Todos los personajes de Rurouni Kenshin son propiedad de su autor y sólo los tomé prestados un momentito para escribir esto…
CICATRICES.
Por: NaryMont
Capítulo 06: Al desnudo
- Yumi-San, el té de Yuri-San – la apresuró Sakura sacándola de sus ensoñaciones, volteó hacia la olla donde hervía el agua, casi toda se había evaporado.
- Por favor, dile a Yuri-San que espere un poco más – le respondió Yumi echando más agua al recipiente y acomodando la bandeja para que Sakura pudiera servir el té – Lo siento me distraje y el agua se evaporó.
- ¿Qué le sucede Yumi-San? Ha estado de lo más extraña desde hace días – la jovencita la miró con el ceño fruncido y buscando los ahora muy brillantes ojos de Yumi.
- No me pasa nada, sólo es que… - no supo que responder, no podía decirle que se sentía como entre nubes luego de que la noche anterior Makoto Shishio la había tratado de aquella manera tan cordial y luego la había besado y acariciado de una forma que la hacía perder la cabeza.
- A mí no me engaña, algo le sucede, está bien si no quiere contarme, pero no esté distraída o Yuri-San puede molestarse y ya sabe que no es su persona favorita.
- Sí, lo sé…
- De hecho vengo a decirle que me indicó que usted misma sirviera su té porque quiere hablarle de algo.
- ¿Qué querrá ahora? – se preguntó Yumi, algo extrañada, esa mujer le causaba escalofríos siempre que la llamaba no era para algo bueno, aunque no del todo, la última vez sí lo había sido, fue cuando le comunicará que iría a la casa de Makoto Shishio por una semana completa, pero esa había sido la única excepción. Se abrazó a sí misma suspirando. Sakura la miró extrañada y salió de la cocina.
Yumi caminaba suavemente por el pasillo balanceando la charola con el té de Yuri-San y algunos bocadillos que sabía le gustaban a la mujer. Tocó la puerta de la habitación que servía como oficina de negocios, escuchó la voz de la mujer indicándole que pasara y entró. Yuri Matsui revisaba el libro contable y múltiples pliegos esparcidos por la mesa. Sin siquiera voltear a verla le indicó que sirviera el té y lo colocará en otra mesa pequeña que tenía para tal propósito. Cuando la bebida estuvo servida dejó sus documentos.
-Yumi como sabes esta semana estás contratada por Shihio-Sama – sólo asintió en silencio – bien luego de esa semana estarás contratada de nuevo por varios días.
- ¿Por Shishio – Sama? – preguntó la joven esperanzada, aunque tratando de ocultar la intensa emoción ante la mujer.
-No, Hiko Shima, te pidió expresamente. Es una gran oportunidad, si sabes jugar tus cartas puedes obtener lindos regalos, él es un hombre muy rico y poderoso en Kioto.
El rostro de Yumi palideció al instante, sintiendo un vacío enorme en el medio del pecho. Por un momento había olvidado que ella estaba ahí como una mercancía, ofrecida y comprada por el mejor postor, por algunas horas había echado a volar su imaginación y había dado rienda suelta a sus sentimientos, pero tenía que caer en su realidad y dejarse de tonterías. ¿Qué había pensado que sucedería?, acaso se imaginaba que todas las noches serían como su velada anterior, con un hombre amable, cenando, conversando y experimentando por primera vez unas caricias que de verdad le gustaban.
- ¿Algo más Yuri-San? – preguntó Yumi con la voz quebrada.
- Sí, ve a prepararte, ensaya y escoge un buen kimono para esta noche, Shishio-Sama pagó muy bien por ti, debes lucirte.
Durante toda la tarde y en especial cuando se diera un largo baño, Yumi había tomado una decisión, se lo debía así misma, no importaba que sólo fueran unas horas, sería feliz, al menos esos recuerdos serían su consuelo, su pedazo de paraíso en medio del infierno en el que vivía.
A la misma hora el carruaje la recogió y la llevó a la casa que ya se volvía familiar para ella, bajó con cuidado y se alisó el hermoso kimono rojo con flores amarillas que portaba esa noche. Apretó contra si el shamisen, como si el instrumento pudiera darle el valor que necesitaba. El sirviente de siempre la condujo a la misma habitación y le dijo que pasara que Shishio-sama llegaría en un momento.
Entró y se quedó algo sorprendida, la decoración había cambiado un poco, sobre los tatamis había muchos cojines de colores neutros, pero perfectamente combinados y un arreglo floral grande permanecía en la esquina, destacando los colores rosas y verdes, aromatizaba toda la habitación. Se sentó en perfecta seiza a esperarlo.
No pasó mucho tiempo hasta que la puerta se deslizó y él entrara, su corazón empezó a latir desenfrenadamente, como siempre su personalidad la abatía, una energía fuerte se volcaba con su simple presencia y eso a ella la afectaba demasiado.
-Buenas noches – saludó ella con una inclinación luego de un discreto suspiro que normalizó un poco su respiración.
-Buenas noches – contestó el hombre con una media sonrisa en el rostro, qué pasaba con ella esta noche, le parecía más radiante que antes.
- ¿Desea tomar algo? – preguntó Yumi.
- Sí, un poco de sake… Toma conmigo – le indicó Shishio y ella se levantó por la bebida, una copa para cada uno, claramente sentía la mirada de él sobre todas sus acciones, lo cual la ponía bastante nerviosa.
Shishio no perdía detalle de los movimientos de ella y seguía con insistencia cada curva de la silueta de la chica, la noche anterior poco o nada había dormido pensando en ella y ahora quería encontrar las palabras para proponerle un trato, esperaba que aceptara, Soujiro sobrepasando su conocida eficiencia, había conseguido la información que faltara, la chica no tenía un danna ni nunca lo había tenido, esperaba que entendiera cómo funcionaba eso, pero a fin de cuentas él deseaba ser más que un danna, deseaba tenerla a su lado. Era sincera, hermosa, talentosa y algo dentro de él le indicaba que no le era indiferente a la joven, aunque todavía faltaba la prueba final.
Aceptó la bebida que ella le ofreciera, luego como era la costumbre, llenó la copa de la chica, ambos brindaron y bebieron el licor lentamente. Yumi lo veía más pensativo, ensimismado, esperaba que no le estuviera aburriendo.
- ¿Quiere que toque para usted?
- ¿Sabes jugar Shōgi?
Preguntaron al mismo tiempo y una sonrisa se dibujó en ambos rostros.
- Hace mucho tiempo que no juego, pero no he olvidado las reglas, aunque temo ser un contrincante aburrido – dijo ella primero, sonriendo nuevamente, sintiéndose relajada, era extraño pero a cada momento que pasaba con él comenzaba a sentirse mejor.
- Está bien – contestó Shishio – eso lo veremos. Se levantó y de un pequeño mueble sacó el juego, dispuso el tablero sobre una mesa y ambos se repartieron las fichas. La partida comenzó.
Resultó ser que Yumi era muy buena jugando, las fichas del hombre iban desapareciendo, tomadas rápidamente por la bella joven, parecía un novato y eso a ella parecía divertirle, varias veces es que puso en peligro a su rey salvándolo por poco. A mitad de la partida los interrumpieron con la cena, Yumi encantada probó los riquísimos onigiris rellenos de langosta por primera vez, estaban deliciosamente dulces. Shishio de repente olvidando todo, sus actividades delictivas, su pasado, el futuro, disfrutando sólo el presente, relajado en compañía de esa pequeña mujer que le arrebataba el sueño. Yumi disfrutando la velada como nunca, en la compañía de él se sentía cómoda, protegida y feliz.
La partida continuaba y ella recordó a la determinación a la que había llegado esa misma tarde. ¿Sería capaz hacerlo?, si lo pensaba mucho tal vez no se atreviera, tenía que actuar así estuviera nerviosa. Luego de una jugada particularmente complicada, Shishio parecía muy concentrado en el juego, con su mano en el mentón, pensando cómo salir del aprieto en el que ella lo había puesto, Yumi lo miraba con fuerte escrutinio, su cara y cuerpo se adivinaba muy recio bajo aquellas vendas blancas, su yukata medio puesta perfilaba el cuerpo musculoso del hombre, su rostro tenía líneas definidas, con las proporciones adecuadas, un aroma a maderas y tabaco emanaba del hombre frente a ella. Simplemente se dejó llevar.
Se inclinó sobre el tablero y lo besó, así naturalmente, dejándose llevar por el momento, por la atracción y por aquellas sensaciones que la torturaban, se iba a crear su pequeño paraíso para cuando volviera al infierno. Shishio se sorprendió gratamente al sentir los labios cerezas sobre su boca, no era tímida, más bien era decidida y eso le agradó, correspondió con pasión al beso porque lo había deseado desde que la viera sentada esperándolo. Yumi abrió la boca dejando que la lengua de él la explorara, tal como la noche anterior se colgó a su cuello, atrayéndolo, como si eso fuera necesario, porque las manos de él ya la apretaban de la cintura y la espalda. El tablero de Shōgi se volcó cuando el hombre lo apartó con una pierna para poder acercarse más al cuerpo de la joven. Yumi inclinaba el rostro hacía un lado y otro profundizando el beso, disfrutando la calidez de su lengua, su sabor y su propia respiración. Nunca se había sentido así, con todo ese calor bullendo en su cuerpo entero, con esas ansias que le aceleraban el ritmo del corazón y la desesperación de querer más. En medio de los besos y caricias apenas fue consciente de que Shishio la cargaba por el pasillo hasta su habitación.
La paró con cuidado sobre la alfombra, frente a la chimenea que Yumi había visto la primera vez que entrara en la habitación. Abrió los ojos al sentir la suavidad en los pies y se encontró con la mirada de él, sus pupilas parecían fuego puro, no había luz dentro del cuarto, pero la chimenea estaba encendida y reflejaba sus llamas danzantes hacia todas partes. Tomó su cara con ambas manos, las vendas eran muy suaves, se acercó a su oído "Por favor, tómame" le murmuró tuteándolo, con la voz entrecortada y la razón nublada por el momento que estaba viviendo.
Él no esperó más invitación que esa, besó aquellos labios que lo volvían loco, con un deseo que estaba más allá de lo que había experimentado nunca antes, esa mujer tenía algo que lo trastornaba hasta el delirio. Fue bajando por el cuello suavemente, con algo de desesperación se deshizo de los guantes negros, en esta ocasión no se había vendado las manos, así que pudo sentir mucho mejor la piel suave de la joven, la garganta femenina lanzaba ligeros gemidos de placer que lo estaban excitando rápidamente. Se detuvo un poco y con cuidado desató el obi, lo desenredó con lentitud hasta que estuvo en el suelo, Yumi lo dejaba ser, mostrando una mirada solemne, pero con la respiración agitada. La desnudó igual que la primera vez, con calma, capa a capa, pero en esta ocasión acompañando cada prenda que caía con besos en los labios y en la piel que iba descubriendo.
Yumi estaba cerca del delirio, jamás se había sentido tan mujer, ni tan deseada en toda su vida. Estaba disfrutando la experiencia a un nivel jamás vivido. Por fin estaba desnuda ante él. En todo ese proceso él torturándola con caricias, con roses y con besos. Ella con las manos a los costados quieta, cómo pensaba que le gustaba a él, pero con el deseo de tocar y acariciar también. Apenas estuvo totalmente expuesta para él, se separó dos pasos y la observó detenidamente, llenándose las pupilas con aquella silueta bien proporcionada. En medio del ambiente, con las luces ondulantes de las llamas reflejadas en su piel, parecía una pintura de un artista excepcional de tan quieta y hermosa que estaba. Ella no bajó la cara, le sostuvo la mirada, brillo y fuego destacándose en los ojos femeninos, Yumi sonrió sutilmente y con un gesto lo invitó a seguir con sus caricias.
Shishio se colocó a la espalda de Yumi y desató su peinado, en tanto que besaba su nuca y espalda, ella sólo se estremecía y suspiraba con los ojos cerrados. La larga melena azabache le cubría casi toda la espalda. Al sentir su cabello suelto lo agitó un poco de un lado a otro, liberando un aroma a flores que inundó la nariz de Shishio. Sus manos en automático se posesionaron de aquellos senos redondos y de tamaño perfecto, los pequeños pezones estaban erguidos y duros aún antes que las manos masculinas los aprisionaran retorciéndolos lentamente. Con desesperación gemía y se pegaba más al pecho del hombre, giró el cuello buscando los labios de él, quería sentirlo en todo su cuerpo, de todas las formas.
- Eres tan hermosa… - murmuró Shishio poniéndose de frente a ella y comenzando a besar su cuello, con calma la fue guiando hasta la cama mientras sus manos se posesionaban de aquellas caderas redondeadas y firmes.
- Usted… me… encanta – afirmó con la dulce voz entrecortada, haciendo que el corazón de Shishio se acelerara más, si es que eso era posible. Sintió las manos de él que apretaban con fuerza su trasero, mandándole sensaciones por todo el cuerpo, en especial en al área entre sus piernas – Nunca había sentido es… – no la dejó terminar por que poseyó su boca casi con desesperación.
La mano de Shishio se dirigió hacia la intimidad de Yumi, la joven se estremeció al sentir los dedos de él abriendo sus pliegues y acariciarla lentamente en su punto más sensible. Por mero reflejo separo más las piernas para dejarle espacio. La mano de él se volcó en ese lugar tan cálido y que conforme avanzaban sus roses se volvía deliciosamente húmedo. Dejó su boca y saboreó el delgado cuello bajando hasta que succionó uno de los pezones que se sentían duros en su boca, con la otra mano sujetó una de sus piernas y la subió enganchándola en su cadera. Ella echó la cabeza hacía a atrás gimiendo entrecortadamente. La sentía estremecerse con sus avances y las caderas de la joven se movían tratando de seguir los movimientos de sus dedos.
La ansiaba demasiado, la había deseado desde la danza dos noches atrás, quería poseerla por completo ya. Estaba muy excitado y listo desde que le pidiera que la hiciera suya, ya no quería postergar más la espera, en un instante se quitó su propia yukata. Con facilidad la levantó y la colocó sobre la cama y Yumi sintió cómo él se posicionaba hincado entre sus piernas, volviendo a lamer y masajear sus senos. Las manos de la joven se aferraban a las sabanas cerrando los ojos y jadeando ante todas las sensaciones que él le estaba provocando. Sintió un placentero dolor creciendo en el centro de su cuerpo y cuando Shishio introdujo uno de sus dedos dentro de ella el gozo y una ansiedad nunca experimentada la invadieron haciéndola estremecerse visiblemente. Sentía que estaba en el límite de algo, como si estuviera a punto de llegar a una cúspide desconocida.
Esa mujer que en ese momento se retorcía bajo él con sus caricias, lo estaba llevando a la cima sólo con sus movimientos, ni siquiera la había penetrado y estaba ya al borde, sus senos eran exquisitos y los gemidos que salían de su garganta eran música a sus oídos, le acarició el interior de los muslos separándole las piernas, necesitaba con urgencia hundirse en su intimidad para calmar sus alteradas ansias.
Yumi jadeo fuerte cuando él la penetró de un solo impulso, estaba muy mojada y sus sexos hacían eróticos sonidos cuando el entraba y salía de ella. La joven se arqueó hacia él tratando de hacer más cercana su unión y en el proceso comenzó a seguir el ritmo de las embestidas de Shishio.
- Más… más fuerte… - le demandó ella casi en la cumbre del placer. La obedeció de inmediato, tomándola de la cintura y apresuró sus embistes haciéndolos más fuertes y profundos.
Unos segundos después Yumi se arqueó por última vez hacía él y un jadeo fuerte salió de su garganta al llegar al orgasmo. Luego cayó desfallecida sobre las sábanas con la cara de lado tratando de recuperar su respiración. Shishio la siguió un momento después, sorprendiéndose a él mismo al no poder evitar emitir un sonido áspero de su garganta al terminar dentro de ella. Cimbrándolo de placer de pies a cabeza.
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Lentas lenguas de humo subían por la habitación, Shishio sentado relajadamente en el sillón, fumaba sin perder detalle de la silueta desnuda que reposaba en su cama. Observaba con gozo a la mujer que bocabajo dormía plácidamente, era bella, pero sobre todo endiabladamente pasional, lo había confirmado luego de que al haberla poseído la primera vez y terminaran exhaustos y satisfechos, la buscara de nuevo y ella había respondido con la misma, o tal vez, con mayor fogosidad que la primera vez. Tenía que reconocer que Yumi Komagata le gustaba demasiado, dio otra calada a su pipa y la miró de nuevo, desde la cabellera revuelta, la espalda curveada, aquellos glúteos redondos y las piernas largas y delgadas. En ese momento Yumi se removió dormida, volteado su cara hacía él, en su rostro se reflejaban las últimas llamas de la chimenea, se asombró al verla tan serena, con su semblante relajado era aún más bella, tenía un rostro agraciado, simétrico con lindos rasgos, esa boca que no se cansaba de probar, lo tenía loco. Muchas mujeres habían desfilado por su cama, pero ninguna como esta. Las otras estaban ahí para devengar un sueldo, en lo mejor de los casos, se quedaban quietas, dejándolo hacer, prácticamente era como poseer un objeto, como tener una muñeca que sólo se dejaban gozar a cambio de dinero. Otras ni siquiera eran capaces de ocultar el temor y repugnancia que sus vendas y cicatrices les causaban. Pero Yumi Komagata se había entregado gustosa, gozando a la par que él, había disfrutado el encuentro, de hecho ella le había pedido que la tomara.
Yumi abrió los ojos medio adormilada, encontrándose con el escrutinio de Shishio, mientras degustaba su pipa con tranquilidad, le sonrió tímidamente, al parecer después de apagado el fuego del deseo ella parecía un poco cohibida.
- ¿Es muy tarde ya? – preguntó incorporándose en la cama tratando de tapar su cuerpo con la sábana. La habitación no tenía ventana, por lo que la única fuente de luz era le chimenea en la que se quemaban los últimos troncos, pensó que tal vez ya era de mañana.
- Aún no amanece – contestó él con la mirada impasible.
- ¿No le dejo dormir? – indagó, algo apenada – si quiere puedo dormir en la alfombra para que usted…
- No duermo mucho – respondió rápidamente él con una media sonrisa – además, con una mujer como tú lo que menos se desea es dormir – comentó como si nada, quitando las cenizas de su pipa y acercándose a ella, la besó imperiosamente, como si la poseyera sólo con besarla en la boca – ahora sigue descansando – señalo con la cabeza para que volviera a acostarse.
- Ya se me quitó el sueño – sonrío ella, juguetonamente.
- Bueno pues si ya estás despierta quiero proponerte algo… - planeaba expresárselo en el desayuno, pero ya no aguantaba más la incertidumbre de lo que pensaría ella.
- ¿Qué desea? – preguntó con los ojos llenos de una gran curiosidad. Shishio volvió al sillón y ella enredándose un poco en la sábana, se sentó a sus pies, muy pegada a él, como un pequeño gato, se frotó contra su pierna para luego apoyar su mentón en su muslo mirándolo directo a la cara.
- Dime… ¿Te gustaría ser libre? – preguntó mientras acariciaba las mejillas de ella. Tal vez sonaría una pregunta bastante estúpida, pero él sabía perfectamente lo que muchos seres humanos sacrificaban por la certidumbre y la comodidad. Cuántos hombres y mujeres había que al estar en una situación en la que podrían sobrevivir sólo se conformaban con eso. Preferían la esclavitud con tal de llevar un tazón de arroz a la boca, sacrificando su dignidad, su propio valor, con tal de no luchar, sin ser fuertes, mostrando el lado más débil de su personalidad. Él despreciaba con toda su alma ese tipo de seres humanos, los repudiaba y esperaba un día erradicar ese pensamiento de todo el país. Este mundo era definitivamente para los más fuertes.
- Es lo que más deseo – afirmó ella con la voz llena de convicción y con los ojos mostrando esperanza y una fuerza enorme.
- ¿Estás segura? – indagó Shishio mirándola a los ojos tratando de encontrar alguna sombra de duda.
-Sí, totalmente. Es lo que más deseo en este mundo.
- Entonces a partir de hoy considérate una mujer libre – aseguró Shishio mientras acariciaba el lunar junto a la boca de Yumi, sonrió al recordar el día que llegara maquillada de geisha, había pensado que el coqueto lunar era sólo parte del maquillaje.
- Pero… ¿Cómo será eso posible? – Preguntó desconcertada, luego pareció entender – la única forma es que mi deuda sea…
- La pagaré hoy mismo – la interrumpió él – de esa manera podrás disponer de tu vida, tu propio camino estará decidido por ti – La chica se estremeció ante tal perspectiva.
- Pero, entonces usted será mi… - estuvo a punto de decir "dueño" pero no se atrevió
- No seré tu danna, ni tu dueño, ni nada que tú no quieras. Le tomó el rostro con ambas manos mirándola a los ojos – Entiende esto mujer: A partir de ahora no dejarás que nadie te vuelva a tocar sin tu permiso, sin que tú lo desees, ni siquiera yo…
Yumi grabó aquellas palabras con fuego en su mente, eran las palabras que sentenciaban una libertad largamente añorada. Decidir sobre ella misma era un poder que deseaba ostentar siempre, al precio que fuera. Aunque también era un camino incierto, qué haría para comer, dónde viviría.
- Te ayudaré por un tiempo, puedes quedarte aquí conmigo – acordó él, como adivinando los pensamientos de la joven – Luego puedes irte cuando lo desees.
- O cuando usted desee que me vaya – señaló ella en un murmullo.
- Exacto – aseveró él, pero luego se sorprendió pensando "Tal vez nunca desee tal cosa"
- Entiendo – agachó un poco la cabeza. Ante ella se abría una posibilidad de dejar esa vida que odiaba, tenía miedo, pero era peor estar en el infierno actual. Pensándolo bien, prefería morir de hambre en la calle que seguir como estaba. Por otro lado él le había ofrecido ayudarla y dejarle acompañarlo, eso le atraía más que otra cosa, podría estar con el hombre que la atraía tanto mientras no se aburriera de ella. No era tonta sabía cómo funcionaba el mundo, ya no era una niña ingenua como para pensar que los hombres como Makoto Shishio se enamoraban, mucho menos de mujeres de su tipo. Esa tarde había decidido crearse un pequeño recuerdo que la ayudara escapar de su infierno por momentos, pero si ese infierno se desvanecía para siempre sería un verdadero regalo divino, más si emprendía esa nueva vida al lado de él.
- Y bien, ¿Qué decides? – quiso saber él observando la mirada perdida de ella sobre las lánguidas llamas de la chimenea.
- Acepto su propuesta Shishio-Sama y le prometo que estaré a su lado mientras desee y mientras así sea mi voluntad – aseguró ella sosteniendo su mirada y rogando internamente que él no se aburriera demasiado pronto de ella.
- Entonces tenemos un pacto entre los dos.
- Antes quisiera solicitarle algo… - pidió ella titubeando un poco.
- ¿Qué deseas? – preguntó él algo curioso.
- Verlo sin las vendas, no porque me importe, sino porque usted ya me conoce toda y yo quiero estar en igual de circunstancias.
- ¿Y si luego de eso no quieres quedarte?
- Eso nunca pasará, esta noche por primera vez en mi vida he sentido un placer que nunca imaginé experimentar y usted me agrada mucho… - dijo ella atreviéndose a confesarle aquello.
- Está bien – contestó él luego de debatir un poco en su interior. Se deshizo de la yukata sobrepuesta que llevaba luego de su cabeza quitó una especie de corona cubierta de vendas que sonó pesada al chocar contra la madera del escritorio – Quítalas – le ordenó extendiendo un brazo y haciendo un gesto para que ella comenzara con la tarea.
Yumi se acercó al brazo, con algo de vacilación y con los dedos temblorosos tomó su muñeca, ahí estaba el doblez de la punta de la venda. Comenzó a desenredar los trozos de tela blanca de los brazos, luego el torso, abdomen, piernas, por último el rostro. La luz en la habitación era muy tenue, así que él al estar totalmente libre de las vendas, prendió todas las lámparas de la estancia dando la claridad suficiente para que ella lo viera perfectamente. El rostro de la muchacha se iba transformando conforme apreciaba la piel chamuscada, en algunas partes estaba sonrosada, en otras lucia manchas blancas y oscuras, parecía muy tirante, sobre sus músculos. En algunas partes se apreciaban cicatrices resaltadas, como cortes de katana, la mayor parte de él estaba marcado para siempre. Yumi sintió un agudo pinchazo en su corazón que la lastimó profundamente, se preguntó cómo alguien podía soportar algo así, cuándo dolor había sentido él, o peor todavía sentía y aun así había sobrevivido para estar parado frente a ella, mostrando aquella personalidad que la subyugaba, esa fuerza que despedía su sola presencia.
- ¡Por Kami…! – murmuró bastante impactada luego de observarlo por un rato. Dio un paso hacia atrás y llevó una mano a su boca como para ahogar un grito, bajó la mirada, su cabello cubriendo en su cara, ocultándola. El alma de Shishio se cayó a sus pies al ver aquella reacción, ya estaba, era demasiado para la chica, se iba a marchar estaba seguro, era una verdadera pena porque en verdad ella le gustaba mucho, pero no la iba a obligar a aceptarlo. Estaba por decirle que era libre de su promesa de quedarse con él, cuando Yumi levantó su rostro. Shishio sintió como si una certera espada lo atravesara, unas lágrimas corrían por las mejillas de ella, y sus ojos estaban llenos de sufrimiento.
- ¿Le duele mucho? – Preguntó con voz quebrada – posando una mano sobre las cicatrices del torso y apenas rosándolo con la yema de los dedos, apenas presionando un poco como si en ese momento cayera en cuenta que podía lastimarlo - ¿Co-cómo le pasó esto? – logró articular la pregunta con la voz angustiada.
Shishio de pronto no supo qué contestar, la reacción de ella jamás la hubiera esperado, la pequeña mano en su pecho, las mejillas llenas de lágrimas, los ojos sin un rasgo de repugnancia.
- No necesito tu lástima – dijo algo molesto confundiendo el dolor de la muchacha con lastima y con brusquedad separó la mano de ella de su piel. Se colocó la yukata encima dándole la espalda.
- Lo siento, pero no es lástima – logró responder ella luego de recomponer la voz – usted es una persona muy fuerte para haber sobrevivido a algo así, no creo que pueda ser alguien para compadecer – dijo con un tono de voz bajo pero lleno de sinceridad.
Shishio la miró de nuevo el semblante triste, con los rastros de las lágrimas sobre sus mejillas, pequeña y frágil pero mirándolo de frente, sin ocultarle nada.
- No me duele – contestó Shishio luego de unos segundos al reflexionar en las palabras de ella – tal vez casi es peor porque no siento nada, la piel quemada no puede sentir.
- ¿No siente esto? - Yumi se acercó a él y colocó sus manos en sus mejillas, moviendo sus dedos, acariciándolo.
-No - contestó secamente - pero luego casi tuvo que retractarse, porque aunque parecía una completa locura, por un momento creyó que sí estaba sintiendo las dulces caricias de la joven sobre su piel muerta, como si el contacto de ella le devolviera la sensibilidad perdida desde hace muchos años.
- ¿Ni esto? – dijo cambiando sus dedos por sus labios haciendo un camino por la piel quemada de sus mejillas y llegando a sus labios. Shishio la besó con fuerza, esa boca a la que ya se declaraba un adicto. Ella lo abrazo correspondiendo la caricia con la misma intensidad - No es que me quejara de lo de antes, pero deseaba poderlo acariciar sin todas las vendas – aclaró Yumi mirándolo a los ojos cuando se separaron a recuperar la respiración.
Shishio sonrió ligeramente, ella en verdad era más que una bruja, un pequeño demonio. Con rapidez se deshizo de su yukata, arrancó la sábana que cubría el cuerpo de Yumi y la arrojó sobre la cama casi con desesperación, estaba más que gustoso de complacer los caprichos de esa pequeña mujer.
Nota abril 17 2016: Primero mil disculpas por tardar tanto con este capítulo, pero sucedieron muchas cosas: Primero: mis vacaciones de semana santa y pascuas terminaron (soy maestra de profesión), así que tuve que volver al trabajo y pues ya no hay tanto tiempo para escribir (primer semana exámenes, una expociencia y de pilón un festival de danza) fue una locura!, segundo: me cuesta MUCHO! Escribir lemmon así que en verdad sufrí tratando de que quedara bien, pero la verdad no quedé muy satisfecha con el resultado (ojalá no me odien por eso), tercero: mi laptop se puso en huelga (se colgó el Windows 8) y estuve batallando muchísimo con ella, por suerte no perdí ni este capítulo ni el siguiente que ya va empezadito (por cierto se titula "Libertad").
Quiero agradecer sus comentarios a todos y por favor no se desesperen si tardo en subir algo, NO VOY A DEJAR COLGADA LA HISTORIA prometido! Por cierto si ven algún error de dedo o de ortografía, mil disculpas, por lo regular releo muchas veces, pero sinceramente estoy apurada por subir este capítulo.
Hasta la próxima… Nary^^
Palabritas japonesas:
Shamisen: Instrumento de cuerdas tradicional. Especie de pequeña guitarra.
Sake: Licor japonés.
Obi: Cinto con el que se amarra la Yukata o el Kimono, el de los hombres es más delgado que el de las mujeres.
Onigiris: Bola de arroz rellena o mezclada con otros ingredientes. Suele tener forma triangular u oval, y a veces está envuelta en una pequeña tira de alga nori.
Kimono: Prenda de vestir por excelencia en Japón, es usado por hombres y mujeres. Sus diseños son variados y pueden indicar hasta el estado civil de las mujeres según el largo de sus mangas.
Geisha:es una artista tradicional japonesa.
Tatami: Son rectángulos hechos con paja que hacen función de piso en las casas tradicionales japonesas.
Katana: Espada japonesa.
Kami: Dios.
Danna: "Amante" era por lo general un hombre adinerado que tenía el recurso económico para financiar los costos de una Geisha, a veces podían estar enamorados, pero no se comprende bien cómo funciona esta relación. En mi fic yo lo llamaría "novio con derecho, amante de planta" o algo así jaja
Seiza: es un término japonés que describe la forma tradicional de sentarse de rodillas.
Shōgi: Ajedrez japonés.
