-Ey, ¿puedes ayudarme con algo?

-¿Me dices a mi?

-Claro.

-¡Eh, por supuesto! Te ayudaré a lo que quieras. ¿Qué necesitas?

-Sígueme y te explicaré...


El erizo azul se encontraba muy "ocupado" mirando por la ventana de su clase, bastante apollardao. No había dormido nada. El motivo era el de hace unos días atrás: su Rose. Seguía desvelándose por ella. Ya le resultaba incómodo aquello, pero sólo con verla a lo lejos, se sentía feliz, muy feliz. Pero no todo giraba en torno a ella. Había recibido la noticia de que una nueva alumna había llegado al instituto, y justamente había caído en su clase. Estaba deseando ver qué clase de persona era. Se imaginó por un momento a una chica alta, pechuda, hermosa y que quisiera enrollarse con todos. Sería genial. Pero no...quitó esa idea enseguida de su cabeza. Ahora sólo estaba enamorado de una, las demás no le importaban nada.

La mayor parte de la clase ese día hablaba animadamente. Aunque la que más, y notablemente, era Esmeralda. Hablaba con todos sobre algo que el erizo azul no llegó a escuchar, pero seguramente era alguna adivinanza o algo así, porque los demás se tomaban su tiempo para contestarle.

Paseó la mirada por la clase y se fijó en la pegaso turquesa. Al igual que él hace unos momentos atrás, miraba por la ventana. Pero se sorprendió un poco al ver que su expresión no era triste, si no alegre y a la vez tímida. Seguramente estaría pensando en el erizo dorado. Luego se fijó en su cuaderno y vio que había palabras sueltas apuntadas, que no pudo leerlas. Tampoco le prestó mucha atención. Entró entonces el tutor de clase. Este tomó asiento. Miró el panorama que había, cogió aire y le dio un fuerte puñetazo a la mesa, que hizo callar a los alumnos. El profesor de ojos claros se acomodó las gafas.

-Bien. Seguid en silencio.-Acomodó unos papeles en su mesa y prosiguió.-Como ya sabréis, desde hoy habrá una alumna más entre nosotros. Ya puedes pasar.

La puerta se abrió, y entró una eriza con la mitad del pelaje negro y la otra mitad blanco. Su cabello era color gris, y tenía además unas espinas similares a las de Sonic, pero blancas. Y ojos castaños.

Todos los presentes se quedaron mirándola. Realmente, alegraba la vista. Todos pensaron que era hermosa.

-Preséntate.

Todos callaron cuando la chica abrió la boca.

-¡Hola!¡Mi nombre es Chess the Hedgehog, espero que nos podamos llevar realmente bien!-Dijo alegremente, haciendo que algunos de los presentes sonrieran.

-Es linda..."-Pensaron algunos.

La chica tomó asiento en una esquina al fondo de la clase, y paseó la mirada por la clase. Una sonrisa diabólica se dibujó en su rostro, pero nadie se dio cuenta de ello. La clase prosiguió con "normalidad".

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En el intercambio de clase la zorrita rubia salió al pasillo, entró a otras clases y habló con casi todo el mundo. Algunos la miraban incrédulos, y era entonces cuando ella sacaba una bolsita y les mostraba el contenido. Entonces los demás intercambiaban miradas de complicidad, y quedaban a una hora determinada en un bar cerca del instituto.

El erizo azul se preguntaba qué era lo que estaba haciendo la rubia, le picaba la curiosidad.

La pegaso se levantó del asiento, sacó el móvil de su bolsillo, y fue al final de la clase. Apoyó la espalda en la esquina de la pared, y marcó un número. El erizo azul se fijó en ella.

Aqua habló en voz baja, y con un leve rubor en las mejillas. Sonic imaginó que estaba hablando con Astro. Y así era, efectivamente, pero no pudo oír la conversación.

-Muy bien...pues nos vemos después de clase...hasta luego...-La pegaso colgó y abrazó el móvil contra su pecho. Parecía feliz.

El azulado vio asomar la cabeza de un erizo morado, el cual paseó sus ojos dorados por la clase. Parecía buscar a alguien. La pegaso se fijó en él, y sus miradas por unos instantes se cruzaron. Pero el morado inmediatamente miró a otro lado.

La de cabello plateado suspiró, y después de unos instantes, se decidió a acercarse a él.

-Hola Eclipse.-Dijo, intentando ser lo más amable posible. El erizo solo la miró por el rabillo del ojo y siguió a lo suyo. La chica suspiró.-¿Buscas algo?

-Alguien.-Respondió, con tono un tanto cortante.-Pero veo que no está.

-¿A quien buscas?

-No sé su nombre.

-Pues...descríbelo, tal vez te pueda ayudar.

-Sí, sobretodo a ti.-Respondió para darse la vuelta e irse. La pegaso tomó aire, se peinó un poco el cabello con los dedos y se sentó de nuevo en su sitio.

-¿Puedo saber qué le has hecho para que esté así de enfadado contigo?-Se atrevió a preguntarle el erizo azul.

-No he hecho nada.

-Ya...-el erizo suspiró, y sabiendo que ella no hablaría más, se estiró y bostezó. Eso fue todo.

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En otra clase no muy alejada, se encontraba recostado en una silla un erizo azul, parecía Sonic...pero no, no lo era, y aunque su aspecto decía lo contrario, su personalidad hacía notar quién era él.

Si alguien le preguntaba "¿Cómo te llamas?" o "¿No eres Sonic?" o, tal vez, "Me suena haberte visto en alguna parte..." Él siempre contestaba: "Puedes llamarme eXe, soy el erizo más increíble que jamás hayas conocido." o "¿¡Eh!? ¡Claro que no soy Sonic! ¡No me confundas! Soy el erizo más genial del universo. ¡Ponte gafas!" y también "Claro que te sueno, me habrás visto en tus sueños, porque soy el hombre de tus sueños."

Modestia le sobraba a aquel erizo, y demasiada. Pero había algo en él que le gustaba bastante a algunas personas, sobretodo a cierto gato...

El erizo bostezó y se frotó uno de sus ojos.

-Tendría que haberme quedado en casa.-Dijo con tono de irritación. Entonces vio entrar a clase a una eriza de pelaje verde y cabello corto del mismo color. Llevaba una pequeña manta sobre los hombros. La eriza tomó asiento.

-¡Akaaaaa!-Le dijo poniéndose en pie y acercándose a ella, con expresión alegre. La eriza volteó y lo miró.

-¡Exeeeeeeeeee!-Respondió con una leve risa.

-¡Hace tiempo que no te veo!-Dijo abrazándola por los hombros.

-He estado ausente...-Dijo a la vez que tosía levemente.

-¿Otra vez enferma?

-Aha...-la eriza se frotó los brazos un tanto avergonzada.

-¡Te enfermas rápido!

-¿Tengo yo la culpa de eso?-Contestó con los ojos vidriosos, haciendo que el erizo azul se arrepintiera de aquel comentario.

-¡Claro que no!-La abrazó más fuerte.-¡No llores porfiiiiii!

La eriza suspiró y sonrió. Su nombre era Akari. Era una chica enfermiza, faltaba a clase bastante a menudo, lo que la tenía alejada de las peleas, lo cual era mejor para ella.

-Y, ¿has visto por aquí a...?

-¿A quien?

La eriza se sonrojó levemente, y se removió en su asiento incómoda.

-Y-Ya sabes...

-¿Kait...?

-¡Shhhh!-La eriza le tapó la boca.-¡No hables tan alto!-Protestó en voz baja, sonrojada. Cuando el erizo se libró de sus manos, contestó.

-Ehh...no...no lo he visto por aquí. ¿Por qué?

-Nada, por saber...-Dijo fingiendo una pequeña sonrisa e incorporándose en la silla, mientras perdía su mirada en la pizarra de la clase, pensando en algo.

El erizo azul se encogió de hombros y se dirigió a su sitio. Pero se encontró a alguien sentado.

-Quítate de ahí Micha.

-¿Pooorrr?-Respondió el chico, el cual era un gato de pelaje crema y cabello color chocolate, de nombre completo Michael.

-¡Porque es mi sitio!-Protestó el erizo azulado.

-Si quieres sentarte, nada más siéntate.-Respondió el gato con una sonrisa coqueta y palmeando sus piernas. El erizo se sonrojó.

-¡M-Michael! ¡A-Aquí no!-Replicó en voz baja.

-Ya no me quieres...-Dijo bajando las orejas e hinchando las mejillas de una forma adorable. El azulado se sonrojó más. Luego se acercó y le murmuró al oído.

-Si esperas a la salida, te recompensaré bien.-Su tono era sensual y su rostro tímido. El gato no pudo evitar sonreír de oreja a oreja, y murmurar:

-Después de clase, en mi casa, a las 6. No llegues tarde o me veré obligado a castigarte.-Se levantó del asiento y fue al suyo. El erizo azul resopló.

-Para un día que vengo tiene que venir también él...-Se dijo a si mismo, pero él sabía que, después de todo, su presencia no le molestaba tanto.

Entró a la clase un erizo alto, de unos 20 o 21 años de edad, de pelaje negro y ojos violetas, que tomó asiento en la mesa del profesor. El erizo sonreía, aunque los alumnos no cesaban sus gritos y seguían hablando entre sí. Se aclaró la garganta.

-Buenos días alumnos.-Habló lo suficientemente alto como para que todos los presentes callaran y lo miraran.-Mi nombre es Kevin, y soy vuestro nuevo tutor.

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Se acercaba la hora de la salida, y Sekushi se encontraba fuera del instituto, apoyado en una pared.

Le dio una suave calada a su cigarro, se sentía relajado, y aquella brisa no le sentaba nada mal. Todo había sido tranquilo durante toda la mañana. Recordó la conversación que tuvo con su hermano la noche anterior, y la alegría que le dio a su hermana pequeña de verlo, pero a él no le gustó nada la pinta que tenían las heridas de la pequeña. Cerró los ojos y suspiró. Había leído un mensaje de su hermano hacía escasos minutos, donde él le decía que esa noche no podían quedarse en casa él y su hermana. Que ambos se tenían que ir a algún lugar. Algo importante tenía que hacer esa noche con la pegaso.

-¿Donde me llevo yo ahora a la niña para dormir...?-Se preguntó en voz alta, una y otra vez. Paseó la mirada por el patio, y se fijó en unas ardillas que había en un árbol. Pero no estaban solas, había una gata azulada a los pies del árbol, dándole de comer a las ardillas. Se fijó más detenidamente en aquella gata. Su pelaje al igual que su cabello eran azules, y sus ojos no tenían vida, no tenía expresión, sólo se dedicaba a darle de comer a las ardillas. Decidió acercarse a ella, pero en cuanto dio los primeros pasos, pisó una rama y espantó a las ardillas. La gata lo miró, al principio retante, pero luego fríamente, igual que miraba a las ardillas. Se levantó y sin mediar palabra se fue.

-Que rara...-Pensó.

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La noche había caído. Las estrellas bailaban, la luna iluminaba los caminos, ni siquiera los grillos se habían atrevido a molestar aquella noche con sus canciones. Todo estaba en silencio y en paz. Parecía una noche perfectamente...romántica.

El erizo dorado se encontraba en su casa, acababa de terminar de ordenarla. Su hermano le había obedecido a la primera y se habían ido él y su hermana a otro lugar para pasar la noche. En efecto, había quedado con Aqua ese día.

Miró el reloj. Faltaban pocos minutos para que llegase. ¿Que sería aquello tan importante que quería decirle? ¿Por qué se empeñó tanto en quedar con él aquella noche en su casa? Le parecía todo bastante extraño. Suspiró levemente, y a su mente le vino el recuerdo de la gata. Sí, otra vez esa gata. Le había quitado el sueño esa noche. Y cada vez que cerraba los ojos la veía a ella. ¿Cómo podía sentirse así por alguien con la que no había intercambiado ni una sola palabra? Algunos lo llamarían amor a primera vista, pero Astro quiso descartar aquella idea, ¡él ya tenía novia! Pero esa reacción que tuvo...no era normal en él. No deseaba hacerle daño a la pegaso, necesitaba dejar de ver a aquella gata, pero solo de pensarlo le dolía el pecho. En realidad él no quería dejar de verla. De hecho, ese recreo la buscó por todos los pasillos. Quería verla de nuevo, saber su nombre, su clase, oler de nuevo su perfume, verla sonreír, o verla concentrada en su música...

Aquellas ideas desaparecieron de inmediato cuando alguien llamó al timbre. Se levantó y abrió. Era Aqua.

-Buenas noches, Astro.-Le sonrió.

-Buenas...-El erizo se fijó más detenidamente en ella. Se había hecho la plancha en el cabello, lo tenía completamente liso, también parecía que se lo había cortado un poco...se había echado algo de pintalabios, haciendo ver sus labios más carnosos y rojos, y más besables. Cualquiera se habría tirado a ella y la habría besado durante toda la noche.

La ropa que llevaba no era lo que ella solía ponerse. Era un vestido rojo, bastante corto y escotado, y de manga corta. Le estaba ceñido al cuerpo, hacía resaltar su enorme y bello pecho, y le hacía ver unas curvas por las que cualquier montañero habría querido perderse.

-¿Puedo pasar?-Le preguntó con un tono dulce. El erizo sólo le abrió más la puerta, y la pegaso pasó.

-¿Qué era eso tan importante que me querías decir?-Le preguntó el erizo.

La pegaso se ruborizó y sonrió.

-Ven...-Le tomó la mano y lo llevó a su propia habitación. Astro cada vez estaba más extrañado.

Entraron. Aqua cerró la puerta.

-¿Están tus hermanos?

-No. ¿Recuerdas que me dijiste que les dijera que se fueran esta noche? Sekushi se encargó de todo.

-Bien...-Sonrió.-Me sorprendió que Sekushi volviera tan pronto...

-Ese pirado se escapó otra vez.-Suspiró.-Que plasta es...

-Así son los hermanos.-Rió levemente. Luego lo miró directamente a los ojos. El dorado le sostuvo la mirada. No dijeron nada. La pegaso se atrevió a dar el primer paso. Se acercó a él, hasta que pudieron notar el aliento el uno del otro. Se acercó a sus labios hasta fundirse en un tierno beso, correspondido poco después por el erizo. Para ella todo iba perfecto, pero para él no. Ya no sentía lo mismo que antes...de hecho, ahora no sentía nada. Esto fue la última prueba que el erizo necesitaba para saber si seguía enamorado o no.

La pegaso se separó unos momentos después a falta del aire. Desabotonó el escote de su vestido, dejando ver parte de su pecho.

-¿Aqua...?

Ella no respondió, sólo sentó al erizo en la cama, para después sentarse a horcajas en su cintura.

-¿Que estás...?

-Astro, yo...-La pegaso lo tumbó en la cama, poniéndose sobre él.-Yo te amo...y por eso he decidido entregarme a ti...

El erizo se quedó mirándola unos instantes. Mientras lo hacía, la pegaso se bajó las tirantes del vestido, y desacomodó la ropa del erizo. Él no sabía que hacer. Veía detrás de la pegaso la imagen de la gata...no, no podía hacer esto. Simplemente no podía.

-Aqua, basta.-

La pegaso paró de inmediato. El erizo se sentó, haciendo que la chica se levantase.

-No puedo hacerlo...

-P-Pensé que estabas...

-Y lo estoy.-El erizo se levantó y se acomodó la ropa.-Lo siento Aqua pero...no puedo hacerlo.

-¿Pero por qué...?-

El erizo apartó la mirada. Buscaba las palabras exactas, quería decírselo de manera delicada, no quería que ella lo odiase...

-Aqua...no puedo hacerlo contigo...

El corazón de la chica se rompió en mil pedazos.

-No es tu calor el que busco...

Las lágrimas salieron de los ojos de la pegaso, esta dio unos pasos hacia atrás, y se colocó bien el vestido y lo abrochó.

-Si me dejaras explicarte...

-N-No hay nada más que explicar...-Salió corriendo. El erizo no hizo nada por detenerla. Sabía que acababa de hacerle daño, pero pensó que sería mejor hablar con ella después...

Y, cuando estuvo lo suficientemente lejos, la chica rompió a llorar. Esa noche sólo se oían sus llantos y lamentos.

Sonic, Amy, Tails...(c) SEGA

Astro, Sekushi...(c) Sonamyfanlove

Aqua, Eclipse...(c) BlueRosePegasus

Esmeralda...(c) SweetSilvy

Exe, Michael...(c) Sonicx147

Chess...(c) Chessthehedgehog

Akari...(c) akariharukaze12

Claudia, Kaito...(c) AmyRoseFanGirl (me)

Kevin...(c) 0Pablo1

Actualicé rápido! Quiero galletas! C:

-BAD ENDING-