Hola! qué tal están? Yo disfrutando de una semana forzada de semi-vacaciones gracias al rector de la universidad.
Una cosita: En el blog, en los gadgets de la derecha siempre estará el video de la canción que mencione en los capítulos, además en la semana subiré imágenes de algunas cosas. Avisaré por facebook. (Links en mi perfil)
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de Stephenie Meyer. La historia es mía y está protegida en Save creative código 1210082477334.
Capítulo 5
"No temas a la ilusión, sino al despertar"
Anónimo
Tres días después está parada frente al espejo del cuarto de baño. Sonríe, pues sigue recordando las palabras de él acerca de sus ojos y aunque nunca ha sido tímida se sonroja porque nadie nunca había notado eso en ella.
Lava sus manos y se las pasa por la nuca. Lleva un moño alto, un pantaloncillo corto de mezclilla clara y una camiseta larga y ancha de color azul. Las temperaturas no bajan de los treinta grados Celsius a pesar de ser ya las nueve de la noche; de igual forma suma a su atuendo una sudadera negra que cuelga desde sus caderas.
Vuelve a su habitación. Renée está sentada en la cama pintándose las uñas de los pies de un rojo furioso. La mujer lleva un pantalón corto color blanco y una blusa ancha de gasa roja transparente; una flor del mismo color adorna su oreja. Isabella la mira fijamente, con una pequeña espinita en su interior que cree que son celos, pues a veces desearía ser igual de hermosa y desinhibida que su madre.
Renée levanta la mirada y frunce el ceño mirándola de arriba abajo.
—No pensarás ir así, verdad —Isabella se mira también creyendo que se olvidó de algo, pero todo está en su lugar por lo que le devuelve la mirada intrigada—. Ponte el vestido blanco que te tejí el año pasado; has crecido y tienes más pecho, seguramente ahora ya te queda.
Claro que le queda, el pasado año también le quedaba, pero ella se sentía tan incómoda con él que prefirió decirle a Renée que estaba demasiado grande y no herirla diciendo que no era su tipo y que jamás lo usaría.
—No creo que sea la ocasión…
—Es perfecto para una fiesta en la playa… anda póntelo, aún tenemos tiempo.
El entusiasmo de Renée la pone nerviosa y cuando está pensando en la próxima excusa la mujer ya lleva el vestido blanco en la mano y antes de que ella pueda decir algo la está empujando hasta el baño y poniendo el vestido en sus manos.
—Si lo encuentras muy corto puedes dejarte el short debajo —grita su madre desde fuera al tiempo en que Isabella está sacando la cómoda playera.
.
Fortunate Son de Creedence suena fuerte mientras Renée conduce camino a Long Beach. Por mucho que trató deshacerse de ese compromiso, Isabella se quedó sin excusas y ahora va de copiloto mientras se dirigen al cumpleaños de Emmet y para colmo usando ese minúsculo vestido blanco de hilo que su madre le hizo ponerse.
Aunque realmente no está molesta por ello, lo que le molesta es que por mucho que se niegue a aceptarlo, una vez más está teniendo ilusiones y ese sentimiento de pertenencia que se había prometido no concebir más; no sabe si es porque su madre parece ser feliz de una manera sana o porque ella está siendo incluida en la ecuación.
También tiene miedo; Los Ángeles le está gustando demasiado para su propio bien y aunque se reúse a aceptarlo anda paranoica buscando algún indicio del chico al que ayudó hace unos días… lo cual es otro aliciente más para estar a gusto allí y por lo mismo para asustarse.
Sabe que todo aquello es contradictorio y estúpido y ella no se caracteriza por ser estúpida, de hecho es demasiado sagaz que a veces le da miedo haber perdido la capacidad de ilusionarse y creer en algo… cansa ser racional y a veces quisiera sorprenderse y pretender que las cosas serán diferentes, pero entonces sus temores ocultos vuelven a decirle que es mejor no sentir nada.
—Quizás debería llamar a Alice y pedirle un consejo —piensa acordándose de su única amiga, mas de inmediato se acobarda pues su amiga no dudará en decírselo a Phil y no podría lidiar con él ahora.
Su madre apaga la radio y cuando Isabella reacciona ya están estacionadas en una costanera; ha estado pensando más de lo normal otra vez y se reprende mentalmente por ello.
—¿Dónde estamos? —pregunta desorientada.
—Estamos en la península de Long Beach. Allá —apunta hacia el noreste— está el Bayshore Park. Esta es una zona residencial con playa privada; un amigo de Emmet tiene una cabaña y la prestó para la fiesta… ¡vamos Isa, sal ya! —grita lo último eufórica. Isabella solo mueve su cabeza de un lado a otro condescendiente.
Baja del coche y el bajo de una pegajosa canción resuena por todo el lugar. Se escuchan gritos, risas estridentes y consignas típicas de una fiesta. Ella nunca ha sido muy asidua a esos ambientes, aunque claro, con quince años no es mucho lo que legalmente se le tiene permitido hacer.
Isabella observa que frente al estacionamiento hay una fila interminable de tiendas que se pierden más allá de lo que sus ojos alcanzan a ver. Muchas personas pasean mirando hacia los escaparates, tomando helado o batidos de frutas y ella se siente tentada a quedarse allí en vez de bajar hacia la playa.
Sin embargo, Renée es más rápida y la toma del brazo antes de darle tiempo a arrepentirse y tira de ella por unos escalones y luego unos adoquines hasta que están en el epicentro del ruido: una improvisada cabina de DJ donde Emmet payasea cambiando la música cuando la gente va a empezar a cantar la canción anterior.
Renée lo abraza y él se ve más relajado que la última vez; ella se alegra porque después de la cena del domingo su madre parecía preocupada de que Emmet no la fuese a aceptar como la pareja de su padre.
—BellyBells —canturrea saludándola y ella ríe por el apodo idiota que queda en el intento de variar su nombre.
—Solo Isa, ok —murmura en vano ya que con el volumen de la música no se oye nada.
—Puedes servirte lo que quieras —grita el grandulón—; siéntete como en tu casa.
Fuera de lugar, opta por buscar a su madre y al menos no estar sola, pero desiste en el momento en que la ve de espaldas con las manos de Carlisle en su trasero… ni loca se acercará un paso más.
Se acerca entonces a una mesa larga llena de tragos, frutas y snacks que está pegada a la casa y toma distraída una brocheta de sandía y melón, pasándola luego por la máquina de baño de chocolate que está justo al centro de todo.
Mira hacia la casa y aunque es de noche nota que es de dos pisos y está rodeada de vidrio. Se imagina como será de día con el sol rodeándola y pegando en distintos ángulos y hasta se puede ver contemplando el atardecer frente a la terraza principal tomando una limonada.
Vuelve la vista hacia donde está la gente, ve a su madre bailando sensualmente rodeada de un círculo de jóvenes que la vitorean a seguir y ve como Carlisle llega a marcar territorio pegándose a ella por detrás y a seguirla en sus movimientos.
Incómoda desvía la vista un poco más a la derecha y es entonces cuando lo ve.
Está en un grupo apartado con dos chicas y Emmet. Se ve mucho más relajado que cuando lo vio la primera vez en la carretera y está riendo a carcajadas.
Nada ocurre nunca por casualidad
Las palabras que siempre pronuncia Renée le dan valor para acercarse al grupo, total solo lo va a saludar y a preguntarle amablemente por su madre… —quizás también podamos presentarnos como es debido y así tener un nombre real para llamarlo en mis sueños —se dice con ilusión.
Agradece la insistencia de su madre en relación a su vestido y trata de levantar la cabeza y caminar en línea recta y sin tropezar a pesar de lo inestable del terreno. No es hasta que está a un par de metro que lo ve abrazar y besar en la sien a una chica rubia que se le hace familiar… es Rosalie.
Está a punto de devolverse, pero Emmet la sorprende y la llama para que se una al grupo.
—Chicos, ella es Isa, mi nueva hermana —le da una mirada al Chico Diplomacia y ella le sonríe en reconocimiento. —Isa, ellos son Rose —apunta a la rubia—, Irina—apunta a una chica colorina y alta que le sonríe —y él es mi mejor amigo y dueño de esta hermosa casa: Edward.
—¡Hola! —se acerca a él con la intensión de besar su mejilla, pero él a penas la mira y susurra un saludo casi por obligación.
Emmet lo mira extrañado y parece sospechar algo.
—¿Se conocen? —pregunta Emmet intrigado.
—Si —dice ella con naturalidad
—No —grita él al mismo tiempo con el ceño fruncido.
Era demasiado hermoso para ser real.
—¿Si o no? —cuestiona divertido Emmet.
Edward la mira un momento y ella no está segura si lo que ve es miedo o súplica. No le importa mucho, si él quiere negar que ella lo ayudó, no será ella quien lo eche al agua.
—Creí que lo conocía, pero viéndolo de cerca creo que me equivoqué.
Entonces Rosalie para distender el ambiente la saluda amablemente con dos besos en las mejillas y le cuenta a Irina lo maravillosa que es Isabella para hacer las uñas y para dar masajes en los pies. Isabella sonríe. Siempre es bueno recibir elogios, pero recibirlos de alguien que parece perfecto como Rosalie es realmente halagador.
Irina es amiga de Emmet y está de visita en la ciudad solo por el cumpleaños del chico. Es delgada y alta. Tiene el cabello naranjo lacio, ojos pequeños, nariz aguileña y labios finos. Su rostro es flaco y pálido, terminado en una barbilla algo sobresaliente. Es encantadora y parece sonrojarse por cualquier cosa, como cuando Edward le dirige la palabra.
Isabella no habla, solo les escucha para hacerse una idea de ellos. Se siente un poco mejor cuando nota que la relación de Edward y Rosalie es más amistosa que romántica y que ninguno de los dos se mira de otra manera. Nunca creería que alguien como Edward se fijaría en ella, pero preferiría no verlo con otra chica si puede evitarlo.
—Edward, necesito ayuda legal —vocifera Emmet—; supongo que ahora sí podrás ayudarme.
Isabella frunce el entrecejo extrañada. Edward no parece un abogado, ni siquiera habla como uno… aunque siempre hay excepciones y seguramente él solo se salía del estereotipo típico.
—Emmet, me quedan dos años en la escuela y ni siquiera me estoy especializando en asuntos de ética laboral; no puedo ayudarte, pero mañana puedo contactarte con alguien especializado.
—No quiero a uno de los estirados abogados de tu papá —vocifera algo molesto—. En Darthmount también tenemos abogados, pero por ahora solo quiero el consejo de un amigo que en cuatro años en la escuela de derecho habrá aprendido algo.
—Ya te lo dije: no es mi área y no puedo ayudarte —dice sin dar lugar a una replica por parte de Emmet—. Lo siento —agrega cuando parece darse cuenta de su genio—. Voy por una cerveza —da media vuelta y camina hacia la mesa de los bocadillos.
Isabella sigue a Edward con la mirada y puede sentir lo nervioso que está, tanto o más que cuando ella quiso decir que se conocían. Los otros tres, en cambio, ignoran a Edward y comienzan una conversación sobre personas que ella no conoce.
Aburrida y cansada de estar de pie en el mismo lugar, comienza a caminar hacia el mar para escapar un poco del bullicio. Se quita las zapatillas y va hacia a la orilla para dejar que las olas bañen sus pies.
Sonríe cuando nota que unos metros más allá hay algunas aves marinas, aunque se molesta cuando nota lo perturbadas que están por el exceso de ruido. Sigue caminando para acercarse un poco más, pero al parecer estaban más lejos de lo que se esperaba porque cuando mira alrededor ve que está casi frente a otra casa.
—Deberías volver con el grupo —la voz de Edward la sobresalta y asustada mira hacia atrás para encontrarlo casi pegado a ella.
—Lo siento, me entretuve mirando las gaviotas y no me di cuenta que ya no estaba en tu propiedad —se siente estúpida al mencionar lo de las aves, pero le ve sonreír.
—No te preocupes, no creo que a Peter le importe que estés aquí —ella le mira sin entender—; Peter es el dueño de este pedazo de la playa y es un muy buen vecino.
Asiente entonces y luego se deja caer en la arena y vuelve a mirar las aves que se mueven de un lugar a otro desorientadas. Edward la imita y se sienta a su lado mirando hacia el mismo lugar.
—¿Te gustan las aves? —pregunta él con voz suave.
—Me gustan las aves migratorias. Estas —apunta hacia adelante— son Gaviotas de Franklin y he de suponer que esta es la última escala en nuestro país antes de volar a Centroamérica.
—¿Y por qué son tan inquietas? —él parece interesado y ella cree que su corazón jamás ha latido tan fuerte como ahora.
—La música está demasiado alta, eso les perturba.
Se quedan en silencio por lo que parece un largo rato. La música trona fuertemente, tan fuerte que solapa al sonido del mar, pero una vez más siente que este un momento trascendental en su vida y aunque no quiere ilusionarse es imposible no hacerlo cuando a su lado parece encontrarse todo lo que ella sin saber buscaba.
—Siento haber dicho que no te conocía —murmura Edward, tan bajito que ella apenas logra escucharle—. Lo de mi madre es complicado y no quiero que nadie lo sepa.
Ella asiente, mas no dice nada. Con solo mirarlo logra comprender que Edward guarda muchos secretos y más de un esqueleto en su armario y que eso lo mantiene en estado de alerta constante, como esperando que en cualquier momento algo se descubra.
Ella sabe entonces lo que debe decir, al menos para darle un poco de paz por esta noche:
—Tu secreto está a salvo conmigo.
Gracias a Anyreth por betear este capítulo y gracias a todos quienes me agregan a favoritos, alertas y por supuesto a quienes comentan. Intento contestarles a todos lo mejor que puedo así que si tienen alguna duda pueden preguntar y ya veré si puedo responder o al menos dar una señal.
Nos leemos
