Todos los personajes de Rurouni Kenshin son propiedad de su autor y sólo los tomé prestados un momentito para escribir esto…
CICATRICES.
Por: NaryMont
Capítulo 10: Rutinas.
- ¿Por qué llorabas? – preguntó Shishio de pronto, sacándola del estado de ensoñación en que se encontraba una vez que la pasión había sido extinguida.
Estaban sentados en el cómodo sillón que Hoji usaba para trabajar, Yumi en el regazo de él semicubierta por la yukata, con sus delgados brazos rodeando la estrecha cintura masculina y su cara recargada en el pecho cubierto de vendas, escuchando gustosa el ritmo de su corazón. Yumi se tensó ligeramente con la pregunta, pensaba que él no se había dado cuenta.
- Yo no lloraba – mintió miserablemente con la voz ahogada, recordando cómo se sentía al estar imaginando que él se encontraría tomando placer de otro cuerpo que no era el suyo.
- No me mientas, claro que llorabas – afirmó Shishio con paciencia, dio otro sorbo a su pipa, exhalando el humo después – Tengo una excelente vista – dejando la pipa de lado le tomó de la barbilla buscando su mirada. Los bellos ojos femeninos brillaron con intensidad tratando de decirle muchas cosas, tratando de compartirle muchos sentimientos revueltos con sus oscuros destellos.
Pero Yumi no sabía qué contestar, ¿qué podía decirle?, "Lloraba de rabia y de celos porque pensé que pasaría la noche en brazos de otra, en los brazos de esa linda jovencita que estaba con usted", no podía decirle tal cosa, tenían un pacto sí, pero lo analizó durante toda la noche y en éste jamás se habló de exclusividad, jamás se habló de romance, o de ser pareja, o de fidelidad.
Él no le había pedido nada a cambio por liberarla, ella qué podía exigirle, sí, le entregaba su cuerpo porque no podía darle otra cosa, pero principalmente porque su cuerpo traidor ya no le pertenecía y sólo podía responder a las caricias de él, su boca sólo podía responder a sus besos y eso, siendo honesta consigo misma, no era un pago, ni un sacrificio, era un placer egoísta que ella buscaba vehementemente.
- Lloraba porque soy una tonta – bajó la vista rompiendo el contacto con esos ojos que parecían adivinar sus pensamientos, en parte era verdad, porque tontamente creyó que él no vendría a ella esa noche, para luego demostrarle de una manera muy satisfactoria lo contrario. Volvió a acurrucarse en su pecho, ese lugar que la hacía sentirse tan segura, tan feliz.
- No creo que seas una tonta, pero entiendo que las mujeres guarden algunos secretos, es parte de su encanto – comentó él, no quería presionarla, después de todo la confianza se ganaba poco a poco y esperaba algún día que ella confiara en él. Analizó ese pensamiento en su cabeza, era extraño que él imaginara en un futuro mantener una relación con la mujer que en ese momento se refugiaba en sus brazos. Era una consideración que lo tenía pensando en lo mismo una y otra vez, pero ¿y si ella no deseaba lo mismo?, después de todo, sucede que ya que pruebas la libertad no deseas encadenarte de nuevo y ella era un ave que había estado enjaulada demasiado tiempo, no quería volver a encerrarla.
Posó la mirada en la mujer en sus brazos. Como un imán el cuello expuesto de ella lo atrajo y no pudiendo resistirse lo besó con ternura, la sintió estremecerse ligeramente; aspiro el aroma de su piel perfumada, era delicioso sentir en sus labios esa textura de durazno, tan suave, tan tersa, enredó en su mano aquellos cabellos de seda. Toda la noche la había estado deseando, cada que esa joven le servía sake no podía dejar de mirarla y compararla con Yumi, los ademanes de la muchacha, de la cual no recordaba su nombre, eran simples sin los rasgos de elegancia de su pequeña bruja, el cuerpo delgado no tenía las curvas pronunciadas que lo volvían loco, los ojos no brillaban con aquella intensidad al encontrarse con los suyos y junto a esos labios rojos no había ningún coqueto lunar que lo intrigara. En pocas palabras aquella chica no era Yumi Komagata. La noche había sido larga y fastidiosa, era más entretenido ver dormir a Yumi, que escuchar parlotear a aquella muchacha que lo único que deseaba era llevarse una buena propina esa noche.
Y luego lo había impactado el deseo que había golpeado su cuerpo al pensarla y la intensidad de esa sensación aumentar con simplemente tenerla frente a él, lo intrigaba su propio cuerpo, al reaccionar de aquella manera al verla, los roces constantes de la jovencita de esa noche no habían logrado nada en él. En cambio la simple vista de los hombros desnudos de Yumi en su yukata azul, había avivado el deseo intensamente. Y sin siquiera tocarlo.
Siguió su exploración por esos mismos hombros redondeados, luego fue besando poco a poco desde el cuello hasta el nacimiento de los senos femeninos que se adivinaban bajo la yukata. Notó como la respiración de ella se empezaba a agitar de nuevo, se levantó fácilmente con Yumi en brazos y con paso seguro se dirigió a su habitación…
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Era una de esas extrañas mañanas en que tanto Hoji, Soujiro, Yumi y Shishio coincidían en el comedor a la hora del desayudo, por lo regular los dos primeros desayunaban demasiado temprano, tal vez porque Hoji era en extremo madrugador dado el montón de tareas que siempre tenía que realizar y en el caso de Soujiro, parecía que el chico siempre andaba en "asuntos" de Shishio y le gustaba empezar temprano y con eso de que estaba en pleno crecimiento, no se saltaba ninguna de sus comidas, varías veces se lo encontraban saliendo del comedor cuando ellos entraban.
Pero ese día, debido a la reunión de la noche anterior y su consiguiente desvelo, los madrugadores estaban acompañando a la pareja en el desayuno. Como siempre Yasu con eficiencia, les sirvió apenas se habían sentado.
- He visto la biblioteca esta mañana y era un desastre, al parecer algún borracho de la fiesta de anoche entró y ha dejado un lío sobre mi escritorio – comentó de pronto Hoji para hacer algo de conversación. Yumi, tosió fuertemente, literalmente se ahogó con el té que bebía en ese momento al escuchar esas palabras y sin querer vertió todo el contenido de su taza sobre su ropa. No había sido un borracho precisamente, habían sido ellos, aun cuando ella había tratado de acomodar un poco el desorden luego del "encuentro" con Shishio, era claro que el observador de Hoji se había dado cuenta – Yasu ha mandado a alguien para limpiar – terminó luego de la tos repentina que atacó a Yumi.
Ella buscó la mirada de Shishio, encontrándose unos ojos llenos de picardía, hasta una sonrisa se dibujó en los labios del sinvergüenza. Ella lo vio con reproche, pero el simplemente amplió su sonrisa.
- Estás muy mojada – dijo Shishio al ver el Kimono manchado de la muchacha – deberías cambiártelo.
Esta vez fue Soujiro quien se ahogó con el té agarrándole un ataque de tos muy parecido al de Yumi, por supuesto no era el mismo tono de voz, ni siquiera las palabras exactas, pero se asemejaban bastante a unas que había escuchado a través de la puerta de la biblioteca la noche anterior, golpeó su pecho tratando de hacer que la tos pasara.
Hoji volteó hacia todos los presentes cuando Yumi se disculpó y salió del comedor. ¿Qué sucedía con el té esa mañana? ¿Acaso la cocinera lo había preparado muy fuerte? Probó su bebida, tenía el sabor de siempre.
Soujiro negó con la cabeza cuando Hoji lo interrogó con la mirada, el muchacho estaba tan rojo como un tomate, pero guardó silencio volviendo a su desayuno, evitando mirar directamente a Shishio a la cara.
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Yumi asintió a Hoji cuando le preguntó si había entendido todo sobre los diversos gastos de la mansión que tenía que contabilizar, y principalmente los pagos que tendría que realizar cuando él partiera de viaje. La explicación aunque larga había sido clara y precisa, el hombre era exigente, pero en cuestión de finanzas era un genio. Ella se sentía feliz, le otorgaba la confianza para manipular toda la contabilidad de la mansión en su ausencia y le había dicho que si todo estaba bien, irían aumentando sus responsabilidades.
La muchacha siguió con su trabajo catalogando diversos documentos y calculando algunas operaciones que Hoji le había pedido. En ese momento tocaron a la puerta. Entró uno de los guardias enmascarados acompañados de un muchacho que parecía algo inquieto.
- Buenos días Hoji-Sama, este es la persona que solicitó – dijo el hombre dejando al muchacho y saliendo de la biblioteca.
- Buen día Hoji-Sama, soy Ishi, estoy a sus órdenes – luego se giró hacia Yumi que estaba concentrada en su labor – Yumi-San buenos días – dijo inclinando la cabeza más significativamente hacia la joven.
- Buenos días – Yumi levantó la vista y lo saludo de vuelta volviendo a su trabajo.
- Bien Ishi, la cuestión es que tendrás que poner mucha atención en lo que vamos hacer, si logras tu objetivo serás de gran ayuda para Shishio-sama – el aludido asintió tragando saliva, Yumi notaba eso constantemente entre los subordinados, apenas se mencionaba a Shishio y todos parecían temblar y sentirse nerviosos. Sonrió internamente, era el mismo efecto que ella experimentaba, sólo que por motivos diferentes. Sin querer sus ojos se desviaron al escritorio de Hoji y ciertos recuerdos placenteros acudieron a su mente de manera involuntaria, la ligera sonrisa en sus labios y el sonrojo en sus mejillas no pasaron desapercibidos para los ojos de Ishi, que no dejaba de admirar de reojo a la mujer, que en la pequeña mesa trabajaba tan diligentemente. No era mentira lo que se rumoraba, la nueva amante de Shishio-Sama era una mujer muy hermosa. Muchos no la habían visto, ya que pocas veces salía de la mansión.
- Esto es lo que debes memorizar – dijo Hoji poniendo frente al muchacho una hoja – dijeron que eres inteligente, espero que sea cierto, debes aprenderte los símbolos para mañana, se llama código Morse. Estaremos practicando durante estos días, eso es todo por hoy.
Ishi salió no sin antes dirigir una larga mirada a la muchacha que no pasó desapercibida para Hoji, pero no dijo nada, más valía no meterse en problemas.
- Hoji-San ¿Qué es el código Morse? – preguntó Yumi con curiosidad.
- Es el código que permite mandar los telegramas ¿sabes de ellos no?
- Sí – respondió la muchacha, lo sabía bien, con un telegrama habían avisado a varios familiares que vivían lejos sobre la muerte de su padre y madre.
- Lo vamos a necesitar en la fortaleza del monte Hiei, hay que ser prevenidos.
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Y así es como se había fijado una especie de rutina en la vida de Yumi, una rutina que disfrutaba enormemente, los días transcurrían entre las enseñanzas de Hoji, las comidas compartidas con Shishio, las conversaciones de Yasu que giraban en el avance del embarazo de su hija, las constantes idas y venidas de Soujiro, el jovencito agradaba mucho a Yumi porque sabía del afecto y admiración que sentía por Shishio, además era amable con ella, constantemente le traía a ella y a Shishio golosinas de los sitios que visitaba. Luego estaban las noches, las cuales en antaño la preocupaban por la vida que llevara, pero que ahora se habían vuelto sus favoritas, porque era cuando podía tenerlo a él para ella sola. Durante el día Shishio estaba siempre ocupado, ya sea con Hoji, con los guardias, entrenando, metido durante horas en la sala de reuniones con aquel hombre que le causaba algo de desagrado llamado Hyobe y con el tipo que tenía cabello de escoba y en general dando órdenes por todos lados, pero por la noche, al llegar a su habitación sentía que podía tener la atención de él en tu totalidad.
Siempre terminaba entre sus brazos, elevando su calor, desnudándola a veces con premura a veces lentamente. No había pasado noche que no la buscara, que no la hiciera su mujer y eso a ella la tenía entre las nubes. Sabía que si algo bueno había hecho en su vida, se le estaba recompensando con creces al haber conocido a Makoto Shishio. Se preguntaba si algún día pasaría el efecto arrollador que su personalidad le causaba, ¿acaso en alguna ocasión podría controlar su corazón de los latidos violentos cuando la besaba?, ¿podría algún día hilar pensamientos cuerdos cuando él la poseía con ese ímpetu, con esa urgencia? No tenía las respuestas, pero a una conclusión sí había llegado, estaría en problemas si él algún día se cansaba de ella, porque estaba total y completamente segura que amaba a Makoto Shihio, cada célula de su cuerpo se lo gritaba y eso era el sentimiento más fuerte, más intenso que había experimentado en su vida. Sabía con toda seguridad que no podía, que no querría seguir viviendo si algún día él no estaba a su lado.
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- ¡No, no! – Gritó por tercera vez esa mañana Hoji y por tercera vez Yumi dio un pequeño brinco en su asiento – ¡Esto es básico! ¡¿Cómo es que cometes el mismo error una y otra vez?! – preguntó a Ishi, que frente a él, tenía la cabeza baja y lucía muy avergonzado.
Yumi sabía que la histeria de Hoji se debía a que partiría de viaje en unos cuantos días y el muchacho que practicaba el código Morse no avanzaba como hubiera querido. Y era algo que ella no entendía del todo, había visto el famoso código por curiosidad y no era tan complicado, además estaba el hecho de que Hoji practicaba con aquel joven de dos a tres horas diarias, repitiendo cada letra y número casi a gritos, si hasta ella creía que podría escribir una lista completa de las palabras que conocía y ni siquiera había tocado ninguna de las dos relucientes máquinas de telegrafía que Hoji había mandado instalar a cada extremo de la biblioteca. Suspiro con alivio cuando, un ya molesto Hoji, dio por terminada la lección del día y despidió a Ishi. Por fin podría concentrarse en aquella lista de número que tenía enfrente.
- Pediré té, ¿Quieres Yumi? – le preguntó Hoji ya más calmado a la joven, que callada como siempre, avanzaba en su labor del día. Ella asintió y luego de pedir el servicio de la bebida para los dos se acercó y dejó una pequeña bolsa marrón frente al libro de contabilidad en el que Yumi trabajaba en ese momento – Esto es tuyo – mencionó Hoji.
La muchacha lo miró con ojos interrogantes y abrió el bolso de piel, dentro había varias monedas relucientes.
- ¿Qué es esto? – preguntó con las monedas en la mano al hombre, que frente a ella ya degustaba su té.
- Tu sueldo – contestó Hoji.
Yumi se estremeció peor que si Hoji le hubiera gritado. Su sueldo. Volteó hacia el dinero que descansaba en su mano observándolo fijamente. Era el primer dinero que ella ganaba sin vender su cuerpo, de hecho era la primera vez que sostenía el dinero ella misma, durante su vida siempre su okasaan o Yuri eran las que lo recibían, ella a lo más obtenía obsequios, pero jamás dinero. Se sintió desconcertada con el hecho.
- No puedo recibirlo, sólo soy una aprendiz – Yumi le extendió a Hoji la bolsa con el dinero que había vuelto a meter en ella.
- Hace semanas que no te considero una aprendiz, además es lo mismo que recibía mi antiguo ayudante – le explicó Hoji mirando el desconcierto dibujado en el rostro femenino.
- Aun así no puedo aceptarlo, no lo necesito estando aquí.
Hoji la observó fijamente a los ojos por un momento, no sabía lo que escondía aquella mirada tan fija sobre ella.
- Guárdalo Yumi, tal vez en este momento no lo necesites, pero… - él se interrumpió un momento no sabiendo cómo continuar, ella empezaba a simpatizarle – Conozco a Shishio-Sama de tiempo atrás, tú le agradas mucho eso puede verse con claridad, pero… él suele ser muy voluble y… cambia de gustos constantemente.
Ella entendió perfectamente lo que Hoji, entre líneas, daba a entender y sintió que el alma se le desgarraba y que el piso dejó de estar bajo sus pies, una cosa es que ella lo pensara en ocasiones y que tal como venía desechaba el pensamiento y otra cosa era que alguien como Hoji, que conocía a Shishio-Sama mucho más, se lo dijera abiertamente, eso volvía el hecho más real.
Aquellas palabras se unían a otras que originaron el desagrado que sentía por Hyobe. Ese hombre algo había dicho delante de ella el primer día que pasara en aquella casa. En aquella ocasión había comido con Yasu antes de ir con Hoji a pagar a Yuri-San su deuda. Yasu parecía entusiasmada con la idea de que Yumi permaneciera en aquella casa y le hizo saber que Shishio le había ordenado acompañarla a comprar ropa para su estancia ahí. Hyobe, el capitán de guardias entró en ese momento escuchando la plática de ambas mujeres. "Entonces no necesitará más que un par de kimonos, Shishio-Sama suele aburrirse muy pronto"
- Eres una buena persona, me agradas, así que considera mi consejo y guarda para el futuro - alcanzó a escuchar que Hoji decía.
Yumi bajó el rostro intentando serenarse para no llorar frente a él, era un consejo muy inteligente, pero ella sabía desde el fondo de su corazón, que sin Shishio-Sama ella no deseaba, ella no tendría un futuro.
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Yumi repasaba los pendientes de ese día, Hoji-San había salido a Shanghái la noche anterior, se rió al recordar la cara sorprendida del hombre al ver por la tarde del día de ayer, en la máquina telegráfica de su escritorio el mensaje:
B-U-E-N. V-I-A-J-E. H-O-J-I-S-A-N
- ¿Tú lo enviaste? – le había preguntado incrédulo.
- Sí – respondió ella tratando de parecer seria.
- Hablaremos de eso a mi regreso – comentó terminando de acomodar unos documentos que ocupaba llevarse. No había podido definir si estaba impresionado o molesto o una combinación de ambas cosas.
Y ahora ahí estaba ella, con aquella sensación de emoción y nerviosismo porque había dejado muchas cosas en sus manos.
Caminaba por el pasillo principal de la casa hasta que se encontró con Yasu que acarreaba ropa para lavar.
- Yasu, ¿sabes si Akemi-San ya se fue?, tengo que hacerle su pago.
- Aun no termina con Shishio-Sama – le informó la mujer. Esta mañana ella llegó algo retrasada, el señor no estaba para nada contento – comentó la mujer y siguió de largo a realizar sus quehaceres.
Yumi meditó un momento, nunca había entrado cuando Shishio era atendido por Akemi-San pero esperaba que no les estuviera haciendo las cosas difíciles a la pobre muchacha, cuando él quería podía amedrentar a su propia sombra. Así que optó por seguir su instinto y estar presente ojalá eso lo distrajera un poco y la chica terminara su trabajo con calma.
Entró lo más sigilosamente posible quedando tras el biombo, al no escuchar mas que ciertos bufidos de enfado que salían de los labios de Shishio, supuso que no estaría demasiado furioso. Por curiosidad natural se asomó un poco.
Ahí estaba Akemi, con mucha paciencia y calma, iba esparciendo una especie de ungüento sobre la piel de Shishio, luego con una gran minuciosidad enrollaba las vendas sobre sus brazos y torso, todo perfectamente acomodado, todo escrupuloso, prolijo. Yumi simplemente perdió la noción del tiempo observando, la escena que se desarrollaba frente a sus ojos era la viva imagen de uno de los muchos sentimientos que él le despertaba. Ella quería cuidarlo así, hacerlo sentir que se preocupaba por él, atenderlo de aquella manera para su bienestar, simplemente cuidar de su cuerpo. Anhelaba que él la necesitara, aunque sea de forma mínima, cómo ella ya lo necesitaba para existir.
Al terminar la joven colocó todo en una pequeña charola, mostrando ya su profesionalismo, a pesar de ella ser sólo una aprendiz. Mientras, Shishio se acomodaba la yukata que solía usar sobre sus vendas, con su clásica manía de dejar su mano derecha fuera; Yumi miró sus ojos, parecían aliviados, como si aquella rutina diaria tan necesaria para su salud lo molestara enormemente.
Salió tan sigilosamente como había entrado, aquello que había visto aún se repetía en su cabeza, revolviendo su interior, no sabiendo cómo canalizar el cúmulo de sensaciones que la estremecían por dentro.
- Buenos días, Yumi-San – el saludo de la aprendiz de médico la sacó de sus cavilaciones.
- Buenos días, Akemi-San – devolvió la cortesía Yumi – estaba esperándola, tengo aquí su pago, venga por acá – le indicó que siguiera por el pasillo hasta la biblioteca, una vez adentro le extendió el dinero que saldaba sus servicios.
- ¿Hoji-Sama no se encuentra? – preguntó la joven.
- No, él salió por cuestiones de negocios – contestó Yumi, ese era el pretexto que Hoji le indicó dijera cuando alguien preguntara por él. Serían muchos los proveedores que Yumi iba tener que recibir y no pocos querrían saber de su paradero.
- Entonces… tendré que informarle a usted – empezó Akemi, se inclinó un poco hacia ella, parecía apenada – Ya no podré atender a Shishio-Sama, tendrán que buscar un reemplazo.
- Pero… ¿por qué? – preguntó Yumi, se preocupó al recordar que el tratamiento que estaba recibiendo él ayudaba bastante a su piel.
- Como sabe, son mis intenciones ser un doctor como mi abuelo en el futuro, por lo mismo, en un par de semanas más partiré estudiar fuera de Kioto. Puedo darle informes de algunos reemplazos.
- Entiendo… - Yumi guardó silencio, sentía que su corazón latía fuertemente, tal vez, sólo tal vez, la oportunidad de poder ser de utilidad para Shishio-Sama se abría ante ella y esperaba que la persona que podía ayudarla aceptara su propuesta.
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Había estado llenando papeleo durante semanas y estaba harto, sencillamente la parte administrativa y burocrática de su trabajo era lo que más detestaba. Tenía semanas completas sin algo de "acción" verdadera. Con la mirada llena de aburrimiento miró hacia la ventana, unos nubarrones se acercaban trayendo un viento suave y refrescante sobre la ciudad, pero seguro habría tormenta por la tarde "Genial", pensó volviendo a posar sus ojos sobre la fila de papeles en su escritorio, parecía que se multiplicaban a cada momento. Había sido rutina que durante los últimos días no encontrara más información sobre el "tema Shishio", sentía que estaba dando vueltas en círculo. Encendió otro cigarrillo, cuando no tenía ni un par de minutos de haber terminado el anterior. Ni siquiera Okubo había podido atenderle todavía por sus múltiples ocupaciones y esperaba ansioso la fecha que tenía reservada para hablar con aquel hombre tan importante.
Luego estaba el tema del asesinado de Hoki Shima, no tenían demasiadas pistas, salvo el altercado que había tenido en una casa de té antes de su homicidio, pero del médico que había curado sus heridas, no habían obtenido mucho información, porque la víctima había sido hermético al dar información sobre en cuál de las casas de placer o quién le había ocasionado las lesiones, así que estaban en un callejón sin salida. Eso lo frustraba bastante, no porque estuviera muy interesado en atrapar a quien fuera que había mandado al tipo ese al infierno, sino porque era su trabajo y además su superior no dejaba de recordarle sobre el caso cada día. Cuando se trataba de muertes de hombres pertenecientes al gobierno todos ellos se ponían muy nerviosos, claro, siempre estaban con el miedo de ser los siguientes.
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Yumi perfumaba su cuerpo y cepillaba su cabello con mucho cuidado, frente a ella un pequeño espejo circular la ayudaba en su labor, pensaba y pensaba en lo que le había pedido a Akemi, tal vez estaba siendo una egoísta, pero sus razones eran genuinas, deseaba ser indispensable para Shishio-Sama, porque aun cuando él dejara de sentir interés en ella en el plano sexual, podría seguir estando a su lado como una especie de enfermera. Era una excusa muy pobre que ella se estaba inventando, en su interior lo sabía, pero también era cierto que lo que su corazón sentía por ese hombre ya no le permitía pensar con lógica. De repente estudió la idea de ser sólo su enfermera, ¿podría soportar verlo al lado de otra mujer?, ¿otra mujer que ocupara el lugar que ella ostentaba en ese momento? Conocía la respuesta demasiado bien, había tenido un atisbo de lo que sería que él cambiara sus intereses hacía otra, la noche que había sido suya en el escritorio de Hoji, había probado por primera vez el amargo sabor de los celos y no era nada agradable, bueno decir eso era quedarse muy corto, había sido una verdadera tortura, una por la cual no quería volver a pasar nunca más.
Entonces he ahí una disyuntiva, ¿Era sano estar a su lado sólo como alguien que cuidara de él, pero no como su mujer?, no lo era, pero por otro lado el no volverle a ver de ninguna forma era algo que no podía ni siquiera imaginarse, por eso es que había llegado a la conclusión de estar junto a Shishio-Sama, sin importar el papel que jugara en la vida de él. Así que a partir de la mañana siguiente, Akemi-San sería su sensei para poder hacerse de los conocimientos necesarios y cuidar de él de la mejor manera posible.
Por último, lentamente, repasó con el brillo rojo de cereza sus labios, sabía cuánto le gustaba a Shishio ese detalle, se levantó de la pequeña mesa, dando por terminada su rutina nocturna, lista para esperarlo a él.
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Como era rutina, cada miércoles la sala de reuniones de la casa estaba ocupada. Shishio se llevó su tercer copa de sake a los labios degustando el delicioso sabor, mientras que Hisato Kuro seguía pasando el informe de los diversos movimientos de la policía de kioto. Al parecer en ese sentido no había muchas novedades que destacar.
- Sólo he notado algo extraño con Hiro Matzu – comentó Cho interviniendo ya que su compañero había terminado - Está recibiendo más cargamentos de mercancía que de costumbre, antes sólo había actividad dos o tres veces por semana, ahora se ha incrementado a cinco.
- ¿Estará trabajando extra sin avisarnos? – preguntó Soujiro.
- Es lo más seguro, pero eso no nos conviene, porque si empieza a desobedecer los otros se pondrán valientes y harán lo mismo – afirmó Cho.
- Salvo que el propio Hoji-San haya autorizado los nuevos movimientos – dedujo Soujiro
- Eso no podremos saberlo de momento Hoji volverá hasta dentro de un par de semanas, él es único que maneja todas esas cuestiones financieras – comentó Shishio terminando el sake de su copa.
- Pues Yumi-San también ayuda a Hoji-San con esas cosas – dijo Soujiro – él me comentó que ya la está aleccionando en esas cuestiones.
- Ve por ella Soujiro – ordenó Shishio – quizás nos pueda decir si ese bastardo de Matzu se está pasando de listo.
Cuatro pares de ojos voltearon hacia la puerta cuando Soujiro volvió a los diez minutos acompañados con Yumi, el dulce perfume floral de ella inundó la habitación suavemente, poniendo algo inquietos a los hombres. Vestía un quimono blanco, bajo éste, Shishio pudo ver que sobresalía su propia yukata azul, esa que le encantaba como se envolvía en el cuerpo de ella. No había podido recoger su cabello, así que lo llevaba suelto, los suaves mechones negros enmarcaban su rostro, y bajaban por su espalda con formas caprichosas, pero lo que resaltaban más eran sus labios cerezas y aquel lunar que siempre le había parecido fascinante.
Shishio le sonrió ligeramente cuando sus miradas se encontraron. Ella sonrió de vuelta, sintiendo el conocido brinco de su corazón que resultaba siempre que lo veía.
- Soujiro me ha dicho que me necesita Shishio-Sama – dijo ella inclinándose hacia el hombre vendado.
- Sí Yumi, necesitamos conocer una información sobre los negocios, sobre todo de Hiro Matzu.
- Aún no sé mucho sobre eso, pero podría revisar los libros de Hoji-San si usted me lo permite.
- Adelante – contestó Shishio y Yumi se giró a la salida rumbo a la biblioteca. Todos la miraron, fue cuando Shishio de repente cayó en cuenta de la atención masculina que ella despertaba. No es que antes no fuera muy consciente de eso, hasta ese mismo instante parecía que no le había molestado en lo absoluto, pero ahora algo se había despertado en él, algo que lograba ese efecto de molesto disgusto, sobre todo cuando observó la insistente mirada de Hyobe prácticamente devorando la armoniosa silueta femenina. Algo amargo se instaló en su lengua y tuvo que apurar su copa de sake para tratar de quitar el mal sabor.
Yumi volvió de inmediato con varios libros que todos los presentes conocían perfectamente, los tediosos libros de Hoji. Como si estuvieran de acuerdo apuraron su copa de sake casi al unísono, pero sucedió algo extraño, en lugar de la parsimonia de Hoji, la voz de Yumi estaba llena de diversos matices y entonaciones. Al empezar a hablar la voz femenina no tenía la parquedad, ni la severidad del hombre ausente, tampoco usaba los complicados términos contables. Al instante contó con la atención de todos los presentes.
- Según los registros Hiro Matzu comenzó con dos movimientos semanales pero… - abrió otro libro repasando con sus finos dedos un mundo de fechas y cantidades – Desde hace aproximadamente un mes los movimientos se suceden en tres ocasiones por semana.
- Está "trabajando" extra sin avisarnos – concluyó Cho.
Yumi tomó un tercer libro buscando en varias hojas.
- Según este libro, si aumenta sus actividades debe realizarse un nuevo contrato, de lo contrario está faltando a lo estipulado.
- ¿Debemos hacerle una visita, Shishio-Sama? – preguntó Soujiro.
Pero Shishio no contestó, ni siquiera estaba escuchando la pregunta de su protegido. Observaba con una furia declarada como la mirada lasciva de Hyobe, impertinentemente y con descaro, no perdía detalle de los rasgos femeninos, desde los labios cerezas, pasando por el delicado cuello y terminando en el escote del kimono. Si con las miradas se sucedieran las acciones, Yumi estaría desnuda bajo los ojos de Hyobe y Hyobe muerto dolorosamente bajo los ojos de Shishio.
- ¡Yumi , ya retírate! – casi gruñió Shishio a la muchacha que sobresaltada, tomó los libros contables y salió rápidamente de la habitación, preguntándose qué había hecho mal para que Shishio le hablara de aquella manera.
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Yumi sentada sobre la cama se retorcía las manos nerviosamente, estaba de nuevo en la habitación, pero no había tenido cabeza para quitarse ni el kimono. Repasando mentalmente sus acciones, trataba de entender por qué Shishio estaba tan molesto con ella. De pronto la puerta se abrió bruscamente, dejando pasar al hombre vendado que aún mantenía aquella aura furiosa a su alrededor. Y ahí estaba ella, la causa de su rabia, porque se había tenido que presentar así, tan hermosa y perfumada, ese espectáculo sólo tenía que ser para él. Ella se levantó alterada de la cama. Cuando de repente unos labios ya asaltaban su boca y unas manos enguantadas sujetaban con fuerza extrema sus brazos para luego atrapar su cintura.
Sintió con cada fibra de su ser la furia en aquel beso, no era pasión, no era deseo intenso, era rabia pura. Su corazón se sobresaltó, pero esta vez de miedo.
- Shishio-Sama yo… - pero no la dejó seguir, luego de ese breve respiro volvió a besarla, chocando sus dientes Yumi pudo apreciar de su labio cortado el metálico sabor de su sangre.
- ¡Tú eres mía! – le dijo con autoridad y desesperación en otro instante que separaron sus labios, para luego besar con rudeza su cuello. Sus manos como poseídas apretando la carne firme de las curvas femeninas. Ella sólo tratando saber qué era lo que estaba sucediendo. Con facilidad la levantó y la arrojó sobre la cama, como un animal al acecho se colocó sobre ella presionándola con su cuerpo sobre la mullida superficie. Separando sus piernas de un solo movimiento.
Shishio jaló el kimono, sin medir su fuerza la tela se desgarró de alguna parte. Aquel sonido volvió a Yumi a la realidad, trayéndole recuerdos amargos y dolorosos. Por mero instinto comenzó a forcejear con él, pero era muy fuerte.
- ¡No, no quiero!... así no… - Exclamó ella al borde del llanto – No me toque así, por favor – rogó con la voz ya totalmente quebrada. Imprimió toda su fuerza logrando apenas separarlo un poco.
El hombre vendado respiraba agitado sobre ella, sus miradas se cruzaron cólera en una y terror en la otra. Lentamente Shishio recobró la compostura tomando conciencia del estado de ella frente a él. Yumi llorosa, con su cabello revuelto, el labio hinchado, la ropa desgarrada, se parecía bastante a cuando había sido atacada por aquel bastardo, sólo faltaban los golpes en su cara para que el cuadro estuviera completo.
Se separó de ella totalmente descompuesto, horrorizado de sí mismo. Podía ser un maldito asesino, un desalmado homicida, pero no un jodido violador, jamás había forzado a ninguna mujer y ahora había estado a punto cometer una atrocidad y precisamente con ella. La miró de reojo, lloraba en silencio.
- ¡Maldita sea! – exclamó y salió de ese lugar azotando la puerta. Estaba furioso consigo mismo.
Caminó con paso firme por el pasillo encontrándose en el trayecto a Soujiro.
- Ven – le ordenó escuetamente y en un momento estaban en la sala de entrenamiento. Todo en silencio, casi en penumbras.
Shishio tomó una katana de las que adornaban la pared y se la arrojó al siempre sonriente chico, que ahora parecía algo desconcertado. La atrapó con una sola mano. Sin intercambiar palabras se colocaron frente a frente, los filos metálicos de las katanas brillaron débilmente al ser desenvainadas, gracias a la luz de la luna que se lograba colar al lugar.
Un segundo después, Soujiro contuvo con relativa facilidad el ataque de su antiguo maestro. Shishio arremetió de nuevo con más rapidez en esta ocasión, pero el joven volvió a detener el ataque. Soujiro se preguntaba por qué Shishio no se concentraba en el combate, parecía un principiante, podía leer todos sus movimientos, pero eso probablemente era debido al estado mental en que se encontraba.
Las katanas retumbaron por bastante rato, al chocar entre ellas sacaban chispas, era un combate formidable, los oponentes especialistas en sus técnicas, ágiles y veloces. Pero en medio de la noche y la oscuridad nadie fue testigo de esto.
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Nota 17/05/16: Uno más… por Kami! Es el 10! No pensé que esto fuera tan largo, pero es que en serio que se escribe casi solo. Y lo más gracioso es que tiene voluntad propia, porque yo tenía otras ideas y de pronto sale esto! Como siempre quiero agradecer por todos sus reviews, sobre todo de las personitas que me han comentado desde el primer capítulo, se los agradezco desde el fondo del corazón. El otro día comentando con una amiga sobre sus reviews le dije que me tiene sorprendida el hecho de que varios sean de personas que no tienen como idioma materno el español, lo cual a mí me tiene así: O_O!
Perdón por no haber actualizado el viernes, pero es que todavía no redondeaba varias cositas de este capítulo y tuve que borrar párrafos completos porque pensé no quedaban con la idea que quería transmitir (traté de compensar haciendo esto más larguito). Saben? Este fin de semana (el día 15) se celebró por acá el día del maestro (mi día Yupi!), así que a pesar de que estuve todo el día en la actividad de mi trabajo me la pasé muy bien.
Unas preguntas: ¿les gusta cómo va esto? ¿Le sigo o me regreso? ¿No está muy fuera de órbita mi interpretación de los personajes?
Por cierto ya me terminé la primera temporada del anime que les recomendé: Kamisama Hajimemashita, me gustó mucho!
Besos y abrazos digitales y Hasta la próxima! … Nary^^
