Aqui les traigo otra conti de mi fic de hime angel

creo que me inspire un poco al salir a fresia, ya que me demore unas horas en escribir, bueno...tenia tmb anotada las ideas, peor aun asi, cuando tengo las ideas, me demoro mucho tiempo, especialmente por la flojera XD asique es un logro personal para mi XD.

Aprovechando que me acuerdo, doy las gracias a los que me comentan.

esta continuacion se la dedico a jose por ayudarme en el vestuari de hime y en el desarrollo en algunas partes...gracias jose

solo me queda decir que bleach no me pertenece, sino a tite kubo. Lo unico que es mio es la trama

Capitulo 15: Leyenda.

Orihime estaba nuevamente en su calabozo. Veía fijamente el cielo a través de su única ventana, pero agacho la cabeza al recordar a su hermano. Habían pasado unos días y él no había hecho de presencia. Deseaba poder hablar con él, quería decirle tantas cosas y cuando finalmente pudo verlo, tenía que ser bajo esas circunstancias. Estaba segura que su hermano no la vería por ser una traidora, pero quería seguir con la esperanza de que él botara a la basura las reglas y los "buenos comportamientos" y la vería… Quería creer.

-Niisan, quiero verte – Susurro al viento.

Oye unos pasos acercándose a su puerta. Se volteo de inmediato, viendo una silueta oscura. El corazón se le aceleraba a cada segundo, ¿Sería su hermano? ¿Los dioses oyeron sus plegarías? Escucho como el seguro se rompió para que la puerta pudiese abrirse…

-Buenas tardes Orihime-sama, aquí le traigo su almuerzo – Sonriendo.

-Oh – desilusionada – Hola Hanatarou – Saludo con una sonrisa leve.

-¿Acaso molesto? – Preocupado.

-No, no – Moviendo sus manos – Lo siento mucho Hanatarou, es que deseaba tanto hablar con mi hermano… Creí que eras él.

-¿Sora-sama? – Agacho la cabeza, parecía que era conocedor de cierta información.

-¿Ocurre algo?

-Hable con Sora-sama, le ofrecí que me acompañase para verla…

-¿Qué te dijo? – Al no obtener respuesta, se desespero, tomándolo de los hombros – Hanatarou, por favor, dime que paso.

-Se negó, dijo que… no quería perder su tiempo en el mismo lugar que una traidora, que tenía mejores… lo siento.

-No – Niega con la cabeza – Gracias por decirme la verdad – Sonriendo levemente. Se aparto de él un poco – La verdad es que yo ya me esperaba esa reacción, nuestra familia es muy apegada a las reglas por tener un estatus muy grande, no me sorprende que ponga las reglas antes que a mí… pero… quería creer… aunque sea un poco…

-Orihime-sama… ¡M-mire tu almuerzo! ¡Lo hice yo mismo y es mi especialidad! – El joven trataba de animarla un poco.

Orihime se lo quedo mirando unos momentos, para luego dedicarle una sonrisa, veía claramente sus puras intenciones – Gracias Hanatarou, se que me encantará.

Se quedaron en silencio unos momentos. El muchacho veía como la mujer comía de sus alimentos algo apresurada, al parecer, tenía demasiada hambre. Orihime detuvo la trayectoria de su cuchara unos momentos al recordar una cosa, algo que estuvo todo el tiempo revoloteándole en la cabeza.

-Hanatarou, ¿Puedo hacerte una pregunta?

-¿Qué es lo que ocurre?

-¿Sabes lo que paso en mi juicio?

-¿Por qué lo dice?

-Bueno, la fuente brillo dorada, ¿Tú sabes la razón?

-No Orihime-sama, aun que si, es extraño… Nunca en siglos había pasado algo así.

-Lo se, no paro de pensar en eso – Meditando.

Orihime termino finalmente de comer. Se quedaron hablando unos minutos más, pero Hanatarou se tuvo que irse al oír al guardia que le ordenaba irse, por lo que la chica estaba de nuevo sola.

De nuevo sumergida en el silencio, Orihime se encontraba pensando. No sabía si había pasado minutos u horas. De golpe, se puso de pie y camino hacía la puerta.

-Guardia – Llamo. No tardo en aparecerse el mencionado al otro lado de la puerta – Ya se que deseo pedir.

-¿Cuál es su decisión?

-Deseo rezar en la cascada de Diamantes.

-Entiendo. En seguida se lo haré saber a Yamamoto-sama.


En el bosque que estaba apartado de Karakura, se podía ver a Ishida con unas gotas de sudor en el cuerpo y con una respiración agitada…

Se encontraba entrenando.

Iba a volver a moverse cuando sintió una presencia que ocasiono que alzase una ceja, parecía que no le agradaba tener compañía… ni muchos la del recién llegado. Se giro y observo al recién llegado.

-¿Qué haces aquí Ichigo? ¿Urahara te dio vacaciones?

-No fastidias Ishida, mejor dime lo que pasa.

-¿Lo que pasa? Perdón, pero no te comprendo.

-No te hagas el idiota, tú sabes algo sobre Orihime, lo mismo que los demás me ocultan y quiero saber que es.

-Lo siento, pero no te comprendo – Mintió. Él sabía lo que ocurría, pero debía mentir, se lo prometió a Orihime, le prometió que no le diría nada a Ichigo para protegerlo, para que siguiese con su vida – ¿Qué no Orihime se había ido por órdenes de los ángeles? ¿Para preparase en la batalla?

-¡No soy idiota Ishida! – Lo tomo del cuello de la camisa, pero Ishida no se inmuto – Se que me están ocultando algo y exijo saber que es.

-¿Perdón? Te atreves a agredirme y darme órdenes… Y para el colmo, me estas exigiendo… Yo no se nada. Y si supiese algo, no te lo diría.

Cabreado, Ichigo le dio una golpiza en su mejilla izquierda con su puño derecho, viendo como caía al suelo de rodillas. Ishida no se enfado, seguía inexpresivo, llevando una mano a su mejilla afectada, limpiándose. Se puso de pie y se quito el polvo de los pantalones y de un momento a otro… le dio una patada giratoria que lo mando a volar.

-¿Cómo te atreves a golpearme ser inferior? – Se da la media vuelta – Tengo mejores cosas que hacer, no puedo desperdiciar mi tiempo con un imbesil.

-Maldito… ¡Ya veras! – Le grito en el mismo instante que corría hacía él.

Ishida no se preocupo, esquivo sin cuidado su puñetazo y su dedo índice toco sin problemas su abdomen. En el momento que lo toco, Ichigo sintió como si le hubiesen roto los huesos, por eso cayó al suelo, incapaz de moverse.

-He paralizado tus músculos por unas horas, espero que con eso entiendas tu situación.

-¿Acaso… acaso se fue por mí? – Se atrevió a preguntar, desafiándolo con la mirada.

-Te dije que no se nada.

-¿Esa es una afirmación?

-O una negación – Se sube los lentes – Piérdete.

-¡Dímelo Ishida!

-¿Para qué? No cambiará nada.

-¿Qué quieres decir?

-Su destino ya fue marcado.


De vuelta en el mundo de los ángeles, era ya de noche y en unos minutos, llegaría alguien para buscar a Orihime, quien le habían cambiado las ropas para la ocasión.

La chica se encontraba ataviada con una majestuosa sotana, la parte de arriba ocultaba su cabeza, apenas se podían ver sus ojos bajo su cabello, ya que el borde de la prenda caían elegantes adornos en forma de monedas, bajo su cuello donde la prenda se hacía angosta caía con libertad semejando la movilidad y belleza de un vestido.

Su vista de nuevo estaba clavada en la ventana, ya se había hecho costumbre hacerlo, además, era ago que le gusta, como todo ángel, adoraba ver el cielo, las nubes y sentir el viento, le hace recordar sus días felices, volando sin preocupaciones, como un ave…

Como quisiera ser libre como ellos, sin las ataduras de las "reglas"

-Tienes suerte de que hayan aceptado tu pedido a pesar de tu pecado.

Estaba tan metida en sus pensamientos que no oyó a la puerta abrirse y estaba segura que seguiría pegada sino fuese porque reconoció la voz. Sorprendida, se giro para saber si era cierto o no, y cierto era, frente a ella estaba Sora, su hermano, quien al parecer, no lucía muy feliz por el encuentro como ella. Pero aún así, Orihime estaba tan emocionada que sus ojos se humedecieron y un nudo se formo n su garganta, quería hablar con él de muchas cosas y ahora que lo tenía en frente…nada salía.

Lo vio fijamente, tratando de ver más de aquella seriedad y enfado, pero no podía, en verdad que estaba molesto con ella. Ese nudo se fue desatando poco a poco, para que pudiese hacer esa pregunta que rondaba por su mente.

-¿Estas molesto conmigo, niisan?

-Por supuesto. No por haber vivido con Aizen, nadie se esperaba lo que era en verdad, sino por haber roto una regla.

-¿Me odias?

-No Orihime, estoy molesto, pero no te odio.

-Niisan… yo no estoy arrepentida.

-¿Cómo puedes decir eso?

-Ichigo-kun es alguien maravilloso y estoy contenta de conocerlo.

-Tanto que dejo que te fueras a tu suerte.

-Te equivocas. Él no sabe nada, yo no quise que el supiese sobre esto.

-¿Por qué?

-Porque no quiero que se sienta culpable o parte de esto… Quiero que él siga adelante, que me olvide y siga con su vida. Porque yo… deseo que Ichigo-kun sea feliz.

Sora lanzo un suspiro por sus palabras y le dio la espalda – Los guardias esperan.

Orihime solo asintió y lo siguió. Apenas salió de su celda, dos guardias se apareció, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Los 4 ángeles caminaron en absoluto silencio, primero salieron de ese edificio. Una vez afuera, Sora hizo un hechizo de transportación para acortar el viaje y tiempo, ahorrando la molestia de volar, algo que le disgusto a Orihime, ya que quería volver a volar, aunque sea por un corto periodo de tiempo.

El hechizo los llevo justo a su destino. Orihime podía ver que la cascada de diamantes estaba siendo rodeado por nada menos que los capitanes y tenientes. Pero su vista estaba detallada especialmente en la cascada, le transmitía tanta paz.

La famosa "Cascada de Diamante" era como un adivino, tú dabas una pregunta y la cascada te respondía, aun que claro, no podías pedir algo sin dar gracias primero. Aquel sagrado lugar estaba en medio de la naturaleza, incluso se podía creer que estaban en la tierra, peor no, seguían en el cielo, en el mundo de los seres con alas. La cascada estaba conectada con un río, que no tenía rocas en la profundidad, solo arena que brillaba gracias a la luna, que se reflejaba en las aguas transparentes. Las rocas en las orillas, formaban un camino. Las aguas que caían eran claras y no hacían un ruido fuerte, al contrario, era una cascada silenciosa, el sonido era tranquilo, casi armónico. No pudo evitar pensar en el pasado, cuando pasaba horas tendida en el césped, oyendo la melodía de esa cascada.

-Teniente Orihime – La muchacha dirigió su vista hacía Yamamoto, el ángel que le estaba hablando – Debo recordarte que una vez que estés bajo la cascada, primero deberás rezar por otros. Después, podrás pedirle a la cascada una respuesta.

-Hai, Yamamoto-sama, lo recuerdo perfectamente.

-No hay límite de tiempo – Le dijo Shunsui, sentado bajo un árbol y abriendo una botella que de seguro estaba lleno de licor – Puedes quedarte ahí el tiempo que quieras.

-Piensa bien en lo que pedirás – Le recordó Yoruichi, penetrándola con sus finos ojos.

La muchacha asintió. Sus pasos hacía la cascada eran lentos, pero seguros. Estaba frente al río, primero introdujo su pie derecho y después el izquierdo, mojando su traje y sintiendo la arena bajo sus pies. Era realmente suave, no pudo evitar sonreír de satisfacción. Se giro a su derecha, para poder caminar hacía la cascada, con cada paso, la humedad iba expandiéndose más en su elegante vestimenta, hasta que quedo completamente mojada, como su cuerpo y cabellos, al estar ya debajo de la cascada.

La ropa ya estaba bien pegada a su cuerpo, que estaba sintiendo frío, ya que el agua era helada, pero no le dio importancia. Tenía sus ojos cerrados y une sus manos a nivel de su pecho, como un ruego o un rezo, ya que eso era lo que iba a hacer: Rezar y Rogar.

Mis rezos van hacía la Tierra y el Cielo, ruego por la salvación de ambos mundos en esta guerra que se avecina…

Sus rezos se interrumpen al pensar en Ichigo. Sus parpados y manos hicieron presión por tener esa imagen en su mente, al imaginárselo con esa expresión seria, pero decidido en pelear, en proteger en sus amigos. Una lágrima salió de sus ojos, que no tardo ni un segundo en mezclarse con las aguas de la cascada y dio gracias por ello, ya que nadie lo notaría.

También pido… por favor… la salvación de Ichigo, que este a salvo de todo peligro, pero lo más importante, te ruego que él pueda ser feliz.

Ruego… mi único ruego, mi único deseo es que me respondas esta pregunta: ¿Por qué la fuente brillo dorada y no plateada? ¿Por qué soy la única que no va a morir por cometer tal pecado?

Hubo silencio unos momentos.

Luego…oyó un susurro, como la voz de un sabio que recita una predicción.

Un ángel nacerá con el destino ha mantener el equilibrio.

Ese será el poseedor de un corazón puro y pueda crear el arma de la salvación.

Esa arma peleará mano a mano con el arma terrícola y salvara el mundo que conocemos de los demonios.

Pero también hay consecuencias.

Si el arma de la salvación se junta con un arma demoníaca, será el fin de todo.

Pero para que aquello ocurra, el ángel deberá perder su pureza con el poseedor del arma demoníaca.

¿Eh? ¿Qué significa esto? ¿Es todo? Pensaba confundida, deseando oír más. Estuvo quieta unos minutos, por si oía algo más, pero nada y eso llamo su atención.

Resignada, dejo esa pose de oradora y se giro, volviendo a sus pasos para salir de ese lugar, apenas salió, unas jóvenes cubrieron su cuerpo con una gruesa bata y le recogieron el pelo con una toalla para secárselo un poco.

Estaba ida, no había ni siquiera escuchado las explicaciones de Ukitake sobre algo de una mudanza de ropa en su celda, y todo porque su mente seguía pensando en aquella extraña respuesta.

¿Por qué me dijeron aquella leyenda que años atrás Sousuke-san me contó cuando era niña?

Fueron sus pensamientos mientras era llevada de vuelta a su celda con los guardias, pero esta vez, con mucamas y sin la compañía de Sora.