Acarició tiernamente su rostro, mientras la miraba tiernamente a los ojos. Ella sonreía. Él decidió ir más adelante. Acercó lentamente su rostro al de ella, mientras cerraba los ojos. Pero nada sucedió. Ella le dio un suave empujón, alejándolo de ella. Él abrió los ojos. La sonrisa había desaparecido, y ese dulce olor a rosas había desaparecido completamente.
La mirada hasta hace unos segundos tierna ahora era fría. Ella dio unos pasos hacia atrás, y por primera vez en todo el rato, habló:
-Adiós, Sonic the Hedgehog.
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Sonic abrió los ojos como platos y se sentó con movimiento rápido. Respiró agitado mientras el sudor caía por su frente. Se limpió el sudor con el puño. Respiro profundamente e intentó calmarse.
-Otra vez ella...-volvió a acostarse, poniendo los brazos bajo su cabeza y mirando al techo. Cerró los ojos.
Desde esa tarde, no había podido dejar de pensar en ella. Suspiraba por ella, su nombre estaba en todas partes, su perfume lo perseguía, y cada vez que cerraba los ojos veía su rostro. Y, cuando por un momento se distraía y su rostro desaparecía, la extrañaba.
-Oh Rose...-Musitó.-Fuiste mi último pensamiento al acostarme...y el primero al levantarme...
El corazón del erizo se movía con rapidez, ni siquiera lo había sentido así al correr con todas sus ganas. Le dolía no verla, la había visto hacía escasas horas (en la noche anterior), y quería verla ya, ya, YA.
Aún le estremecía recordar su perfume, cómo había tomado su mano, cómo lo había mirado a los ojos...
-Por Caos que voy a verla de nuevo...-Se juró a sí mismo. Miró la hora. Le tocaba levantarse. Esperaba, esta vez, que valiese la pena levantarse. Esperaba encontrarse a alguien en clase esta vez.
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Mañana completamente normal, peleas con Sonia, Manic pasando de todo, sol poniéndose en su posición tímidamente...y hoy, gente en las calles. Caminaban hacia el instituto, por supuesto.
El erizo azul suspiró aliviado al ver a la gente caminar hacia donde él.
Paseó la mirada por los presentes, buscando a una personita en particular, pero no la encontró. Se sintió algo triste por ello, pero siguió caminando, sin cambiar su expresión.
Se preguntó si el erizo dorado y su hermana volverían a clase, también si volvería la pegaso turquesa.
-Hace tiempo que los Hanran no me dan por culo a mi...seguro que aran algo gordo...-Se decía a sí mismo.
Siguió hundido en sus pensamientos, hasta que a lo lejos, un erizo rubio claro llamó su atención. Le recordó al erizo Astro, pero descartó la idea al ver que era un poco más alto y que su color rubio era más claro. Se fijó que tenía en la mano un papelito, y estaba quieto, rascándose la cabeza mientras miraba el papel. El chico levantó la mirada y miró al erizo azul, el cual se tensó al ver los ojos azules del dorado clavados en él.
-Esto...
-¡Hola!-Saludó alegremente el dorado.-¿Sabes dónde está esta calle?-Preguntó rápidamente, mostrando el papel.
-Eh...-El erizo miró el papel.-No sé...no me suena. ¿Buscas a alguien en particular? ¿Algún nombre?
-Pues sí.-El erizo guardó el papel.-¿Te suena Astro Katsune?
-Eh...sí...sí que me suena...
-¿Podrías decirme dónde está? Llevo tanto tiempo fuera que, me olvidé de donde vive.-El erizo empezó a reír, pero el azulado no le encontró el chiste.
-Lo siento, pero no te puedo ayudar ahora.
-¿Por qué?
-Porque...tengo que...ir al instituto, claro.
-Pero si tienes pinta de macarrilla a más no poder...-Dijo mirándola de arriba a abajo.-¿Tú vas al insti?-
Normalmente al erizo azul se habría enfadado, tal vez amenazado, pero esta vez, le dio por reír.
-Sí, voy al insti. ¿Tanta pinta tengo de macarra?
El dorado empezó a reír fuerte, seguido de una leve risa del azul.
-Mira, si no voy ahora al insti, mi hermana se entera me mata, pero si quieres puedes venir conmigo y tal vez te encuentres a Astro rondando por el patio o los pasillos.
-Buen plan.-Sonrió.-Por cierto, soy Sekushi.
-Sonic.-El erizo siguió caminando, seguido por el dorado, el cual se miró los guantes y se los acomodó.
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La pegaso turquesa estaba tardando en llegar, el erizo dorado la esperaba en la entrada trasera del instituto desde hacía un buen rato, ahí habían quedado. Cerró los ojos y recordó la conversación que tuvo con ella por teléfono. Le encantaba su dulce voz. Sonrió levemente al recordar sus ojos y su sonrisa, y abrió los ojos. Vio, un poco lejos, a una gata. Se quedó un rato mirándola.
Estaba sentada a los pies de un árbol, escuchando música en su móvil. Estaba mirando al cielo, sonriendo. Al erizo dorado le pareció una sonrisa demasiado atractiva. Era la primera vez que veía en una sonrisa una mezcla de alegría, ternura y valentía. No pudo evitar fijarse en sus profundos ojos verdes, los cuales lo hechizaron al instante. El azulado cabello de la gata se mecía con la suave brisa, dejando también ver algunas mechas verdes.
La gata se percató de que la miraban, así que miró al erizo dorado. Se quedaron unos segundos mirándose a los ojos. Segundos que fueron años. La tierra se paró. Nada más parecía moverse.
La chica se atrevió a levantarse de su asiento y sacudirse su pantalón rojizo por detrás. Agarró su mochila y se la colgó en un hombro. Y, con la música a todo volumen, caminó, acercándose al erizo.
Este no articuló palabra, ni se tensó, ni cambió de expresión. Pero, por sorpresa, la gata no se acercaba a hablar con él. Pasó a su lado sin mirarlo, y entró en el edificio.
El erizo dorado dio un largo suspiro. Se quedó unos instantes pensando en la imagen de la gata a la que acababa de ver. Entonces, a lo lejos, pudo ver a la pegaso acercarse a él corriendo, pidiendo perdón con la mirada por llegar tarde.
Sonrió levemente, pero nunca se supo si fue por ver a la pegaso o por recordar la imagen cautivadora de la gata.
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Las horas pasaban demasiado lento para la zorrita rubia. Las clases para ella eran una absoluta pérdida de tiempo. Podría estar ella perfectamente en su hogar, limándose las uñas, o probando maquillaje nuevo, o haciéndose peinados chulos. O simplemente, dibujando (cosa que le gustaba bastante hacer) o escuchando música. También preferiría estar en la calle. Ir de botellón tampoco estaría mal. Pero sin pasarse, por supuesto. Esta rubita tenía claros sus propios límites, que ella solita se impuso. Tampoco un cigarrito le haría daño, aunque fuese chiquitito. O ver jugar a los chicos mazizos al fútbol...¡O andar por ahí destrozando parejas y burlándose de ellas! Esta nena tenía planes de sobra, y las horas que perdía en el insti podría pasarlas de otra manera más...divertida y "productiva".
-"No aguanto más en esta mierda"-Pensó en el intercambio de clase.- "Yo me las piro de aquí y ahora."
Cogió su mochila y se la colgó. Sin que le temblaran las piernas salió. En la clase estaban acostumbrados a ver gente entrar y salir, algunos hasta sólo salir, además cada uno iba a su rollo y a su tema. ¿A quién le iba a importar donde fuera a tercera hora la zorrita rubia? Pues eso.
Salió a la calle sin que nadie la viera por suerte, aunque no hizo mucho por ser discreta.
Se quedó en el patio trasero, no tenía ganas de ir andando a su casa. Sacó de su mochila un pequeño paquete de tabaco. Lo abrió y sacó un cigarrito. Directamente se lo metió en la boca y le dio un bocadito. Eran cigarritos de chocolate. Vio sentado en un banco cercano a un erizo dorado claro, que esperaba a algo. Se veía impaciente, y sus piernas lo demostraban. Parecía que iba a echar a correr de un momento a otro.
Se mordía el labio y tenía la mirada perdida. Se llevó una mano al bolsillo del pantalón, sacó un paquete de tabaco. Cogió un cigarro y guardó el paquete. Se palpó los bolsillos del pantalón, buscando algo. Miro a la anaranjada.
-¡Perdona! ¿Tienes mechero?-
La zorrita ni se molestó en contestar, se estiró y siguió a lo suyo, sacando su móvil y mirando los mensajes. El erizo hinchó las mejillas.
-Mala uva...-El erizo se quitó uno de sus guantes, y se dio la vuelta para que nadie pudiera ver qué hacía. Pero, al girarse de nuevo, el cigarro estaba encendido y el guante puesto de nuevo. La zorrita ni se inmutó.
Siguió escribiendo mensajes en su móvil.
"¿Te interesa un trabajito?./ ¿Cuál trabajito?. /Me han dicho que estás en el instituto.../ Así es. Estoy buscando a alguien como tú..."
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Hoy no fui al insti. No estoy en condiciones de ir. Debo quedarme en cama descansando.
¡Aunque realmente estoy deseando ver a los demás! Quiero que vean que estoy bien, que nada me ha pasado. ¡Quiero abrazarlos a todos y pedirles disculpas por las molestias! Quisiera verlos ya a todos...pero debo esperar y lo haré.
Pero además...no sólo pienso en ellos. También en...él. El extraño chico del otro día, el que se quedó mirándome aquella noche...no sé ni su nombre. Me pregunto si lo volveré a ver. En verdad me gustaron sus ojos.
Ahora me debo ir, tengo que recoger un poco mi cuarto. ¡Antes de que vuelva mi hermano! No quiero causarle más molestias.
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El zorro blanco, que se encontraba en clase, sentado en una silla, con los pies apoyados en lo alto de su mesa y la silla inclinada, se estiró.
-¡No tengo ganas de nada!
-Has dicho eso 300 veces ya.-Dijo la gata de pelaje azul oscuro y cabello lila, mientras borraba lo que había escrito con tiza en la pizarra. Intentaba ser paciente.
-¡Es que es la verdaad!-Volvió a quejarse.
-En vez de quejarte tanto podrías echarnos una mano para terminar más rápido.-Dijo molesta la gata rubia, mientras pasaba el cepillo por el aula.
-¡Eso sería aún más aburrido!-Protestó, incorporándose.-Sería más divertido si Akira se agachara a recoger los bolis del suelo y...
No pudo terminar la frase ya que Nami le dio una bofetada en la nuca con bastante fuerza.
-¡Oye!-Gritó frotándose la nuca el zorro blanco.
-A la próxima te parto el cepillo en la cabeza. Pervertido.-Dijo enrabiada la gata, y siguió limpiando.
-Oh vamos, no te pongas así...-Dijo el zorro apoyando la cabeza en una de sus manos.-Tú también tienes muy buen cuerpo, si tan solo tu camisa fuera más corta, pero eso se soluciona rápido...-
Esta vez, fue la de cabello lila la que atacó, tirando un estuche a la cabeza del zorro, haciendo que este se frotara la parte afectada.
-¡Joder! ¡Con vosotras no se puede!-Gritó enfadado. Entonces vio pasar por delante de la puerta a Tiara. Su expresión cambió, agarró su mochila y, mientras se levantaba rápidamente y corría hacia la puerta dijo:
-¡Encargaos de mi parte!-
-Lo estábamos haciendo de todas formas...
El zorro desapareció en menos que canta un gallo. Las gatas suspiraron y se miraron. Sonrieron y rieron levemente.
-Este no tiene caso.
-Pervertido sin remedio.
-Por cierto, Nami...-La gata la miró.-¿Sabes de las chicas nuevas?
-No mucho la verdad, ya veremos qué clase de gente son.
-Ya...
Y así, entre unas cosas y otras, terminaron el trabajo.
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El erizo dorado ya estaba volviendo hacia su hogar. Primero había acompañado a la pegaso hasta su calle, aunque ella había insistido en ir sola, él deseaba acompañarla. Y así lo hizo.
Ahora se encontraba de regreso a casa, mientras que el trinar de los pájaros lo relajaba y ayudaba a despejar su mente. Ahora tenía muchas dudas en mente, y necesitaba respuestas para todo, y a algunas urgentemente. Las más importantes eran: ¿Quién era esa gata? ¿Qué era lo que había sentido al verla? ¿Cuál sería su venganza por lo que le hicieron a su hermana?
Mientras pensaba en esto, llegó a su casa. Pero, para su sorpresa, encontró al erizo dorado claro, casi al lado de su puerta, mirando el papel mientras fumaba. El de ojos azules miró al de ojos rubí, y sonrió de oreja a oreja al verlo. Soltó el cigarro y lo apagó pisándolo con el zapato.
-¡Que alegría verte!-Dijo acercándose a él con los brazos abiertos, pero el erizo de ojos rubí rechazó el abrazo.
-¿Qué haces tú aquí?
-Menuda manera de recibirme hermanito...-Dijo rascándose las espinas.
-No has contestado.
-Se me olvidó la dirección de casa, un erizo azul me dijo que estarías en el instituto, esperé y esperé, y cuando han terminado las clases y no te he visto me he ido a ver si daba con la casa. Por cierto, ¿dónde está?-
El erizo dorado señalo la casa que había justo al lado.
-Aaaahh...ahí estaba.-Dijo con una sonrisa tranquila.
-Payaso.
Sonic, Amy, Tiara...(c) SEGA
Aqua, Eclipse, Akira...(c) BlueRosePegasus
Sekushi, Astro, Arely...(c) Sonamyfanlove
Esmeralda...(c) SweetSilvy
Nami, Clau...(c) Amy-Rose-Fangirl (me)
Perdón por la demora. Gracias por leer ~
