Capítulo 6: Talim, la sacerdotisa
Talim pertenecía a una tribu del sudeste asiático que veneraba el viento.
Esa tribu se caracterizaba por sus sacerdotisas, capaces, entre otras cosas, de purificar la maldad.
Talim era una de ellas. En concreto, la más joven, a sus 16 años de edad.
Pero un día ocurrió algo horrible.
Un tsunami atacó las costas en las que estaba asentada la tribu. Una de las sacerdotisas lo previó un tiempo antes de que llegara y la tribu se dispuso a abandonar ordenadamente la costa. Los menores de 18 años fueron los primeros en ser evacuados. Las siguientes iban a ser las mujeres, pero el tsunami estalló antes de que pudieran escapar.
Así que Talim quedó a cargo de todos los niños de la tribu, ya que ella era la mayor entre los supervivientes. Su deber era cuidar de ellos y perpetuar la tribu.
Estuvo cuidando de ellos durante meses, cobijados en un molino de agua que estaba situado en un caudaloso río.
Poco a poco la felicidad fue volviendo a lo que quedaba de la tribu. Talim cumplía perfectamente su papel como madre de todos. Era muy madura para su edad.
Pero después de todo, un error lo tiene cualquiera, y ella lo tuvo.
Un día, uno de los chavales se alejó demasiado del molino.
Talim salió preocupada a buscarlo y cuando lo encontró estaba actuando de forma extraña, y tenía un misterioso brillo en la mirada.
Al principio, no le dio importancia. Pero se equivocó.
Esa noche, el chico atacó a uno de los demás niños sin provocación previa.
Talim los separó como pudo, y se dio cuenta de que aquel chico ya no era el mismo.
Ella aún no lo sabía, pero aquel niño estaba poseído por la Semilla Maligna.
Sin embargo, las habilidades de sacerdotisa de Talim permitieron curar al niño y devolverlo a la normalidad.
Pero ella seguía preocupada. Esa vez sólo le había ocurrido a un niño, pero la cosa hubiera sido mucho más difícil de solucionar si hubieran sido afectados varios, o incluso ella misma.
Talim sabía que algo no iba bien en el mundo. Ella quería salir de su hogar y buscar la fuente de aquella energía maligna, pero sabía que tenía que cuidar de los niños.
Talim quería purificar la propia fuente de aquella energía. Pero no podía. Aún no.
