Capítulo 29: Una larga mirada
Xianghua caminaba sola por un sendero.
Llevaba más de dos meses caminando sin apenas descansar. Sólo se detenía media hora para cada comida y unas seis o siete horas para dormir.
No sabía dónde estaba el templo Ling-Sheng Su, pero sí dónde estaba Nepal. Así que decidió ir hacia allí y, una vez en el país, pedir indicaciones hacia el templo.
El camino era horriblemente largo, solitario y aburrido.
Xianghua pasaba el rato tarareando canciones populares chinas y de vez en cuando se quedaba pensativa recordando todo lo ocurrido hace ya dos meses.
Por fin, algo cambió la monotonía del trayecto.
Un día, en plena caminata, escuchó una voz suave que la llamaba por la espalda.
Oír por fin a una persona después de tantos días sola la reconfortó, aunque el tono de la voz era algo escalofriante. Por no hablar del inquietante hecho de que supiera su nombre.
Xianghua se giró hacia el desconocido que la había llamado y dijo:
- Sí, soy yo.
El desconocido iba encapuchado y todo su cuerpo estaba oculto bajo una capa.
- Eres hija de Chai Zhang, ¿verdad?
Fue entonces cuando Xianghua se puso en lo peor. ¿Y si aquel hombre era uno de los generales de Ming? ¿Y si venía a matarla, como ya hicieron con su padre? Desde luego, no llevaba el uniforme imperial, pero no podía fiarse.
Xianghua se quedó muda, sin saber qué decir.
- No hace falta que contestes, sé que tengo razón.
Xianghua tembló.
- Esa espada es demasiado poderosa...y demasiado tentadora. Si el emperador de Ming cree que cuando uno de sus hombres la encuentre se la dará...
El desconocido rió de tal manera que Xianghua sintió que se le helaba la sangre.
- Si un general de Ming encuentra esa espada la utilizará para llegar al poder. Y matará a todo aquel que se interponga en su camino. Por eso te recomiendo que te apartes de esta peligrosa búsqueda.
- ¿Cómo sabes...?
Xianghua fue interrumpida por el ruido de pasos.
Alguien se acercaba hacia ellos por entre la maleza que bordeaba el sendero.
La chica desvió la vista un momento para ver quién era, y cuando volvió a mirar a donde estaba el encapuchado, este había desaparecido.
Al fin, alguien salió de entre los arbustos.
Era un chico joven, que sostenía una especie de bastón más alto que él.
Al verla, el chico se volvió a hablarle a alguien que le seguía.
- Aquí no hay nada, maestro. Sólo es una chica.
- ¿Sólo una chica? – preguntó ofendida Xianghua.
El maestro del muchacho apareció también, sosteniendo un tridente. Para ser un anciano, tenía una musculatura envidiable.
- Juraría que aquí había una poderosa fuente de energía maligna. – dijo el viejo. – Mírala a los ojos. Quizá esté poseída.
El chico la miró directamente a las pupilas.
Al principio la miraba fijamente, como si buscara algo en ellas.
Con el paso de los segundos, la expresión del chico se fue relajando, pero ninguno de los dos apartó los ojos de los del otro. Tampoco habló ninguno de ellos.
Al fin, tras poco más de un minuto, el maestro del chaval dijo impaciente:
- ¿Y bien?
- No...no hay nada malo en sus ojos. – dijo el chico, sin apartar la mirada de la de ella.
- Es bueno saberlo. – repuso irónica la chica, rompiendo al fin la conexión entre sus pupilas. – Me llamo Xianghua, por cierto.
- Encantado. – dijo el joven sonriendo, más tranquilo. – Yo soy Kilik.
