Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer.
Capítulo 45. Simplemente lo acepto.
Se arremolinaban ante mí las negras figuras que anunciaban la muerte de todos mis seres queridos. Traté de gritar pero no pude, mi voz había desaparecido mientras observaba la macabra escena.
Dos Vulturi sujetaban a Edward por los brazos mientras un tercero le sentenciaba a la más horrible de las muertes. La hoguera crepitaba en una orilla mientras la Parca jugaba con cada uno de los presentes.
Nadie podía intervenir, estábamos a un paso del final. Observé como sujetaban la cabeza de Edward y cerré los ojos con fuerza, incapaz de presenciar aquello.
Abrí los ojos lentamente, silenciosas lágrimas corrían por mi mejilla pero ya parecía haberme acostumbrado a mis pesadillas. Miré a mí alrededor pero Edward no estaba conmigo, me senté en la cama y escuché un leve murmullo procedente del pasillo.
Agudicé el oído, esforzándome por captar alguna palabra que pudiera indicarme cuál había sido la visión de Alice.
Apenas respiré, cerré los ojos con fuerza y dirigí toda mi atención hacía la puerta como si de esa manera pudiera llegar a saber algo.
— ¿Cuándo? —me pareció escuchar preguntar a Edward.
— Dos días —reconocí la melodiosa voz de Alice, no podía estar segura de haber oído aquello.
Me estremecí ante la preocupación que recargaban las palabras de mi amiga. Quería más información pero no pude oír nada más.
Mi mente empezó a pensar en la manera fácil de llegar hasta el salón de aquella casa y colocar el dichoso micrófono, me parecía la tarea más imposible a la que me había enfrentado nunca, eran muchos oídos los que esquivar y todos parecían pendientes de hasta el último de mis suspiros.
La puerta de la habitación se abrió y por un segundo la luz de la luna iluminó la preocupación que exhibía el rostro de Edward. En cuanto posó sus ojos en los míos su semblante cambió pero no podía engañarme, le conocía bien.
Se acercó a mí, se sentó en la amplia cama y me estrechó contra su pecho.
— Nunca quise hacerte daño —murmuró tan bajo que tuve que esforzarme por entender lo que me decía.
— Ha sido mutuo —contesté sintiéndome fatal por todos aquellos meses, mi orgullo había vencido frente a mi amor por él.
— Sabes que te amo, Bella —lo había dudado tantas veces que me costaba creérmelo del todo.
— Edward —me alcé apoyándome en su pecho—, demuéstramelo —le pedí sin poder preguntar directamente lo que quería saber.
Me acarició la mejilla y dirigió sus dorados ojos hacia mi boca pero antes de que pudiera besarme apoyé mis dedos en sus labios.
Esperé pero él se mantuvo obstinadamente callado, calibrando una respuesta que no estaba dispuesto a regalarme. Vamos, Edward, confía en mí pensé sin poder pedírselo en voz alta.
El silencio oprimió mi corazón y empecé a percibir como la angustia se apoderaba de mí por momentos.
Soy fuerte quise gritar pero las palabras fallecieron en mi garganta antes de ser pronunciadas, era la última oportunidad, el único vestigio que quedaba para rendirme al amor aferrada a su mano.
Su mutismo enervó la furia que comenzaba a crecer en mi interior, nunca cambiaría, para él siempre sería la pobre tonta a la que proteger.
— Te amo —susurró y me mordí el labio para no gritar, me levanté de la cama y fui hasta la ventana, sin querer mirarle.
— ¿Pero? —pregunté dispuesta a recibir la estocada final.
— Debes regresar a Forks.
El infierno se congeló en ese mismo instante, noté como mi cuerpo temblaba y escuché como se levantaba de la cama pero no se atrevió a acercarse a mí.
— No estoy acabando con lo nuestro —me aseguró.
Por primera vez en años conseguí no llorar, estaba orgullosa de mí misma. La historia retornaba a su inicio, con la diferencia de que no volvería a hacerme falsas ilusiones con respecto a su regreso.
Me giré y le observé intentando no sentir nada. Sus palabras carecían de sentido, su amor era una simple baratija que no deseaba comprar. Me crucé de brazos preparada para sus falsas explicaciones, había encontrado al fin la manera de librarse de la pobre ilusa que era yo.
— Necesitas alejarte de todo esto, descansar, volver a la normalidad —me clavé las uñas para no responder.
Aguardó mi contestación pero no la obtuvo. No le daría la satisfacción de rogarle que no me abandonase, actuaría con dignidad y decoro, me comportaría con madurez aunque estuviese al borde mis fuerzas.
— ¿Ya lo has dispuesto todo? —sabía la respuesta pero deseaba escucharla de sus labios.
— Tienes un billete de avión para mañana por la tarde —resoplé y el avanzó unos pasos hacia mí situándose tan cerca que nuestros alientos se entrelazaban.
Me mantuve impasible ante su presencia, me mordí la lengua hasta que percibí el regusto de la sangre en mi boca.
— Iré a Forks en cuanto pueda y te lo explicaré todo —aseguró. No quiero tus motivos replicó mi mente pero me negué a afirmarlo en voz alta.
— Bien —murmuré apartándome de él y dándole la espalda, no quería ver como me mentía a la cara.
— Concédeme el beneficio de la duda —me pidió percibiendo el malestar que se apoderaba de mí.
No me da la gana pensé mientras intentaba razonar una réplica más adecuada.
— Simplemente lo acepto —señalé en el tono de voz más neutral que pude utilizar.
— Esto va más allá de
— Tú decides y yo acato, no es eso lo que ansiabas —me giré dispuesta a soltar toda la rabia que crecía en mi interior.
No podía hacerlo, a pesar de todo era incapaz de herirle, aunque las palabras se agolpara en mi mente dispuestas a surgir ante la menor provocación.
— Bella, es por tu bien. Sé que estás enferma, leí tus análisis —lo habían conseguido y me sentía ultrajada, engañada y profundamente herida por su actitud.
— ¿Por qué? —cuestioné dolida.
— No podía seguir en la inopia, necesitaba saberlo y hubiese deseado que fueras tú quien me lo contase —me reprochó y tragué saliva—, sé que dependes de la medicación que tomas y que si llevas una vida tranquila no hay ningún problema pero
— ¿Por eso decidiste convertirme? —interrogué con miedo, no quería saberlo pero lo necesitaba, era una extraña sensación que amenazaba con desbordarme.
— Lo decidí antes, no lo hemos sabido hasta hace poco —no me engañaba pero aún así tenía la sensación de haber sido utilizada en una estrategia.
Al menos no sabía la verdad completamente, por suerte había cambiado de médico antes de que el primero descubriese la magnitud de mi enfermedad. No había cura posible, mi corazón no podía sanarse con simple medicación y no estaba dispuesta a someterme a ningún trasplante.
Estaba condenada, en Chicago había sufrido una leve recaída que reveló lo que mi médico de Forks tanto había temido, mi corazón no bombeaba con facilidad y mes tras mes iría haciéndolo cada vez menos hasta que se parase.
Habían calculado que me quedaban un par de años y estos estaban a punto de expirar.
— Lo acepto, Edward —agregue tratando de parecer aliviada por marcharme.
— Sólo es un hasta luego, cariño.
Permití que me abrazase, sería la última vez que lo hiciese y me perdí en su aroma, recordando lo que habíamos luchado por nuestro amor, comprendiendo que nunca había sido posible.
.
La casa estaba tranquila. Rose, Emmett, Alice y Jasper habían salido a cazar, todo parecía normal. Escuché como Edward hablaba con Carlisle y Esme en el despacho. Salí de la cocina sujetando con fuerza la taza de café que acababa de prepararme, en el bolsillo de mi vaquero el minúsculo micrófono presionaba mi muslo recordándome lo que debía hacer.
Caminé con paso firme hacía el salón de los Cullen, cuando entraba allí era como si diese un salto al pasado, se parecía tanto a la casa que tenía en Forks que sentía que el tiempo jamás había transcurrido, como sí esos años no hubiesen formado parte de la realidad.
Me senté en una de las sillas dispuestas alrededor de la mesa de reunión, llevé mi mano hacía mi bolsillo y saqué el emisor, miré a mi alrededor tratando de no hacer ningún ruido que pudiera delatarme.
Mi corazón se iba acelerando con cada paso que daba en el plan trazado, coloqué con sumo cuidado el adhesivo, volví a comprobar que no había nadie allí y me deslicé por la silla hasta que mis rodillas tocaron la suave alfombra beige.
Un segundo después de salir de debajo de la mesa apareció Edward junto con Esme. Me costó corresponder a sus sonrisas pero me esforcé todo lo que pude en parecer tranquila.
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El aeropuerto de Alaska se levantó frente a mí hacía las tres de la tarde, Edward acarreaba mis maletas seguido por Jacob y Seth, mi hermano estaba contento sin embargo Jake me miraba atónito ante mi parsimonia.
Edward se apresuró a facturar las maletas y me empujó hacía la zona de embarque, mis amigos traspasaron los controles de seguridad sin despedirse de él pero no pareció importarle.
Me cogió por la cintura y me dio un beso que pretendía ser apasionado pero que chocó contra mi frialdad. Me separé de él con gesto compungido.
— Me gustaría acompañarte pero no puedo —murmuró con sinceridad.
— No te preocupes —respondí sumisa, él parecía encantado de no tener que enfrentarse a mi terquedad.
— Unos días y estaremos juntos, prométeme que me escucharás cuando vuelva a tu lado —me rogó con la voz rota.
— Por supuesto, Edward —me tragué el orgullo, la rabia y el dolor, me puse de puntillas y le besé con todas mis fuerzas.
Cuando nos separamos sonrió ante mi muestra de amor y me empujó hacía el detector de metales.
Había sido necesario apartar a Bella de todo, no podía exponerla a la visita. Regresé a mi Volvo y me senté frente al volante, estaba furioso, había rozado la felicidad durante unos segundos y me había sido arrebatada de la manera más cruel posible.
Llegué a casa con rapidez y me paré en el vano de la puerta del salón donde estaba reunida toda la familia junto con Garrett y los Denali.
— ¿Se marchó? —asentí ante la pregunta de Alice sin poder evitar que el dolor se volviera más latente de sólo pensar en que ya no estaba junto a mí.
— ¿Qué habéis descubierto? —pregunté con impaciencia.
— Llevan días rondando por aquí, incluso encontramos un rastro cerca de la casa de Bella —apreté la mandíbula ante las palabras de Jasper.
— ¿Cómo hemos podido estar tan ciegos? —cuestioné mirando acusadoramente a Alice.
— Son demasiadas cosas, Edward —contestó Carlisle mirándome con censura.
La certeza de que Bella ya no estaba cerca me volvía irracional. Mi hermana había estado sometida a una presión inaguantable desde que Bella había aparecido, había intentado forzar más de una vez sus visiones sin éxito y eso la estaba llevando a estar muy insegura de si misma.
Me disculpé con ella, cuando todo pasase la compensaría por lo mal que la había tratado aquellos meses. Tanto ella como Jasper me habían obsequiado con una paciencia infinita ante mis arranques, quería volver a ser yo mismo, pero sobre todo deseaba regresar al lado de mi amor.
Me apoyé en la pared mientras Garrett volvía a contarnos lo que había averiguado, los Vulturi llevaban tiempo buscándonos, habían mandado a sus rastreadores detrás de nosotros y ya nos tenían donde querían.
No parecía una visita de cortesía, la visión de Alice se repitió en mi mente alejándome de la conversación que se estaba manteniendo. En ella Bella acababa muerta a manos de Jane sin que ninguno pudiéramos impedirlo.
Aún no comprendía cómo habían sabido de su existencia, alguien tenía que haberles hablado de ella pero por mucho que buscaba en las mentes de mis familiares no encontraba nada. Irina pensé y casi rugí ante la posibilidad. La rubia no estaba allí, estaba demasiado afectada por lo que había pasado pero bien podía tener la culpa de la visita que estábamos a punto de tener.
Sopesé la idea y cada vez me pareció más factible, era la única capaz de hacer eso, ella había mentido a Bella pero lo único que no cuadraba era el tiempo que los Vulturi llevaban buscándonos.
Resoplé asqueado conmigo mismo, me sentía inútil y lo que me mantenía en mi postura era el hecho de que Bella ya no estaba en peligro.
"Lo lograremos" me dijo Emmett en su mente y me paré a mirarle. No me gustaba observar la fría determinación que enmarcaba su rostro, estaba dispuesto a enfrentarse a quien fuera con tal de salvar a su hermana, asentí ante sus palabras.
"Mira en qué situación nos ha dejado tu inconsciencia" esta vez fue Rosalie la que se dirigió a mí, tenía tanta razón pero no había manera de dar marcha atrás e impedir que me enamorase de Bella.
— Lo siento —señalé sin emitir sonido para no interrumpir la conversación.
— Sí hubieses hecho caso a lo que todos te decían, Bella sería una de los nuestros —enmudecí ante su silenciosa réplica. Nunca hubiese pensado que mi hermana apoyase la transformación de Bella. Me encogí de hombros sin saber que contestar.
— Todo saldrá bien —intervino Emmett mirando con seriedad a su esposa.
— Eso espero, no actúes por tu cuenta —me ordenó Rose y bufé atrayendo la atención de los demás.
— Es mi problema —afirmé sin preocuparme en que los demás me oyesen.
— Ahí te equivocas somos una familia —Rosalie se levantó irritada con mi cabezonería— y actuaremos como tal.
— No voy a permitir que os pase nada —mascullé entre dientes.
— Esta conversación es absurda —aseguró Emmett—, no puedes librarte de nosotros y no me privarás de la diversión —bromeó aunque su gesto seguía estando sombrío.
— Fallida estrategia, hermano —concluyó Jasper que también se había levantado.
Estaba solo ante mi idea y ninguno de ellos iba a ponérmelo fácil, me concentré en mi plan de huída pero una nueva visión de mi hermana desvió mi concentración.
— Están aquí —murmuró Alice, observé como todos los demás entraban en estado de alerta.
— ¿Cuántos? —preguntó Esme rogando por sus hijos en su mente.
— Uno —contestó con voz trémula.
Jasper y Emmett se apresuraron a salir al encuentro de aquel ser. Les seguí percibiendo el rastro de aquel vampiro desconocido. Dos segundos después teníamos nuestra respuesta, nos citaban al lugar de la visión de Alice esa misma noche.
Regresamos a casa y mi familia pasó la tarde buscando la manera de solucionar aquello, sólo había una, me entregaría a los Vulturi y salvaría a Bella y a todos a los que quería.
El paraíso se había abierto ante mí durante un breve periodo de tiempo, comprendía que nunca había sido merecedor de aquello, mi destino siempre había sido estar solo y cuando me había empeñado en jugar con él había arriesgado en el proceso a los que me rodeaban.
Los Cullen junto a los Denali habían acudido al encuentro de los Vulturi, no podían obviar una petición pero sabían que aquello podía ser el rápido camino hacia una muerte segura.
Las túnicas negras se arremolinaron alrededor de ellos y en menos de un segundo quedaron a su merced. Eran un gran número de vampiros en comparación con las dos familias.
Marcus apareció desde uno de los laterales de aquel viejo almacén en ruinas, las paredes eran escombros que dejaban observar todo lo que sucedía en el exterior, el tejado se había desprendido en muchas zonas y se podía ver el cielo estrellado que parecía burlarse de la suerte de los Cullen.
El Vulturi observó la escena y dio la muda orden de soltar al que una vez consideró su hermano, no estaba de acuerdo con la orden expresa de Aro pero debía cumplirla, eran las normas pero estaba cansado de estar sujeto al capricho de su líder.
Jane y Alec se pusieron a su lado mientras Felix prendía fuego a la pira funeraria que habían dispuesto antes de que los Cullen llegaran.
— Sólo cumplo órdenes —aseguró el hombre mirando a Carlisle con un imperceptible gesto de disculpa en su cara.
— Era innecesario tanto despliegue, Marcus —el patriarca de los Cullen se adelantó a pesar de las peticiones de su familia.
— Hermano ¿cómo has podido errar en algo como esto? —Marcus estaba compungido aunque su rostro no reflejaba nada más que hastío.
— El secreto no ha sido desvelado masivamente —aseguró Carlisle intentando convencerle—, hay una razón de peso para que
— ¿Una humana? —bufó Jane con voz estridente pero Marcus levantó su mano con gesto autoritario deteniendo su estallido.
— Sabes las leyes que nos rigen —apuntó arrastrando las palabras— y el castigo que conlleva su infracción.
El silencio se instaló entre ellos. Nada de lo que pudiera decir Carlisle haría cambiar el veredicto, los Vulturi no daban segundas oportunidades.
Edward se adelantó zafándose del agarre de Cori, uno de los guardias que había acompañado a Marcus.
— Yo cometí el error —señaló con furia situándose junto a su padre.
— Entonces pagarás por él.
Felix y Demetri se adelantaron, sujetaron a Edward por los brazos, sabiendo lo que tenían que hacer, dispuestos a hacer prevalecer las leyes por encima de cualquier otra cosa.
Edward se volvió hacía Alice, rogándole con la mirada que cumpliese con la promesa que le había arrancado antes de ir hasta allí, era la única que había sabido las intenciones de Edward pero no había logrado convencerle de que no lo hiciera.
Alice asintió con dificultad y Edward se dejó arrastrar hacía la hoguera mientras Carlisle intentaba razonar con Marcus. Ed escuchó el leve sollozo de su madre, sintió el calor del fuego contra su marmórea piel y esbozó en su mente el perfecto rostro de su Bella, su sacrificio la salvaría al igual que a los demás.
Ella lo superara, con el tiempo sus heridas se cerrarán y alcanzará la felicidad que se merece pensó mientras se despedía de ella en su cabeza y las llamas estaban a punto de rozarle.
Siento dejaros así, pero se me acabó el tiempo. Alguna teoría.
Gracias a mis chicas: Rosh, Soledad, Cerezo, Maleja, Yesiita, Emma, Alexandra, Mary, Lis y Chicasag. Sois fabulosas.
Gracias a los que seguís leyendo. Espero vuestras opiniones, objeciones y algún tirón de oreja. Besos.
