Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer.

Capítulo 41. Leah.

"Me estremecí al detenerme en aquellos ojos casi negros que me observaban pidiendo venganza".

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Al fin comprendía la insistencia de Jacob y Seth de que les acompañase a aquel lugar, era realmente majestuoso, habíamos tenido que dejar el coche en una de las carreteras para adentrarnos en la profundidad de aquella inexpugnable zona.

La vegetación te transportaba hacía un mundo imaginario donde hasta la presencia de las hadas era posible, había sobrevivido al paso del hombre y se mantenía perfecto para los amantes de la naturaleza. Respiré y sentí como el aroma de los árboles me envolvía, Jacob y Seth iban caminando delante de mí, en silencio mientras yo contemplaba aquel paisaje.

Llegamos ante una amplio lago, en las orillas la nieve aún se acumulaba, la imagen era cautivadora, serena, transmitía una paz y una sensación de tranquilidad que hizo que mi corazón empezase a latir más suavemente.

Desde que había sabido lo de Edward y había tomado la decisión de no interponerme más en su camino hacia la felicidad el vacío había vuelto a mí, mis sentimientos se refugiaban en el hielo que me había acompañado durante tantos años. Suspiré intentando apartar su rostro de mi mente pero sabía que siempre me acompañaría, aunque pronto todo habría acabado.

La muerte se me antojaba el fin perfecto, el único camino posible.

Observé a Jacob que se debatía contra sus propios fantasmas, mirando de reojo a Seth que ya empezaba a preocuparse por la actitud de su amigo, habían pasado muchos días desde que aquel par apenas se hablaban y había que solucionarlo de una vez por todas.

Apoyé la bolsa que habíamos llevado con el almuerzo y algo de ropa que sustituir por sí entraban en fase sin pretenderlo, me acerqué a ellos que contemplaban la vasta extensión de tierra que teníamos a nuestros pies y me crucé de brazos, decidida a acabar con aquel mutismo. Tosí levemente atrayendo su atención.

— Seth hay un motivo por el que Jacob está tan extraño —vi como mi amigo se encogía de hombros abatido.

— He perdido la cuenta de las veces que he intentado hablar con él —mi hermano estaba más afectado de lo que había dejado entrever, de nuevo, por deferencia a todo lo que me había pasado después del accidente de tráfico, se había mantenido hermético y me había transmitido una felicidad que no sentía.

Seth siempre anteponía mis sentimientos a los suyos y yo había estado demasiado desbordada por todo lo ocurrido que no me había fijado en lo turbado que estaba.

— No entiendo por qué te marchaste de La Push, ¿dónde fuiste? —preguntó Seth a Jacob, a pesar de su tono sereno sabía que estaba enfadado.

— Yo —empezó a decir Jake pero se detuvo.

Estábamos a punto de tener una conversación que no nos llevaría a ningún lado, sobre todo sí mi amigo no relegaba el miedo a un rincón y hablaba con franqueza.

— Fue a ver a Megan —contesté sabiendo que eso era lo menos alarmante de todo lo que quería contarle a Seth.

— Eso no explica por qué no dijiste nada —definitivamente mi hermano estaba furioso.

— Quería verla, averiguar sí —Jacob inspiró intentando llenarse de valor, jamás le había visto dudar ante nada, nunca hubiese pensado que la imprimación tuviese en él ese efecto de vulnerabilidad.

— Habla claro —pidió Seth con autoridad aplastante.

Jacob empezó a temblar y antes de que nos diese tiempo a reaccionar se convirtió. Me aparté al ver como mi hermano entraba también en fase, me excluían de su conversación pero sabía que de esa manera ambos obtendrían las respuestas que requerían.

Encontré un tocón de árbol, me senté después de colocar una bolsa de plástico sobre él porque estaba mojado y me dispuse a esperar, rezando porque aquello saliese bien y Jacob no resultase lastimado en el sendero hacía la verdad.


Por primera vez desde que era un licántropo perdí el control, jamás me había visto superado por las circunstancias hasta aquel instante en que estaba frente a la certeza absoluta que precisaba conocer.

Seth me acompañó en menos tiempo del que necesitaba para controlar mi agitación y nuestras mentes quedaron conectadas en el acto.

Podía elegir volver a mi forma habitual, apartar todo esto de mí, destruir este sentimiento, huir lejos, era mucho más rápido que Seth, podía hacerlo, lograría salir de esta, escapar, rechazar todo y sólo correr.

Correr, era lo único coherente que aparecía en mis pensamientos, alejarme de allí y no volver a verla.

Mi corazón se descompuso en el instante en que pensé en no ver sus ojos, su rostro, en no escuchar su voz. Sentí como un pequeño hilo invisible tiraba de mí, como sí quisiera recordarme mi obligación, mi devoción, mi razón de vivir.

Gruñí contra mí mismo, contra mi debilidad, no quería aquello, no quería estar imprimado de alguien que no podía amarme, ya había tenido suficiente con Bella como para volver a aquel punto de partida.

Y a pesar de que había amado con intensidad a mi mejor amiga, todo carecía de sentido cuando observaba a mi verdadero y único amor, dolía saber que nunca la podría tener a mi lado.

Podía ser su amigo pero aunque eso me haría feliz, aunque estaría dichoso de ser todo lo que ella necesitase. No sabría cómo podría superar que ella amase a otro.

Al fin lo comprendo —afirmó Seth en su mente y me di cuenta de que me había olvidado por completo de él mientras me retorcía en mi propia frustración.

Es absurdo —pensé mientras miraba a mi amigo.

Lo malo es que no te tomaste el tiempo de descubrir la verdad.

¿Qué quieres decir con eso? —indagué en su mente pero para mi sorpresa me había bloqueado.

Piensa —una simple palabra y sólo obtuve de él una imagen, Leah llorando sobre su cama.

Podía esperar cualquier cosa de ella pero no sus lágrimas, cuando Sam se había imprimado lo había aceptado aunque su mirada jamás había vuelto a brillar, aunque sus pensamientos habían sido terroríficos nunca había demostrado nada delante de los demás cuando éramos humanos. Apenas recordaba cierta tristeza en sus ojos una tarde en la playa de La Push.

Como humana nunca había manifestado su dolor pero ahí estaba, desgarrada como jamás pensé que la vería.

Me quedé observando aquello, lo único que Seth pensaba darme.

¿Quién le hizo eso? —mi voz mental reflejaba la furia que sentía por el dolor de mi amada, compensaría aquello, no volvería a permitir que la hiriesen.

En respuesta obtuve otra escena, Leah en mi casa preguntando por mí a mi padre. El dolor en su rostro estuvo a punto de desbordarme cuando mi padre le comunicó que me había marchado, ni una palabra, se secó una solitaria lágrima y salió corriendo sin que su hermano pudiese detenerla.

No lo comprendo.

Seth bufó, pude ver sus afilados dientes durante un segundo.

Otra imagen, el instante preciso en que nuestras miradas se cruzaron cuando regresamos a la reserva, pero viéndolo desde la perspectiva de Seth, observando el rubor que corría por las mejillas de Leah comprendí al fin que ella había sentido algo.

Sacudí la cabeza con fuerza pero mi amigo volvió a enviarme ese recuerdo sin que pudiera evitarlo, una y otra vez lo reviví hasta que mis ideas empezaron a aclararse, hasta que comprendí la realidad.

Al fin —gruñó mi amigo mientras me obsequiaba con la confirmación de labios de mí amada, de lo que acababa de descubrir.

Leah también se había imprimado de mí, en el mismo segundo, en aquel corto instante en que nuestras miradas se encontraron después de dos años sin verla, sin tenerla en La Push.

Dos años lejos de su casa habían bastado para que Leah superase lo que le había pasado con Sam y entonces había resurgido como el Ave Fenix, había vuelto a su ser dejando atrás todo el rencor que la había consumido hasta no ser ni la sombra de lo que era de pequeña.

Había vuelto a abrir su alma y eso había sido el detonante de nuestra imprimación.


Miré mi reloj y descubrí que apenas llevaban media hora como licántropos, hablando sin ser oídos, eliminando cualquier rastro de duda que pudiese haber. Mi móvil vibró con insistencia, le había ignorado durante todo el día, sabía que Edward no admitiría mi decisión.

No comprendía por qué se aferraba a mí teniendo a alguien tan perfecto como Tanya junto a él. Jamás podría compararme con ella porque perdería, era hermosa, inteligente y poseía un sexto sentido admirable, había captado a la perfección los temores que había sentido en casa de los Cullen.

Comprendió mi renuencia a dejarme amar como al principio, entendía por qué necesitaba mi espacio y gracias a ella había tenido algún momento de intimidad en aquella casa donde todo se escuchaba.

Apoyé mis codos sobre mis piernas observando a aquel par, hasta que al fin pude ver el cambio en el semblante de Jacob, ya no parecía tenso sino aliviado, incluso feliz mientras analizaba lo que Seth le pudiese haber dicho.

Se acercaron con elegancia hacía donde yo estaba, se movían en perfecta sincronización. Seth sujetó la bolsa que habíamos traído con la boca y se dirigieron hacía una roca que sobresalía cerca del lago para poder regresar a su forma humana.

Intuía que por fin algo había salido según lo esperado, estaba deseando escuchar las explicaciones a todo lo que había pasado y sobre todo, quería tener un motivo para felicitar a mi querido Jacob, para alegrarme por él, para sentir durante unos segundos un poquito de felicidad.

Algo se movió a mi lado y antes de que pudiera reaccionar apareció frente a mí, me levanté con rapidez, sin comprender aquella irrupción, sin entender lo que aquella mirada me transmitía.

Me estremecí al detenerme en aquellos ojos casi negros que me observaban pidiendo venganza.


Intenté calmar al monstruo que aullaba en mi interior, analicé la carta buscando la explicación a aquella locura, ¿por qué pensaba que la había engañado?, ¿por qué me alejaba de ella y me pedía cosas tan absurdas como las que yo le solicité?, ¿por qué pensaba que yo amaba a otra, cuando le había dicho mil veces que la quería sólo a ella?

Apreté la carta lentamente pero no conseguí alejar la desazón que corría por mi cuerpo. Alice me miraba aterrada, sin comprender lo que pasaba pero no tenía fuerzas para explicar nada. Iría tras ella y le haría entender todo lo que se equivocaba conmigo.

Entonces la escuché, la única persona que podía haber envenenado a mi Bella, nadie de mi familia lo habría hecho jamás pero ella sí. Esquivé a Alice que trató de detenerme y en menos de dos segundos estuve en el salón donde Tanya hablaba con mis padres.

— ¡Tú! —grité por primera vez en cien años abalanzándome sobre la que creía mi amiga.

Carlisle se apresuró a levantarse y me bloqueó el camino antes de que pudiera llegar a ella, me sujetó por lo hombros y me revolví contra él, saboreando la ponzoña que se acumulaba en mi boca, mirándola con odio.

— ¿Cómo has podido hacerme esto, Tanya? —pregunté bloqueando los mensajes que me llegaban de mi madre pidiéndome calma — ¿por qué? —dije en un tono más alto de lo que hubiese sido necesario, pero no quería controlarme.

— ¡Edward! —me llamó mi padre en tono de advertencia pero tan sólo consiguió que mi furia creciese, no era el mejor de sus hijos y no quería serlo jamás. Mataría a Tanya en ese mismo instante.

Alice murmuró algo que no quería escuchar y supe que había visto lo que proponía hacer pero ya nada importaba sin Bella a mi lado. Esme se acercó y apoyó su mano en mi brazo.

— Por favor, Edward —susurró pero la ignoré, nada podía hacerme cambiar de opinión, había elegido lo que quería hacer.

— Sal ahora mismo de esta casa y veamos quien vence —dije con convicción de que lo haría, ella fingía bien no comprender mi reacción, en su mente se sucedían todo tipo de preguntas pero estaba paralizada por el miedo.

— Mírame, hijo —me ordenó mi padre y no pude desobedecerle, cuando usaba ese tono de voz era imposible hacerlo.

Me desarmé ante su mirada serena y dejé que viese un atisbo de la devastación que albergaba en mi interior.

— No permitiré que trates así a tu prima —señaló y sabía que lo haría, sentí sobre mí las miradas de mi familia, Rosalie había aparecido en el salón, Emmett y ella habían regresado el día anterior de su luna de miel improvisada, y estaba junto a Alice, sujetándola para que no interviniese.

Todos ellos estaban aturdidos por mi comportamiento, escuchaba de nuevo sus voces en mi cabeza y mi ira empezó a descender mientras me rogaban que me tranquilizase.

— Habló con Bella —Carlisle no comprendía lo que pasaba.

— Lo he hecho un par de veces —explicó Tanya de pie frente a mí. Era una gran actriz, me lo había arrebatado todo de nuevo.

— ¿Cómo pudiste hacerme esto? —cuestioné más abatido de lo que pretendía. Mi mente repetía las palabras de Bella, sin descanso y sin encontrar la manera de que ella me escuchase.

Jasper y Emmett traspasaron la puerta de entrada en ese momento y se quedaron impresionados ante la escena, habían escuchado todo pero jamás pensaron encontrarse lo que tenían ante ellos.

— Edward, explícate y deja que tu prima lo haga —me pidió mi madre.

Mi padre me soltó seguro de la calma que Jasper me enviaba pero no se separó ni un ápice de mí, protegiendo a Tanya de lo que pudiese hacerle. Ya nada importaba, la había perdido y no creía tener la oportunidad de volver a remediar aquel mal.

Caí de rodillas y el suelo crujió. Estaba totalmente hundido, la sensación de abandono era aterradora y al fin comprendí el dolor que había sentido Bella cuando yo le había hecho lo mismo y, aún así, ella me ofrecía su amistad a largo plazo. Era más generosa de lo que yo lo había sido aquel día.

— Bella me ha dejado por culpa de esa —la palabra murió en mis labios, a pesar de todo seguía siendo yo mismo y no podía faltarla al respeto de esa manera.

— Tiene que haber una explicación —argumentó Carlise y su mente se volvió confusa mientras sopesaba todas las probabilidades.

Hablaré con ella y… negué con la cabeza ante el pensamiento de mi madre. Era yo quien intentaría arreglar aquel problema, no quería más intervención por parte de ningún miembro de mi familia.

— Ed —Tanya se acercó a mí, parecía igual de sorprendida que el resto pero era sólo una pose, nada más.

Le entregué la arrugada carta a mi padre anulando los pensamientos que Tanya intentaba hacerme llegar, en menos de un minuto todos los presentes sabían lo que ponía, las escogidas palabras que Bella había usado para deshacerse de mí.

Tanya estaba aún más conmocionada que el resto, se arrodilló frente a mí sin darse cuenta de que la tenía justo en el lugar donde deseaba. Podía matarla y ninguno de mis hermanos serían lo suficientemente rápidos para detenerme.

— Jamás le he dicho a Bella que hemos estado juntos, sé cuanto la amas, desde el primer día en que me hablaste de ella, cuando huías de ti mismo y de lo que te hacía sentir. Nunca podría haceros eso.

En su mente vi ese momento al que se refería, cuando había desaparecido de Forks tras conocer a Bella y después pude ver la conversación que había mantenido con ella, tan distinta a lo que había estado suponiendo desde que leí aquella maldita carta.


Me escapé por un par de horas de mi obligación. Necesitaba que mi musa se callase un poco para poder seguir estudiando.

Pretendía que este capítulo fuese bastante más largo pero me ha sido imposible así que siento que siga habiendo dudas.

Gracias a mis chicas: Rosh, Chiarat, Hildiux, Cerezo, Eddie, Maleja, Darksoul, Darky, Yesiita, Lis, Tini, Soledad, Emma y Chicasaga.

Lamento no haber podido actualizar antes pero ya sabéis a veces es imposible cumplir con lo que uno quiere.

Espero leer vuestras opiniones, ya sabéis que inspiráis a mi musa. Besos.