Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer.

Capítulo 44. Calibrando mis miedos.

Quise gritar como una loca en cuanto sus ojos se posaron en los míos y entendí lo que se proponía. No era suficiente para él, su amor no era más que un suspiro del mío. Las puertas del infierno se habían abierto para mí y me decidí a traspasarlas, ya nada importaba.

Quizás el tiempo sí mataba el amor, nada sobrevivía a su paso inquebrantable. Edward de nuevo dirigía mi vida y yo ya estaba harta, el delgado hilo que ataba mi cordura estaba a punto de romperse y mi furia se desataría con rápida elocuencia.

Me mordí la lengua en cuanto acabé de hablar con las Denali, no estábamos solos. "Maldita empatía" pensé estremeciéndome, les ignoré a todos y empecé a alejarme de allí.

No escuché ni un murmullo pero sabía que estarían hablando, reprochándole su actitud a Edward pero ya poco importaba todo aquello, entendía que mi amor jamás había sido importante para ninguno de ellos.

Mis lágrimas corrían por mis mejillas con libertad amparadas por la lluvia, miré hacia el cielo deseando volatilizarme en ese mismo instante, el vacío se adueñaba de mí sin descanso ni tregua, ya no percibía ni el sonido de mi propia respiración.

Me obligué a inspirar, me estaba esforzando por no caer en el melodrama pero no podía, no me lo merecía, no entendía a Edward ni cómo funcionaba su mente. Necesitaba un abrazo con una urgencia aplastante.

Observé a Seth, requería a mi hermano conmigo, el asintió y se encaminó hacía uno de los matorrales más espesos que había. Ni Jacob ni él tenían ropa, tan sólo habían traído un cambio y ya lo habían usado. Me desaté la empapada chaqueta y se la entregué a Seth en cuanto apareció frente a mí.

Anudó la prenda a su cintura y caminó hacia mí. No pronunció ni una palabra mientras me cogía de la mano y me daba un ligero apretón. Sabía en qué estaba pensando, debía cumplir mi promesa.

— Lo haré —murmuré sin importarme atraer la atención de los Cullen. Mi hermano asintió y empecé a calmarme.

Un rugido proveniente de Edward me congeló la sangre pero me encogí de hombros. ¿Qué podía importarle mi partida? Todo se había aclarado al fin.

Me giré dispuesta a marcharme pero escuché como Jacob gruñía a mi espalda. No pude ignorarlo y me volví para observar lo que pasaba. Edward estaba a tan sólo un paso de mí dispuesto a sujetarme pero mi amigo se interponía entre los dos.

Observé el distinto grado de turbación que exhibían los rostros de su familia y resoplé un poco indignada, no quería nada de ellos y mucho menos su compasión. Mi corazón saltó ligeramente al ver la expresión atormentada en el rostro de Edward. Sentí como el calor empezaba a templar mi cuerpo pero sabía que aquello no era más que un nuevo espejismo.

— Apártate —masculló entre dientes concentrado en Jacob.

— Te pedí que nunca volvieras a hacerla daño —contestó con firmeza Seth, apreté su mano intentando que se callase pero sabía que era una batalla perdida.

Mi hermano había llegado al límite, era la persona más considerada y paciente del mundo pero la actitud de Edward le había llevado al límite.

— Hablaré con ella. Ahora —murmuró y me alarmé al intuir lo que se podía llegar a desatar si me negaba a conversar con él, pero no podía, no tenía la fuerza necesaria para enfrentarme a Edward aún.

— Tuviste todas las oportunidades posibles, Edward —afirmó en un tono autoritario que desconocía en él—. Llegué a pensar que eras una buena opción para ella e intercedí por ti, enfrentándome a mi propia familia.

Su última afirmación hizo que mirase a mi hermano sin poder pronunciar ni una sola palabra, nunca había reflexionado acerca de que la postura de Seth podría acarrearle problemas con el resto de la manada, él jamás me lo había comentado.

— Pero ahora comprendo que me equivoqué —continuó hablando ante el silencio de Edward—, no la mereces, mi hermana te ama hasta las últimas consecuencias, te seguiría al fin del mundo y tú lo único que la ofreces es un amor de quita y pon. Definitivamente no eres digno de ella.

Observé como la ira renacía en los dorados ojos de Edward, apretó los puños y la mandíbula controlando su arrebato. Intenté colocarme frente a Seth pero este me hizo quedarme donde estaba.

— No te permito que vuelvas a buscarla —agregó a pesar de que Edward estaba muy cerca de él—, yo mismo lo impediré y no me temblará el pulso al hacerlo.

— Bella —me llamó y se me formó un nudo en la garganta que me impedía hablar.

Negué con la cabeza y retrocedí un par de pasos hacia atrás, no quería mirarle, no deseaba más intentos, no merecía la pena.

— Mírame —me pidió, se repetía la historia y esta vez era yo la que rehusaba cualquier contacto con él.

— No pareces comprenderlo —aseguró Seth.

— No te metas en esto, muchacho —cada sílaba estaba impregnada de ira.

— No te tengo miedo, Cullen.

— No es lo que pretendo, sólo quiero explicarme. Escúchame, Bella —me pidió—. Tú eres la más generosa de los dos —su tono había bajado tornándose en un leve arrullo que acunaba mi sangrante corazón—, capaz de soportar mis fantasmas, de aceptarme tal como soy. Hace un momento temía mirarte

Se detuvo y tuve que aguantar un sollozo que amenazaba por salir de mi garganta. Quería creerle, pero no podía, no me dejaría llevar por el tonto romanticismo de nuevo.

— Te amo —susurró sin importarle que todos estuvieran pendientes de sus palabras—, no quería enfrentarme a tu desprecio porque me descontrolé y lo siento.

— No eres perfecto —murmuré sin mirarle.

— Soy un monstruo —sollocé sin poder evitarlo, después de tanto tiempo aún no entendía que yo le amaba y aceptaba lo que era.

— No, Edward —señalé en el mismo tono.

— He estado a punto de matar a mi prima por un error de ella y

— ¿Cómo puedes comprender los fallos de los demás pero no los tuyos? —pregunté con furia y dirigí mi mirada hacía él.

Estaba vulnerable, dispuesto a todo porque yo lograse entenderle pero era él quien ni siquiera era capaz de aceptarse.

— No lo sé —dijo después de varios minutos en los que no rompí nuestro contacto visual.

— Yo sí, eres lo que eres, fallas y tropiezas como los demás pero aún así te queremos —señalé sin poder confesarle otra vez que le amaba.

— Acompáñame —me pidió y me encogí ante el anhelo que se refugiaba en cada sílaba.

— Necesito estar sola —contesté, recaería en el momento en que pusiese su mano sobre la mía.

— Sólo será un momento —me rogó y me mordí el labio para no pronunciar un trémulo sí.

El silencio nos invadió mientras la tensión crecía, todos expectantes ante mi respuesta, casi podía ver como analizaban cada posibilidad, no aguantaba más el escrutinio al que estaba siendo sometida, mis dedos se crisparon alrededor de la mano de Seth buscando algo que me hiciese reafirmarme en mi postura.

No podía caer, no debía hacerlo pero el apartarme de Edward y dejarle tal y como estaba tampoco era buena idea.


Mi mente buscaba la manera de convencerla, quería estrecharla en mis brazos y pedirla perdón por lo que acababa de hacer. Con una fugaz idea había estropeado todos los meses que llevábamos juntos.

No podría perdóname mi error sí ella no quería hablar conmigo, las mentes de mis hermanos me atormentaban en diferente medida pero no las bloquee, sus palabras eran como latigazos que restañaban en mi alma, recordándome mis disparates pasados.

En el aire planeaba la duda de lo que Bella decidiría después de mi petición, si no fuera porque no deseaba complicar las cosas apartaría de mi camino a ese par de chuchos y me la llevaría lejos de allí.

Contéstame la pedí en mi mente mientras la miraba con ansiedad. Soltó a Seth y se adelantó un par de pasos hacia mí.

— ¿Me has amado alguna vez, Edward? —me preguntó y sentí como una estaca atravesaba mi inerte corazón.

— Nunca he dejado de hacerlo —aseguré con cierta ira.

— Jamás te podré comprender, tú manera de pensar es

— No puedo cambiar, son demasiado años —la interrumpí deseando saber hacia dónde nos llevaban aquellas afirmaciones.

— En realidad no quieres hacerlo —susurró airada.

— Bella, entiendo que estés enfadada, acabo de comportarme como un

— Estoy decepcionada, Edward —se paró midiendo las palabras—, tanto que no creo que pueda perdonarte de nuevo.

— ¿Necesitas que me arrodille ante ti? —no contestó—, lo haré, una y mil veces sí es necesario, tan sólo dime como lo arreglo y no pararé hasta que lo haya conseguido.

Sus ojos me taladraron mientras hablaba y su silencio se tornó insoportable mientras esperaba mi veredicto.

— Esta vez no hay remiendo posible. Mi corazón ya no puede recomponerse más —a pesar de sus palabras sus ojos la contradecían, podía vislumbrar el brillo que la caracterizaba.

— Mientes —señalé sin pensar y me volví hacia Jasper que comprendió mi muda petición.

"Está fatal, al borde de desgarrarse" me contestó mi hermano en su mente y di un paso hacía ella pero levantó la mano para detenerme.

— Me marcharé mañana mismo, Edward —afirmó con voz temblorosa.

— No te lo permito —Seth tosió detrás de Bella y le fulminé con la mirada, nadie se interpondría entre nosotros.

— No puedes impedírmelo —levanté una ceja ante su seguridad, dejaría de ser un caballero sí con eso conseguía que ella estuviese conmigo el tiempo necesario para que lograse su perdón.

"Le perturba tu cercanía" me informó Jasper aunque su corazón había empezado a acelerarse al tenerme junto a ella, evidenciando que todo lo que estaba pasando no era más que una forma de protegerse de mí.

— Lo podemos hacer de dos maneras, vienes conmigo o

— No —aseguró y la tomé por la cintura sin que su hermano pudiese impedírmelo.

— Tienes que secarte, Bella. Estás empapada y vas a enfermar —agregue con dulzura y percibí como se recostaba ligeramente sobre mí.

— Por eso quiero irme a casa ahora —su aliento me rozó e inspiré profundo sabiendo que estaba cediendo poco a poco.

— Iremos a mi casa.

— Cullen, suéltala —Seth temblaba y coloqué a Bella a mi espalda.

Me había olvidado de sus inestables amigos, Jacob me insultaba mientras que Seth parecía dispuesto a acabar conmigo.

— Seth, tú apostaste por nosotros y te aseguro que mi amor hacía Bella es más fuerte que cualquier otra cosa —no le convencí.

— Ella está demasiado vulnerable, la llevaré a casa y quizás mañana podáis hablar —se adelantó unos pasos.

— ¿Olvidas mi don? —pregunté con sorna—, sé la promesa que ella te hizo pero no lo acepto.

— No te incumbe —afirmó y se adelantó para sacar a Bella de detrás de mí pero le agarré el brazo—. Pésima elección, Cullen.

Nos miramos desafiando al otro, mi Bella no sería manipulada por ninguno de sus amigos. Debía conseguir su perdón.

— Esto ya es demasiado —murmuró y ambos nos giramos a mirarla—. No me marcho con ninguno de los dos, no soy una moneda de cambio que espera al mejor postor.

Se secó el agua que cubría su rostro, en algún momento había parado de llover pero Bella debía estar helada. No me tenía que haber enzarzado en aquella absurda discusión que no conducía a ningún sitio.

— Sois como niños —se encogió de hombros y se dio la vuelta—, si alguno intenta detenerme os aseguro que no sujetaré más mi lengua.

Miro el oscuro camino, no sabía hacía dónde tenía que caminar.

— ¿Jacob, puedes ir delante? —era la única persona que no podía hablar en ese momento.

El licántropo pasó frente a ella no sin antes otorgarme un nuevo repaso a todos los insultos que había en el diccionario y le indicó el camino a su amiga.


Suspiré mientras colocaba las últimas prendas en mi maleta, todo había llegado al final, se me antojaba complicado cerrar aquel capítulo de mi vida. Era mi historia, el amor que se escapaba entre mis dedos, era como una macabra jugada del destino.

Me senté en la cama recordando el momento exacto en el que había llegado a mi coche, como me había negado a escucharle más, ni siquiera había sido capaz de despedirme de ninguno de ellos y cuando pensé que él me detendría, debió de observar algo en mí que le hizo desistir en su empeño.

Me había dejado marchar y no sabía cómo me sentía, noté el salitre de mis lágrimas en mis labios, había perdido la cuenta de las veces que me había roto la noche anterior. Seth se había mantenido a mi lado, sereno y callado esperando para socorrerme en el segundo en el que se lo pidiera, pero no lo hice. Lloré y lloré en mi soledad.

Me regodeé en mi pena, escuché pasos en el pasillo pero no me giré para ver quién era, no podía, no quería, los pensamientos más oscuros eran lo único que me acompañaría en aquella nueva vuelta de tuerca que había sufrido mi vida.

Me sequé con furia las lágrimas, no debía seguir compadeciéndome, salté de la cama y fui hasta el armario para coger las últimas prendas que quedaban en él. Antes de que pudiera sacarlas de allí una helada mano cogió la mía.

Me temblaron las rodillas al percatarme del olor de la persona que estaba tras la puerta del armario, la cerré lentamente y vi ante mí a la única persona que tenía el poder de calmarme.

Me estrechó contra su cuerpo y susurró mi nana contra mi oído.

— ¿Qué haces aquí? —pregunté cuando pude controlar las emociones que me embargaban.

— Jacob me llamó —me separé de él sin comprender sus palabras, Jake jamás recurriría a él.

— No es cierto —murmuré y apoyó su mano sobre mi mejilla.

— Lo hizo, el amor le ha cambiado, no quiere verte así —asentí deseando que no se separase de mí, necesitaba su fuerza para dejarle.

— Edward —apoyó sus dedos en mis labios.

— Cada día que estoy contigo derrumbas todas mis convicciones, cambias mi mundo y a veces siento miedo de no cumplir con tus expectativas —di un paso hacia atrás—. Quiero ser perfecto para ti porque tú eres la mujer con la que quiero pasar la eternidad.

— Yo

— Eres mi universo y ayer estaba aterrado ante la perspectiva de perderte de nuevo. No me pidas que me aleje, no te vayas, déjame amarte como mereces —me derretí ante sus palabras, sería tan gratificante acabar con tanto sufrimiento.

— No tengo nada para ofrecerte —dije sintiéndome incompleta ante él.

— Sólo ámame porque es lo único que necesito —me acercó a él de nuevo y cuando estaba a punto de besarme su móvil sonó con estridencia.

Masculló entre dientes algo que no pude descifrar pero al ver quién le llamaba, su mirada se ensombreció, apenas estuvo hablando un par de minutos pero su ceño iba profundizándose ante lo que escuchaba.

Colgó y me miró con preocupación, sabía lo que aquello significaba, había estado esperando aquello desde que Alice había empezado a comportarse de forma distinta a lo normal.

— Tengo que marcharme —murmuró posando un beso en mi frente.

— ¿Ocurre algo? —pregunté con ansiedad. No me engañes pensé mientras él sopesaba lo que quería contarme.

— Alice ha tenido una visión —dijo al fin después de lo que me pareció una eternidad.

— ¿Qué clase de visión? —cuestioné decidida a conocer la verdad.

— Nada de importancia.

Se marchaba y yo tenía que impedirlo.

— Entonces voy contigo —se giró hacia mí, en su rostro podía leer la indecisión que lo embargaba—, sí no es nada sustancial puedo estar con vosotros, tengo que disculparme por lo que pasó ayer —el estómago se me iba contrayendo con cada palabra—. Por favor.

Ya no tenía palabras para regalarle, observé como su determinación cedía al fin, bajó su boca hacía la mía y rozó mis labios con lentitud. Apenas duró un suspiro pero hizo que mi corazón se desbocase.

— Vamos —dijo sujetándome de la mano.

— Dame unos minutos, tengo que arreglarme —si le pareció extraña mi petición no lo manifestó.

Salió de mi cuarto y me apresuré a cerrar la puerta tras él. Me agaché junto a la cama y levanté el edredón buscando con mi mano la pequeña caja que había guardado allí.

Estaba dispuesta a saber la verdad y colocaría el pequeño micrófono debajo de la mesa que usaban para las reuniones.

Me despedí de Jacob que a pesar de haber llamado a Edward no parecía demasiado contento con mi decisión de ir a visitar a los Cullen, le aseguré que volvería pronto y le pedí que hablase con Seth.

Edward estaba tenso, mientras conducía hacía su casa me lanzaba miradas cargadas de significado, se había visto en la obligación de llevarme para que yo no desconfiase de él. Yo sabía que intentaban dejarme al margen y el problema tenía un nombre: Los Vulturi.

Aparcamos y para mi sorpresa me hizo entrar en su casa desde la puerta de la cocina, anunció nuestra llegada con un tono de voz más alto de lo acostumbrado y los murmullos que llegaban desde el salón se detuvieron.

Me condujo hasta su habitación y no hice ni un comentario.

— Será un momento y luego podremos seguir hablando.

Salió de la sala sin que pudiera decir nada para hacerle cambiar de opinión. La furia amenazó con ahogarme ante un nuevo desplante de su parte, tenía derecho a saber lo qué estaba pasando y cuándo iba a ocurrir. Era absurdo intentar bajar las escaleras, me oirían y dejarían de hablar antes de que pudiera escuchar nada.

Me senté en el sofá, era tan tonta que había creído que él me diría la verdad pero seguía subestimándome. No tenía palabras para describir la sensación que me producía aquella actitud, tenía un cúmulo de sentimientos encontrados que hacían que mi corazón se acelerase cuando lo analizaba.

Antes de que pudiera desbordarme se abrió la puerta y apareció Alice con un vestido verde oscuro y una sonrisa forzada en su rostro.

— Hoy no te libras —aseguró—, tenemos un montón de cosas que celebrar y vamos a hacerlo.

Me resigné a sobrevivir a su juego mientras pensaba en el pequeño micrófono que tenía en mi bolso y que necesitaba colocar sin que se diesen cuenta.


Lo primero, ya me liberé de los exámenes hasta mediados de junio. Lamento la espera pero ha sido necesaria.

Gracias a mis chicas: Cerezo, Rosh, Chiarat, Darksoul, Soledad, Eddie, Darky, Lis, Maleja, Alexandra, Yesiita, Mariana, Chicasag, Tini, Emma y Maru. Gracias por otorgarme un simple minuto para comentar.

Espero vuestras opiniones y demás. Besos.