Bueno, hoooliiis, jeje. Ya sé que ha pasado mucho tiempo, pero es que les juro que estoy teniendo bastantes problemas con este fic, y bueno, pensé que en vacaciones sería más fácil escribirlo, pero tampoco he tenido mucho tiempo. Me disculpo de antemano por la gran cantidad de azúcar que van a leer, pero de corazón espero que les guste ñ.ñ
También me disculpo porque no he contestado los reviews; ya saben que siempre lo hago— a veces se me pasa alguno— tarde que temprano.
Agradezco a AgussArce, Basileya, LorcanLilyFOREVE, Angie Weasley P, cieloabierto, Guest, Lui. Nott, Lun Black y jwp por comentar en el cap pasado. Les agradezco infinitamente que se tomen el tiempo de leer lo que escribo y comentar, y de regañarme por tardarme en actualizar (cofcofcieloabiertocofcof XD). Besotes para ustedes :3
En fin, ya saben que nada de esto me pertenece, no me molestaré en repetirlo.
Ahora sí, ¡a leer se ha dicho!
Victims of love.
We are all just victims of love...
Rose Weasley entrelazó más fuerte su mano con la de su primo, James Potter. Se aferró a ella como si de un salvavidas se tratase; como si tuviese miedo de que, si llegaba a soltarla, alguna fuerza atroz y avasalladora— la de su familia, amigos y la sociedad misma— le hiciese separase de su lado y ya no le fuese a volver a ver en su vida. Entonces, las cosas terminarían de irse al carajo.
— Estas despierta.
La voz algo ronca de James hizo eco en la vacía y oscura habitación, lo que logró que los miedos de la chica se dispersasen un poco.
Él seguía allí, con ella.
Acercó su rostro hasta cocarlo en el pecho del azabache, sintiendo cómo la respiración, cálida, reconfortante, de él chocaba contra su nuca. Suspiró.
Estaban juntos.
— No podía dormir— respondió Rose, abrazándose más a su primo.
— Yo tampoco.
Se mantuvieron un rato así, en silencio. Más no se separaron. No, jamás lo harían.
Entonces, James habló.
— ¿En qué piensas?
La pregunta logró desconcertar a la pelirroja por completo. ¿En qué pensaba? En demasiadas cosas. Su cabeza era un maldito remolino de pensamientos. Pensaba en sus padres, en su hermano, en sus tíos y primos. Pensaba en todas aquellas personas a las que James y ella habían lastimado y se preguntaba qué era lo que el futuro les deparaba, si lograrían manejarlo.
Tenía miedo.
— Me preguntaba si todo esto vale la pena— susurró bajito, casi como si no quisiese ser escuchada. Aun así, James la escuchó.
Se separó de ella para así poder verla directo a los ojos. Azul y miel se mezclaron, conectándose como sólo ellos podían.
— Rose, te amo.
Rose sintió como un nudo iba formándose en su garganta y sus ojos se iban llenando de lágrimas que apenas era capaz de contener.
— Yo también te amo, James— aseguró, tomando el rostro del muchacho entre sus manos, no queriendo que el contacto visual se cortase—. Es sólo que tengo miedo. ¿Te has puesto a pensar en qué haremos al final del curso, en el verano? Teddy no va a tenernos escondidos en su casa para siempre.
Tenía un punto.
Después de que fuesen descubiertos besándose por la familia entera, de que los papás de ambo fuesen y les confrontasen completamente enfurecidos y les gritasen cosas horribles ("¡Aléjate de mi hija en este mismo instante, desgraciado! ¡Esto es enfermizo, por Merlín!", "¿En qué mierda estaban pensando, James, Rose? ¿Es que no saben lo malo que es lo que es lo que han estado haciendo?"), James sólo tenía una cosa en mente: no permitiría que le separasen de Rose. Había actuado casi por inercia, sin pensar, tomándola de la mano y rezando porque eso de la desaparición conjunta se le diese bien. Habían terminado apareciéndose frente a un edificio de departamentos a las afueras de la ciudad de Londres. Era el edificio donde vivía Teddy.
James hizo que Rose se ocultase en un pequeño callejón y le cubrió con su chaqueta para protegerle del frio. Luego saco su varita y, con todo el cuidado y la discreción del mundo, conjuró un Patronus. Eso dejó a Rose completamente impresionada, no creía que su primo fuese capaz de crear un Patronus tan perfecto y corpóreo. Pero lo hizo, y el alce, robusto y de enormes astas, fue escabulléndose entre las diferentes calles hasta perderse de su vista.
Quince minutos después, Teddy Lupin estaba frente a ellos.
Fue difícil hacer que el metamorfomago comprendiese la situación, y qué decir que la aceptase. No estaba de acuerdo con lo que los adolecentes estaban haciendo, ni un poco, y aún así accedió a ayudarles, ya que comprendía lo que era estar enamorado de alguien que era como de tu propia familia. Sin embargo, ambos casos eran muy distintos: Teddy y Victoire no compartían ningún lazo consanguíneo, James y Rose sí.
Ya había pasado más de una semana desde que todo aquel lio ocurriese y James y Rose habían estado refugiándose en casa de Teddy, el problema es que al día siguiente tendrían que regresar a Hogwarts, y entonces ya no tendrían posibilidades de esconderse de su familia, en especial de sus primos.
No es que no hubiesen mantenido comunicación con ninguna otra persona más que Teddy. De hecho, sólo hace un par de días atrás, Fred, Albus y Scorpius habían ido a verles, y así fue como todas esas inseguridades y miedos se habían instalado en sus cabezas…
Los insistentes golpes en la puerta lograron poner a James de los nervios, así que se precipitó hacia la puerta de entrada del pequeño departamento para poner fin a ese infernal sonido de una vez por todas. Al abrir la puerta se topó con los ojos verdes y fríos de de su hermano Albus, clavándose sobre él como dos dagas.
— Debería partirte la cara en dos en este mismo instante por ser tan jodidamente imbécil— siseó Albus, con el seño tan fruncido que sus cejas se juntaron hasta convertirse en una sola.
James soltó una risa seca y se cruzó de brazos, retándole.
— Adelante, te espero.
— No puedo. Estos dos no me dejarían— refunfuñó Albus, señalando a Scorpius Malfoy y Fred Weasley, de pie detrás de él. James posó su mirada en Fred, quien le sonrió cálidamente.
— Eso es muy cierto— afirmó Scorpius, adelantándose hasta quedar junto a Albus—. ¡Rosie!
James se giró y se encontró con Rose, parada en mitad de la pequeña sala. Pronto, la chica se vio atrapada por los brazos de Scorpius en lo que él denominaba un "abrazo de oso", el cual la dejó sin aire.
— Scorpius…— balbuceó Rose a duras penas—. Yo también me alegro de verte, pero no me dejas respirar.
Con eso, el rubio la soltó y retrocedió un poco, lo que le permitió a Rose ver a las otras dos personas que aun se encontraban de pie en el umbral de la puerta.
— Hola, Fred, Albus—saludó con voz dulce. Fred le devolvió el saludo y Albus soltó un gruñido de reconocimiento. James terminó de perder la poca paciencia que aún conservaba.
— Muy bien, hermanito, seré directo: dime en este instante cuál es tu puto problema.
Albus soltó un bufido y luego sonrió de forma cínica.
— ¿Cuál es mi puto problema?— habló, y su voz era dura y acusadora—. ¡Jame, ¿tienes una maldita idea de cómo está afectando esto a la familia?!
Ante las palabras de su hermano, James empalideció por completo y sus brazos cayeron sus costados, inmóviles. Rose se abrazó a Scorpius, enterrando su rostro en su pecho para ocultar las lágrimas que ahora brotaban por sus ojos mientras éste le acariciaba el cabello en un intento para que se tranquilizase.
Albus continuó.
— ¿Es que no has pensado en el problema en el que has metido a Teddy? Imagina si se descubre que les está ayudando a ocultarse, cómo reaccionarán los adultos, ¡esto podría provocar que su relación con Victorie terminase! Joder, tío Ron está perdiendo la cabeza, y tía Hermione llora cada noche. Y nuestros padres, James, están muy preocupados, y afectados… todos lo estamos.
— Albuz, yo…— comenzó James con voz débil, sin realmente saber qué decir, pero aún así con la necesidad de hacerlo. Sin embargo, Albus le interrumpió casi de inmediato.
— No, James; no he terminado— le cortó—. Les entiendo. Entiendo que se amen. Entiendo lo que es querer a alguien que la sociedad no acepta para que esté contigo. Lo sé, de verdad que sí— hizo una pausa para tomar aire—. Pero tienen que ser realistas y pensar en el futuro. Dudo mucho que la familia alguna vez llegue a aceptar su relación, por lo menos no la mayoría y no por completo. ¿Entonces qué demonios harán? Eventualmente tendrán que tomar una decisión, y eso lo saben muy bien— otra pausa, esta vez más larga—. Van a tener que elegir entre estar juntos y la familia.
Y esas palabras habían estado dando vueltas en la mente de Rose desde entonces. No importó lo que después dijeron e hicieron Scorpius y Fred para intentar hacerles sentir mejor, ni que, ya a la noche, James le asegurase una y otra vez que todo iba estar bien, mientras ella lloraba en su pecho.
Porque sí, estaban juntos, ¿pero a qué precio?
La muchacha sintió como su rostro era tomado entre un par de cálidas manos, que la sostuvieron con delicadeza y ternura. Sostuvo la mirada de James con más firmeza, pero ya ni siquiera se molestó en contener el llanto.
James acercó sus rostros, chocando sus frentes y provocando que sus respiraciones se mesclasen.
— Eh, amor, todo está bien, estoy contigo— murmuró James contra sus labios—. Siempre voy a estarlo.
— Mentiroso— dijo la pelirroja entre sollozos incontrolables.
— No miento, Rosie, de verdad— insistió James, y su tono de voz era tan seguro que a la chica le costó trabajo dudar de sus palabras—. Ni aunque quisiese podría estar separado de ti.
Rose frunció el ceño y sorbió ruidosamente por la nariz. Sabía que se veía ridícula, lloriqueando cual cría de cinco años, pero a estas alturas ya le daba igual.
— ¿A qué te refieres con eso?— le preguntó, escéptica.
— Me refiero al hilo rojo del destino— contestó él, dejándola aún más confundida que antes.
— ¿El qué?
El muchacho rió quedamente y luego depositó un suave beso en la frente de Rose antes de responderle.
— ¿Recuerdas el verano pasado, que tú y yo estábamos peleando por ya no recuerdo qué, y que al final terminaste lanzándome uno de esos libros jodidamente-grandes-sin-un-solo-dibujo que tanto te gustan leer?— Rose no pudo evitar reír mientras asentía con la cabeza—. Bueno, después de eso, tú te fuste hecha una furia, pero dejaste el libro. Cuando me agaché a recogerlo, vi que había quedado abierto en una página. Esta hablaba de un hilo rojo del destino. Un hilo rojo invisible que se encuentra atado al dedo meñique y que conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, a pesar del tiempo, del lugar y de las circunstancias. El hilo puede tensarse, enredarse, pero nunca podrá romperse.
James le abrazó aun más fuertemente, besando su cabeza innumerables veces.
— Estaremos juntos— le aseguró ente beso y beso—. No nos van a separar, no mientras viva
Rose se dio cuenta que se había quedado sin palabras y sólo pudo atinar a besarle, con deseo, con ternura y sobre todo con amor.
Porque sí, estaban juntos, y aquello estaba mal de demasiadas formas, y muchas personas se oponían a ello. Aun así, no era su culpa, sino del destino.
Lo sé, lo sé, no está tan bien, pero juro que fue lo mejor que pude hacer. Este maldito capítulo fue un dolor de cabeza y me costó horrores escribirlo. Me sentaba frente a mi laptop durante minutos y no salía nada, estuve increíblemente tentada a borrarlo todo como la última vez.
Como siempre, pido reviews (porfaaaaaaaa, porfaaaaaa, porfaaaaaaaaaaaaaa), aunque sea para decirme que odian esto tanto como yo *carita de perro regañado*
Por cierto, este es, técnicamente, el último capítulo; ya sólo falta el epílogo, que será chiquito. Intentaré subirlo lo más pronto posible, de verdad. Aunque, les aviso, que saldré de casa durante unos días. Iré al D. F. con una amiga, y juntas iremos al concierto de One Direction ASDFGHJKLÑSDFGHJKHGHDFSDFGHJ lo siento, tenía que decirlo, estoy tan sfghjjkfd ¡Es que los veré, por segunda vez, y gritaré hasta que la garganta me sangre! *_* Aun así, llevo un pedazo adelantado de Segunda estrella a la derecha y hasta que amanezca, y puede que lo suba antes de que me vaya el jueves, si no lo subo antes de ese día, ya será hasta la próxima semana, regreso como el lunes o martes (si ya voy a estar allí, pues aprovecho XDD).
Gracias por leerme, y si comentan, aún más ñ.ñ
Besos,
Pam.
