Capítulo 25: Una noche en el bosque
Mi-na estaba arrepentida.
Su cabezonería la había llevado a embarcarse en una misión imposible, que no tenía ni idea de cómo llevar a cabo.
Era de noche. Estaba sentada en un tronco en mitad del bosque, cabizbaja, dibujando círculos en la tierra. Tenía al lado una bolsa con todas las provisiones.
No sabía qué hacer.
Se puso a pensar mientras comía una manzana.
Por un momento pensó que simplemente debía volver a casa, pasar la mayor vergüenza de su vida y ser terriblemente castigada por su padre.
Otro pensamiento, el de su lado rebelde, tenía la "gran" idea de caminar sin rumbo, adonde sus pies la llevaran, y preguntar a la gente sobre Soul Edge hasta encontrar información valiosa.
Estaba intentando decidir algo cuando un hombre que pasaba por el camino se dirigió a ella.
- Perdone, señorita, ¿sabe si hay cerca algún lugar donde pueda hospedarme?
- No sé. – refunfuñó Mi-na sin levantar la cabeza. – Hay un dojo siguiendo este sendero, pero hay dos días de camino.
- ¿Y...no hay nadie por aquí cerca? – quiso saber el extraño.
- Que yo sepa, usted y yo. – respondió Mi-na mientras masticaba la manzana.
Antes de que Mi-na pudiera reaccionar, el desconocido desenvainó un pequeño cuchillo y la agarró del cuello, haciendo que casi se atragantara.
La inmovilizó contra un árbol, le puso el cuchillo en la yugular y gritó:
- ¡Dame todo lo que tengas!
Mi-na escupió lo que tenía en la boca.
- Sólo tengo lo que hay dentro de esa bolsa, se lo juro. – dijo Mi-na con la voz ahogada.
El agresor le pegó una patada a la bolsa, haciendo que las frutas que había en su interior salieran rodando.
- ¡Aquí sólo hay comida! – gritó. - ¿Dónde llevas el dinero?
- No llevo nada. – sollozó Mi-na, mientras una lágrima le recorría la mejilla.
- Está bien. – dijo el ladrón. – Tú lo has querido.
- Por favor, no me haga nada. – suplicó Mi-na llorando.
El ladrón posó la punta del cuchillo en el pecho de Mi-na, en el comienzo de su escote. La chica no sabía si iba a matarla o a violarla, y tampoco sabía lo que prefería. Pero, antes de que el tipo pudiera hacer cualquiera de las dos cosas, alguien se abalanzó sobre él.
Mi-na respiró hondo al ser liberada de la mano de aquel hombre y, cuando recuperó el aliento, vio lo que estaba pasando.
En el suelo, peleándose por el cuchillo del ladrón, estaban el propio delincuente y Yunsung.
Un sable estaba tirado cerca de ellos, probablemente perdido por Yunsung durante la pelea.
De repente, el ladrón consiguió colocarse encima de Yunsung, oprimiéndole el pecho con las rodillas.
Levantó el cuchillo dispuesto ahora a matar al joven, pero en ese momento una lanza lo atravesó de espalda a pecho.
El ladrón soltó el cuchillo y Mi-na extrajo la lanza de su tórax.
El hombre cayó muerto encima de Yunsung.
Yunsung se apresuró a quitárselo de encima y levantarse, para después abrazar a Mi-na, que estaba llorando.
- ¿Estás bien? – preguntó dulcemente Yunsung mientras la abrazaba.
- Sí. Ahora sí. – contestó ella con la respiración agitada, apoyada sobre el hombro de Yunsung.
- Tranquila. Ya ha pasado.
Mi-na entonces se dio cuenta de que estaba abrazando y llorando sobre el hombro del que para ella había sido como su hermano pequeño y se apartó de él, sin demasiada brusquedad.
- Pero que sepas que hubiera podido con él yo sola. – dijo Mi-na, esbozando una sonrisa, con un tono de voz mucho más seguro.
- No me cabe ninguna duda. – respondió Yunsung con tono burlón.
Ambos rieron.
- Anda, vamos a comer algo. – pidió Mi-na.
...
Después de comer, estuvieron un buen rato hablando sentados sobre el tronco, como un par de colegas.
Mi-na estaba mucho más segura de sí misma con Yunsung a su lado.
Pero entonces, se dio cuenta de que Yunsung había aparecido de repente sin explicar por qué.
- Oye, Yunsung. – inquirió Mi-na. - ¿Por qué has venido? ¿Te ha mandado mi padre para recogerme?
- No, no es eso.
- ¿Ha sido Hwang?
- No. Hwang y tu padre están demasiado ocupados pensando en tu padre y Hwang. – replicó Yunsung con tono resentido. – He venido por mi cuenta. Pero no he venido a buscarte.
- ¿Ah, no? ¿Y entonces?
- Si quieres volver, por mí perfecto. Pero si no...iré contigo allá donde vayas. – confesó Yunsung avergonzado. – Si tú quieres, claro.
Mi-na sonrió.
- ¿Estarías dispuesto a hacer eso por mí?
- Claro que sí. – dijo él, mirándola a los ojos.
- Estaba planteándome volver, ¿sabes? – admitió Mi-na. – Pero contigo aquí...creo que podré seguir adelante.
Ambos se fundieron en un abrazo.
- Bueno, yo me voy a dormir. – dijo ella cuando se separaron. – No ha sido un día fácil.
- Está bien. Yo me quedaré un rato más despierto.
- Vale. Buenas noches.
Y con una sonrisa, se tumbó en la zona con más hierba que vio.
Yunsung estuvo un buen rato mirándola dormir. No podía apartar sus ojos de ella.
Si le hubiera pasado algo malo...Mejor no quería ni pensarlo.
Al fin, los párpados empezaron a pesarle, así que se tumbó cerca de Mi-na, y dejó que el sueño se apoderara de él.
