Capítulo 2: El templo Ling-Sheng Su
El templo Ling-Sheng Su era un santuario situado en las montañas del Nepal. Allí, poderosos guerreros se entrenaban en distintas disciplinas.
Pero a diferencia de otros guerreros, los del templo no eran luchadores patrióticos que lucharan por su país, ni codiciosos piratas, ni tampoco hombres buscando desafíos.
Los nobles guerreros del templo Ling-Sheng Su sólo buscaban su paz interior mediante el arte de la lucha, y purificar a aquellos que albergaban el mal en su interior.
El maestro del templo era un sabio anciano, que a pesar de su edad, mostraba una musculatura y un poderío propios del muchacho más atlético. Años de entrega y esfuerzo le habían servido para dominar todas las disciplinas de lucha conocidas, y ahora las enseñaba a alumnos jóvenes que querían llegar hasta donde él había llegado. Nadie conocía el nombre del maestro, pero todos lo llamaban Edge Master, ya que se decía que había sido el único hombre del mundo que había tenido la famosa Soul Edge ante sus ojos y se había resistido a cogerla.
Pero no todos los aprendices estaban tan lejos de su nivel como cabría esperar.
Uno de ellos, llamado Kilik, era el favorito del maestro. La disciplina que manejaba era la técnica de la vara. Para ello, usaba un báculo de hierro del grosor de un dedo pulgar y de unos dos metros de altura. Con él podía realizar todo tipo de movimientos ofensivos y defensivos. Era, sin duda, el mejor alumno del templo.
Pero además de su indudable técnica, Edge Master veía algo más en Kilik. Lo veía en su forma de luchar, pero también en su forma de tratar a los demás. Kilik desprendía un aura de bondad impropia para un guerrero.
La mejor forma de darse cuenta de ello, era ver cómo trataba a una de las alumnas del templo, Xianglian.
Cualquiera que hubiese llegado ese mismo día al templo habría supuesto que tenía un interés romántico hacia ella, pero Edge Master, que llevaba años observándolos, sabía que la quería como si fuera su hermana.
Xianglian era, probablemente, lo único del mundo que Kilik apreciaba más que a su vara. Y era evidente que Xianglian lo apreciaba también a él.
Pero la paz del templo Ling-Sheng Su pronto se vería perturbada.
...
Los hechos que van a ser aquí narrados ocurrieron durante la última noche del año, cuando todos los alumnos del templo y el maestro celebraban los progresos conseguidos ese curso.
Edge Master llevaba una semana preparando la fiesta. Se había recorrido toda la ladera de la montaña en la que estaba situada el templo para recoger las más jugosas frutas y cazar los más apetitosos animales.
Aquella noche estaba siendo mágica. Edge Master podía ser muy severo con sus alumnos, pero en cada uno de los platos que se sirvieron durante la cena, se podía apreciar el cariño con el que el maestro los había preparado para ellos.
Todos los alumnos estaban sentados en una enorme mesa de piedra, presidida por el maestro.
Al final de la noche, sería nombrado el mejor alumno del año. No hubo sorpresas y, por cuarto año consecutivo, Kilik fue el elegido. Y por cuarto año consecutivo, se vio obligado a decir unas palabras delante de todos sus compañeros.
- Bien, eh... – murmuró Kilik dubitativo. – Estamos aquí otra vez, otro año más. Reunidos en el que ya se ha convertido en nuestro hogar. Aquí aprendemos a luchar, pero...yo no he aprendido solamente a luchar. Aquí me han enseñado a amar...y a ser amado. Y yo no estaría aquí, de pie, delante de todos vosotros, por cuarto año consecutivo...de no ser por ese amor. Ese amor que inunda el ambiente. Entre nosotros y hacia nuestro maestro. Gracias a todos por un año más de esfuerzo y de trabajo a mi lado. Gracias a todos por un año más de amor. Gracias, maestro, por darnos esta oportunidad. Y gracias, sobre todo, a una persona. La persona que más me ayuda en los momentos difíciles, y que también está allí para compartir los fáciles. Gracias, Xianglian.
Xianglian sonrió.
- Bueno, cualquier cosa que diga se quedará corta, así que...no tengo nada más que decir.
Kilik volvió entre aplausos a su asiento, al lado de Xianglian, que le dio un beso en la mejilla.
- Tengo un regalo para ti. – dijo sonriente Xianglian, entregándole un colgante.
Kilik la miró sonriendo con cariño y se lo colgó al cuello.
El maestro se levantó para tomar la palabra.
- Bueno, chicos y chicas. Ya sabeis cómo funcionan aquí las cosas. Aquí no se descansa mas que cuando es estrictamente necesario. Así que dormid plácidamente, y mañana volvemos al trabajo. ¡Buenas noches a todos, y enhorabuena por el curso acabado!
Dio una palmada que era la señal para indicar que todos podían levantarse e irse a dormir.
Pero el sueño no sería tan plácido como el maestro había deseado.
De madrugada, el maestro presintió algo extraño. Algo no esperado.
Se levantó y salió al exterior del templo, donde lo sintió con más fuerza, proveniente del sur.
Al principio lo había dudado, pero ahora tenía claro qué era.
Un aura maligna como aquella sólo podía ser...Soul Edge.
En concreto, era la Semilla Maligna, un aura perversa que poseía a todos aquellos guerreros que no eran lo suficientemente fuertes como para resistirse, convirtiéndolos en malvados asesinos sedientos de sangre.
Edge Master sabía que él podría resistir el poder de la Semilla, pero sus alumnos eran demasiado vulnerables.
Apresuradamente, se dispuso a despertar a todos los alumnos, que se despertaban somnolientos y confusos.
- ¿Qué ocurre ahora? – preguntó quejicosa Xianglian.
- Entrenamiento sorpresa. – mintió el maestro, que no quería preocupar a sus alumnos. – Corred en dirección norte tan rápido y tan lejos como podais. ¡Ya!
Los alumnos, sorprendidos, acataron las órdenes. Excepto Kilik.
El favorito del maestro había intuido que algo pasaba, y se acercó a su mentor.
- Maestro, ¿qué ocurre? A mí no puede engañarme.
- Kilik, algo malo va a ocurrir aquí dentro de poco. Tienes que estar lo más lejos posible. Hazme caso.
- ¿Pero qué...?
- ¡Tú corre! – le interrumpió Edge Master.
Kilik obedeció a regañadientes.
Edge Master siguió a sus alumnos a paso ligero, pero el desastre era inminente. Y no tardó en llegar.
Aún no se habían alejado un par de kilómetros del templo cuando la Semilla Maligna los alcanzó.
Edge Master contempló con pavor como sus alumnos iban cobrando un brillo de maldad en la mirada, y se volvían los unos contra los otros.
Podría haber intentado algo, pero sabía que sus alumnos se matarían entre ellos, y los que sobrevivieran sembrarían el terror en los pueblos cercanos.
En medio de tanto pánico y desolación, con los ojos llenos de lágrimas, Edge Master vislumbró un rayo de esperanza.
Se dio cuenta de que Kilik no estaba poseído. Estaba luchando contra sus compañeros, como todos los demás, pero sólo lo hacía para defenderse.
Sin duda, Kilik tenía un alma tan fuerte como la de Edge Master, capaz de resistirse a la Semilla Maligna.
Edge Master corrió hacia el lugar donde se libraba la lucha entre sus ahora malignos alumnos y agarró a Kilik del brazo.
Juntos escaparon de la horda de poseídos, aunque para ello, y con todo el dolor de su alma, Edge Master tuvo que matar a algunos de sus alumnos.
Poco después, los pocos poseídos que quedaban vivos se olvidaron de pelear entre ellos y volvieron hacia el templo.
Kilik y Edge Master los siguieron como pudieron, pero el poder de Soul Edge los hacía más fuertes y rápidos. Para cuando llegaron al templo, éste estaba reducido a escombros.
Edge Master no pudo contener la rabia al ver destruido el que había sido su hogar durante décadas, y arremetió contra los poseídos, ignorando los gritos de Kilik pidiéndole que no lo hiciera.
El maestro fue a por su mejor arma, un enorme tridente, y con él empezó a acabar uno a uno con todos los alumnos que una vez había amado.
Pero, cuando la lucha estaba casi acabada, el único poseído que quedaba con vida, que portaba una espada, lo alcanzó con una estocada.
Edge Master cayó herido al suelo, perdiendo el tridente en la caída.
El poseído levantó su espada con las dos manos, dispuesto a darle muerte. Edge Master, roto de dolor (más moral que físico), levantó la vista para ver el rostro del que iba a ser su ejecutor.
Cuando reconoció al poseído, se quedó de piedra.
Encima de él, sujetando una espada que pendía sobre su pecho, y con los ojos irradiando maldad, se encontraba Xianglian.
La chica estaba a punto de asestarle el golpe definitivo a Edge Master cuando, de repente, una larga vara de hierro se incrustó en su abdomen.
La poseída se quedó inmóvil unos segundos. Después soltó la espada, que cayó al lado de Edge Master sin hacerle un rasguño, para finalmente desplomarse sin vida. Detrás de ella, llorando con toda la amargura del mundo, se encontraba Kilik, sujetando la vara llena de la sangre de la que para él había sido su hermana.
En un baño de lágrimas, dejó caer la vara y se inclinó sobre el cadáver de Xianglian. Acarició su rostro inerte y fijó su mirada en los ojos de ella, que ya no contenían maldad. La Semilla Maligna se había ido, llevándose la vida de Xianglian y otras tantas con ella.
Kilik cerró respetuosamente los ojos del cadáver y permaneció un rato abrazando el cuerpo sin vida de Xianglian.
Lleno de dolor, se dispuso a ayudar a su maestro a levantarse. Lo sentó sobre una de las pocas sillas que quedaban en pie y, conteniendo las lágrimas, le trató la herida con una planta medicinal que crecía en los alrededores del templo.
Edge Master, tan dolido como su pupilo, apoyó una mano sobre el hombro de Kilik y dijo:
- No sabes cuánto lo siento.
Kilik asintió, correspondiendo el cariño de la única persona que le quedaba.
- ¿Qué ha pasado, maestro?
- Tus compañeros han sido poseídos por una fuerza maligna. Una fuerza demasiado poderosa.
- Pero... – replicó Kilik sin entender. - ¿Por qué a mí no me ha ocurrido lo mismo?
- Al parecer, Kilik, eres más fuerte de lo que eran ellos. Tienes esa fuerza que me llevó a ser maestro.
- ¿Qué? – Kilik estaba perplejo. Eran demasiadas emociones de golpe para él.
- No todo el mundo es capaz de resistirse al poder de Soul Edge, Kilik. De hecho, casi nadie puede.
- ¿Soul Edge? ¿Qué tiene que ver Soul Edge con esto?
Edge Master bajó la cabeza, apesadumbrado.
- Soul Edge es la fuente de toda la energía maligna a la que nos hemos enfrentado hoy. La Semilla Maligna ha sido liberada.
Kilik escuchaba completamente triste y algo aterrado.
- Y si nadie hace nada...acabará por consumir las almas de todas las personas buenas del mundo.
- ¿Y quién puede hacer algo? – preguntó Kilik, aunque ya sabía la respuesta.
- Aquellas personas que pueden resistirse a su poder. Personas como tú y como yo. Pero es demasiado peligroso. No voy a obligarte a hacer nada que no quieras. Si quieres puedo llevarte a un buen hogar y...
- ¡No! – lo interrumpió Kilik. – No pienso quedarme de brazos cruzados, esperando a que la Semilla Maligna me alcance. Voy a ayudarle a encontrar y destruir Soul Edge.
- Eso es algo tremendamente complicado, confío en que lo sepas. Quizá ya habrás oído que yo tuve una vez delante de mí a Soul Edge.
- Sí. – afirmó Kilik. – Dicen que es usted el único que no sucumbió a su tentación.
- Es cierto que tuve el poder suficiente para no sucumbir...pero también es cierto que no tuve el poder suficiente para destruirla.
- Entonces...¿ya lo ha intentado antes?
- Sí. Lo he intentado. Y como ves, no salió bien. Pero confío en que juntos, podamos.
- Está bien. – aceptó Kilik. – Se lo debo a mis compañeros.
Agarró en su puño el colgante que le había regalado Xianglian y lo apretó contra su pecho.
- Y se lo debo a Xianglian.
