Disclaimer: Los personajes del anime/manga: "InuYasha" son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo los tomo prestados para hacer esta historia más interesante y entretenida, sin ningún interés de lucro de por medio ni nada por el estilo.
Advertencia: Este capítulo es relativamente "cursi".
Chapter: 2
"Angustiada Despedida"
Arrugo el ceño al oír sonar la alarma de su celular cerca de las ocho de la mañana, pues su vuelo saldría a las dos del de la tarde, y quería tener el tiempo suficiente para despedirse de, su ahora, prometida y de su madre. Cuidadosamente y sin hacer mucho ruido se levantó y de la misma manera se vistió, ya que no quería despertar a la azabache que aún seguía profundamente dormida debido a la "agotadora" noche vivida.
—Eres lo más importante que tengo. —susurro a unos pocos centímetros de su rostro, quitando un rebelde cabello que caía sobre este.
La observo por unos minutos y sonrió al verla dormir tan en paz, se dirigió a la puerta de la habitación y le dio una última mirada antes de salir.
—Odio venir hacer tiempo extra, pero es necesario —dijo Naomi mientras limpiaba la larga mesa donde los abogados solían hacer sus importantes reuniones.
—Dímelo a mí —le dijo Izayoi limpiando unos estantes de la misma sala—, el pobre de Inuyasha trata de hacer sus trabajitos por ahí de vez en cuando… y aunque no le pagan mucho, me ayuda en lo que más puede —respiro agotada—. Y aunque le diga mil veces que guarde su dinero y que lo ahorre, es muy testarudo e insiste en que lo tome.
—Deberías dar gracias a Dios y darte por bendecida en tener un hijo que se comporte de esa manera —le sonrió Naomi—. Pues los chicos de hoy en día dejan bastante que desear.
—Si tienes razón. —le sonrió devuelta.
— ¿Cómo crees que les haya ido a los chicos anoche? —cuestiono Naomi interesada de la opinión que le diera su amiga.
—Yo creo que les debe haber ido muy bien —respondió Izayoi bajando cuidadosamente de la silla donde había estado de pie para alcanzar los altos estantes de la enorme sala—. ¿Kagome iba muy nerviosa?
—Ansiosa más que nada, pues insistía en que le dijera si yo sabía algo de la sorpresa de Inuyasha.
—Inuyasha también iba muy ansioso. Aunque también muy nervioso —sonrió al recordar el comportamiento de su hijo.
—Pero Izayoi, ¿no crees que los chicos son muy jóvenes para dar este paso tan importante?
—No lo creo, después de todo ellos se quieren mucho, ¿Por qué lo dices Naomi? —pregunto un poco dudosa.
—Es solo que Kagome cumplió los diecisiete hace apenas un par de meses, y bueno… Inuyasha está en la universidad… en cualquier momento puede conocer a alguna chiquilla más madura que Kagome —entrecerró los ojos—. Después de todo, mi hija aún se comporta en muchas ocasiones como una niña.
—Tranquila Naomi —le sonrió de manera comprensiva a su nerviosa amiga—, que Inuyasha está muy enamorado de tu hija, te lo digo yo que vivo con él —ambas mujeres rieron.
—Ay Izayoi… —suspiro— Kagome tiene mucha suerte en haber encontrado a un muchacho como tu hijo.
—Pero no olvides que nosotras también les dimos un empujoncito —ambas rieron nuevamente—. Y ahora terminemos que quiero alcanzar a despedirme de Inuyasha.
Ambas mujeres pusieron toda su rapidez en dejar reluciente la amplia oficina donde trabajaban, pues llevaban más de diez años trabajando ahí, y también más de diez años siendo buenas amigas.
Demoro aproximadamente una hora desde que salió de la habitación y al ver su reloj de mano corrió nuevamente al hotel, pues no le había dado aviso a la azabache de su salida y lo más probable era que si ella llegase a despertar y no lo veía a su lado, se iría… y peor aún, molesta.
Metió rápidamente la llave para entrar a la habitación y grande fue su sorpresa al ver que la muchacha aun dormía. Apego cansado su frente a la muralla, pues casi se quema por ir prácticamente corriendo con el desayuno en la mano. Camino lentamente y la observo de manera detallada; ese angelical rostro, esos formados labios perfectamente carnosos, sus grandes pero hermosos ojos que al permanecer cerrados dejaban ven sus largas y crespas pestañas, y esa nariz que hacía que su perfil luciera sencillamente perfecto. Sonrió orgulloso de la hermosa mujer que tenía frente a él "¿podría vivir una vida contigo Kagome? Por supuesto que sí" se cuestionó y respondió a si mismo de manera interna.
—Oye dormilona, ¿no piensas despertar? —susurro moviéndola levemente.
La azabache lo miro; le sonrió y se revolvió en la cama durante unos segundos para luego volver a cerrar los ojos, pues estaba muy cansada.
Al ver abrir esos ojitos achocolatados y que le brindara la primera sonrisa que hacía en el día lo hizo sentirse feliz, la vio revolverse entre las delgadas sabanas para nuevamente cerrar los ojos. Puso una mano en su frente "definitivamente Kagome es una perezosa" se dijo sonriendo internamente. Bueno tendría que aplicar el "plan b"
— ¡Dios Kagome me quede dormido, me voy a Tokio! —se levantó abruptamente de la cama, tratando de ponerse la voz más seria posible.
Esa frase de despedida resonó en la cabeza de la azabache, haciendo que su sub-consciente reaccionara sentándose bruscamente en la cama. Inuyasha exploto a carcajadas al ver el desencajado rostro de su novia.
—Oye Inuyasha, eso no es gracioso —reclamo, haciendo que el peliplateado riera aun más.
— ¿Hasta cuándo pensabas dormir? —pregunto sentándose nuevamente en la cama.
—Tú tienes la culpa por no despertarme —dijo acurrucándose a su lado.
— ¿Si? ¿yo? —se señaló a sí mismo y la azabache sonrió—, tienes idea de cuánto tiempo llevo viéndote dormir.
— ¿Mucho? —él joven asintió—, por Dios Inuyasha, debo lucir horrible —dijo al percatarse que ni siquiera había lavado su rostro, mucho menos peinado su cabello.
—Ven aquí —le abrazo delicadamente contra su pecho—, para mi luces perfecta —Kagome sonrió—. Además, ¿Qué tiene de malo que te vea así? —beso delicadamente sus labios—, después de todo, seremos marido y mujer en un tiempo más.
—Ojala que no te arrepientas —lo desafío achicando los ojos.
Inuyasha salto sobre Kagome posándose ligeramente sobre ella.
— ¿Quién se va a arrepentir de qué? —le preguntaba mientras le hacía cosquillas.
— ¡Ya Inuyasha! —pedía a carcajadas— ¡Basta, por favor!
Después de unos largos instante de suplicas Inuyasha se detuvo, pues Kagome era muy cosquillosa, y eso él lo sabía muy bien. Ambos se quedaron mirando directo a los ojos y la pasión despertó en la joven pareja.
Inuyasha beso delicadamente el marfilado cuello de la azabache, mientras que la joven abría sus delgadas piernas para que el peliplateado se posesionara mejor entre ellas. Mordió sutilmente el lóbulo de su oreja y solo eso basto para que se desatara toda la pasión que había entre ellos.
Luego de largos minutos de mutuo placer se dieron una rápida ducha pues el tiempo les estaba jugando en contra.
—Se supone que deberíamos haber desayunado —dijo el peliplateado mientras se vestía.
—Amor, ¿tu preparaste todo esto? —le cuestiono al percatarse de las cosas servidas en un mueble.
—Y ni te imaginas el trabajo que me costó llegar con todo eso hasta acá —suspiro al notar que ya todo estaba frio.
—No importa Inu —acaricio su mejilla—, no será el primer desayuno que tomemos, mucho menos el ultimo.
—Tienes razón —se abrazó a su delgada cintura—, no sabes cuánto te voy a extrañar.
—Inuyasha solo será una semana —trato de calmarlo—. Veras que pasara muy rapido —se miraron fijamente—. Hablaremos todos los días.
—Si no lo haces, me la pagaras cuando vuelva —amenazo sonriendo.
— ¿Eso es una amenaza? —también le sonrió.
— ¿Quieres saber cuáles serán las consecuencias? —la apego a su cuerpo.
—Sabes perfectamente que me encantaría pero… son más de las once de la mañana —le informo mirando el reloj colgado en una de las blancas muralla de la habitación tras el peliplateado.
—Mierda —susurro en voz baja—. Bien, ¿vamos? —la azabache asintió.
Ambos jóvenes se retiraron de la habitación que había sido testigo de la apasionada noche de entrega vivida… y de su compromiso.
Caminaron hacia un paradero donde pasaría pronto el autobús ya que Inuyasha debía ir aun por sus maletas y despedirse de su madre, que de seguro a esas horas ya debía de estar en casa. Hicieron detener el transporte público, y ambos subieron tomando asiento en los últimos lugares del autobús.
— ¿Estas nervioso? —pregunto Kagome.
—Un poco.
— ¿Nunca has viajado en avión?
—No, y solo espero que no pase nada malo.
—No digas esas cosas—apoyo su cabeza en el hombro del muchacho—. Me pone nerviosa solo el pensarlo.
—Tranquila Kagome no pasara nada —dijo más tranquilo y tomo su mano al ver a través del vidrio—. Ven es hora de bajarnos.
Ambos jóvenes se bajaron del autobús y caminaron un par de cuadras hasta la casa del peliplateado. Inuyasha abrió la puerta dejando así pasar primero a Kagome.
— ¡Hijo llegaste! —saludo Izayoi dándole un fuerte abrazo.
—Si mamá, no me vayas a estrangular —dijo un poco sofocado.
—Lo siento— lo soltó—. Hola Kagome —ahora abrazo a la azabache.
—Hola señora Izayoi —respondió de manera sofocada al igual que Inuyasha.
—Mamá, ¿y estás sola? —trato de llamar su atención para que dejara de abrazar a Kagome, pues los abrazos de Izayoi estaban hechos de tanto afecto como de sofocación.
—No, no estoy sola, estaba esperándote con…
— ¿Mamá?—pregunto la azabache al ver aparecer a Naomi— ¿Qué haces aquí?
— ¿Qué acaso no puedo venir a despedirme de mi futuro yerno?—abrazo a Inuyasha— ¿Cómo estas hijo?
—Muy bien señora Naomi, muchas gracias —se soltaron del abrazo.
—O sea que estabas enterada de todo —dedujo Kagome.
—Claro que lo sabía —respondió Naomi sonriendo.
—Pero cuenten… ¿Qué dijiste Kagome? ¿Qué le respondiste a mi hijo? —pregunto de una manera tan tranquila que a Kagome le dio miedo.
— ¿Qué crees que pudo haber dicho, mamá? —interrumpió el peliplata—, si esta mujer no puede vivir sin mí —se cruzó de brazos mientras sonreía con sorna.
Sorna que se le quito al recibir un codazo de la azabache en una de sus costillas. Inuyasha comenzó a toser observando a Kagome con el ceño ligeramente fruncido mientras que ella le regalaba una gran sonrisa triunfante.
—Si señora Izayoi… después de todo, qué haría yo sin él, ¿no InuYasha? —pregunto con un tipo de aura oscura a su alrededor mientras apretaba las mejillas de Inuyasha.
—Si Kagome —fue lo único que atino a decir pues cuando la azabache le hablaba de esa manera de verdad sentía miedo.
—Son tan lindos —dijo Naomi sonriendo.
—Sí, son tal para cual —respondió Izayoi—. A propósito Inuyasha, ¿iras a ver a Miroku?
—Claro mamá, no lo veo hace varios años.
— ¿Miroku?— pregunto Kagome—, ese amigo tuyo que dijiste que era un mujeriego de lo peor Además de que tiene una mano que se comporta como culebra.
—Sí, aunque ya debe estar cambiado… o al menos un poco —respondió Inuyasha.
—Debe ser un oficial muy guapo a estas alturas —dijo Izayoi.
—Puede que este guapo mamá pero, y que si sigue siendo un mujeriego —dijo Inuyasha cruzándose de brazos nuevamente.
— ¿Hace cuánto tiempo que se fue ese muchacho a la escuela de oficiales de Tokio? —pregunto Naomi para incluirse a la conversación.
—Lleva como siete años más o menos —respondió Izayoi—, ¿Cómo cuantos años ya debe tener Miroku? —pregunto mirando a Inuyasha.
—Como veintitrés más o menos —dijo encogiéndose de hombros.
—Como sea… —dijo Kagome a Inuyasha casi susurrándole—…sea mujeriego o no, la verdad a mí me da igual. Solo espero que te comportes si te vas a reunir con él, no vaya a hacer que se te peguen esas malas mañas.
—Cómo crees—la abrazo—. Además teniendo a esta exquisita mujer como tú a mi lado, ¿Quién buscaría otra? —Kagome sonrió y lo beso fugazmente pues sus madres estaban ahí presente y le daba un poco de vergüenza.
Luego de un poco más de una hora se dirigieron al aeropuerto. Tuvieron que pedir un taxi para ir a dejar al peliplateado pues ninguna de las mujeres que estaban presente con él en su casa quisieron que se fuera solo al punto de encuentro que tendría con sus compañeros para irse todos en autobús directo a su destino.
Se subieron al taxi y se fueron los cuatro rumbo hacia el aeropuerto donde Inuyasha se iría por una semana a Tokio a una capacitación para tener una mejor calidad de vida, un mejor futuro que proveer y un alto costo que pagar en su regreso.
Se bajaron y entraron al inmenso lugar, había mucha gente e Inuyasha logro divisar a sus compañeros. Solo los tuvo a la vista pues se quedaría con su familia hasta que el avión saliera. El celular de la azabache comenzó a sonar y vio el nombre anunciado en la pantalla de este.
—Enseguida vuelvo… —informo— …debo contestar esta llamada.
Inuyasha solo la observo y la vio alejarse.
— ¿Qué pasa Ayumi? —pregunto a su amiga al otro lado de la línea.
— ¡Ay Kagome te tengo una muy buena noticia! —hablo un poco alterada de lo emocionada que estaba.
— ¿Qué pasa Ayumi?, cuéntame —pidió ansiosa.
—No, no, no. Primero dime donde estas —pidió interesada.
—Vine a dejar a Inuyasha al aeropuerto.
—Ya veo… bueno cuando estés de regreso te vienes directo a mi casa, tengo algo que mostrarte.
—Estas bien lo hare —dijo rendida al intuir que no le contaría nada.
Al finalizar la llamada volvió junto a Inuyasha, que rápidamente la interrogo.
— ¿Quién era?—pregunto con los brazos cruzados.
—Ayumi. —respondió sentándose a su lado.
— ¿Y por eso te tenías qué alejar? —la miró fijamente.
—Quería hablar tranquila y no podía oír bien —dijo sin más importancia.
— ¿Y qué quería? —interrogo nuevamente.
— ¿Inuyasha? —lo miro frunciendo el ceño—, si vas a ser de esos maridos machistas yo… —no alcanzo a terminar su frase ya que Inuyasha la atrajo hacia él.
— ¿Tú qué a ver? ¿Tú qué?—la desafío y Kagome bajo su mirada e Inuyasha rio— te molesto tontuela —beso su frente.
—Inuyasha me asustaste, tonto —se abrazó a su pecho.
Vuelo ciento cincuenta y ocho con destino a Tokio, favor dirigirse pasajeros a la salida catorce. Vuelo ciento cincuenta y ocho con destino a Tokio, favor pasajeros dirigirse a la salida catorce.
Después de escuchar el anuncio Kagome e Inuyasha se miraron tristemente, sabían que era una semana, tan solo siete días; pero para ellos que jamás se habían separado ni dejado de ver tanto tiempo, a lo más dos días y ya se extrañaban. Eso era demasiado.
—Inuyasha —dijo su madre dándole un fuerte abrazo—, Dios te proteja en tu nuevo desafío y más aún en el viaje, te amo mucho hijo mío.
—Yo también mamá —respondió.
—Buena suerte hijo —lo abrazo ahora Naomi.
—Muchas gracias señora Naomi —la miro a los ojos—.Cuide a Kagome, ¿sí? —no supo por qué pero se lo pidió.
—Siempre cuenta con eso hijo —le sonrió e Inuyasha asintió.
—Inuyasha —los ojos de Kagome se cristalizaron.
—Tranquila amor—la abrazo acariciando su cabello—, no te darás ni cuenta cuando ya este de regreso a tu lado.
—No quiero que te vayas… —pidió sin ocultar su pena—… no quiero que me dejes sola.
—Kagome solo será una semana —pesco su rostro entre sus manos— pórtate bien, ¿sí? —le pidió como si tuviese una preocupación en su interior..
—Lo hare —dijo secando sus lágrimas—. Tú también.
—Te amo… —dijo Inuyasha juntando ambas frentes—… más que todo lo que pueda tener Kagome.
—Yo más amor —junto ambos labios.
Ultimo llamado para los pasajeros del vuelo ciento cincuenta y ocho con destino a Tokio, favor dirigirse a la puerta de salida número catorce. Inuyasha vio a su alrededor y sus compañeros al parecer ya habían subido al avión, pues no estaban ahí. Miro a Kagome y por última vez la apretó contra su pecho.
—No quiero dejarte —le susurró al oído— pero sabes qué debo hacerlo. Por nuestro futuro.
—Lo sé —se separó un poco— yo… voy a estar bien.
—Bien —acaricio su mejilla— espérame —pidió con un poco de angustia.
—Lo hare —Inuyasha beso su frente de manera posesiva, acompañado de un abrazo.
—Hijo… vas… a perder el vuelo —interrumpió de manera tímida Izayoi.
—Lo sé mamá —le respondió.
Miro a la azabache y quedo hipnotizado en esos grandes ojos achocolatados que prácticamente le suplicaban a gritos que no la dejara, pues estaban muy cristalinos. No sabía porque pero sentía una enorme opresión en su pecho… o más bien en su corazón pero se obligó a ignorarla ya que pensó quizás era porque nunca se habían separado. Quizás porque estaban acostumbrados a estar todo el día juntos pero no le tomo importancia ya que todo lo que hacía era por su futuro, el de su madre y el de ellos dos, más adelante, como matrimonio.
—Hija, deja que Inuyasha se vaya —pidió Naomi pescándola de los hombros.
—Si mamá, lo siento—se soltó del agarre y sintió un frio enorme al dejar de sentir los cálidos brazos que la hacían sentir protegida—. Cuídate mucho Inuyasha.
—Tu más Kagome—abrazo a su madre y a Naomi por última vez; beso delicadamente los labios de su triste novia—. Espérame… y por favor cuídate mucho, no hagas nada indebido, ¿bueno?
—Bueno. —le sonrió para que se fuera tranquilo.
Se fue alejando de a poco aun con la triste sonrisa de la azabache grabada en su memoria, deseaba en que la extraña opresión que sentía en su pecho desapareciera pues era molestosa y no sabía el por qué, solo deseaba que estuviese todo bien al regresar.
Vieron el avión despegar y decidieron que ya era tiempo de irse pues habían estado el suficiente como para asegurarse que el avión había despegado sin ningún problema. Subieron a un taxi y se dirigieron a sus hogares. En el auto la azabache sentía como si le hubiesen arrancado un pedazo de ella. Se sentía tonta al sentirse de esa manera, después de todo eran solo siete días "¿Qué podría cambiar en siete días?" Se preguntó y miro la foto que tenia del peliplateado en su móvil "siempre esperaría por ti Inuyasha" acaricio la foto de su móvil. Una vez en casa de Izayoi esta se bajó despidiéndose rápidamente de Naomi y Kagome.
El taxi siguió el recorrido indicado llegando al templo donde ambas vivían, pagaron sus pasajes y bajaron.
—Hija, no te esperaba tan temprano en casa —dijo sorprendido Sohin dándole un abrazo.
—Si papá —se soltó del abrazo—, lo siento pero me quiero ir a acostar —le dijo con la voz quebrada y corrió a su dormitorio.
— ¿Qué le paso? —le pregunto a Naomi— ¿Inuyasha le hizo algo?
— ¿Tú crees que Inuyasha sería capaz de hacerle algo a Kagome? —le cuestiono.
—No, la verdad es que no —aseguro—. ¿Entonces que le paso a Kagome?
—Inuyasha hoy se fue a Tokio… —suspiro cansada— vuelve la próxima semana.
—Y por una poca semana Kagome hace tanto escándalo —resoplo como si nada.
—Cielo, la pequeña está enamorada del muchacho— trato de que la entendiera—. Además son adolescentes.
—Bien, después de todo tú la entiendes mejor que yo —siguió barriendo la entrada de la casa ya que se había detenido al verlas llegar.
—A todo esto, ¿Dónde está Souta? —pregunto Naomi al no verlo por los alrededores.
—Fue donde su amiguita Hitomi.
—Que no es su amiguita —sonrió cubriendo su boca—. Es su novia.
— ¡Ay pero que hijos los míos! —negó mirando el suelo.
Se dio un rápido baño de ducha. Mientras la tibia agua escurría por su cuerpo, no pudo evitar recordar la apasionada noche que Inuyasha le había regalado. Había sido la noche más mágica y perfecta que se pudo haber imaginado, en especial por cierta sorpresa que ahora los unía. Miro, el para ella, perfecto anillo pues con esa pequeña argolla era más que suficiente, no necesitaba que Inuyasha lo compensara por otro. Ese sencillo anillo era suficiente para ella.
Salió de la ducha; se cambió de ropa, algo ligero ya que aún hacia un poco de calor. Recordó la llamada de Ayumi y rápidamente la llamo.
—Ayumi siento mucho la demora pero acabo de llegar —se disculpó la azabache.
—Tranquila Kagome, por tu tono de voz noto que debes estar muy triste.
—Si… bueno, jamás imagine que me dolería tanto estar alejada de Inuyasha.
—Es tu primer novio así que debes estar tranquila, esas cosas son normales —trato de alentarla.
—Gracias Ayumi —le contesto—. A propósito que era eso de lo que me querías hablar.
—Es una sorpresa —dijo sonriendo—, ¿vendrás a mi casa?
— ¿No me lo puedes decir por teléfono?, la verdad es que no me siento bien como para salir. Además la maestra de química me dejo un trabajo enorme y lo quiere para el lunes a primera hora—se excusó con su amiga.
—Tranquila Kag, el lunes te cuento todo —dijo animosamente.
—Gracias Ayumi, comenzare a hacer mi trabajo ahora mismo. —y con esas palabras la azabache finalizo la llamada con su amiga.
Inuyasha no estaría para ayudarla en la tediosa tarea de química pues no le iba nada bien en esa materia y él… bueno él era todo un master en todo lo que se tratase de fórmulas; números y esas cosas, por algo era uno de los mejores en su carrera. Pero bueno él estaba poniendo todo de sí mismo para ser el mejor y más aun… para tener un futuro juntos, y ella haría lo mismo.
Se sentó tranquilamente en su escritorio, pero por su mente no pudo evitar pensar qué era lo que Ayumi le quería decir, y más aún, por qué estaba tan ansiosa.
…
Este es el segundo capitulo, y espero que haya sido de su agrado. Volver a decir que no me manejo muy bien con los puntos, y muchísimo menos con las comas así que si cometí el error de ponerlas en algún sitio el cual no correspondía, les pido me corrijan pero con respeto. Aceptare todo tipo de ayuda.
Este fic es un poquito diferente a los que he leído, así que espero lo acepten y le den una oportunidad. Ya sabemos que se debe respetar las personalidades a los personajes pero en UA ,según yo, se puede cambiar relativamente.
Muchísimas gracias a las chicas que se tomaron un poquito de su tiempo en dejarme un rw. Y un abrazo inmenso a Aide y a Rogue, definitivamente ellas son grandiosas, muy buenas "ficker" y valen inmensamente mucho más como personas.
¡Bendito seas CIRCULO MERCENARIO!
Desde ya muchas gracias.
