Todos los personajes de Rurouni Kenshin son propiedad de su autor y sólo los tomé prestados un momentito para escribir esto…

CICATRICES.

Por: NaryMont

Capítulo 13: El traidor.

-¡¿Pero qué demonios estaban pensando?! – gritó Fujita dando un golpe sobre el escritorio de uno de los oficiales que estaban bajo su mandato. Lucía furioso. El hombre frente a él deseo poder desaparecer antes de recibir la reprimenda que estaban dándole esa mañana. En especial de parte de Goro Fujita, sabía que era un maldito desgraciado, pero era endiabladamente bueno en lo que hacía y lo respetaba mucho por eso.

- Sólo seguimos el protocolo, ya sabe que está establecido que cualquier acción criminal debe ser cortada de tajo – explicó el hombre con voz vacilante.

- ¡Sí, pero debieron esperar mis órdenes! – volvió a gritar para luego encender su acostumbrado cigarrillo y dejarse caer en unas de las sillas. Tenía que calmarse, no perder los estribos dado la situación que se trataba, con el maldito asalto a la casa de Makoto Shishio lo único que habían logrado era muchas bajas de sus hombres y que el hijo de perra huyera fácilmente.

- Teníamos la información confirmada, lo siguiente era actuar – respondió el hombre, citando cómo se hacían las cosas en la policía, Fujita sabía que su oficial tenía razón, pero no podía explicarle que ahí no se trataba de sólo detener a un yakuza más, sino de contener un posible golpe de estado. Aun así debía guardar silencio, recibiría su nuevo nombramiento de un momento a otro, un nombramiento que le daría la libertad, los recursos y el poder para iniciar la caza de la amenaza que representaba Makoto Shishio para el Japón.

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Hoji se paseaba nervioso por la enorme oficina, hacía dos días que habían atacado la mansión y no tenía noticias de Shihio, sabía que no lo habían capturado, porque si así fuera la noticia hubiera corrido como reguero de pólvora por la ciudad o alguno de los muchos "ojos" que tenían distribuidos por Kioto se lo hubieran informado. Sólo le quedaba esperar que su jefe diera señales de vida y le indicara cómo actuar, tenían algunos procedimientos que seguir cuando sucedían cosas así – no era la primera vez que pasaba – pero debía esperar a que la situación se "enfriaran" un poco.

Por suerte todo había ocurrido cuando la fortaleza ya estaba lista, lo cual no les quitaría demasiado tiempo en los planes que llevaban trazando durante tanto tiempo. Aun así estaba preocupado, le intrigaba quién los había traicionado, estaba haciendo algunas pesquisas con la ayuda de Hisato Kuro, esperaba pronto tener noticias suyas. Ni siquiera Soujiro se había acercado por allí.

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El viento soplaba suavemente moviendo la yukata del hombre, haciendo ondas con la prenda, y él mirando atento hacia enfrente totalmente hundido en sus pensamientos. Una hermosa vista se podía apreciar desde la pendiente de la colina, el aire se respiraba muy fresco ahí, aun cuando era plena primavera, los árboles daban una sombra que se extendía por todo el sector haciendo que los rayo solares sólo pudieran traspasar las copas en los sectores donde éstas eran menos frondosas, además que daban protección contra miradas curiosas y aun así, permitían una buena vista de Kioto, el hombre volteó hacía la gran ciudad a sus pies, sabía que algún día, así como ahora, la anterior capital del Japón parecía estar bajo su dominio, ahí parado en la orilla de la pendiente, lo estaría en no mucho tiempo todo el país. Pero todo propósito grande lleva un proceso y tenía que llevar a cabo los pasos necesarios para lograrlo, aun cuando surgieran innumerables obstáculos.

Soujiro se había marchado en la madrugada, estaba seguro que su chico le traería noticias al final del día, sólo era cuestión de ser pacientes y esperar. Aunque la paciencia no era una de sus virtudes, había que reconocer que rendía sus frutos, ya que de no tenerla, de no haberla sacado de su propio interior, tal vez se hubiera precipitado en los años que siguieron a su caída, en ese tiempo se había vuelto un paria de la sociedad, un prófugo de la ley sólo por haberse osado a sobrevivir a una traición, por saber demasiado de todas las porquerías de los que se creían los nuevos dueños del país. Del tiempo en que huía, se escondía y prácticamente estaba muriendo de hambre, se veía una distancia abismal a su actual realidad, ahora se escondía, pero no por debilidad sino porque aún no era el momento de que Japón supiera de él.

La voz de un hombre de mediana edad lo hizo olvidar sus reflexiones.

- La señorita ha despertado, pero está muy agitada, pregunta por usted… - explicó el médico que había atendido a Yumi aquella maldita noche en que los habían atacado. Sin responder lo siguió hasta la casa.

Esa noche había sido muy larga, mucho, primero porque tuvieron que alejarse de la ciudad debido a todo el alboroto de policías que había por Kioto, luego encontrar a un médico para atender a Yumi. Apretó su puño mientras las imágenes de ella desangrándose frente a él, volvieron a su mente. Todavía podía percibir el aroma de la sangre de la muchacha, hacía mucho tiempo que sus manos no se empapaban del vital líquido de aquella manera, pero en antaño la sangre era de los enemigos, y eso en parte lo enorgullecía, era muy diferente que la sangre fuera de una persona que le importara tanto.

El rostro de dolor y pánico de Yumi lo había cimbrado, presionaba fuerte en su costado, en donde tenía la herida de bala, sabía que debía dolerle como el demonio, podía verlo en la dificultad de ella para respirar y en cómo su mirada se nublaba de llanto, pero si no lo hacía, ella seguro hubiera muerto. El propio médico se lo había asegurado, de no haberle vendado la herida, en lugar de atender a una chica grave, Shishio se hubiera bajado del carruaje con un cadáver en los brazos.

Subieron los escalones para entrar a la agradable vivienda que también servía de consultorio y tenía espacio para atender pacientes graves, como en el caso de Yumi, por suerte no había nadie más, el naciente distrito de las afueras de Kioto en el que residía el sencillo consultorio, era apenas más grande que una aldea, así que a pesar de estar todavía en la ciudad, parecía que se encontraban en el campo.

Había sido una noche interminable; luego de ver cómo el doctor limpiaba el área de la herida y hurgaba entre la carne de la chica para sacar la bala, por último la cosía y vendaba. Todo el procedimiento con Yumi retorciéndose, gimiendo y casi gritando de dolor, ¡maldita sea!, nunca había perdido el conocimiento, aun cuando Shishio había rogado para que así fuera. Pero esa mujer, a pesar de su frágil apariencia, era fuerte y mucho. Estaba pálida como el papel cuando por fin la habían acostado a descansar en uno de los futones, el doctor le había dado a tomar una combinación de hierbas que la harían dormir.

- He hecho todo lo posible – había dicho él algo cansado – lo demás depende de ella y de su fuerza, aunque tengo que advertirle que ha perdido mucha sangre, si logra pasar la noche puede que haya algo de esperanza – sentenció el médico mirando de pasada las katanas ensangrentadas tanto de Shishio como de Soujiro. Había atendido a la muchacha en parte porque era su deber, también porque aquellos hombres iban armados y apreciaba su vida, pero en especial por la desesperada urgencia con que el hombre vendado se lo había casi ordenado.

En la madrugada comenzó la fiebre y la lucha para mantenerla a raya, Yumi estaba empapada de sudor y temblaba visiblemente. Al iniciar los delirios y que ella hablará entre murmullos las esperanzas de Shishio se redujeron visiblemente; durante su época de asesino de los Ishin shishi había visto morir a muchos de sus compañeros por heridas parecidas, la fiebre, debido a la infección los acababa rápido. La muerte siempre había sido su acompañante durante mucho tiempo, tal vez una de las pocas contantes en su vida, pero ahora no deseaba a esa fiel compañera cerca, no al menos cerca de Yumi.

La mujer que ayudaba al médico a atender a los pacientes, salió con un recipiente para rellenarlo con agua fresca y Shishio se acercó a la joven que murmuraba entre la inconciencia de la fiebre, se revolvía sobre el lecho con el paño húmedo en su frente. Él la miró sin saber qué sentir o hacer, había reflexionado y podía asegurar que Yumi le había salvado de ser él quien recibiera el disparo, repasando los hechos ella lo había empujado hacia el túnel, siendo la última en entrar, sirviéndole de escudo a su espalda.

-¡Maldita sea! – exclamó por lo bajo - ¿Por qué lo hiciste, Yumi? – acunó con la mano el rostro ardiente de la joven y por primera vez rogó, rogó con todas sus fuerzas para que ella no muriera, para poder ver de nuevo aquellas miradas que le dedicaba sólo a él.

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Soujiro tranquilamente degustaba una de sus masas favoritas, se encontraba sentado en uno de los muchos locales que ofrecían comida en ese distrito comercial de Kioto, además de poder degustar algo delicioso, era un buen lugar para obtener información y vaya que la había obtenido.

Masticaba con calma y como siempre una sonrisa adornaba su juvenil rostro, no eran pocas las muchachitas, y una que otra mujer madura, que se sonrojaban cuando lo atendían. Era un joven atractivo, de rasgos agraciados y de porte relajado, su contextura pequeña lo hacía parecer un chico lindo; quién podía imaginar, que bajo aquel exterior de educada cortesía, se encontraba un letal y sanguinario asesino. Era precisamente su aspecto exterior que muchas veces le servía para obtener información que nunca le hubieran revelado, porque para ser sinceros parecía de todo menos peligroso.

Una linda jovencita se acercó con otro pedido de masitas y una nueva taza de té. Soujiro le dedicó otra de sus matadoras sonrisas, provocando mejillas sonrojadas en ella. Y luego la atención del joven se centró en la comida mientras se perdía en sus pensamientos.

Según la información que había recabado, la mayoría de los guardias de la mansión habían podido huir, unos cuantos habían muerto y otros al ser capturados, habían cometido suicidio, sabían que no debían hablar, ni traicionar a Makoto Shishio.

Los había atacado toda la fuerza de la policía de Kioto y todo por una denuncia, una denuncia de nada más y nada menos que Hiro Matzu. Ese maldito yakuza al parecer había pagado para que un ciudadano hiciera la denuncia por él, entregándole unos documentos con los movimientos de las acciones ilegales que cometían la organización de Shishio, cosa que fue suficiente para tener a todo el destacamento de policía frente a la mansión casi de inmediato. Al parecer no le había gustado que le ajustaran las riendas al comenzar a "ampliar" su negocio sin avisar a la organización.

Soujiro lo sabía con certeza, conocía a Shishio, él odiaba las traiciones más que otra cosa, además se sumaba lo que había pasado con Yumi, simplemente Hiro Matzu tenía los minutos contados.

Terminó su comida, pagó y se dirigió al monte Hiei tenía que hablar con Hoji sobre lo que Shishio había decidido hacer.

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Entró a la habitación donde ella estaba. Se sintió aliviado de que estuviera despierta, pero algo amargo atravesó su garganta al ver su estado. Estaba muy pálida todavía, los labios blanquecinos, ni sombra de los labios cereza de siempre, unas marcas oscuras rodeaban sus ojos. Con la insistencia de la mujer que la cuidara estaba tomando a sorbos algo de té. Pero Shishio claramente lo percibió, apenas al verlo, sus ojos brillaron con intensidad y una tímida sonrisa se instaló en su cara, interiormente se sintió un maldito por lo que estaba a punto de hacer, pero había decidido que era lo correcto, desde que Yumi llegara a su vida ya en dos ocasiones la habían lastimado sin que él pudiera protegerla, tal vez era que sólo le traía mala suerte a la joven y sería lo mejor que todo terminara de una vez.

Lo que había estado sucediendo con Yumi era una falacia, él no estaba ahí para estar jugando a los "noviecitos", su misión principal en la vida era adueñarse de un país, había estado desviando su camino cegado por lo que ella despertaba en su interior, pero lo mejor era que se dejara de tonterías y simplemente siguiera con su meta adelante. Ahora lo veía con claridad, ella era sólo una distracción en su camino, una muy grande, y ahora mismo estaba perdiendo tiempo valioso sólo por estar velando por su salud. Por más que quisiera justificarse que había aguardado esos dos días para que las cosas se calmaran, la verdad es que no había querido dejarla, había querido ver con sus propios ojos que ella siguiera con vida.

La mujer que cuidaba a Yumi salió de la habitación dejándolos solos, Shishio se sentó cerca de ella y sintió que asesinaría con sus manos algo muy valioso, pero ya estaba decidido…

- ¿Cómo te sientes Yumi? – preguntó Shishio mirándola directo a esos ojos que siempre lo intrigaban.

- Bien, Shishio-Sama – contestó ella y continuo bebiendo el té que le dieran, era para recuperar fuerzas y ella quería estar bien lo antes posible – Lamento causarle siempre tantos problemas me dijeron que llevo dos días dormida – dijo ella en la voz un dejo de vergüenza que Shishio no entendió.

- Tú me salvaste – aseguró él. Como deseaba abrazarla y protegerla, lucía tan desvalida así como estaba, pero tenía que dejar de actuar por impulso, debía mantener la mente fría así como ignorar todo lo que tenerla enfrente le instaba hacer.

- Lo haría mil veces – respondió Yumi dejando la taza de té a medio camino. Esperaba que él entendiera, que adivinara, que aparte de su lealtad, tenía su amor de manera incondicional.

Shishio se levantó y le dio la espalda algo dentro de su ser no le permitía decir las cosas de frente, se sintió un cobarde.

- Como pago por tu servicio, tu estadía y recuperación aquí están saldadas, además recibirás una compensación.

Yumi sintió una opresión fuerte en el pecho ¿"servicio", "compensación"?. Qué tenían que ver aquellas palabras con lo que había ocurrido. Ella no era una empleada que estuviera realizando un trabajo.

- ¿Compensación? – logró murmurar - ¿Por qué? – dijo incorporándose más sobre el futon, un dolor agudo se clavó en su costado, pero no tenía comparación con el terrible sentimiento que comenzaba a llenar su pecho.

- Por todo lo que has servido a la organización, a Hoji… a mí – terminó Shishio esta vez volteando y mirándola a la cara.

- Pero… - no lograba comprender, o más bien su mente se negaba a comprender lo que Shishio estaba tratando de decirle.

- Nuestros caminos se separan aquí Yumi – sentenció Shishio dejándola sin aliento. Una katana invisible atravesó a Yumi desgarrándole el corazón.

La taza de té se deslizó de sus manos de manera involuntaria regando su contenido. El mundo dejó de girar en ese momento para ella. Estaba ocurriendo, el mayor de sus temores se estaba volviendo realidad y ella no entendía el porqué.

- ¿Por qué?... ¿Qué hice mal? – preguntó mientras gruesas lágrimas corrían por sus mejillas sin que lograra, sin que quisiera controlarlas.

- Nada – la respuesta fue escueta e impersonal – Pero así son las cosas - Se encaminó a la puerta pero se giró a verla una vez más, ¡demonios! cómo le costaba separarse de ella, pero sabía que sus destinos jamás debieron unirse de ninguna manera. Ella nada tenía que ver con su vida, con sus ambiciones, ella debía tener una vida normal, no estar rodeada de peligros a los que su vida estaba expuesta todo el tiempo – Recupérate pronto y sé feliz - le dijo en aquel tono llenó de autoridad tan propio de él y salió dejando a Yumi hundida en una profunda tristeza.

Shishio se encontró con Soujiro que sentado descansaba en el porche de la casa.

- ¿Hablaste con Hoji? – preguntó Shishio al joven que se volvió hacia él.

-Sí, está preparando todo

- ¡Vámonos! – le ordenó Shishio encaminándose hacia donde habían tenido oculto el carruaje esos días.

- ¿Y Yumi-San? – preguntó Soujiro extrañado.

- Ella no viene… ya no seguirá con nosotros… - respondió Shishio y Soujiro casi pudo jurar que escuchó la voz de su mentor algo descompuesta.

El joven decidió no preguntar al respecto, pero sí sabía que Shishio estaba cometiendo un gran error.

Yumi escuchó cuando el carruaje se alejaba a toda velocidad, quiso levantarse, pero estaba demasiado débil, cayó de rodillas sobre el futon y gritó, gritó como nunca lo había hecho en su vida, porque simplemente el dolor era demasiado para llorar en silencio…

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Nota 13/06/16: Hola, hola! Aquí un capítulo algo cortito, sorry, es que la verdad estaba convirtiéndose en un monstruo de capítulo que iba a ser demasiado largo, por lo que decidí que era mejor cortarlo aquí para cuestión de que la historia se entendiera mejor. Además que en medio de lo que ya llevaba trazado se me ocurrió algo que sé que les gustará. En fin ya sabrán más adelante.

Quiero decirles que me encantaron muchos de sus comentarios, varios de ellos me sorprendieron enormemente. Me emocionó que estén tan metidas en la historia y hasta trataron de adivinar quién era el traidor eso es maravilloso! Por ahí también alguien dijo que yp no pensara que estaba loca por emocionarse con la historia, créeme si lo pienso y es genial, yo también estoy loca y me encanta! Por eso leo y escribo fics, yo he leído unos que me hacen llorar a lágrima viva así que… estamos para el manicomio, ojalá compartamos cuarto para platicar de anime jaja :p

Enny, shishiyu, baavira, Emilyyy, Lupita31, Guest, AC28, gracias mil por sus comentarios, de verdad, de verdad que son los que me alientan y obligan a actualizar rápido jeje!

Blankaoru: Eres una adorada por tomarte el tiempo de comentar cada uno de los caps!

SiaE: fíjate que no había visto Hakuoki así que me busqué el primer cap y me gustó! Ya tengo que ver para ahora que sean las vacaciones de verano, el shinsegumi en todo su esplendor yupi! Gracias por la recomendación.

Por cierto, los que han leído mi perfil saben que duré algunos años alejada del manga y el anime, así que si gustan recomendar algún anime que a ustedes les haya gustado mucho yo encantada de verlos!

Besos y abrazos digitales y Hasta la próxima! … Nary^^ : "Prefiero mil veces un mal anime que una buena telenovela"

Pd. Por cierto el cap se llama "El traidor" en parte por el Yakuza, pero en especial por Shishio, mira que dejar tirada a Yumi, no se vale! Ja ne.