Eran las 07:30 de la mañana, y a Sonic lo sacó de su sueño la voz dura y femenina de su hermana mayor, que lo llamaba desde la puerta.
-¡Sonic, Sonic, levanta de una vez pedazo de vago! Tienes que ir al colegio.-Era lo que decía una y otra vez la eriza, sonriendo de vez en cuando al ver cómo se movía el erizo con cada grito.
Finalmente, el erizo azul se sentó, no quería escuchar más los gritos de su hermana, le provocaba migraña despertar así cada mañana que se quedaba dormido.
-¿Qué hay de desayunar?-Preguntó con cara de zombie mientras se levantaba de la cama.
-Tostadas de tomate y aceite, y zumo de naranja. Date prisa, vas a llegar tarde.-Repitió.
-Ya vooy, ya voooy...-Musitó sin ganas mientras pasaba al lado de su hermana y bajaba las escaleras arrastrando los pies.
-¿Ves? Si te acostaras más temprano, en vez de pasártelas haciendo el imbécil hasta las tantas, no se te pegarían las sábanas para ir al colegio.-Le regañó.
-"No me calientes más la cabeza por la mañana temprano..."-Pensó el erizo azul, agobiado.
El erizo se llevó la mano a la cabeza, masajeándola levemente.
-No me digas...-Dijo la eriza al verlo.-Que tienes resaca.
-¿Eh? ¡No!
-¿Entonces que te pasa?
-¡Que son las 07:35 de la mañana, tengo muchísima hambre, me espera un día de escuela asqueroso y tú estás encima de mi gritándome y jodiéndome la mañana!-Dijo mientras se sentaba en una de las sillas cerca de la mesa, agarraba una tostada y comía. La eriza se quedó un rato callada, observándolo, hasta que finalmente suspiró, agarró su cartera y la metió en el bolsillo trasero de su falda.
-Muy bien, Sonic.-Dijo mirándolo algo distante.-Tú ganas, ya no te "joderé" más esta mañana. Que tengas buen día.-Acto seguido salió dirección a su trabajo, mientras el erizo azul comía apresuradamente y nerviosamente, sin prestarle mucha atención a la frialdad en la voz de su hermana. Miró la hora. Las 07:59. Bebió de un tirón su zumo y se levantó. Cogió su mochila y salió corriendo dirección al colegio. ¿En un minuto le daría tiempo a llegar? Claramente.
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Sonó el timbre de entrada a clase, y unos instantes después, cuando cesó el sonido, el erizo azul paró en la puerta, para después entrar al edificio, pero sin mucha prisa.
No había mucha gente por el pasillo, cosa que extrañó un poco al erizo, ¿ya le había dado tiempo a casi todo el mundo a entrar a clase? Decidió no pensarlo mucho, y se metió a su clase.
Se sentó y miró a los lados. No había nadie en clase. Se sorprendió un poco, ¿se habrían equivocado con la alarma y había tocado más temprano? ¿Se habría confundido Sonia y lo habría despertado antes de hora? Bueno, fuera lo que fuera, ya había llegado a clase y no le quedaba otra que esperar a que alguien entrara, cualquiera, menos el profesor.
Pasó como mínimo una hora, y nadie llegaba. Ni la pegaso, ni la zorrita rubia, ni el erizo plateado, ni la gata lila, nada, nadie. Ni siquiera los profesores. Sonic estaba solo en la clase. Suspiró molesto. ¿Qué pintaba él ahí, solo?
Entonces, por delante de la puerta, pasó la gata morada, de nombre Blaze, que pasó de largo. Pero, unos segundos después, retrocedió y se asomó a la puerta, y su mirada se encontró con la de Sonic.
-¿Qué haces aquí?-Preguntó secamente.
-No sé, no sabía que hoy era festivo.-Confesó el azulado.
-Es que no es festivo.-Contestó, marcando el "no".
-¿Entonces? ¿Dónde está todo el mundo?-Preguntó confundido, cada vez estaba más rayado, la gata lo estaba liando.
-Veo que no te has enterado de lo que pasó anoche.-Contestó mientras entraba en la sala y apoyaba la espalda en el marco de la puerta, cruzándose de brazos. El erizo se fijó bien en ella. El pantalón que estaba usando en ese momento era apretado y de color blanco. Su camisa era morada oscura, con unos detalles blancos, que le estaba ajustada y apretada, y una rebeca vaquera que le quedaba genial. Aunque, por desgracia, la gata no podía presumir de enormes senos, no los tenía.
-Y, ¿qué pasó anoche?-Preguntó con curiosidad. La gata suspiró.
-Dos Hanran hirieron de gravedad a una de las nuestras.-
El erizo levantó una ceja. No comprendía. El día siguiente al que habían enterrado a Charmy vivo, mucha gente había asistido a clase, y el día que atropellaron a María solo faltaron ella y Shadow, los demás se podía decir que estaban todos. ¿Qué hacía a la que habían herido esta vez, especial?
-Y...¿A quien han herido?
-A una de las más jóvenes. ¿Te acuerdas del dorado, Astro?-Dijo paseando la mirada por la habitación sin mucho interés.-Pues su hermana pequeña.-
El erizo se quedó pensativo unos segundos, y recordó a la pequeña eriza de pelaje azul y pelo castaño y largo, ojos azules e inocentes, y expresión aniñada y hasta tierna.
-¿A esa gatita asustadiza? Pero si no hace nada nunca.
-Lo sé.-Contestó en un suspiro.-Pero por lo visto, Astro le pegó a Bean, y sus colegas Fang y Bark quisieron vengarse. Y como saben que con el dorado van a tener poca posibilidad, decidieron ir a por el blanco fácil, pensaron que así cabrearían al otro, y lo han conseguido a lo grande.-
El erizo escuchaba atento, pocas veces prestaba tanta atención a algo.
-Sigue contándome.-Le pidió con interés.
-Por lo visto su plan era matarla.-El erizo se sorprendió ante aquellas palabras. Le sorprendía ver cómo la gata podía hablar de temas tan fríos y serios con esa voz serena y tranquila.
-¿Y qué se lo impidió? ¿La conciencia?-Preguntó casi susurrando, lo que provocó que la morada sonriera de lado, levemente.
-¿Conciencia? No me hagas reír. Le estaban pegando con un hierro. Si tu vieras como tiene el cuerpo esa niña ahora, te cagabas. Si no la han matado, es porque se lo impidieron.
-¿Quién? ¿Astro? -La gata negó.
-No lo sé bien, ni yo ni nadie, no lo conocemos. Era un erizo negro,-Sonic se imaginó a Shadow.-Todos pensamos que era Shadow en un primer momento, pero no, además de que el estaba con María a esa hora, este erizo negro tenía la punta de las espinas azules. Y tenía aros en las espinas, y los ojos azules. O eso me han contado.-Se estiró, haciendo que el erizo se fijase mejor en su cuerpo, pero decidió no hacerlo más, aquella chica le gustaba mucho a su amigo, y no pensaba, por ninguna razón del mundo, fijarse en la piva de otro.
-¿Y como se ha tomado esto Astro?-Dijo el azulado, rompiendo el silencio que se había producido en unos segundos.
-¿Tú cómo te tomarías que le hicieran eso a tu hermana?-
Sonic imaginó a su hermana Sonia, cubierta de moratones, sangrando, y pidiendo ayuda en murmuros, le pareció algo imposible, porque conocía a su hermana y jamás de los jamases pediría ayuda a nadie por nada del mundo, y menos dejaría que la derrotaran, pero por un segundo, trató de imaginarlo.
-Mal...me lo tomaría mal.
-¿Eso es todo?-La gata se llevó las manos a las caderas y levantó una ceja.-¿Sólo te lo "tomarías mal"? ¿No te darían ganas de vengarte?
-Supongo que si...
-Qué poco sabes.-Suspiró.-Bueno, pues la a armado gorda. Pero gorda de verdad. A amenazado a todo el que ha pillado, a algunos incluso los ha golpeado. Jamás le había visto tan cabreado, ni si quiera la novia ha conseguido calmarlo. Está que hecha fuego.-Mientras decía esto último levantó un dedo y este se prendió. Blaze podía provocar fuego con cualquier parte de su cuerpo, por eso era tan "ardiente".
-¿Tanto le ha dolido? Es decir...no le conozco mucho pero de verlo...parece un tío frío y que le da igual todo.
-Pues no es así.-Se incorporó.-No es tan frío cómo tú piensas. Y lo está demostrando.
-Bueno, a todo esto, ¿por qué ha faltado todo el mundo?
-¿Tengo que repetirlo?-La gata empezaba a impacientarse y frunció el ceño.-A amenazado a los Hanran y se han cagado, se han achantado todos, y los que no han aprovechado para no venir a clase.
-¿Y los nuestros qué?
-Algunos detrás de Astro ayudándolo a dar palizas y otros en el hospital, cuidando de la otra.
-Ah...ahora que lo pienso...¿qué haces tú aquí?-El erizo miró a la gata interrogante.
-No es de tu incumbencia.-La morada le dio la espalda, saliendo por la puerta.-Ahora que lo sabes aprovecha para irte, estás solo.-
Antes de que el erizo pudiera responder, la gata se fue, dejándolo con la palabra en la boca.
Suspiró, y sin nada que decir ni comentar, se levantó. Agarró su mochila, se la colgó, y salió.
Andaba por los pasillos arrastrando los pies, tenía la mirada cansada, y los ojos entrecerrados. Agudizó el oído, había gente dando clase, aunque se oían más alumnos hablando que maestros explicando. Salió del recinto. ¿Qué haría ahora? ¿Iría al hospital a ver a la pequeña Kosoku o se uniría al erizo dorado para dar caza a los sin vergüenzas? O, aún mejor, ¿por qué no buscar al erizo negro extraño que supuestamente salvó a la azulada?
-¿Por qué me caliento la cabeza?-Se preguntó mientras empezaba a caminar, camino al hospital.-Lo haré todo, por orden, en el mismo día. ¡En un día tengo tiempo para todo!
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Por fin, después de un rato caminando, el erizo azul llegó al hospital. Las puertas estaban abiertas de par en par, cómo si le estuviesen esperando. No se lo pensó dos veces y entró.
El erizo paseó la mirada por el interior del lugar, frente a él estaba la recepcionista, justo a ella dos grandes ordenadores, y junto a estos, paquetes enormes de papeles, aunque todos parecían clasificados y ordenados.
Sonic se acercó a ella, y apoyó los brazos en la mesa.
-Perdona, ¿tenéis a alguna Katsune por aquí?
-Déjeme consultarlo.-La mujer, de avanzada edad, tecleó rápidamente en el ordenador, buscando el apellido.-Sí señor, planta 2, habitación 134.
-Gracias.-Antes de marcharse, el erizo decidió preguntar algo más.-Y...¿Charmy Bee sigue aquí?-
La mujer hizo el mismo proceso de hace unos segundos.
-Sí, sigue aquí, planta 3, habitación 390.
-Gracias de nuevo.-El erizo le sonrió y se dirigió, para empezar, a la habitación de Charmy. Hacía tiempo que no veía a esa abejita, y ya tenía ganas de ver su estado.
Llegó a la tercera planta y a la habitación 390, y llamó a la puerta. Nadie contestó. Entornó la puerta, y pudo ver al cocodrilo verde, arrodillado junto a la camita donde dormía profundamente la abeja.
-Perdóname...perdóname...perdóname...-Musitaba una y otra y otra vez. El erizo no quiso entrar, dejó la puerta entornada y siguió observándolo con cierta sorpresa.
-No volveré a ser un cobarde...jamás volveré a huir...esos Hanran...van a pagar por lo que te han hecho...-Aseguró, con rabia y enfado en su voz, y algo de pena, que Sonic notó enseguida. Cerró la puerta. Pensó que lo mejor era no interrumpirlos. Aunque sabía que desde aquella noche, Vector había permanecido junto a Charmy día y noche, hora tras hora, minuto tras minuto, haciéndole promesas, juramentos, lamentándose, pidiéndole disculpas...
Sonic se puso en marcha a la habitación 134, y para su sorpresa, en el pasillo encontró a varias personas. Entre ellas el zorro blanco, la gata lila y la rubia, el erizo plateado y el erizo negro, la eriza rubia (en su silla de ruedas, por supuesto), y algún que otro Kosoku.
El erizo paseó la mirada por todos ellos, pero para su sorpresa, entre ellos no estaban ni el erizo dorado ni la pegaso turquesa.
-¿Dónde están Astro y Aqua?-Preguntó el azulado, al llegar, sin ni siquiera saludar.
-Vinieron los primeros y luego se fueron.-Contestó Silver.
-Ambos estaban demasiado cabreados, pero el que más, sin duda, Astro. Aqua ha intentado calmarlo pero ella no está ahora como para dar abrazos.-Continuó la eriza rubia, mientras los demás asentían.
-¿Y cómo está Clau?-Preguntó el azul.
Los presentes se miraron entre ellos.
-No lo sabemos.-Contestó el zorro blanco.
-¿Eh?-Preguntó con algo de sorpresa.-¿No estabais aquí para verla?
-Si, pero los médicos no nos dejan entrar.-Replicó la gata rubia frunciendo el ceño.
-No tengo ganas de esperar.-El erizo azul abrió la puerta de la habitación, y entró. Se quedó unos segundos quieto, y luego miró a los demás.-¿Es una broma?
Todos pasearon la mirada por la habitación. Todos se sorprendieron. No había nadie.
-¿Eh? ¿Dónde está?-Dijo la gata lila, con el corazón acelerado por los nervios.
-¡Se ha ido!-Contestó el zorro blanco, viendo la ventana del baño abierta.
El erizo de mechas rojas, que hasta entonces había permanecido callado, sacó el móvil y marcó un número.
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Cubos de basura tirados al suelo, y con ellos, restos de basura desperdigados, ventanas rotas, paredes desconchadas, y gotas de sangre manchando el suelo.
Astro arrasaba todo lo que veía, estaba cabreado, mucho, y no era como para no estarlo. Pisadas fuertes a cada paso que daba, y por sus puños goteaban pequeñas manchas rojas líquidas, sangre.
-Los voy a matar...-Repetía una y otra vez. Detrás de él caminaba la pegaso, igual de molesta, pero no rompió nada, la masacre que se produjo en el barrio la provocó el erizo dorado solito.
Caminaban solos, se habían divido para encontrar a los dos condenados, que en esos instantes el erizo dorado y la pegaso turquesa odiaban con todas sus fuerzas.
La pegaso pasó la mirada por el dorado, bajando hasta sus puños, que estaban ensangrentados.
-Astro...-Musitó.
-¿Qué?-Respondió él, tratando de controlarse.
-Tus puños están...-
El erizo dorado ni siquiera se miró, notaba cómo la sangre le humedecía los puños.
-Lo sé.-Contestó cortamente.
-No debiste pegarle a la pared...ni al cristal...
-Déjalo ¿vale?-Dijo apartando la mirada. La pegaso suspiró, pero antes de que pudiera responder, el móvil del erizo sonó. Rápidamente lo cogió y contestó.
-¿Qué pasa?-Contestó secamente. Unos instantes de silencio, y los ojos del erizo se abrieron como platos.-No puede ser...-Musitó.
La turquesa lo miraba confundida, hasta que el erizo colgó y guardó el móvil.
-¿Quién era?-Preguntó lentamente.
Sin previo aviso, el erizo empezó a golpearlo todo con fuerza, paredes, coches, cristales...la pegaso se sorprendió al verlo así, e intentó deterlo.
-¡Astro, para ya!-
El erizo no la escuchaba, estaba furioso, algo le estaba comiendo por dentro, hasta que la turquesa lo obligó a parar. Lo abrazó por la espalda, y al erizo no le quedó otra que quedarse quieto. Aqua lo abrazaba con fuerza, hasta que vio que el erizo bajaba los brazos y se calmaba.
-Dime...¿qué ocurre?-Preguntó con un tono de voz suave.
-Se ha ido...-Musitó. La pegaso lo miró confundida.-No está, no está en su habitación, no está en el hospital, se ha ido, se ha ido...-Musitaba una y otra vez. La turquesa entonces lo entendió: Claudia ya no estaba en el hospital.
-La encontraremos...-Le aseguró.
-No.-la interrumpió.-Tú te vas a casa, yo me voy a buscarla.
Aqua se separó de él y se cruzó de brazos.
-¿Qué te hace pensar que voy a irme y dejarte solo buscando?-Preguntó molesta.
-No pienso ponerte en peligro. Dejé a mi hermana sola y mira lo que le pasó...no pienso correr ese riesgo...no pienso dejar que nada te pase.-
La pegaso lo miró conmovida. Ahora que se le había paso un poco el enfado, veía al erizo dorado con otros ojos, sólo era un hermano mayor preocupado y asustado por lo que pudiera pasarles a ella y a su hermana menor.
-No me va a pasar nada, Astro.-Dijo tomándolo de las manos suavemente y acariciándolas con su pulgar.-Estaré bien, déjame ayudarte, yo también estoy preocupada, y no pienso separarme de tu lado...
El erizo dorado cogió aire, y sin pensar una respuesta, actuó, y la besó tiernamente en los labios, y fue correspondido a los pocos instantes. Se quedaron así hasta que necesitaron respirar, el erizo acarició la mejilla de la pegaso y sonrió.
-Está bien...-Murmuró.-Ven conmigo.
La pegaso sonrió de oreja a oreja, y tomando su mano, comenzaron a caminar, el uno muy cerca del otro.
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Estaba a punto de anochecer, y el erizo azul caminaba despacio por un bosque, esperando llegar al prado, por el cual estaba el camino más corto para ir a su casa. Mientras, no paraba de darle vueltas a todo lo que estaba pasando. Pensó que ahora sí estaba comenzando la guerra, lo de antes había sido todo tontería, ahora las cosas se ponían serias. Ahora no podría confiar en ningún Hanran , incluso comenzaba a pensar que no podría tener piedad ni con las chicas de este grupo.
De sus pensamientos lo sacó una figura negra que caminaba por delante de él. Se detuvo y se escondió tras unos árboles, observando la figura. Esta era bajita y se notaba que era femenina. La siguió, hasta ver que esta entraba al prado. El erizo azul se quedó tras los árboles del bosque, mirándola desde lejos.
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La eriza castaña se sentó en la fina hierva del prado, mirando hacia el cielo. Tenía algunos vendajes en los brazos y en el costado. Se había roto algunas costillas, pero en el hospital habían hecho todo lo posible para curarla y que no le doliera tanto.
-Qué bien, he llegado a tiempo.-Se dijo a si misma sonriendo, viendo que estaba a punto de anochecer.-Astro se va a enojar...-
La pequeña cerró los ojos y notó el suave viento acariciar su rostro y mecía su melena castaña suavemente. Aún le dolía un poco el cuerpo. Recordó por unos instantes esa noche. Abrió los ojos y miró al cielo. Intentaba sacar los malos pensamientos, intentaba encontrar una explicación para lo que le hicieron ese día.
-No lo hicieron a propósito...-Se dijo, intentando autoconvencerse.-Les temblaban las manos...no querían hacerlo...no sabían lo que querían...estoy segura de que no querían acabar con mi vida...estoy segura...-Entonces le vino a la mente el recuerdo del erizo negro y azul, que con gran maestría le quitó a los chicos las armas de las manos y defendió a la eriza castaña, y después, la llevó al hospital sin pedirle explicaciones ni mediar palabra. Solo recordaba una sonrisa calmante, y después, nada. Se despertó en el hospital, donde ya a penas le dolía el cuerpo, y decidió escaparse por la ventana, para ver el atardecer, tal y como estaba haciendo ahora.
Decidió no pensarlo más por ahora, se dedicó a mirar cómo el sol se escondía tímidamente, hasta que notó que alguien se acercaba a ella por detrás. Volteó.
Sus ojos se encontraron con los de un erizo de ojos dorados, que la miraba fijamente. Estaba a punto de decir algo, pero se calló al ver a la chica, y ella igual permaneció en silencio, incluso se ruborizó al verlo. Ambos se quedaron mirando hasta, que, finalmente, el sol cayó, y la noche empezaba a apoderarse del cielo.
Sonic, Charmy, Vector, Blaze...(c) SEGA
Astro...(c) Sonamyfanlove
Aqua,Akira,Eclipse...(c) BlueRosePegasus
Shiro...(c) Joey D'Agostino
Clau, Nami...(c) Amy Rose FanGirl (me)
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