Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer. Una bonita canción de Malú antes de empezar a leer: Así lo haré.

Capítulo 40. Te arriesgas a perder.

Un mar de posibilidades se extendía ante mis ojos envuelta entre sus brazos, sólo me separaba de él una simple palabra, un sí que podía cambiar mi universo en el instante en que lo pronunciase.

Me lo estaba planteando con detenimiento, cerré los ojos y sentí como me atraía hacía él, Daniel sabía decir lo que cualquier mujer quería escuchar, sería fácil refugiarse en él, era un valor seguro, un puerto en el que descansar después de tantas tormentas.

No tendría que volver a sentirme un estorbo en la vida de nadie, no sería el eslabón más débil, pero cuando posó su mano en mi mejilla, cuando me di cuenta de su calor, de su respiración entrecortada, del latido de su corazón supe que no era mi Edward.

Amaba demasiado a Edward como para plantearme una nueva relación, esperaba no hacer daño a Daniel, no estaba segura de poder soportar sobre mi espalda más culpas pero no podía engañarme y no deseaba mentirle haciéndole creer algo que nunca sería posible.

Me separé de él y apartó sus manos de mi cintura, pude ver un gesto de abatimiento que recorrió su rostro en un segundo, después su sonrisa se ensanchó, como queriendo demostrar que todo estaba bien. Suspiré agotada comprendiendo al fin que a pesar de todo lo que nos separaba, mi amor por Edward era mi mayor tesoro.

Me había esforzado tanto por ser fría, por demostrar mi fortaleza que había perdido la última oportunidad que me daba la vida para estar con él, sonreí sin ganas, entendiendo la ironía de mis actos, descubriendo lo tonta que había sido todos aquellos meses.

Pero ya no podía cambiar el pasado y el presente se tornaba oscuro ante mis ojos, una noche sin luna me atraparía entre sus garras y lo único lógico que podía hacer era acabar con aquella locura y proteger a los Cullen de mis errores.

— Daniel, gracias —murmuré—, necesitaba que alguien me recordase lo que es el amor, he luchado tanto contra mis sentimientos que no lo veía.

— Entonces hay una posibilidad de que tú y

— No, te mereces algo mucho mejor que esta pobre estúpida —me encogí de hombros, tenía ganas de llorar pero mis lágrimas ya no tenían fuerza para salir.

— Hagamos una cosa, dime un lugar dónde te perderías —no continuó la frase esperando mi respuesta.

Había un lugar en el que siempre había soñado, había pensado en recorrer sus hermosas calles de la mano de Edward, en descubrir cada rincón, en saborear aquel ambiente en todo su esplendor.

— Me encantaría pasar una temporada en París —señalé imaginándome la escena.

— Déjame llevarte —me pidió en lo que esperaba fuese su último intento—, piérdete conmigo y no regresemos hasta que seas capaz de sonreír de verdad.

— No puedo —sentía que el billete a Italia, que se encontraba en mi bolso negro, me pesaba cien kilos.

— Podría mostrártelo todo y bueno el idioma no sería un problema —era tentador pero antes de nada estaba mi obligación.

— Daniel esto acaba aquí —afirmé con rotundidad—, no quiero continuar esta conversación, te agradezco lo que has hecho por mí esta noche, lo mucho que me has hecho pensar en lo verdaderamente importante —sujeté su mano e intenté no sonar demasiado dura con él—. Mi amor por Edward nunca será posible pero no puedo llenar mi vacío ni contigo ni con ningún otro.

Asintió como sí hubiese esperado esas palabras desde el principio.

— Es un tipo afortunado —cerré los ojos y suspiré. Noté como apoyaba su brazo sobre mis hombros.

— Así que París —dijo retomando la marcha.

— Sí —aseguré aliviada por el cambio de tema—, me encantaría tener una pequeña buhardilla en Montmartre, desde donde pudiera ver el Sena.

— ¿Qué harías allí? Pintar, tocar algún instrumento —negué con la cabeza.

— Me pasaría los días rellenando hojas, escribiendo o al menos intentándolo, sacando todo lo que tengo dentro de mí —sería una terapia estupenda pensé mientras nos encaminábamos hacía mi casa. Sabía que no tenía derecho a una vida tan sencilla.

— ¿Conseguirías publicar algo?

— Lo dudo, acabaría muriéndome de hambre pero estaría tranquila.

Estábamos a pocos metros de mi apartamento cuando apareció ante mí una persona que no esperaba ver, me separé de Daniel avergonzada, como sí me hubiesen pillado haciendo algo indebido pero el rostro de Alice no demostraba ningún tipo de emoción ni reproche.

— Bueno, ahora ya puedo marcharme, nos vemos otro día —asentí ante las palabras de Daniel y este se despidió.

No podía vislumbrar lo que estaba pensando mi amiga, no había nada malo en mis actos pero la desazón se había vuelto a instalar en mi pecho.

— Es un amigo —dije intentando sonar tranquila y casi lo conseguí.

— Sí no lo fuera tampoco te culparía —afirmó mi amiga y se adelantó para abrazarme con efusividad, iba a echarla de menos aunque el dolor pasaría pronto.

— Edward estaba preocupado y me pidió que me uniese a tu noche de chicas —señaló contestando a mi muda pregunta.

— No soporté aquel lugar.

— ¿Qué es lo que está pasando, Bella? —respiré profundo mientras afianzaba mis temores, no podía contárselo, no antes de entregarle mi carta a Edward.

Me había pasado toda la tarde buscando las palabras adecuadas para despedirme de él, había desechado una y otra vez todas las notas que me habían parecido demasiado agresivas, hirientes o dañinas y al final había conseguido las palabras justas con las que me sentía lo mejor posible dadas las circustancias.

— Creo que todo lo que ha pasado estos días ha logrado superarme —afirmé jugando mi papel de mártir y funcionó, mi amiga me miró comprensiva.

— Pero sabes que somos tu familia y queremos que estés con nosotros —había lidiado con todos ellos desde el instante en que había convencido a Edward para que me permitiese volver a mi apartamento. La única que me había comprendido había sido Esme y se lo agradecía profundamente, sin su apoyo seguiría estando en aquella casa soñando despierta.

— Quizás más adelante, necesito mi espacio y en tu hogar no hay mucha intimidad —rió ante lo que le había dicho.

— Sabes que tu transformación está próxima —no quise contestar pero no pude contenerme.

— Edward y yo aún no hemos hablado de ello

— ¿Te arrepientes? —preguntó interrumpiéndome asustada por la posibilidad.

— No, Alice. Siempre quise ser como vosotros, la eternidad de la mano de la persona que amas debe ser el paraíso —no pude evitar que mi tristeza se reflejase en cada sílaba.

— Entonces no hay mucho más que considerar —me mordí la lengua para no demostrar que sabía la verdad.

— Tanya me cae bien —señalé y ella asintió.

Había sido la Denali que había conocido estando en casa de los Cullen, había sido amable conmigo, me parecía una mujer agradable y hermosa. Habíamos tenido una conversación interesante aunque sabía que era imposible.

— Un poco insistente pero no la culpo, no me planteo un mundo en el que Jasper no existiera —entendía la sensación.

— ¿Perdió a alguien que amaba? —pregunté con curiosidad, estábamos a pocos pasos de mi casa.

— No, siempre tuvo fijación por Edward —al fin lo comprendí, por eso estaba en casa de los Cullen.

Ella era la mujer que ocupaba el corazón de Edward, había tenido la deferencia de no decirme nada, de no mostrarse despechada conmigo. Había tenido la respuesta delante de mis ojos pero no la había visto.

Era realmente bella, a su lado yo no era más que una insulsa muchacha. Había visto algún que otro gesto de complicidad entre Edward y ella pero no le había dado importancia, no había querido sopesar la posibilidad de una relación más allá de la amistad.

— Bella —me llamó Alice que estaba unos pasos por delante de mí, se acercó a mí y me sujetó la mano con cariño—. Le pediré a Carlisle que venga a verte.

— No es necesario, sólo quiero dormir Alice, estoy realmente agotada —no estaba convencida de mis palabras.

— Vale y mañana —empezó a decir pero no la dejé continuar.

— Mañana iré con Jacob y Seth a un lugar que quieren mostrarme —no quería que fuese, su rostro lo reflejaba pero no pronunció ni una palabra—. Alice, mi tiempo en Alaska se está acabando, voy a echarte de menos.

Me apresuré a abrazarla, aprovechando su incredulidad, intentando contener las lágrimas, realmente no quería despedirme pero tampoco podía marcharme sin hacerlo.

— Explícamelo —me pidió en un susurro, otra vez estaba abatida y no me gustaba verla así.

— Habrá tiempo para todo —afirmé pero debía hacer las cosas en su justo orden y primero debía terminar mi relación con Edward.

— Me estás preocupando.

— ¿Puedo pedirte algo? —asintió y abrí mi bolso con cuidado de que no viera nada que la hiciera sospechar, saqué el sobre blanco—, dale esto a Edward, me gustaría que no se lo entregues hasta mañana.

— Lo verá y

— Sabes cómo hacerlo, esta noche necesito estar sola.

Tiempo, tenía que fortalecer mi resolución y no podría hacerlo sí él me visitaba aquella misma noche. No quería pensar en la posibilidad de estar equivocada.

— Claro pero

No continuó con sus palabras, Alice se quedó inmóvil, observando algo que yo no podía ver y por su expresión la visión no era nada agradable. Podía estar observando mi decisión y esa posibilidad me aterró, no podía permitir que descubrieran mis intenciones.

No dejé de mirarla intentando saber que pasaba mientras Alice se alejaba de mí, minutos después enfocó la vista y me observó con preocupación.

— Tengo que marcharme —agregó en un hilo de voz y me estremecí, sí me había visto volando a Volterra todas mis buenas intenciones no habrían servido de nada.

— No puedes irte así, ¿qué pasa? —negó con la cabeza y le sujeté la mano con fuerza— Alice, no me apartes, estoy harta de ser la protegida.

— Sólo vienen a vernos —afirmó intentando parecer alegre pero la conocía bien, no era más que una fachada para que yo me lo creyese.

— ¿Quién? —murmuré temiendo la respuesta, los Vulturis habían ido a Forks, les estaban buscando y casi estaba segura de que les habían encontrado al fin.

— Entra en tu casa y ten cuidado —quise gritar pero apareció Jasper junto a nosotras, había estado ahí todo el tiempo y me observó con detenimiento, como sí conociese mis intenciones.

— Debemos marcharnos —agregó Jasper pero siguió posando sus pupilas en mí, debía haber recibido todas las emociones que había tenido esa misma noche.

— Alice, no me recluyas en un rincón —dije con ansiedad y sentí como Jasper dirigía hacía mí su poder, no quería tranquilizarme ni dormir, necesitaba saber la verdad pero no iba a conseguir nada.

La pareja me ignoró durante un segundo mientras Alice movía los labios con una velocidad enorme, contándole su visión. Después mi amiga se giró hacia mí como si nada hubiese pasado, me abrazó con cariño y se despidieron de mí, otra vez me dejaban al margen pero no lo permitiría.


El taxi condujo hasta el lugar donde le había pedido y se detuvo, observé como la ciudad aparecía ante mis ojos, la amplia muralla tapaba la visión a los curiosos que no se atrevían a entrar, el olor del azufre impregnó mi nariz y me hizo estremecer.

Sabía lo que tenía que hacer, una simple provocación y aquellos seres saldrían de su madriguera, iba a desafiarles y después les rogaría qué no atentaran contra los Cullen. Era un plan absurdo pero no se me había ocurrido nada mejor, no podía pasearme por aquellas calles empedradas y empezar a preguntar ¿dónde están los vampiros?

Caminé observando el tranquilo bullicio de aquel pequeño lugar, los habitantes no sabían los monstruos que se escondían en el subsuelo, vivían ajenos a su realidad y me alegré por ellos, era fácil moverse en la ignorancia, como sí el mundo no fuese más que una balsa de aceite.

Según recorría la cuesta que me llevaría al centro de Volterra sentí sus miradas sobre mí, cientos de puntos rojos seguían cada movimiento que daba, estaba decidida y preparada para el fin.

Me desperté dos horas antes de que sonara mi despertador intentando calmar la creciente ansiedad que tenía en mi pecho, palpé las sábanas de mi cama, aún no me había marchado de Alaska, quedaba poco pero antes debía comprobar mis sospechas.

Abrí el grifo de la ducha y no me metí en ella hasta que estuvo tan caliente que me quemaba la piel, sabía que hacía lo correcto y no podría viajar con tranquilidad sí tenía la sensación de que los Cullen estaban en peligro. Me sequé el pelo superficialmente, lo justo para que no chorrease, y me vestí con lo primero que encontré.

Diez minutos después estaba camino al lugar donde me encontraría con la única persona que sabía que podía ayudarme en esto. Me había puesto en contacto con él en el momento en que vi desaparecer a Alice y Jasper, no me preguntó nada tan sólo me aseguró que tendría lo que necesitaba esa misma mañana.

Entré en la cafetería de aquella gasolinera, el olor era insoportable, las estanterías estaban repletas de objetos necesarios en casa salvo por la cantidad de revistas pornográficas que había cerca de la caja.

El dependiente, un muchacho de unos diecisiete años, me miró con curiosidad hasta que la persona que buscaba se acercó a mí, impresionaba pero él me había salvado y sabía que debajo de todos sus tatuajes y su chándal había una persona capaz de ofrecer lo mejor de él mismo.

Nos sentamos en una barra baja y enseguida tuve frente a mí un café solo. Me volví hacía Kevin que me miraba expectante.

— Gracias por venir —señalé rompiendo el incómodo silencio. Tan sólo nos habíamos visto dos veces, la primera me había salvado de Peter y la segunda había ido a agradecerle lo que había hecho por mí.

— ¿Qué la ha hecho salir de su jaula de oro?

— Necesito lo que te pedí, Kevin —metió la mano en su chaqueta de chándal y sacó un pequeño embalaje, lo depositó sobre la barra.

— Aunque no lo crea acá tiene todo lo que quería —miré la caja, por el tamaño esperaba que fuese lo suficientemente pequeño para introducirlo en casa de los Cullen y colocarlo sin que lo viesen.

— ¿Qué alcance tiene? —pregunté temiendo que tuviese que pasarme las horas en las inmediaciones de la casa de Edward para enterarme de algo.

— Cogí el mejor, te enterarás de tó —suspiré aliviada y abrí mi bolso buscando el dinero pactado, pero al entregárselo negó con la cabeza.

— Era lo convenido —afirmé aunque había preparado más dinero por sí acaso decidía pasarse de listo.

— Sólo dame lo del aparato, ni siquiera voy a colocar yo el micro —conté el dinero después de que me dijera cuánto era y se lo entregué.

— Es un detalle Kevin.

— Vosotros cazasteis a ese tipo —señaló con repugnancia—, no está claro que lo hiciese pero

— Sabes qué, al final el tiempo pone a cada uno en su sitio, gracias por tu ayuda.

Me despedí con rapidez al ver la hora en el reloj digital de aquel local, no quería que mis amigos se percatasen de mi paseo pero llegué antes de que empezasen a desayunar con un montón de repostería en mis manos.

Jacob estaba aterrado, hacía un esfuerzo inhumano por comer con normalidad pero no lo conseguía, Seth miraba a su amigo extrañado con sus reacciones, a pesar de que dormían juntos ninguno parecía dispuesto a hablar de aquella incomodidad que se había instalado entre ellos. Iba a ser una mañana complicada pensé mientras me bebía el quinto café del día.


Escuché la llegada de Alice y Jasper, habían pasado toda la noche fuera pero volví a mirar las teclas de mi piano, repitiendo en mi mente la melodía que había estado componiendo para mi Bella.

Me había sentido tan herido cuando había cancelado la cita, por encima de todo quería estar con ella pero me esforzaba por darle lo que necesitaba, quería espacio, pensar en la situación y aunque la separación era dolorosa la aceptaba por su bien.

Alice se asomó a la puerta y levanté mi vista para encontrarme con su rostro preocupado, pero antes de centrarme en lo que le atormentaba la pregunté por Bella, eso bastó para que su mente me mostrase las imágenes de la noche anterior, la camaradería de Daniel, la tranquilidad que tenía Bella a su lado, incluso parte de la conversación que habían tenido. Sujeté con fuerza el taburete y noté como se astillaba entre mis dedos.

— No pasó nada —susurró mi hermana pero los celos eran más fuertes que yo en ese instante.

Entonces de nuevo observé a Bella desde la mente de mi hermana mientras le entregaba la carta, bloqueé cualquier otra cosa pero Alice no sabía nada de lo que ponía en ella.

Extendí mi mano y me la entregó, rasgué el sobre y saqué el folio en el que aprecié la letra que tan bien conocía. Lo leí una vez y sentí que el mundo se desgarraba a mis pies, volví a releerla y rugí de rabia ante lo que ponía.

.

Edward, esto es complicado, tanto que siento que mi alma se parte con cada letra que escribo pero también sé que es lo mejor tanto para ti como para tu familia.

Te amo con una intensidad que no existe palabra capaz de hacer justicia a este sentimiento pero eso no es garantía de éxito. Pensé que teníamos una oportunidad, creí que nos lo merecíamos, confié en la fortaleza de nuestro amor pero hoy todo queda en el pasado.

Lo intentamos una y otra vez y fallamos. Sé que tú has sido feliz al lado de una de las Denali durante estos años, entiendo tu mutismo pero sé que ella te conviene mucho más que yo.

Hoy soy yo la que me alejo, la que te pide que no hagas ninguna tontería pero sobre todo la que necesita que no la busques más. Sólo deseo que seas feliz por los dos, que la ames y la cuides tanto como lo hiciste conmigo. Ella es tu igual y estoy segura de que te quiere muchísimo.

Yo te prometo no inmiscuirme en tu vida y, dentro de un tiempo, sólo sí tú quieres seré capaz de ofrecerte mi amistad

Hasta siempre, Edward.


Sí supierais que me ha costado un triunfo escribir esa carta, el próximo capítulo viene cargado de información, desenmascararemos a la rubia y sobre todo sus motivos, que yo creo que es lo más importante, aunque imagino que a estas alturas ya sabéis quién es.

Gracias a mis chicas: Cerezo, Hildiux, Rosh, Maleja, Eddie, Tini, Mariana, Chicasaga., Lis, Darky, Lyzz, Emma, anónimo y Darksoul (sólo darte la bienvenida).

Me empieza a entrar nostalgia porque esto se acaba, ¿Cuántos capítulos quedan? Pocos pero no sé el número exacto. La próxima actualización la haré lo más pronto posible, siento no ser más específica pero el tiempo se me ha hecho enano.

Espero que esté capítulo sea capaz de transmitir algo, esperaré ansiosa vuestras opiniones. Besos