-Asco...Rabia...Dolor...Hipocresía...Estos sentimientos...voy a eliminarlos...no puedo hacer más...todo este odio me obliga a llorar...Este odio me está matando...Estas marcas me duelen...las marcas de un corazón roto...tus palabras me están hiriendo...tus palabras me están matando...¿Por qué...? ¿Por qué me has hecho esto...? ¿Por qué no entiendes mi dolor...? La luz no se volverá a encender...todo ha sido una mentira...una asquerosa mentira...una dulce mentira...me has dejado sola...me has arrancado las alas...tú te has ido...te has ido...y eso...está mal...no...no está mal...está bien...no...¿qué debo pensar...? me has dejado cicatrices...cicatrices que no se curarán...¿hice algo mal...? ¿Debo hacer algo para que tú perdones mis errores...? esos que hicieron que te alejaras de mí...esos que te han separado de mí...esos que me han destruido... "me duele" ni se acerca a lo que siento...¿Sólo fui un juego para ti...? ¿Un juguete más...? ¿Ahora...podré dejar de ser...una mentira para ti...? No me puedo perdonar...no te puedo perdonar...ni siquiera a ti...si me quieres matar...hazlo...después de todo...sólo he sido una mentira...lo nuestro sólo ha sido una mentira...una mentira creada por ti...por mi...por los dos...no quiero volver a verte nunca más...te odio...te odio, te odio, te odio...Game over.

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La alarma sonó, y todos estaban en sus asientos. Bueno, todos menos la pegaso turquesa. No había ido a clase ese día, y nadie sabía el por qué.

Hasta el erizo azul estaba sentado en su asiento. Tenía ojeras de no haber dormido. Y todos sabemos el por qué, qué era la razón que lo desvelaba, qué chica había captado todos sus sentidos.

Se estiró y bostezó. Entonces vio que a la sala entraba el erizo dorado. Este miró detallosamente toda la estancia, y al ver que el erizo azul lo miraba, aprovechó para preguntar:

-¿Has visto a Aqua?

-No, no ha venido hoy.

-Ya veo.-El erizo se dio la vuelta, dispuesto a marcharse, pero el erizo azul tenía preguntas que hacerle.

-¿Sabes por casualidad qué le ha pasado?

-No.-Contestó secamente para después irse, dejando la palabra en la boca al erizo azul. Este resopló.

-Estúpido.

El erizo dorado caminaba por los pasillos firme, con las manos metidas en los bolsillos, con la cabeza agachada, con la mirada perdida. Pensaba en lo que le había hecho a aquella pobre chica. Ella, que tantas sonrisas le había sacado, aquella que tantas veces lo había animado, que lo había apoyado, que lo había ayudado todo lo que podía y más...ahora ya no estaba. Él la había herido, y ella se había ido. Todo fue su culpa, y eso lo atormentaba por dentro.

Sacó el móvil, y probó, por décima vez, llamarla. La línea comunicaba, pero nadie contestaba.

-Vamos...cógelo...cógelo...-

Pero nadie lo cogió.

-El teléfono al que llama no está disponible en estos momentos. Por favor, deje su mensaje después de la señal.

El erizo colgó. Estaba muy preocupado por ella. Quería saber dónde estaba e ir a pedirle perdón. Quería explicarle la situación, pero...en el fondo sabía que, dijera lo que le dijera, las cicatrices no se cerrarían, y ella lo odiaría. No pensó en eso la noche anterior. Todo fue tan rápido, que se sinceró demasiado deprisa. Si hubiera ido despacio, nada de esto habría pasado. Con detenerla estaba bien. Después de eso, hablarían e intercambiarían opiniones. Después de esos, ambos hallarían la solución conveniente. Eso era lo que le habría gustado que pasara. Pero, de una forma u otra, ella habría acabado dolida. Él respetaba su dolor.

Delante de él pasó la gata de mechas verdes, que caminaba hacia su clase. Su perfume lo rodeó y no lo dejó escapar. Podía oír la música que ella estaba escuchando con sus auriculares, era un temazo. Paró en mitad del pasillo, y decidió seguirla.

Al lado del erizo dorado pasó otro erizo azul. Pero no se trataba de Sonic.

-¡Hola eXe!-Lo saludó la eriza color verde.

-¡H-Hola Aka!-Respondió el erizo, un tanto ronco.

-¿Que le pasó a tu voz?-Preguntó con curiosidad.

-¿M-Mi voz? ¡Ah! S-Será de ayer, que estuve en una montaña rusa en un parque de atracciones y grité mucho.

-¿Ah si? No sabía que aquí había parque de atracciones..

-¡Claro que no hay! P-Por esa razón me fui a otra ciudad, s-sí.

-Ah bueno...-Dijo un tanto incrédula.-¡Bueno! ¿Vamos a clase?

-¡Claro!-El erizo comenzó a caminar primero hacia la clase. La eriza lo siguió. Ella se fijó mejor en la manera de andar del erizo, y se dio cuenta de que andaba con las piernas ligeramente separadas...y le extrañó.

-¿Qué...?

Antes de poder preguntarle algo al erizo, chocó contra alguien.

-¡Mira por donde vas...!-La eriza levantó la mirada para quejarse, pero se sonrojó al ver de quién se trataba. Era un erizo de cabello y pelaje castaño muy oscuro, y ojos verdes jade, que miraban fijamente a la eriza.

-¿Que mire por donde qué?-Preguntó el erizo contra el que había chocado, el cuál la superaba en tamaño.

-Q-Que mires p-por donde v-vas...

El erizo la empujó suavemente contra la pared a la eriza, la cuál no opuso resistencia.

-¿Me decías algo, Senos-chan?-Le preguntó con una sonrisa traviesa, mientras se acercaba a su rostro. La eriza entrecerró los ojos, mientras se sonrojaba levemente.

-N-No me llames así...K-KaiKai...

-Akarin...-El erizo empezó a jugar con los labios de la eriza, y luego susurró:-Te he extrañado...

La eriza cerró los ojos esperando que la besase, pero los interrumpieron.

-¡Akaaaa! ¡Apuraaa!-Le gritó el erizo azul desde la punta del pasillo, haciendo que la eriza abriera los ojos como platos. Se puso roja, y le pegó una bofetada suavemente al erizo.

-¡Kaito, nos van a ver todos!-Le dio un suave empujón, apartándolo de ella, y fue corriendo con el erizo azul que la esperaba.

El erizo se tocó la mejilla, y sonrió de lado.

-Me gusta que seas tan dura...

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Llegaba tarde a clase, y ella lo sabía. Sus ojos estaban rojos, tal vez por llorar, tal vez por no dormir, tal vez...

La noche anterior había estado muy ocupada. La zorrita rubia se había pasado la noche "trabajando" y haciendo negocios. Bostezó.

-Esme-La llamó el erizo verde de nombre Scourge.

-¿Ahá?-Respondió, acercándose a él.

-Ya me han dicho lo que estas vendiendo por ahí. ¿Cómo te va?

-Bastante bien, tengo más clientes de los que pensé.

-¿Cúanto has ganado?

-Mucho.

-¿Te queda algo de mercancía?

-¿Te interesa?

-Sí. Se me ha acabado el suministro.

-¿Cuánto quieres?

-Cuatro gramos.

La zorrita salcó del bolso una bolsita pequeña con una marca. Después sacó tres más. Se las extendió al erizo mientras él sacaba un par de billetes de valores altos.

-Ya veo que no hace falta que te diga el precio.

-¿Con quién crees que estás hablando, nena?-El erizo sonrió de lado y cogió la mercancía. La guardó en su bolsillo.

-No te lo gastes todo de una vez.-Bromeó.

-Yo no te digo a ti lo que te tienes que fumar al día.-Respondió cortante, para después irse. Esmeralda sólo lo vio irse, mientras reía.

-Estos hombres.

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El erizo de ojos violetas se había pasado la mañana escribiendo en unos papeles. Estaba haciendo planes sobre algo. Lo habían puesto de guardia en una de las famosas Aulas de Convivencia, pero aún no había llegado ningún alumno, aunque sí que había escuchado gritos por los pasillos. Los estarían llevando a todos a otras aulas de convivencia, supuso que la suya sería de las últimas en las que se entraba, tuvo la idea de que en esa aula sólo entraban los que hacían cosas graves, cómo dañar el mobiliario escolar de forma brutal, fumar en clase, agredir a compañeros o al profesorado...

Un sin fin de oportunidades que en ese colegio eran posibles.

Se cansó de escribir y soltó el bolígrafo. Se estiró y miró la sala. Era la primera vez que lo transferían a un instituto como aquel, todo le parecía curioso.

Vio una máquina de café en la esquina del cuarto y una nevera en la otra esquina. Sacó una moneda del bolsillo, se levantó y se acercó a la máquina. Metió la moneda y seleccionó el Café con leche. Una taza de plástico calló de la máquina, y a continuación el café con leche cayó desde arriba, llenando el recipiente. Cuando terminó, el erizo cogió el baso y dio un largo sorbo.

Llamaron a la puerta del cuarto.

-Está abierto.

Entró un profesor, con cara de pocos amigos, agarrando del brazo a una gata de pelo añil y pelaje color crema.

-¿Qué sucede?

-Esta alumna estaba rompiendo las puertas del baño de los chicos y también los grifos. Mientras rellenamos la expulsión, se tiene que quedar aquí.-Habló el profesor con tono serio, mientras la gata se soltaba de su agarre.

-Bien, déjemela a mí.-

El profesor asintió y empujó a la gata haciendo que entrara en la habitación. Después, cerró la puerta.

Kevin se sentó en el asiento con tranquilidad, mientras le daba un suave sorbo a su café. La gata clavaba su mirada en él, con los brazos cruzados.

-¿Por qué no te sientas? Te vas a cansar de estar de pie.

-No me vaciles.-Contestó molesta, mientras echaba un vistazo a la sala. Se fijó en la nevera, y sin pensárselo se acercó a ella y la abrió.

-No hagas eso, es propiedad del profesorado.

-Piérdete-Contestó cortante mientras sacaba un refresco de naranja de la nevera. La cerró de una patada.

-Que bruta eres.

-¿Quieres dejar de comentar todo lo que hago?

El erizo sonrió divertido, la actitud de la gata le divertía.

-¿Cuántos años tienes?

-Información clasificada-Contestó sin ganas, recostándose sobre la silla.

-¿Por qué has roto los baños?-Preguntó mirándola curiosamente, mientras apoyaba un brazo en la mesa y la cabeza en la mano.

-Cállate de una vez, me irritas.

Un silencio incómodo abundó la sala.

-Eres hermosa.

-Y tu viejo.

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La había buscado por todas partes, y no la encontraba. Aquella eriza que vio aquella vez, había quedado grabada en su mente. Esa tarde refrescaba, y él había salido a que le diera el aire. Tantas peleas, tanto odio, tantos engaños...ya estaban afectando a su moral. Se sentía muy solo. Hacía mucho tiempo que no tenía un verdadero amigo en el cuál confiar.

Ese día salió a ver el atardecer en su lugar favorito. Pero, ese día ya estaba ocupado por alguien.

La eriza que había allí sentada, también estaba sola, pero parecía tranquila y feliz. Su cabello castaño casi rubio era muy hermoso. Le habría gustado acercarse y acariciarlo y olerlo. Pero sin duda, su rostro le había dejado marca. Era un rostro tierno e inocente, esos preciosos ojos azules, se habría quedado mirándolo todo el día. Su alma se partió en dos al ver tantas heridas en aquella chica, pero a ella parecía no dolerle nada. Le pareció verdaderamente, un ángel caído del cielo. Y ese ángel lo había mirado. ¿Significaba eso que su suerte, a partir de ese momento, cambiaría? El hecho de haber mirado a un ángel le quitaba el sueño. Para su desgracia, no pudo intercambiar palabra con ella. Cuando ya estaba oscuro, ella miró al cielo, se levantó y salió corriendo, perdiéndose en el bosque. Él trató de seguirla pero no pudo seguirle el ritmo, ya que ella sabía muy bien a dónde iba, pero él no.

Después de aquello, la había buscado por todas partes, hasta fue a ese prado todos los anocheceres, para ver si por casualidad estaba, pero no. Su deseo no se concedió. Pero él decidió, por todos los dioses, que no se rendiría. "Te buscaré. Te encontraré."

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El erizo dorado se había quedado hasta la tarde en el colegio. Esperaba que la pegaso turquesa apareciera por ahí en algún momento del día, pero no apareció. A la hora de la salida se había quedado ahí a esperar. Le pidió a su hermano que se quedara en casa cuidando se su hermana, y este, tras algún que otro quejido, había aceptado. Pudo ver pasar a la nueva estudiante, Chess, seguida del zorro blanco Shiro, el cual hablaba animadamente con ella, pero ella no le hacía caso, y había escuchado alguna que otra amenaza. Ese zorro era épico, no paraba. Vio pasar el erizo eXe seguido del gato Michael, mientras peleaban entre ellos, y el gato de vez en cuando hacía un comentario que hacía sonrojar al erizo. Luego vio a Akari buscando a alguien, un tal Kaito, y al no encontrarlo se fue decepcionada. Miró la hora. Ya no podía esperar más, sus hermanos lo esperaban en casa. Suspiró decepcionado. Vio salir de allí, a esas horas, a una gata azul que nunca antes había visto. Iba sin expresión, parecía un alma en pena. No le dio importancia. Empezó a pensar en la gata de mechas verdes, a la cual había seguido hasta ver su clase. Por lo visto, tenía su edad, pero estaba en la clase de al lado. Le dio la sensación de que ella lo había visto, pero lo descartó al ver que se sentaba en su asiento con normalidad.

De sus pensamientos lo sacó una mano tibia, que tocaba su hombro y luego se alejaba. Volteó a mirar. Se sorprendió mucho al ver de quien se trataba.

-Hola.-Saludó con una amplia sonrisa la gata en la que estaba pensando.

-Hola.-Respondió con seriedad, mientras la miraba fijamente.

-¿Esto es tuyo?-La gata sacó de su bolsillo un pañuelito que tenía bordado con hilo dorado una "A"

-Pues...sí.-Dijo mientras lo cogía.-¿De dónde lo has sacado?

-El otro día, se te cayó del bolsillo mientras caminabas por el patio trasero. Cómo te fuiste demasiado rápido no te lo pude devolver.

-Ya veo.

-Por cierto, me llamo Arely.-Sonrió dulcemente mientras se quitaba los auriculares.

-Yo Astro.-El móvil del erizo dorado sonó en ese momento. Él le echó un vistazo, y vio que se trataba de un SMS. Se sorprendió al ver que era de Aqua, y lo abrió rápidamente.

"De: Aqua

Recibido a las: 19:45

Mensaje: Y, por si no había quedado claro, hemos terminado."

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No había dormido nada la noche anterior. Se la pasó llorando. Estaba sentada en un callejón al cual ya nadie acudía para nada, ni para vender drogas, ni para ocultarse de la policía, ni nada así. Estaba demasiado apartado de todo y pocos sabían de su existencia. Allí había llorado hasta el amanecer, cuando se había quedado dormida por el agotamiento. Al despertar, todo le había parecido una cruel pesadilla. Pero por desgracia, no lo era. No pudo hacer más que llorar y lamentarse de todo. Ella decidió algo. Nunca más volvería a sufrir por un hombre. Odiaba a los hombres. Lo tenía muy claro. A las 19:40, sacó su móvil. Miró todos los mensajes. 37 llamadas perdidas de Astro, y 19 SMS del mismo. Lo odió con toda su alma. Abrió un nuevo mensaje, y escribió varias veces lo que quería decir. Al principio ponía cosas como "eres un cabrón", en otras "mentiroso de mierda", hasta le echaba en cara todo lo que la había hecho sufrir. Pero, al final borró todos esos mensajes inapropiados, y escribió el mensaje que luego envió. "Y, por si no había quedado claro, hemos terminado."

Se levantó del rincón un par de minutos después de haber enviado el mensaje. Le dolía muchísimo la espalda, no había dormido para nada bien. Los ojos le escocían, y el cuerpo le temblaba. Tenía que comer algo. Caminó torpemente fuera del callejón. Aquellos tacones que se había puesto para impresionar a su amor, ahora le estorbaban para todo. Caminó lentamente, mirando a la poca gente que había pasar. Estaba hecha polvo, no le apetecía nada. Se le había corrido el rímel, pero parecía darle igual. El carmín de sus labios había desaparecido, y aún unas lágrimas corrían por sus mejillas. Se frotó un brazo con frío. Ese maldito vestido era demasiado escotado y corto, lo que le provocaba frío. Además, al haber corriendo de la casa del erizo hasta ese lugar, había roto un poco el vestido, pero nada grave.

Vio entonces la gran discoteca del pueblo. Uno de los lugares más visitados por los jóvenes, dónde fumaban, se divertían, bailaban, se drogaban, se emborrachaban y, a veces, hasta hacían cosas inapropiadas con gente desconocida en las esquinas, o incluso delante de todos.

Aqua se quedó mirando el lugar atentamente. Después de pensarlo no por mucho tiempo, entró.

Lo primero que vio al entrar fueron jóvenes que bailaban como locos, borrachísimos todos. Las chicas se levantaban las camisas cuando los chicos lo pedían, también ellas estaban ebrias. Aqua tomó asiento cerca de la barra. Se acercó a ella un camarero joven y atractivo, que le tomó nota.

-¿Qué desea tomar?

-Whisky.-Respondió sin dudarlo.

-¿Sólo?

-Sí.

El joven sacó una botella medio llena del líquido que había pedido la pegaso, y le llenó un vaso. La pegaso lo cogió sin dudarlo y le dio un gran trago. La garganta comenzó a escocerle, era la primera vez que tomaba alcohol, lo que le obligó a apartar el vaso y toser.

-¿Te encuentras bien?

-S-Si.-Respondió limpiándose la boca con el puño.-Relléname.

-¿Está usted segura de qué...?

-¿Quién es el cliente aquí?-Respondió de una manera muy fría. El joven camarero suspiró y le llenó el vaso, el cual Aqua bebió de un trago. Así un vaso tras otro, la pegaso empezó a acostumbrarse al sabor amargo de aquel líquido y le empezó a gustar. Al final, cómo las demás chicas, olvidó todas sus penas y empezó a bailar en la discoteca. Sus mejillas estaban coloradas a causas del alcohol y reía mientras bailaba a lo loco, pero de una manera sensual, haciendo que todos los chicos de la pista ebrios se fijaran en ella, y los no-ebrios también. En una mesa no muy lejos, un erizo negro con ojos azules miraba a la pegaso, mientras bebía lentamente cerveza sin alcohol.

La canción terminó, y la turquesa ya estaba harta de bailar.

-Ey nena, ¿por qué paras?-Dijo un gato acercándose a ella.

-Quiero irme a casa.-Respondió con hipo, mientras caminaba torpemente hacia la salida.

-Ah no, no vas a salir de aquí.-Dijo un zorro bloqueándole el paso.-La fiesta no ha terminado.

Un grupo de chicos borrachos la rodearon, mientras ella los miraba a todos con los ojos entrecerrados. Estaba agotada y no tenía fuerzas para gritar, y mucho menos para pelear.

-Dejadme *hip* en paz.-Protestó con un tono de borracha.

-¿Por qué, bombón? El verdadero espectáculo acaba de comenzar...-

Empezaron a acercarse peligrosamente hacia ella, haciendo que se inmovilizara, y a la vez que se asustara.

-¿Qué hacéis...?

Sin vergüenza ninguna, los chicos empezaron a tocarla por todos lados. Uno metió la mano por su vestido y agarró su pecho, otro tocó su trasero, otro le rompió más el vestido, otro tocaba sus piernas, otro su rostro...

Ella empezó a gritar que pararan, pero naturalmente nadie le hizo caso. Siguieron tocando todo lo que pudieron y más. La pegaso empezó a llorar y a gritar más fuerte.

-¡Ayuda! ¡Ayuda por favor!-Gritaba en un intento de que alguien acudiera a socorrerla, y mientras las lágrimas nublaban su vista, y el alcohol empezaba a dejarla dormida, gritó con todas sus fuerzas:

-¡ASTRO!-

Lo demás fueron figuras borrosas, de repente notó que todas las manos que la tocaban se alejaban, pudo escuchar gritos y hasta sonidos de huesos rotos. Se empezó a marear. Vio delante de ella la persona que la había salvado. Era un erizo al cual veía borroso.

No pudo mediar palabra, la pegaso se dejó caer al suelo, pero alguien impidió que se hiciera daño. El erizo que la había salvado, la cogió en brazos, y le echó por encima su chaqueta. Las lágrimas no paraban de correr por las mejillas de ella.

-Astro...¿por qué no has venido...?

El erizo la apegó mas a su pecho, y luego miró al camarero.

-Las bebidas que haya consumido, por favor, añádelas a mi cuenta. Yo vuelvo mañana y te lo pago todo.

El camarero, que ya conocía de antes a aquel erizo negro, sólo se limitó a asentir.

Entonces el erizo miró a la pegaso y comprobó que se había quedado dormida. Sonrió levemente y besó su frente con suavidad. Caminó y se la llevó fuera del local. Iría a llevarla a algún lugar donde poder descansar.

Si aquel erizo no hubiese aparecido, ¿qué le habría sucedido a la pobre Aqua?

Sonic, Amy, Scourge...(c) SEGA

Astro, Sekushi, Arely...(c) Sonamyfanlove

Aqua, Eclipse...(c) BlueRosePegasus

Esmeralda...(c) SweetSilvy

Exe, Michael...(c) sonicx147

Chess...(c) Sonamyxsiemprefanfic

Akari...(c) Terai-Pss

Kevin...(c) 0Pablo1

Shiro...(c) Joey D'Agostino

Claudia, Kaito, Mimu, Mao, Shatsu...(c) Amy-Rose-FanGirl (me)

Gracias a los consejos sobre cómo poner a Exe en este capítulo de sonicx147 (?

Gracias a mi madre por sus conocimientos sobre alcohol y droga xD

Gracias por Leer ~