Después de mucho tiempo, aquí les tengo un nuevo capitulo, yo ya tenía las ideas, incluso anotadas, pero una cosa es la idea general y otra es desarrollarla completamente en capitulo XDD pero bueno, el unico atrancado que tenía, me ayudo tite en los ultimos file ya que mi problema era precisamente el MatsuGin, que veran un poco de ellos en este capitulo y es una de mis tantas parejas favoritas ^^

Solo me queda decir muchas gracias por los reviews y su paciencia por este capitulo, espero que este capitulo valga la pena la espera XDD

Ahora solo me queda decir que Bleach es de Tite Kubo... y no se por que sólo me queda decir esto, es decir, todos sabemos que Bleach es de él, si fuese mío... uf, haria mejores rellenos que Pierrot XDDD

Capitulo 18: El último llanto.

Ichigo y compañía habían logrado llegar al Infierno, pero se mantuvieron ocultos en un bosque algo apartados esperando el regreso de Yoruichi ya que con sus ropas habituales, llamarían la atención de los demonios y terminarían siendo descubiertos.

-Aquí tome prestado unos trajes. – La morena se apareció con varios conjuntos de color negro y se los entregó a nada uno.

-Muchas gracias Yoruichi-san. – Agradeció Hinamori con una sonrisa mientras caminaba con Rangiku hacía un escondite para cambiarse.

-Con tomar prestado, en realidad te refieres a que lo robaste, ¿no? – Apostó Hitsugaya alzando una ceja de forma inquisidora.

-Por favor, yo no lo robe… simplemente lo tome prestado sin avisar.

-¿Ves taichou? Yoruichi es inocente. – La defendió Rangiku con una sonrisa en los labios una vez ya cambiada.

-No se tú, pero esto no parece el comportamiento de un ángel. – Murmuro Ichigo girando su rostro para ver a Ishida.

-Hay cosas de las que se sorprenderías.

-Es extraño que no pueda sentir el reiatsu de mi bella Orihime-chan. – Murmuraba Shinji con lágrimas llenas de preocupación.

-Aunque no podamos sentirla, sabemos donde buscar. – El cazador dirige su vista hacía un enorme castillo que se veía realmente lejos. – Ese es el palacio del rey del Infierno, Las Noches.

-Parece que los cazadores hacen muy bien su tarea.

Todos se pusieron en alerta porque al parecer, fueron recibidos por un comité de bienvenida de cuarenta demonios. Rangiku sintió su cuerpo pesado por oír esa voz después de tantos años y se fue girando lentamente hacía la misma dirección que los otros para ver como de la multitud de bienvenida se aparecía nada menos que un ángel caído de vestimentas oscuras, cabello gris y una mirada filosa y peligrosa como la de un gato o un zorro.

Ella se lo quedo observando un largo rato y viceversa, aquel que parecía ser el líder de ese pequeño sequito no dejaba de verla con aquella gatuna sonrisa que era normal en él.

Aún se seguían observando en silencio, a pesar que los demás comenzaron a pelear por la victoria, no había nadie más en ese espacio, sólo ellos para ver los cambios que sufrieron en los años que no se habían visto.

-Tanto tiempo Rangiku. – Saludó alzando una mano de una forma muy despreocupada.

-Gin… se nota que nunca cambiaras, seguirás siempre con esa actitud que me fastidia. – Sus ojos se reflejaron serios. – Voy a pasar y traer de vuelta a Orihime.

-Lo siento mucho Rangiku… pero no puedo dejarte dar un paso más.

La teniente posó su mano sobre su espada y él también, ambos estaban listos para dejar sus años de amistad enterrados y enfrentarse al otro sin compasión, pero en el momento que Rangiku desenvaina su arma, Gin se sorprende que no tuviese el filo, pero ya era tarde, ya era rodeado por millones de arena que hacían ruido y lo rodearon de inmediato, dejándolo con muchos cortes no tan profundos y la arena regresa a Rangiku para proteger a su ama.

-Vaya. – A pesar de la situación, Gin no dejaba su pose de relajo y paso una mano tras su cabello, manchándolo de su propia sangre. Sus ojos se dirigieron a su brazo con varios cortes producidos por su amiga de la infancia. – Se ha vuelto más fuerte.


En Las Noches, se podía ver en el jardín que Aizen y Orihime estaban sentados en una mesa llena de bocadillos ya que era la hora del almuerzo, aunque bien, era Aizen quien más se alimentaba, Orihime sólo estaba con la cabeza gacha, viendo su comida sin siquiera atreverse a tocarlo.

-¿De nuevo sin comer? – La voz de Aizen la despertó de sus pensamientos y alzo la cabeza para observarlo.

-No tengo hambre. – Le dijo simplemente para volver a agachar su cabeza.

-Orihime. – La mano del ángel siente una descarga al sentir como Aizen la tocaba con las suyas y se las acariciaba suavemente. – Me preocupa que no te alimentes como es debido.

Orihime sólo reacciono con soltar ese agarre, liberando su mano bruscamente por sentir de nuevo aquellas sensaciones extrañas en su interior, incluso su corazón ya comenzaba a latir sin control. Hecho un rápido vistazo disimulado y como se espero, varias mujeres la observaban con envidia.

-Quiero estar sola. – Dijo tajante y viéndolo con seriedad. – ¿Puedo volver a mi cuarto?

-Volverás a tu habitación cuando termines de comer. – Le aseguró con una sonrisa triunfal en sus labios al ver el gesto de niña regañada en su antigua protegida.

Resignada, no le quedo más que obedecer con tal de volver a estar sola, no le gustaba para nada las miradas de los demonios que la rodeaban, especialmente de las mujeres que deseaban estar en su lugar. Ella estaba comiendo muy lento, jugaba más con los cubiertos, pero es que en realidad se le dificultaba ingerir la comida ya que su mente estaba ocupada en otras cosas, cosas que la ponían muy mal.

-Estuve pensando. – Nuevamente la voz de Aizen la sacaba de sus pensamientos. – Sería bueno que tuvieses unas damas de compañía para que te escolten y acompañe por los pueblos.

-No es necesario que…

-Pensaba en Rukia y Nelliel. Nelliel es más… amable de todos por decirlo así. Y ya conoces a Rukia, por lo que te sentirías más cómoda.

-Por supuesto que conozco a Rukia… ella mató a mis padres. – Le respondió secamente y con seriedad para luego volver a ingerir un poco de su almuerzo.

Sinceramente no tenía ánimos de ver a Rukia aún, no estaba preparada después de enterarse de la verdad y por su traición.

No tenía ganas de seguir hablando, así que en silencio se dedicaba a comer, pero más acelerado con tal de terminar esto pronto y volver a la soledad de su dormitorio. Una vez lista, lo único que hizo fue inclinar su cabeza en respeto y ponerse de pie para irse lo más rápido posible, pero por orden de Aizen, dos mucamas la seguían.

Una vez en su cuarto, las mucamas le buscaban el traje ideal para salir el pueblo, la desvistieron y la vistieron con nuevas ropas, asegurándose de que luciera presentable mientras Orihime mantenía una expresión serena, hacía casi todo de forma automática porque su mente estaba en otro lugar.

Flash Back.

Orihime era muy feliz siendo la novia de Aizen, aun cuando mantenían la relación a escondidas como Romeo y Julieta, no le importaba con tal de estar junto a él.

Ahora ella se encontraba sentada en sus piernas, apoyada en el pecho de su tutor y con los ojos cerrados para oler su aroma varonil mientras él leía un libro, sosteniéndolo con su mano derecha y la izquierda la usaba para acariciar los cabellos de la muchacha. Orihime sonreía por aquellas estimulaciones positivas.

-Lo amo Sousuke-san. – Ella murmuro en un suspiro.

-¿A qué viene eso, Orihime? – Le preguntó con una sonrisa, dejando el libro a un lado para ponerle completa atención.

-A nada en especial… me gusta mucho decirlo. – Le respondió con una sonrisa.

Aizen le devolvió la sonrisa y la beso en los labios suavemente, tocándole las mejillas con sus manos mientras ella se aferraba en sus ropas y se separaron sólo por falta de aire segundos después.

-Sousuke-san… estuve pensando sobre nosotros.

-¿Y qué paso por tu cabeza? – Le preguntó con un tono de dulzura, acariciándole nuevamente el cabello.

-Se que lo nuestro no será buen visto y agradezco que usted quiera mantenerlo oculto para protegerme, pero… yo no quiero vivir así. – Suavemente apoyó su frente a la de él. – No me importa lo que digan o las consecuencias, yo sólo quiero estar contigo… por siempre. – Le confesó en un susurro.

Sousuke volvió a besarla al oír aquellas palabras.

-Entonces hagamos algo que nos mantenga juntos por siempre.

-¿De qué esta hablando? – Preguntó con un rubor en las mejillas. – S-Sousuke-san yo aún no se si estoy lista para…

Aizen se rió suavemente ante su reacción y aquellas palabras, para luego acariciarle las mejillas para tranquilizarla.

-Eso ya lo se Orihime, no te preocupes que no me refería a eso.

-¿Entonces…?

-¿Quisieras hacer conmigo el juramento de almas?

El ángel de cabello naranja se sorprende por sus palabras, su corazón latía por la adrenalina y su mente se había dividido, el lado de la razón le decía que no, que era arriesgado y muy pronto, pero la emocional, que estaba loca por él, le aventuraba a aceptar la propuesta, que era el mejor método para estar juntos porque en verdad se amaban y juraba que estarían juntos por siempre.

-Sí quiero. – Aceptó con las mejillas sonrojadas.

Lo abrazó, enterrando su rostro en su pecho y se aferra más a él.

-Nada me haría más feliz que estar a su lado.

Fin Flash Back.

Orihime ya estaba sola y esperaba la llegaba de Nelliel y Rukia para poder ir al pueblo. Cerró sus ojos al tener aquel recuerdo en su cabeza y aprieta sus puños.

-No debí de haber aceptado este juramento… ¿Por qué no me di cuenta la clase de hombre que es en verdad? – Se preguntó pasando una mano en su frente.


Rangiku vuelve al ataque, pero esta vez, Gin lo detiene sin problemas y sin dejar su sonrisa a pesar de que sus rostros estaban muy cerca, notando a la perfección el enfado y el dolor en la chica.

-Sí, definitivamente muy fuerte. – Dijo mientras el impulso de las dos espadas ocasionaron que ambos se aleje del otro varios pasos.

-¡Matsumoto! – Exclamó Hitsugaya preocupado por la seguridad de su teniente.

-¡No! – Exclamó ella para detener sus intenciones de acercarse, le había gritado sin dejar de estar en pose de ataque y sin dejar de ver a Gin con seriedad. – Yo me encargó de este problema, capitán. – Aseguró haciendo presión en la empuñadura de Haineko.

-Rangiku, te has vuelto muy seria y confiada. – Comentó el peli-gris dejando su pose y se encoge de hombros. – Eso es peligroso, podría causar tu muerte esa confianza.

La rubia lanzó un gruñido de respuesta.

-¿Hasta dónde…? – Conteniendo su ira en sus manos, se abalanzó para atacarlo y el filo chocó con el de la pequeña espada de Gin.

Flash Back.

Dos niños ángeles vagaban por el mundo de los cielos, enfrentando desafíos juntos desde que sus caminos se cruzaron, eran amigos, eran hermanos, eran sobrevivientes que buscaban la salvación en ese mundo, pero con la diferencia de que uno era más fuerte que el otro en fuerza física, aguantando casi todo los dolores por los dos, también lo hacía para protegerla a ella, su única compañía y eso era suficiente para él.

-Gin, no es necesario que sigamos adelante, estás muy agotado por cargarme. – Le rogó la mujer de corta cabellera rubia y preciosos ojos azules que lucían preocupados por su amigo y compañero.

-No te preocupes Rangiku, estoy bien… tenemos que buscar un lugar seguro donde pasar la noche lo antes posible. En esta zona, los vientos son terribles en las noches.

-Lo sé, pero… lo que tengo es sólo una torcedura y ya he descansado lo suficiente, ya estoy bien.

Pudo convencerlo de bajarla, aunque él la cuidaba durante el camino, sosteniendo su peso con una mano en su cintura y rodeando sus propios hombros con el brazo derecho de la muchacha. Ambos ángeles encontraron al fin un escondite, una cueva pequeña pero con un camino bien profundo, ideal para protegerse, instalaron una fogata y se quedaron cerca de ella. Pero con tanto frío a causa de afuera, aquella fogata pequeña no era suficiente, por eso estaban sentados juntos, bien apegados y cubriéndose con una pequeña manta que con suerte les rebasaba los codos.

-Es cierto, Rangiku. – El niño de pelo plateado hablo de golpe, llamando la atención de su amiga. – Nunca me has dicho tu cumpleaños.

-¿Mi cumpleaños? – Murmuro sorprendida. Miro la fogata con un poco de tristeza. – No lo sé, nunca conté los días hasta que te conocí.

Gin se mostró un poco sorprendido, pero luego dedico una sonrisa.

-Entonces el día que nos conocimos es tu cumpleaños, el 29 de Septiembre.

Rangiku alzo su mirada para mirarlo sorprendida.

-¿Qué te parece? A mí me parece genial porque es el día en que no estuviste sola nunca más. – Le confesó sin dejar de sonreír.

Fin Flash Back.

-¡¿Hasta dónde quieres llegar?

Le grita con todas sus fuerzas y con la imagen de su yo de niña, levantándose de la cama para ver que la puerta de un pequeño hogar estaba vierto y faltaba un par de zapatos. Aquella Rangiku de la niña agachó su cabeza con tristeza porque de nuevo se había ido.

Gin no respondió a su pregunta, pero si se la quedo observando con detenimiento, parecía que estaba a punto de botar su espada y abrazarla para consolarla como cuando eran niños.

-¡¿Por qué siempre quieres alejarte cuando prometiste que no estaría sola?

Con su mano izquierda en la empuñadura, la alza hacía arriba para que ambas espadas apunten el cielo y aprovechó esa oportunidad para apuntando con su mano libre y una bola de energía de color verde salió, dándole directamente en el estómago y lo mando a volar varios metros atrás.

-¡Aprovecha y vete ahora! – Gritó la rubia con sus ojos fijos en Ichigo. – ¡Vete y salva a Orihime! – Le ordeno.

-No desaprovechemos esta oportunidad, Kurosaki. – Le aconsejo Ishida.

-Váyanse rápido. – Ordeno el pequeño capitán.

-Shirou-chan, Rangiku-san, tengas cuidado. – Les rogó Hinamori al lado de Shinji.

-No me llames así Momo. – Le ordeno señalándola con su dedo índice.

Ichigo, Ishida, Hinamori y Shinji aprovecharon y huyeron hacía Las Noches con Yoruichi adelante como líder y guía.

Gin se pone de pie como si nada y se gira para ver a Rangiku, notando que estaba sería, y… llorando, estaba llorando como aquella vez en que se reveló su traición a los ángeles y huyo al Infierno junto a Tousen y Aizen y él sólo pudo decirle "Lo siento".

-Lo siento. – Y de nuevo era lo único que pudo decir ante aquella vista que le destrozaba por dentro y lo dijo con una leve sonrisa nostálgica.

-Estoy cansada de que sólo me digas eso, que nunca me digas lo que pasa por tu cabeza, simplemente no puedo entenderte Gin, después de todos estos siglos… ¡No he podido entender el por qué me dejaste!

No vas a estar sola de nuevo, te lo prometo Rangiku. – La voz de Gin niño resonó en su cabeza.

Lo siento Rangiku.

-¡¿Por qué, Gin?

-Está será la última vez que me verás llorar. – Le prometió mientras se limpiaba las lágrimas con la manga de su brazo libre y nuevamente se prepara para atacar.