Antes de que digan nada… lo sé. Sé que no tengo perdón, simplemente es que han pasado demasiadas cosas en mi vida durante el último par de meses, demasiados cambios. Primero entré a la escuela de nuevo, y eso es muy importante ya que mis calificaciones siempre han sido una prioridad para mí y ya sólo me quedan dos años para entrar a la universidad, tengo que esforzarme. Luego, cuando no llevaba ni una semana de clases, hubo una balacera en la escuela, y no, no me sucedió nada— aunque pudo, al igual que a mi mamá ya que venía justo a recogerme cuando sucedió—, pero ese no es el punto, sino que me hizo darme cuenta de la realidad de mi país— México— al que amo con locura y me lastima mucho ver en lo que una bola de infelices lo están convirtiendo. Eso simplemente me afectó demasiado.
Y sucedieron más cosas. Mi hermano mayor va a tener que vivir un año fuera de casa y lo extraño demasiado, extraño que alguien me revuelva el cabello, que me llame niña o que me este picando a cada instante.
También están otros problemas que tuve con amigos, con esa persona— llámese "el maldito"—. En resumen: no estoy en mi mejor momento…
Aún así considero una falta de respeto para con ustedes el tardar tanto en subir un capítulo y sólo me queda pedirles perdón de todo corazón e intentar recompensarles con este cap, que dije que sería largo y lo es, uno de los más largos que he escrito y a esperar que el siguiente lo sea igual.
Hoy no habrá contestación de reviews, principalmente porque no les quiero hacer esperar más. Pero juro que para la próxima todos estarán contestados.
Ya no los entretengo más.
Ojala les guste ñ.ñ
Victims of Love
You can change but you will always come back for more
— Entonces, ¿sí vendrás a la cena de Navidad de mi familia?
Albus se encontraba en su habitación, recostado descuidadamente en el mullido colchón de su cama con la vista puesta en el techo. Escuchó la lenta y profunda risa que soltó Scorpius. Aunque no podía verle, sabía que el rubio se hallaba sentado, de esa forma grácil y elegante que era innata en él, en una vieja silla que estaba cerca de un escritorio igual de viejo. También sabía que sus profundos ojos grises le miraban fijamente… podía sentirlo.
— Sí. Creo que es una buena oportunidad para que le hables a tu familia sobre lo nuestro— contestó Malfoy con tranquilidad.
Ante estas palabras, Albus no pudo evitar tensarse por completo. Eso realmente no se lo esperaba. Es decir, sabía que no podría ocultar su gran cambio de relación con Scorpius, pero simplemente no estaba preparado para que todo el mundo supiese que él era… eso.
Sólo pudo atinar a guardar silencio.
— A menos claro que no exista un "lo nuestro" y que yo haya malinterpretado todo— soltó Scorpius ácidamente, en vista de que su compañero no parecía tener intención de decir algo—. Tal vez yo no representé nada para ti más que un juego…
— ¡No!— profirió el moreno, girando la cabeza para poder encarar a Scorpius y encontrándose con una expresión dura y fría de parte de él—. Tú me importas mucho, Scorpius, eso lo sabes muy bien— bajó la mirada sin sentirse capaz de seguir viendo a esos ojos tan carentes de emociones, y a la vez tan llenos de reproche—. Es sólo que necesito que comprendas lo complicado de la situación. Si mi familia se entera de… lo nuestro, no sé si lo vayan a aceptar.
— ¿Qué es lo que te preocupa que tu familia no vaya a aceptar, Albus? ¿Que te hayas involucrado sentimentalmente con un Malfoy ó el hecho de que seas homosexual?— le espetó Scorpius con rudeza, poniéndose de pie y caminando hacia la puerta, dispuesto a salir.
Pero Potter no se lo permitió. Saltó de la cama ágilmente y le dio alcance a el chico antes de que siquiera pudiese poner una mano sobre el pomo de la puerta. Le tomó del cuello de la camisa color verde musgo y le haló fuertemente, para inmediatamente unir sus labios en un beso desesperado e intenso, intentando demostrarle con acciones todo lo que no podía expresar con palabras.
Scorpius le respondió con la misma pación, tomando al azabache por los hombros y profundizando el beso. Sin embargo, algo pareció cambiar en la mente del rubio, ya que rompió con el contacto inesperadamente y rehuyó a la mirada de Albus, lo cual le sorprendió a este; por lo regular era él quien agachaba la vista ante Scorpius.
— Te acompañaré a la cena Navideña, pero iremos simplemente como lo que todos creen que somos: amigos. No voy a esperar nada de ti.
Y esta vez, Scorpius salió de verdad de la habitación de Albus, dejando al chico parado ahí, completamente quieto, con una mano extendida en el aire en un intento fallido por detenerle y la mirada puesta fijamente en el lugar en el que momentos antes e hombre de quien estaba enamorado había estado.
— Te amo…
De nuevo esas palabras retumbaron en la mente de Rose como si de cañonazos se tratase. De nuevo recordó el rostro consternado de James, como se pudo de pie y comenzó a vestirse en silencio, para después salir por la ventana de la habitación ágil y rápidamente, sin dirigirle una sola palabra o alguna mirada, como si nunca hubiese estado ahí. De nuevo le vino a la mente como, sólo por un segundo, le pareció sentir como algo en su interior se rompía en mil pedazos, dejándole un insoportable dolor instalado en el pecho— un dolor que no había desaparecido hasta ahora—, provocando que incontrolables sollozos escapasen de lo más profundo de su ser y que las lagrimas se escurriesen por sus mejillas sin tregua alguna.
Así se sentía que te rompiesen el corazón…
Habían pasado cinco días desde que aquello ocurriese. Cinco malditos días de sentirse miserable, despreciada y sobre todo dolida. Cinco días de extrañar a James desesperadamente, de extrañar sus besos, sus caricias, su sonrisa, sus ojos, de extrañar tenerle a su lado.
Pero ella sabía que eso no le serviría de nada. James Sirius Potter no le quería, dudaba que alguna vez siquiera le hubiese tenido aprecio por el hecho de ser primos. Lo único que ese desgraciado quería era satisfacerse y pasar el rato, pero al ver que la situación se le escapaba de las manos no pudo hacer nada más que huir, como el despreciable cobarde que era.
Y sin embargo, a pesar de estar consciente de todo aquello, Rose simplemente no podía vitar amarle con cada fibra de su ser. Que le dijesen que era una maldita masoquista, a estas alturas del partido ya nada le importaba.
Suspiro pesadamente antes de levantarse lentamente de su cama. Si no fuese porque tenía que alimentarse y hacer sus necesidades, la muchacha no se hubiese levantado de la cómoda cama de colchas rosadas en un buen tiempo— cinco días para ser exactos—. Se miró detenidamente en el espejo que tenía colocado sobre el tocador y no le gustó lo que vio. Merlín, estaba hecha un desastre. Unas oscuras y marcadas ojeras rodeaban sus ojos, los cuales se encontraban enrojecidos e inflamados debido al llanto, y su cabello que ya de por si era desordenado, ahora parecía una gran bola roja y grasienta. Así no le sorprendía que su familia estuviese tan preocupada por ella, que su madre entrara a su habitación con lagrimas en los ojos y le rogase que le contase qué le ocurría y que su padre le amansase con castigarle muy severamente si no le decía quién había sido el infeliz que la había lastimado. Claro está, Rose no dijo ni una sola palabra, porque, ¿qué es lo que podría decir? ¿Qué quien la había destrozado de esa manera era James Sirius Potter, su primo y el chico de quien estaba profundamente enamorada? No, por supuesto que no.
Apretó los puños con fuerza mientras unos ojos azules le devolvían la mirada con dureza. Justo ese día vería a James— tendría qué, no podía faltar a la cena de Navidad en casa de sus abuelos paternos— y no se permitiría derrumbarse frente a él. Ya no más…
— Y aún no logro decidirme entre un dije con nuestros nombres entrelazados o un álbum de recuerdos con…— Hugo Weasley interrumpió su parloteo al notar que Lorcan Scamander, quien supuestamente debería estar escuchándole atentamente, no le estaba prestando ni la más mínima atención. Fijó su vista en el lugar en el que el rubio miraba tan insistentemente y se sorprendió al divisar a Lily por la ventana que daba al jardín de entrada a La Madriguera, parada rígidamente y con los brazos cruzados, mientras que un robusto muchacho de cortos cabellos castaños movía los labios apresuradamente y hacía ademanes exagerados con las manos, al parecer tratando de hacerse entender mejor con algo.
Frunció ligeramente el ceño y miró a Marcus Gloss más detenidamente, pendiente de cada uno de sus movimientos. El muy idiota había tenido el descaro de venir hasta aquí para hablar con Lily, o más bien para echarle en cara a Lily que todos los problemas que su relación había tenido en los últimos meses eran exclusivamente culpa de ella. Pero qué imbécil.
Si Hugo tuviese que ser muy sincero, diría que jamás le agradó en lo más mínimo ese estirado y creído Ravenclaw, pero también sabía que su prima le quería de verdad y él siempre apoyaría a la pelirroja por sobre todas las cosas y sin importar qué.
Decidió que la menor de los Potter merecía un poco de privacidad así que tomó a Lorcan por un codo y lo haló hasta hacerle girar hacia sí.
— ¿Cuál es tu problema, Hugo?— gruñó Lorcan mirándole ceñudo.
— Escucha, a mí tampoco me agrada mucho Gloss pero Lily puede defenderse perfectamente ella sola— dijo el pelirrojo seriamente.
Lorcan dejó escapar un suspiro y miró de reojo a Lily, quien seguía tan impasible como siempre.
— Lo sé…— susurró.
— En fin. ¿Qué te estaba diciendo?— habló Hugo con entusiasmo— ¡Oh, sí! Mi regalo para Amy. Estaba pensando en algo significativo, que nos representara como pareja y que…
— ¿Estás hablando en serio?— interrumpió una voz burlona. Lysander se encontraba recargado contra la pared con el cabello rubio y despeinado y esa mirada pícara que le caracterizaba—. Amigo, ella va creer que eres una chica si te pones tan jodidamente cursi con ella.
— Bueno, Hugo es quien tiene novia aquí, Lys, no tú— dijo Lorcan con sorna. Lysander le dedicó a su gemelo una mirada asesina, y este le respondió con una sonrisa socarrona.
— Y tú tampoco— rugió Lysander.
— Es sólo porque no me interesa tener una, no quiero sentirme atado— se defendió Lorcan con desinterés.
— Creo que he escuchado esa mista oración en una veintena de hombres sólo en el último año.
Lily Potter se encontraba parada en el umbral de la puerta que daba a la sala. Sus ojos color marrón se encontraban enrojecidos y húmedos mientras que su labio inferior temblaba fuertemente. Hugo no soportó ver a su prima en ese estado por lo que se apresuro a rodearla con sus brazos intentando reconfortarle aunque sea un poco. La pelirroja se dejó hacer y ocultó su rostro en hombro de su primo, dejando escapar pequeños sollozos y mojando la camiseta de Hugo irremediablemente con sus lágrimas, cosa que a él no le importó en lo absoluto.
Lysander se tensó al instante ante la escena que estaba presenciando y a la primera oportunidad que tuvo se escabulló del lugar. Por su lado, Lorcan tenía la mirada gacha y los puños apretados, y Hugo podría jurar que estaba a punto de golpear algo. Sus ojos azules se posaron directo en la nuca de Lily, muy intensamente, como si quisiese leerle el pensamiento, como si quisiese decirle tantas cosas con sólo una mirada.
Y en vez de eso sólo dijo—: Te dije que te merecías algo mejor.
Acto seguido, dio media vuelta y se marchó. El pelirrojo sintió cómo Lily se estremecía entre sus brazos, así que la estrechó más fuerte intentando hacer que se calmase.
— ¿Por qué soy así, Hugo?— la voz de Lily apenas fue audible contra el pecho de Hugo. El chico la separó poco a poco de su cuerpo a su prima y descubrió que la muchacha se encontraba en un estado lamentable, con los ojos anegados de lágrimas y la respiración entrecortada.
— ¿Así cómo, Lils?— preguntó dulcemente.
— ¿Por qué dejo escapar las oportunidades cuando se me presentan? ¿Soy tan poca cosa acaso?
Hugo se desconcertó bastante ante las palabras de la chica y sólo atinó a acunarla entre sus brazos como si de un bebé se tratase y besarle la cabellera roja con ternura.
Mucha gente podría creer que Lily Potter no era más que una niña tonta que seguía creyendo en los príncipes azules y finales felices. Hugo Weasley les daría la razón a esas personas en una sola cosa: su prima seguía— y probablemente siempre fuera a ser así— creyendo en los cuentos de hadas, ella seguía en la espera de su príncipe azul, que se la llevase en un caballo blanco a un castillo en la punta de una montaña, donde ningún mal podría afectarles y vivirían felices hasta el final de sus días. Hay que admitir que todos compartimos ese sentimiento en los primeros años de nuestra juventud, cuando ese primer amor nos golpea con la fuerza de una tormenta de verano y caemos irremediablemente a sus pies, la diferencia es que en la mayoría de los casos, uno termina saliendo lastimado de ese primer amor, ese que nuca se olvida. Claro, eso no significa que no nos podamos volver a enamorar, podemos hacerlo innumerables veces, pero siempre queda el recuerdo de ese primer amor, como una astilla bien clavada en nuestro corazón y que nos recuerda constantemente que hay que ser precavido para no volver a salir lastimados; por eso jamás llegamos a ilusionarnos demasiado y solemos pensar con más cuidado las cosas; por eso, si las cosas salen mal, el golpe es menos duro.
En cambio, Lily seguía ilusionándose con la misma intensidad, seguía apostándolo todo por esa persona. Por eso siempre terminaba saliendo lastimada más de lo necesario. Hugo la admiraba profundamente por eso, sabía que su prima era increíblemente valiente.
Estuvieron así durante un rato hasta que los sollozos de la pelirroja fueron cesando poco a poco.
— M-muchas gracias, Hugo— musitó Lily mientras se sorbía la nariz ruidosamente, cosa que hizo reír a su primo.
— No tienes por qué darlas, pequeña— respondió Hugo con una sonrisa.
— Claro que sí. Vengo lloriquearte cuando tú debes estar ocupado en cosas más importantes— replicó ella.
— No digas esas cosas, Lily.
— ¿Me vas a negar que no estás pensando en el regalo de Amy?— el silencio de Hugo fue la respuesta de la menor de los Potter—. Eso pensaba, y está bien, no todos los días se cumple un año de noviazgo, Guín. Dime, ¿ya pensaste en algo que darle?
— B-bueno, he estado pensando en algunas opciones— contestó nervioso Hugo—, pero nada me convence lo suficiente.
— No se diga más, yo te ayudaré— intervino Lily con renovado entusiasmo—. Conozco bien a Amy y tal vez te pueda ayudar un poco. Vamos arriba para hablar más tranquilamente.
Hugo simplemente asintió y sonrió agradecido mientras se dejaba arrastrar por la chica escaleras arriba.
Pero conforme iban subiendo, el sonido de lo que parecía una acalorada discusión les comenzó a llegar. Lograron identificar que se trataba de voces masculinas.
— ¡Pues en algún momento tendrás que tomar una decisión!
— ¡Y sería más sencillo si no me estuvieses presionando todo el tiempo, maldita sea!
—Es que no comprendo qué tanto es lo que tienes que estar pensando.
Tanto Lily como Hugo se miraron con extrañeza antes de que la chica se adelantase hasta una puerta entreabierta de donde provenía el sonido. La abrió bruscamente y se sorprendió al descubrir ahí a su hermano mayor, Albus, con la cara enrojecida y los puños apretados con rabia, y el mejor amigo de este, Scorpius, con el ceño fruncido y la mirada impasible. Pero cuando repararon en la presencia de los menores, ambos chicos se tensaron y callaron al instante.
— ¿Interrumpimos algo?— inquirió Lily nerviosamente.
— ¡Lily, querida!— exclamó Malfoy acercándose de improvisto a la desconcertada pelirroja y rodeándola afectuosamente con un brazo—. Hace tanto que no te veo. ¿Cómo han estado tus vacaciones? ¡No! Mejor no me lo digas; lo hablaremos abajo, en compañía de una humeante taza de té. Ven, pequeño Hugo, acompáñanos— canturreó emprendiendo el camino. Pero el aludido no le siguió, en su lugar se dedicó a mirar a su primo suspicazmente, quien tenía la mirada gacha y la mandíbula tensa.
— ¿De qué me perdí, Al?— preguntó Weasley con cuidado.
— ¡De nada!— le ladró este, completamente fuera de sí—. ¿Acaso tendría que estar sucediendo algo?— comenzó a caminar hacia la salida como si de una fiera se tratase, cruzó el umbral de la puerta y luego Hugo lo escuchó chocar contra algo pesadamente, o contra alguien.
— ¡Cuál es tu problema, imbécil!— rugió la voz de James.
— Imbécil serás tú, idiota— en definitiva Albus se encontraba hecho un basilisco—. ¡Jódete, James! ¡Jódanse todos!
Hugo sólo alcanzó a salir de la habitación para ver cómo Albus salía disparado escaleras abajo y a James tirado en el piso y sobándose la nuca con rostro adolorido. El chico se apresuró a ayudar a su primo a ponerse de pie y este se lo agradeció al instante.
— ¿Sabes qué le ocurre a ese tonto?— preguntó James refiriéndose a su hermano menor. Hugo se encogió de hombros como toda respuesta—. Ya veo… y, ¿sabes dónde está tu hermana?
— ¿Rose?— el pelirrojo se extrañó bastante ante la pregunta formulada por su primo. A decir verdad no había visto a Rose desde que habían llegado a casa de los abuelos Weasley—. En realidad no la he visto en todo el día… probablemente se encuentre escondida y llorando por ahí— soltó inconscientemente, recordando el estado lamentable en el que se había encontrado su hermana durante los últimos días.
— ¿Escondida y llorando?— profirió al instante James, y una mueca de dolor surcó su rostro.
Hugo suspiró al darse cuenta de que había metido la pata y que había hablado sin darse cuenta.
— Bueno… Rose no ha estado muy bien últimamente— respondió el menor.
— Describe "no muy bien"— pidió James con voz queda.
— No ha salido de su habitación durante unos cinco días.
Potter cerró los ojos fuertemente y se dejó caer contra la pared para ir resbalando hasta quedar sentado. Ocultó su rostro entre sus manos y comenzó a soltar una serie de improperios que Hugo apenas logró distinguir.
— ¿Tú sabes algo de lo que le sucede, Jame?— quiso saber el chico.
— Tú tienes novia, ¿cierto, Hugo?— soltó James de pronto lo que tomó muy de sorpresa a Hugo e inconscientemente la imagen del rostro de facciones dulces de Amy vino a su mente y no pudo evitar sonreír al recordarla.
— Así es— contestó algo bobamente y dejando a un lado la actitud extraña de James. Su novia tenía ese efecto en él.
— ¿Y la amas?— la pregunta desconcertó a un más al pelirrojo si es que cabía. Y aún así no dudó al contestar.
— Sí…
— ¿Y cómo te diste cuenta?— James continuó con su interrogatorio mirándole desde el suelo.
Hugo se lo pensó un momento. En definitiva esa no era una pregunta fácil de responder.
— Creo que no puedes. Ese sentimiento simplemente va creciendo en tu interior y no te da aviso alguno. Pero lo sabes cuándo comienzas a sentirte pleno y especial junto a esa persona sin necesidad de fingir en lo más mínimo, cuando simplemente piensas en ella cada segundo de tus días y te das cuenta de que imaginas un futuro a su lado, y también lo sabes porque, cuando estas lejos de esa persona, te sientes incompleto— Hugo respondió lo más sinceramente que pudo y dejó que las palabras brotasen de sus labios por sí solas.
Después de que Hugo terminó con su discurso, James se puso de pie y se precipitó escaleras abajo.
— ¿A dónde vas?— le detuvo Hugo.
— A buscar a tu hermana.
Esa respuesta heló a Hugo por completo e hizo que una pregunta se instalara en su cabeza: ¿Sería posible que James y Rose…? No. No, no, no, no y no. Eso era imposible, ¿cierto? No podía ser cierto, ¿o sí?
Decidió no pensar más en el tema y emprendió la búsqueda de Lily o de alguno de los gemelos Scamander, pero con una idea bien instalada en la cabeza: ese día los hermanos Potter habían estado actuando endemoniadamente extraño.
Rose se encontraba sentada sobre la nieve y con la espada recargada en el tronco de un viejo árbol que se encontraba a las afueras de La Madriguera. No le importaba que hiciese un frio tan fuerte que le helara hasta la medula de los huesos y que ella sólo llevase puesta una fina chaqueta que no lograba cubrirle en nada. No le importaba que en unos minutos fuese a dar inicio la cena Navideña y que ella no estuviese presente. No le importaba absolutamente nada, a excepción de él.
Se había prometido a si misma ser fuerte y encarar a James con la cabeza en alto, pero simplemente no había sido capaz y sólo pudo huir como una cobarde. Sabía que si volvía a ver esos ojos miel, hermosos y vivaces, no lo soportaría y terminaría cayendo rendida ante sus pies, y eso simplemente no podía permitírselo
Se encontraba tan concentrada en esos pensamientos que no se dio cuenta de cómo unos pasos se acercaban lentamente hacia ella hasta que una voz grave y ronca susurró su nombre al viento.
— Rose.
Giró el rostro rápidamente. Y ahí estaba, alto, desgarbado, con esa mata de pelo azabache desordenado cayéndole por el rostro de facciones marcadas pero sin ocultar ese par de ojos miel que ella tanto amaba y que ni ocultos tras el cristal de esas gafas que siempre llevaba puesta dejaban de brillar de esa forma tan especial.
— James…
… ¿Y? ¿Qué les pareció? Las cosas se están poniendo interesantes, ¿no? Esto cada vez se acerca más al final. ¿Y qué les pareció la aparición de Hugo? Personalmente AMO a este personaje y significó mucho para mí que aparición.
En realidad, todo este capítulo es muy importante. Me ayudó a liberarme de todo lo que he estado viviendo últimamente, eso lo podrán notar en las reflexiones que hice a lo largo del cap y me di cuenta que a veces es mejor escribir como desquiciada a derramar una sola lágrima. Incuso el título tiene un significado para mí.
Ahora, ¿podrían dejarme un review, porfa?— lo sé, qué descarada—, en verdad me harían muy feliz *OJOS DE PERRITO*
Antes de despedirme, les pido una cosa: ¡Ténganme paciencia! Juro hacer todo lo posible por no volver a tardar tanto pero necesito organizar mi vida urgentemente.
Me despido.
Besos y nos leemos— espero pronto— ñ.ñ
Atte,
Pam.
