba pero era incapaz, pasaba de la sonrisa al ceño fruncido con una habilidad impresionante.

Cogí mi móvil y me dirigió una mirada interrogativa.

— Voy a llamar a Se —antes de que pudiera acabar el nombre de mi hermano me arrebató el teléfono de las manos con pánico y por fin entendí sus temores.

— Te has imprimado de Leah —afirmé, gruñó depositando el móvil sobre la mesa y mirándome desesperado.

— Sabes que se marchó a estudiar lejos de Forks, llevaba dos años fuera —asentí esperando que continuase—, cuando la vi, ya no era sólo la hermana de Seth, ya no era la única chica en la manada, mi corazón se desbocó, mi mundo empezó a girar a su alrededor, sólo ella me sostiene y siento que el deseo de dárselo todo me abrasa.

— ¿Cuál es el problema? Tienes que hablar con ella —negó con la cabeza con abatimiento.

— Ella sigue amando a Sam —me hirió escucharle tan abatido.

— ¿Se lo preguntaste?, ¿hablaste con ella?, ¿te convertiste al mismo tiempo para saberlo? —intuía que no lo había hecho, estaba demasiado aterrado por la intensidad de lo que estaba viviendo y no había pensado con claridad.

— Regresé después de ver a Megan, durante tres días estuve en el bosque, solo, corriendo, intentando alejar esto que no puedo explicar.

— Tienes que hablar con ella, debes volver a casa y enfrentar esto, Jacob, el destino no te pondría en esta senda si no fueses capaz de seguirla —su mirada me traspasó pero me mantuve firme— y debes contárselo a Seth. Sabes que él jamás se opondría a esto.

— Él hizo unas cuantas rondas con Leah, no quiero ver en su mente lo que ya sé —estaba derrotado, asumía que aquello no iba a salir bien.

Aparté sus manos de su cara y le dirigí el gesto más serio que pude poner en mi rostro.

— En realidad no sabes nada, no puedes porque no has querido verlo y sí tú no tienes el valor de hacerlo, yo misma hablaré con Seth, no te niegues a ser feliz.

Jacob y yo, después de más de dos horas discutiendo, habíamos llegado a un acuerdo, el sábado iríamos al bosque junto con mi hermano para que ambos pudiesen transformarse y el misterio quedase resuelto. Esperaba que Leah hubiese superado lo de Sam, pero sí no era así Jacob estaba dispuesto a estar junto a ella como su amigo, como su protector, como cualquier cosa que ella necesitase.

Aquel amor no era egoísta pero Jake estaba angustiado, sabía lo que había sufrido Leah y no quería presenciarlo de nuevo, ahora su relación sería más difícil a menos que Jacob no hubiese interpretado bien las miradas extrañas que había recibido por parte de ella.


Estaba sentada frente a mi escritorio en la biblioteca observando la nota que había encontrado cuando había llegado, Edward me proponía una cita para esa noche, era viernes y mi única intención había sido comerme el kilo de helado que tenía en el congelador, llevaba días esquivándole, intentando mantener las distancias y, aunque al principio había resultado bien, estaba segura de que ya no funcionaría.

Releí la nota, no tenía el valor de rechazarle otra vez y tampoco podía decirle los motivos que me impulsaban hacia ese camino, pero mi corazón ya estaba sufriendo demasiado como para seguir aceptando su acercamiento.

Le amaba pero sabía que estaba mejor sin mí y pronto tendría que hacerse a la idea de no verme más, era mejor hacerlo poco a poco.

Cogí un folio y empecé a garabatear en el una respuesta a su invitación, intentaba sonar lo más suave posible y recordé que aquella mañana Leslie me había insistido para que saliese con sus amigas y ella a celebrar su recuperación. Era una débil e inestable excusa, por eso no podía llamarle por teléfono, porque ni yo misma me la creía. Pero era lo único que se me ocurría, aunque le había dicho a Leslie que no iría esperaba que Edward aceptase esa pequeña mentira.

La puerta de mi despacho se estrelló contra la pared haciendo que me levantase sobresaltada reconociendo a la rubia que me había amenazado para que me apartase de los Cullen. Entró con soberbia y cerró la puerta, sus ojos estaban más negros de lo que esperaba.

Me crucé de brazos intentando no temblar ante aquella mirada acusadora, sonrió con desgana como sí le molestase estar en el mismo sitio en el que yo estaba.

— Te crees con todos los derechos, piensas que eres alguien, que puedes llegar a ser importante —odiaba aquel tono, pero sobre todo sentirme pisoteada por una persona que ni siquiera se había tomado la molestia de presentarse.

— Nunca me he comportado así.

— Volviste a conseguir que todos girasen a tu alrededor, que cada uno de los Cullen se crean en la obligación de protegerte, incluso Rose, mientras tú juegas con esos malditos perros —se acercó a mí y agradecí que la mesa se interpusiese entre nosotras.

— Nunca pretendí nada —señalé remarcando cada palabra pero ella no me escuchaba—, lárgate de aquí —dije con valentía.

— No antes de que entiendas algo, Edward no te quiere —respiré profundo mientras la ira empezaba a envolverme con rapidez—, tan tonta, tan estúpida, tan simple, pobre humana.

Me aparté cuando ella alzó su mano hacía mi rostro.

— No pienso seguir escuchando ni una sola palabra más —fui hacia la puerta y la abrí pidiéndole que se marchase.

— No me crees —afirmó poniéndose delante de mí—, mírame, cualquiera de mis hermanas sería mucho más adecuada para él. Tenía tres para elegir y lo hizo.

Mi corazón se detuvo en el instante en el que pronunció aquellas palabras, Alice me había hablado de la familia Denali, incluso había conocido a una de ellas estando en casa de los Cullen pero había sido amable conmigo, no como aquella que me miraba con desprecio.

— Pensaste que te estaría esperando —se rió levemente mientras su condescendencia aparecía en sus pupilas— tuvo cuatro años para olvidarte en nuestros brazos. Quieres saber quién fue la elegida, quién llenó sus noches y se muere por volver a su cama.

Me mantuve impasible mientras mi alma se rompía de nuevo, no quería creerla pero mi mente no hacia caso a mi corazón, aquello tenía lógica, Edward nunca había intentado buscarme y debía ser porque había encontrado a alguien mejor.

Antes de que la rubia pudiese dar su estocada final a mis sentimientos, Leslie apareció con una sonrisa que se fue desvaneciendo mientras observaba aquella escena.

— Fuera —ordené sin gritar y ella asintió complacida.

— Espero que ahora entiendas la situación, no perteneces a mi mundo así que mantente en el tuyo.

Salió con gracia y me aferré al marco de la puerta mientras Leslie intentaba comprender mi expresión.

Respiré profundo, nunca me había planteado que Edward pudiese tener nada con otra persona pero la posibilidad siempre había estado ahí, ahora lo veía claro. Ya no había ni un pedazo de mi alma completo, mi corazón estaba tan arrugado que nunca podría volver a latir con facilidad.

Todo tenía un final y mi relación con Edward había llegado al suyo, sólo supe que estaba llorando cuando Leslie me acercó un pañuelo, era lo mejor, lo que había estado esperando, la manera de protegerle de mi misma y de todo lo malo que había a mi alrededor.

Había llegado el momento de emprender mi viaje, ir a Volterra y arreglar aquel enredo en el que había metido a los Cullen.


Gracias a mis chicas: Cerezo, Chiarat, Rosh, Soledad, Hildiux, Maleja, Mariana, Emma, Lena, Lis, Alexandra, Tini, Yeísta, Ro y Lyzz. Gracias por seguir leyendo y comentando, sois muy generosas conmigo.

Ro: como siempre dando en el clavo, tengo que mirar un poco la gramática para corregir ese error. Gracias como siempre por tu objetividad.

Tini: claro que eras tú, cada persona que lee para mi es igual de importante y entiendo que a veces no hay tiempo para comentar igual que yo no tengo demasiado tiempo para contestar una a una, por ello opté por las notas de autora.

Espero que os haya generado alguna sensación, gracias por estar ahí, espero no demorar hasta el domingo para actualizar pero de verdad que los exámenes me están asfixiando. Besos.