Capítulo 18: El pozo del dinero

Tras días de viaje, Sophitia y Cassandra llegaron a las costas de Grecia.

Pasaron un buen tiempo intentando encontrar a alguien que aceptase llevarlas hasta Japón por mar, un viaje sin duda muy largo y difícil.

Al fin, un marinero retirado aceptó llevarlas con la condición de saber el motivo de su viaje.

Así que Sophitia se vio en la obligación de contarle todo lo concerniente a Soul Calibur, Soul Edge, el encapuchado y la amenaza sobre sus hijos.

- Esas espadas de las que hablas... – inquirió el marinero. - Deben ser muy valiosas, ¿verdad?

- Sí, por supuesto. – afirmó Sophitia.

- Quizá...sólo quizá...no haga falta viajar tan lejos, señoritas.

- ¿Y eso? – preguntó Cassandra.

- ¿Han oído hablar del maestro Vercci?

Ambas negaron con la cabeza.

- Por esta zona es muy conocido. Era un respetado maestro de lucha, pero también era muy codicioso. Cuando se retiró, se dedicó a buscar tesoros por todo el mundo. Encontró algunas de las más valiosas joyas y armas del globo. Pero dicen, que su avaricia era tal, que para evitar que alguien encontrara su tesoro, excavó un profundo pozo en una de las islas del Mediterráneo, y ocultó allí todo su botín.

Las hermanas escuchaban con atención.

- Muchos han ido en busca del "Pozo del Dinero", como es conocido. Pero ninguno ha vuelto con vida.

Sophitia sintió un escalofrío y Cassandra dio un respingo y chilló levemente.

- Si esas espadas son tan conocidas y valiosas como dicen, seguro que Vercci fue en su busca. Y quizá tuvo éxito.

- ¿Se sabe con exactitud dónde está ese pozo? – preguntó Sophitia.

- Con total exactitud, no. Pero créanme, seguro que está más cerca que Japón. – contestó el marinero riendo.

- ¿Usted...nos ayudaría a buscarlo? – pidió Sophitia.

- Durante los últimos 3 años, lo más emocionante que he hecho ha sido pescar. Así que...¿por qué no? Por mí podemos salir ya mismo.

- ¿En serio? – dijo esperanzada Sophitia.

- Claro. Seguidme. – indicó el hombre, mientras se dirigía hacia el puerto.

Sophitia lo siguió.

- ¡Sophitia! – gritó Cassandra. - ¿Qué parte de "ninguno ha vuelto con vida" no has escuchado?

Sophitia la ignoró.

- ¡Sophitia!

Cassandra se vio obligada a seguir a su hermana y al marinero, mientras farfullaba malhumorada.