Disclaimer: Pokémon no me pertenece, es propiedad de Satoshi Tajiri
Advertencia: GeekChicShipping (ClemontxSerena); leve AmourShipping (AshxSerena)
Fic participante del reto: Welcome to Disney del foro DexHolders del Prof. Oak.
¡Muchas gracias a Danyeda Goofy Panterita, Ryuunoko y Ookami que dejaron unos lindos reviews! uvu traté de seguir sus consejos, pero yo soy mas de aprender con cachetadas así que no se que tal :'v pta bida.
Si no te interesa la historia, no estás obligado a leerla.
—Te gusta Ash, ¿cierto?
Serena se sonrojó de golpe, era evidente que Clemont dio en el clavo. El rubio desvió su mirada de nuevo a la luna la cual ya estaba siendo descubierta por aquella rebelde nube.
—Se... ¿se nota mucho? —cuestionó Serena con la mirada en sentido opuesto de donde estaba el inventor, aunque este seguía observando el cielo.
—Tu preocupación es evidente hacia él. Siempre.
La chica bajó la mirada aún ruborizada, en sus labios se formó una dulce sonrisa, sus ojos reflejaban un brillo, un brillo el cual el inventor al desviar su vista hacia ella, no lograba descifrar. Era una mirada tan natural, tan llena de vida con un sentimiento que para él era completamente desconocido.
Se levantó ganándose una mirada incrédula de parte de su compañera. Se dirigió a la entrada para poder descansar y mañana seguir investigando más a fondo lo que sucedía, y quien sabe, tal vez crear un nuevo invento con un nombre sin imaginación que no dure ni cinco minutos antes de explotar, bueno, ahora por lo menos duran diez minutos o poco más.
—Clemont...—escuchó decir con suave voz cuando ya estaba por cruzar el umbral de la puerta.
Se giró en dirección a Serena con una pequeña sonrisa, este preguntó que sucedía, la chica de cabellos color miel estuvo pensado en agradecerle, no sabía el por qué, pero tenía la necesidad de darles las gracias. De sus labios con una sonrisa salió simplemente unas buenas noches. El inventor asintió para luego entrar y dirigirse a su habitación.
La performance se quedó contemplando la puerta que cruzó Clemont, después dirigió su mirada hacia la luna que ahora brillaba con todo su esplendor.
—Ash, espero que estés bien...regresa pronto.
Clemont se dirigía somnoliento hacía donde deberían estar sus compañeros de viaje desayunando, iba con su traje de inventor recién puesto, en su rostro se podían notar pequeñas ojeras bajo sus orbes azules por las pocas horas de sueño y su cabello estaba completamente despeinado. Al llegar a la cocina se encontró a Serena dejando en la mesa frente a una silla una taza de café humeante.
—Buenos días—saludó amablemente la performance al verlo—. El desayuno ya está servido, también preparé algunos cupcakes. —sonrió con dulzura.
La pequeña Bonnie apareció de improviso sin si quiera darle tiempo a su hermano de decir buenos días o de dar las gracias a Serena por haberse molestado en haber hecho el desayuno. Por su puesto había llegado justo en el momento en que Serena ponía en la mesa una canasta con los cupcakes.
— ¡Gracias, Serena! —agradeció con chispas en los ojos la pequeña del grupo mirando en el centro de la mesa los cupcakes de diferentes colores y, podía ser también distintos sabores.
El desayuno pasó con normalidad, conversando alegremente en compañía de los pokémon y algunas veces de la misma enfermera Joy, hasta que recordaron que Ash no estaba con ellos. La angustia en el rostro de Serena era lo que más preocupaba a Clemont, si tan solo hubiera dicho algo sobre lo que había pasado en aquel bosque ellos estarían más tranquilos.
—Y eso fue lo que pasó—terminó de explicar Ash a cierta persona que se encontraba sentado junto a él.
Ella escuchó con atención la historia del muchacho, sobre lo que había sucedido y por qué no estaba con los demás de su grupo. Estaban cerca del pueblo de donde se encontraban Clemont y los demás, mientras descansaban un poco conversaban sentados sobre unas rocas gigantes mientras el viento soplaba con amabilidad. El punto del bosque en que sucedió todo estaba demasiado lejos, solo Arceus dirá si aquella cosa se acercara nuevamente al entrenador.
Al parecer fue obra del destino que aquella interesante entrenadora se haya encontrado con Ash.
—Guau, eso sí es increíble—comentó con algo de asombro e ironía la chica rubia llamada Korrina.
—Te estas burlando, ¿no? —la miró de forma acusatoria.
—No, para nada—dijo mirándolo fijamente—. Te creo.
El muchacho suspiró. Ya había pasado un día, un día en que se había separado de su grupo y ya los extrañaba. Viajar solo no era algo que acostumbraba, afortunadamente encontró a Korrina quien pasaba por el bosque.
—Por cierto, Korrina, ¿qué hacías en el bosque? —preguntó con curiosidad el entrenador del Pikachu, hablando de este, su pokémon estaba con Lucario jugando cerca de ellos en una pequeña pradera.
—Quise entrenar, quiero hacerme ¡aún más fuerte! —gritó esto último levantándose alzando el puño haciendo que Ash retrocediera un poco con una sonrisa nerviosa.
—Bueno, eso es genial, antes de irme de Kalos quisiera retarte a una batalla—dijo entusiasmado con una sonrisa desafiante mientras acomodaba su gorra.
—Estaré esperando, campeón de Kalos—sonrió de igual manera la chica—. Y bien, ¿a dónde te dirigirás ahora?
—Al siguiente pueblo, espero poder encontrarme con los chicos—rascó su nuca con una pequeña sonrisa dando a entender que en verdad ''espera'' que estén ahí.
La líder de gimnasio negó con la cabeza junto a una sonrisa divertida al darse cuenta de su situación, decidió acompañarlo, si estaba al lado de él tal vez pueda tener una batalla para poder entrenar. El chico se sorprendió un poco para luego asentir con su actitud de siempre. Se levantó de su lugar, llamó a su fiel amigo para poder partir y llegar al pueblo antes de que anochezca, o eso esperaban.
— ¿Cómo es que terminé aquí? —se preguntaba internamente Serena con una gota en la sien mientras caminaba al lado del inventor quien al parecer estaba de igual modo que la chica—. Bueno, Clemont, ¿Qué te gustaría hacer? —preguntó para aliviar el ambiente.
—Nada especial la verdad—respondió con sinceridad algo cabizbajo.
Los dos caminaban por el pequeño pueblo, aun no sabían cómo llegaron a esta situación y eso que la pequeña Bonnie ni si quiera tuvo algo que ver esta vez, pero ahí estaban los dos algo incómodos. Serena hacía lo posible por hacer llevadero el momento con algunos temas de conversación o proponiendo actividades, pero Clemont no ayudaba mucho que digamos.
El pueblo de verdad era hermoso, una maravilla a la vista ¿Cómo es que nunca habían oído hablar sobre aquel lugar? Sería un muy buen lugar para vivir, las personas son amigables, los pokémon de los alrededores no eran tan problemáticos, y al parecer cerca de allí había un lago o un río, aun no estaban muy bien informados al respecto.
Llegaron hasta un pequeño parque que estaba en el centro del pueblo, era uno de los lugares más hermosos que se podrían ver, en los límites del terreno habían rosales junto a una cerca de fierro de color blanco, también se podía distinguir dos arcos blancos que se posicionaban en dos esquinas, una estaba en la esquina superior izquierda del parque y la otra en la parte inferior derecha, las cuales estaban adornados con rosas rojas y blancas que despedían un dulce aroma que cautivaba a quien pasara cerca de allí. En el centro del parque había una fuente donde en medio de este se encontraba una estatua de mármol de un Roselia junto a un Roserade que expulsaban agua de sus manos o rosas o… bueno se entiende la idea.
En resumen, el lugar según Serena era un Edén que cautivaba su corazón y lograba tranquilizar su alma con el aroma de las flores, para Clemont era tan solo un parque común y corriente similar al que hay en ciudad Lumiose.
—Simplemente hermoso—comentó la performance maravillada, el inventor la miró con una expresión cansada. Sin previo aviso la chica lo tomó de la mano hasta arrastrarlo al interior del parque haciendo que este se sorprenda.
—No entiendo—soltó de pronto confundido Clemont cuando ya su compañera lo soltó, esta se giró mirándolo con incredulidad—. ¿Por qué les atrae tanto este tipo de cosas? —preguntó más para él que para Serena observando los alrededores.
La de cabellos color miel lo miró por unos segundos para después formarse una sonrisa en sus labios—. Tal vez porque es una manera dulce de ver la vida.
—Sigo sin entender—contestó simplemente el rubio, la chica rió nerviosamente—. Oye, Serena.
— ¿Sí, Clemont? —comenzaron a caminar con lentitud uno al lado del otro mirando hacia el frente.
—No, nada importante—musitó con un deje de angustia en su voz, Serena volteó a verlo, pero él desvió su mirada de tal manera de su amiga no pudiera ver su rostro.
Rodeaban el parque con tranquilidad, sin ninguna prisa en un silencio que no expresaba incomodidad. Serena quedó pensando en que le iba a decir el inventor, pero mejor decidió dejar el tema.
La chica volteó a verlo nuevamente—. Oye, Clemont ¿Te gusta alguien? —soltó sin más dejando al chico algo sorprendido y atónito por la pregunta.
—P-pues…—quedó pensando su respuesta—. Gustar… gustar… cuando alguien gusta de otra persona es porque le agrada su personalidad, y está en la línea entre amigo y posible novio o novia, pero ese gustar tiene que ver con su personalidad, sus cualidades y actitudes... la persona indicada seria… Ko-Korrina…
¡Korrina! —exclamó su compañera de viaje atrayendo la atención de muchas personas del parque.
—Espera, ¿eso lo dije o lo pensé? —preguntó incrédulo
—Lo dijiste—afirmó Serena—. La verdad no me lo esperaba.
Clemont sintió un calor en sus mejillas, desvió su mirada hacia cualquier otro lugar en el cual no estuvieran los ojos azules y curiosos de la aspirante a reina de Kalos. El amor no era uno de sus temas favoritos, pero Korrina era lo más cercano a alguien que le gusta, el chico era más de ciencia ¿Qué esperaban?
Serena estaba algo emocionada, soltó un pequeño chillido ya que la actitud del inventor confirmaba que él poseía sentimientos hacia su amiga líder de gimnasio. Pero al parecer había un problema, sabía perfectamente que el chico era tímido, a excepción cuando se trataba de ciencia o algo similar, aunque también estaba el tema de las batallas que compartía con Korrina, eso podría servir para acercarlos más.
— ¡Esto es genial! —sonrió alegremente Serena.
—Tampoco te emociones tanto—dijo algo molesto intentando calmar su emoción—. Korrina-san es lo más cercano a alguien que me atrae, pero eso no significa que estoy como tú con Ash—susurró esto último para no herir a su amiga. Desvió la mirada para después suspirar con pesadez.
—Aun así, como lo harás para demostrarle lo que sientes—alegó poniéndose frente a él ignorando lo último susurrado por su amigo.
—Ya te dije que…—suspiró interrumpiéndose a sí mismo. Intentaba que Serena comprendiera, pero con solo palabras no sería suficiente para detener a la chica de cabellos color miel, así solo dejo que hablara.
— ¿Y qué pasaría si tus sentimientos se desarrollan aún más? —preguntó con seriedad y ver a Serena con aquel semblante sin que fuera algo relacionado con los performances o con Ash era algo raro digno de ver, creo yo.
—Eres igual de terca que él, ¿no? —rascaba su mejilla algo nervioso por la actitud de su amiga por el tema—. Después de todo el que te guste alguien es un tema irrelevante.
Ante lo último dicho por el rubio, Serena, dio una expresión que expresaba horror absoluto, pero después se calmó para dar una mirada de incomprensión a su compañero suspirando con frustración.
—Este chico—susurró para sí misma— ¿Cómo demostraras que la amas? —en sus ojos se formaban un destello de determinación que a Clemont ya comenzaba a aterrarle.
—No le demostraré nada—contestó cansado tratando de evadir el tema, ya lo estaba incomodando demasiado.
— ¿Cómo sabrá que la amas? —comenzó a cantar Serena con melodiosa voz.
El rubio la quedó mirando notándose en la mirada que ya estaba fastidiado—. No, no cantes—la chica asintió. Clemont le dio la espalda comenzando a caminar.
— ¿Cómo sabrá tú amor? —susurró cantando a lo que el chico se dio vuelta para encontrarse a ella con la mirada desviada, las manos en su espalda y silbando.
—Enserio, Serena—le miró con expresión cansada.
— ¿Seguro? Tenía un número musical y todo—Clemont negó con la cabeza—. Ok—cuando su compañero se dio la vuelta tomó su holomisor para hacer una supuesta llamada—. Chicos, se cancela el número…
Clemont escuchó lo de su compañera, lo único que hizo fue negar con la cabeza, divertido.
En lo profundo del bosque, donde los más valientes no se atreven a ir por miedo a lo que allí mora, se encontraban cuatro siluetas que se ocultaban tras los árboles preparando su maléfico e inquietante plan mientras reían malvadamente, bueno, solo dos de las siluetas reían.
—Y eso haremos—finalizó de decir una voz misteriosa.
—Que aburrido—bufó otra voz quien aparentemente estaba jugando con su pokémon—. ¿Para eso me trajeron?
—Descuida, querida—calmó una tercera voz—. Pronto el show comenzara.
