La mañana siguiente a ser dejado inconsciente por Mi-na, Hwang despertó en el suelo de la armería del dojo, mareado y confuso.
Se levantó como pudo y salió del almacén de armas, que se encontraba fuera del dojo.
El sol aún estaba saliendo. Todo el mundo en el dojo debía seguir durmiendo.
Aún adormilado, y sin recordar muy claramente lo que había sucedido, entró en el dojo en dirección
a la cocina, para llevarse algo a la boca que le diera las energías suficientes para intentar reconstruir lo que había ocurrido la noche anterior.
Pero para su sorpresa, al entrar en la cocina descubrió que había sido saqueada. Los armarios estaban abiertos y la comida que quedaba estaba desordenada, aunque una gran parte había desaparecido.
Entonces Hwang empezó a recordar. Recordó que lo último que había oído antes de recibir el golpe había sido dicho por Mi-na: "Esto me va a doler a mí más que a ti."
Y empezó a relacionar los sucesos ocurridos.
Para confirmar sus sospechas, volvió a la armería. Tal y como pensaba, una de las armas había desaparecido. En concreto, una lanza.
Sólo necesitaba comprobar una última cosa para terminar de elaborar su teoría.
Se dirigió a la habitación de Mi-na y, a riesgo de encontrarla dentro y tener que aguantar una de sus rabietas, entró en ella.
Como había supuesto, la habitación estaba completamente vacía. No sólo no había nadie en ella, sino que todas las pertenencias de Mi-na tampoco estaban.
Sin duda, Mi-na había escapado del dojo. Para ello, se había llevado un arma, provisiones y todas sus pertenencias. No estaba seguro de por qué lo había hecho, pero el hecho de que los hubiera escuchado hablar a él y a su padre la tarde anterior le hacía intuir que Mi-na iba a cometer la locura de buscar Soul Edge ella sola.
Sin pensarlo ni un momento, se dirigió al dormitorio de los señores Seong.
Sabía que el dueño del dojo se molestaría mucho por despertarlo tan temprano. No era uno de esos maestros que seguían entrenándose hasta su muerte y exigían trabajo continuo a sus alumnos. Era más bien permisivo. Él mismo dormía hasta casi el mediodía, y sus alumnos tenían derecho a descansar un máximo de doce horas diarias, las doce que cada uno eligiera.
Pero la situación era de gravedad. Se trataba de la hija del maestro. Estaba seguro de que el maestro comprendería el motivo de la molestia.
Al llegar frente a la puerta de los Seong, dudó un instante y después llamó un par de veces con los nudillos.
No obtuvo respuesta, así que insistió. Nada.
Estaba a punto de entrar de golpe en la habitación cuando escuchó una voz a su espalda.
- ¿Qué haces?
Hwang se giró. Ante él estaba Yunsung, el chico que andaba detrás de Mi-na.
- Necesito hablar con el maestro. Pero a ti no te importa. Vuelve a tu dormitorio o sal a entrenar. – respondió Hwang secamente.
- No creo que al maestro le guste que lo molesten tan pronto. – contestó Yunsung ignorando la orden de Hwang.
- Tampoco a mí me gusta que un niñato ande metiendo las narices en mis asuntos. – dijo Hwang en un tono de voz amenazante, encarando a Yunsung.
Ambos se quedaron unos segundos mirándose fijamente a los ojos, desafiantes.
- Quizá sería más conveniente que lo hablaras antes con Mi-na. – aconsejó Yunsung. – Ya está despierta. He visto la puerta de su habitación abierta y no estaba dentro.
Hwang frunció los labios, demostrando que estaba perdiendo la paciencia.
- Sólo es un consejo. – concluyó Yunsung, antes de marcharse con paso firme.
Hwang esperó a que se alejara lo suficiente y entró en el dormitorio de los Seong.
En ese preciso momento, Han-Myeong estaba levantándose de la cama, mientras su mujer aún dormía.
Ambos hombres se quedaron paralizados unos segundos, hasta que finalmente el maestro reaccionó.
- ¿Se puede saber qué haces todavía aquí? – susurró el maestro, para no despertar a su mujer.
- Eh...
- Espérame fuera. Este no es lugar para discutir sobre esto.
Hwang hizo una reverencia y se retiró, cerrando la puerta del dormitorio.
...
- ¿Que Mi-na ha hecho qué? – exclamó sorprendido Han-Myeong cuando Hwang le explicó lo ocurrido.
- Lo siento, maestro. Debí haber hecho algo más por evitarlo. Pero me pilló por sorpresa.
- ¿Pero a qué se deberá tal acto de rebeldía? – dijo Han-Myeong, indignado.
- No lo sé, maestro. Pero podría deberse a...
Hwang se calló.
- ¿Sí? – inquirió el maestro.
- Verá...ella me confesó que...no quería que yo arriesgara mi vida en una misión tan peligrosa. Quizá ella ha querido tomar mi papel para evitarlo.
Han-Myeong estaba meditando sobre ello, cuando una voz los interrumpió. Una voz repelente que a Hwang le resultaba odiosamente familiar.
- Eso es absurdo. – opinó Yunsung, saliendo del escondite desde el que había estado espiándolos.
- ¡Hong Yunsung! – lo reprendió el maestro. - ¡Esta era una conversación privada!
- Si su hija escuchó una, ¿por qué no yo? – replicó Yunsung insolentemente.
- ¡Mira, chico, retírate antes de que te dé una bofetada! – exclamó Hwang.
- Tranquilízate, Hwang. – pidió el maestro. – Ese no es el estilo de este dojo.
Se dirigió a Yunsung.
- Tu castigo será limpiar el arsenal de la armería esta semana. Y deberías largarte ya si no quieres que sea durante todo el mes.
- ¿Qué piensan hacer respecto a Mi-na? – preguntó Yunsung ignorando las palabras del maestro.
- ¿Eres sordo, chico? – dijo Hwang malhumorado. - ¡Desaparece de nuestra vista!
Yunsung lo miró a los ojos con descaro.
- Yo de aquí no me voy hasta no saber lo que vais a hacer. Porque o vais a buscarla vosotros...o iré yo mismo.
- ¡Ja! – rió Hwang sarcásticamente. – Sería difícil hasta para mí, así que imagínate para un crío como tú.
- ¡Basta ya! – ordenó el maestro. - ¡Yunsung, retírate inmediatamente o las consecuencias pueden ser muy desagradables!
Yunsung no cambió su gesto desafiante.
- Está bien. Me retiro.
Yunsung se alejó a paso ligero hacia la armería. Pero no con la intención de limpiar las armas.
Buscó entre los sables y encontró el que buscaba. El sable favorito de Hwang, aquel que siempre usaba en las exhibiciones y entrenamientos.
Lo cogió, se lo enfundó y se marchó decidido del dojo, logrando que Hwang y el maestro no lo vieran.
Ni siquiera se preocupó en coger provisiones. Su seguridad en sí mismo era enorme, y confiaba en poder sobrevivir por sus propios medios.
Mi-na podía ser la hija del maestro y estar enamorada de Hwang, pero había algo que tenía en común con Yunsung. La rebeldía.
Yunsung iba a encontrar a la chica que amaba. Costase lo que costase.
