Capítulo 32: El búho

Después de la difícil noche vivida el día anterior, Mi-na y Yunsung despertaron muy relajados.

Desayunaron y continuaron su camino con marcha relajada, mientras hablaban de cualquier cosa.

Yunsung se sentía mejor de lo que había estado nunca, y a Mi-na le agradaba tener compañía en su viaje.

Pero al mediodía, durante un alto para comer, Yunsung bajó de la nube en la que se encontraba durante unos minutos y puso los pies en la tierra para hablar de un tema serio.

- Oye, Mi-na...¿adónde vamos?

La chica ya tenía claro hacia donde se dirigían, pero sabía que estaba muy lejos, y temía que al decírselo a Yunsung éste decidiera volver.

- No importa, Yunsung. Confía en mí. – pidió ella.

- Pero...

- Por favor. – le interrumpió.

Yunsung suspiró con resignación.

- Está bien.

Mi-na había estado de pequeña durante un par de años en un templo de Nepal en el que se enseñaba lucha. Su padre, al ver su espíritu de batalla, decidió que el llevarla allí calmaría sus ansias de lucha, y así ella no sería una guerrera como el resto de su familia, lo que hubiera estado mal visto en Corea.

Se equivocó, pero estar en aquel lugar le había servido a Mi-na para mejorar mucho sus habilidades de luchadora.

Al oír hablar de Soul Edge, Mi-na había recordado algo. El maestro de aquel templo era conocido como Edge Master. Seguro que tenía algo que ver.

Cuando terminaron de comer, los dos siguieron el camino, rumbo a Nepal.

...

Yunsung ya se olía que Mi-na le ocultaba algo, pero le daba igual. Él lo que quería era estar con ella y asegurarse de que estaba bien. Así que la seguiría a cualquier parte, como le había prometido.

Pero para dos personas que pasan todo el día juntas es inevitable discutir.

La primera discusión entre ambos llegó cuando Mi-na vio en el camino un pequeño bulto blanco.

Decidió ver qué era, y descubrió que se trataba de un búho que tenía un ala lastimada.

- Yunsung, mira. Es un búho.

- ¿Y? – dijo Yunsung con indiferencia, mientras seguía el camino.

- Está herido.

Yunsung se detuvo y se giró hacia Mi-na.

- ¿Y qué quieres que hagamos?

Mi-na miró a los alrededores preocupada.

- ¿Puedes ir a buscar un pueblo mientras yo cuido de él?

- ¿Qué? – preguntó el chico incrédulo.

- Hay que llevarlo a que le curen el ala. – explicó Mi-na con tono malhumorado.

- Mi-na, esa espada que buscas...sin duda debe haber mucha gente buscándola. No puedes perder el tiempo con tonterías.

- ¿A ti te gustaría que te abandonaran en un camino con una pierna rota?

- Pero Mi-na, eso es diferente.

- ¿Por qué? ¿Sólo porque tú eres un ser humano y no un simple búho? Es injusto.

Yunsung resopló con fastidio.

- Mi-na, seguro que la espada está provocando muchas muertes. De personas y puede que hasta de animales. Esas muertes son las que hay que evitar.

- Si tanto te importa, ve tú a buscarla. – gritó ella enfadada, sin mirarlo, mientras acariciaba al búho.

- Es que no sé adónde ir. – replicó él elevando la voz.

Mi-na lo miró a los ojos desafiante.

- Al templo Ling-Sheng Su en Nepal. Allí nos dirigimos. – dijo ella con tono cortante.

- ¿A Nepal? – preguntó Yunsung sorprendido.

- ¡Sí! – chilló ella mientras volvía a centrar su atención en el animal. - ¿Algún problema?

- Sabes que no, Mi-na. – se excusó él con un tono más dulce. – Ya te dije que te acompañaría a cualquier parte. Pero no podemos detenernos por cada animal herido que encontremos.

- Si estás dispuesto a seguirme hasta Nepal, ¿por qué no a buscar un pueblo de los alrededores? – inquirió ella sin mirarlo.

Yunsung suspiró.

- Tú ganas. – estas palabras provocaron una sonrisa en Mi-na. – Pero durante una hora. Si en ese tiempo no he encontrado nada, continuamos. ¿De acuerdo?

- Bueno, vale. – cedió ella.

- Hasta luego. – se despidió con una pizca de mal humor.

Yunsung se alejó a paso ligero, observando cada detalle a su alrededor.

Y Mi-na, no sabía por qué, no podía dejar de mirarlo mientras se alejaba.