El cielo estaba despejado, las luciérnagas iluminaban levemente los caminos, el viento soplaba con suavidad, y las estrellas jugaban tranquilas y coquetas en el cielo. En efecto, la noche había caído.

El erizo dorado caminaba cansado hacia su hogar, ya era de madrugada. Unos minutos atrás, había estado con una pegaso turquesa, ambos buscaron incansablemente a la pequeña eriza de ojos azules, y habrían seguido, pero a ambos les podía el cansancio y la angustia que habían sentido ese día, y el erizo tuvo que prometerle a la pegaso que iría a descansar, y que seguirían con la búsqueda por la mañana.

Pasó por delante de un bar, y por unos instantes caminó más lentamente. Pensó fugazmente en entrar y apagar su angustia con alcohol, pero decidió que no era buena idea, y siguió su camino, mirando al suelo.

Faltaba poco para que llegara a su destino, por ello levantó un poco la mirada, y se encontró con las luces del patio de su casa encendidas. Se sorprendió ante aquello, lo que hizo que acelerara el paso, casi corriendo, y entró en la casa.

La luz del salón estaba encendida, encima de la mesa algo de comida que aún parecía caliente, y que llenaba el aire de un sabroso aroma.

Paseó la mirada por el salón, y sus ojos ojos se encontraron con los de la eriza de ojos azules. Estaba de pie al lado de la ventana, y ladeó la cabeza al ver cómo la miraba su hermano.

-¿Ocurre algo, onii-chan?-Fue lo único que dijo. Al erizo se le derritió el corazón, pensaba que ya no volvería a oír una frase de ella, esa palabra, esa voz...

Se fijó mejor en la pequeña que tenía delante: tenía un brazo vendado desde la muñeca hasta el codo, el otro brazo no estaba vendado, salvo la muñeca, pero se notaban unos moratones. Una de sus piernas estaba también vendada, desde la rodilla hasta el tobillo, y la otra de la rodilla hacia arriba. Su cintura, vendada. El erizo recordó que el médico le había dicho que tenía un par de costillas rotas.

En su mejilla, un algodón, sostenido por dos tiritas, pero algo enrojecido, ya que se le escapaban gotitas de sangre.

Su cuello estaba algo arañado, pero no profundamente. Las demás heridas no las pudo ver, por el vestido que ella llevaba, ocultando su cuerpo.

Un silencio intenso se apoderó del ambiente, ninguno de los dos dijo nada más.

Finalmente el erizo dio unos pasos hacia delante, acercándose a su hermana, esta pensó que le regañaría o le daría un toque por haberse escapado del hospital, así que lo miró con algo de miedo, pero la reacción que tuvo el erizo fue totalmente diferente; la abrazó con algo de fuerza, pero con cuidado de no lastimarla, levantándola un poco del suelo, y levemente temblando.

La eriza abrió un poco los ojos de la sorpresa, pero se dejó abrazar.

Nunca se supo si al erizo dorado, en ese momento, se le resbaló alguna lágrima, solo ellos dos lo saben.

La pequeña comprendió el mal rato que le había hecho pasar, se arrepintió de todo lo ocurrido esos días atrás, y por un momento pensó lo importante que él era para ella y lo mucho que lo quería.

Correspondió al abrazo de su hermano, incluso acarició un poco la espalda de este.

-Perdóname hermanito...-Fue el último susurro esa noche que se escuchó en aquella casa.

Esa noche, hermano y hermana durmieron abrazados en la habitación del erizo, ella segura de estar con su hermano, él dispuesto a protegerla y no dejar que volviera a derramarse más sangre.

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La mañana se presentó agradable. El sol salió tímidamente mientras la luna se escondía cansada después de una larga y agotada noche.

El erizo azul se encontraba sentado tranquilo en la mesa de la cocina, daba suaves mordiscos a una hogaza de pan y cortos tragos a su té. Ese día había escuela, pero al erizo no le apetecía ir. En cuanto su hermana y su hermano se fueron a trabajar, él se quedó tranquilamente sentado, sin prisas, pensando en sus cosas.

Miró la hora, ya habrían entrado todos al cole, y seguramente estuvieran dando clase, pero en verdad, ¡no le apetecía nada ir!

-Creo que me voy a echar a dormir...-Se dijo así mismo.-Tengo sueño...pero...Sonia podría venir...y si me descubre...la liará parda...mejor salgo a estirar las piernas...sí, será lo mejor.-

El erizo terminó de comer, y se levantó la silla. Se acomodó el pantalón que llevaba, e hizo lo mismo con su rebeca vaquera. Se estiró levemente, y después salió de su casa, no sin antes coger las llaves y guardárselas.

Caminó durante un rato por la calle, pensando a donde ir. Supuso que todos estarían en clase, así que no sabía donde iría a meterse. Entonces un rostro pasó por su mente fugazmente: Su querido amigo Tails.

Pensó que seguiría estando en su casa, le contó que debía permanecer en reposo unas cuantas semanas, y como aún no le veía por el colegio, supuso que sería una gran idea hacerle una visita.

Sin pensarlo más veces, caminó hacia la casa del zorro de dos colas.

No caminó muy rápido, decidió ir más despacio que de costumbre, para observar el paisaje. Los pájaros cantaban alegremente, al erizo le encantaba ese trinar, le relajaba y le hacía suspirar. El viento soplaba suavemente, refrescando el cuerpo del erizo, y los tímidos rayos de luz que aún salían, acariciaban su rostro y lo iluminaban. Por un momento cerró los ojos, alejando todo mal pensamiento, intentando olvidar las malas escenas, y recordando los buenos momentos. Incluso por unos instantes permitió entrar el fugaz recuerdo de una chica, una que había conseguido llamar toda su atención sin el mínimo esfuerzo, tan hermosa y delicada como una rosa, pero a la vez, con espinas, como su nombre indicaba, "Rose"...

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Después de tanto caminar, al fin, llegó a su destino.

La casa de Tails, bastante grande por fuera, pero no tanto por dentro, por la gran cantidad de muebles que había, las habitaciones parecían más pequeñas.

Vaciló un momento en tocar, porque si habría la madre de Tails, no le dejaría entrar, esa mujer lo odiaba, así que pensó mejor entrar por otro lado. Caminó al rededor de la casa, y paseó la mirada por esta, hasta dar con la habitación del zorro de dos colas, y, por suerte y/o casualidad, la ventana estaba abierta. Buscó cómo meterse dentro, fue simple pero complicado de explicar.

Cogió carrerilla, corrió dejando tras de sí un destello de luz azul, consiguiendo así subir por la pared y llegar a la ventana. Se sentó en esta, y miró el interior de la habitación. Y se encontró con la mirada sorprendida del zorro de dos colas.

-¡S-Sonic!-Exclamó, pero el erizo lo mando a callar.

-¡Shhhh!

-¿Por qué no llamas a la puerta como la gente normal?-Preguntó sentándose en la cama el zorro. El erizo se encogió de hombros.

-Tal vez porque tu mamita querida me odia y si llamo a la puerta lo más probable es que me eche a patadas.

-A patadas no.-Contestó serio.-Lo más probable es que te espantase con spray para espantar insectos.-Al zorro le dio por reír con el último comentario.

-No soy ningún insecto.-El erizo azul se peinó las espinas hacia atrás y sonrió coquetamente.-¿A caso esta obra de arte tiene cara de insecto?

-De bicho malo.

Hubo un silencio en la habitación por unos instantes, y los dos presentes empezaron a reír a grandes carcajadas.

-¡Para, para!-Decía entre risas el erizo azul.-¡Que nos pilla tu madre!

-No te preocupes por eso-Dijo el zorro mientras se sujetaba el estómago a causa de la risa.-No está en casa, está trabajando.

-Podía haberme ahorrado lo de la ventana.

-Claramente.

El erizo azul se sentó al lado del zorro y comenzaron a hablar de lo que se habían perdido el uno del otro las últimas semanas.

-Caos, ¡os ponéis de acuerdo todos!

-¿A qué te refieres?

El zorro se cruzó de brazos.

-¡Justo cuando me dicen que tengo que quedarme en casa hay casos buenos, buenos!-

El erizo rió levemente.

-Creeme, no querrías haber estado presente en la mayoría de escenas. Yo me arrepiento de haber estado allí.

-Sí, supongo que debe ser duro. Pero...jope, me habría gustado ver algo.-Suspiró. El erizo le acarició la cabeza.

-Tranquilo bro, en nada ya estarás en la calle repartiendo tortas.-

El zorro sonrió.

-Ah oye...-El zorro sonrió pícaramente.-Hablame más de esa eriza...algo me dice que querías detenerte en el tema...-El zorro rió, y el erizo hizo un esfuerzo por no ruborizarse. Él no podía sonrojarse, ¡en la vida! ¡era un hombre!

-Pues, prepárate porque se te van a caer los calcetines.-El erizo azul se acomodó en su asiento. El zorro rió levemente y apoyó la espalda en el cabecero de la cama.

-Era preciosa Tails, no puedes hacerte una idea de cuanto. Tenía espinas por cabello, peinadas hacia abajo, le llegaba más arriba de los hombros, en verdad lo tiene corto. Me pierdo en sus ojos tío, eran verdes jade, nunca en la vida he visto unos ojos más profundos y hermosos. Su piel era blanca, me habría quedado acariciándola todos los días de mi vida...y su cuerpo ya ni te cuento...-El erizo se mordió el labio.-Cómo se le pegaba la ropa al cuerpo...prrr...

-¡Basta Sonic!-Dijo Tails, empezando a reír a carcajadas.-¡Me vas a corromper!

-Tú pediste explicaciones.-Contestó, uniéndose a las risas del zorro.

-Y, ¿no es hoy jueves?-Preguntó el zorro.-¿Qué haces aquí a estas horas? ¿No hay cole?

-No me apetecía ir.-Se estiró.

-Si tu hermana se entera, te mata.

-Pero bien matado.-Respondió tranquilamente.-De hecho...-Desvió la mirada hasta un reloj grande que había colgado de la pared.-Me voy ya, se han pasado las horas petadas. Otro día vengo a visitarte bro.-

El erizo se levantó de la cama, y se dispuso a salir por la ventana.

-Aquí estaré, y ¡no ligues mucho!-Le gritó el zorro riendo. El erizo esbozó una gran sonrisa y salió de la casa del zorro. Ahora se sentía con las pilas renovadas, ese encuentro con su querido amigo le había devuelto el buen humor. Estaba deseando que estuviera recuperado para volver a meterse en líos con él. Aunque nunca se lo dijera, era muy importante para él, su compañero de aventuras, su amigo de la infancia, su mejor amigo, su hermano.

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La zorrita rubia estaba paseando tranquilamente por una calle cercana a la de su hogar. Quería que le diera el aire, relajarse por unos momentos y no pensar en nada. "Una chica nunca puede dejar de trabajar" Pensaba.

Después de un rato caminando con los ojos cerrados, los abrió. Se encontró, no muy lejos de ella, a Scourge y Fiona, que hablaban de algo. Scourge dio la última palabra y se fue, perdiéndose entre los callejones, y Fiona comenzó a caminar por otro lado.

La rubia se extraño un poco, parecían bastante serios, yeso no era natural en ellos, siempre se lo tomaban todo a broma, cómo un juego, así eran la mayoría de Hanrans.

Decidió acercarse y preguntarle de qué hablaban, y así lo hizo. Aceleró el paso hasta llegar al lado de Fiona, la cual la miró.

-¿Qué te trae por aquí?-Le preguntó secamente.

-Meh, aburrimiento puro.-Dijo mientras se estiraba la rubia.-Te he visto hablar con Scourge,

La zorrita de pelaje rojizo desvió la mirada.

-¿Puedo saber de qué hablabais?

-Meh...-Resopló.-cosas sin importancia.

-¿Habéis cortado?

La zorrita la miró con un tic en el ojo.

-Tú tienes una obsesión severa con las rupturas.-

A la zorrita rubia le dio por reír.

-No, no hemos cortado.-Respondió finalmente la otra.-Me ha contado el nuevo plan de ataque.

-¿Plan de ataque?

-Ahá.-Prosiguió.-Se nos han unido dos.

Una sonrisa se dibujó en el rostro de la rubita, aumentaban en número.

-¿Quienes?

-Una gata de pelo azul, según me ha dicho Scourge, de 16 años, dice que es buenísima en las armas y no le da nada matar.

-¿Y el o la otro/a?

-Un erizo negro, de 21 añazos.

-¿No es un poco viejo para las bandas?

-No sé, pero la cuestión es que se ha unido. Y lo mejor de todo: Es profesor de nuestro colegio.

La rubia abrió los ojos como platos.

-¿Profesor? ¿es una broma?

-No, ahora tenemos ventaja en el territorio escolar. Esta batalla es nuestra.

La zorrita rubia se limitó a asentir, no muy convencida de lo que estaba pasando, y sin poder imaginar lo que ocurriría a partir de ese momento. Luego le dedicó una mirada al cielo. Nublado. Pronto llovería.

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Habían empezado a caer gotas de lluvia, y el erizo azul se encontraba caminando por el bosque en esos instantes. Sabía que era tarde, pero quiso aventurarse un rato por ahí, pero sin darse cuenta, su recorrido se había alargado y había llegado casi a lo más profundo del bosque.

Aceleró el paso, con ganas de llegar a su casa, donde estaría calentito, no como se estaba allí, frío y mojado.

Entonces, no muy lejos de donde estaba, divisó una figura.

-"Oh no, otra vez no..."-Pensó, recordando el encuentro que pudo ver el día anterior, de la eriza de pelaje castaño y el erizo de pelaje morado. Decidió que esa escena no le había gustado nada y pensó olvidarla, y decidido a no presenciar algo así nunca más.

Pero, por suerte, aquello ni se acercaba a lo que estaba imaginando.

Se encontró, de espaldas, a la eriza rosa de ojos jade, mirando su reflejo en un charquito, sola y en silencio. Sin querer, el erizo pisó una rama que se rompió y crujió, e izo que la eriza voltease, y sus ojos se quedaron mirando los del erizo, el cuál sintió un cosquilleo en el estómago y el corazón se le aceleró. La eriza no dijo nada, fue el erizo el que decidió acercarse a hablarle, pero, en cuanto estuvo frente a ella, las palabras no salían. Había enmudecido, y por mucho que lo intentase, no podía, no podía articular palabra.

Se quedaron un rato más, mirándose a los ojos, aunque el erizo tuvo tentaciones de fijarse en los rasgos más femeninos de la chica, no lo hizo, sus ojos lo hipnotizaron, le pareció la sensación de los hechizos de las brujas, que te dejan inmóvil, sin que puedas hacer nada para evitarlo.

La atmósfera se impregnó de un suave olor a fresas, que provenía de la eriza. El erizo habría querido rodearla con sus brazos y tocarla, olerla, sentirla...Pero no lo hizo.

Las suaves gotas de lluvia cesaron, pero tras ellas empezó a llover ferozmente, haciendo que el erizo y la eriza se empaparan.

Sin rodeos, la eriza tomó la mano del erizo azul, el cuál, al sentir las frías manos de la eriza, se estremeció, y se ruborizó, pero imperceptiblemente.

La eriza comenzó a caminar, tomando su mano, y el erizo la siguió, sin parar de mirar de reojo sus manos.

En poco rato, salieron de aquel bosque, en la entrada, la eriza paró, y el erizo hizo lo mismo.

Se miraron una última vez, pero esta vez, la eriza se atrevió a sonreír, y el azulado, al verla, no pudo evitar devolverle la sonrisa.

Acto seguido, la eriza se fue corriendo, seguramente hacia su hogar, y el erizo hizo lo mismo.

No hicieron falta palabras entre ellos dos, se lo dijeron todo con el roce, el tacto, las miradas, los labios y el corazón.

Sonic, Amy, Tails, Scourge...(c) SEGA

Astro...(c) Sonamyfanlove

Aqua ….(c) BlueRosePegasus

Esmeralda...(c) SweetSilvy

Claudia...(c) AmyRoseFanGirl (me)

Espero les haya gustado, dejen reviews, y gracias por leer!~