Capítulo 22: Li Long

Edge Master cayó al suelo. Kilik era el que lo había tumbado.

Por fin lo había conseguido.

Se habían enfrentado en combate unas cien veces, la mayoría en el último mes, y Edge Master siempre había salido victorioso. Pero ahora, Kilik había logrado, de una vez por todas, superar al maestro.

Nunca una derrota fue tan dulce para nadie como lo fue aquella para Edge Master. La satisfacción y orgullo que sintió al comprobar que su alumno había logrado vencerle hicieron que el maestro se levantara riendo y abrazara a Kilik.

También era cierto que Kilik sólo había conseguido vencerle usando la vara, mientras que el maestro dominaba todas las disciplinas de lucha, pero al menos el alumno tenía una en la que destacaba.

...

El maestro permitió a Kilik descansar durante el resto del día, como recompensa, y se ofreció a salir a cazar un sabroso animal para poderlo degustar aquella noche.

Kilik aceptó encantado, así que se quedó solo mientras Edge Master bajaba la ladera con su cuchillo de caza.

A pesar de que Edge Master le había concedido el día libre, Kilik adoraba todo lo que tuviera que ver con la lucha, así que siguió entrenándose un par de horas.

Al finalizar su entrenamiento en solitario, se tumbó en la hierba esperando la vuelta del maestro.

Se hizo de noche y el maestro aún no regresaba.

Kilik supuso que se había alejado persiguiendo algún animal, así que permaneció en el suelo mirando las estrellas.

De repente, escuchó un ruido cerca de allí. Parecía que alguien se aproximaba al templo.

- ¿Maestro?

Kilik se levantó y se acercó sigilosamente al lugar del que provenía el sonido.

Le pareció ver movimiento entre unos arbustos, así que se dirigió hacia allí.

Estaba a punto de mover uno de los matorrales para ver quién había detrás cuando un hombre lo agarró por la espalda, tapándole la boca.

- Tranquilo, chico. No quiero hacerte daño. Sólo quiero saber dónde está tu maestro.

Le soltó la boca.

- ¿Quién eres? – preguntó Kilik. - ¿Por qué me has agarrado por la espalda?

- Por favor, contesta a mi pregunta. – dijo el hombre, sin soltarlo.

- No pienso decirte nada.

El hombre suspiró.

- No me dejas otra opción.

El hombre empujó a Kilik contra un árbol y sacó un nunchaku que tenía un filo cortante en cada extremo. Puso uno de ellos en el cuello de Kilik, inmovilizándolo contra el tronco.

- ¿Dónde está? – gritó el hombre.

- ¿Li Long? – dijo alguien detrás de ellos.

El hombre se dio la vuelta. Era Edge Master, que cargaba a hombros un jabalí muerto.

El hombre soltó a Kilik y se dirigió al maestro.

- Hola, maestro. – saludó Li Long.

- ¿Qué está pasando aquí? – preguntó enojado Edge Master, soltando el jabalí.

- Vengo del imperio Ming, en nombre de Chai Zhang.

- ¡Chai Zhang! Si no me equivoco fuisteis compañeros cuando os enseñé en este templo.

Li Long asintió.

- ¿Qué es de su vida?

- Está muerto. – dijo Li Long con rabia. – Los oficiales de Ming lo mataron.

- ¿Qué? – exclamó Edge Master.

- Te escribió una carta. Los oficiales la encontraron y, evidentemente, no les gustó lo que ponía en ella.

- ¿Qué decía la carta? – preguntó Edge Master incrédulo.

Li Long miró a Kilik con recelo.

- ¿Es de fiar?

- Por supuesto. Todo lo que tengas que decirme puede oírlo él también.

- Está bien. – suspiró Li Long.

Li Long contó a Edge Master y Kilik el contenido de la carta.

- Todo eso es horrible. – dijo Edge Master.

- Sí. – coincidió Kilik. – Pero ahora tenemos un motivo más para destruir Soul Edge.

- Yo he de irme. – dijo Li Long. – Pedí unos días para asuntos personales, pero en quince días tengo que estar de vuelta en el imperio. Y el camino no es corto.

- Está bien. Cuídate. – aconsejó Edge Master.

- Me temo que...tendré que buscar Soul Edge para el imperio, si no quiero acabar como Zhang. Sinceramente, espero que tengais más éxito que yo.

Estrechó la mano de Edge Master.

Antes de irse, se dirigió a Kilik.

- Perdóname por cómo me he presentado. Pero no podemos confiar en nadie.

- Está bien, lo entiendo. – comprendió Kilik.

- Hasta la próxima.

Li Long empezó a descender la ladera de la montaña a paso ligero.

Kilik y Edge Master se miraron, con clara expresión de miedo en sus ojos.

Descansa bien esta noche. – dijo el maestro. – Mañana nos vamos.