Disclamer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, si no al gran Masashi Kishimoto

"―recuerdos o frases importantes―"

―"pensamientos"

―diálogos ―.

Diálogos externos ―.

―Énfasis en algo ―.

Palabras* - significado abajo.

… - Cortes de escena, incluso entre recuerdos. (Excepto cuando los recuerdos son intermedios de escenas)


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Extremos Opuestos

Capitulo 10

Un punto de final también puede ser uno de inicio

El espeso aroma del alcohol y la medicina inundo sus fosas nasales haciéndole fruncir la nariz, sentía los parpados pesados y el constante sonido de un pitido resonando cerca de sus oídos comenzaba a molestarle. Lentamente comenzó a abrir sus ojos cuando una molesta luz dio de lleno contra ellos… ¿Dónde estaba?

― ¡Ah! Qué aburrido ¿Hasta cuándo podre salir de aquí?

― ¡Nada de quejas, jovencito!

― ¡Pero, Mamá-!

― ¡Nada de: peros! Aún no me has explicado cómo fue que tu y tú hermano terminaron así.

Menma giró su rostro con cierta dificultad hacia una de las camillas que estaban junto a la suya, en donde su madre se cruzaba de brazos con autoridad observando con imponencia a Naruto, quien se encontraba medio-recostado en su cama, con el cuerpo cubierto por varios vendajes, parches y una intravenosa. Al igual que él.

―Ahora, dime; ¿Qué fue lo que les ocurrió? ―habló Kushina.

Con pesar Naruto dejó escapar un profundo suspiro, no quería tener que contarles a sus padres lo que había pasado entre él y su hermano, realmente no quería… temía la reacción de ellos así como también sabía que si ellos se enteraban de lo ocurrido, solo les generaría angustias o culpas… Pero la mirada de su madre era fuerte, ella quería una respuesta y no se detendría hasta obtenerla.

Inconscientemente su mirada se posó en la camilla junto a él, donde su hermano reposaba tranquilamente… o al menos eso se suponía que debía de estar haciendo. Su rostro mostró cierta sorpresa cuando se percató de que el pelinegro lo observaba sin emoción alguna.

―Menma…

― ¡Menma!

La pelirroja no tardó en reaccionar al ver a su otro hijo despierto, corrió hacia él y lo abrazó con fuerza… sin embargo, ni siquiera en ese pequeño lapso de tiempo las miradas de ambos hermanos se apartaron del otro.

Las imágenes del televisor cambiaban unas tras otras de forma constante, no obstante, Hinata se hallaba tan pérdida en sus pensamientos que ni siquiera parecía percatarse de los constantes cambios a los canales que se hacían, ni de la mirada carmesí que sobre ella se posaba en estos momentos… Kurama comenzaba a cansarse de aquello, él no era el ser más paciente de todos y aunque con su pequeña Hime hiciese una gran, gran excepción, definitivamente todo tenía un límite.

―Si tanto te preocupan esos mocosos, entonces simplemente ve a verlos al hospital ―soltó un tanto brusco y lo suficientemente alto como para que ella lograse escucharlo.

―K-Ku-chan…

Se sintió un tanto avergonzada al verse descubierta por el pelirrojo y a la vez culpable por no prestar atención a la televisión, después de que él salvara a Naruto, Menma y a ella, pensó que las cosas entre ellos mejorarían y fue así, pero no era como si el pudiese olvidarlo todo y hacer de cuenta que nunca pasó aquel otro incidente, en el que ella se atrevió a enfrentarlo. Se había alegrado cuando Kurama le sugirió que viesen una película juntos, como en los viejos tiempos, pero ahora… lo había echado a perder de nuevo.

―Lo siento… ―mustió Hinata.

―No importa —suspiró Kurama al apagar el televisor.

―Espera, ¿Q-Que pasara con la película?

―Estoy cansado, será otro día ―respondió levantándose del sofá.

―P-Pero…

―Hasta mañana.

El eco constante de los palillos golpear con fuerza el plato de comida resonaba en aquel comedor. Hanabi observaba sin mucho afán como él pelirrojo frente a ella incrustaba sus palillos en medio de la comida, dándole la sensación de que lo hacía sobre el cuerpo de un ser imaginario, antes de devorarlo sin piedad alguna.

―El hecho de que Hiashi-sama te deje quedarte aquí, zorro, no te da el derecho de fastidiar el desayuno con tus malos modales ―replicó Neji irritado.

―Por lo general, es tu cara de estreñido la que arruina todos los desayunos, pero nadie dice nada, así que no fastidies, mocoso ―gruñó Kurama en respuesta.

La ceja del castaño tembló ante la indignación, había un par de palabras que realmente deseaba decirle a ese pelirrojo y por la mirada desafiante que ambos se dirigían era obvio que ambos pensaban soltarse un par de improperios con de golpes de paso… pero el sonido del golpe seco de las palmas de Hanabi contra la mesa, llamó la atención de ambos.

―Los conflictos en la mesa están prohibidos, Hinata-neesan preparó este desayuno antes de salir y no pienso dejar que ustedes malogren sus esfuerzos, así que si desean continuar con sus berrinches infantiles, sugiero que lo hagan después de la comida.

Silencio… nada más que eso… la mirada de Hanabi no podía ser más severa y los otros dos no podrían sentir su orgullo más herido, al ser sermoneados por una niña de 12 años…

―Gracias por su compra.

Un fuerte suspiro escapó de sus labios al salir de aquella tienda, la suave brisa de otoño golpeo gentilmente sus mejillas encaminándose por las calles del distrito comercial, definitivamente no estaba acostumbrada a salir. Su padre había vuelto a salir en un viaje de negocios así que pensó que Neji estaría a cargo, como siempre, pero no fue así. Esta vez fue Kurama quien quedó a cargo. Pensó que por lo ocurrido la noche anterior estaría molesto con ella, pero… tampoco fue así…

"El sonido de su alarma resonó en su habitación, marcando las 6:00 a.m. No tardó en apagarla. Aunque ya habían pasado un par de días desde que había terminado el primer semestre del año y las vacaciones de otoño iniciaron, ella siempre había tenido el hábito de levantarse temprano, era algo natural para ella y aunque se lo propusiese no podía levantarse después de esa hora.

Después de haberse duchado y cambiado bajo dispuesta a preparar el desayuno para todos, había personal de cocina que normalmente lo hacía, pero a ella le gustaba cocinar, por eso cada vez que su padre salía de viaje ella aprovechaba para usar la cocina, los cocineros, su primo y hermana le ayudaban a guardar el secreto.

Sabes que el vejete se enfadará si te descubre cocinando.

Un escalofrío recorrió la espina dorsal de Hinata ante aquella voz.

K-Ku-chan ―identificó nerviosa, al verse acorralada por el pelirrojo, contra la encimera de la cocina― Yo… bueno, yo… que sorpresa verte despierto tan temprano…

Debo estar a primera hora en la disquera ―respondió Kurama al separarse de ella― Veo que aún tienes ese habito de levantarte temprano aunque estés de vacaciones ―comentó al servirse un vaso de agua.

N-No puedo evitarlo… lo siento…

También sigues disculpándote por todo.

Ella elevó su mirada a él, cuando sintió el tacto frio de un vaso de agua contra su frente― Kurama…

El pelirrojo arqueó ligeramente una ceja, mientras retiraba el vaso de la frente de la joven, no era habitual en ella llamarlo por su nombre, a menos que fuese algo serio para ella.

Yo, ayer… ―Oh, así que por ahí iba el asunto― Lo siento… en verdad, no era mi intención distraerme mientras veíamos una película…

Una sonrisa se dibujo en sus labios por lo bajo, su pequeña Hime era tan trasparente, no negaba que estaba molesto porque ella se distrajese a mitad de la película por estar pensando en un par de mocosos desagradables. No era difícil para él darse cuenta que esa era la razón, pero eso no significaba que no le irritara de sobremanera aquello. No eran celos, la razón por la que aquellos chiquillos le molestaban tanto recaía en aquel incidente.

No tiene importancia ―dijo encogiéndose de hombros― Igual estaba cansado y tú tenías otras cosas en que pensar ¿no? ―masculló con cierta molestia lo último.

P-Pero, yo…

Aún si te digo que no importa, seguirás disculpándote ¿cierto? ―suspiró al recargarse en la encimera junto a ella.

Hinata simplemente bajo la mirada y guardó silencio, dándole la razón.

Bien, si ese es el caso… ―cortó Kurama, llamando la atención de la joven.

La sorpresa y el desconcierto se reflejaron en el rostro de Hinata, al sentir como el pelirrojo posaba su brazo sobre sus hombros apegándola a él.

Necesito que me hagas un favor ―susurró contra su cabeza, haciéndole sentir un ligero estremecimiento en el cuerpo.

¿S-Si? ―musitó nerviosa al sentir los dedos del pelirrojo jugar con un mechón de su cabello."

No supo cómo fue que ocurrieron las cosas, pero cuando se dio cuenta de lo que pasaba a su alrededor, ella se encontraba en la puerta de su casa mientras Kurama le entregaba sus llaves y una pequeña lista de cosas por comprar con una sonrisa antes de cerrarle la puerta en la cara…

Al menos le había dado tiempo de desayunar y dejarle preparado el desayuno…

―Veamos… lo siguiente por comprar es… ―musitó al revisar la lista― Un melón de ¥120 en la avenida 12 del distrito comercial, en el puesto del señor Yoshida ―leyó detenidamente, antes de empezar a guiarse por las señalizaciones de cada esquina.

Era sorprendente para ella lo detalladas que eran las instrucciones de Kurama, faltaba poco para qué le terminase dibujando un mapa. Sin embargo, no terminaba de preguntarse: ¿Por qué Kurama le enviaría a comprar esas cosas?, no es que se estuviese quejando, al contrario hasta ahora había conocido varios lugares sin perderse, incluso un señor le había regalado un helado, y aunque eran varias cosas, no estaba cargando casi nada ya que muchas de ellas solo eran encargos para enviarlos a su casa, el resto era poco y podría decirse que se estaba divirtiendo, pero… ¿Para qué podría querer alguien como Kurama todas esas cosas? Bueno… él siempre fue impredecible ¿no? Incluso de niño…

Notas delicadas escapaban de aquella guitarra acompañada por las teclas de un piano piano indicando el inicio de una suave balada, su voz se pronunció con elegancia siguiendo la armónica melodía deleitando a sus oyentes… o al menos lo hizo hasta que Kurama liberó un sonoro grito como si de un intérprete de rock metálico se tratase.

― ¡Corte! ―exclamó una voz desde el otro lado de la cabina― ¡¿Qué demonios crees que estás haciendo?! ¡Es la decima quinta toma que arruinas!

El pelirrojo bufó, mascullando algún tipo de maldición hacia aquel rubio corpulento, mejor conocido como: "A", y hermano mayor de Killer Bee.

―Esto… ―musitó con nerviosismo el encargado del audio, llamando la atención de los otros dos que parecía poco faltaba para que empezasen otra batalla verbal― ¿Qué tal si tomamos un receso? ―sugirió.

De mala gana ambos aceptaron, ninguno aceptaría el hecho de que estaban cansados de aquellas continuas peleas después de cada intento fallido de grabación.

Kurama se dejó caer sobre el sofá que estaba en la cabina de audio, antes de revolver sus cabellos rojizos con frustración… ¡Joder! ¿Por qué no podía sacarse eso de la cabeza?

"Eran pasadas las 9:00pm, hacía unos minutos había llamado al mocoso amargado de Neji para ver si había recibido noticias de Hinata, pero nada…

Maldijo por lo bajo mientras giraba el volante en una cuadra.

Ya había perdido la cuenta de cuantas calles había pasado y de cuantos semáforos se había saltado, pero nada… había buscado en todos los lugares en los que creyó Hinata estaría y nada… ella no frecuentaba muchos lugares, de hecho ni siquiera tenía la costumbre de salir como cualquier otra adolescente de su edad gracias a las normas que se le habían impuesto desde temprana edad… solo le quedaba un lugar por revisar…

Konoha Gakuen Den

No tardó mucho en llegar, estaba cerca la entrada cuando la vio… Pálida y temblando de miedo mientras caminaba torpemente, apenas logrando sostenerse por sí misma… Pero eso no fue todo lo que pudo observar desde donde estaba, también pudo vislumbrar a un par de chiquillos junto a ella, uno pelinegro y otro rubio, quien aferraba a la joven contra él. Pero el estado lamentable en el que se encontraba Hinata solo daba a entender que no quería ser tocada y estaba asustada.

La ira lo cegó.

El rechinar de unos neumáticos alertaron a Naruto y Menma, el rubio aferró con más fuerza a Hinata mientras el pelinegro masculló una maldición al retroceder en la acera cuando aquel convertible negro casi lo atropella.

¡Oye imbécil! ¿Qué demonios te pasa? —gruñó Menma al ver la puerta abrirse.

¿Estás loco? ¿Acaso intentabas matarnos? —reclamó Naruto.

No hubo mirada o palabras por parte del pelirrojo, lo único que retumbó en la oscuridad de la noche fue el sonido de su puño impactándose de lleno contra un rostro…

Hinata apenas y fue consciente de lo que acababa de pasar, aún estaba asustada y cansada por lo que había pasado en la bodega dentro del gimnasio. Los diversos sonidos de los golpes se reproducían en su oído como zumbidos borrosos. Cuando logró enfocar claramente su mirada, y los sonidos se aclararon en su cabeza, pudo vislumbrar como Naruto era golpeado por una silueta oscura, mientras Menma intentaba golpear a su atacante pero este se defendía con gran habilidad y le regresaba los golpes.

El miedo la invadió de nuevo, pero casi al mismo tiempo desapareció cuando un aroma conocido inundo sus fosas nasales.

K-Ku-chan…

Menma también había reconocido a aquel hombre, era el sujeto que habían visto en la fiesta de los Hyuga. Pero no tuvo tiempo para pensarlo mucho, ya que un puño impacto en su rostro con tal fuerza que ese único golpe lo hizo sentir mareado, por lo que tampoco pudo reaccionar al rodillazo que golpeó la boca de su estomago. Odiaba admitirlo, pero se tipo era fuerte.

El cuerpo de Hinata, antes paralizado por el miedo, se movió solo.

¡Detente!"

―~Un grito de rencor, en una canción de amor~.

La voz de Killer Bee lo sacó de sus recuerdos.

―No estoy de humor para tus rimas, Bee ―masculló el pelirrojo desde su asiento.

Bee se sentó junto a Kurama haciendo tiempos como si hubiese música, aunque el lugar estuviese un tanto vació ya que el resto estaba concentrado en la consola de sonido. El pelirrojo bufó pesadamente, como odiaba que ese grandulón de Bee hiciese eso; sentarse junto a él sin decirle nada… era irritante.

―La conozco desde que éramos pequeños, soy quien mejor la conoce, ¡Ni siquiera el amargado de su primo la conoce tan bien como cree hacerlo!, así que yo soy el más consciente de que en estos últimos años cada uno ha cambiado… pero no me gusta esa idea ¿contento? Odio que se me oponga cuando nunca antes lo hizo y que ahora tenga por amigos a unos mocosos detestables, muy estúpidos por cierto…

El rubio siguió moviendo sus dedos contra sus rodillas sin decir nada, esperando pacientemente a que el otro continuara.

―Y siento que acabo de cometer una estupidez por eso…

―Doblar en la esquina, primer edificio enfrente ―leyó Hinata en voz alta, antes de subir su mirada a dicho lugar.

Su rostro palideció ligeramente antes de que una de las bolsas que llevaba en sus manos cayese al suelo… Eso tenía que ser una broma… Kurama no podía hacerle eso ¿cierto?

Killer Bee simplemente siguió haciendo sus amagos de ritmo en tiempos, sin comentar nada respecto a las palabras del pelirrojo, quien al entender sus intenciones simplemente se levantó bruscamente de la silla, tirando su toalla a un lado y lanzando maldiciones dirigidas hacia el rubio.

―Espero que ahora estés satisfecho ―masculló molesto― Eres un dolor en el trasero, Bee.

El aludido simplemente sonrió satisfecho tras verlo marcharse, conocía bien a su amigo y sabía lo extremadamente orgulloso que era, podía ser un playboy de vez en cuando, podía fingir perfectamente ante las cámaras que era un chico refinado y educado. Pero la verdad es que era un déspota tirano, claro que tenía una gran excepción y él bien lo sabía o bueno, al menos había escuchado de ella y la había visto en un par de ocasiones recientemente. Pero aún así, sabía que él necesitaba tragarse su orgullo de vez en cuando y admitir aquello que le molestaba para poder afrontar las cosas y para eso estaban los amigos ¿no?

― ¡Bee! ¡A trabajar!

El gran "Kitsune Ouji", el Idol del momento, un chico carismático, atractivo para el género femenino y talentoso… ¿Qué dirían los medios si conocieran al demonio tras el rostro del "príncipe"?

― ¡Killer Bee, mueve tú maldito trasero y ven para acá o te arranco las bolas!

Tragó en seco, cuando vio aquellas puertas automáticas abrirse frente a ella… Al principio se dijo que todo eso tenía que ser un error, que tal vez era una coincidencia… Pero sabía que no era así…

Kurama la conocía bien, demasiado bien, no importaba que se hubiesen separado durante un largo tiempo él seguía leyéndola como un libro abierto. Y ella… Ella al parecer seguía entendiendo su forma de pensar, y no le costó nada entender el motivo por el cual él le había hecho hacer todos aquellos encargos y luego enviarla a entregar ciertas cosas ahí. Le había escrito direcciones para comprar, pero entre ellos intercalo ciertos lugares en los cuales no mencionaba direcciones ni nombres de los locales, solo le indicaba como llegar a ellos, como por ejemplo: cruza la esquina de la florería tal, avanza cinco casas más adelante. Lo hizo de tal forma que al momento de que se encaminara a realizar el último de sus encargos a ella no se le hiciese extraño que no mencionara el nombre del lugar.

Fue bastante astuto, aunque no era algo que le sorprendiera, ya que él siempre había sido así, de hecho esa era la razón por la que muchos lo llamaban: "zorro". Kurama era tan astuto e impredecible como lo eran aquellos magníficos, enigmáticos y atrayentes seres…

―Habitación: 315.

La voz de la recepcionista la sacó de sus divagaciones.

―Gracias ―sonrió Hinata, antes de adentrase al lugar.

El pelirrojo la había entretenido con aquellos encargos de tal forma que había llegado al hospital, justo en el momento en que las horas de visita iniciaban. Suspiró discretamente mientras se adentraba en aquellos pasillos. El propósito de Kurama solo era uno: que fuera a ver Naruto y Menma para que pudiese quitarse esa preocupación.

El sonido de las puertas del ascensor la indicaron que había llegado a la segunda planta. No se lo había dicho con palabras, pero entendía las acciones de Kurama y sabía que tenía razón. Ella le había dicho a Naruto y Menma que estaría a su lado y no los dejaría, pero al final, cuando pensaba en ir con ellos y afrontarlos directamente terminaba huyendo ante su cobardía, escondiéndose una y otra vez. Su mayor miedo era que al final nada hubiese cambiado y ambos siguiesen renuentes a escucharla o siquiera verla. Tenía miedo al dolor de sentirse rechazada por ambos, al final solo terminaba como una cobarde con la culpa martillando su pecho.

Pero ahora se daba cuenta del gran error que estaba cometiendo, nada ganaría ocultándose como lo había hecho toda su vida. Las cosas no cambiarían de un momento a otro. De hecho era tonto de su parte si quiera pensar que algo como eso ocurriría; si su deseo realmente era que las cosas cambiaran, tenía que ser más valiente.

―Disculpen la intromisión.

Su voz fue apenas un pequeño susurro, que fácilmente pudo haberse confundido, de hecho, su voz se perdió en el aire cuando abrió la puerta y pudo divisar el interior de aquella habitación encontrándose con Namikaze Menma, al otro lado de la habitación a punto de saltar por la ventana…

―Por suerte, solo fue una torcedura, sin embargo, te mantendremos en observación un día más.

Fueron las palabras del doctor, mientras terminaba de hacer algunas anotaciones en su tablilla, Menma por su parte solo mantenía una expresión neutral y podría decirse que hasta vacía.

―Me asegurare de avisarles a tus padres que tendrás que quedarte un día más ―Finalizó antes de marcharse.

El silencio reino por largos y cruentos segundos cuando aquella puerta fue cerrada detrás de aquel hombre. Hinata por su parte solo podía morder su labio inferior, manteniendo la cabeza gacha, jugando con sus dedos entre su ropa en un mero acto-reflejo para no tener que ver la cara del pelinegro.

―Un día más en esta prisión ―masculló Menma, a lo que ella se encogió de hombros.

―L-Lo siento ―musitó apenada.

―Y para colmo, ahora tengo que estar en cama porque ya no quedan muletas disponibles.

―Lo siento mucho… N-Namikaze-san, no era mi intención… yo… enserio… ¡L-Lo siento tanto! ―exclamó lo último en una pronunciada reverencia.

Las mejillas de la joven ardían por vergüenza, pena y arrepentimiento, y sus ojos se hallaban acuosos… Cuando entró a la habitación se topo con Namikaze Menma al borde de la ventana inclinándose hacia afuera, su primera impresión fue; ¡Él saltaría!, ese mismo pensamiento la llevó a recordar que se encontraban en un cuarto piso a más de diez metros de altura, eso a su juicio; ¡Era una locura! Por lo cual no pudo contener una exclamación de miedo, misma que alerto al Namikaze, que si bien no planeaba saltar –solo estaba intentando arreglar la cortina que se había atorado en el marco de la ventana cuando estaba abriéndola–. El grito fue tal que lo hizo reaccionar por instinto y al momento de girarse alertado por lo que hubiese pasado, su cuerpo perdió el equilibrio y terminó por caer al vacío… Para su suerte o desgracia, cayó contra la copa de un árbol cuyas ramas amortiguaron parte de su caída, pero al final había quedado con una torcedura en su tobillo, sin muletas –estaban agotadas– en cama, y condenado a estar en ese frívolo y desagradable lugar por un día más… ¿Qué podía ser peor?

―Menma-chan, Naruto-chan, ¡Miren lo que traje, es su-!

Las palabras de Kushina quedaron al aire, al entrar en la habitación.

El pelinegro maldijo por lo bajo… bien, las cosas si podían ponerse peor…

El viento soplaba con gentileza, ofreciéndoles una agradable brisa que los invitaba a perderse en sus pensamientos… ¿Cuándo fue la última vez que habían compartido un momento como aquel? Quién sabe, quizá fue hace días o tal vez años…

―Me dijeron que hoy nos darán de alta ―Naruto fue el primero en romper el silencio.

―Creí que no te gustaban los hospitales, ¿De qué te quejas entonces? ―comentó secamente Sasuke en respuesta.

Por un momento el azabache pensó que obtendría el típico berrinche del rubio por su comentario, pero no fue así, de hecho, este ni siquiera habló o se inmuto… Sabía lo que pasaba por su cabeza, no por nada lo había estado aguantando por tanto tiempo.

―No me estoy quejando, es solo que… no se… ¿Qué se supone que debo hacer ahora? ―habló Naruto después de otros segundos de silencio.

El Uchiha no dijo nada.

―Ni siquiera sé que pensar…

―Eso no es novedad, dobe.

El rubio bufó en respuesta, ¿Por qué no le extrañaba el comentario de Sasuke?

―Muy gracioso, Teme ―masculló― Pero no estoy de ánimos para tus bromitas, ¿sabes?

Ánimos… si, eso es lo que menos tenía en ese momento. El siempre vivaz, alegre y entusiasta; Namikaze Uzumaki Naruto, no estaba de ánimos, en lo más mínimo. Aunque últimamente esto parecía que le estaba ocurriendo más seguido. Pero, ¿Cómo no estar así ahora? Después de todo lo que le había pasado días atrás… Sus principios, lo que creyó y casi juro como una certera verdad, ahora se ponía en duda. Eso es lo que sentía.

Su hermano Menma, aquel que él admiró en su infancia. El mismo que se fue y regresó como alguien completamente diferente al que conocía, un Menma que no era su hermano y que lo odiaba sin razón alguna, uno que se hundía más y más en la oscuridad y que no deseaba ser salvado. Uno que lo traicionó y abandonó en el momento menos inesperado. Ese Menma a quien él aseguro detestar con todo su corazón, si, ese que enloqueció y golpeo sin razón alguna a su mejor amigo, y posteriormente a él.

—Si sigues pensando demás se te fundirá la única neurona que aún te queda.

La voz de Sasuke sonó seca y un tanto aburrida, pero por alguna razón no se sintió ofendido pese al insulto.

—Tú no lo entiendes… yo… yo incluso llegue a odiarlo, pero ahora…

—Ya te dije que; pensar no es tu fuerte —Naruto masculló una maldición al sentir el golpe de Sasuke en su cabeza— Deja de hacerlo o terminaras internado eternamente en el hospital por daño cerebral.

Teme —Siseó el rubio.

—De nada sirve que empieces a lloriquear por ahí sintiéndote culpable, eso no cambiara el pasado —La mirada de Sasuke era seria al igual que su voz.

—Eso ya lo sé, no tienes porque decírmelo —Masculló Naruto en respuesta.

«No los abandonare, lo prometo, y yo jamás retrocedo a mi palabra»

Al principio las palabras de Sasuke lo tomaron por sorpresa, desconcertándolo, pero tras haberlas procesado fue como si un golpe le hubiese dado de frente y la escena de dos cuerpos colgados de la orilla de una azotea, sujetados por una pequeña joven evitando que cayeran, vino a su mente.

¡N-Namikaze-san!

¡Silencio, Hyuga! ¡Ya te dije que no pienso volver!

P-Pero, su madre…

¡Silencio, mejor deja de moverte tanto y sigue avanzando!

S-Si

¡Derecha, derecha!

¡Lo siento!

¡Esa es la izquierda!

¡P-Perdón!

¡Agh! Ya deja de disculparte.

Aquel par de voces logró captar su atención, extraño porque se encontraba en la azotea del hospital, a 20 metros de altura. Sin embargo, pudo reconocer a la perfección la voz de su hermano y aquella temblorosa pero delicada voz femenina.

—"¿Hinata?" —fue su primer pensamiento.

En el área verde del hospital, donde los pacientes solían dar pequeños paseos para relajarse y salir un poco del frio y asfixiante edificio. Se encontraba Hinata sirviendo de muleta a Menma, lucía algo nerviosa por cada orden que el pelinegro parecía darle, y casi siempre terminaba yendo en la dirección opuesta a la que el chico le indicaba, haciendo que siempre terminase regañándola.

—"¿Qué rayos hace Menma?" —se cuestionó.

Aunque luego la dirección de sus pensamientos cambió al ver como finalmente ambos habían llegado a la cima de una pequeña colina, Menma soltaba a Hinata para sentarse en una pequeña banca antes de ordenarle que sostuviese un paraguas para darle sombra. O eso entendió al ver lo que Hinata intentaba hacer al abrir el objeto. Quiso bajar de inmediato para reclamarle a ese idiota que no podía tratar así a Hinata. Pero tan pronto como lo pensó, su propia mente frenó su impulso.

"―Nuestros padres siempre te prestaron atención, pero nunca lo notaste ¿cierto? …Porque eres un maldito egoísta, que no se conforma con lo que tiene y busca tenerlo todo para sí, por eso buscaste arrebatármelos y aprovechaste que estaba lejos para hacer que ellos me olvidaran."

Durante aquella pelea, él había visto el dolor de Menma, la soledad con la que cargaba y el rencor que había nacido producto de ello.

Había visto a un Menma que entre brutales golpes derramó silenciosas lágrimas mientras le gritaba y acusaba en su cara que era uno de los principales responsables de esa miserable vida que tenía. Un Menma que había pasado de ser su querido hermano a uno que odiaba y ahora le mostraba lo que había en el fondo de su corazón; el sufrimiento, el dolor, el miedo… como un niño asustado por la oscuridad, tan frágil que amenazaba con romperse en cualquier momento… fue entonces que comenzó a cuestionarse… ¿Quién de todos ellos se suponía que era el verdadero? ¿Quién de ellos era su hermano?

O quizá no había "un verdadero", quizá todos esos "Menma" que él había visto eran parte de uno solo y él nunca pudo notarlo… No, más bien, quizá ni siquiera llegó a conocer realmente a su hermano… Era como si el vendaje que cubría sus ojos finalmente cayese y la realidad lo abofetease directamente al primer rayo de luz. Era una realidad que dolía, y le dejaba un gran vacío en el alma…

¿Sería cierto, qué al final él era un egoísta que buscaba siempre obtener la atención de todos y no notaba lo que estaba a su alrededor?

—Cambia la página.

—S-Si.

—No muevas mi sombra.

—L-Lo siento.

—La página.

—S-Si.

Hyuga Hinata no era la más lista del mundo, ni la más hábil. De eso estaba seguro Menma. Bastaba con ver como batallaba por sostener el paraguas con una mano y cambiar la página de su libro con la otra, para darse cuenta de eso.

—La sombra.

—S-Si, lo siento…

Un bufido discreto escapo de sus labios, enserio, esa Hyuga era tan simple… y molesta.

"―Sería más inhumano… si suelto a mis amigos…"

"—No los abandonare… lo prometo… y yo… yo jamás retrocederé a mi palabra… nunca… nunca los abandonare…"

Bastante molesta… pero había alguien que era incluso más molesto que ella.

"— ¿Crees que voy a soltarte y dejarte morir? ¡Pues estas muy equivocado! ¡Si vas a morir, será por la paliza que te daré cuando salgamos de esta!"

"― ¡Nunca te dejaría morir! Eres una persona importante para mí… ¡Eres mi hermano! ¡Entiéndelo de una buena vez!"

Estúpido hablador, con sus estúpidas palabras… Irritante, molesto, no era más que un dolor en el trasero, si eso era Naruto. Un idiota hablador.

Desde que se había despertado en esa habitación de hospital y después de que su madre casi lo asfixiara con aquel abrazo. Las imágenes, el sonido de esa irritante voz tan parecida a la suya resonaban inconscientemente en sus oídos. No eran más que un constante dolor de cabeza que no lo había dejado dormir en esos tres días.

Ese inepto de Naruto, ¿Qué se creía al llegar a interrumpir la paliza que le estaba dando al tarado de su amigo, y luego decirle un montón de tonterías sobre que él también había sufrido por su causa, que él nunca había buscado arrebatarle el cariño de sus padres y otro montón más de idioteces?.

—Tsk. ¿Acaso quieres enterrarme esa sombrilla en la cabeza? Levántala bien —masculló molesto.

—L-Lo siento —dijo Hinata al colocarse derecha, casi como si fuese un soldado.

Estaba nerviosa, eso no lo podía negar. Después de que la madre de Menma llegase a la habitación y comenzase a bombardearlos con preguntas sobre él como Menma había terminado en cama y con algo que parecía yeso en el pie y luego la mirase de forma acusadora. Casi al instante Menma había empezado a hablar de diversos temas, sin dejar que su madre le interrumpiese y haciendo que al final perdiese el hilo de la conversación, luego dijo algo sobre que ella se había comprometido a ayudarlo a dar una vuelta. Lo cual no era cierto, pero tampoco es como si se hubiese podido oponer, y menos después de ser la causante de la torcedura del pelinegro.

Hinata sabía que Menma era algo vengativo, lo fue cuando lo insulto la primera vez, y luego con lo de su cabello. Ahora estaba segura que tenía que hacer lo que él le dijese en compensación por lo de la torcedura… Aunque algo que había llamado poderosamente su atención en ese momento había sido el libro que Menma estaba leyendo… "La canción de Annie"

Ella había leído ese libro hace un par de años, y de hecho solía releerlo de vez en cuando, era una historia preciosa, llena de un conmovedor y tierno amor que evolucionaba con el tiempo. Uno que empezó gracias a un desafortunado incidente que tuvo que pasar la protagonista, Annie, el cual la llevaría a encontrar indirectamente su libertad, por manos del que posteriormente se convertiría en el amor de su vida. Alex Montgomery.

No pudo evitar curiosear el libro un momento más, antes de volver a ser regañada por el pelinegro. No sabía que a Menma le gustaran ese tipo de libros, ese pequeño descubrimiento no solo la había sorprendido, también había hecho que una sensación de cercanía naciera en ella y eso la hacía de alguna forma feliz. Si a Menma le gustaban esos libros, quizá podría recomendarle otros, o incluso…

—Oye, Hyuga

La voz del Namikaze la saco de sus divagaciones.

—Ya me quedó claro que tienes senos grandes, ahora, ¿te importaría dejar de enterrarlos en mi cabeza y dejarme leer en paz? O quizá… ¿Este es tu intento por coquetear conmigo?

Le tomo un par de segundos antes de que su rostro adquiriese un tono granete y comenzase a boquear sin poder encontrar su voz, se cuerpo se quedo rígido mientras seguía gesticulando palabras mudas con sus labios. No solo había comenzando a hiperventilar, estaba segura de que no tardaría en perder la consciencia, y la sonrisa burlona en el rostro de Menma no ayudaba nada a calmar sus nervios.

—Escucha, ni se te ocurra… Genial, se desmayo —bufó Menma con irritación al quitarse la sombrilla de la cabeza, que la joven había dejado caer sobre él al quedar inconsciente.

Esa tonta no aguantaba ni una broma.

— ¡Oye, Menma! ¿Qué crees que le estás haciendo a Hinata?

—Lo que me faltaba, ahora el otro idiota.

Su corazón latía con fuerza, pero por alguna razón el resto de su cuerpo se hallaba tranquilo. Una sonrisa se dibujo en sus labios mientras sentía como alguien tomaba su mano derecha estrechándola con suavidad, y luego alguien más tomaba la izquierda repitiendo la acción anterior, para luego jalarla hacia adelante, en donde dos pares de ojos azules le sonreían…

La luz del sol comenzó a molestarle, con pesadez abrió sus parpados, había sido un sueño agradable, se dijo aún somnolienta, tallando sus ojos con el dorso de su mano, antes de poder escuchar con claridad el sonido de dos voces no muy lejos de donde se encontraba.

— ¡Confiesa, Menma-baka! ¿Qué le hiciste a Hinata? —exigió Naruto.

— ¿Y por qué tendría que responderte, idiota? —gruñó Menma en respuesta.

—Porque soy el mayor y tienes que obedecerme —respondió el rubio.

Una nueva vena saltó sobre la sien de Menma ante aquella respuesta— ¿Me estas jodiendo?

—Claro que no, para eso vuelvo a comprarme ramen después de vender tu colección de cartas de Yu-Gi-Oh!

— ¿Así que fuiste tú? ¡Pedazo de animal!

— ¡Solo lo hice porque tu tiraste al señor Wan Wan al basurero!

— ¡Eso fue cuando teníamos 6 años! Y lo hice porque mamá lo ordenó, ¿lo olvidas? Dijo que ese peluche viejo ya no servía y lo mejor era tirarlo.

— ¡Pero era mi favorito y tu lo sabías!

— ¡Eso tenías que decírselo a mamá, no a mí, idiota!

— ¿A quién llamas: Idiota, Idiota?

— ¿Ves algún otro por aquí?

Naruto y Menma estaban cerca de golpearse entre ellos, sin importar que uno de los dos tuviese el pie herido. Hasta que una melódica risilla los detuviera. Extrañados por el armónico sonido, se giraron para observar con desconcierto a la joven que trataba inútilmente de contener su risa al cubrir su boca.

Hinata detuvo su risa al sentirse observada e inevitablemente sus mejillas volvieron a adquirir un tono carmesí.

—L-Lo siento —musitó al desviar su mirada hacia abajo.

—Ya que estas despierta, explícale a este idiota el porqué estabas inconsciente —Menma fue el primero en hablar.

— ¿Eh?

—Hinata, ¿Qué te hizo Menma-baka?

La aludida los observo confundida antes de que sus mejillas volvieran a encenderse tras recordar el porqué se había desmayado, inconscientemente comenzó a boquear de nuevo.

—No te desmayes de nuevo y habla —le ordenó Menma.

Ella hizo un esfuerzo sobre humano para contener sus ganas de volver a quedar inconsciente.

—Yo… ah… fue mi culpa… lo siento… —casi susurró lo último.

Naruto, por su parte, no estaba entendiendo la situación, así que solo estaba alternando su mirada de su hermano a Hinata para tratar de comprenderlo. Aunque por alguna razón no se sentía muy a gusto al ver el rostro sonrojado de Hinata, mientras intentaba desviar su atención al jugar con sus dedos mirando por momentos a su hermano con nerviosismo. Extraño… se dijo, era una sensación extraña, pero no quiso darle mucha importancia, ahora lo primero era averiguar de qué estaban hablando esos dos.

Y como si hubiese adivinado los pensamientos de su hermano, decidió hablar.

—Hyuga estaba enterrando sus senos en mi cabeza, cuando se dio cuenta de lo que hacía se desmayo.

Tan frío, directo, insensible y poco caballeroso como siempre, así era Menma. La expresión de Naruto quedó en blanco en ese momento, cuando pudo terminar de procesar aquella simple oración, posó su mirada en la joven quien podría jurar estaba sacando vapor de su rostro ante la vergüenza.

— ¿Quién en su sanó juicio se tira desde un cuarto piso, a más de diez metros de altura? ¿Acaso estás loco, Menma-baka?

Una vena saltó sobre la cabeza de pelinegro. Cuanto no ansiaba poder darle una paliza a ese idiota. Los tres iban de regreso a la habitación, Hinata sirviendo de muleta a Menma, puesto que este se negó rotundamente a ser ayudado por su hermano, diciendo algo como: "prefiero tener que descomponerme la columna al ser cargado por esta Hyuga antes de infectarme con tus estupideces".

—E-Eso también fue mi culpa, lo siento… -musitó Hinata avergonzada.

— ¡Vamos, Hinata! No hay forma de que eso haya podido ser tu culpa —le dijo Naruto sonriéndole despreocupadamente— Aún si te asusto ver a Menma, que no te culpo, cualquiera se asusta de ese cara dura.

El Pelinegro lo fulminó con la mirada.

—Pero…

—No es tu culpa, es suya por no saber agarrarse bien y por andar ahí colgándose de las ventanas como si fuese un mono —rió el rubio.

La poca paciencia que Menma tenía ya estaba llegando a su límite, incluso ya tenía lista el paraguas para golpear al rubio.

— ¡Hey, Naruto, Menma!

La voz de Minato llamó su atención.

—Tienen una visita.

Aquello extraño a ambos, en los días que llevaban ahí nadie los había ido a visitar. En el caso del rubio, Sasuke no contaba, porque el también había estado internado también en el hospital por los golpes que Menma le dio. Y hasta el día de hoy que Hinata por lo visto había ido a verlos. No se les ocurría quien más iría a visitarlos.

— ¿Sakura-chan?

Naruto fue el primero en identificarla cuando entraron al cuarto en el que estaban internados, siendo seguido por Hinata quien ayudaba a Menma para sostenerse en pie.

—Conversen tranquilamente —dijo Minato antes de retirarse.

— ¿Vienes a visitarnos, Sakura-chan? —Cuestionó Naruto con una sonrisa amistosa— Eso es muy amable de tu parte, por cierto, ¿Le hiciste algo a tu cabello?

Aún cuando Naruto era conocido por ser un hablador sin remedio, en ese momento no estaba hablando como siempre solía hacerlo. ¿Estaba nervioso? Eso era algo incierto, de lo único que Hinata y Menma estaban seguros era que él no estaba siendo completamente natural.

— ¿Esto? —Dijo ella al acariciar sus ahora cortos mechones de cabello— Solo quería hacerme un pequeño cambio de look —sonrió.

Si Sakura notó el pequeño cambio en la actitud de su amigo, no lo mencionó.

—Hyuga, llévame a la cafetería.

—S-Si —respondió Hinata al reaccionar— C-Con permiso, nos vemos, Sakura-san —despidió apresuradamente antes de comenzar a avanzar con el pelinegro.

— ¡O-Oye, Menma-!

— ¿Qué le pasa a Menma?

Escuchó a Sakura decir al aire. Pero al reparar en ella, una idea cruzó su mente. Quizá y solo quizá Menma no quería ver a Sakura por lo que había pasado con Sasuke… No, posiblemente estaba pensando de más, su hermano siempre había sido un anti-social, su comportamiento no debería resultarle extraño.

Un suspiro afligido escapó de sus labios cuando volvió a escuchar las quejas para nada discretas de la mujer encargada de la comida en la cafetería, alegando algo sobre que ahí no se servía ramen ni nada por el estilo. Ella también era consciente de que en las cafeterías de los hospitales no se servía ramen, pero Menma se lo había ordenado y temía un poco la reacción de él si no cumplía con sus caprichos ahora. No es que él fuese a golpearla o algo así, pero estaba segura de que la torturaría mentalmente recordándole que él estuvo a punto de morir o de quebrase la pierna por su culpa.

—Escucha niña, ya te dije que aquí no servimos ramen, o pides algo del menú o mejor avanzas, hay otras personas también esperando.

Hinata se encogió ligeramente en su lugar ante lo último. No había opción, tendría que pedir algo que no fuese ramen y esperar a que Menma la comprendiese por no poderle llevar ramen.

—Deme el especial de croquetas de pollo, por favor —pidió tímidamente.

Una sonrisa ladina se dibujo en el rostro de Menma al ver el rostro agachado y avergonzado de aquella Hyuga mientras era sermoneada por la corpulenta mujer del comedor, diciéndole que en los hospitales no se servía ramen. ¡Claro que no lo hacían!, cualquiera con algo de sentido común lo sabría. Y no dudaba en que Hyuga también lo sabía, y aún así se atrevió a intentarlo. Vaya tonta e ingenua.

No es que sintiese compasión de su ingenuidad ni nada por el estilo, pero tenía que reconocer que esa personalidad suya siempre habría de meterla en aprietos. Y no es que ahora se quejara, de hecho, se estaba divirtiendo de lo lindo ante aquella escena.

—N-Namikaze-san…

—Te pedí ramen, no esto —le cortó él.

—Lo siento… —la escuchó decir.

Aunque por dentro solo quería burlarse en su cara, pero ese gusanito de la duda era el que lo mantenía cuerdo. ¿Hasta dónde sería capaz de llegar esa chiquilla si se lo pedía?

"― ¡Cuidado! ―.

Los parpados de Menma se abrieron cuan grandes eran al ver como un bolso escolar se impactaba con fuerza en el rostro del que intentaba golpearlo y sentía su cuerpo ser empujado con fuerza hacia un lado antes de caer al suelo con un peso extra sobre él.

¿pero qué…? ―intentó hablar mientras abría lentamente sus parpados― ¿Hyuga? ―reaccionó con un leve deje de sorpresa e intriga al ver a Hinata aferrarlo contra el suelo con los ojos cerrados ante el miedo que la embargaba."

"―Detesto esa sonrisa de idiota que tiene, no es más que un incompetente y retrasado, una verdadera molestia que siempre se interpone en mi camino, una piedra en el zapato, una miserable basura que…

¡Plaff!

Antes de siquiera poder terminar su frase, solo pudo ser consciente que su rostro se había girado hacia un lado y ahora su mejilla palpitaba adolorida… Aún en shock llevó su mirada hacia la joven que le veía con una mezcla de enojo y dolor.

Namikaze-san ―habló ella― Por favor, no se referirá a Naruto-kun de esa forma."

"―No… no los soltare… Nunca… nunca los abandonare… ―sonrió ella a medias."

No, no era necesario que siquiera se lo cuestionara, él sabía perfectamente que esa Hyuga haría muchas cosas si él se lo pedía, en especial bajo esas circunstancias, y aún si no le ordenase nada lo haría por voluntad propia, movida por esa bondad que aún seguía enfermándole.

Le bastaba con recordar la forma en que su mirada cambiaba cuando se trataba de defender lo que ella creía correcto, pasando de ser una torpe sumisa a una mujer valiente…

¿Por qué era así?

Se suponía que ella había tenido un pasado de cierta forma similar al suyo…

"Los seres humanos pueden ser muy crueles cuando lo desean y Hinata siempre fue demasiado indulgente, así que las personas siempre terminaban aprovechándose de su bondad solo para ganar prestigio.

Una y otra vez ella fue traicionada por aquellos que consideraba buenas personas."

"Y con el tiempo se volvió una persona derrotista, no importaba cuanto lo intentara siempre fracasaba así que se derrumbaba fácilmente ante cualquier adversidad."

Las palabras que escuchó de Hyuga Neji aquel día regresaban ahora, reforzando aquella pregunta en su mente.

Si esa Hyuga había pasado por algo así… ¿Por qué no odiaba al mundo? ¿Por qué veía bondad donde no la había? ¿Por qué se esforzaba tanto en querer ayudarlo? ¡Él no quería ayuda! …Lo único que deseaba era estar sólo… ¡No quería cambiar! ¿Por qué esa Hyuga no lo entendía?

¿Por qué ella no se había transformado en lo mismo que él…? ¿Por qué pese a su aspecto tan frágil y mediocre esa tonta era tan fuerte? ¿Por qué…?

"Sin embargo… un día… algo cambio en ella."

Una vez más el recuerdo de las palabras de aquel castaño, junto con el rostro de su hermano invadieron su mente.

Ese idiota.

Si, él idiota de su hermano había sido el que impulso a esa niña a cambiar, a mejorarse a sí misma y no caer como él lo había hecho. Resultaba irónico, porque ese imbécil era el causante de que él hubiese llegado a donde estaba ahora.

Pero el punto era; que ella había tenido a alguien en su vida… él no… incluso ahora…

"— ¿Por qué lo haces, entonces, Hyuga?

Lo hago porque… —pasó un poco de saliva por su garganta seca.

No tengo todo el día, Hyuga, si vas a responder hazlo ahora o mejor lárgate de una buena vez y no…

Porque quiero ser su amiga."

—N-Namikaze-san.

La voz de la joven lo saco de sus divagaciones.

— ¿Ocurre algo? —se atrevió a preguntar.

Más él no respondió, ni siquiera se molesto en despegar la vista de aquella comida de hospital y levantarla hacia ella.

—Y-Yo… lamento que no tengan ramen aquí, pero aún así, la comida de aquí no es tan mala… -musitó bajo lo último.

Hinata no entendía bien que era lo que le ocurría al pelinegro, pero asumía que se encontraba molesto porque ella no había cumplido con la orden que él le había dado.

—Perdí el apetito.

Ella se sorprendió ligeramente por sus palabras.

—Pero… Namikaze-san…

En el momento en que ella intentaba hablar, el pelinegro comenzó a levantarse solo.

—E-Espere… yo sé que esto no es ramen, pero-

—Ya te dije que; perdí el apetito —dijo al comenzar a alejarse por su cuenta en pequeños saltos.

El tono de su voz no denotaba molestia, de hecho, era un tono bastante tranquilo, pero eso solo lograba preocupar más a Hinata.

Su mirada estaba fija en el techo de su habitación, el reloj marcaba las once de la noche y estaba muy lejos de sentir algo de sueño… el día había estado lleno de altibajos, se dijo Hinata, hubieron cosas que la alegraron así como cosas que la deprimieron.

La actitud de Naruto parecía mostrarse tan alegre como siempre, pero sus ojos seguían teniendo esa sombra de tristeza, era como si internamente estuviese librando una lucha que ella no lograba comprender, por otro lado, Menma parecía mostrarse más tranquilo que de costumbre su mirada era solitaria y fría, como si su esencia se apagase lentamente, y eso la asustaba demasiado.

Quería ayudarlos, a Menma y a Naruto, esa resolución no se había extinto, pero resultaba frustrante el no saber cómo hacerlo. De lo único que estaba segura es que si no era capaz de entender los sentimientos y las actitudes de ambos nunca encontraría la forma de ayudarlos, de poder llegar a ellos…

Aunque había algo que se estaba preguntando desde el incidente en la azotea, y eso era… ¿Los sentimientos que cada uno tenía habrían llegado al otro?…

Era la decimo quinta vuelta que daba en su cama en esa hora… Insomnio.

Para alguien como Naruto que era capaz de dormirse incluso en una silla si estaba cansado, el padecer algo como el insomnio era algo inaudito, pero no podía evitarlo. Con un suspiro se levanto, sentándose al borde de su cama.

Su vista se posó inconscientemente en la cama frente a la suya y que ahora estaba vacía. Había sido dado de alta ese mismo día, sin embargo, Menma tuvo que quedarse en el hospital una última noche debido al incidente con su tobillo. Si se lo preguntaban era una autentica tontería porque solo había sufrido una torcedura, pero eso no parecía ser lo que pensaban los doctores.

Sin nada más que hacer, paseo su vista por el resto de la habitación buscando algo que tal vez lo ayudara a matar el tiempo hasta que el sueño volviese a él, finalmente se detuvo en un pequeño pedazo de papel que sobresalía en un rincón detrás de su pequeño televisor.

—Esto es…

"Para: Namikaze Menma"

Era el cuaderno de apuntes que Hinata había escrito en aquella ocasión para los exámenes… Había hecho uno para él y otro para Menma. Recordar aquello le hizo sonreír un poco, la nota de esos exámenes habían sido los mejores que había tenido en su vida, y todo se lo debía a ella, aunque claro para el siguiente no le fue muy bien que se diga. Pero había guardado ese cuaderno en su escritorio como recuerdo de la amabilidad y esfuerzo que su amiga había puesto en ello.

Sin embargo, su hermano no parecía haberlo apreciado de la misma forma, suspiró al ver el mal estado en el que se encontraba el cuaderno.

Menma…

"El viento fuerte que soplaba en la azotea del hospital seguía removiendo su cabello, mientras en su mente se repetía la misma pregunta, una y otra vez.

¿Sería cierto, qué él era un egoísta que buscaba siempre obtener la atención de todos y no notaba lo que estaba a su alrededor?

Nunca había sido su intención dañar a su hermano, pero… ¿Cómo hacerle ver eso a Menma? ¿Y cómo afrontar que sus deseos de reconocimiento no hacían más que lastimar a otros? Quizá lo mejor sería que se alejase de todos aquellos a los que pudiese lastimar, como Menma, y también… Hinata.

"¡No lo hare! ¡No pienso abandonarlos!"

Aquellas palabras resonaron con fuerza en su interior, de nuevo, junto con el recuerdo de aquella mirada llena de ferocidad y seguridad que Hinata le había dado cuando estuvieron a punto de caer de la azotea de la escuela, y él le pedía que los soltase porque era peligroso.

"—No puedes simplemente ver a alguien en problemas y abandonarlo… eso, es inhumano…

¡Esto no se trata de ser humano o inhumano, Hinata! ¡Es demasiado peligroso arriesgarte así! ¡Suéltanos!

N-No lo hare… porque sería más inhumano… si suelto a mis amigos…"

Las palabras de Hinata habían sido casi las mismas que había escuchado en una ocasión de su hermano Menma. Pero ahora de algún modo le sonaban diferentes. No se trataban únicamente de humanidad o amabilidad, tampoco de ayudar a otros cuando lo necesitaban. Era como si esas palabras le dijesen que no debía abandonarlos, no ahora. Qué abandonar a sus amigos, a su hermano y a una persona importante para él cuando realmente le necesitaban, lo haría realmente despreciable. Como las palabras que Kakashi-sensei les dijo en una ocasión:

-Aquellos que rompen las reglas, son escoria. Pero aquellos que abandonan a un amigo, son peor que escoria-.

Cuando giró su rostro para encontrar a Sasuke a unos metros de él, observándolo con aquella impasible expresión que le caracterizaba, lo supo. Él se estaba convirtiendo en algo peor que escoria. Se estaba dejando llevar por la culpa y los pensamientos tristes."

Era cierto, el había hecho una promesa en aquel instante, y no se retractaría ahora. No podía dejar que la tristeza lo invadiera y le nublara el pensamiento, ¡No lo haría!

Su vista recorrió una vez más el solitario espacio de su habitación.

—Menma-baka

Había bajado a la cocina por un vaso de agua, las manecillas del reloj pasaban de la media noche. Después de terminar de beber aquel líquido, vagaba entre la oscuridad de los pasillos de su hogar, perdiéndose entre sus propios pensamientos…

¿Y si los sentimientos de Naruto y Menma no habían llegado al otro? Si fuera el caso, entonces ella tendría que hacer algo, pero… ¿Qué? ¿De qué forma podía hacer para que los sentimientos de uno llegaran a otro?

Confesarlos abiertamente fue su primera opción, pero luego recordó con cierta melancolía su confesión a Naruto. Habían ocasiones en las que aún cuando se pudiesen expresar los sentimientos con palabras, no significaba que estos fueran a llegar a la otra persona y menos que fuesen correspondidos. Naruto con su gran corazón había hecho lo posible por remediar en parte el no poder corresponder sus sentimientos al abrirle el camino a su lado, de dejarle seguir con él, tal vez no como ella lo deseaba, pero si como una persona incondicional en su vida.

Pero en el caso Naruto y Menma, las cosas eran diferentes, ellos tenían un pasado que se conectaba haciéndolos herirse entre sí sin poder evitarlo, marcando profundamente a cada uno… ¿Cómo podía ella hacer que ellos se entendiesen entre sí, cuando ni siquiera podía terminar de comprender el sufrimiento de cada uno…?

Estaba dudando de nuevo… en verdad… era un caso lamentable.

Pero las notas de un piano que inundaban el lugar con una armónica melodía, llamaron su atención sacándola de sus divagaciones, ¿Quién podía estar despierto a esa hora= Hipnotizada por tan hermosa sinfonía se encamino hacia el lugar de donde provenía.

Kimi no kokoro ni tsutsumareta ai wo chikai...
Nemurenai yoru nando sugitemo nee uketomete

Ima sugu aitai namida tomaranai furetakute

Suki dakara furushikute

Kimi no koto omou hodo kono namida koboreru no

Kono mama aenai to shitemo
Dare yori suki dakara...

Sus pupilas se dilataron por un momento, conocía esa canción… Era una de las canciones de su madre… Su última canción…

Su corazón se oprimió con fuerza ante los recuerdos de su infancia, aquellos días en los que su madre solía sentarla en su regazo para cantarle sus canciones al mismo tiempo que le enseñaba a tocar las notas del piano… Era una bella pero a la vez dolorosa memoria.

Sin darse cuenta, sus pasos la habían guiado al antiguo cuarto de música que había pertenecido a su madre, ese lugar sagrado en el que solía pasar horas tocando cada sonido que por su mente pasaba, contándole historias hermosas a través de canciones. Mostrándole la belleza de un mundo que nadie más que ellas conocían, su pequeña burbuja de ensueño.

Kimi no koto omou hodo kono namida koboreru no
Kono mama aenai to shitemo

Dare yori suki dakara...

Lagrimas rodaron por sus mejillas casi al mismo tiempo en que el coro de la canción se repetía. ¡Había pasado tanto, tanto tiempo!

Tras la muerte de su madre, su posterior confinamiento dentro de su habitación, auto-aislándose del mundo y guardándose todo su dolor para sí misma. Lo que menos había hecho era acercarse a aquella habitación. Solía hablar internamente con su madre, pero nunca había invadido ese espacio. Ni siquiera su padre lo hacía, por eso aquel lugar se había mantenido tal y como su madre lo había dejado antes de su muerte.

Entonces… ¿Por qué ahora era invadido…? Justo ahora que creía que el dolor había sido sanado, ahora que pensaba que la herida había cicatrizado… ¿Quién había irrumpido en ese lugar que ni siquiera ella era capaz de tocar…? ¡¿Quién?!

Cuando sus ojos, inundados por una capa acuosa de lágrimas, buscaron al responsable de haber profanado aquel lugar especial. Sus parpados se abrieron ligeramente en sorpresa y sus labios temblaron al divisar una cabellera rojiza que se mecía suavemente ante la brisa nocturna que se filtraba por la ventana semi-abierta a un lado de la habitación.

Dio un paso hacia adelante al momento en que la canción llegaba a las últimas notas.

—Es tarde, Hime, deberías estar durmien-

Los parpados de Kurama se abrieron en sorpresa al sentir su cuello rodeado desde atrás por los pequeños y delgados brazos de Hinata, estuvo tentado a hacer una broma sobre la acción de ella pero se abstuvo a hacerlo al sentir como la parte trasera de su cuello se empapaba con lagrimas, entre gemidos mudos y palabras sordas.

— ¿P-Por qué…?

Kurama quiso darse la vuelta para entender lo que estaba sucediendo, pero ella no se lo permitió al reafirmar su agarre sobre él.

—Yo… n-no lo entiendo… no puedo…

Él dejo que ella continuara.

—Mamá se fue… Papá se alejo junto con Hanabi… Neji-niisan también… incluso llego a odiarme… la abuela… todos… dijiste… dijiste que siempre estarías conmigo… pero… mentiste… te fuiste…

Kurama cerró los ojos en respuestas.

—Y-Yo… estaba sola… te necesitaba… pero me abandonaste… no lo entiendo… no puedo entenderlo… ¡No puedo!

Las palabras de ella se ahogaban con sollozos y sus lágrimas seguían mojando el cabello y cuello de Kurama.

— ¡Me abandonaste cuando más te necesitaba! ¡Nos abandonaste! A papá… a Hanabi… a mí… Te fuiste… ¿Por qué…? ¡¿Tienes idea de todo lo que he sufrido desde entonces?!

Los sollozos parecían aumentar de nivel al igual se su voz, como si por primera vez pudiese exteriorizar aquel dolor que por tanto tiempo la había atormentado.

—Yo… yo… ¡Realmente te odio por eso!… ¡Te odio! ¡Te odio! ¡Te odio!

Los parpados de Kurama temblaron, aún negándose a abrirlos. Lo merecía, lo sabía… aún así dolía… Y no era la primera vez que escuchaba algo parecido de parte de ella…

"El cuerpo de Hinata se estremeció ante el horror de ver como Kurama, el mismo que durante su infancia la guió de la mano, mostrándole el mundo. El mismo que un día desapareció de su vida y reapareció sin más… Kurama estaba tan lleno de rabia, tan salvaje y con aquellos ojos rojos destellando de ira…

Como si fuese un monstruo sediento de sangre que solo buscaba destruir todo a su alrededor…

Esa no era la persona que ella conocía…

Kurama continuaba golpeando a sus amigos, aquellas personas importantes para ella, esos hermanos heridos por la vida, que odiaban la existencia del otro, más sin embargo, estuvieron dispuestos a hacer una tregua por ella, para ayudarla.

Su cuerpo, antes paralizado por el miedo, se movió solo.

¡Detente!

Kurama a duras penas pudo lograr detener el golpe estuvo a punto de darle a aquel chiquillo rubio cuando una pequeña silueta se interpuso en su camino defendiéndolo.

¿Qué estás haciendo, Hime? —cuestionó frunciendo el ceño.

Por favor, detente, no los lastimes.

Sus cejas se fruncieron aún más ante el desconcierto y la ira. ¿Por qué ella estaba defendiendo a sus atacantes? ¿Era acaso porque eran hijos del amigo de su padre?

Hime, no intentes defenderlos —advirtió.

Sin embargo, ella no se movió.

Entra al auto, cuando termine aquí iremos a casa.

N-No…

Su voz tembló ante la mirada severa de él, pero no iba a cohibirse.

Ellos me salvaron, no debes lastimarlos.

¿Salvarte? —Sonrió irónico— ¡Mira el estado en que estas, Hinata! ¡Estas lejos de estar bien!

¡¿Y cómo puedes tu saberlo?!

Tanto Naruto como Menma e incluso Kurama observaron sorprendidos a la joven. Hinata nunca elevaba la voz de esa forma.

T-Tú… ¡Tú no tienes derecho a decir si estoy bien o no! ¡No tienes! ¡Tú menos que nadie lo tiene!

Se regaño internamente por cerrar los ojos, pero solo fue entonces cuando fue consciente de sus propias palabras. Alarmada abrió los ojos para tratar de reparar sus propias palabras, pero al hacerlo, las palabras se atoraron en su garganta ante aquella mirada rojiza llena de frialdad.

Entonces no lo tengo, ¿cierto?

K-Ku-chan… yo…

El pelirrojo se giró en respuesta, sacando su teléfono. Ella quiso acercarse a él para disculparse, pero él comenzó a hablar por la línea. El quejido de dolor de Naruto la hizo reaccionar, girándose rápidamente para ver como se encontraba él y Menma. Ninguno de los tres se atrevió a pronunciar palabra alguna, ni siquiera cuando Kurama dejo de hablar por teléfono y se apoyó a un lado de su auto.

Cuando Hinata por fin se había vuelto a armar de valor para disculparse, dos autos aparecieron aparcándose junto al de Kurama, del primero salió Namikaze Minato quien le dedico una mirada en agradecimiento a Kurama antes de dirigirse a comprobar el estado de sus hijos. Del segundo auto salió un apresurado y preocupado Neji.

Tanto Minato como Neji acapararon su atención con preguntas sobre lo que había ocurrido, torpemente ella hizo el esfuerzo por explicar lo que había sucedido, y cuando había llegado a la parte en que Kurama los había encontrado y malinterpretado la situación al golpear a Naruto y Menma, este ultimo interrumpió todo diciendo que todo estaba bien y no tenían de que preocuparse. Naruto lo apoyó con su silencio.

Pero cuando Hinata quiso volver a hablar con Kurama, este ya se había ido en su auto. Esa noche no llegó a casa, y tampoco lo hizo por otros tres días."

— ¡Te o-odio!

El quejido de ella lo trajo de vuelta a la realidad. Solo entonces ella había aflojado su agarre, dándole la posibilidad de girarse sobre el banquillo del piano, para poder envolver entre sus brazos aquel pequeño cuerpo.

No podía culparla por su actitud, tampoco podía justificarse o siquiera esperar que ella le dijese que no lo odiaba… Dolía… Más que cualquier paliza que en su vida hubiese recibido… Una punzada que desgarraba su interior y se hacía más tormentosa con cada sollozo ahogado.

— ¿Por qué…? ¿Por qué tuviste que irte…? ¿Por qué… mamá…?

Y ahí fue que pudo entenderlo… El llanto, los reclamos, sus palabras… Hinata había sufrido mucho más que él, estaba molesta y dolida, tenía razones para estarlo. Lo sorprendente era que no se hubiese desahogado antes. Pero aquellas lagrimas no eran solo por él, Hinata, también lloraba a su madre…

En su regresó le pareció que ella seguía igual que siempre, intuyo lo que había pasado en esa casa cuando se fue de aquella casa, aún así… Ella estaba sonriendo… Cuando el volvió a entrar por aquellas puertas, ella se adelanto a él, aún con su pie medio enyesado, y le regalo una sonrisa de bienvenida… Creyó que ella le reclamaría algo eventualmente, pero no lo había hecho en todo el tiempo en que había vuelto a vivir en esa casa. Seguía recibiéndolo una y otra vez con una sonrisa… Quizá ya a ha superado eso… ese fue su pensamiento, y por un momento quiso alegrarse por ello, y lo hizo. Al menos hasta aquel incidente.

Fue ahí que se dio cuenta que ella si estaba molesta internamente con él, en esa ocasión el también se había molestado con ella por enfrentarlo y negarse a entender que él solo deseaba protegerla… Pero más que eso, se sintió herido de que ella… Si estaba molesta con él, ¿Por qué no se lo decía de frente? ¿Por qué seguir aguantando eso? Luego recordó que ella tenía un corazón noble, por voluntad propia nunca le reclamaría nada… Pero ahora, ahí estaba…

Tal vez impulsada por la impresión de que él había profanado el lugar jardín secreto de su madre, ese lugar que ella atesoraba como su más íntimo recuerdo y que ni ella era capaz de tocar… Al igual que el resto de los que habitaban esa casa… Y se preguntó: ¿Por cuánto tiempo su pequeña Hime se habría guardado todo aquello?

—Hinata…

Los sollozos de ella bajaron su ritmo cuando el acuno su cuerpo entre sus piernas, sin soltarla, hundió su rostro en el espacio que había entre su cuello y hombros aspirando su aroma, ella respingó en respuesta, aferrándose aún más a la camisa de él.

—Todo este tiempo estuviste muy sola, ¿cierto?

Ella no dijo palabra alguna, solo dejo que el siguiera acariciando su cabello sin quitar su cabeza de entre su cuello.

Mi pequeña Hinata… Perdóname…

Los rayos del sol se colaban entre las cortinas de la ventana calentando su rostro, incomodo se removió entre la cama. Masculló un par de maldiciones antes abrir con pesar sus parpados encontrándose con el rostro de su padre a escasos centímetros.

Los doctores le habían dicho que al ser solo una torcedura podría irse al día siguiente, sus padres habían dicho que irían por él al día siguiente, pero no estaba dispuesto a esperar a nadie. Tan pronto el sol asomó cerca de su ventana, no tardó en arreglar sus cosas y largarse de ese lugar que lo había estado asfixiando.

Tomó un taxi y en poco tiempo ya estaba en la puerta de su hogar, apenas y estaba cruzando el umbral de la entrada cuando un sonoro grito para nada masculino resonó en todo el lugar.

—Idiota —masculló al reconocer el grito de su hermano.

—Menma, debiste esperarnos, tú padre y yo teníamos pensado recogerte a las diez de la mañana —reprendía Kushina.

Menma masculló algo parecido a: "igual estoy aquí", mientras terminaba su desayuno ignorando las quejas de su hermano hacia su padre por tener que despertarlo de esa forma.

—Naruto, no hables con la boca llena —habló Kushina al ver a su hijo.

—Pero… —intentó objetar el rubio, sin embargo al ver la mirada severa de su madre no pudo decir más.

Extraño… se dijo Menma, en el pasado ese tipo de ambiente solía exasperarlo en sobremanera, pero ahora… nada… no sentía absolutamente nada, ni alegría, ni molestia, nada… Ni siquiera el ver a su madre reír mientras Minato le relataba lo ocurrido esa mañana, mientras Naruto protestaba avergonzado parecía afectarlo… Como si esa escena no tuviese nada que ver con él, una sensación similar a cuando vez a una familia en la calle, puedes apreciar la vista, puedes pasar por alto de ella, porque en el fondo sabes que no es la tuya… Pero… ¿Por qué sentía ese vacío ahora?

—Oye, frente de marquesina, ¿estás segura de esto?

Sakura ignoró el "insulto" de su amiga, enfocando su atención en el pequeño bolso floreado que colgaba a un lado de su hombro.

—Por supuesto, cerda, aún cuando Naruto sea algo molesto a veces, sigue siendo nuestro amigo, además falta muy poco para que las vacaciones de otoño terminen.

Ino suspiró en respuesta— No lo digo por él, sabes a quien me refiero —le dijo cruzándose de brazos— Menma no es exactamente el más sociable de todos, aunque…

Sakura la observo extrañada.

—Es bastante sexy y según escuché decir a las chicas de tercero es bastante ardiente y creativo —comentó con una sonrisa perversa, haciendo que su amiga rodase los ojos.

— ¿Qué no se supone que tu ya tienes a Sai?

—Oye, que tenga novio no significa que este ciega, ¿sabes?

—Claro, claro, lo que tú digas.

— ¡Oh, vamos! ¿Es que acaso no te has fijado en su…?

Residencia Namikaze

—Buenos días, disculpe, ¿se encuentran Naruto? —Habló Sakura por el comunicador del timbre, ignorando completamente los comentarios de su amiga— Somos compañeras del instituto.

—Un momento, por favor.

¿Cómo es que había sido arrastrado hasta ahí? Menma aún seguía cuestionándose eso. Recordaba que el día anterior, el tarado que tenía como intento de hermano le había dicho que Sakura e Ino los habían invitado al parque de atracciones, a lo que el cortésmente había respondido con un: "Me importa un huevo, no iré".

Así que ahora… ¿Cómo era posible que estuviese parado ahí frente a la entrada del parque de diversiones junto con el energúmeno ese, esperando a las otras dos latosas?

¡Oh! Ya lo recordaba. Su madre lo había amenazado para que fuese… Mascullo un par insultos a ese par de retrasadas que lo estaban haciendo esperar y al idiota cabeza hueca que estaba junto a él. Tal vez había estado algo distante estos días de todo lo que le rodeaba, pero no significaba que no se cabreara por situaciones como estas.

Por su parte, Naruto solo pudo contener una risa divertida por las muecas de su hermano. Aunque no tardó en suspirar, el también estaba cansándose de esperar.

— ¡Ah! Esto es aburrido… Sakura-chan está tardando mucho —soltó al aire con desgano.

Habían acordado reunirse en la entrada del parque de diversiones a las 9:30 de la mañana, pero ya eran casi las diez de la mañana y ellas no aparecían.

¡K-Kiba-kun!

¡Vamos, Hinata! Esto será divertido, ya lo verás, ¿verdad, Shino?

Lo sería si consideraras bajarla, Kiba.

El desconcierto se vio reflejado en la mirada de Naruto y Menma, en el primero más que en el segundo, al presenciar aquella inusual escena. Inuzuka Kiba cargaba en hombros a una avergonzada Hinata como si se tratase de un costal de papas, mientras Shino los acompañaba de forma calmada.

— ¿Kiba… Hinata?

La voz de Naruto fue lo suficientemente audible para captar la atención de los otros tres.

— ¡Hey! Naruto, ¿qué haces aquí? —Saludó Kiba con familiaridad, acercándose a ellos.

—Reconociste rápidamente a Kiba y Hinata, pero no parece que lo hayas hecho conmigo.

Una mueca de incomodidad combinada con nerviosismo se dibujo en el rostro de Kiba y Naruto ante las palabras de Shino.

—Ah… ¿Qué los trae por acá? —dijo Naruto evitando la protesta del Aburame.

— ¿No es obvio? —rió Kiba, al bajar a una muy sonrojada Hinata de sus hombros— Venimos a divertirnos —señaló la entrada al parque.

—Naruto-kun… Namikaze-san… B-Buenos días —apenas y logró formular aquel saludo, aún así no se atrevía a subir la mirada debido a la vergüenza de la escena anterior.

— ¡Hey! —saludó Naruto a la joven.

En cambio, Menma se limito a mirar a la joven por un breve momento antes de redirigir su mirada al lugar por donde se suponía deberían de venir aquellos dos.

— ¿Ustedes también vienen al parque de diversiones? —dijo Kiba un tanto desconcertado por ver a aquellos dos juntos.

—Sí, algo así —río Naruto— Sakura-chan e Ino nos invitaron —volvió a reír.

—Oh, ¿una cita doble? —comentó Kiba con cierta burla, apoyando el antebrazo sobre el hombro de Hinata.

— ¡No lo es! —exclamaron ambos hermanos a la vez.

— ¡No, definitivamente no lo es! —se apresuró a aclarar el rubio, tan estrepitosamente que tomo con cierta sorpresa a los otros tres— No, no es una cita

—Oh, entiendo —sonrió Kiba un tanto desconcertado, al igual que Hinata.

Shino, en cambio, solo podía fijar con suma atención sus ojos, cubiertos los lentes oscuros, en aquel par de hermanos. Curioso… se dijo.

— ¡No quiero morir!

El estruendoso grito de Naruto se dejo escuchar con más fuerza que el de cualquier otra persona que estaba hasta arriba de aquel martillo, uno de esos tantos juegos mecánicos que te subían hasta arriba antes de dejarte caer con tal rapidez que te hacía pensar que tu fin había llegado.

—Vaya llorón —comentó Ino divertida.

—Naruto-kun —musitó Hinata preocupada.

—Si le daba miedo subir, no debió hacerlo en primer lugar —suspiraba Sakura.

Poco después de que Kiba, Shino y Hinata se habían encontrado con Naruto y Menma, Sakura e Ino habían aparecido, la primera disculpándose por el retraso, mientras que la segunda alardeaba algo sobre que una mujer siempre debía hacerse esperar.

De alguna forma, los siete habían terminado entrando juntos, habían subido a varias atracciones mecánicas y habían jugado uno que otro juego de tiro al blanco. Todo había resultado bastante ameno, al menos hasta que Kiba y Naruto habían comenzado a competir entre ellos, arrastrando de paso a Menma y Shino, aunque este primero no había objetado tanto pues aunque no lo dijese en voz alta, era obvio que se negaba a perder contra aquellos tres.

—Naruto-kun, ¿te encuentras bien? —cuestionó Hinata, preocupada al ver el semblante pálido del rubio.

—Ah, s-si… descuida, estoy bien —respondió ausentemente, se negaba rotundamente a aceptar la derrota contra aquellos dos, bueno, tres si contaba a Shino.

—Oigan, miren ahí está la casa de espejos —señaló Sakura.

— ¿Qué esperan? ¡Vamos! —exclamó Ino al adelantarse.

— ¿Por qué tanta emoción por una casa de espejos? —dijo Kiba arqueando una ceja sin entender la emoción de aquellas dos.

—A las mujeres parece gustarles ese tipo de cosas —le respondió Shino.

— ¿Namikaze-san?

El aludido volteo a verla, cuando cruzó por aquel pasillo. Poco después de que habían entrado a aquella casa de espejos, de alguna forma habían comenzado a separarse a medida que avanzaban entre aquel laberinto, y ahora estaban divididos cada quien por su lado.

—Esto… me alegra encontrarlo —sonrió aliviada.

Sin embargo, Menma no respondió a eso, simplemente se limito a seguir su camino.

—A-Ah, ¡Espere! —se apresuro a seguirlo.

—Namikaze-san… disculpe que lo pregunte, pero… ¿se encuentra molesto? —se atrevió a preguntar después de haber caminado un pequeño tramo.

— ¿Por qué debería estarlo? —Masculló en respuesta— ¡No lo estoy! ¡Me encanta que me arrastren a parques de diversiones a la fuerza! ¡Adoro que me obliguen a subirme a un montón de juegos en una estúpida competencia! ¡Todo esto es genial! ¿Por qué estaría molesto?

Hinata trago en seco ante aquellas palabras, quizá no debió haber preguntado.

—Yo… lo siento

— ¿Por qué te disculpas? —gruñó Menma al voltear a verla— No es como si tu me hubieses arrastrado a este lugar

—Lo sé, pero… ah… lo siento…

—Ya te dije que dejes de disculparte —le cortó— Mejor sigue caminando y salgamos de este lugar —gruñó— No quiero que de repente te de un ataque con esa claustrofobia tuya y tenga que lidiar con eso también.

— ¡D-Descuide! —Se apresuró a decir— ¡estoy bien!

Él la miro arqueando una ceja como si no creyese lo que había dicho.

—T-Tal vez no lo parezca, pero, últimamente puedo tolerar un poco más los lugares cerrados —aclaro ella— Desde aquella vez en la escuela…

Menma hizo una mueca al recordar ese día, aún no olvidaba la paliza que aquel pelirrojo les había dado.

—Cuando Namikaze-san y Naruto-kun cuidaron de mí… de alguna forma, cada vez que estoy en un lugar oscuro también recuerdo eso, y me hace sentir más tranquila —sonrió inconscientemente— Así que estoy bien ahora, porque Namikaze-san está conmigo

Los parpados de Menma se abrieron en sorpresa, y por un fragmento de segundo pudo sentir como algo parecía resquebrajarse en su interior, y un incomodo cosquilleo se situaba en la boca de su estomago.

—Por eso también… Voy esforzarme para que Namikaze-san también pueda sentirse mejor ahora

El la observo extrañado.

—Se que, tal vez no quiera mi ayuda… —dijo al ver la confusión en su rostro— Pero aún así quiero ayudarlo… Las personas pueden ser muy crueles a veces, es cierto…

Los ojos de Menma se oscurecieron ante esas palabras.

—También soy consciente de que no hay forma en que el pasado pueda ser cambiado —continuo al ver que podía ser malinterpretada— pero… aún así… Namikaze-san merece también una nueva oportunidad…

Y ahí estaba de nuevo ese raro hormigueo, aunque su atención parecía estar más centrada en los ojos de ella.

—Naruto-kun también lo merece, ambos lo merecen… Por eso…

—Tsk —bufó cortando aquella charla, girándose para seguir caminando— Déjate de tonterías, lo mejor será salir de aquí

—Pero…

—Y no te hagas ilusiones, ya te dije que no pienso lidiar contigo si te da un ataque de esos —mascullo, negándose a voltear a verla de nuevo.

Hinata observaba su espalda avanzar hacia adelante, sabía que esto no sería fácil, pero por ahora esto era lo único que podía hacer…

"—Así que esos eran tus amigos —masculló Kurama sentado junto a ella en el piso de su habitación.

Luego de todo lo que había pasado en el cuarto de música que pertenecía a su madre, Kurama la había cargado hasta su cuarto y aunque había intentando dejarla en su cama para que descansase, ambos terminaron por quedarse ahí en el suelo del cuarto, junto a la cama. Platicando de diversas cosas.

Pues tienes malos gustos para tus amistades

K-Ku-chan —le reprendió suavemente con la mirada— Naruto-kun y Namikaze-san no son malas personas… ellos… me han ayudado bastante —los defendió.

El que tiene cara de cabeza hueca no parece tan malo, pero el otro que tiene una cara de estreñido pero que la de tu primo, no se…

Ku-chan

Bien, bien, son buenas personas… lo que tú digas.

Me da la sensación… como si te estuvieses burlando de mí… —musitó ella avergonzada.

No hay forma en que pudiese hacer algo así, Mochihime —le sonrío ladino— O tal vez si…

Ku-chan

Vamos, no te enojes —rió él.

Ella solo infló sus mejillas, haciendo que la sonrisa del pelirrojo se ensanchara aún más.

Bien, entonces eso dos mocosos son "buenos" amigos para ti, ¿no?

S-Si —respondió apenada, porque sabía que era casi imposible hacer que Kurama se dejase de burlar de ella de esa forma— Ellos son buenas personas, después de que te fuiste…

Kurama desvió la mirada.

Naruto-kun fue una luz en mi camino —sonrió inconscientemente— El era mi modelo a seguir, siempre esforzándose aún cuando nadie creía en él o lo menospreciaba… el nunca se rendía, se levantaba cada vez que caía mostrando una sonrisa… como un "orgulloso perdedor"

Los ojos de Kurama se afilaron ligeramente ante las palabras de ella. Solo esperaba que esa expresión no significase lo que creía…

¿y el otro? —le dijo para cortar un poco esa sonrisa.

¿Namikaze-san? Bueno… él es todo lo contrario a Naruto-kun… ah… si tuviese que explicarlo de alguna forma… creo que ambos son como el día y la noche.

Una sonrisa se dibujo en los labios de Kurama, ¿Por qué no le extrañaban esas comparaciones tan románticas de su pequeña Hime?

Naruto-kun siempre ilumina cualquier lugar al que va —y ahí estaba esa sonrisa de nuevo, en definitiva, ya estaba comenzando a detestar a ese cara de tonto— por otra parte, Namikaze-san siempre es frío y distante, no le gusta relacionarse con otros, a veces parece algo tosco y hostil… pero también tiene un lado amable, lucha a su manera, y aunque no todos lo noten, el también se esfuerza en lograr lo que quiere —volvió a sonreír inconscientemente.

Definitivamente esa otra sonrisa tampoco le agradaba mucho a Kurama.

Ambos han sufrido mucho, quizá más que yo… aún así siguen luchando… ellos son realmente increíbles…

No, para Kurama no eran tan "increíbles" como los describía ella, lo poco que pudo observar de ellos en aquella azotea no le decía que fuesen fuertes o increíbles. Más bien, le parecían un par de mocosos llorones que no parecían ser capaces de asumir lo que sea que les estuviese pasando.

Aún así… siguen sufriendo…

La singular empatía de Hinata no había cambiado en nada, y eso lo alegrada de cierta forma.

Quisiera ayudarlos, pero… no sé cómo…

¿A qué te refieres?

Ella mordió su labio, insegura.

Naruto-kun y Namikaze-san han sufrido mucho, y aún lo hacen… yo… no sé cómo ayudarlos… quiero que ellos puedan entenderse entre sí…

No hay forma en que puedas hacer algo así

Ella lo observó con sorpresa y tristeza mezcladas.

Pero… tal vez si lo intento…

Los hombres no son como las mujeres, nosotros no nos entendemos a base de palabras sentimentales o cosas similares, somos más directos, de hechos más que de palabras —le explicó— Si quieres que dos hombres se entiendan entre sí, no puedes estar mediando entre ellos esperando que de esa forma puedan entenderse y ya

Ella bajo la mirada, tenía razón…

Entiendo que quieras ayudarlo, pero pasa lo mismo que con cualquier otra persona en el mundo —Hinata lo observó extrañada— Hay momentos en la vida que las personas deben solucionar sus problemas por si solos, de frente, sin que alguien más intervenga… es parte de crecer.

Entonces… no puedo ayudarlos —ella le miro con tristeza.

Puedes —asintió él— pero no de la forma en que lo deseas

Una vez más, Hinata le observo con desconcierto. Kurama suspiró internamente, sabía que en el futuro se odiaría por estar dándole este tipo de consejos.

Si quieres ayudar a esos mocosos… —meditó un poco sus palabras— lo único que tienes que hacer es permanecer a su lado, apoyándolos…"

Apoyarlos… Las palabras de Kurama aún se repetían en su interior. Lo había estado pensando bastante, y había llegado a la conclusión de que él tenía razón… Aún cuando desease con todo su corazón poder intervenir para ayudar a Naruto y Menma, no era algo que debía hacer. La tristeza, el dolor, el rencor, todos esos fantasmas que los atormentaban… solo ellos podían superarlos.

Ella solo debía apoyarlos incondicionalmente para que pudiesen lograrlo, era la única forma en que realmente podría hacer algo por ellos. Por eso seguiría al lado de ambos, sin importar que…

— ¡Oye, Hyuga!

La voz de Menma la sacó de sus divagaciones.

— ¡Será mejor que dejes de andar fantaseando, porque no pienso regresar a traerte si te pierdes!

— ¡S-Sí!

No sabía como lo había hecho, pero el punto era que de alguna extraña forma lo había logrado… Había salido antes que el resto de sus amigos…

La exclamación de júbilo que Naruto había dejado escapar al salir primero de aquella casa de espejos no tenía comparación, en especial porque ahora podría echárselos en cara al resto de sus amigos por andarlo molestando con que su sentido de dirección era nulo y que tendrían que ir por él porque seguramente se perdería… ¡¿Quién era el que se había perdido ahora?! ¡Namikaze Naruto no tenía un mal sentido de la orientación! ¡No señor!

Estuvo a punto de lanzar otra carcajada victoriosa cuando se percato de que alguien más salía de la casa de espejos… Menma

Y no era el único, su hermano también venía acompañado por Hinata.

"—Ya lo tengo decidido

Su voz sonó seria, pero decidida, al momento en que posó su vista en la parte baja del hospital, donde Hinata trataba de mantener la sombrilla fija para hacerle sombra a Menma.

¿Enserio? ¿Y qué has decidido?

¿No es obvio? —Dijo el rubio, sin dejar de ver a los otros dos abajo— Menma tiene un muro de hielo que lo separa del mundo, Hinata también lo sabe y quiere poder abrir una puerta, pero ella no podrá hacerlo sola…

Entonces… ¿lo harás por ella?

Era inusual que Naruto hablara en metáforas, en especial porque él ni siquiera era bueno entendiéndolas. Sin embargo, si de algo estaba seguro Sasuke, era que Naruto no estaba bromeando.

Sasuke no era el más expresivo del mundo, mucho menos él más emotivo o sentimental. Así que el que prestase interés en algo ajeno a él era por demás intrigante. Pero era algo que no podía evitar, al menos cuando se trataba de Naruto. Tal vez era porque ese rubio idiota fue el primero al que pudo llamar un: amigo. El primero que arriesgo hasta su vida por ayudarlo aún cuando hubo un tiempo en el que quiso tomar el camino equivocado, fue él quien hizo hasta lo imposible por hacerlo entrar en razón. Y lo logró. O quizá era por el hecho de que ese tarado fuese tan entrometido en su vida, que le hacía querer estar parejos. Quién sabe, de lo único que estaba seguro y jamás admitiría era que tenía un muy pequeño interés por los problemas por los que estaba atravesando aquel retrasado.

No, no lo hago por ella —Aclaró Naruto sacándolo de sus divagaciones— Se supone que Menma y yo somos hermanos… pero ambos hemos metido la pata en nuestros papeles —Rió con amargura— Incluso ese imbécil se atrevió a acusarme de joderle la vida… Menma-baka

El Uchiha se mantuvo en silencio, escuchando a su amigo.

Mira que alejarme así de él y no atreverse a contarme sus problemas y guardárselo todo para sí, y aún así se atreve a llamarme a mí: Egoísta. Vaya cara dura la que tiene —masculló con falsa ofensa— Es por eso que ya lo decidí… Si ese idiota quiere tener ese muro de hielo alrededor de él está bien, que lo haga.

El pelinegro arqueo ligeramente una ceja ante lo aparentemente contradictorio que resultaban las palabras de su amigo en ese momento.

Menma puede seguir manteniendo ese muro, pero será mejor que se prepare, porque… ¡Romperé esa pared de hielo! —Proclamó con fervor— ¡La destruiré por completo! ¡No quedará nada de ella!

Una sonrisa discreta se dibujo en los labios del azabache, al tiempo que cerraba los ojos y se cruzaba de brazos, preguntándose; ¿Por qué no le extrañaban las palabras de ese idiota? ¡Oh! Cierto, porque era un idiota. Y los idiotas no piensan, actúan."

No entendía bien porque su estomago se había sentido un poco raro cuando vio a Hinata con Menma, pero eso no importaba ahora, se dijo al momento en que una sonrisa se dibujaba en sus labios. Ahora ya sabía que era lo que tenía que hacer.

— ¡Eh, Menma, Hinata!

Levanto los brazos enérgicamente para hacerse notar.

— ¡Por aquí!

—Aún no puedo creer que Naruto haya salido primero de la casa de espejos —comentó Sakura.

—Y que lo digas, ahora todos le debemos un tazón de ramen —suspiró Ino al recostar su brazo en la pequeña ventanilla desde su lugar en aquella rueda de la fortuna.

—Ni lo menciones —rió Sakura.

—Vaya, al fin ríes con sinceridad —comentó Ino con cierta burla.

— ¿Eh? ¿De qué estás hablando? —Sakura frunció el ceño— Me la he pasado riéndome todo el día, ¿sabes?

—Claro, lo que digas —negó divertida— ¿Cómo te sientes ahora?

El silencio las invadió por varios segundos, tiempo en el que Sakura llevó inconscientemente su mano por detrás de su cuello, rozando sus ahora cortos cabellos rosáceos.

—Mejor, supongo…

—Es bueno escucharlo —sonrío comprensiva— Por cierto… tenías razón

Sakura la observó extrañada.

—Quien diría que convivir con el oscuro Menma podía resultar tan divertido —rió al recordar que aún cuando este se quejaba siempre terminaba compitiendo contra Naruto y Kiba.

—Yo tampoco lo imagine —sonrió Sakura— Últimamente Menma parece estar cambiando bastante —comentó.

—Supongo que la influencia de Hinata ha de ser buena para él —apoyó Ino.

Sin embargo, Sakura no parecía entender lo dicho por su amiga.

— ¿No me digas que no te has dado cuenta? —Cuestionó Ino escandalizada— ¡Pero es más que obvio! —Soltó un bufido en respuesta, a veces su amiga podía ser igual de despistada que Naruto.

—Bueno, ahora que lo mencionas —Sakura hizo un poco de memoria.

Era cierto, desde que Hinata parecía haber comenzado a relacionarse con Menma, este parecía haber comenzado a cambiar. Su actitud ya no era tan hostil hacia los demás, y de alguna forma parecía ser un poco más expresivo… Aunque no era el único… se dijo al posar su mirada en la silueta de aquellos tres que estaban en otra cabina, detrás de ellas.

— ¿Qué hice para estar acá?

Hinata solo sonrió nerviosa a la queja de Menma, sabía que él no estaba feliz de haber sido llevado ahí, pero aún así no dejaba de resultarle curioso que Naruto lo hubiese hecho subirse a la rueda de la fortuna.

Su mirada se posó en el paisaje tras la ventana junto a ella. Ahora que la noche había caído, las luces de todos los juegos brillaban en medio de la oscuridad. Desde su lugar podía ver la montaña rusa que tanto miedo le había causado, aquel martillo que hizo gritar a Naruto, las tazas giratorias en las que tanto le habían gustado a Sakura e Ino, los carros chocones de los que casi los habían sacado a la fuerza, porque Menma y Kiba se habían excedido demás en su batalla. El gusanito que había llamado la atención de Shino, pero al ser consciente de que no era apto para su edad solo lo había admirado desde lejos. El carrusel al que había querido subirse, pero que no parecía haber captado la atención de ninguno de sus amigos por lo que no creyó oportuno hacérselo notar a nadie. La casa de espejos…

Era un lugar tan hermoso… Esa mañana cuando Kiba y Shino tocaron a su puerta invitándola al parque de diversiones, se había negado al principio, pues Neji no estaba en casa por una reunión con su equipo de Akido, mientras que Hanabi había ido a visitar a una compañera de clase y Kurama estaba trabajando… Aún así, sus amigos insistieron, aludiendo que ella ya no quería pasar tiempo con ellos… Y no podía culparlos por esa acusación, habían pasado tantas cosas en esos últimos días que lo menos que había podido hacer era pasar tiempo con ellos. Sin más, le envió un mensaje a Neji diciéndole que saldría con Kiba y Shino al parque de diversiones.

Le alegraba haber tomado esa decisión, pues se había divertido bastante.

"—Porque… yo te amo."

Aquellas palabras parecieron golpearla de frente. Era cierto… se dijo. Lo había olvidado, pero ese lugar había sido el mismo donde todo había comenzado, reflexiono al regresar su mirada al frente para ver como Menma seguía protestando, mientras Naruto solo parecía estarse burlando de él por lo bajo.

Si en aquella ocasión ella no se hubiese confesado a Naruto, no habría buscado la manera de mantener las distancias en medio de su dolor, por tanto, nunca hubiera podido tener aquel accidente con Menma al llamarlo "maldito imbécil". Y pensar que fue por ese insulto que toda esa serie de acontecimientos se desencadenarían… Inconscientemente una suave risa escapo de sus labios.

— ¿Hinata? —Naruto la observó extrañado.

— ¿Acaso estas burlándote de alguno de nosotros? —masculló Menma.

—L-Lo siento —se disculpo ella al tratar de contener su risa— Es solo… que estaba recordando algo…

— ¿Recordando? —Naruto la observó desconcertado.

—Eres rara —sentencio Menma cruzándose de brazos.

— ¡Oye, Menma!

—Tsk

—Hinata…

—Descuida, Naruto-kun —negó ella tranquilamente— Es solo que yo… estoy feliz…

Ambos cruzaron hermanos cruzaron miradas sin entender a la joven junto a ellos. Aunque Menma no tardo en desviar la mirada, ¿por qué se sentía así ahora?

Desde que había sido arrastrado a ese lugar por el tarado que tenía por hermano, se había sentido irritado y en más de una ocasión estuvo tentado a darle una nueva paliza. Pero luego… luego ese idiota del Inuzuka empezó con sus absurdas competencias, y el idiota no pudo contenerse, volviendo a arrastrarlo con él… Su irritación había subido aún más, y creyó que pronto iba a volver a golpear a su hermano… Pero no fue así.

De algún modo, había sido arrastrado por tantos lugares, que por un fragmento de segundo había olvidado su enojo y su orgullo lo domino para no dejarse vencer por esos dos. Y luego… luego estaban las palabras de aquella Hyuga… ¿Otra oportunidad? ¿De qué rayos hablaba? El no quería más oportunidades, solo quería estar tranquilo y que todos lo dejaran en paz, ¿Era mucho pedir algo de serenidad?

Y ahora esa tonta venía y les decía que estaba feliz… Como si a él le importara.

—H-Hinata

La voz de su hermano logro captar nuevamente su atención, esta vez sorprendiéndose al ver como Hinata se limpiaba un par de diminutas lagrimas con el dorso de la mano.

—L-Lo siento… es solo que… —su voz tembló ligeramente— yo… han pasado tantas cosas…

Naruto la observó con cierta compasión, el también había recordado lo que había pasado la última vez que ambos se habían subido a esa rueda de la fortuna… -y como si fuese lo suficientemente irónico, estaban en la misma cabina- Solo pedía que Hinata no estuviese llorando por ese mal recuerdo. No después de lo mucho que se habían divertido en ese día. No ahora que empezaba a visualizar una manera para ayudar a Menma, y de paso también estaba considerando la idea de patearle el trasero a Neji por pedirle que se alejara de Hinata… Tal vez sería buena idea disculparse de nuevo por eso.

—Hinata… yo…

—En el pasado, yo siempre observaba a Naruto-kun… pero tenía miedo a Namikaze-san… —continuo hablando Hinata, interrumpiendo inconscientemente a Naruto.

Menma no parecía extrañado por aquella confesión, caso contrario a Naruto.

—Pero, luego… de alguna forma pude comenzar a acercarme a ambos… empecé a conocerlos… y entre más lo hacía… quería estar aún más cerca… incluso si ustedes no parecían querer que lo hiciera.

Menma se removió incomodo en su asiento.

—Sin embargo, me comporte de forma ingenua y termine molestándolos a ambos… Aún cuando ustedes ya tenían sus propios problemas, no pude hacer nada por ayudarlos y creo que solo empeore las cosas…

Naruto desvió su mirada al sentir un nudo en la garganta al recordar que el mismo llego a chantajearla para que se alejara de su hermano, diciéndole que escogiera entre uno y otro.

—Fui egoísta, y quise seguir a su lado… yo… no sé cómo explicarlo, pero… aún cuando hay muchas cosas que no puedo hacer para ayudarlos… pero aún así… lo que más deseo es que ambos sean felices… es por eso que yo…

Lentamente ambos dirigieron su mirada hacia la joven, casi al mismo tiempo. Sus rostros mostraron sorpresa al ver la sonrisa cálida y dulce que se dibujaba en los labios de Hinata.

— ¡Estoy realmente feliz de haberlos conocido!

Fue una sensación extraña… Pero de alguna forma el pequeño cosquilleo que habían sentido en algunas ocasiones atrás parecía haber vuelto y de una forma más intensa. Como si el tiempo se hubiese detenido por un segundo y todo lo que existía para ellos eran aquellos ojos perlados, ese rostro ligeramente sonrojado adornado con esa sonrisa grácil llena de sentimientos indescifrables para ellos.

— ¡Oigan, Naruto, Menma, Hinata!

La voz de Ino se pronunció a lo lejos.

— ¡Por aquí!

Hinata fue la primera en bajar de aquella rueda de la fortuna, Naruto y Menma le siguieron más lentamente.

Las palabras de aquella joven habían sido más perturbadoras que cualquier golpe que hubiesen recibido en el pasado. Eran palabras puras, cálidas y llenas de emoción. Sus ojos habían mostrado sinceridad todo el tiempo, no había forma de que pudiesen dudar de sus sentimientos y eso de alguna forma los había cohibido por un momento.

¿Por qué alguien que había tenido un pasado trágico como el suyo o quizá aun más que el suyo podía estar ahí con ellos, sonriéndoles? ¿por qué alguien de apariencia tan frágil pero con una fuerza interna tan grande se agachaba a ellos con tanto cariño?

"Porque deseo que Naruto-kun y Namikaze-san puedan verme como su amiga… quiero apoyarlos"

Su mente les había respondido casi en automático, pues aún cuando ella no hubiese usado esas palabras, no era difícil para ellos entender que eso era lo que deseaba, no obstante, seguía siendo algo difícil de asimilar.

—Naruto-kun

El rubio respingó un momento al sentir la pequeña mano de Hinata unirse a la de él.

—Na- M-Menma-kun

El pelinegro la miro, hallándose sin palabras, no solo por el hecho de que ella había dejado de usar su apellido y estaba usando su nombre, sino también porque estaba tomando su mano con gentileza.

— ¡Oigan, ustedes dos, dense prisa! —exclamó Kiba a lo lejos.

El agarre de Hinata en ellos era suave pero firme.

—Vamos, los demás nos esperan —dijo jalando dulcemente sus manos para conducirlos al lugar donde los demás los observaban esperando a que se acercaran.

Resultaba irónico, se dijo Naruto, pero aquella rueda de la fortuna fue el lugar donde de cierta forma la amistad entre Hinata y él había terminado. Era un punto muerto, que aún cuando habían logrado recuperar su amistad, ninguno parecía querer tocarlo.

Pero ahora…

Justo en ese momento, se había convertido en el inicio de algo nuevo. No sabía de que, solo lo sabía.

Las cosas entre su hermano y él no se habían solucionado, de hecho, ni siquiera creía que fuesen a solucionarse todavía. Los fantasmas del pasado no los dejarían de atormentar de un día a otro, eso era algo que tanto Naruto como Menma sabían perfectamente, los problemas, el miedo y el dolor que tenían en su interior no desaparecería hasta que lo afrontaran de frente. Uno contra el otro. Nada les daba un indicio de lo que podrían encontrar más adelante cuando lo hicieran, pero por ahora…

Con las manos de Hinata tomando las suyas… de alguna forma eso no parecía ser tan importante…

Quizá fue aquella conexión mística entre gemelos que nadie podía explicar o quizá fue una simple coincidencia, quien sabe… Pero en el momento en que Naruto y Menma dieron el primer paso hacia adelante, guiados por Hinata, inconsciente y silenciosamente se había pactado una promesa entre ellos… Saldrían adelante, a su manera y sin saber que les deparaba el futuro, pero afrontarían sus cargas de frente. Para bien o para mal, rendirse no era una opción.

Ese punto que pudo considerarse como muerto o final, ahora se convertía en el inicio de algo nuevo…

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Fin

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Del primer arco

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Ah… ¿Hola?

Okey… más de un año sin actualizar… ni yo me creo esto, enserio… Lo siento mucho…

Ha pasado tanto tiempo, que ni siquiera recuerdo cual fue el primer comentario del capítulo anterior, por tanto no puedo responderlos como habitualmente lo hago… Perdón…

Bueno, con este capítulo concluyo el primer arco de la historia… En este primer arco lo que buscaba era acercar a Naruto, Menma y Hinata, en un sentido de amistad, hermandad y unidad, al menos antes de pasar al segundo arco (esta historia solo tiene dos arcos) que es en donde los sentimientos románticos de cada uno deberá irse desarrollando más profundamente (solo espero lograrlo…)

No tengo mucho que decir, más que agradecer infinitamente sus comentarios y su paciencia, no saben lo mucho que me hace feliz que sean capaces de esperar a una desconsiderada inútil como yo, enserio, gracias~!

Ahora sí, sin más que agregar. Espero y este capítulo haya sido de su agrado!

Cuídense!

Sayo!

P.D.

¿Alguien me regala un review?

¡Acepto tomatazos virtuales! Los merezco, lo sé…

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Capitulo 11: La vida es una montaña rusa