Despues de una larga espera, finalmente esta el capitulo 17 de hime angel, debo advertir, tiene aihime(**)

para los que creyeron que habia abandonado love stage...NO SE DEPRIMAN!! el fic volvera, se los aseguro, renacera como el fenix, asi de golpe XD ya estoy en ello.

Que mas? bueno, este fic intente hacerlo lo mas largo que pude, me salio 6 pags....xk lo queria largo? pues para celebrar los 100 post que consegui, es la primera vez que me ocurre en ...y en un ichihime! wiii!!! bueno, no los entretengo mas, disfruten.

Bleach es de Tite Kubo, publicado en manga por la shonnen jump y en anime por...bueno, ya saben, los embusterrot

Capitulo 17: Kyoukai Suigetsu.

A Orihime le dolía la cabeza, no podía recordar todavía lo que le había pasado antes de perder la consciencia. Me movía en la cama lentamente, tratando de volver a dormir, pensando que con una siesta, su dolor desaparecería, pero no podía volver a los brazos de Morfeo.

Resignada, abrió lentamente sus ojos, descubriendo que estaba en una cama enorme, podía ver que tenía doseles y una cortinas negras… como las sabanas. Que extraño, ¿Desde cuando habían camas en las celdas? Se fue levantando poco a poco, estaba realmente confundida, al ver que no usaba ropas blancas, sino que ahora tenía un vestido negro, que iniciaba por debajo de sus brazos, sin nada que la mantuviese a su cuerpo, solo un cierre que estaba en su espalda, estaba pegado a su cuerpo, hasta la cintura, de allí hacía abajo, estaba suelto, rozando con gentileza sus piernas por arriba de sus rodillas. Quedo más sorprendida al ver que no estaba en su celda, sino en una lujosa habitación, ¿Pero en la de quien?

Los recuerdos finalmente regresaron, la puerta, los demonios, su secuestro, los ángeles tratando de salvarla, Ichigo…

¡Ichigo!

Se levanto de forma brusca al recordar al muchacho en la línea sin tiempo, ¿Estaría bien? Fue mala idea levantarse de golpe, ya que el dolor se intensifico, como también sintió un poco de mareo y cayó sentada en la cama.

-No deberías hacer esos movimientos bruscos Orihime, sabes que te mareas fácilmente y pierdes fuerzas cuando tienes dolores de cabeza… ¿Qué nunca aprendes?

Orihime alzo su cabeza al oír esa voz, sorprendida giro su rostro a su derecha, descubriendo que a unos metros, estaba Aizen, sentado en su sofá, tomando vino sin dejar de observarla fijamente. Ahora lo entendía…

Estaba en el Infierno.

En las manos de Aizen Sousuke.

-¿Sousuke-san? – Susurro, aún incrédula, si era un sueño, quería despertar ahora mismo.

-Bienvenida a mi palacio Orihime – Dejo la copa de vino en una pequeña mesa que tenía al lado y se puso de pie.

-¿Por qué me trajo? – La única reacción que pudo hacer fue pesca uno de los miles de cojines que tenía aquella enorme cama oscura y la uso para abrazarlo, como si un escudo se tratase.

-¿No es obvio? Te dije que te traería de regreso a mí y te protegería de esos ángeles. – Finalmente estaban nuevamente frente a frente, Orihime podía sentir nuevamente aquellos quisquilleos que en el pasado le provocaba cuando estaban tan cerca, anhelando ser alguien importante para él, que la viese como una mujer… Sacudió su cabeza, eso fue en el pasado, él era su enemigo.

-¿Qué le hicieron a Ichigo-kun? – Quería respuestas, necesitaba saber que estaba vivo o se moriría ahora mismo.

-Lo que se merecía por meterse en mi camino… Aunque los ángeles les darán algo peor.

-¡No! – Exclamo asustada, no podía permitirlo. Quería ponerse de pie, huir del Infierno y salvar al humano que le robo su corazón, pero Aizen la tomo de los hombros antes de hacer un movimiento, como si le hubiese leído la mente.

-No te iras de mi lado nuevamente – Le dijo al momento que la tomaba del mentón – Tú me perteneces y lo sabes… si se te ocurre irte, él morirá… en mis manos o en los de esos ángeles hipócritas.

Orihime no lo pudo contener más y las lágrimas salieron de sus ojos, por lo que se cubrió el rostro con sus manos, olvidándose nuevamente de la presencia de Aizen. Se sentía inútil, incapaz de hacer algo, estaba bajo las manos de su antiguo tutor y solo le quedaba rogar por la salvación de Ichigo, que su vida fuese perdonada.

-No tienes de que preocuparte – Le acariciaba con delicadeza las mejillas, disfrutando de su aroma, a pesar que estaba en un mundo desagradable, Orihime no perdía el aroma de la primavera – Tú estás a salvo aquí, ningún demonio te pondrá un dedo encima.

-Pero nadie me asegura que ellos estén a salvo – Susurro con los ojos cerrados, no quería verlo a la cara, se sentía tonta por mostrarse así de indefensa ante él, no por ser su enemigo, era como si regresara al pasado, a aquellos tiempos en que solo eran ellos, ignorando el verdadero ser de Aizen.

-Mi querida Orihime, me gustaría besarte en estos momentos – El cuerpo de la muchacha se tenso al oír eso, pero a la vez, sintió un extraño sentimiento de tranquilidad, anhelando poder sentir aquellos labios de nuevo como antes, siendo una ignorante – Pero si lo hago… tu pecho te dolerá. – Le susurro en el oído. El ángel sintió una descarga recorriendo su cuerpo al sentir aquel frío y seductor aliento sobre su piel.

Arrugo su vestido con sus manos al hacerlas puños, no quería decir nada, no quería oír nada más, solo quería estar sola, ignorar ese dolor en el pecho que le ocasionaba al pensar en Ichigo, pero lo más importante, quería enterrar otra vez ese alocado corazón que tenía en su pecho, que reaccionaba así ante la cercanía, caricias y palabras de Aizen Sousuke.

-Te llevaré a tu habitación – Le dijo al momento que tomaba su mano, aquel roce era suave, erizando la piel de Orihime, volviendo a sentir aquellas descargas en su cuerpo y que la sangre se le subiese a la cabeza, mostrando unas sonrojadas mejillas. La tiró con suavidad, logrando que se levantase poco a poco – Te va a gustar, tiene un hermosa vista y esta tal como la dejaste.

-¿Deje? – Se atrevió a decir, estaba confundida, ¿A qué se refería? Ella nunca antes había estado en el Infierno y esas palabras sonaron como si ya hubiese ido y hasta se había quedado a dormir.

Cuando salieron de su cuarto, ella lo soltó de inmediato, no quería seguir sintiendo aquellas sensaciones agradables que la confundía. Eso fue un grave error, porque en el momento que sus dedos se alejaron de aquella textura "madura", sintió un gran peso sobre sus hombros que la hizo caer al suelo de rodillas, lo peor fue que el aire no podía entrar a sus pulmones, estaba quedando cada vez más pálida.

-Orihime… ¿Dónde tienes la cabeza? – En el momento que Aizen volvió a tomar de su mano, aquel malestar desapareció. Orihime respiraba con dificultad, tratando de recuperar el aire – Los ángeles puros como tú, no pueden soportar las auras demoníacas del Infierno porque es demasiado "pecado" para su cuerpo. Se supone que fue una de las primeras cosas que te enseñe.

Ella no dijo nada, aún trataba de calmar sus pulmones, ¿Cómo pudo ser tan tonta? Estaba tan metida en sus confusiones y preocupaciones que había olvidado algo tan obvio, incluso recordaba que le fastidiaba cuando le repetían lo mismo, asegurando que era algo que se sabía del derecho al revés…

Momento, algo no encajaba.

-¿Por qué no puedo sentir ese malestar cuando tenemos contacto?

-Porque mi sangre te protege de todo… eso es parte del trato que hicimos. Al haber "caído", mi cuerpo se volvió apto para sobrevivir en el Infierno, claro que siempre lo he mantenido bien oculto, nadie se daba cuenta que mis alas nunca fueron blancas, siempre negras… la señal de mi "perdición"… o así es como lo ven otros. No soy más un ángel… ni tampoco un demonio, es complicado e interesante para analizar…

-Entonces… al hacerse inmune al Infierno, su sangre que corre por mis venas, también deberías dejarme ser inmune, sin la necesidad de tocarnos las manos.

-Eso solo pasa si mi sangre que esta en tu cuerpo tiene contacto conmigo, por eso aún sientes que te mueres sino tenemos un contacto.

-¿Por qué no sentí nada en tu habitación?

-La diseñe para que sea así… para el día que vinieses… como también tu habitación, así que no te preocupes.

-Eso no es lo que me preocupa… y usted lo sabe muy bien Sousuke-san.

Aizen enarco una ceja, una señal de que estaba molesto, ella conocía muy bien esa expresión, pero aún así, no se altero, siguió con la vista al frente y seria, por muy que aquel hombre le ocasionaba escalofríos.

-Te has vuelto un poco atrevida Orihime – El ángel sintió como él le hizo presión en su mano. – Ya hemos llegado a tu nueva habitación.

Orihime alzo su cabeza, notando una gran puerta negra frente a ella. Estas eran custodiadas por dos guardias demonios que se inclinaron ante Aizen y abrieron la puerta para él, ofreciéndoles a ambos el paso. Una vez adentro, Orihime no pudo evitar sorprenderse, aquel cuarto era idéntico…

-Es igual… a mi cuarto – Susurro sorprendida.

Orihime no lo podía creer, aquel cuarto era igual al suyo en los años en que vivió con Aizen, la misma decoración, la misma cama, los mismos muebles, los mismos dibujos en las paredes, etc. Estaba perdida en su asombro, aún no lo podía creer, en parte porque cuando volvió a aquella casa después de la "verdad", todas sus cosas seguían ahí, tanto las de Aizen, como las de ella, ¿Acaso él se tomo la molestia de hacerle uno igual?

-Yo sabía que tarde o temprano vendrías a mí. Estuve planeándolo todo desde el comienzo.

-Sousuke-san… ¿Por qué? – Aizen no dijo nada, solo la observaba de forma curiosa – ¿Por qué no me dieron la pena de muerte? ¿Por qué la cascada de diamantes me respondió aquella pregunta con la leyenda que usted me comento hace siglos? Yo debí haber muerto.

-¿No te acabas de hacer ya la respuesta? – Fue todo lo que Aizen le dijo, al mismo tiempo que la abrazaba por detrás, apoyado su mentón sobre uno de los hombros de Orihime, quien no se inmuto esta vez, a pesar que su corazón latía, seguía inexpresiva, su mente aún trataba e darle respuesta a sus palabras.


Desgraciadamente, Ichigo y los otros no se quedaron de rositas después de todo, tanto él, como Ishida y Shinji, los encerraron en celdas como sospechosos, pero a Ichigo, especialmente por el asunto de amor de humano y ángel, querían examinarlo y saber sus sentimientos, para saber si era necesario borrarlos, aunque Mayuri también tenía interés de examinar sus poderes.

-¿Por qué tenemos que estar aquí encerrados? ¡¿Quién sabe lo que le estarán haciendo a Orihime en estos momentos?! – Exclamo el humano golpeando la pared con fuerza.

-De nada te sirve que te enojes, das más motivos a los ángeles para que te limpien el cerebro – Le dijo Shinji, tendido en el suelo, con su gorra tapándole el rostro.

-¡¿Qué no te importa lo que pueda pasarle?!

-Mide tus palabras idiota, a mí me preocupa mucho más que tú – A pesar de no moverse, se notaba por su voz que estaba furioso y que se contenía en golpearlo – Pero de nada nos sirve actuar como bestias salvajes cuando se esta en menoría.

-Además – El cazador tomo la palabra, subiéndose las gafas – ¿Nos puedes decir, como pretendes abrir un portal hacía el mundo de los demonios? – Vio como Ichigo abrió sus ojos sorprendido – Y aún que tenemos aquí a Shinji, se toma tiempo, el suficiente para que nos capturen nuevamente.

-Pero aún así…

-Ichigo – Shinji lo interrumpió nuevamente – Como tú, yo no planeo quedarme para hacer visitas, pero es necesario pensar y tener un buen plan antes de hacer algo, recuerda, aquí los ángeles mandan y tienen el control.

-Por eso es que necesitan ayuda externa – Oyeron.

Todos giraron sus rostros hacía la puerta, que se fue abriendo de forma repentina. La que había hablado era nada menos que Nanao, acompañada nada menos de quien había hablado, el capitán Kyoraku Shunsui, con una sonrisa relajante y con su confiable kimono y sombrero.

-¿Shunsui? – Shinji se incorporo sorprendido.

-Acuérdate que tenemos pendiente una noche de copas.

-Capitán, déjese de tonterías, debemos apresurarnos – Fue la queja de Nanao, dando media vuelta para comenzar a caminar.

-¿Apresurar? – Pregunto Ishida, curioso por el significado de sus palabras y del por qué estaban allí.

-Les tenemos un boleto de viaje al Infierno – Fue la respuesta el capitán.

-¿Desobedeciendo al viejo Yamma nuevamente? – Pregunto Shinji con una sonrisa sarcástica, colocándose nuevamente su sombrero.

-El mundo es aburrido sino provocas de vez el cuando al viejo – Fue la defensa de Shunsui, dándoles la espalda para comenzar a caminar.

Los otros los siguieron, Ichigo e Ishida se iban sorprendiendo cada vez más, con cada paso que daban, porque iban descubriendo que todos los de la guardia estaban derrotados en el suelo, inconcientes, pero no heridos.

-No pierdes el toque Shunsui – Le elogió Shinji, corriendo a su lado.

-Ya sabes que odio ponerme violento, pero no tenía opción.

-¿Por qué nos están ayudando? – Pregunto Ichigo.

-Orihime-chan tiene que ser salvada, por muy que tengamos un plan de respaldo, toma tiempo y en ese tiempo, Aizen puede cumplir lo que desea con Orihime-chan.

-¿Lo que desea? – Pregunto Ishida, tenía un amplio conocimiento del mundo de los demonios y el de los ángeles, pero no había nada que relacionase esa ambición de Aizen por el ángel – ¿Qué es lo que ocurre?

-¿Han oído los cazadores sobre la leyenda del ángel elegido? – Pregunto Nanao, con la vista al frente, con sus pasos calculados.

-¿Sobre el ángel que podría traer la salvación o despertar la destrucción? – Vio como la muchacha ángel asentía con la cabeza en silencio – ¿Pero que tiene que…?

Se interrumpe él mismo, atragantándose con sus palabras, con sus ojos abiertos en sorpresa, no podía creer su descubrimiento. Todo este tiempo estaba cerca e él, y ni enterado… eso era una sorpresa, un golpe bajo en el estómago. Ichigo le llamo la curiosidad su reacción, estaba impaciente, no le gustaba ser el tonto ignorante que no sabía nada, así que apretó su quijada molesto.

-¡¿Qué sucede?! ¡¿Qué es lo que quieren de Orihime?!

-Su virginidad – Respondió el cazador.

No hubo tiempo para más palabras porque finalmente llegaron a su destino. Vieron que estaban Ukitake, Kaien, Yoruichi, Hitsugaya, Rangiku y Hinamori. Los dos primeros, se estaban encargando de abrir el portar para llevarlos al Infierno y así poder salvar a Orihime.

-Los ayudaremos a pelear en el Infierno. —explico Hitsugaya con una voz seria, se veía molesto de tener que ir, también estaba indiferente.

-Será un placer colaborar con ustedes. — Murmuro Hinamori en el momento que hacía una reverencia.

-Yo seré su guía. —Hablo la sensual ángel de piel de chocolate. —he tenido el honor de ir al infierno un par de veces.

-Creía que tenían prohibido ir allá. —dijo Ishida en el momento que se subía los lentes, demostrando nuevamente el amplio conocimiento que tenía sobre los ángeles y demonios.

-Lo es si se enteran. —explico como si nada, encogiéndose de hombros.

-Capitán. —dijo Rangiku de golpe, viendo al pequeño de cabello blanco sorprendida.

-Así es, hay varios reiatsu que se van acercando hacía acá.

-Son el viejo Yama con muchos problemas. —dijo Kyoraku en el momento que llevaba una mano a su barbilla para frotarla de forma despreocupada.

-¿Qué hacemos?—pregunto Kaien, lucía alarmado, después de todo, era un suicidio enfrentarse a la ira de aquel viejo.

-Descuida Kaien. —Ukitake estaba dispuesta en ayudarlo con palabras de aliento. —el maestro siempre se pone de malas cuando revelamos, pero se le pasará… en una semana o un par de meses. —sonriendo de forma despreocupada.

-Solo permanece firma capitán Kaien. —fueron las serias palabras de Nanao. —te lo aseguro, nada es peor que ser la teniente de este vago borracho.

-Lastimas mis sentimientos Nanao-chan. —el capitán ángel de kimono rosa estaba llorando a mares.

-Vámonos, no tenemos que seguir perdiendo el tiempo. —dijo Yoruichi con una expresión sería, el portal ya estaba listo.

-Matsumoto. —la mencionada agacho su cabeza para poder observar a su capitán. —procura no perder… ni distraerte.

-Hai. —fue todo lo que dijo, con un semblante que era mezcla de dolor y seriedad, con la imagen de Gin en sus pensamientos.

-Muy bien. —Ichigo se puso como líder, era el que estaba adelante y los otros detrás de él, como leales soldados, todos con el mismo objetivo: Salvar a Orihime. —Let's Rock.


Habían pasado dos días, en ese tiempo, Orihime había decidido no comer, no dormir, no salir de ese enorme cuarto, era como un ave encerrado en una jaula de oro, pero esta ave había perdido sus alas, ya que no tenía más la voluntad de pelear.

Su mirada se agacho para observar su mano derecha, se había hecho una costumbre el ver su mano porque allí había un anillo que le había dado Aizen. Era de plata, con una estrella en el centro que estaba cubierto de pequeños diamantes blancos.

Flash Back

-Este anillo te protegerá de las auras oscuras de Infierno. —le decía mientras él mismo le colocaba el anillo. La soltó suavemente y Orihime comprobó que era cierto, ya que no sentía nuevamente ese malestar. —También tu aura de ángel queda oculto. Si caminas por la ciudad, los demás demonios te verían como uno más.

Orihime no dijo nada, simplemente asintió, observando aquel anillo que la protegía del Infierno. Eso hizo que también observase el presente que le dio Ichigo en su último día en la puerta, consiguiendo que piense en él, la recompensa fue un dolor en el pecho.

-Con que sigues preocupada en él… y pensando de esa forma que me enferma. —confesaba despreocupado, con una mano en su pecho, frotándolo como si nada. Orihime esquivo su mirada, esos ojos penetrantes la hacía sonrojar, incluso sus rodillas temblaban levemente. —Mucho mejor.

-¿Algo más?—pregunto, sin verlo a la cara, deseaba estar sola lo más pronto posible.

-Sí, recuerda por favor no dar paseos sin la protección de un Espada, por lo que deberías avisarme.

-¿Tan vigilada me quieres tener? ¿Para qué no huya?

-No, es porque así estarás en buenas manos. No es encarcelamiento, es protección.

-¿Protección?

-¿Acaso lo has olvidado?—de nuevo su corazón perdió el control al sentir como él tocaba su mentón con dos de sus dedos, acercándose demasiado en ella que las respiraciones de ambos se fusionaban. Orihime creyó que se desmayaría. —Mis sentimientos por ti nunca fueron una mentira. Es natural que me preocupe por ti.

Fin Flash Back.

-¿Serán ciertas sus palabras?—se pregunto al mismo menton que cerraba sus ojos, se sentía tonta al descubrir que aún había una parte de ella que quería creer en él. —Me siento tan confundida. —se le aparece Ichigo en la mente. —Ichigo-kun…

En el momento que pensó en el humano, sintió un gran dolor en el pecho que hizo que su mano derecha tomase la forma de un puño y llevase allí su mano. Sabía que ese dolor era a causa de aquel juramento que en el pasado hizo con Sousuke, la prueba de amor que se hicieron…

Un amor falso… ¿no?

Entonces… ¿Por qué le dolía tanto?


En otro lado del palacio, estaba Aizen en su cuarto, sentado en su sofá y leyendo un libro desinteresado mientras tomaba de su copa de vino. Estuvo de esa forma un buen tiempo hasta que sintió una punzada en el pecho.

-¿De nuevo pensando en el humano, Orihime?—Fue todo lo que dijo en el momento que cerraba su libro.

Podía sentirlo, la presencia de él y de más gente acercándose cada día más al otro lado de la puerta, adentrándose en el Infierno. Claro que Orihime jamás sabrá que ellos se acercan, ni mucho menos cuando lleguen al Infierno, gracias al anillo, ya que la única forma de no sentir el aire del infierno, era simplemente no volver a sentir más presencias a su alrededor, ni a larga distancia.

Dejo el libro a un lado y se puso de pie. Camino hacía una pared de su cuarto, en un espacio específico. Abrió sus labios, diciendo una palabra que fue la clave que logró que parte de la pared se abriese, revelándole nada menos que un pequeño cuarto, lo suficiente para que entrase una espada que era sostenida por una mesa de vidrio.

Era Kyoukai Suigetsu.

-Falta muy poco… Orihime.