Era un cálido día de verano, el sol brillaba intensamente, los pájaros cantaban, y los demás animalitos descansaban tranquilos en sus madrigueras y nidos.
Parecía un día perfecto, pero no lo era del todo.
En el patio trasero del instituto, después de que tocara el timbre de salida, se produjo una pelea.
Sonic, Shadow y Tails se encontraban peleando contra dos Hanran. Los Kosokus los ganaban en número en esta situación, pero estos dos Hanran estaban resistiendo demasiado, además de que eran bastante duros y no se dejaron caer tan rápido como los tres Kosokus creyeron.
Mientras peleaban, alguien los observaba escondida tras un muro, asomando tan solo la cabeza y mitad del cuerpo. Observaba, sobretodo, al erizo negro. La eriza rubia suspiraba por él, velaba porque estuviese bien, y además que ganara la pelea.
Decidió no seguir allí, si la descubrían, no quería ser una carga, y menos una molestia, para el erizo negro.
Empezó a caminar, alejándose del lugar, hasta llegar a un pequeño cruce de una carretera, que debía cruzar para llegar a su hogar todos los días. Paró justo en frente del paso de cebra que a penas se veía, estaba desgastado por el paso de los años. Miró a derecha e izquierda, y al no ver pasar ningún coche, ni que se aproximara ninguno, caminó para llegar al otro lado. Craso error.
Sin que nadie pudiera deducirlo e impedirlo, un coche negro, de buena marca, que corría a una velocidad impresionante, a duras penas giró la curva de la carretera, para dirigirse a toda velocidad hacia María.
Esta miró el vehículo y se quedó paralizada del miedo, enmudeció, así que no pudo gritar, y con el rostro pálido y los ojos abiertos como platos, y pudo reconocer a quién conducía a duras penas: Scourge the Hedgehog, "líder" autoproclamado de los Hanran, y Fiona Fox, de copiloto en el vehículo. Ni siquiera trataron de frenar, entre risas y miradas distantes, atropellaron a la inocente eriza rubia.
Después de eso, sólo fueron borrones y sombras lo que María vio. Y una voz lejana. Que gritaba su nombre. Una mancha negra se aproximó a ella y la agarró con suavidad, la eriza pudo notar el miedo y la rabia que tenía aquel erizo negro que la sujetaba, comprendió que le importaba y que no quería perderla.
El erizo lloraba de verla así, y entonces ella, tras musitar algo con un suave hilo de voz, cerró los ojos dejándose caer en los brazos del erizo negro, el cual, con toda su ira y todas sus fuerzas gritó el nombre de aquella eriza.
"¡MARÍA!"
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Sonic abrió los ojos como platos, sentándose rápidamente en el sofá en el que estaba tumbado hasta hace unos segundos, y respiró agitado. Otra pesadilla. Bueno, más bien era un flashback, como le había pasado en el sueño de la noche anterior. Efectivamente, aquello que había soñado, era la razón por la que María ahora iba en silla de ruedas. Era una lástima, pero era mejor que cualquier otra cosa, o por lo menos eso pensaba él.
Miró la hora, eran las 17:25 de la tarde. Recordó que nada más llegar del instituto, y habiendo comprobado que Sonia y Manic seguían en sus respectivos trabajos, se había acostado en el sofá, y pensando en las musarañas, se había quedado dormido.
Se estiró levemente, pensando en lo que había soñado. Ya había soñado con dos Kosokus que habían sido heridos de muerte, primero Charmy, al cual le dieron una paliza y enterraron vivo, y con María, a la que habían atropellado, y la habían dejado parapléjica. ¿Quién sería el siguiente? Se preguntaban todos una, y otra, y otra vez. Pero estaba claro, los Hanran ya habían demostrado, que querían verlos a todos muertos.
Sonic se levantó del sofá, y con paso cansado, fue a la cocina. Tenía la garganta seca. Un poco de agua fría no le haría mal.
Sacó del frigorífico una botella grande de agua, la abrió, y bebió. Estaba demasiado fría. Notó por un instante que el frío le bajaba por la garganta, y a la vez, subía hasta su cabeza y helaba sus pensamientos.
Desvió la mirada lentamente, mirando toda la cocina,todos los cacharros que había de por medio, algunos platos sucios en el fregadero, un poco de comida en una bandeja lista para ser calentada que había preparado Sonia para cuando ella y Manic volvieran de trabajar y poca cosa más.
Fijó su vista en la ventana. Entonces vio, que a toda velocidad, pasaba por delante de su ventana una moto roja oscura. No le dio tiempo a ver quién la conducía, o mejor dicho, el motorista llevaba un casco de seguridad negro que impedía ver su rostro.
Terminó de beber agua y volvió a dejar la botella en el frigorífico, viendo pasar, unos instantes después, otra moto, pero esta negra, y esta vez, sí pudo distinguir la figura que la conocía. Esas espinas doradas eran inconfundibles. Era Astro.
Al erizo azul entonces le picó la curiosidad. Se imaginó que el erizo dorado estaba persiguiendo al motorista de la moto roja, pero, ¿quien sería ese tipo? Decidió ir a averiguarlo.
Cogió las llaves antes de irse, cerró la puerta y fue caminando rápido siguiendo las motos. A Sonic le bastaba andar rápido para alcanzar cualquier cosa, era un erizo muy rápido, así que no le suponía dificultad alguna alcanzarlos, por muy rápidas y buenas que fuesen sus motos.
En unos instantes, pararon. Sonic mantuvo un poco más tiempo las distancias, no querían que notaran su presencia, o por lo menos no aún. Por lo visto el de la moto roja se había quedado sin gasolina o se le había pinchado una rueda, porque se cayó de la moto y se arrastró por el suelo tratando de alejarse del erizo dorado. Esté sin problemas, lo alcanzó.
Lo agarró del cuello de la camisa y lo levantó, apoyándolo contra la pared asfixiándolo, y haciendo que el chico se elevara un poco del suelo, era más bajito que el erizo dorado.
Este le quitó el casco, y Sonic ya pudo distinguir de quién se trataba. Era un Hanran, pero al igual que la zorrita rubia, no era de meterse en peleas, solo cuándo era realmente necesario, y se la pasaba gastando bromas, tirando bombas de broma de todo tipo a la gente, resultaba bastante molesto. Era un pato verde, que llevaba un pañuelo rojo, y en esa ocasión, Sonic pudo ver que tenía un ojo morado y un raja profunda desde la sien hasta el mentón, y se notaba que era reciente, pues la sangre no dejaba de fluir.
El pato intentó hablar, pero el erizo dorado le apretó más el cuello, impidiéndoselo.
-Déjate de chorradas, Bean.-Le dijo fríamente.-Esta vez no escaparás.
Y sin mediar una palabra más, el erizo empezó a golpear al pato, que soltaba gemidos de dolor como podía, el erizo lo estaba matando. Su cuerpo estaba lleno de moratones, aquello al erizo azul no le pareció del todo bien. Le encantaba ver sufrir a los Hanran, pero en ese momento pensó que el Kosoku estaba haciendo mal, así que sin pensarlo dos veces, se acercó, y colocó una mano en el hombro del erizo dorado.
-Te estás pasando.-Le advirtió. Este lo miró con desprecio, dejando de golpear al pato, para después soltarlo. Este, cayó al suelo sentado, se tocó el cuello con una mano y empezó a respirar agitadamente, mientras no podía evitar que le cayeran unas lágrimas.
-No somos asesinos.-Le dijo seriamente al erizo dorado, el cual se metió las manos en los bolsillos, tratando de controlarse para no golpear también al erizo azul. Se acercó en silencio a su moto negra, se montó en ella y se fue sin mediar palabra. Pero esto no le sorprendió al azul. Sabía que Astro era así.
Se fijó entonces en el pato verde, el cual seguía en la misma posición. El pato miró al erizo azul, con desprecio, como si no le agradeciese aquella ayudita.
-¿Tú que miras atontao?-Dijo levantándose lentamente, con ganas de gritar de dolor, pero por orgullo no lo hizo.
-De nada.-Dijo el erizo azul frunciendo el ceño.-A la próxima no te va a salvar nadie.-
El pato se dirigió a su moto, mientras decía por lo bajo "¡JA!". Incorporó la moto, y empezó a caminar con ella, probablemente, a una gasolinera.
El erizo suspiró y empezó a caminar nuevamente. Empezaba a rayarse preguntándose: ¿qué cosa habría hecho Bean que fuera tan horrible como para que el erizo dorado, normalmente tranquilo, le diera esa paliza de muerte?, se formuló esa pregunta una y otra vez, sin poder darle una respuesta, aunque había varias opciones girando en su mente. Pero al divisar dos figuras, no muy lejos, salió de sus pensamientos. Distinguió a un zorro blanco, Shiro, que hablaba con Tiara Boobowski.
¿Qué sabía Sonic de Shiro? Bastante poco, un Kosoku que hacía las cosas a su manera, pero la mayoría del tiempo la pasaba entre chicas, y no era exactamente para hablar de zapatos. Era bueno en pelea, si, pero un poco mujeriego también. Pero bueno, eso nunca les molestó a los demás, solo les molestaba cuando flirteaba con alguna chica que ya tenía marca territorial.
¿De Tiara Bobowski? Un caso bastante diferente. De ella el erizo azul no sabia nada, incluso dudaba si era erizo, o zorro. o no sabía qué era. No sabía si era Kosoku o Hanran, nunca la había visto en una pelea, era una pueblerina normal y corriente. Bueno, no del todo normal. Destacaba porque estaba buenísima, siempre poniéndose esa ropa tan provocativa, los chicos no podían resistirse a sus encantos.
Se acercó un poco más el erizo azul para oír de qué hablaban. El zorro blanco trataba de ligar con ella.
-¿Así que te gusta esa banda? ¡A mí también! Nos parecemos mucho, ¿no te parece?-Le decía sonriendo de lado y levantando las cejas, a lo que Tiara respondía rodando los ojos y dando un suspiro cansado.
-Aha...-Musitó.
El erizo se disponía a decir algo, pero se le adelantaron.
-¡Muuuujerieeeego!- Le gritó alguien por detrás, obligando al zorro blanco a voltear, encontrándose con la mirada divertida de una eriza de no más de 13 años de edad, de pelo castaño y ojos azules, que reía levemente.
-¿Mujeriego?-Preguntó Tiare confusa.
-Estoy ocupadito ahora Clau...-Trató de cambiar de tema el zorro.
-¿Dónde está Honey? ¿no estabas con Rouge el otro día? ¿y por qué mirabas de esa forma a Blaze? ¿Donde están todas ellas?-Dijo la eriza tratando de aguantar la risa.
-¿Honey? ¿Rouge? ¿Blaze?-Dijo Tiare mirando mal a Shiro.-¡Hmpf!
-D-Dejame explicarte...-Dijo el zorro nerviosamente, lo que hizo que la eriza empezara a reír.
-Piérdete.-Dijo Tiare, poniendo fin a la discusión, dándose la vuelta y empezando a caminar, alejándose.
El zorro blanco se quedó unos segundos parado, para luego mirar a la eriza de pelo castaño.
-¡No tiene gracia!-Dijo hinchando las mejillas.
-¡Perdón, perdón, no lo pude evitar! ¡Es que eres un mujeriego!-
Empezaron a discutir pero ambos acabaron riendo, y el erizo azul dio un largo suspiro, sonriendo divertido al ver la escena. No todo en el barrio eran peleas, después de todo. Aún quedaba espacio para la risa.
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Sonic acababa de llegar a su casa, abrió la puerta con las llaves y entró. Eran las 21:45, así que Manic ya estaba en casa, y pronto estaría Sonia.
El erizo verde se encontraba sentado en el sofá, viendo la tele, mientras le daba una calada a su cigarro. A Sonic le extrañó aquello, sabía que Manic fumaba desde pequeño, pero no lo hacía en casa, y además de eso, solo lo hacía cuando estaba nervioso y necesitaba relajarse.
-¿Fumando en casa?-Le dijo Sonic mientras cerraba la puerta y dejaba las llaves en su sitio.
-Hay que aprovechar que no está Sonia para regañarme.-Mintió el erizo verde esbozando una gran sonrisa, para después apagar el cigarro en el cenicero y abrir las ventas para que el humo desapareciera.
-¿Cómo te fue hoy el trabajo?
-Pues bien...la faena de siempre...-Dijo mientras volvía a sentarse y miraba a la televisión.-Quiero ya las vacaciones...
-El sentimiento es mutuo.-Dijo sonriendo Sonic para sentarse a su lado.
-Meh...¿y como fue tu día?-Le preguntó sonriendo.
-Pues bien, peleas, amenazas, bromas, tortolitos besándose, Shiro ligando, María en silla de ruedas, Astro dándole una paliza a Bean, y poca cosa más.
-Wow, hoy fue un gran día ¿eh?-Ambos rieron levemente mientras el erizo azul asentía con la cabeza.
Antes de que pudieran seguir su conversación o empezar una nueva aún más loca, llegó Sonia. La eriza estaba reventada de tanto trabajar, pero no quería demostrarlo.
-Hola chicos-Dijo dejando una bolsa a un lado y quitándose su chaqueta, dejando ver la camisa blanca pegada y corta que llevaba puesta.-¿Cómo lo lleváis?
-Bien, bien.-Respondieron los erizos, sin detallar nada.
Charlaron un poco de cosas sin importancia, hasta que Sonia se metió en la cocina y empezó a calentar la comida.
Una noche normalita en la casa de los hermanos Sonics.
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La noche ya había caído, no se veía nada, solamente lo que la escasa luz de las farolas llegaba a iluminar. Una figura pequeña caminaba entre las sombras, hasta parar justo debajo de una farola. Era la eriza de pelo castaño, pelaje azul y ojos azules, que estaba volviendo a su casa, sola.
Se le había hecho bastante tarde, se había quedado embobada mirando el anochecer, y cuando quiso darse cuenta era más tarde a la hora de la que su hermano le dijo que volviera a casa.
Le daba miedo caminar sola, pero no quería demostrarlo, ni quería molestar a su hermano llamándolo y pidiéndole que fuera a buscarla, así que caminaba lentamente hacia su casa.
Entonces pudo oír que alguien se acercaba, o tal vez más de una persona. Oyó motos, tal vez dos, que se acercaban lentamente, como queriendo sorprenderla por la espalda, pero el ronroneo de sus motos no pasaba desapercibido exactamente.
La eriza volteó, y efectivamente vio acercarse a dos figuras, así que aceleró el paso, pero de nada le sirvió, las motos corrieron un poco más hasta quedar una delante de ella y el otro detrás, acorralándola.
-¿Es esta la hermana de Astro?
-Según tengo entendido sí.
La niña se fijó en que uno de ellos llevaba en las manos un hierro bastante grande que agarraba en una mano, lo que hizo que tragara pesado.
-¿Sabes, pequeña?-Dijo uno de ellos, el que no tenía aparentemente armas en las manos.-Tu hermanito le ha dado una buena paliza a nuestro querido amigo Bean.-Dijo un zorro de color morado, que llevaba sombrero, y tenía una sonrisa maligna en el rostro. "Fang the Sniper" era su nombre.
-Y ahora venimos a vengarnos.-Dijo la otra figura, bajándose igualmente de la moto y acercándose lentamente. Este era un oso polar, color amarillo claro, el cual llevaba ese enorme metal. Era conocido como "Bark the Polar Bear".
-Veamos qué tal le sienta a la rata dorada que le den una paliza a su hermana pequeña.-
La eriza se puso pálida, intentó huir pero de nada le sirvió.
Aquellos Hanran sabían lo que querían en ese momento, y no era otra cosa que vengarse, y así lo iban a hacer. Nadie se lo podría impedir. Nadie tenía por qué escucharlos. Nadie tendría que saber nada, o por lo menos, no esa noche. No pensaron dos veces sus actos, solo actuaron con los puños y las armas que llevaban en la mano, sin importar cuán inocente fuera la eriza, o cómo sería la venganza que les aguardaría tras aquella noche.
Sonic, Manic, Sonia, Tails, María, Shadow...(c) SEGA
Astro-(c) Sonamyfanlove
Shiro-(c)Joey D' Agostino (MUJERIEGO! (? gatito :3)
Claudia-(c) Amy Rose FanGirl (me)
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