Después de varios litros de agua bajo el puente, cuando casi por estos lados se acaba el verano y luego de semanas agotadoras vuelvo con un nuevo capítulo.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de Stephenie Meyer. La historia es mía y está protegida en Save creative código 1210082477334.
Capítulo 18
El día es tan bello que no puede mentir
Tomás Segovia
Después de algunos minutos, sus manos retorciéndose sin parar siguen siendo la cosa más interesante del mundo. No ha levantado la mirada, tampoco ha pronunciado ni una sílaba... Edward tampoco lo ha hecho.
Cree que no ha oído bien y que lo que escuchó no es lo que dijo Edward en realidad. No tiene sentido. ¿Por qué él miente con algo que llegado un momento se descubrirá? ¿Es que acaso no es suficiente sostener la mentira de su madre que además tuvo que inventarse una carrera universitaria?
Pronto los engranajes en su cabeza empiezan a girar más deprisa y comienza a hilar cada palabra dicha o no dicha que le ha escuchado decir sobre sus estudios a lo largo de ese mes, sintiéndose estúpida por no haber llegado a esa conclusión en cuanto lo conoció; es obvio que él no es abogado y ni siquiera sabe comportarse como uno para disimular.
Comienza a reír de una forma forzada, sintiéndose tonta por no descubrirlo ella. Es la misma sensación estúpida que la embarga cuando no descubre quién es el asesino antes de que se lo revelen en CSI 一guardando las proporciones, claro está.
一Isabella, por favor di algo 一pide él después de una eternidad de silencio.
一¿Qué esperas que te diga? 一sigue sin poder creerlo一. Me siento tonta por no notarlo antes 一vuelve a carcajearse.
一¿Y por qué ibas a notarlo? 一pregunta aparentemente molesto一. Ni siquiera Emmet lo sabe y me conoce desde siempre.
一Renée en sus veinte tenía muchos amigos estudiantes de leyes, incluso tuvo una relación con uno, y tienen una jerga innata que jamás has tenido tú. Aunque debo reconocer que creí que no te gustaba la abogacía y no que jamás lo habías estudiado.
Se atreve a levantar la cabeza y el rostro de Edward se ve asombrado, incluso un poco orgulloso, pero tan pronto ella mira, vuelve a su impasibilidad habitual, a aquella barrera que muy pocas veces permite el paso de alguien más al corazón de él.
一¿Me contarás la historia? 一pregunta curiosa.
一Ahora no 一va a volver a pedirlo, pero él continúa hablando一; es tarde y necesitas dormir... yo también lo necesito.
Asiente sin querer mostrarse ansiosa, aunque no puede evitarlo porque, como ocurre desde que lo conoce, necesita saber más de él y entender sus motivos para llevar una vida tan hipócrita. Cree que no es sano vivir en esa incertidumbre constante de ser descubierto.
一Puedes dormir en mi cuarto 一ofrece él después de un rato de silencio一. Yo dormiré en el sofá de la mansarda 一agrega sin darle lugar a réplica... aunque está tan cansada que lo único que desea es una superficie blanda para poder dormir.
Suben las escaleras en silencio y después de pasar al sanitario se despide de él con un escueto "buenas noches" y se mete al cuarto. Sin siquiera encender la luz se quita las zapatillas y se tira sobre la cama, durmiéndose de inmediato.
DNL
La claridad que hay dentro del cuarto le anuncian que deben ser más de las nueve de la mañana, lo que en palabras simples quiere decir que se ha quedado dormida y ya no irá a clases hoy.
Su teléfono suena dentro del bolsillo de su pantalón corto obligándola a maldecir y entender el motivo por el que ha despertado. Saca el aparato para ver el nombre de Alice en la pantalla.
一Hola 一saluda de mala manera.
一¿Tu humor es así todas las mañanas? 一pregunta su amiga.
一Lo siento 一se disculpa一; estaba dormida y ya sabes como soy cuando me despiertan.
一Te llamaba para cantarte el cumpleaños feliz... pero ya no tengo deseos de hacerlo 一suspira al escuchar a su amiga porque había olvidado completamente que hoy es 12 de septiembre.
一Gracias, Alice. Lo había olvidado.
一Y después dices que soy yo la que olvida las cosas 一recrimina Alice一. Espero que tengas un gran día Isa y que Renée se comporte.
一Se ha comportado bastante estas últimas semanas, creo que su novio le ha hecho bien.
一Me alegro 一murmura la chica desde el otro lado一. Estoy en el aeropuerto a punto de tomar el avión, espero que vayas a recogerme cuando llegue 一otra cosa que había olvidado.
No es que ella no quiera ver a Alice, porque de hecho la extraña mucho, pero definitivamente no es buen momento para tenerla en casa. Si con Jasper está volviéndose loca, no quiere ni pensar lo que pasará con su amiga fisgoneando sobre sus sentimientos.
一Allí estaré 一murmura tratando de parecer animada.
一Hablamos luego entonces 一promete su animada amiga y corta la comunicación.
Deja el teléfono a un lado, cierra los ojos un momento y se estira en la cama. Sonríe porque el aroma de Edward está impregnado en toda la habitación y se cuela por su nariz provocándole un sano placer a los sentidos.
Cuando abre los ojos se vuelve más observadora y, sin vergüenza, inspecciona la habitación. La cama de dos plazas con dosel de madera oscura está al centro pegada a la pared trasera y a ambos lados tiene un velador a juego, cada uno con una lámpara de cerámica blanca sobre ellos. Frente a la cama hay un ropero grande y que parece antiguo y en una esquina una pequeña mesa con un tocadiscos moderno encima. Un gran ventanal sin cortinas es la pared que da hacia el mar haciendo la estancia muy luminosa.
Todo está ordenado y exageradamente limpio; no hay ropa tirada, ni zapatos desparramados, ni polvo en los muebles. Solo un libro mal cerrado y los anteojos de Edward sobre uno de los veladores desentonan con el resto de las cosas.
Se estira una vez más y se levanta antes de quedarse dormida de nuevo. Debe pensar en cómo ayudará a Eleazar y su familia ahora que sabe que Edward no puede hacerlo...El hilo de sus pensamientos se corta en el momento en que el aroma a especias y café llega desde el piso de abajo, activando su hambre de inmediato.
Se coloca sus zapatillas y corre al baño para adecentarse un poco y luego baja corriendo hasta la cocina, donde Edward está de espaldas a ella, frente a la cocina, y en el ambiente el sonido de la música de Florence and the Machine y de aceite chirriando se mezclan deliciosamente.
Tose para llamar la atención y él voltea sonriendo levemente a modo de saludo para luego volver a su quehacer. Lleva un jeans azul índigo rasgado en los muslos y una camisa celeste que lo hace ver mayor. Ella se sienta en silencio en el lugar que ocupa regularmente en la mesa a esperar que él termine. La mesa está arreglada para comer y hay un vaso servido de jugo de naranja en cada puesto.
No quiere decir nada porque si habla no podrá evitar hacer las miles de preguntas que tiene en la cabeza y, a pesar de todo, no desea agobiarlo y que se aleje de ella como siempre ocurre cuando pregunta demasiado.
El aceite deja de chirriar y Edward 一aún de espaldas a ella一 parece estar sirviendo lo que haya en la sartén. Al voltear, puede ver dos platos, cada uno con media tortilla de color verde y adornada con verduras.
Pone un plato frente a ella en la mesa y otro en su puesto y va por la cafetera.
一Feliz cumpleaños, Belly-Bells 一besa su frente y sirve el café, para luego servir su propia taza y sentarse frente a ella.
一Gracias 一susurra avergonzada porque no recuerda haberle comentado la fecha de su cumpleaños一... Y no me llames Belly-Bells, odio cuando Emmet me llama así.
—¿Entonces cómo puedo llamarte? —Cuestiona el chico de forma retórica— ¿Belly? —Comienza a dar alternativas— ¿Bells, Bella, Ella?
—¿No puedes decirme Isabella o Isa como todos los demás? —frunce el ceño para darle énfasis a su molestia.
—He estado pensado que Isabella suena muy formal e Isa parece el diminutivo de una chica porrista tonta de instituto —declara él como si estuviese argumentando sobre algo sumamente importante—. Me gusta, sin embargo, como suena Bella… te viene y no entiendo cómo a nadie se le ha ocurrido llamarte así —él ha desviado la mirada y parece estar meditando sobre su nombre, no como si esperara respuesta, pero entonces sus ojos vuelven a mirarla y pregunta— ¿Te gustaría que te llame así?
Se queda momentaneamente sin respiración; un apodo único les da un grado de intimidad y complicidad que no sabe si quiere en ese momento; es posible que sea porque no está segura de sus sentimientos y no desea sufrir. Sin embargo, la mirada expectante de él la hace asentir nerviosa, ganándose una sonrisa que muestra todos los dientes blancos de él y eso le gusta... le gusta mucho más de lo que estaría dispuesta a admitir ni siquiera a sí misma.
—Muy bien, Bella —dice él y ella sonríe porque en los labios de Edward ese nombre suena perfecto.
Comienza a comer su desayuno y se saborea por lo bueno que está. Edward es un cocinero excelente y se pregunta si quizás se dedica a eso; no parece un maestro de cocina, pero tiene más cosas a favor que su profesión inventada.
Quiere saber todo. Su cabeza fragua muchas teorías, pero quiere que sea él quien por decisión propia le cuente todo lo que guarda para sí mismo.
—Puedes preguntar, Bella —afirma él como si le leyera la mente.
—Prefiero que me cuentes lo que quieras contarme y después te hago las preguntas —responde y bebe un trago de jugo de naranja y él sonríe y niega con la cabeza.
—No es una historia muy larga ni atractiva —afirma él restándole importancia—. Esto ocurrió cuando terminé la secundaria y ya había sido aceptado en la UCLA.
»Mi padre me llamó desde San Francisco y me hizo ir a verle. Cuando me preguntó si ya tenía decidido qué estudiar le dije que estaba indeciso entre Licenciatura en Historia y Filología Hispanoamericana. Por supuesto, a él no le gustaron mis opciones. Él ya había trazado un futuro para mí que consistía en estudiar Leyes, hacerme socio de su bufete y casarme con la hija menor del socio mayoritario de la firma de abogados Mckenzie —la mayor competencia del bufete de mi padre— y unir ambos poderes.
Edward detiene el relato para beber lo que le queda de jugo. No la mira ni un momento, parece avergonzado y apenado. Ella lucha por no levantarse y abrazarlo para confortarlo.
—Me negué, obviamente —continua con voz queda—; me revelé, me acordé de todos sus parientes vivos y muertos y le dije que jamás podría mandar en mi vida —Edward ríe sin ganas cuando su mente parece recordar—. Él me dejó gritar. Él tenía todo calculado y sabía que ganaría esa batalla, así que cuando acabé de insultarlo, él me amenazó con internar a mamá y no dejarme verla nunca más si no acataba sus órdenes —él mira fijamente hacia el frente y sus ojos son fríos y llenos de rencor—. Tuvo el descaro de decir que me amaba y que por eso no permitiría que arruinara mi futuro.
»Duré un semestre en la Escuela de Leyes y después pedí el cambio de carrera. Estudio Filología Hispanoamericana, me queda este semestre y me titulo. De hecho al medio día tengo mi primera reunión con mi tutor de tesis. Fin de la historia
Lo último lo dice mirándola a los ojos. Ella le sonríe porque no puede evitar sentirse orgullosa, también siente lástima de que él no pueda compartir con nadie sus logros, pero a la vez la invade ese egoísta sentimiento de querer ser la única en conocer todos sus secretos.
—No entiendo cómo tu padre no se ha dado cuenta —finalmente vocaliza la primera duda que le surge de la historia recién escuchada.
—Casi no hablamos —murmura—. Aún estoy molesto y él respeta eso y no trata de acercarse.
—¿Y por qué no se lo has confiado a nadie? —pregunta deseosa de saber por qué a ella de todas las personas.
—Una mentira de ese tipo no se puede solventar por mucho si hay más gente que lo sabe —razona él—. Solo Carlisle lo sabe y es porque el vivió una experiencia parecida y necesitaba su consejo. Una vez que lo obtuve, nunca más tocamos el tema.
—Suena triste —afirma sin pensar—; lo digo porque debe ser triste no poder hablar de tu día a día con nadie.
—Este último mes lo he podido hacer contigo —el ámbar de sus ojos se posan fijamente en los de ella.
Esa mirada brillante es una declaración silenciosa de que ella es realmente importante y aunque no quiera hacerse ilusiones, ya es tarde porque las está teniendo y su actuar poco a poco ha dejado de ser racional sin que ella se diese cuenta... hasta ahora.
Es por eso mismo, que un impulso innato la hace estirar su mano sobre la mesa y alcanzar la de él, que la recibe con una sonrisa y la aprieta levemente. Es un momento especial y desearía poder tener a mano una cámara y grabar sus manos unidas y la sonrisa de su rostro, que nunca fue tan amable como lo es ahora.
Pero como es habitual, y su historia no podía ser distinta a todas las historias del mundo, su teléfono interrumpe el momento y antes de darse cuenta, Edward la ha soltado y se ha levantado a recoger la mesa.
—Diga —contesta de mala manera sin saber quién llama.
—Vaya genio que te gastas —recrimina Jasper con su particular sarcasmo—. Espero no interrumpir nada, pero vine a tu casa a saludarte y tu madre me dijo que no estabas. Que mala niña eres, Belly-Bells —bufa al escuchar que el muy idiota también ha adoptado el estúpido apodo—, no sé como tu madre permite que pases la noche en casa de un hombre mayor.
—Ya para, Jasper —interrumpe antes de que siguiera hablando idioteces—. Estaré en casa en una hora —afirma—. Hablaremos allí —promete y corta sin dejar que su amigo le responda.
Cuando levanta la mirada hacia Edward, él la está mirando furioso, pero antes de poder decir nada, él habla refunfuñando:
—Tengo que ir a la universidad, quedas en tu casa —y luego sale de la cocina a paso firme.
Un minuto después, escucha el rugido de la motocicleta al partir y luego el sonido perdiéndose en el ambiente mientras por el parlante la voz de Florence Welch* le pide a alguien que no se vaya.
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*Florence Welch es la vocalista y compositora de la banda inglesa Florence and the Machine (o Florence + The Machine).
Nota de la autora: La Escuela de Derecho de la Universidad de California no está en el campus de Los Angeles, sino que en Berkeley, pero para que Edward pudiera hacer el cambio sin problemas, ni sospechas, me tomé la libertad de modificar ese detalle e incluirla en la misma UCLA.
Espero que el capítulo les haya gustado y que no se me hayan pasado demasiadas faltas, pues no quería hacerles esperar y subí el capítulo sin betear.
Nos leemos en los comentarios.
