Legalmente aqui en Chile es 2 de Mayo, el cumpleaños de Sean Raizou, así que... FELIZ CUMPLEAÑOS! como presente, este capitulo esta dedicado para ti como regalo de cumpleaños.
Cambiando de tema, gracias a todos por su paciencia y por dejarme reviews, me animan a seguir.
sin mas que decir, disfruten
Bleach es propiedad de Tite Kubo.
Capitulo 21: Envidia.
-Es tan difícil conseguir buen servicio en estos días.
Fue el comentario de Gin observando a su pequeño ejército de demonios derrotados en el suelo por la descomunal fuerza de Rangiku, así que sólo quedaban de pie los amigos de la infancia. De nuevo había un cruce de miradas y de nuevo ella estaba molesta por la sonrisa de Chesire que reflejaba Gin.
-Te ves muy mal, Rangiku… ¿Qué te parece si nos vamos a divertir por allí?
Rangiku no le respondió, lo había ignorado por completo y apretando más la empuñadura, da un salto y lo ataca directamente, pero su rival lo detiene sin complicaciones con su propia espada.
-Eres aburrida. – Se queja como un niño haciendo puchero.
-Deberías callarte y dejar que te corte el cuello.
-Rangiku, eso sonó tan cruel y frío proviniendo de un ángel.
-¿Y tú una vez te has comportado como uno? – Y logra plantearle una patada en el abdomen, logrando que diera unos pasos hacía atrás.
Gin se queda mirando la zona afectada por un largo tiempo y después, la vuelve a mirar para sonreírle con diversión. Se relame los labios y al alzar su espada, desaparece. Había usado una velocidad aun superior que la de Rangiku y por eso se le fue difícil saber en dónde se encontraba. Movía su cabeza con desesperación y preguntándose en que dirección atacaría y en una milésima de segundo, abre sus ojos y con un movimiento de su mano, concentra la arena a unos milímetros de su rostro, deteniendo a tiempo un ataque certero del peligris.
-Buenos reflejos, Rangiku-chan.
-Ahórrate tus halagos. – Le dice al momento que una pequeña porción de arena toma la forma de daga y le hace un corte en la mejilla.
-Oh, vaya… a este paso de verdad voy a morir. – Tocando la zona dañada totalmente despreocupado. – Voy a tener que ponerme serio.
Una gota de sangre se deslizaba por una tela blanca y cae de golpe al suelo.
Ishida estaba en problemas.
Con la respiración agitada, su ropa con manchas de sangre y una mano en su abdomen, miraba a Zommary con una nueva forma gracias a su Zanpakutoh llamado Brujeria. Si ya le parecía raro que doblara tanto su cuello o que tuviera un par de esos como los de un búho, ahora si era un fenómeno con sus cincuenta ojos que rodeaba cada parte de su cuerpo. Y lo peor es que con cada ojo, domina una parte de su cuerpo, como su brazo izquierdo que había sido víctima y tuvo que clavarse un cuchillo para impedirle movimiento.
-Este es el poder de mi técnica "amor" puedo tomar total control de cualquier cosa que mire. – Le explica sin parecer interesado de aquel atrevimiento del Quincy. – Deberías rendirte y volver a tu casa.
-Lo siento, pero mi orgullo me lo impide. – Le respondió secamente y vuelve a estar erguido como un árbol. – Sería patético perder ante ti si el idiota de mi padre pudo derrotarte.
-Eso es muy impertinente de tu parte, jovencito. – Le reclama de nuevo sin alterarse a pesar de que había sido insultado. – Deberías darte cuenta de que no tienes alternativa, estas atrapado en mi técnica.
Aún así, no voy a durar mucho, con esa cantidad de ojos sin dejar de mirarme… es sólo cuestión de tiempo para controlar todo mi cuerpo.
Su mente trabajaba en lo máximo, pero a pesar de ser un inteligente que pasa horas leyendo, no había un libro que le dijera como vencer a un demonio con cincuenta mil ojos cuando sólo eres una persona con dos piernas, un brazo, una mano, su espada Seele Schneider y un arco mágico que podría matar a un ejercito en un tiro… abre sus ojos.
Había tenido una idea.
Por eso su sonrisa llena de arrogancia.
-¿Qué te parece tan gracioso?
-No es nada. – Tira su Seele al suelo y estira su brazo bueno para que aparezca su arco. – Es sólo que voy a acabar con esto de una vez.
-Ya te he dicho que no tienes posibilidad, cada ojo que poseo controla cualquier objeto que se le aparezca y tengo cincuenta… ¿Crees que una flecha tiene posibilidad?
-¿Una flecha? – Y aumenta su sonrisa. – No creo que tengas buen conocimiento de los Quincy, pero te diré: este arco se llama Ginjei Kojaku.
-¿Y qué tiene de particularidad?
Ishida no respondió, sólo mostró acción. Como su otra mano estaba inservible, se lleva los labios al arco y con sus dientes crea una cuerda que brillaba de azul y al soltarla, de esta se libera una cantidad incontable de flechas azules. Sorprendido, Zommary trata de detenerlas a todas, pero la mayoría se les escapa y terminan por atacarlo.
-Mi arco lanza mil doscientas flechas por tiro… imposible que con cincuenta ojos, tú puedes detenerlos a todos. – Y vuelve a prepararse para otro disparo.
-No… Aizen-sama… Aizen-sama, larga vida a Aizen-sama.
-Con esto aprenderás que tu mayor error fue haberte metido en el pasado con los Ishida. – Y dispara.
Y las espadas seguían chocando. Aún cuando Rukia peleaba con todo, Ichigo no se mostraba cansado ni derrotado y eso no hacía más que enfurecer a la pelinegra.
Flash Back.
-Vaya, ¿Tú sola te encargaste de todos esos sujetos?
Rukia miraba a los humanos que había derrotado sin ningún problema con un semblante sombrío. Esos idiotas la habían molestado por tratarla como un chico que vestía de niña y claro, que ella no iba a perdonar a unos seres tan inferiores e ignorantes por meterse con la princesa del Infierno, por eso, los ataco hasta dejarlos agonizados en el suelo, incluso se podía ver la sangre.
-Eso si… te has pasado un poco. – Rukia se digna a ver al responsable de hablarle sin una pizca de respeto, era un muchacho de cabello naranja que le resultaba tan familiar.
-No necesito tu opinión, pequeña basura. – Comenzando a alejarse del humano.
-Eres la última persona que debería hablarme de estatura porque no eres muy alta que digamos. – Contraataco sin ningún remordimiento y molesto.
Rukia detiene sus pasos y una vena le crece en la frente, no iba a tolerar que los humanos le traten como un chico, ni mucho menos que se metan con su estatura. El aura siniestra de demonio comenzaba a rodearla poco a poco e ignorando la sorpresa que reflejaba el muchacho, prepara su puño derecho y lo golpea sin misericordia en la cara, segura de que ese golpe lo dejaría moribundo en el suelo como los demás y que necesitaría ayuda medica.
-Auch, auch… serás pequeña, pero vaya fuerza. – Murmuro el muchacho frotándose la cara mientras se quejaba.
Rukia abre sus ojos sorprendida y sin creerlo, ¿Había salido ileso de un ataque con fuerza demoniaca? ¿Acaso era un humano con poderes especiales? Le miro con mayor cuidado y notó que vestía el uniforme de la escuela en donde asistía y ahora recordó de dónde le resultaba tan familiar aquel cabello poco llamativo. Era su compañero de escuela.
-En verdad que eres una diabla.
-Y no tienes idea de cuanto. – Le responde viéndolo con seriedad y cruzándose de brazos. – ¿Tú nombre?
-Ya llevas un mes con nosotros, por lo menos deberías conocer apellidos.
-No me interesa saber cosas que no me interesan. – Dice de forma desinteresada y encogiéndose de hombros. – Y ahora me interesa saber tu nombre.
-Debes ser una niña mimada. – Murmura y ve como a Rukia le crecía otra vena en la frente. – Mi nombre es Kurosaki Ichigo.
-Kurosaki Ichigo. – Medita por unos momentos y al final sonríe. – Ya veo, eso lo explica todo… Kurosaki Ichigo, desde ahora, no voy a dejarte. Tal vez tengas lo que se necesita para andar con Kuchiki Rukia.
-¿Qué cosa? – Enarcando una ceja, eso sonó como a una persona comprando un perro.
Fin Flash Back.
-Como aquella ocasión, sólo consigues hacerme perder los estribos.
-Oye, eso fue grosero y eso que te traje un presente. – Confesó Ichigo con una sonrisa confiada que llama la atención de la pelinegra.
Rukia iba a preguntarle de qué estaba hablando, pero se pone en guardia al verlo meter su mano izquierda en sus bolsillos, traga saliva pensando con qué arma peligrosa saldría para derribarla y en el momento que Ichigo revela su secreto, sus ojos violetas se abrieron como platos y no pudo evitar el brillo de la emoción o que sus mejillas se tiñeran de rojo.
-Lo último de Chappy platino… una versión limitada. – Le dijo el humano con una sonrisa de burla y enseñándole un conejo con encantadora sonrisa y pintado de plata. – También te conseguí el tomo final de tu manga favorito.
La espada de Rukia cae al suelo y junta sus manos como si estuviera rezando, mirando maravillada aquella obra de arte en forma de conejo y el tomo que anhelaba mucho leer. Al diablo los planes de conquista, Aizen o su hermano, quería poner sus manos en aquellos tesoros que podía jurar que la estaban llamando.
-Chappy. – Mirando aquel conejo como si le estuviese hablando. – No te preocupes, iré por ti y nadie nos va a separar.
-Ríndete y te los daré. – Ofreció estirando su brazo al ver que ella quería arrebatárselos, si que era bueno que Rukia fuese una enana, le era fácil alejarle las cosas que deseaba.
-¡No digas tonterías y dámelos! – Exigía tratando de alcanzar su premio, pero Ichigo no la dejaba. – ¡Te romperé la pierna!
-Por favor Rukia, lo hago para evitar pelear contigo… eres mi mejor amiga y no quiero lastimarte.
El cuerpo del demonio quedo inmóvil y mira el suelo ante tal declaración, Ichigo pensó que estaba entrando en razón y que volvería a su lado, pero no fue así. De un momento a otro, Rukia le propino una fuerte patada en la entrepierna con todas sus fuerzas, casi como en aquellos años de amistas, y no sólo se ganó los premios que cayeron a sus brazos, sino también ver al humano quedarse sin aliento y caer al suelo.
Rukia abraza al Chappy con mucho cariño y le contaba cosas como que a fin estaban juntos y que se disculpaba por dejarlos en las manos de un orangután descerebrado y con mal aliento.
-Eso te pasa por subestimarme. – Le reta dando la media vuelta. Se pone al lado de su espada y la recoge sin problemas. – Vete a casa, Ichigo.
Abre sus ojos de golpe y se gira para verlo de pie y de Zangetsu crecía un aura oscura que no dudo en atacarla, suelta una maldición y contrae el ataque con su Hakuren, sorprendiéndose al notar que no era suficiente ya que apenas podía mantener el ritmo… ¿Qué tan fuerte se había hecho? Retrocede un par de pasos una vez que la ventisca paso y ve que su antiguo compañero tenía un semblante serio y miraba la espada casi con arrepentimiento.
-No quiero usar esto contigo, Rukia… pero no me dejas otra alternativa. – Hace presión de su espada. – Tendré que usar mi verdadera fuerza si quiero salvar a Orihime y a ti.
-¿Tú… verdadera fuerza?
-Te lo mostraré. – Y la encara con la mirada. Rukia no pudo evitar tragar duro. – MI BANKAI. – Declaró.
Rukia abre sus ojos sorprendida, sus pupilas se movían mientras se preguntaba si él estaba hablando en serio. No era posible que un humano pueda…
-¡BANKAI! – Grita el muchacho y se vio rodeado por una oscura energía que tomaba la forma de un rostro gritando.
El viento se apareció de golpe, agitando con fuerza los rincones del lugar y obligando a Rukia que se protegiera el rostro con sus brazos mientras sus piernas temblaban por el miedo y cae al suelo de rodillas como víctima de gravedad. Mientras, todos los habitantes del palacio sintieron tal abrumador poder y se preguntaban quien era el responsable, menos Orihime por las joyas que le bloqueaban su poder y sentir presencias, y Aizen, quien sólo había sonreído con superioridad.
Rukia se tuvo que abrazar ya que su cuerpo seguía temblando por aquel abrumador poder y sus ojos seguían clavados en aquel abrumador poder que se reía de ella. Todo cesó de golpe y se pudo ver ahora a Ichigo con otras ropas, estaba usando una hakama negro y un kimono con una cinta blanca rodeándolo y un kimono también negro que parecía una chaqueta en la parte de arriba. Su espada también había cambiado, parecía una de samurái, delgada y larga, y estaba pintado por completo de negro, con una cruz como guardamanos.
-En verdad… ¿Eso es su Bankai? – Susurra la demonio sin poder salir de su asombro, viendo aquel cambio de vestuario y la espada.
-Así es. – La tranquila y seria voz de Ichigo la devuelve a la realidad. – Este es mi Bankai: Tensa Zangetsu.
-Aún si eres el descendiente de Itori…. – Se va poniendo de pie con ayuda de Sode no Shiraiyuki porque su cuerpo seguía algo débil por haber recibido de golpe tal poder. – Es imposible que puedas llevar a cabo el Bankai… eso es algo que sólo demonios y ángeles pueden hacer. – Susurra con la vista baja. De un momento a otro, vuelve a ejercer control de su cuerpo y se pone en pose de ataque, viéndolo con profunda ira. – ¡¿Quién eres en realidad Ichigo?
Orihime se sentía como un ratón a punto de ser devorada por dos serpientes, miraba con inseguridad aquellos cuatro ojos que la miraban con diversión y envidia. Claro que ella no tendría ningún problema en acabar con ellas, pero no tenía sus poderes, el collar que le colocaron los ángeles aún estaba en su cuello y le impedía usar hechizos inofensivos para defenderse. Y no quería lastimarlas con fuerza bruta porque esas mujeres no sabían lo que hacía, sólo se estaban dejando llevar por la envidia y la codicia.
-Les pido que me dejen tranquila, por favor. – Tratando de salir de su jaula.
Pero solo consiguió que Lolly se interponga en su camino y la golpea en la cara con un puñetazo, disfrutando como el ángel cae al suelo y la sangre caía de su nariz y labios. Sin quedar conforme, ahora le propina una patada en la misma zona y Orihime sale volando un par de metros y cae de espalda.
-Te crees muy valiosa por andar con nuestro Aizen-sama, ¿verdad? – Caminaba hacía ella con sus manos en la cintura. – ¡Pero no eres más que una zorra! – Y clava su pie derecho en el abdomen de Orihime, disfrutando la expresión de dolor que le regalo.
Las dos demonios se dedicaron en darle patadas por todas partes de su cuerpo mientras se reían y burlaban de ella, comentando lo patética que era el ángel que sólo tenía sus ojos cerrados y se rehusaba a pelear con ellas, no se sentiría bien derrotando a dos dementes cegadas de celos.
-¿Cómo te sientes ahora? – Se burla Menolly mientras la toma de los cabellos y se los jala para obligarla a ponerse de pie. – La Reina ha perdido su corona.
-No se que ve Aizen-sama en ti.
-Por favor. – Orihime abre sus ojos y las ve con seriedad y desafiándolas, cosa que las sorprende. – No recuerdo haberles hecho algo, así que retírense y déjenme sola, no quiero lastimarlas en este asunto sin sentido.
-¡Tú…! – Cabreada, le quita a su hermana aquellas hebras naranjas y usa mucha fuerza para mandarla a volar, consiguiendo que Orihime se golpee con un estante y este caiga sobre ella con los libros.
-Lolly, esto es irnos demasiado lejos… nos meteremos en serios problemas.
-¡Cállate! – Le ordena propinándole una bofetada. – ¡Esa arpía va a entender que no se puede meter conmigo!
Camina hacía el desastre y busca a Orihime, jalándola del brazo y le escupe. El ángel tenía su rostro con raspones, sangre y unos moretones bien morados. Sus ropas estaban también rasgadas y manchadas con polvo y sangre. Pero a pesar de todo, Orihime seguía con aquella expresión de desafío en sus ojos y por eso Lolly se cabreaba más.
-¡Nadie me humilla sin salirse con la suya!
La pared que estaba a unos metros frente a ellas se destruye de golpe, ocasionando una conmoción a las chicas que miraron hacía aquella dirección preguntándose lo que había sucedido y Orihime se sorprende al ver quien fue el culpable.
-¿Grimmjow? – Exclama al verlo indiferente, impotente y con sus manos en los bolsillos.
