¡Hola a todos! Antes de que leais este capítulo os quiero preguntar algo, especialmente a aquellos que hayais leido y pretendais leer la historia entera. ¿Cada cuánto quereis que suba un capítulo? He traducido bastantes capítulos después de éste, así que tengo unos cuantos "de ventaja". Podría subir uno al día si quereis, puede que incluso más, pero imagino que podría ser demasiado para vosotros. Así que lo dejo a vuestra elección. Si no recibo ninguna respuesta, seguiré subiendo un capítulo cada dos o tres días. ¡Gracias por leer!
Capítulo 13: A la deriva
Rock había contado sus recuerdos y sus intenciones a toda la tribu. Pero todos le decían lo mismo.
La espada estaba al otro lado del océano. Nunca podría encontrarla.
Sólo dos personas en la tribu creían en Rock. Bangoo y el hechicero.
Éste tuvo una idea.
Según Rock había contado, los dos sueños que había tenido ocurrían en una enorme estructura de madera capaz de flotar, que se llamaba, según Rock recordaba, barco.
La idea del hechicero no era otra que construir uno con el que Rock pudiese salir mar adentro.
A Rock le pareció buena la idea y decidieron ponerla en práctica.
El hechicero tenía la inteligencia suficiente como para diseñar la estructura del barco, y Rock una fuerza y resistencia con las que podía talar una gran cantidad de árboles en relativamente poco tiempo.
Sin embargo, dos hombres y un adolescente no son suficientes para construir un barco, por muy fuertes o inteligentes que sean.
Durante días estuvieron intentando convencer a la tribu, pero todos creían que era una de las disparatadas ideas del hechicero, que rara vez salían bien.
Así que tuvieron que conformarse con construir una balsa medianamente grande y lo suficientemente resistente para aguantar el peso de Rock.
Bangoo también quería colaborar, así que se encargó de explorar la selva en busca de frutas y otras provisiones para que Rock las llevara en su viaje.
No sabían lo lejos que el Viejo Continente se encontraba de allí, así que construyeron un aparejo de pesca para que a Rock nunca le faltase la comida.
Pero sin duda, el mayor problema de todos sería el agua.
No tenían ningún recipiente lo suficientemente grande como para almacenar toda la que Rock podría necesitar.
Su única esperanza era el agua de la lluvia, ya que el clima de la zona era muy lluvioso.
Llovía aproximadamente una vez cada tres días, y las lluvias eran muy fuertes, por lo que un hombre fuerte como Rock quizá pudiese bastarse de ellas para hidratarse lo suficiente como para sobrevivir.
Era muy arriesgado, pero Rock estaba decidido a encontrar la espada, y esa era su única oportunidad.
Con lágrimas en los ojos, Bangoo y él se despidieron. El hechicero le deseó suerte y le dio un amuleto, consistente en un colgante con una cruz de madera, que Rock se ató al cuello.
Los tres juntos empujaron la balsa hasta el mar y Rock se montó en ella, con todas las provisiones, el aparejo de pesca y, como arma, el hacha que había usado para talar los árboles.
También llevaba una rama larga y gruesa que le serviría como remo.
Cuando la balsa ya estaba muy lejos de la playa, y ésta se veía en el horizonte, Rock echó una última mirada al lugar que había sido su hogar durante casi diez años.
Estaba decidido a volver algún día, con Soul Edge bajo el brazo y el cadáver del asesino de sus padres a sus espaldas.
...
Pero el viaje no sería tan largo como Rock había esperado.
Dos semanás después de salir de América, tras ocho días y siete noches de remar incansablemente, un navío interceptó su balsa.
El barco se detuvo y se escuchó una voz que ordenó:
- Subidlo.
Rock estaba confuso, y antes de que pudiera darse cuenta, lo habían subido a la cubierta de la nave.
Vio como unos hombres llevaban el hacha, el aparejo de pesca y las provisiones a la bodega.
Entonces, otros dos lo agarraron por los brazos y, a rastras, lo llevaron ante el que había dado la orden de recogerlo.
Había algo extraño en aquellos hombres. Tenían la piel de un tono extremadamente blanco, y las manos más frías que el océano del que acababa de escapar.
Los hombres se marcharon dejando a Rock tirado a los pies del capitán.
- ¿Quién eres? – preguntó. Su voz era grave y no demostraba simpatía.
- Me llamo Rock. – contestó el otro sin levantar la cabeza.
- ¿Y de dónde has salido...Rock? – volvió a preguntar, extrañado por el curioso nombre.
- Eso no te importa. – replicó Rock, que estaba exhausto.
- Tienes razón. Pero ahora estás en mi barco. Veo que tienes brazos fuertes. Podrías servir para mi tripulación.
- Lo siento, pero no puedo. Tengo cosas importantes que...- pero en ese momento Rock levantó la vista, y lo que vio le dejó mudo.
De pie ante él, con un elegante traje de pirata y la piel putrefacta, se hallaba el pirata Cervantes.
