Disclaimer: Los personajes del anime/manga: "InuYasha" son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo los tomo prestados para hacer esta historia más interesante y entretenida, sin ningún interés de lucro de por medio ni nada por el estilo.
Desde ya disculpen la falta ortográfica :)
Chapter: 4
Una Dura Realidad
El despertador comenzó a sonar cerca de las seis de la mañana pues la había puesto a esa hora para escribirles una carta a sus padres por si se percataban de su ausencia fuera de la ciudad, y más aun el por qué de su viaje. Encendió la lámpara de su escritorio y se sentó aun con el pijama puesto; saco una libreta y un bolígrafo para comenzar. Primero escribió las de sus padres:
"Amados padres: quiero agradecerles primero por la hermosa educación y valores que me han brindado en todos estos años de crianza. Pero también me inculcaron a luchar por mis sueños a seguirlos y cumplirlos a como diera lugar; siempre y cuando sea algo que a mí me hiciera feliz… y de verdad este es el sueño de mi vida. Lamento quizás decepcionarlos por no haber tenido la confianza de decírselos pero también creo que no les hubiese gustado la idea de que saliera de la ciudad, aunque fuese por dos días… ustedes saben que el modelaje siempre ha sido algo que me ha apasionado desde niña… y bueno, se me dio la oportunidad y no pienso desaprovecharla. Los amo con toda mi vida en especial a Souta que es el único hermano que tengo.
De verdad espero que no encuentren esta carta pero si lo llegasen a hacer… por favor perdónenme.
PD: Ayumi no tiene nada que ver en esto yo fui la de la idea de que me quedaría en su casa. No vayan a cargar con ella por favor.
Los amo mucho… son la mejor familia que pude haber tenido… Kagome."
Algunas lágrimas derramo al escribir esa sencilla carta pues nunca se había separado de su familia mucho menos había salido sola de la ciudad, se las seco con el puño de su pijama y respiro hondo. Ahora comenzó con una para InuYasha:
"Mi muy amado y adorado InuYasha… ¿Qué te podría decir amor? Solo decir que eres lo más maravilloso que me ha dado la vida, que eres la persona perfecta para mí y con quien quiero vivir una vida hasta el final de mis días, y aun así después de la muerte o a donde vayamos a llegar quiero seguir permaneciendo a tu lado. Sé que quizás te molestes por esto que estoy haciendo pero también debes aprender a amarme, a aceptarme y sobretodo respetar todas las cosas y decisiones que yo ame… que a mí me apasionen ahora o en un futuro. Tal vez sea egoísta mi forma de actuar y aún más el no decirte nada de esto pero también sé muy bien la respuesta que me hubieses dado.
En fin Inu solo será un viaje de dos días y pronto nos veremos y amaremos como lo hemos hecho durante nuestro primer año de noviazgo. Te amo y nunca podría amar a nadie como a ti.
Tu Kagome"
Suspiro al terminar de escribir lo que creía necesario "soy una tonta…solo serán dos días" pensó. Arranco las hojas de la libreta, las doblo y las guardo bajo la almohada de su cama. Se estiro y se dirigió al baño a darse una ducha, al cabo de largos minutos cerró la llave del agua oyó ruido en la casa, sus padres ya se habían levantado. Salió rápidamente y se dirigió a su habitación a esconder las maletas que había ordenado la noche anterior… por si a algunos de sus padres se les ocurría entrar sin tocar.
—Kagome —oyó la armoniosa voz su madre.
—Dime mamá —le respondió rápidamente.
—Ya nos vamos con tu papá —subió unos escalones —. La mamá de Hitomi pasara por Souta, por favor asegúrate de que tome desayuno.
—Bien mamá… yo veré a Souta —le dijo para que se fuera tranquila.
—Bien hija, cuídate… los amo —se despidió bajando los pocos escalones que había alcanzado a subir.
Kagome respiro hondo al sentir la necesidad de haberlos abrazado antes de que se marcharan a su trabajo, pero ya se habían ido y ella pronto también lo haría. Cerró la puerta y comenzó a vestirse, se puso unos leggins blancos ajustados, unas sandalias bajas estilo romanas color turquesa y una blusa sencilla con transparencias del mismo color, peino su cabello y uso maquillaje color tierra para lucir un rostro más natural. Ya eran las siete y veinte de la mañana así que se dirigió a la habitación de su hermano.
— ¿Souta ya estás listo? —pregunto al tocar la Puerta.
—Claro que lo estoy hermana —respondió el jovencito detrás de ella.
—Souta… —dijo un poco exaltada al no esperarlo ya en pie— ¿Qué hacías?
—Yo solo… estaba lavando mis dientes —respondió mirándola de pies a cabezas— hermana, ¿Por qué no llevas tu uniforme?
—Bu-bueno… yo… —no sabía que decir, Souta de verdad era un niño muy curioso— yo no iré a la escuela hoy —se hinco para verle el rostro a su pequeño hermano— yo voy a ir a otra parte… pero es un secreto —le guiño el ojo.
—O sea que ni mamá ni papá lo saben —pregunto achicando los ojos de manera cómplice.
—No Souta, no lo saben… y es mejor que sea así —tomo las manos de su hermano—, no le digas a nadie de acuerdo.
—Está bien hermana —le dijo brindándole una amplia sonrisa. Kagome lo abrazo fuertemente.
Al cabo de unos cuantos minutos sonó la bocina de un auto, era la mamá de Hitomi que venía por Souta. Ambos hermanos se despidieron con un fuerte abrazo y tiernas palabras. Una vez Kagome sola; pesco sus maletas y observo detalladamente su humilde casa… "solo espero que todo salga bien" se dijo de manera interna, y con una gran sonrisa esperanzada salió rumbo hacia su nuevo sueño.
Tomo torpemente el autobús publico debido a las anchas maletas que cargaba y al cabo de unos cuantos minutos se bajó al fin de este. Vio a las chicas de la sesión de fotos del día de anterior y a paso lento se acercó a ellas.
—Hola chicas —saludo de manera tímida.
—Hola —respondieron, tres de ellas pues aún faltaba que llegara una de las seleccionadas.
— ¿Están esperando hace mucho? —pregunto la azabache.
—No, acabamos de llegar —respondió una chica rubia llamada Yuri.
— ¿Estas nerviosa? —le pregunto ahora una chica de melena negra llamada Natsuki.
—Al parecer… se me nota mucho —asintió sonriendo Kagome de manera nerviosa.
—No te preocupes que todas lo estamos —dijo Hikari una chica de cabello castaño oscuro.
Conversaron por unos cuantos minutos cuando en eso una lujosa van se detuvo frente a ellas, esta tenía los vidrios completamente polarizados tanto que era casi imposible ver hacia el interior.
Bajo la mujer de ojos carmín llamada Kagura acompañada por Renkotsu, quienes se dirigieron a paso lento hacia ellas. Las chicas los divisaron entusiasmadas.
—Veo que están todas —ese fue el saludo sin mucho interés de la delgada mujer.
—He… bueno, aún falta que llegue una chica —corrigió de manera tímida Natsuki con temor a que se molestara.
—No se preocupen, Mizuki ya está en la van —respondió Renkotsu señalando detrás de él.
Kagome le pareció curioso que la otra chica estuviese en el interior del vehículo pero no le presto mayor atención. Después de todo Mizuki tenía un carácter con bastante personalidad como para haberse amistado con ellos.
—Bueno veo que ya están listas —dijo Suikotsu que acababa de llegar a lado de sus dos compañeros.
—Si ya está todo listo… solo necesito sus identificaciones —ordeno Kagura, tendiendo la mano para que se las entregaran. En ese momento las manos de Kagome comenzaron a sudar.
—Necesito el tuyo también —dijo mirando fijamente a la azabache al tener los documentos de las demás chicas ya en sus manos.
—Pu-puedo hablar con usted… en privado —pidió con suplica en su mirada. Kagura asintió mientras Renkotsu y Suikotsu acompañaron a las demás chicas al vehículo.
—Que ni siquiera se te ocurra decir una palabra —amenazo Kikyo de manera seria al ver que las demás chicas se dirigían al vehículo acompañadas de sus dos compañeros.
—No… no lo hare. —asintió con voz temblorosa.
—Buenos días chicas, ¿Cómo están para empezar su nueva vida? —saludo Kikyo mirando de reojo a Mizuki quien se había puesto unos lentes oscuros para que no vieran lo hinchado de sus ojos.
—Estamos bien muchas gracias señorita Kikyo —le respondió amablemente Hikari. Las tres chicas conversaron amenamente con Kikyo mientras Mizuki lloraba de manera silenciosa… y dolorosa.
— ¿Qué es lo que sucede? —pregunto impaciente Kagura.
—Bu-bueno… vera yo —trato de pronunciar pero la seriedad de la mujer frente a ella la hacía sentir intimidada.
— ¿Tu qué? —interrumpió impaciente.
—Yo… yo mentí sobre mi edad. —Kagura sintió unas enormes ganas de darle una fuerte bofetada pero ya no podía hacer nada, su jefe esperaba cinco chicas y tenía que llevarlas sí o sí.
— ¿Qué edad tienes? —pregunto de manera molesta.
—diecisiete.
— ¿Hace cuánto los cumpliste? —respiro hondo poniendo dos de sus dedos en el puente de su nariz.
—Hace un par de meses —respondió la azabache entrecerrando los ojos de nerviosismo.
—Está bien… —respiro tratando de calmarse— sube… yo me haré cargo de lo demás.
—Gracias, gracias, gracias señorita Kagura —agradeció haciendo varias reverencias a la vez.
Luego de subir a la lujosa van se les ofreció una taza de café, y todas la tomaron incluyendo a Mizuki, quien había estado en completo silencio. Comenzaron sintiendo que los parpados le pesaban, y luego de unos cuantos minutos cayeron en un profundo sueño.
— ¿Cuánto falta?— pregunto aburrido Jakotsu.
—No mucho —le respondió el pequeño sujeto que conducía llamado Mukotsu.
— ¿Qué fue lo qué te dijo esta chiquilla? —pregunto Renkotsu mirando a Kagura, refiriéndose a Kagome.
—Tú… —lo dejo en claro al señalarlo— eres el responsable… tú elección te traerá un pequeño problema —dijo con una pequeña sonrisa torcida en sus labios.
— ¿A qué te refieres con eso? —interrumpió la delgada y pálida mujer llamada Kikyo.
—A que la chiquilla es menor de edad —respondió sencillamente al acomodarse mejor en su asiento.
— ¿Cómo? —cuestiono Kikyo al escuchar lo dicho por Kagura, mirando a Kagome quien seguía dormida.
—Esta vez… —interrumpió riendo Suikotsu— estas muerto Renkotsu —se encogió de hombros—, después de todo tú estabas a cargo de este trabajo.
—Bueno mirándola bien se le nota bastante… —hablo ahora Jakotsu— o sea… mírenle el rostro de niña que tiene —menciono al sostener el mentón de la azabache entre sus manos.
— ¿Y porque dejaste que viniera? —pregunto el calvo con el ceño sumamente fruncido.
—Y que querías que hiciera —Kagura lo miro desafiante—, yo no me voy a meter en problemas con él por culpa de tus descuidos… deberías haber hecho mejor tu trabajo —respondió molesta al cruzarse de brazos, pues ella haría bien su parte del trabajo, el que constaba de llevarle la "mercancía" nada más.
Renkotsu resoplo molesto y puso una de sus manos en su frente… miro a Kagome y pensó: "solo espero que no me traigas muchos problemas" pues no quería ver a su jefe/líder molesto ya que sabía de las atrocidades que era capaz de cometer.
Al cabo de varias horas y repentinas paradas en la carretera ya eran cerca de las ocho de la noche y las chiquillas comenzaban a despertar lentamente. Luego de una media hora llegaron a una lujosa mansión, todas sonreían de sobremanera a excepción de Mizuki quien se ganó una fulminante mirada molesta de parte de Kagura. Se abrieron las gruesas rejas del privado recinto dejando entrar al vehículo, estacionándose en la entrada de está.
—Bienvenida señoritas a la mansión Shikon —dijo Suikotsu ayudándolas a bajar. Todas veían sorprendidas el enorme y hermoso lugar. Pues era como un castillo con enormes áreas verdes a su alrededor
— ¿Nos quedaremos aquí? —pregunto entusiasmada Hikari.
—Por supuesto que se quedaran aquí… donde más —sonrió Kikyo con un deje de burla. Burla que pasó desapercibida para las cuatro emocionadas muchachas.
—Bueno pasen —interrumpió Jakotsu guiándolas a la entrada.
Apenas abrió la puerta las chicas quedaron boquiabiertas al ver un lugar tan enorme y sumamente lujoso a la vez. Recorrieron un largo pasillo antes de entrar por completo, este tenía varios cuadros colgados a lo alto de las murallas y hermosas lámparas de cristales pegadas al liso cielo blanco. Una vez adentro les pareció extraño ver a tantos hombres reunidos, aunque parecían hombres muy importantes por como lucían vestidos… era llamativo. También había varias chicas pero lo que más les llamo la atención fue la forma en la que vestían, pues lucían lencería sumamente provocativa, pequeños vestidos y la mayoría usaba porta ligas con enormes tacones.
— ¿Qué lugares este? ¿Por qué nos trajeron a este lugar?—pregunto asustada Yuri al percatarse que había algo de verdad raro en ese lugar.
— ¿Qué hacen todas ellas aquí? —pregunto al borde del llanto Natsuki.
—Nos explotaran —menciono casi en un susurro Mizuki.
— ¿explotaran? ¿Cómo? — pregunto Hikari.
—Sexualmente. —respondió con un nudo en la garganta Mizuki, pues después de que se marcharon todas de la sesión de fotografía el día anterior ella se devolvió a hacer una consulta sobre un par de dudas que le habían quedado, sorprendiendo así la conversación entre Kagura y Renkotsu. Apretó sus ojos al recordar esas duras palabras.
—Creo que hicimos una muy buena selección esta vez pues las chicas que escogimos son muy hermosas —oyó la voz de Renkotsu y lo vio beber una copa de vino.
—Aja… —asintió Kagura bebiendo su copa de vino también— ellas creen que serán modelos y no saben el famoso futuro que les espera —sonrio con sarcasmo. Mizuki frunció el ceño al no entender bien a que se referían.
—Creo que el jefecito estará satisfecho, y así dejara de joderme por un tiempo —menciono el calvo con una leve mueca de fastidio en sus labios.
—No te fíes Renkotsu, pues sabes muy bien que Bankotsu puede llegar a ser un ser muy despreciable pero también es muy calculador… por algo ha sido el líder de toda esta red de explotación por tantos años —al oír esas palabras salidas de los labios de Kagura lo único que pudo hacer fue hacer un grito ahogado, se giró para marcharse pero choco de golpe con un fuerte y ancho pecho detrás de ella.
—Vaya, vaya, vaya… —dijo Suikotsu cruzándose de brazos— pero que tenemos aquí. Las lágrimas de Mizuki cayeron lentamente por sus rosadas mejillas… entendió que ya no había marcha atrás
Luego de oír esa conversación la mantuvieron encerrada, y aunque suplico a mares que la soltaran, que no diría nada… no la escucharon; es por eso que permanecía en la van al momento de ir a buscar a sus demás "compañeras". Abrió sus ojos que comenzaban a cristalizarse. Kagome la miraba en completo silencio y con un deje de horror en su rostro.
—Aquí están sus nuevas compañeras —indico como si nada Kikyo.
Algunas miraban con envidia de que les podrían quitar a sus clientes, pues los años esclavizados a ese trabajo ya lo habían tomado como un estilo de vida. Otras miraban con lastima de haber seguido el mismo y doloroso camino que ellas, y otras pocas compartían el miedo que sentían como la primera vez en que ellas llegaron.
—Pónganse en una fila —ordeno Jakotsu al entrar. Las chicas torpemente lo hicieron debido a que sus piernas ya flaqueaban de miedo.
—Así que esta es la nueva mercancía —interfirió un hombre rubio mientras Jakotsu les daba las indicaciones a las nerviosas chiquillas, pues al parecer era un cliente.
—Si Yukito —asintió Suikotsu—, pero sabes que no se pueden tocar hasta que él de la orden.
— ¿Y cuando llega él? —cuestiono mirando de manera lasciva a la azabache e hizo un descarado recorrido por todo su cuerpo. La joven sintió que toda la piel se le erizo del miedo y asco que sentía con la mirada del rubio puesta en ella.
—Sabes que nunca lo dice. Él jamás da explicaciones —le respondió Suikotsu al encogerse de hombros..
— ¿Como que no sabes? —se molestó al no recibir una respuesta concreta—, quiero a esta chiquilla… —señalo a la azabache. Kagome lo miro con miedo— sabes que no me puedo contener—trago duro acercándose a Kagome—. Llámalo y dile que pagare lo que sea.
La azabache sintió que le daría un ataque a su corazón de lo presa del pánico que se sentía, y este aumento cuando éste acaricio su mejilla sin su permiso. Kagome se alejó por instinto, y Yukito la pesco de manera poca delicada de los hombros.
—Ustedes están acá para satisfacernos a nosotros —le informo al mirarla fijamente. Kagome sintió impotencia al no poder defenderse. El hombre acerco su rostro rapidamente a su cuello y comenzó lamerlo con brusquedad, con desesperación, mientras sus demás compañeras miraban con horror la escena sin poder hacer nada. La pelinegra reacciono al sentir la lengua del hombre pasar por su cuello sintiendo asco, y ese asco, la hicieron tener el valor y la fuerza para morder fuertemente su oreja.
— ¡Ahh! —grito desesperado. Kikyo se acercó rápidamente al oirlo.
— ¡Suéltalo! —le ordeno al llegar donde ellos. Enterró sus dientes a más no poder en la oreja del hombre hasta sacarle sangre, pues sintió el rojo líquido en su boca, y al sentirse "satisfecha" lo soltó.
—Esta mujer es una salvaje… —dijo Yukito con su mano en la oreja que le sangraba— pero no te preocupes que así me gustan —sonrió al mirar el palidecido rostro de la chiquilla—. Cuando se comuniquen con su jefe —miro a Kagome de pies a cabeza—, le dicen que quiero ser el primero en ella —la miro por última vez con lujuria y se marchó a donde otras muchachas.
— ¿Por qué hiciste eso? ¿Acaso estás loca? —le pregunto Kikyo mientras presionaba su brazo.
—Los demente son ustedes… por traernos a esto —respondió con un nudo en la garganta, limpiando su boca. Las otras cuatro chicas solo miraban en silencio.
— ¿Y tú por qué no hiciste nada? —pregunto Kikyo mirando ahora a Suikotsu quien estaba ahí mismo.
—Yo le dije que no podía tocarlas hasta que el jefe diera la orden… pero él quiso acercarse —respondió con evidente burla, pues él lo había advertido.
— ¿Por qué tanto escándalo? —llego Renkotsu preguntando al ser avisado por otra de las chicas.
—Mordió a Yukito —dijo Kikyo señalando a Kagome.
— ¿Qué hizo qué? —volvió a cuestionar al no creerlo mientras fruncía el ceño.
—Él se acercó… y ella lo mordió —interrumpió Suikotsu siendo más específico.
—Estas mal niña —hablo Renkotsu mirando fijamente a Kagome.
—No, yo no soy la que está mal… los que están mal son ustedes —corrigió la azabache frunciendo el ceño—, no tienen ningún derecho a mantenernos encerradas aquí.
— ¿Acaso pretendes escapar? —le pregunto Renkotsu acercándose a ella en un tono desafiante.
—No creas que me quedare aquí con los brazos cruzados para que hagan lo que quieran conmigo —le respondió en el mismo tono en el que él le hizo la pregunta.
—Si quieres escapar hazlo… —amenazo el calvo hombre cruzándose de brazos— pero si lo haces, tendrás que asumir las consecuencias.
— ¿Qué… qué consecuencias? —pregunto, las demás cuatro chicas sollozaban y oían en completo silencio. Renkotsu saco un aparato donde guardaba todo tipo de información.
—Veamos… —pronuncio mientras tocaba el aparato— Sohin… Naomi… o… —la miró fijamente— Souta —sonrió al ver ensombrecido rostro de la azabache—. Ellos podrían asumir las consecuencias por tus actos.
Kagome sintió que su sangre hervía por dentro, las tenían registradas, tenían sus datos, sus familias, todo sobre ellas. No aguanto más y con todo la fuerza y rabia que tenía le dio una fuerte cachetada al calvo hombre frente a ella, borrándole de una esa triunfadora sonrisa… llamando la atención de todos. Algunas personas se sorprendieron mientras que otras, como por ejemplo los clientes, se burlaban.
—Parece que costara trabajo que la domes —menciono un de ellos con burla sentado en la parte de la sala con una chica sobre sus piernas.
Al oír este comentario sintió ira por dentro, "con esto ahora todos se burlaran, seré el hazme reír… maldita chiquilla" se dijo a sus adentros. La pesco fuertemente del brazo y la arrastro hacia el fondo de la mansión.
—Espera Ren… —quiso decir Jakotsu al ver la escena, pero su compañero lo ignoro.
— ¡No te metas Jakotsu!… —le grito al alejarse— esto lo arreglare yo —dijo lo último en voz baja para que solo Kagome lo oyera.
Cruzaron toda la mansión hasta llegar al patio de esta, se hundieron en la oscuridad de este ya que estaba cubierto de varios árboles. Renkotsu abrió una especie de puerta oculta en el oculta, pues estaba cubierta de césped.
—Entra —ordeno.
—No… por favor —suplicó Kagome pues tenían que bajar una escalera y estaba todo en completa oscuridad. No sabía que le esperaba en ese tenebroso lugar.
—No te lo estoy pidiendo —dijo obligándola a bajar.
Una vez abajo Renkotsu volvió a cerrar la puerta y encendió la linterna que había pescado del interior de la mansión antes de salir. Era un lugar muy tenebroso ya que no había ni una sola ventana, se dirigió a un pequeño cuarto y abrió la vieja puerta de madera. Kagome logro divisar gracias a la poca luminosidad de la linterna de Rekotsu que el suelo era de tierra y las paredes estaban manchadas con algo de moho en ellas, el olor a suciedad era hostigante, como si alguien hubiese hecho sus necesidades en el mismo lugar. Solo había una frazada sucia y nada más.
— ¡Serás castigada hasta que aprendas a obedecer las reglas! —dijo lanzándola adentro de la asquerosa habitación.
— ¡No dejare que nadie me toque! —lo desafío en un grito quebrado por el dolor de querer llorar y no querer mostrarse débil.
—Entonces goza de la oscuridad —sentencio cerrando la puerta de un fuerte golpe.
Kagome oyó los pasos del hombre alejarse, y con ello la oscuridad y el silencio invadieron el pequeño lugar, oyó el eco de sus pasos cada vez más alejados para luego cerrar con llave nuevamente la pequeña puerta al salir. Estaba en completa oscuridad, se acercó a la vieja puerta para tratar de abrirla pero fue inútil, giro su mirada a varias direcciones pero no le sirvió de nada debido a que la oscuridad era espesa y no lograba divisar nada en ella. Se deslizo por el suelo hasta encontrar esa frazada que había visto anteriormente, se cubrió, no le importó lo sucio o mal oliente que estuviera pues el frío de la húmeda tierra comenzaba a calarle los huesos. Se sentó apoyándose en una de la paredes y lloro… lloro amargamente de dolor, de impotencia… de miedo.
A las otras cuatro chicas las mandaron a unas habitaciones que había en la otra parte de la mansión, ya que la parte trasera de esta se dividía en dos pisos, una para las chicas y otra para los trabajadores del sitio. Los clientes ocupaban las habitaciones principales de la mansión. También había un tercer piso pero ese solo era ocupado cuando llegaba su jefe, si él no estaba, nadie tenía acceso a el.
—Espero que ustedes hayan aprendido la lección… ya vieron a su compañera —dijo tranquilamente Jakotsu al dejarlas en la habitación.
— ¿Q-qué le harán a Kagome? —pregunto preocupada Hikari.
—Solo la castigaran… hasta que siga las reglas del lugar… les recomiendo que obedezcan —les recomendó alzando ambas cejas y salió de la habitación.
—Llegara mañana a primera hora —informo Kagura al recibir una llamada del moreno.
— ¿Bank llegara mañana? —pregunto para disipar sus dudas pues los había oído mientras bajaba las escaleras
—Si Jakotsu… Bankotsu llegara mañana, alrededor de las cuatro de la tarde —dijo Kikyo.
— ¿Le informaste lo sucedido? —pregunto Jakotsu mirando a su calvo compañero.
—Ya está al tanto de todo —dijo sin mucho interés, fingiendo despreocupación.
—Bueno terminemos esta jornada que mañana las cosas se pondrán tensas —dijo ahora Suikotsu dirigiéndose a la barra por un trago. Renkotsu lo miro de mala gana.
—Después de todo tiene razón —apoyo Kikyo mirando a Renkotsu.
Luego de despachar a los clientes cada uno hizo sus deberes, algunas de las chicas se les ordeno dejar todo limpio, y obedecieron rápidamente pues le temían al "mercenario"… como todas lo llamaban.
Eran cerca de las siete de la mañana y oyeron el sonido de una moto entrar a la mansión. Kagura fue la primera en ponerse en pie y asomarse por el amplio ventanal de la que era su habitación. Su piel se erizo por completo al reconocer la silueta del sujeto dirigirse a la entrada de la mansión. Se puso rápidamente su bata y se dirigió a la habitación de Renkotsu.
—Maldición Renkotsu despierta —decía alterada moviéndolo pero este no hacía caso, pesco una jarra con agua que tenía su calvo compañero encima de su velador y se la echo encima.
—Estúpida… como se te ocu… —dijo molesto al sentarse rápidamente.
—Bankotsu está aquí —lo interrumpió antes de que se pusiera a reclamar.
— ¡¿Qué?! —se sorprendió y se comenzó a vestir rápidamente.
Ambos bajaron y grande fue su sorpresa al verlo sentado con las piernas cruzadas en la sala y con un pequeño vaso de whisky en su mano. Lucía una chaqueta de cuero negra, una camiseta blanca ajustada, unos jeans azules oscuros y unas modernas botas de color café oscuras. Sonrió a sus adentro al ver el rostro exaltado de sus compañeros al verlo.
—Creí que llegarías a las cuatro —pronuncio Renkotsu tratando de regular su nerviosismo.
— ¿Tendría que pedirte permiso para llegar antes? —pregunto de manera desinteresadamente.
—No… no… no es eso —se acercó a la sala—. ¿Cómo… marchan las cosas en Hong Kong? —le pregunto para calmar sus nervios.
—Mph, ¿Cómo se supone que deberían ir? —le respondió con otra pregunta sonriendo de medio lado.
—Me imagino que bien —respiro hondo y bajo su mirada.
— ¿Cómo les fue a ustedes en Sendai? —pregunto el ojiazul mirando esta vez a Kagura.
—Nos fue muy bien… trajimos a las cinco muchachas tal cual lo ordenaste —Kagura se acercó y tomo asiento en la sala también.
—Si les fue también… —dijo tranquilamente, bebiendo el último sorbo de su trago— ¡¿Por qué mierda Yukito me llama diciéndome que una de las chicas casi le arranca la oreja?! —pregunto sumamente molesto lanzando el vaso hacia la muralla reventándose al instante. Ambos presente quedaron en completo silencio.
—Bank… eso yo… te lo puedo explicar —Renkotsu trato de justificarse rápidamente.
—Claro que me lo explicaras… —lo interrumpió con seguridad—pero primero me presentaras a la maldita caníbal que me trajiste —le dijo seriamente poniéndose de pie.
—Si… vamos, está en el cuarto oculto —ambos se dirigieron dejando a una sola Kagura en la sala.
No sabía si ya era de día o aún era de noche, pues la oscuridad en la que estaba sumergida no le permitía saberlo. Sus ojos estaban hinchados de tanto llorar, tomo su dedo anular con su mano derecha y acaricio el anillo que Inuyasha le había regalado hace unos días.
—Soy una estúpida… a donde te fuiste a meter Kagome —se decía a si misma apoyando su cabeza en la muralla—. Estamos en la misma ciudad Inu… pero tú no sabes dónde estoy metida. Ni siquiera lo imaginas —susurro lo último en un suspiro.
Oyó que abrían la puerta y rápidamente se movió a una de las esquinas de la pequeña habitación abrazando sus piernas. Los pasos se oían cada vez más cerca. Abrieron lentamente la puerta y Kagome entrecerró los ojos, al ver la luz de la linterna y delante de esta una silueta completamente negra dirigirse a ella. Era un hombre, eso era obvio, pero grande fue su temor al sentir el contacto de su mano cerca de ella, pues le sostuvo el rostro pescándola del mentón, Kagome abrió los ojos notando con dificultad unos brillantes frente a ella.
—Así que tú eres la que piensa causarme conflictos… —oyó su varonil voz— eso lo resolveremos ahora.
Olio su embriagante aliento a menta cerca de su rostro, y luego… todo se puso negro.
…
Bueno ya saben, si hay algún error en la historia como: punto, coma o alguna palabra mal tildada doy mis más sinceras y respectivas disculpas, pues estoy aprendiendo recién.
Tsuki: (adoro ese nick) Bueno, te juro que creía que los nombre se escribían así, en serio :/ ya que la mayoría de las veces los había visto escrito así, más el de "Tsuikotsu" ahora Suikotsu jajajaja pero gracias por la corrección, fue error mio quizás el no googlearlos para estar segura X'D
Gracias a mis hermanas mercenarias por pegarse una vuelta por mi fic, se los agradezco de corazón, más aun por regalarme un comentario en buena onda y dando ánimos.
¡CIRCULO MERCENARIO!
Desde ya muchas gracias.
