Rock. Ese era el nombre por el que todos conocían a aquel extraño joven que había aparecido inconsciente una mañana en la playa, arrastrado por la marea.
Cuando lograron despertarlo, no recordaba nada anterior al momento en que abrió los ojos. Ni siquiera sabía su propio nombre.
Pero, sin ser consciente de ello, Rock había logrado un hito histórico. Había sido el primer hombre extranjero en pisar el Nuevo Continente, que años después sería descubierto por exploradores y llamado América.
...
Rock había sido encontrado poco después de llegar a la costa por una tribu nativa del lugar.
En un principio, pensaron que era un enemigo, y trataron de matarlo.
Pero cuando estaban a punto de hacerlo, un niño de la tribu, llamado Bangoo, salió en su defensa. Dijo que él no había visto que aquel "señor" hubiera hecho nada malo, y los hombres de la tribu no tuvieron más remedio que darle la razón y aceptar a Rock como uno de los suyos.
Rock apreció mucho el gesto que Bangoo había tenido con él, y pronto, el niño se convirtió en el punto de unión entre Rock y la tribu.
Bangoo fue ayudando a Rock a aprender las costumbres de la tribu.
Tras unos meses de aprendizaje, Rock estuvo completamente integrado en la tribu.
...
Una noche, un jaguar salvaje se adentró en el campamento de la tribu.
El jaguar estaba hambriento y estaba buscando comida. Comida humana.
Toda la tribu despertó sobresaltada al escuchar los gritos desesperados de un niño.
El jaguar se había abalanzado sobre la cabaña en la que vivía la familia de Bangoo.
Para cuando se dieron cuenta, los padres de Bangoo ya habían sido heridos de muerte por el animal.
Bangoo estaba a punto de correr su mismo destino, pero en ese momento, Rock se abalanzó sobre el jaguar.
Tras una encarnizada lucha, Rock consiguió dejar al jaguar fuera de combate. Sólo con sus propias manos.
A partir de ese momento, la vida de Rock en la tribu cambió por completo.
Por una parte, él mismo eligió hacerse cargo de Bangoo, tras la pérdida de sus padres.
Por otra, el jefe de cazadores de la tribu no se había perdido detalle de la lucha contra el jaguar, y supo que Rock era apropiado para unirse a su tropa de cazadores.
Rock tuvo que pasar entonces por el duro entrenamiento al que la tribu sometía a sus cazadores.
Con el tiempo, Rock se convirtió en el hombre más fuerte y poderoso de la tribu. Decían que sus músculos eran tan duros como una roca, y de allí surgió el apodo "Rock".
...
Rock era feliz con su vida en la tribu. Pero, como no podía ser de otra forma, eso no le duraría eternamente.
El hechicero de la tribu (que en realidad no era más que un médico) consiguió preparar un brebaje que creía que serviría para hacer recuperar la memoria.
Necesitaba probarlo en alguien, y Rock era el candidato perfecto.
Así que, una noche, Rock bebió la pócima que el hechicero había preparado.
En principio, pareció no surtir efecto.
El hechicero se desilusionó, y Rock se fue a dormir como si nada hubiera pasado.
Pero el brebaje funcionaba mejor de lo que parecía.
Esa noche Rock tuvo un sueño. Un sueño borroso, pero que, por alguna extraña razón, parecía muy real.
Él se encontraba en lo que parecía la bodega de un barco.
De repente, un par de hombres entraban en ella y empezaban a buscar algo, sin percatarse de su presencia. Al fin encontraron lo que buscaban. Algo que parecía una enorme espada con un ojo vivo en el centro de su hoja.
Los hombres salieron de la bodega sin fijarse en él.
En ese momento, se escucharon dos disparos. No sabía por qué, pero esos disparos le hicieron sentir una angustia horrible.
Rock decidió salir de la bodega y ver qué había pasado.
Asomó ligeramente la cabeza para no ser descubierto y vio lo que había ocurrido.
Un pirata, rodeado de su tripulación, acababa de asesinar a un hombre y una mujer.
Entonces, algo extraño ocurrió.
Los piratas y los cadáveres se difuminaron hasta desaparecer.
Rock sintió una extraña sensación de frío en los pies. Miró al suelo y se dio cuenta de que eso era porque tenía los pies sumergidos en agua. El barco se estaba hundiendo.
En ese momento, Rock despertó sobresaltado en su cabaña de la tribu, despertando a Bangoo.
- ¿Qué pasa? – preguntó el chico, ya un adolescente, somnoliento.
- Nada, Bangoo, no pasa nada. Ha sido...una pesadilla. Vuelve a dormir.
- Está bien, pero no me vuelvas a despertar. – se quejó Bangoo.
Bangoo volvió a acostarse y Rock permaneció en vela un rato, pensando en el sueño que acababa de tener.
La pareja que había sido asesinada por el pirata le resultaba extrañamente familiar...y por alguna razón lamentaba mucho su muerte.
Decidió que no era bueno pensar demasiado en ello y se quedó dormido al poco rato.
...
A la mañana siguiente, Rock le contó su sueño al hechicero.
El hechicero, al oír el relato de Rock, sonrió satisfecho.
Le explicó que creía que el sueño no había sido tal, sino un recuerdo. Un recuerdo potenciado por el brebaje que tomó la noche anterior.
Rock no estaba seguro de ello, pero decidió que debía averiguar más, así que le pidió al hechicero que le diera un poco más del brebaje.
Esa noche volvió a soñar.
En esta ocasión, el sueño fue mucho más nítido y mucho más agradable.
Se encontraba en la cubierta del mismo barco con el que había soñado la noche anterior, apoyado en la borda. Estaba mirando hacia el mar, iluminado por los rayos del sol de mediodía.
Pero sus oídos no estaban centrados en el sonido de las olas del océano, sino en la conversación que dos personas mantenían cerca de él.
- Mira, Catherine. Llevaba años buscando algo como esto. Y por fin lo he encontrado.
- ¿No crees que puede ser peligrosa?
- Mujer, no tiene vida propia.
- Yo sólo digo que quizá no sea tan buena idea llevárnosla aquí, tan cerca de nuestro hijo.
- Tonterías. Con esto puedo hacer el negocio de mi vida. No hay más que hablar. Voy a dejarla en la bodega.
Rock decidió entonces girarse y ver qué era aquello que tanto preocupaba a Catherine.
Al darse la vuelta, vio como el hombre bajaba hacia la bodega. Y en las manos llevaba una espada. Una espada con un ojo en medio de la hoja. La misma espada que los piratas robarían esa misma noche, no sin antes matar a la pareja que hacía un momento acababa de discutir.
Estaba ensimismado en sus pensamientos cuando la mujer se acercó a él y le dijo:
- William, hijo, en unos minutos estará lista la comida.
Una vez más, Rock despertó de golpe al lado de Bangoo, de nuevo en América, en el presente.
Afortunadamente, esta vez Bangoo no se despertó.
Ahora Rock recordaba todo.
Aquella pareja que discutía en la cubierta del barco eran sus propios padres, y esa misma noche serían asesinados por el pirata Cervantes, con el único objetivo de conseguir la espada que tan entusiasmado tenía a su padre.
Y lo que es más, Rock había tenido un nombre verdadero. Se llamaba William. William Adams.
La rabia que sentía en su interior en esos momentos es indescriptible con palabras.
La imagen de Cervantes delante de los cadáveres de sus padres le rompía el corazón.
Rock decidió que debía hacer algo.
Estaba dispuesto a salir en busca del pirata y la espada. Su mayor deseo en ese momento era asesinar al hombre que había acabado con la vida de sus padres, y recuperar el tesoro que les había sido arrebatado.
Con todos estos pensamientos en mente, miró a Bangoo, que dormía plácidamente.
Pero al contrario de lo que cabría esperar, la visión de su hijo adoptivo no le hacía dudar del viaje que estaba a punto de emprender.
Era más bien al contrario, le motivaba. Le motivaba tener algo a lo que volver después de cumplir su objetivo. Le motivaba tener alguien con quien ser feliz cuando todo acabara.
Rock estaba decidido. Nada podría detenerlo.
Nada...excepto el extenso océano que separaba su continente de aquel en el que supuestamente se encontraba la espada.
