Capítulo 33: Una historia y una coincidencia

Maxi, Yoshimitsu y el resto de la tripulación ya se encontraban navegando el mar de Japón hacia China.

Mientras la tripulación hacía sus tareas en el barco, Maxi llamó a Yoshimitsu para hablar con él en privado, así que se dirigieron al camarote del capitán.

- ¿Qué quiere, capitán? – preguntó Yoshimitsu.

- ¿De dónde has sacado tanta información sobre Astaroth? – inquirió Maxi sin rodeos.

- Ya os lo dije. Me gustan las historias. Cuando escucho una que me interesa, investigo todo lo posible sobre ella.

Maxi pegó un puñetazo a la mesa donde estaban.

- Las tropas de ese monstruo asesinaron a mi hermano. – gritó el capitán. – Si hay alguien que ha investigado a Astaroth a fondo, soy yo. Créeme.

- Está bien. Conozco la historia porque...Kunpaetku era mi padre. – admitió Yoshimitsu.

- ¿Qué? – dijo Maxi incrédulo.

- Cuando era pequeño, mi padre no paraba de viajar. Era sacerdote, y nos decía a mi madre y a mí que viajaba para predicar en distintos lugares del mundo. Pero una vez, mi madre le pidió que nos llevara con él, y se negó. Ahí fue cuando empezamos a sospechar. Las sospechas se harían mucho más fuertes cuando una vez regresó de un viaje con una cicatriz escalofriante en la mejilla. Él contó que era a causa de una caída, pero mi madre no se dejó engañar. Decidió que en el próximo viaje de mi padre, ella y yo nos meteríamos a escondidas en su barco. Nos escondimos en la bodega, donde fuimos comiendo de las reservas de la tripulación. Afortunadamente, creyeron que era cosa de las ratas.

Maxi escuchaba atentamente.

- Después de desembarcar, estuvimos siguiéndolo durante días. Su tripulación no lo acompañaba. Una vez en tierra, permanecían al cuidado del barco mientras él se dirigía a pie hacia la India. Mi madre y yo descubrimos que iba a un templo en el que hacía experimentos. Aquel lugar estaba lleno de monstruos encerrados en jaulas. Y mi madre y yo no podíamos haber llegado en peor momento. Uno de los monstruos de aquel lugar era Astaroth.

Maxi puso una mueca de odio al oír ese nombre.

- Al parecer, el gigante fue el resultado de experimentos para crear un ser con apariencia humana. Al principio, Astaroth era servil con mi padre. Él le enseñó como si fuera un niño gigante. Astaroth pronto aprendió lo básico para desenvolverse en el mundo real. Pero...para llevar a cabo sus experimentos, mi padre utilizaba Soul Edge. La espada estaba evolucionando poco a poco, y acabó por ser más poderosa que la voluntad humana. Poseyó a mi padre y a todos los monstruos, la mayoría hombres lagarto. Astaroth también fue poseído y, en una ola de rabia, destruyó el templo, matando así a mi padre y liberando a todos los monstruos. Mi madre y yo pudimos escapar a tiempo. Decidimos olvidar todo aquello y volvimos a Japón, con la tripulación de mi padre. Años después, al morir mi madre, ingresé en un clan ninja, hasta que casi todos sus miembros fueron asesinados por un hombre que portaba Soul Edge. Fue entonces cuando decidí investigar la espada. La única pista que tenía era que mi padre la había usado para crear a sus monstruos, así que seguí los rumores sobre Astaroth, lo que me llevó hasta Ryukyu, donde nos conocimos. Y eso es todo.

- Pero... – Maxi estaba muy confuso. – Astaroth y los monstruos fueron creados en la India. ¿Cómo llegaron hasta Japón?

- No lo sé. Pero Astaroth tiene la inteligencia de un hombre y una fuerza mucho mayor. Con esas cualidades, seguro que consigue casi cualquier cosa que se proponga.

- ¿Y por qué no lo habías contado antes?

- No sabía si querrías en tu tripulación al hijo del creador de los monstruos que mataron a tu hermano. Ahora, al menos, ya estoy en tu barco.

Maxi suspiró.

- Bueno...supongo que es suficiente. Puedes marcharte.

...

El viaje continuó durante varios días sin incidentes.

Pero, cuando estaban a pocas horas de alcanzar las costas chinas, algo ocurrió.

- ¡Barco a la vista! – gritó el vigía, miembro de la antigua tripulación de Maxi.

Maxi se apresuró a mirar por la borda, como hicieron el resto de sus hombres, para ver qué ocurría.

Cerca de su barco había otro que navegaba en la misma dirección. Pero era un barco notoriamente diferente. Era un barco-dragón.

- Es un barco de guerra. – dijo Maxi.

- ¿Y qué pasa? – preguntó uno de los tripulantes más noveles.

- Quizá puedan ayudarnos. Nunca vienen mal varios pares de brazos más.

Maxi ordenó a su timonel que se acercase a aquel navío y, cuando estuvieron suficientemente cerca, le habló a un hombre que había en cubierta. El hombre los llevaba mirando un rato mientras se acercaban, como esperándolos.

- ¡Ha del barco! – gritó Maxi.

- ¿Qué quereis? – preguntó aquel hombre, que iba vestido con una armadura tradicional japonesa.

- Vamos a emprender un largo y difícil viaje por una noble causa. Necesitamos más hombres.

- ¿Qué causa es ésa?

- Vengar la muerte de mi hermano recientemente asesinado. – explicó Maxi con solemnidad.

De repente, el semblante de aquel hombre se entristeció.

- Qué coincidencia.

- ¿El qué?

- Mi hermano también fue asesinado recientemente. – respondió el hombre.

- ¿Y buscas vengarlo?

- No...- dijo cerrando los ojos. – Hay algo más importante que he de hacer antes.

- ¿Más importante que eso?

- He de encontrar la espada Soul Edge para salvar a nuestro país. – admitió, olvidando que hablaba con un desconocido

- ¿Soul Edge? Yo también la estoy buscando. – exclamó Maxi. – Ella es la causante de la muerte de mi hermano.

- También de la del mío, indirectamente.

- Podríamos unirnos. – sugirió Maxi. - ¿Cómo te llamas?

- Heishiro. – dijo el hombre. – Heishiro Mitsurugi.