Capitulo 23: Lágrimas.
Se oía los pasos acelerado de una carrera, incluso el demonio responsable respiraba con dificultad por estar corriendo y por las ganas que tenía de llorar, pero a pesar que sus ojos estaba por completo humedecidos, borrándole la visión y causando que tropezase de vez en cuando o chocase con una pared, se contenía al llanto o a detenerse.
Siguió y siguió corriendo, cada vez con menos aire entrando a los pulmones, y al pasarse la manga por los ojos para mejorar la visión, lo vio al fin, a Nnoitra derrotado en el suelo y sangrando. A movimientos torpes, se puso de rodillas con brusquedad, sin importarle que luego quedara con raspones, se lo quedó mirando mientras sus brazos y manos temblaban por miedo a perderlo y por la impotencia a no tener el poder de sanar las heridas del demonio. Apenas sintió el reiatsu de Nnoitra desfallecer, el corazón de Nelliel se había encogido de dolor y el aire poco a poco dejaba de entrar a los pulmones. Sin contenerlo más, lo atrajo a su cuerpo para abrazarlo con cariño, comenzando a llorar mientras lo llamaba en susurros, suplicándole que no se vaya y que abriese sus ojos… ¿Por qué tenía que ser tan masoquista para sentirse atraída por un brabucón como él? Ah sí… porque él la trataba como era y no por ser bonita o su estatus social.
Las lágrimas tocando el rostro de Nnoitra fueron suficientes para despertarlo, pero no parecía molesto de despertar en los brazos de Nelliel, se sentía de un modo que no recordaba la última vez que estuvo así… con tanta paz, raro en un demonio, pero es lo que ella le producía. Como despertó soltando un quejido suave y casi agradable, la peliverde se dio cuenta que había despertado, pero no sintió vergüenza de qué la viese de esa forma.
-La verdad es que cuando oía que matabas a mis pretendientes… dentro de mí sentí algo de alegría. – Confesó disfrutando el "raro" momento entre ellos. – Pensé… pensé que yo te importaba. – Le acariciaba los cabellos. – ¿Por qué?
-Eres una estúpida. – Susurró, de nuevo evadiendo la pregunta del por qué tanta protección y acto de animal en celo con la muchacha. –Deberías olvidar de una vez a la bestia.
-Ya sé que lo soy… pero tú también lo eres… por no olvidar al carnero.
Una presencia acercándose a gran velocidad advirtió a ambos y la chica aferró más al pelinegro a su cuerpo, Nelliel alzo la mirada para ver aparecer a Rudobone acompañado de un sequito de veinte o treinta demonios bajo su cargo, todos estaban indiferentes y con las manos tras la espalda, dejando a su líder al frente y esperando las órdenes de este, quien no hacía más que observar a la pareja y como la demonio lo desafiaba con la mirada, enarcando sus cejas para aparentar más rudeza.
-Nelliel-dono, le pedimos que se aparte de Nnoitra-dono.
-¿Qué es lo que piensan hacer con Nooitra, Rudobone?
-Tenemos órdenes de Aizen-sama de matar a Nnoitra-dono por su insolencia de atacar a Rukia-dono y por faltarle el respeto a nuestro emperador al usar artimañas sucias en un campo de batalla… el no sólo ya no es merecedor de ser un Espada, ya no merece vivir.
-Entiendo. – vuelve a hacer presión. – Entiendo que Aizen-sama se toma en serio el significado de una batalla y que ya ha retado varias veces a Nnoitra por su falta de tacto y por otros delitos, pero… no puedo entregarle a Nnoitra.
-Nelliel-dono, ¿Se da cuenta de lo que está diciendo? – Apoyando su mano en su espada. – Está yendo en contra de las palabras de Aizen-sama.
-No seas estúpida y suéltame. – Le ordenó Nnoitra tratando de alejarla de él como lo ha hecho toda su vida, pero esta vez… ella no lo dejo.
-Lo sé… y en verdad evito eso porque le debo mi vida a Aizen-sama, pero… ¡es sólo que no puedo dejarlo a su perdición!
Y con ayuda de Sonido, desapareció de Rudobone y de sus hombres.
Usaba su velocidad para escapar de ellos, con Nnoitra en sus brazos, quien no paraba de quejarse por su estupidez y que lo deje a su suerte, como debe hacer todo un demonio, pero Nelliel no le hacía caso, su prioridad era sacarlo de allí. Pero al creer que los había perdido de vista, frente a ella se apareció Stark de la nada, ocasionando que suelte un grito pequeño mientras retrocedía, y por el asombro, soltó a Nnoitra, quien fue atrapado por el Espada más poderoso antes de tocar el suelo, cargándolo como un saco sobre el hombro y a la chica demonio la tomo del cuello de sus ropas, algo simple, pero suficiente para mantenerla quieta.
-Rudobone. – Fue todo lo que dijo al conseguir su premio. El mencionado se apareció. – Llévate al traidor al calabozo de tortura, hay quienes le tienen gana.
-Sí, Stark-dono. – Truena sus dedos y dos soldados se aparecieron para tomar al condenado, ignorando las suplicas de Nelliel.
Ella quería llevarse a Nnoitra muy lejos, gritaba y rogaba de que no le hicieran daño, pero le era imposible hacer algo si Stark la tenía agarrada de la cintura en un abrazo, levantada del suelo, sólo podía patalear y golpear los brazos de su colega como una niña pequeña haciendo rabieta por querer algo que sus padres no pensaban darle, esta niña de pelo verde quería a Nnoitra vivo y a su lado, aun cuando él sólo la insulta, le quita la paciencia o busca una pelea contra ella para demostrarle que está a su nivel… ¡no quería que eso acabará!
-¡Nnoitra! – Gritó más desesperada al verlo desaparecer ante sus ojos. – Suéltame Stark.
-¿Qué hay de Nelliel-dono?
-No te preocupes Rudobone, yo me encargo de ella. – Le aseguró Stark inmune a los gritos y golpes de la mencionada.
Una vez solos, Stark desapareció y apareció en su habitación, un lugar dónde sólo habían sillones de plumones o camas, cosas necesarias para que él pueda dormir cómodamente, dejo caer el cuerpo de Nelliel sobre una de las camas con sábanas amarillas, para luego caer a su lado con las manos tras la cabeza.
-Has sido una ilusa, Nelliel. – Le dijo manteniendo la mirada en el cielo.
-No lo pude evitar. – Susurro.
-Has evitado todos estos siglos la realidad de que te gustaba Nnoitra… ¿Y ahora decides mandar todo a la basura y arriesgarte a seguir su destino? – Bostezó abriendo bien la boca, no se molestó en usar la mano. – Te recuerdo que le debemos lealtad a Aizen.
-Si…. – Se incorporó para buscar la mirada del hombre. – Si hubiera sido Hallibel… ¿Qué habrías hecho? – Notó como Stark arqueó las cejas y evito el contacto visual. – De seguro lo mismo que yo.
-Bueno… pero Nnoitra te hubiera seguido tratando de una forma nada agradable.
-¿Y esperas que Hallibel contigo, sí? – Ambos sonrieron por recordar el comportamiento de la rubia. Nelliel se vuelve a tender, pero de lado para darle la espalda. – Esto me recuerda lo que me dijo el ángel el día que la conocí.
-¿El ángel? ¿Te refieres a la presa de Aizen?
Yo si tengo para pelear y es Ichigo-kun.
Nelliel cierra sus ojos por la voz de Orihime resonando su mente.
Abrió sus ojos y se encontró con nubes blancas, cielo bien celeste y un centenar de edificios alto y todo estaba verticalmente.
Estaba en su mundo interno.
Se pone de pie sin preocuparle la ley de gravedad, buscando por todas partes al viejo Zangetsu, el alma de su espada, incluso lo llamaba a gritos, pero no había señales que le declaren que estuvo por ahí. Detiene sus pasos, preguntándose donde pudo meterse cuando una risa que conocía y odiaba resonó por todo el lugar, se da la vuelta al oír pasos y ve a un ser por completo de blanco y se parecía mucho a él.
-Maldito cabrón. – Se notaba que estaba cabreado. – ¿Cuántas veces te he dicho que desaparezcas? ¿Dónde está el viejo Zangetsu?
-Yo soy Zangetsu. – Le dijo simplemente.
-¡No me jodas con tus gilipolleces!
Su yo blanco suspiro cansado y resignado, pensando que le había tocado de amo a un hombre realmente idiota, pero era un novato, así que tenía que tener paciencia con él. Llevó una mano a la cabeza para enredar los cabellos.
-Aun no lo entiendes Ichigo, el viejo y yo somos Zangetsu, ambos somos tu poder… somos uno. – Se encoge de hombros con los brazos doblados para que sus manos estén al aire. – Así que si quieres culpar a alguien, culpa a tus orígenes.
-No me vengas con esa mierda de nuevo. – Sacando a Zangetsu.
Soltando un ja, Shirosaki lo imitó, ambos se apuntaban con las espadas.
-Alguien está pasando por una larga etapa de negación. – Se burló, lanzándose hacía él para atacar.
Blanco y negro chocaron, el negro tenía su ceño fruncido y el blanco sonreía burlón, ansioso de humillarlo y que corriera sangre. La batalla se había llevado sólo en choques, le era complicado a Ichigo pelear contra él, era como si leyera todos sus movimientos y lo superaba el doble, haciendo trucos con la espada que a él jamás le paso por la cabeza. ¿Acaso en verdad usaba la telepatía? Se preguntó al volver a detener un ataque directo, tratando de mantener el equilibrio de la presión de los filos para poder derrotar al otro.
-No es que te lea la mente, idiota. – Dijo al ver la confusión en los ojos de Ichigo. – Conozco tus movimientos, recuerda que soy una parte de ti, soy tu mitad demonio hereditario.
-¡Ya cállate, no quiero seguir oyendo sus jodidas locuras! – Le ordeno al mismo tiempo que lo manda metros atrás con un empujón de su arma. – ¡Yo soy yo! ¡Y eso es todo lo que cuenta!
Ante tales palabras… Shirosaki se rió con ganas, sus carcajadas se podía oír por todo el mundo interior de Ichigo, parecía un demente, pero no de los de un manicomio, sino uno con un grado de sabiduría y que le parecía gracioso los comentarios de la gente ignorante, como su amo… o ex amo. De un momento a otro, vuelve al ataque, pero esta vez, con más velocidad y fuerza, sorprendiendo al pelinaranja, incluso estuvo cerca de cortarle la cabeza.
-Eres débil y cobarde, Rey… me niego a ser el caballo de alguien así de patético, así que haremos esto. – Dijo llevando su espada blanca al hombro. – O peleamos hasta que te debilites y tome tu cuerpo… o hasta que te mate.
-¿Qué pasará contigo si muero? – Le preguntaba en un estado de alerta, al mínimo movimiento erróneo y terminará muerto.
-Yo desapareceré contigo. – Admitió desinteresado. Hace girar la espada con ayuda de las vendas que rodeaba el objeto. – Pero no me importa, prefiero la muerte que ser dirigido por alguien tan idiota.
Y atravesó a Ichigo con su propia espada, sorprendiéndolo y quedándose sin aire mientras la vista se le nublaba. Shirosaki sacó la espada sin cuidado, viendo como Ichigo va cayendo al suelo de rodillas con una expresión inerte, pensando que era el fin cuando un nuevo reiatsu rodeó al humano, sorprendiendo al albino.
-Este reiatsu… yo lo conozco.
Ichigo… Ichigo… despierta, Ichigo…
En su estado de inconsciencia, oía esa dulce voz femenina que le era tan familiar, era tan cálida y lo llenaba de seguridad, que lo convenció para abrir sus ojos, y esta vez, estuvo en un mundo totalmente oscuro, sólo podía ver su propio cuerpo, pero su alrededor era todo negro y parecía ser un espacio sin fin, así que era inútil correr.
Ichigo… Ichigo…
-¿Quién eres? – Gritó, pero no oyó ninguna respuesta, sólo la misma voz conocida llamándolo. – ¡Te puedo oír, dime quien eres!
Un destello dorado llamó su atención, obligándolo a voltear para ver a una mujer demonio, la delataba las grandes alas negras como murciélago y sus ojos amarillos, el cabello castaño claro como la miel y ondulado le protegía la identidad, estaba descalza y a pesar de ser alguien de la oscuridad, usaba un vestido blanco tipo veraniego por debajo de las rodillas, finas tiras deslizándose por los hombros y un escote redondo. Esa mujer le era tan conocida, pero su mente estaba muy cansada como para hurgar en sus recuerdos… aun así, tuvo la necesidad de llorar y abrazarla, comentarle lo mucho que la extrañaba y que lamentaba mucho lo que paso en el pasado… ¿Qué pasado? Estaba confundido.
La mujer alzo más la barbilla para verlo mejor y le sonrió dulcemente, despertando el chip dormido del chico porque se sorprendió una vez la recordó y estiro un brazo, anhelando alcanzarla con los dedos.
-Ma…
La mujer extendió sus alas, el sonido acalló las palabras del chico y se cubrió los ojos al cegarse por la luz dorado que se intensificó, haciendo desaparecer la intensa oscuridad y hacerla reemplazar por un cielo totalmente despejado, sin nubes o el mismo sol, sólo había azul.
Escuchó un estruendo que lo obligó a alzar la mirada para ver a la misma mujer peleando contra un hombre ángel, con sus alas blancas y vistiendo de negro, por sus expresiones, gritaban mientras peleaban, tal parece que tenían algo personal que los obligaba enfrentarse a cada encuentro, trataba de entender lo que se decían, pero había algo en sus oídos, o tal vez era el aire, que les impedía oír por completo la discusión. Pero las imágenes frente a sus ojos bastaban para Ichigo, ellos eran…
-Ichigo.
De nuevo esa voz, se volteo para ver a la misma mujer con el mismo traje, pero esta vez, no usaba su cabello para ocultar el rostro, por lo que ya no había dudas para Ichigo.
-No te preocupes, te curé a tiempo y tu lado de demonio ya no te molestará por un tiempo. – Le explicaba sin deja de sonreír con dulzura, una sonrisa… materna.
Abrió sus ojos de sorpresa al sentir un abrazo de Ichigo, pero no tardó en volver a sonreír y le correspondió el abrazo, la última vez que estuvo con él, era un pequeño y ahora… ¡incluso era más alto que ella!
-Madre. – Ichigo estaba feliz y aliviado de ver una vez más a su madre, Kurosaki Masaki.
-Lo siento tanto Ichigo… has sufrido tanto tras mi muerte y culpándote por mucho tiempo. – Acariciando las mejillas de su hijo con ternura. – Por lo menos Isshin y Orihime-chan curaron un poco esa tristeza.
-Tú no tienes la culpa de nada, madre. – Tomando las manos. – Fue mía por mi irresponsabilidad.
-Ichigo… te hubieras interpuesto o no, iba a morir de todas formas porque ese fue el castigo que me impusieron. – Confesó, ocasionando que su hijo pasase a una etapa de shock, a pesar que su cuerpo estaba congelado, sus brazos se movían, ocasionando que las manos de Masaki temblasen junto con las de él. – ¿En verdad crees que un demonio puede vivir en la Tierra y casarse con un descendiente de ángel sin un castigo?
-Tú no eres un demonio. – Aseguró haciendo presión de las pequeñas manos de su madre. – Alguien tan dulce y con sonrisa angelical, no puede…
-Lo siento Ichigo. – Regalándole una pequeña sonrisa de tristeza. – Pero eso soy… un demonio y por eso tienes un lado demoniaco en tu interior… es lo que conseguiste al ser hija de uno y por eso lo siento tanto.
-Madre. – Procuraba no perder ante sus ojos y lanzarse a llorar como ese día en que la perdió para siempre.
-Dile a Isshin que lo amo… y que siempre lo amaré. – Volviendo a sonreír. – Que los cuido a cada uno de ustedes y que espero el día en que estemos juntos de nuevo.
Masaki desapareció y de nuevo Ichigo fue invadido por la oscuridad…
Abre sus ojos por tercera vez, ya no estaba en ese mundo extraño con su madre o en su propio mundo interior aguantando a su lado demoniaco, esta vez, lo que tenía frente a sus ojos eran unos precioso ojos grises empañados de lágrimas, pero muy felices de verlo despierto y curado por completo. Ichigo se incorporó sobresaltado, ocasionando que el ángel en cautiverio diese un grito y cayese sentada al suelo, oprimiendo un respingo, y lo primero que hizo el chico fue verla de nuevo, incluso la toco de las manos para asegurarse de que fuese real. Orihime se había sonrojado un poco por tal atrevimiento, viendo como él tomaba sus manos y las acariciaba con las yemas con mucho cuidado, como si se fuese a romper, el sonrojo iba creciendo poco a poco hasta que llegó a lo máximo cuando él ahora la toco de las mejillas, quería hablar, pero sólo se le escapaba sonidos de la boca, casi como un tartamudo, y sin dejar de ver esos ojos chocolates que la estaba derritiendo sin compasión.
-Orihime… ¿Dónde estamos? – Le preguntó sin dejar de tocarla de las mejillas, necesitaba el tacto de su piel, ya fue mucho tiempo lejos de ella que se estaba volviendo poco a poco un demente.
-A-A-A-A-A-A-…. – Trataba de liberar más palabras, pero seguía en la A y cada vez más cerca de un infarto… si tan sólo Ichigo soltara sus mejillas. Roja como un tomate y muy abochornada, tomo las manos de Ichigo y las separó de su piel sin muchas ganas, respiro hondo como si hubiese estado sin aire por largo tiempo. – Estamos escondidos en un lugar abandonado del palacio, he usado mis poderes para que nadie nos descubra.
-Entiendo… ¿Qué fue lo que pasó después de que me desmaye?
-Te salve de Nnoitra, ya no va a molestarte. – Le aseguró con una sonrisa. – Ahora por favor, Kurosaki-kun, necesito que estés quieto para poder cu-…
-¿Por qué? – Ichigo la interrumpió, confundiéndola por no ser más exacto. – ¿Por qué te fuiste sin decirme la verdad?
El ángel mordió sus labios nerviosa y recordando ese día de la "cita" y cómo fue a su habitación después, sonrojándose por recordar lo cerca que estuvo de besarlo. Volvía a sentirse culpable por mentirle, pero ella sólo quería protegerlo… ¿era eso tan malo? De nuevo quería llorar, pero esta vez por sentirse el peor ser al mentirle a la persona que le gustaba. Respiró hondo y decidió enfrentarlo.
-No quería que te preocuparas o hicieras una locura como ahora… sólo quería que fueses feliz y siguieras con tu vida normal… era todo lo que deseaba.
-No seas egoísta, debiste pensar también en mí. – La regaño molesto de tan débil respuesta.
-¡Lo hice pensando en ti! – Gritó enojada y ofendida de lo que el chico le dijo. – Mira donde estás ahora desde que supiste la verdad… ¡y eso es lo que quería evitar!
-¡Yo prometí protegerte!
-¡Y yo no quiero que te lastimen! – A punto de alterarse. – ¿No ves que si algo te pasa, jamás me lo perdonaré? – Se lo dijo en un susurro y algo entrecortado ya que no pudo más y lloró.
Sintió las manos de Ichigo acariciar sus mejillas, por lo que el sonrojo vuelve y el ángel observa al mitad demonio avergonzada e intimidada por esos ojos del color de las donuts.
-Sí estoy sacrificando mi vida aquí en el Infierno es por ti, Orihime… porque eres alguien importante para mí.
TUM. TUM. TUM.
TUM. TUM. TUM.
Orihime estaba en lo más alto del nivel de la felicidad y su corazón estaba palpitando sin control, si seguía así, le daría un infarto, pero la adrenalina no la dejaba pensar en un plan para salvar su vida, estaba muy ocupada sintiendo de nuevo la textura de la piel de Ichigo, sólo eran ellos en su mundo, no había humanos, ni Quincy, ni Vizard o ángeles y demonios, sólo eran ellos en una total paz.
-Te amo… y no quiero que te lastimen. – Confesó manteniendo su timidez y se mordió el labio, nerviosa.
Y finalmente ocurrió el anhelado beso, al principio fue algo torpe por la timidez de ambos y por la inexperiencia del chico, al ir agarrando confianza en el arte del besuqueo, el beso se fue intensificando como si en cualquier momento fuese el fin del mundo y debían aprovechar hasta lo último. Ichigo se atrevió a sacar la lengua para deslizarla por los labios de Orihime, que se abrieron en prueba de que le daba permiso para que entrase a su boca, ambas lenguas se enfrentaron en un baile de odio y amor. Se separaron por falta de aire, pero él no la dejó tan fácil, se acercó a morderle su labio inferior con cuidado, disfrutando el gemido placentero del ángel, volvieron a besarse, Orihime lo rodeó del cuello e Ichigo de la cintura, tratando de hacer el beso más intenso sin importarles morir por no drenar oxígeno, cayendo al suelo; ella de espaldas en el piso y él sobre ella.
Al encontrar al fin una salida, lo que le esperó a la teniente Hinamori Momo fue una habitación enorme lleno de mástiles tipo griegos y muy altos, podía apostar que eran del tamaño del Bankai del capitán Komamura, y aun así, le faltaban como diez metros para llegar al techo.
-Esta habitación podría superar el de los capitanes. – Admitió caminando por el lugar, sintiéndose una aguja en el pajar al estar rodeada de pilares enormes y gruesos, pensando que algo podría salir en cualquier momento.
Una risita de mujer alertó sus sentidos, pero cada vez que giraba su rostro hacía donde provenía la voz, no había nada, y siguió así hasta que pudo ver al fin una silueta oscura ocultarse en uno de los mástiles, de inmediato desenfundo a Tobiume y se preparó para el ataque.
-Sea quien seas… ¡sal! – Ordeno manteniendo una mirada seria digna de un teniente.
-¿Tan serios son los ángeles? Creí que eran de caras inocentes y tontos.
Momo se giró al oír la voz por detrás, terminando con algo parecido a un yo-yo grande golpeándola, y por la sangre que se libero, estaba afilado, y la mandó a volar, golpeándose en una torre. Quejándose de dolor, trata de ponerse de pie ignorando el corte que iniciaba de su pecho y acababa hasta el ombligo, incluso la chaqueta de su uniforme blanco de rompió, cayendo al suelo y relevando una pollera más ligera y de mangas cortas. Vuelve a oír las risitas y cayendo con elegancia desde la cima, gracias a sus alas de demonio, se deja ver una mujer de rizado cabello color morado oscuro, recogido en dos coletas con un extraño adorno, ojos del mismo color y sus labios estaba pintados de un morado claro y se pinto también gotas moradas, una debajo en cada ojo.
-¿Sabías que es de mala educación darle órdenes a la dueña de casa? O en este caso, a la dueña de esta habitación. – Razonó acariciando el filo de su yo-yo sin preocuparse de cortarse.
-¿Y sabías que es de mala educación atacar a los invitados?
-Astuta… estamos a mano. – Sonriendo con burla. – ¿Cuál es tu nombre, bonito ángel? –La teniente del quinto escuadrón, Hinamori Momo.
La demonio arqueó una ceja, tenía la sensación de haber oído ese nombre antes… lastima, ella no era bueno recordando cosas sin importancia. Volvió a sonreír.
-Mi nombre es Cirucci Sanderwicci. – Prepara su yo-yo que se mantenía gracias a una especie de látigo cuya empuñadura era como el de una katana. – La demonio que te matará en miles de pedazos.
-Eso ya lo veremos. – Volviendo a alzar a su Zanpakutoh, ignorando que el blanco de su pollera ya estaba teñida la mitad de rojo e iba creciendo. – Arde… ¡Tobiume!
Las cenizas que quedaron de lo que una vez fueron los cuerpos de Lolly y Menolly seguían en la biblioteca y Aizen no parecía para nada preocupado cuando entró con una doncella detrás que se encargó de la limpieza. El emperador del infierno caminaba despreocupado por la habitación y tomo con sus manos el libro dorado que se robó.
Estuvo acariciando la portada y lo abre, como también las páginas, deteniéndose en la leyenda del ángel de la Salvación. Cuando la empleada se fue, invocó una esfera tipo holograma que se mantenía flotando en el aire y le revelaba la imagen del ángel y del humano besándose, a pesar de su mirada inexpresiva y su sonrisa, sus manos presionaron el libro un poco más de lo debido.
-Cuando el momento llegue, voy a hacerte mucho daño, Orihime y me disculpo por eso. – Dijo mientras la esfera volvía a desaparecer. – Así que te daré algo de felicidad primero… en verdad lo siento.
Y se marchó de la biblioteca con el libro en sus manos.
