Cap. 08 Makoto Shishio

Shishio se paseaba ansioso por el pasillo que mostraba los ventanales de la casa, se estaban tardando demasiado, la cena se había enfriado y ella aun no llegaba, ¿qué le pasaba? Se reprendió interiormente, cómo era posible que ya la extrañara tan pronto. Se acercó a la ventana cuando escuchó el carruaje detenerse a la entrada de la casa, por fin estaba ahí. Esperó verla bajar, tan hermosa como siempre, portando el kimono verde que Soujiro había adquirido por la mañana para ella, pero en cambió Hoji saltó del carruaje como poseso seguido del anciano médico que viniera en días pasados a consultarlo a él. Y luego miró como su hombre de confianza sacaba a Yumi del carruaje y con ella en brazos se encaminaba rápido hacía la casa.

En un instante estaba en la puerta y fue a su encuentro, se la arrebató de los brazos dedicándole una mirada entre furiosa e interrogante a Hoji, se preguntaba qué demonios había sucedido. Rápidamente se dirigió a su propia habitación seguido de los pasos apresurados del médico y Hoji. Fue al ponerla sobre la cama, que pudo ver claramente el estado de la que él consideraba ya su mujer. El labio partido, la cara mallugada, con indicios en sus mejillas de haber llorado, el kimono desgarrado y en sus manos rastros de sangre. A cada respiración parecía quejarse. Una rabia nunca antes experimentada por él se irradió por todo su cuerpo, ¿qué le había ocurrido? se preguntó, ¿por qué estaba lastimada de esa manera? En eso momento el doctor y Hoji lo alcanzaron y entraron tras él. Vuelto una furia tomó a Hoji del cuello y lo sacó de la habitación estrellándolo en la pared del pasillo.

-¡¿Qué demonios le pasó?! – Le gruñó furioso– Hoji levantado del cuello a medio metro del piso.

- Yo… yo no sé, hice el pago y ella subió por sus cosas, luego de un momento bajó en ese estado, al parecer un… un cliente… la, la atacó – explicó atropelladamente el aterrorizado hombre – sin poder evitar la mirada asesina de Shishio, nunca lo había visto así, al menos no contra él – ella me rogó que la trajera con usted antes de desmayarse – la traje y pasé por el médico antes de llegar porque lucía bastante mal… - Hoji tragó saliva cuando Shishio aflojó un poco su agarre en la garganta. Un grito de dolor provino de la habitación, al parecer Yumi había vuelto en sí. Shishio soltó a Hoji que cayó al suelo de manera nada elegante y entró casi con desesperación al cuarto. El médico revisaba la quijada de la joven, la cara de ella hinchándose más a cada momento.

- Tiene la quijada dislocada – le informó el doctor al hombre vendado – necesito acomodarla de inmediato, sujétela fuerte, le dolerá.

Shishio se tensó al escuchar al anciano, decir que Yumi pasaría dolor no le agradaba nada, prontamente tomó el pálido rostro, temía lastimarla más, pero siguió las instrucciones del médico y fue testigo de la maniobra del galeno. Casi escuchó cuando dolorosamente el hueso volvió a su lugar, la muchacha emitió un grito ahogado y más lágrimas escurrieron por sus mejillas humedeciendo los guantes negros de Shishio. Pero nada le impacto más que la mirada asustada y a la vez llena de rabia de ella, lo miraba fijo, dolor en sus ojos, no había rastros del brillo y el fuego que le había regalado la noche anterior o esa misma mañana. Los hombros de la muchacha temblaban ligeramente y cuando él le soltó el rostro ella le apretó una mano, en una muda súplica para que no la dejara sola.

El doctor siguió su revisión, el balance completo: la cara golpeada e hinchada, la mandíbula dislocada, las costillas bastante lastimadas, por suerte no estaban fracturadas, pero un gran hematoma se miraba en el costado derecho de la joven. Por suerte la sangre de sus manos no era de ella. Por fin el doctor mezcló unas hierbas en una taza de té y luego de beberlo Yumi pareció caer en un sueño tranquilo. El doctor había colocado una pomada sobre los golpes y una venda sostenía la mandíbula de la joven. Le indicó algunas hierbas y ungüentos, descanso, quitar la venda sólo para comer o beber y dijo que volvería en un par de días para ver su evolución.

Hoji despidió al viejo doctor y luego regresó a donde Shishio, el hombre no se había movido de su lugar junto a la muchacha dormida, por un momento juró ver que su jefe acariciaba la hinchada mejilla de la joven, pero no podía afirmarlo, apenas unos segundos que Hoji se había parado en la puerta volteó a verlo.

- Manda a Soujiro – le dijo con la voz fría y llena de autoridad – quiero saber qué hijo de puta hizo esto.

El aludido sólo asintió y salió en busca del joven. ¿Qué pasaba son su jefe?, al parecer esa muchacha lo había trastornado. Lo conocía de varios años y jamás lo había visto encapricharse tanto y tan rápido de una mujer. Shishio había tenido varias amantes en ese tiempo, pero eran mujeres de una noche, o máximo un par de días, que luego de satisfacer sus deseos lo aburrían y eran simplemente desechadas, pero al parecer ésta era especial, era hermosa no lo negaba, pero otras también lo habían sido, no sabía qué podía tener de diferente. Llegó hasta la sala de entrenamientos, ahí estaba el joven Seta, aunque no entrenando precisamente, sino con una caja con bizcochos sobre su regazo, comiendo tranquilamente. Ojalá Soujiro encontrara la información que necesitaba muy rápido él no quería volver a ser el blanco de la furia de Makoto Shishio.

- Buenas noches, Hoji – lo saludo un sonriente Soujiro - ¿Gustas? Está delicioso – comentó metiéndose otro trozo de pan a la boca y degustándolo plácidamente. Hoji negó con la mano.

- Tienes una misión, Soujiro – informó Hoji. Le explicó lo que sucedió en la casa de té.

- Así que atacaron a Yumi-San – murmuró Soujiro sin dejar de comer – Seguro Shishio-Sama se puso como loco – comentó el jovencito dando cuenta del ultimo pedazo de la caja.

- Loco es poco, casi me estrangula – le respondió Hoji sobándose la garganta.

- Era de esperarse – comentó el chico sonriendo suspicaz y se levantó. Hoji lo miró sin entender demasiado sus palabras – vuelvo enseguida con lo que quiere Shishio-Sama, antes de que nos estrangule a todos – dijo riendo como siempre, se sacudió las migajas de su hakama y salió a cumplir con el encargo como si nada, dejando a su compañero algo desconcertado.

Shishio permanecía sentado sobre el tatami, había dejado a Yumi profundamente dormida en su habitación y simplemente trataba de meditar mientras fumaba; algo ácido lo carcomía por dentro no logrando relajarse ni siquiera con el tabaco. Sin desearlo su mente volvía una y otra vez hacía la joven golpeada, hacía el rostro hermoso tan maltratado, a su suave piel blanca machacada de aquella manera, cuando esa piel solamente tenía que recibir caricias. "¡Maldición!" exclamó por lo bajo, sacudiendo las cenizas del kitseru se levantó no pudiendo más estar en esa posición. Qué demonios el sucedía para sentirse tan malditamente inútil, por qué no había ido con Hoji él mismo para asegurarse que elle estuviera bien. De manera automática sacó la katana del cinto y la descargó contra la pared haciendo un corte fino en ésta, no sintiendo alivio, lo volvió hacer y de nuevo y de nuevo. A los pocos minutos el cuarto era un desastre total, pero eso no calmaba su furia al contrario, una sed de venganza se había despertado con fuerza, sus ojos estaban desorbitados y sentía como su sangre casi hervía en su cuerpo, quería, no… necesitaba descargar sobre ese maldito bastardo su espada y hacerle pagar lo que había hecho.

A las dos horas de salir Soujiro regresaba con noticias, buscó a Shishio por la casa y el ruido proveniente del único salón que tenía decoración tradicional lo hizo dirigir sus pasos hacía allí. Observó a su mentor descargar la katana contra todo lo que tenía a su paso, cortando y destruyendo, parecía que estaba poseído por algo, ni siquiera pudo sentir su presencia hasta que él muchacho le habló.

- Hoki Shima – dijo simplemente haciendo que Shishio detuviera su destrucción y volteara a verlo. Parecía un demonio, Soujiro no sonrió y sólo se le quedó mirando, un fugaz recuerdo de su infancia llegó a su mente y de inmediato lo desechó volviendo a su actitud de siempre, volviendo a su sonrisa, a su escudo – Es un funcionario de tercera del Gobierno Meiji – continuó con su explicación – vive a las afueras de Kioto ¿Desea que me encargue de él? – preguntó solícito sabiendo de antemano la respuesta.

- No, lo haré yo mismo – contestó Shishio con los dientes apretados y enfundando la katana pasó a un lado del jovencito - ¿Cómo llego allí? – le cuestionó caminando a grandes zancadas rumbo a las caballerizas de la casa seguido de cerca por Soujiro.

- Aquí están las indicaciones – le dijo tendiéndole un papel con las instrucciones y características de la casa. Shishio casi le arrebató el pliego continuando con su camino.

- Yumi-San le hirió seriamente la pierna con una daga, también le marcó la cara con las uñas, ella se defendió mucho, es una mujer fuerte – explicó el joven serenamente como si comentara el clima – Hay algunos vigilantes patrullando la casa.

Shishio no contestó, era la forma de Soujiro de decirle quién era el hijo de puta porque jamás lo había visto en su vida. Subió al mejor semental de la cuadrilla, el que sabía que corría más y se enfiló a la salida de su propiedad, a todo galope se perdió por las serpenteantes calles de Kioto.

El rostro preocupado de Hoji lo siguió hasta que se perdió en la oscuridad, sólo esperaba que el arrebato de su jefe no trajera consecuencias nefastas para todos los planes que había trazado tan cuidadosamente. Sobre todo ahora que la fortaleza del monte Hiei estaba casi terminada.

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- Eso… eso, es todo lo que sé – dijo el hombre tirado en el sucio suelo de un callejón en uno de los barrios más concurridos y peligrosos de Kioto – escupió un diente y se llevó la mano a la boca para limpiar la sangre que escurría lentamente, ese maldito pegaba muy duro. Los sagaces ojos de su interlocutor no parpadearon poniéndolo aún más nervioso, tragó saliva con dificultad.

- ¿Estás seguro? – Preguntó amenazadoramente el hombre poniéndose en cuclillas frente a él mientras daba otra calada a su cigarro – No fue lo que mi informante me dijo – le indicó con la voz lentamente amenazante. Sólo era un vendedor de opio de poca monta, pero aquellos tipos se escurrían por todos lados y eran los mejores ojos en ese submundo.

- Es la verdad Saito-San – aseguró el hombre sin poder moverse ante la mirada escrutadora que tenía delante.

- Mi nombre es Fujita – lo corrigió de inmediato con voz amenazadora tomándolo del cuello, el tipejo pudo ver su propia sangre en el puño enguantado – No lo olvides y más vale que no me estés ocultando nada porque si no, te haré hablar al sacarte los dientes con mis puños uno a uno.

- ¡Es la verdad!...- exclamó encogiéndose y cerrando los ojos esperando el segundo puñetazo de esa noche en el rostro, pero este jamás llegó.

- Bien ya no perderé mi tiempo, quiero llegar temprano a cenar a casa – le dijo tranquilamente. Fujita se levantó y tiró el cigarro a su lado, lo pisó despacio, luego lentamente llevó la mano a la imponente katana en su cinturón.

- ¡No sé más!, ¡No sé más! – repitió desesperadamente al ver que su miserable vida estaba por terminar, no perdió de vista la afilada hoja que brillaba a la luz de la luna al ir saliendo de la funda - ¡Espera!... Escuché algo más…

- Habla… - ordenó Fujita volviendo a encender otro cigarro dejando la espada tranquila en la funda.

- Además de la reunión de yakusas, se habla de un escuadrón o pequeño ejército, no los he visto – aclaró tragando saliva apuradamente – Dicen que visten de negro y llevan la cara cubierta.

- Eso ya lo sabía – contestó Fujita con aire aburrido. Lo había puesto en sus informes, esos que sus superiores no habían tomado tan en serio.

- Pero también escuché que su jefe máximo es un hombre, un hombre que tiene todo el cuerpo cubierto de vendas…

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El viento movía las vendas de su cabeza por todos lados, el caballo corría veloz por aquellas calles tan conocidas para él, muchas fueron las veces que las recorrió valiéndose solamente de la velocidad de sus piernas, era sólo un muchacho en ese entonces y su cuerpo estaba sano y en plenitud; lo que no había cambiado, al contrario, se había acrecentado era su codicia de poder y su fuerza interior, su cuerpo estaba dañado ahora, pero interiormente seguía siendo el mismo, sus ideales y ambiciones no podían ser destruidas tan fácilmente. Giró las riendas tomando otro callejón, según las instrucciones de Soujiro ya no estaba tan lejos, apretó con rabia los dientes, ya deseaba tener a ese maldito frente a él para destrozarlo. La imagen de Yumi con el rostro lastimado llegó de nuevo a su mente, enfureciéndolo más.

Fueron muchas las noches de antaño que con un sobre negro en el bolsillo de su haori, llevaba a cabo las misiones que los Ishin shishi le encomendaban, era su asesino de las sombras, el mejor y más seguro. Muchos decían que era aún más efectivo que el legendario Battousai. Él mismo lo creía. Habían pasado varios años desde esa época y ahí estaba él, esa noche de luna, yendo a una misión, aunque en esta ocasión era una personal, pero igual sería eficiente y lo mejor es que disfrutaría cumplirla enormemente. Presionó los flancos del caballo con sus botas apresurándolo aún más. Unos metros más adelante, encontró la casa, era grande y presuntuosa como todas las de los malditos sirvientes del gobierno, no era para menos, el dinero, gracias a la corrupción de muchos, les daba para pagarse esos lujos.

Al llegar a la puerta enrejada su espada ya iba en su mano un solo movimiento y la reja cedió entrando fácilmente a la propiedad.

Hoki Shima temblaba literalmente dentro de su habitación, al parecer unos ladrones estaban asaltando su propiedad en plena madrugada, no era malo con la espada, pero herido de la pierna como estaba no tenía le balance suficiente para combatirlos, o al menos esa era la excusa que en su cobardía se decía; esperaba que los guardias que tenía apostados para su propia seguridad acabaran pronto con los ladrones.

Sólo llevaba una yukata puesta, así que se ajustó una katana en el obi y tomó un arma cargada y lista para defenderse de ser necesario.

La espada de Makoto Shishio escurría sangre fresca desde la empuñadura hasta la punta, todo ser humano que se había atrevido a hacerle frente antes de llegar a Hoki Shima terminó muerto bajo su filo, llegó por fin a la última estancia que faltaba por revisar, donde un hombre con mano temblorosa sostenía una katana. Lo observó con el odio reflejado en sus pupilas enrojecidas, aquel bastardo había atacado a Yumi sin misericordia, en su cara se veían las marcas de las uñas de ella. Hoki Shima no pudo evitar temblar de pies a cabeza y no era para menos el hombre, no más bien dicho, el demonio vendado frente a él, lo miraba con el odio y furia más grande que hubiera podido sentir en su vida. Sin pensarlo mucho, por puro instinto, empuñó la espada intentando atacarlo.

El ataque jamás llegó a su destino, porque de repente el arma estaba en el suelo. Un grito lastimoso brotó de los labios de Hoki, y sólo atinó a sostener su mano ensangrentada con la otra. Luego sintió el filo de la espada en su garganta.

- ¡Llévate todo el dinero, pero no me mates! – rogó, los ojos aterrorizados al ver cercana su muerte.

- No me confundas con un vulgar ladrón, hijo de puta – le aclaró Shishio acercando su cara a la de él.

- Entonces ¿q- qué quieres? – preguntó con voz temblorosa sin dejar de mirar esos ojos rojos cargados de odio.

- Matarte – contestó simplemente con voz fría.

- ¿P-por qué?

- ¿No recuerdas lo que hiciste esta noche? – Le dijo con la voz cargada de rabia, no quería mandarlo al infierno sin que supiera porque lo hacía. Pudo leer en la cara del bastardo que no tenía idea de a qué se refería. - ¡Esto y esto! – gritó Shishio mientras que con una velocidad increíble hacía tres cortes, uno en cada mejilla y otro en la pierna en la que se adivinaba una venda bajo la yukata. Hoki volvió gritar al sentir cómo su piel se abría, quedando con la rodilla de la pierna lastimada en el suelo a los pies del hombre vendado. Sintió como algo caliente y viscoso escurría de sus mejillas.

- Y-yumi – Murmuró, en medio del lacerante dolor Hoki pareció entender.

- ¡Ni siquiera digas su nombre, hijo de perra! – Un movimiento imperceptible más y la otra pierna fue herida igual que la primera, quedó completamente de rodillas frente a Shishio.

-¡No voy a morir por una puta! – exclamó al tiempo que sacaba la pistola de entre sus ropas y trató de disparar.

- ¡No es una puta, es MI MUJER! – vociferó Shishio y aunque en sus planes estaba matarlo lentamente y con mucho dolor, con un solo sablazo atravesó su garganta, disfrutó mirarlo retorcerse, ahogándose en su propia sangre hasta que dio su último respiro. Con toda calma sacudió su espada y luego limpió la hoja para volverla a poner en su vaina. Con pasos calmos dejó la propiedad y montó en el caballo, el ácido que lo estaba carcomiendo por dentro poco a poco empezó a desaparecer…

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Yumi lentamente abrió los ojos, se sentía confundida y muy cansada, tardó un poco en ubicarse después de todo lo sucedido, se llevó las manos al rostro al sentir la venda rodeando sus mejillas. . El recuerdo del ataque, llegó a su mente, había sentido miedo, miedo de morir en las manos de aquel maldito, apretó sus puños al volverla a recorrer el temor de… de… fallarle a él, de ser tocada por alguien que no era él, de simplemente no volver a ver a Shishio-sama. ¿De dónde venía eso?, se preguntó, ¿por qué en tan poco tiempo él se había vuelto tan importante para ella?, todo aquello la confundía enormemente.

Le dolía la cara, volteó hacía un lado, ahí sentado en el sillón junto a la chimenea estaba Shishio-sama, el reflejo de las llamas bailaban en su rostro, tenía los ojos cerrados, al parecer dormía, una tranquilidad extrañamente cálida la inundó, pero una vez más ella interrumpía su descanso, se recriminó interiormente por eso. Trató de incorporarse, pero un dolor agudo en su costado no se lo permitió. Sin poderlo evitar emitió un quejido.

- No te muevas – le ordenó una voz que tenía el poder de erizar su piel – casi te fracturan las costillas. Shishio se acercó a ella poniendo sus manos sobre sus hombros, presionándola levemente sobre el mullido colchón. Yumi sólo lo miró, parecía tener el sueño muy liviano o simplemente no dormía como creyó, deseó hablarle pero su quijada vendada no se lo permitió. Lo siguiente una sensación que le atravesó el pecho de lado a lado estremeciéndola, la cálida mano vendada acariciando su rostro con ternura y aquella mirada prometiéndole seguridad y protección. Sintió sus ojos humedecerse, no quería llorar, no quería llorar de nuevo, no frente a él, no quería ser de los cobardes que tanto detestaba. – Te defendiste bien – la felicitó - pero ya no tienes por qué preocuparte, Hoki Shima jamás volverá a lastimarte, ni nadie, mientras yo esté a tu lado.

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Goro Fujita estaba teniendo una mañana muy movida ese día, apenas entrar a la oficina prendió un cigarrillo, se dejó caer en su silla frente al escritorio, lucía cansado. Esa madrugada, apenas había puesto la cabeza en la almohada, cuando lo habían enterado de una masacre en la casa de un miembro del gobierno y lo comisionaron a ir a investigar. Aquello no le hubiera parecido sospechoso, varios miembros del gobierno eran amenazados, y unos tantos muertos, debido a la inconformidad de muchos, pero la forma de actuar del asesino, porque él sabía que era uno solo, era extraña, en primera porque Hoki Shima, sólo era un imbécil adicto a las prostitutas y casas de té de Kioto, si bien sabía de buenas fuentes que recibía comisiones por hacerse de la "vista gorda" con cierta evasión de impuestos al momento de importar mercancía, no pasaba de ahí.

Todo eso le parecía extraño, porque los guardias tenían un solo corte letal, como si el ejecutor tuviera prisa por llegar a Shima, a él sí que lo habían torturado un poco para matarlo, tal vez sabía de más y habían tratado de arrancarle la información y luego estaban esas heridas que no eran de espada en su cuerpo, las marcas en su cara y la pierna con una curación reciente. Esas últimas eran unas pistas buenas para tratar de entender el motivo del homicidio. Había mandado a uno de sus hombres a investigar sobre las actividades de la víctima antes del asesinato y a preguntar a los médicos que podrían haber hecho los tratamientos a Shima. Haría el informe sobre eso más tarde.

Ahora lo que le importaba más era lo que había descubierto la noche anterior, esperaba estar equivocado, pero luego de escuchar sobre el hombre vendado una sospecha llegó a él con fuerza. Muchos creían que eran sólo rumores, pero no podía dejar de lado cualquier pista, para lograr comprobar su hipótesis o rechazarla, tendría que hablar personalmente con el mismo Okubo-sama, sólo esperaba que no fuera que el fantasma de Makoto Shishio hubiera resucitado para tambalear más el ya precario gobierno Meiji.

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Nota 01/05/16: Como escribí malas palabras en este cap -_- !

Y lo logré! Uff en serio que pensé que no iba a poder subir nada en el plazo que yo misma me impuse y no, no voy a empezar a decir que fue por mi trabajo (que esta semana estuvo bastante calmado), pero simplemente es que ¡ME BLOQUEE! Y entré en pánico ╥﹏╥. Es que en serio, sé a dónde quiero que vaya el fic, tengo el final en mente, pero no podía avanzar, no podía hilar ni siquiera un triste párrafo, en serio que de no ser por sus lindisisisisismos reviews y mensajes inbox no me hubiera obligado a subir nada. Sé que aquí no hubo mucho romance y menos lemmon (Yumi se tiene que aliviar) pero sí sentimientos de ambos y por fin me pude deshacer de Hoki, para el público que lo pidió, están servidos! Jaja ^_^

Lunes, martes, miércoles, jueves y yo sin escribir nada, estaba triste, pero de repente el viernes la inspiración llegó y pues pude terminar esta entrega, pero sobre todo... empezar el 09 y lo mejor con muchas ideítas que sé que les van a gustar, por cierto les adelanto el título "De discípulos y celos"

Quiero agradecer a: Pajaritoazul, Enny, baavira, SiaE, shishiyu, Lupita31 por sus comentarios y contestando a SiaE sobre ¿qué pienso de Yumi y Shishio? a pesar de que en otras notas dije que amaba a Kaoru y Kenshin, bueno, pues te puedo decir que Shishio y Yumi en el anime se ven súper pasionales, se abrazan y miman en público, algo que según tengo entendido no era muy bien visto en esa época en la cultura japonesa (creo que ni en la actualidad), luego Shishio siempre habla con Yumi le cuenta sus cosas y planes y eso muestra la buena química entre ellos. Además se acuerdan que les dije que estaba viendo de nuevo la saga de Kioto, pues bien, antes adelantaba las partes donde ellos salían y ahora es lo contrario jajaja hasta el próximo domingo… Nary^^