Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer.

Capítulo 42. ¿Tú?

El cielo se oscurecía por momentos, el mundo se había dado la vuelta, esa mujer venía a por mí y sabía que no descansaría hasta acabar conmigo. Sólo me quedaba el consuelo de haber liberado a Edward de la prisión de nuestro amor, él sería feliz y yo alcanzaría la muerte.

Me levanté con precipitación y estuve a punto de caerme, estaba tan cerca de mí que podría acabar con mi vida sin que Jacob y Seth pudiesen hacer nada. Su odio parecía crecer mientras me miraba, agitó su cabeza con resignación y murmuró algo que no logré entender.

Por el rabillo del ojo, observé como mis amigos volvían a transformarse y se apresuraban a ponerse junto a mí, pero ella me dedicaba toda su atención.

Estaba dispuesta a asumir lo que iba a pasar, ya no aguantaba más tantas amenazas y agravios hacía mi persona. Me crucé de brazos y la encaré sabiendo que eso la enfurecería.

— Insignificante y tonta humana —señaló con rabia mientras Jacob y Seth se ponían entre ambas, no demostró nada cuando les vio.

— Ya dejé a Edward, estoy fuera de la vida de todos ellos así que olvídate de mí —afirmé sin pensar en mis palabras, harta de ser el blanco de todos los locos que me cruzaba en mi camino.

— Estúpida —Jacob gruñó, la situación iba a acabar muy mal. Sólo me importaba apartar del peligro a mis amigos, debía buscar una salida para ellos.

— Acabemos con esto de una vez, estoy asqueada —aseguré más alto de lo que hubiese querido—, ¿quién eres?

Me observó como si fuese retrasada.

— No fuiste capaz de descubrirlo —evitaba mirar a mis amigos como sí sola presencia le repugnase.

— Ni lo intenté —aseguré dejándome llevar por la rabia que sentía—, jamás pensé que parte de la familia Denali pudiese actuar de una manera tan deshonrosa.

Mi afirmación hizo que se callase durante un segundo, como si estuviese sopesando los actos que estaba llevando a cabo. Después agitó la cabeza, rechazando los remordimientos y afianzándose en su postura.

— Soy Irina, debiste averiguarlo por ti misma —sonrió irónica.

— ¿Por qué estás aquí? —cuestioné dispuesta a saber la verdad, ¿qué podía haberle hecho para que me odiase tanto? pensé sin apartar mi mirada de la suya—. Hice lo que me pediste, Edward y yo ya no estamos juntos.

— He intentado controlar esto, he luchado contra mi misma pero asumo mi debilidad —me confundían sus palabras pero quería respuestas.

Sólo había un motivo válido que podía intuir, ella era la que estaba con Edward y mi aparición en Alaska había roto la relación.

— ¿Edward estaba contigo? —pregunté intentando comprender la situación y se echó a reír histéricamente.

— Llevo casi cinco años combatiendo mis demonios, intentando cumplir con las enseñanzas de Eleazar pero no puedo, no voy a dejar pasar por alto la afrenta a la que fui sometida —estaba conmocionada y con cada palabra su angustia aumentaba.

El dolor apareció en sus pupilas y por un segundo sentí lastima por ella.

— No sabía que Edward

— Esto no tiene nada que ver con él —afirmó con firmeza cortando mi intervención— ni contigo.

Agité la cabeza sin comprender la situación en la que me encontraba.

— Ves por qué digo que eres tonta —Jacob dio un paso hacía ella—, mi importa muy poco que vosotros tengáis una relación, que os améis o no, que vuelvas loco a mi primo o que te convierta de una vez por todas.

— Podrías explicarte mejor —pedí molesta por tantas dudas.

— Tú aún tienes la oportunidad de amar y ser amada —observé con claridad el dolor que la embargaba—, pero a mí me lo negaron.

Enmudecí ante su última confesión, no sabía dónde encajaba yo en esa extraña ecuación pero era como si tuviese la culpa de sus heridas. Me adelanté unos pasos a pesar de que mis amigos intentaban impedírmelo.

Respiré profundo y busqué las palabras adecuadas, quería comprenderla, era la prima de Edward y por tanto parte de su familia. Veía su dolor y me identificaba con ella, había perdido a alguien a quien realmente amaba.

— ¿Cómo puedo ayudarte? —cuestioné con el corazón en la mano y ella volvió a reír haciendo que me recorriese un escalofrío de temor por todo el cuerpo.

— Sólo tenías que quedarte en casa pero veo que es cierto, no piensas como alguien normal —señaló arrastrando cada palabra.

Dirigió sus ojos hacía mis amigos y su odio se intensificó, me puse entre ellos y la distancia que me separaba de los afilados colmillos de Irina era mínima pero no permitiría aquella locura, poco a poco entendía que no era yo el objetivo si no mis amigos.

— Vete —rogué intentando parecer segura de mi misma pero fracasé por completo.

— No —susurró y volvió a mirar al lobo que era mi hermano.

— No ensucies el nombre de tu familia —le pedí intentando apelar a sus principios y su forma de vida pero ya no me prestaba atención, concentrada en su perseguida meta.

— Te di una oportunidad de no presenciar esto, he luchado demasiado contra mis deseos y tú no puedes impedírmelo —avanzó y mi corazón empezó a latir con fuerza.

Tragué saliva tratando de tranquilizarme, detrás de todo aquel rechazo tenía que encontrar la bondad de los Cullen, había conocido a Tanya, había hablado con ella y no me había parecido diferente a Edward y su familia.

Compartían la misma filosofía de vida.

— No pienso dejarte

— ¿Crees qué puedes detenerme?, apártate ya —murmuró, sí hubiese gritado no habría tenido el efecto que tuvieron sus palabras en mí—. Hoy conseguiré mi venganza.

— No permitiré que hagas esto, no hay motivo coherente en este mundo para cometer un asesinato —mi voz sonaba temblorosa pero no me moví ni un ápice de mi posición.

— Sí lo tengo pero carezco de tiempo para explicártelo, acabaré con estos chuchos estés delante o no.


Observé uno a uno los pocos recuerdos que Tanya me mostraba, habían tenido un par de conversaciones en las que Bella parecía cómoda con la compañía de mi prima, nada demasiado profundo ni interesante hasta que me detuve en el momento en el que Bella recogía sus cosas para marcharse de nuestra casa.

.

Hola —me saludó Bella intentando esbozar una sonrisa que apenas llegó a mueca.

Observé como recogía todo, cada cosa a su lugar de aquella maleta gris, quería largarse cuanto antes sin entender que estaba huyendo como lo había hecho Edward.

Esto no es lo mejor —señalé sentándome en la amplia cama que había en la habitación de mi primo.

Lo necesito.

Sabes que es una solución pasajera —sólo conseguí que se encogiese de hombros. Por un segundo pensé en dejarla en paz pero sabía que era cuestión de usar las palabras adecuadas.

Es la solución, la única que hay y que les puedo ofrecer a todos —colocó las últimas camisas en la maleta y la cerró con brío.

Ven —le pedí y ella se sentó a mi lado.

Tanya, por favor —tendría que escucharme, debía aprovechar que estábamos solas y decirle lo equivocada que estaba, el resto de los Cullen habían protestado pero ninguno había tenido la osadía de hablar con ella como era preciso.

Conozco a Edward desde hace tantos años —me detuve en segundo, escogiendo las palabras— que el día que vino a mí, cuando te conoció, no logré reconocerle. Parecía otra persona, sus ojos ya no estaban vacíos, su corazón parecía latir, su mundo se había vuelto perfecto y sentí cierta envidia por su suerte.

Me detuve, no podía contarle que yo había deseado a Edward en mi cama, eso sólo lograría que las dudas de la joven creciesen y no era mi intención. Respiré sin necesitarlo y antes de que se diera cuenta de mi silencio seguí hablando.

Cuando te dejó y regresó con su familia no era ni la sombra del hombre que había conocido —me había dolido muchísimo verle tan destruido, pero intenté suavizar la verdad—, nada parecía interesarle, procuré ayudarle al igual que el resto de la familia pero sólo había una persona capaz de sacarle de ese estado en el que vivía. Tú.

Tanya no quiero escucharlo —hizo el intento de levantarse pero la sujeté la mano.

Se equivocó una vez y lo comprendió demasiado tarde, jamás debió abandonarte. Piénsalo, Bella, vuestro amor es tan grande que ha sido capaz de soportar el tiempo y la distancia —negó con la cabeza.

Estuve cerca de volverme loca.

¿Y eso no te dice nada? —las lágrimas se agolparon en sus ojos—, indaga en tu interior y conseguirás las respuestas, sé que él te ama, si no fuese así no te dejaría marchar pero está intentando que seas tú la que decida, está siendo generoso contigo.

Lo sé —dijo y percibí todo lo que le habían afectado mis palabras, aunque sí con ello conseguía que reflexionase habría merecido la pena.

No te cierres al amor —le pedí y me despedí de ella, estaba aturdida pero esperaba que mis palabras hubiesen servido de algo.

Sólo quería lo mejor para aquellos dos testarudos.

Repasé por segunda vez el último recuerdo que atesoraba Tanya y la miré sin comprender, sí ella no era la culpable de la carta de Bella entonces quién lo era. Busqué en las mentes de mis hermanos, sopesando todas las posibilidades, deteniéndome en la de Rosalie, era la única que podía haber hecho eso pero lo descarté enseguida.

Rose había cambiado y aceptaba a Bella, sobre todo después de leer el informe médico que nos había remitido el doctor semanas antes.

— Dinos algo, Edward —Alice estaba completamente angustiada a pesar de que Jasper intentaba controlar las emociones latentes.

— Tanya no fue —murmuré y me volví hacía mi prima sin poder controlar el dolor que me inundaba—. Lo siento muchísimo.

Me levanté y le tendí mi mano a Tanya para ayudarla aunque no me necesitaba para hacerlo no la rechazó.

— Jamás podría hacerte daño —asentí comprendiendo lo injusto que había sido, no había preguntado, había dejado que la furia se apoderase de mí.

— ¿Entonces quién le metió esa idea en la cabeza a Bella? —ninguno teníamos la respuesta a la cuestión que había lanzado al aire Jasper.

Observé como pasaba su brazo por los hombros de mi hermana tranquilizándola con su presencia, tenía que encontrar a Bella, deshacer esa mentira cuanto antes.

— Llamaré a los demás —dijo Tanya buscando en su bolso el móvil.

Me acerqué a Esme que me abrazó comprensiva. Había estado a punto de defraudarles a todos, aunque allí había suficientes manos como para detenerme.

— No volverá a pasar, mamá. No podía entender que alguien de mi entorno hiciese algo así —no pude controlar la tristeza que me provocaba aquella situación.

— Tranquilo, aclararemos esto y Bella sabrá la verdad.

Me había costado meses hacerme un hueco en su vida, conseguir que reconociese sus sentimientos, recuperar su confianza y todo había desaparecido con una burda mentira, aunque pasase cien años lejos de ella nunca estaría con nadie. Era la única mujer a la que podría amar.

De todo lo que estaban pensando mi familia lo que me llamó la atención fue lo que rememoraba Alice, habían pasado la noche con los Denali, pero en esa reunión faltaba alguien y rugí anticipándome a la confirmación de Tanya.

Irina había desaparecido.


Comenzó a llover ligeramente, el cielo estaba completamente negro al igual que la determinación de aquella mujer. Nada podía hacerla cambiar de parecer pero no estaba dispuesta a que nadie hiciese daño a mis amigos.

Me crucé de brazos intentando ignorar las gotas que caían sobre mi cara. Componiendo el gesto más serio que pude y rogando porque entrase en razón.

— No voy a discutir más contigo, Irina. Nos vamos —afirmé con contundencia.

Se echó a reír con estridencia, en unos segundos estaba frente a una histérica que parecía completamente descontrolada.

— Te lo has ganado, eres muy chistosa, Bella —fruncí el ceño—. Ahora comprendo porque te tienen como mascota.

Eso era un golpe bajo, pero no permitiría que aquella mujer supiese lo que me afectaban sus palabras. Quería pasárselo bien y no lo conseguiría conmigo, no era el payaso de nadie.

— Me alegra que te diviertas, adiós —me di la vuelta pero antes de poder avanzar me sujetó y me hizo girarme.

Por primera vez deseé liberarme de aquel frío contacto que me hacía comprender la gravedad de lo que estaba pasando.

— ¿Qué harías tú si matasen a Edward? —contuve la respiración sin entender sí aquello sólo era una suposición o pretendía hacerlo—. Ellos mataron a Laurent.

Al fin comprendí, por la expresión de su cara, su silenciosa motivación. Observé el dolor de la perdida, lo conocía bien, había vivido sumida en él durante muchos años.

— Él casi me mata —murmuré pero sabía que aquello no significaría nada para ella.

— Laurent jamás haría eso, nunca, yo le conocía bien pero tú, a fin de cuentas eres la máxima responsable de todo —inhalé hondo, quería separarme de ella, alejarme de sus heladas pupilas cargadas de odio pero no podía porque no me había soltado—, has jugado con todos, como si fueras una gran dama, saltando de tu mundo al nuestro como sí te perteneciera pero todo tiene sus consecuencias.

Un relámpago iluminó la escena y pude ver sus colmillos dirigidos hacía mi cuello.

— Irina, esto no es necesario —afirmé con voz trémula y sólo conseguí que me acercase más a ella.

Observé como mis amigos se debatían entre intervenir o no, sabía lo que estaban pensando, temían lastimarme al atacar a aquella mujer. Me resigné a mi suerte sabiendo que todo estaba dicho.

— Voy a matarlos y haré lo mismo contigo, me cansé de ser considerada —se acercó a mi cuello amenazadoramente.

Cerré los ojos imaginando mi propio final, preguntándome que encontraría al otro lado, no tenía que haber sido aún, antes debía cumplir con mis objetivos pero nada de lo que pudiera decir haría que ella cambiase de opinión.

Me dispuse a terminar mi vida con la mayor dignidad posible, no le rogaría y sabía que mis amigos conseguirían salvarse de ella y quizás vengarme.


Bueno esta sería la segunda parte del capítulo cuarenta y uno pero le he dado su propio título. Sé que os dejo en suspense pero también a mi me ayuda a continuar la historia, dejando abierto el final de cada capítulo.

El próximo espero subirle el miércoles, iré preparándole en estos días. Aceptad este como un regalo, gracias a todos los que la leéis.

Gracias a mis lindas chicas: Darksoul, Cerezo, Rosh, Hildiux, Eddie, Maleja, Mariana, Tini, Lyzz, Darky, Lis, Yesiita, Emma y Alexandra. Sois fabulosas y me dais más de lo que pensé conseguir al empezar a escribir la historia.

En cuanto a Tanya, siempre me sorprende la manía que se le tiene a ese personaje, creo que es porque se la suele poner de mala en los fics pero yo no creo que lo sea. Si repasáis Sol de Medianoche veréis que se toma bastante bien el rechazo de Edward, que sea pesada, lo acepto pero mala no lo creo, al menos no dentro del canon.

Espero vuestras opiniones, comentarios y todo lo demás, mil gracias por seguir ahí. Besos.