Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer.

Capítulo 46. Marcus.

Los Cullen no podían creer el momento que estaban viviendo, a pesar de la visión de Alice habían esperado poder convencer a los Vulturi de que no habían infringido un delito tan grave.

Edward estaba a un paso de morir, las llamas estaban a punto de rozar su piel, miró por última vez a su familia despidiéndose de ellos en muda rendición. Al fin sabría que había detrás de la existencia que había llevado, comprobaría su teoría o maldeciría el día en que no escuchó las sabias palabras de su padre.

Alice se revolvió contra el brazo que la sujetaba pero antes de que pudiera correr hacia Edward uno de los guardias la sujetó por el cuello y la alzó apretándola con fuerza. Jasper soltó un derechazo hacia el que le sujetaba tirándole al suelo pero otro de los guardias le sujetó por la espalda.

Los Vulturi eran más numerosos y mejor organizados, estaban dispuestos a acabar con la inexistente amenaza. Jane miró hacía Esme, era la que más estaba colaborando pero la estrecha relación que mantenía con cada uno de ellos era suficiente para paralizarles.

La rubia dirigió su poder hacía Esme que la miró desafiante, dispuesta a aguantar el dolor al que iban a someterle.

La mujer sintió el calor que empezó a correr por su cuerpo y en menos de un segundo el dolor se hizo insoportable pero se mantuvo impasible, aguantando las invisibles dagas que la atravesaban. Estaba tan herida por lo que le iba a pasar a su hijo que poco la importaba que aquella muchachita indolente acabase con ella.

Iba a perder a su hijo predilecto, se sintió como el día en que se había arrojado por aquel precipicio, tenía el mismo vacío en su interior, su Edward estaba a un paso de la muerte y ella no deseaba seguir adelante sin él.,

Jane frustrada por su silenciosa resistencia, entrecerró los ojos concentrándose con más inquina, intensificando su poder al máximo hasta que Esme tuvo que ceder, cayó al suelo retorciéndose de dolor pero sin emitir sonido alguno.

Carlisle se giró angustiado hacia su mujer y después le pidió a Marcus, en una lengua desconocida por todos los presentes, que parase aquella locura

Emmett al ver a su madre en tierra golpeó a Demetri con fuerza y antes de que Marcus pudiera dar ningún tipo de orden, agarró el brazo del Vulturi y se lo arrancó. Se dirigió hacia Jane con la intención de acabar con ella, odiando a la infantil muchacha, jamás se había enfrentado a un sentimiento como aquel pero nadie iba a hacer daño a su familia mientras él siguiera en pie.

Alice emitió un leve quejido ante la fuerza con la que la estaban sujetando, un simple tirón hacía arriba y su cabeza se desprendería del cuerpo.

Marcus dio la orden de alto pero ninguno se detuvo, Rosalie se zafó del que la agarraba y se agachó junto a Esme que aún no se había recuperado de la agresión de Jane. Abrazó a su madre con lágrimas sin derramar, sintiéndose culpable por aquel desastre, debía haber ayudado un poco más se repetía en su mente mientras sujetaba a Esme.

— ¡Basta! —la escena se paralizó ante el leve murmullo.

La figura vestida de negro se adelantó hasta que luna llena iluminó su rostro. La mujer vio como los vampiros se enervaban ante su presencia, Jasper y Seth la flanqueaban con el rostro tan serio que impresionaban más que sí estuviesen convertidos en lobos.

Bella observó a los Cullen que estaban en situaciones complicadas y después dirigió la mirada más fría que pudo hacía el Vulturi que estaba al mando.

— No hay motivo para diezmar un clan que nunca hizo nada —afirmó con resolución.

— La famosa Bella Swan —Jane se giró hacia ella sin ocultar el asco que la tenía.

— La misma, Jane —la rubia enmudeció.

Se adelantó unos pasos a pesar de que Seth intentó sujetarla.

— Ellos nunca me dijeron nada —agregó a escasos pasos del primer grupo de vampiros—, en cuanto empecé a hacer averiguaciones desaparecieron de mi vida, ocultando con diligencia vuestro secreto —añadió Bella rogando porque su voz no temblase ni un poco.

— No es la noticia que tenemos —aseguró Marcus con curiosidad, estaba percibiendo el estrecho vínculo que unía a aquella familia y le perturbaba haciéndole recordar lo que había perdido años atrás.

— Puede preguntarles a ellos —añadió Bella retándole.

Marcus se volvió hacia Carlisle, sí alguien podía decirle la verdad ese era al que aún consideraba su hermano.

— ¿Os marchasteis?

— Sí —dijo con seguridad el patriarca de los Cullen, aunque no podía evitar por la joven que había acudido a salvarlos.

— Que extraño —Marcus miró con suspicacia a Jane que parecía incómoda ante la presencia de la humana.

— Todo lo que sé lo averigüé yo misma —su confianza era aplastante.

Jane se adelantó hacía ella intentando intimidarla pero se paró antes de que la distancia fuese corta, no le gustaba el contacto, desde que su don había crecido evitaba tocar a nadie. Estaba disfrutando de aquella situación, saboreando la desazón que inundaba a aquellos Cullen, les despreciaba, desdeñaba su modo de vida con todo su ser.

— Yo me encargo de ella —aseguró la mujer poniendo una macabra sonrisa en su rostro. Bella la miró dispuesta a soportar lo mismo que había sufrido Esme sí con eso acababa con aquella locura.

Los segundos se volvieron minutos mientras Jane comprendía que algo no funcionaba como debería, ella no se inmutaba ante su don, pero no podía ser cierto. Nadie había conseguido burlarla, lo intentó con más intensidad más la humana siguió observándola en la misma postura relajada.

— Esto le encantaría a Aro —aseguró Marcus con dejadez.

— Libérales —le pidió Bella con esperanza de conseguir su propósito.

— El castigo ya está establecido —señaló el moreno indicándole la hoguera.

— Me cambio por él —la tensión surgió tras esas simples palabras—. Victoria os mintió, ellos cumplieron con las normas mientras que yo me empeñé en descubrir la verdad.

— ¿Estás dispuesta a morir? —aquello era algo que el Vulturi jamás había pensado presenciar pero ahí estaba aquella simple humana rogando por la vida de un vampiro.

— Sólo sí ellos viven, todos —murmuró, Edward rugió revolviéndose para intentar liberarse de Felix.

— Esto es interesante.

— Hagámoslo —aseguró Felix perturbando aún más a Edward.

El cobrizo no podía creer que su Bella, que debía estar volando a Seatle, estuviese allí inmolándose por todos ellos. Intentaba buscar la manera de soltarse y sacarla de aquel lugar pero la fuerza del vampiro que le sujetaba era mayor que la suya. Se sentía impotente, un espectador de su propia destrucción.

Marcus se adelantó hacia Bella sin comprender por qué la joven actuaba de esa manera, apenas percibía nada de ella pero había algo latente que quería descubrir.

— Eres extraña, Isabella —dijo con parquedad, situándose frente a ella y haciendo un leve gesto de la mano a su guardia que separaron a los amigos de la joven de ella. Ni Jacob ni Seth opusieron resistencia conscientes de que aquello sucedería.

— Por favor, no podría soportar que les pasase nada —argumentó la joven.

— Vienes aquí cuando ya estabas cerca de tu libertad, arrastras a tus amigos hasta mis garras y te enfrentas a mí para salvar a los que una vez te rechazaron —Bella se mordió el labio con inquietud—. ¿Por qué?

— No puedo permitir que nadie pague por mi error —Bella observó a Edward sin poder contener una traicionera lágrima, se la secó con rapidez pero aquel gesto no pasó desapercibido para ninguno de los presentes.

— Investigué la verdad —afirmó Alec a pesar de que Jane se volvió hacía él furiosa. Marcus observó a su pupilo y le instó a continuar—. En ninguno de los sitios en los que vivió desveló el secreto, posee una lealtad extraña en un humano —aseguró arrastrando las palabras.

— Quizás haya otra posibilidad para ti —Marcus reflexionó mientras Bella aguantaba la respiración—. Únete a nosotros.

— ¡No! —exclamó Edward con furia.

Felix cansado de forcejear con él le derribó contra el suelo y se colocó sobre él presionando su espalda. Aún así Edward podía ver como Marcus estaba demasiado cerca de su amor, en un leve movimiento acabaría con el ralentizado latido de su corazón, ¿cómo podía estar tan tranquila ante aquella situación? Se preguntó aguantando a duras penas las ansias de proteger a Bella.

— Sería inútil para vosotros, jamás podría matar a nadie. Mira lo que estoy haciendo, te doy mi vida a cambio de la suya —agregó Bella sin querer mirar hacía Edward.

— ¿Por qué lo haces?

— Por amor —murmuró Bella sin poder evitarlo y entonces dirigió sus pupilas hacia Edward y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no romper a llorar.


La guardia de Marcus enmudeció ante mis palabras, pero él me miró como sí me comprendiese. Dejé que su mirada carmesí indagase mi alma, buscase la mentira en mi rostro pero sabía que no la encontraría. Hizo una pregunta a Carlisle en un idioma muy extraño y este le contestó con rapidez, Marcus asintió y volvió a centrarse en mí.

— Amo, descubrirá nuestro secreto —la intervención de Jane pareció molestar a Marcus que le ordenó que se mantuviese al margen.

— En todo este tiempo no lo hizo —afirmó y centró en mí su atención.

La rubia bufó ante el reproche, al parecer no estaba acostumbrada a que la contradijesen.

— A pesar de todo… ¿le amas? —dudé si contestar pero las cosas no iban a cambiar por una simple afirmación.

— Sí —percibí como algunos murmullos se elevaron entre los presentes pero no entendí ni una sola palabra de lo que decían— pero él a mí no.

No pude mirarle para ver como había tomado mi afirmación.

— ¿Por qué piensas eso? —me sorprendió su pregunta pero mi corazón ya estaba al descubierto.

— Yo sólo soy su "talón de Aquiles", la única persona que le tienta hasta el punto de plantearse su modo de vida, mi presencia hace que se cuestione todo lo que cree, todo lo que Carlisle le enseñó —el rostro de Carlisle se ensombreció ante mi idea pero creía firmemente en ella.

— Pero te entregas por él —la confusión lucía en su cara.

— Lo haría una y mil veces —murmuré dispuesta a todo por él.

— Es realmente tentadora tu oferta —en un segundo Marcus estaba a tan sólo unos milímetros de mi cuello desnudo, vi sus colmillos centellear ante la pálida luz de la luna.

Escuché los sonidos que hicieron los Cullen rogando por mí pero yo estaba dispuesta a todo por acabar con tanto dolor como había padecido.

— Necesito descansar, no soporto más esta tortura —metí la mano en el bolsillo de mi chaqueta y rodeé con fuerza el mango de la navaja que llevaba.

Acabaría con mi suplicio de una manera u otra. El silencio cubrió con un manto espeso la escena, Marcus se perdió en sus propios recuerdos seguramente buscando la justificación a mi muerte.

Saqué con lentitud el cuchillo y para mi sorpresa el Vulturi se volvió hacia Jane.

— Nos engañaste —confirmó con voz cansada.

— Sólo os dije lo que Victoria aseguró —estaba asustada ante el escrutinio de su señor.

— Quieres agradar a Aro sin importarte nada más que eso —estaba molesto ante la actitud de la joven y esta le miraba con creciente temor.

— Amo os aseguro que

— No quiero excusas —su atención retornó a mí— Sería arbitrario matarte Isabella, eres la imagen de que hay humanos dignos de confianza y Carlisle te quiere como a una hija.

— Entonces —chilló Jane furiosa pero no completó su intervención porque Marcus levantó su mano acallando el estallido.

— Me recordáis a mi querida Didyme, ideas propias, un amor tan puro que aún hoy no sé como sigo viviendo sin ella —afirmó en apenas un murmullo, mi corazón se encogió al percibir el dolor de aquel hombre—, por primera voy a contradecir a Aro. Isabella Marie Sawn hoy has escrito un nuevo capítulo en esta historia y no acabaré contigo ni con ninguno de los presentes.

Esa simple afirmación hizo que la guardia se reuniese detrás de Marcus liberando a los dos clanes.

— Ojalá nunca debamos enfrentarnos, hermano —señaló dirigiéndose a Carlisle, parecía realmente complacido con la resolución del conflicto—, espero verte pronto convertida en una de los nuestros —se inclinó levemente hacía mí y su rostro volvió a mostrar hastío.

Mis ojos no alcanzaron a ver como desaparecieron. Aún sostenía el cuchillo en mi mano, sería tan fácil acabar en ese momento con mi vida. Nadie se atrevía a acercarse a mí temiendo mi reacción.

Mi hermano fue el que se acercó a mí, intuyendo que estaba a punto de derrumbarme y antes de que mis rodillas tocasen el suelo me sujetó contra él y me arrebató el cuchillo tirándolo muy lejos.

Era reconfortante sentir el calor después de tanto frío.

— Tranquila pequeña, estás a salvo —murmuró con cariño.

— Lo conseguí, Seth —él sólo pudo asentir mientras yo temblaba y mi cabeza daba vueltas.

El tiempo se detuvo hasta que fui capaz de controlarme y me separé un poco de Seth, miré uno por uno a los Cullen, todos estaban bien. Me detuve sobre todo en Esme, me había aterrado verla en manos de aquella loca pero me sonrió con cariño.

— Todo acabó —dije sólo para mi hermano—, no se cumplió mi pesadilla, están a salvo —repetí y quise gritar de alegría pero las palabras murieron en mi boca.

— Sí, Bella. Vámonos, te estás quedando helada —asentí, apenas podía mover los dedos de los pies.

En mi precipitación por llegar hasta allí había olvidado cualquier cosa que me pudiese entretener como el abrigarme más.

— Espera —pidió Carlisle.

Suspiré y negué con la cabeza, se cerraba aquel capítulo de mi vida y no quería nada más de ellos, todos estaban perplejos incluso Jacob que sabía algo más de todo esto. Me encogí de hombros y le requerí a Seth que me sacase de allí.

Antes de que pudiéramos dar un paso Emmett y Jasper bloquearon la salida por la que íbamos a marcharnos.

— Habla Seth —le ordenó Edward pero mi hermano se mantuvo en silencio.

— Él no tiene nada que ver en esto, sólo lo sabe porque necesitaba que me ayudase, queréis una explicación y la tendréis.

— Bella —me llamó alarmado por la falta de fuerza que transmitían mis palabras.

— Seth ahora todo ha pasado —sin embargo no tenía valor para mirarles así que me volví hacia mi amigo— Jake la noche que decidí vivir no lo hice sólo por ti, Reneé y Charlie, esa noche me desperté con la peor pesadilla posible. Victoria ya me había puesto sobre aviso aquel día en el prado y en mi sueño los Vulturi encontraban a los Cullen y acababan con todos ellos.

Tuve la certeza de que eso sucedería tarde o temprano y no podía permitir que eso ocurriese. Esa misma noche elaboré mi corta lista de cosas que debía hacer antes de morir y sabes que desde ese instante ha sido una de las pocas cosas que me han hecho continuar adelante.

Cuando acabé la carrera y encontré este trabajo terminé con la relación que te enseñe pero nunca te dije que había una última cosa: viajar a Volterra y enmendar el error que Edward y yo cometimos al pretender amarnos.

— Por Dios, Bella. Has estado a punto de morir por estos —Jacob estalló pero le detuve.

— Jake —le miré con una triste sonrisa en mi rostro—, yo ya estoy muerta, sólo me limito a subsistir.

Ninguno pareció reaccionar ante mis palabras y yo no podía controlar por más tiempo las lágrimas que corrían por mis mejillas, estaba agotada, al borde del precipicio y dispuesta a caer.

Carlisle fue el primero en recobrarse y se acercó a mí, en sus ojos podía leer tantas cosas, había cariño y comprensión pero también cierto descontento por mi actitud.

— Es hora de que nos reunamos toda la familia —negué con la cabeza, no podía, no tenía nada que ofrecerles.

— Mi tiempo aquí ha acabado, gracias por todo Carlisle —señalé mientras daba un paso ayudada por Seth.


Mi Bella no había podido con la presión y se había desmayado, ante la insistencia de toda mi familia Seth había cedido en llevarla a casa para que mi padre pudiera examinarla. Carlisle me había asegurado que estaba bien pero podía oír cada pedazo de su corazón latiendo descompensado.

La mujer que amaba estaba destruida por mi intento de protegerla de algo que ella había elegido. Había fallado en todo lo que me había propuesto y me aterraba pensar que ella jamás volviese a ser la misma.

Jacob me miraba con rabia, no habíamos podido librarnos de él y yo sólo quería ver despertar a mi Bella y poder suplicarle que me perdonase.

Me senté frente a la puerta de mi habitación donde Esme la cuidaba, contando los segundos de inconsciencia que estaban pasando uno a uno. Los pensamientos de mi familia me atormentaban al igual que las imágenes que Jacob me obsequiaba de Bella en el hospital.

Le entendía, él me había llamado para que arreglase las cosas con Bella pero yo había vuelto a actuar por mi cuenta y riesgo, alejándola de nuevo, esta vez sin mentirla en lo que sentía pero ella no me había creído.

Mi "Talón de Aquiles" se había renombrado ella y lo peor de todo es que se lo creía. No confiaba en mi amor por ella y no podía culparla.

Seth se sentó junto a mí, estaba más tranquilo en apariencia y ya no me miraba con odio contenido, era un buen cambio.

— Ella te ama.

— Me considera un error y no puedo culparla, la fallé dos veces o tres, he perdido la cuenta —musité enterrando la cara entre mis manos.

— Has querido protegerla incluso de ella misma pero es adulta y toma sus propias decisiones, estás empeñado en complicar las cosas sin comprender todo lo que te ama.

— ¿Cómo te convenció? —aún no salía del estupor de verla frente a mí salvándome de esa hoguera, arriesgándose por todos nosotros.

— Tan sólo la escuché, en cuanto traspasó el arco de seguridad me lo contó todo y me aseguró que lo haría con mi ayuda o sin ella, como comprenderás no iba a montar un escándalo en un sitio público —se encogió de hombros, él la entendía mejor que yo.

Poco a poco el pasillo fue llenándose de todos los miembros de mi familia. Todos atormentados por las decisiones de Bella.

— ¿Podéis controlaros un poco? —le pedí como reflejó de un agónico pensamiento de Jasper que también estaba desbordado.

— Ella ya lo tenía decidido, había comprado el billete a Italia, tan sólo empezó a sospechar que algo estaba pasando y decidió descubrirlo.

— ¿Cómo? —preguntó Carlisle.

— Colocó un micrófono.

— ¿Qué? —estábamos tan asombrados que cualquiera podía haberlo hecho, la mente de Rosalie era la más tranquila de visitar, ella estaba orgullosa de Bella.

— Lo vi en tus ojos Alice —la puerta se abrió después de aquella afirmación—, me ocultabas algo y aproveché a ponerlo en cuanto tuve ocasión, después sólo fue cuestión de hacerle creer a Edward que aceptaba su orden sin rechistar.

— Fue una locura lo que hiciste —esta vez era Carlisle quien había hablado con el mismo tono de un padre regañando a su hija, por primera vez le vi irritado.

— Edward y yo cometimos un error que había que enmendar —señaló apoyándose contra el marco de la puerta.

— ¿Eso es lo que soy para ti? —le pregunté sin poder reprimir la ira levantándome.

— Míranos Edward, nuestra relación está condenada al más absoluto fracaso.

Seth se aproximó a ella dispuesto a sujetarla, la conocía mejor que yo y no pude evitar sentir unos celos irracionales ante la confianza que ella tenía en él.

— Bella no sabes cuanto

— No sigas —se volvió hacia los demás ignorándome—. No era justo que pagaseis por nuestra culpa, no podía habermelo perdonado nunca. La decisión era fácil después de comprobar que seguíais vivos.

— ¿Nos vamos? —cuestionó Seth a lo que me negué enseguida pero ella asintió.

— ¡Bella! —la llamó Alice suplicante— permite que nos disculpemos contigo.

La miró durante unos segundos eternos, se separó de la puerta y se acercó a mi hermana y la abrazó con cariño.

— Necesito curarme lejos de vosotros, no quiero que me sigáis ni me busquéis, dadme un mes para recuperarme y quizás después podamos terminar esta conversación.


Capítulo complicado como el que más, falta poco para el fin y tengo dos opciones, como escritora faltaría un único capítulo, como lectora alguno más. Aún estoy decidiéndolo, pero creo que ya me conocéis un poco para saber hacía donde voy, que tal si me echáis una mano y me contáis qué esperáis de mí.

Mil gracias a mis lindas chicas: Darksoul, Rosh, Chiarat, Maleja, Adri (casí salto de alegría al verte de nuevo por aquí, te he echado de menos), Cerezo, Soledad, Tini, Emma, Parches, Yesiita, Hear me cry, Mariana, Alexandra, Maru, Lis y Darky.

Espero vuestras opiniones con muchas ganas. Besos.